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  • Y ELLA, SIGUIÓ ESCRIBIENDO…

    Y ELLA, SIGUIÓ ESCRIBIENDO…


    Relato:

    Y ELLA, SIGUIÓ ESCRIBIENDO…

    En pequeños pueblos rodeados de sierras, donde el viento conoce el nombre de cada árbol y las piedras guardan historias antiguas, viven mujeres que escriben.

    No se presentan como escritoras. Les cuesta pronunciar esa palabra cuando alguien les pregunta qué hacen. Ellas suelen responder, con sencillez, que sólo escriben lo que sienten. Pero quienes han oído o leído sus versos, sus historias  saben que en sus palabras habita algo más profundo.

    Una de ellas, Candela, camina despacio por la vida, como quien no quiere pasar por ella sin escucharla antes.

    Desde pequeña aprendió que el mundo habla en voz baja y que sólo quien guarda silencio puede entenderlo. Quizás por eso siempre sintió que todo lo que la rodeaba le pertenecía un poco: la tristeza de otros, la alegría inesperada de una tarde, la mirada cansada de un anciano sentado al sol.

    Esas cosas se quedaban dentro de ellas, escritoras de verbo cierto, pegado a las verdades vivas de cada uno de sus días.

    Con el tiempo, las mujeres de muchos pueblos pequeños descubrieron que no podían guardarlas para siempre. Entonces, las que sabían leer y escribir empezaron a trazar líneas en pequeñas libretas.

    Los párrafos crecían sobre sus páginas y, para aprovechar bien el papel, comenzaban escribiendo incluso en la parte trasera de la tapa. Trataban de que la letra fuera lo más pequeña posible para que el cuaderno durara mucho tiempo.

    No estaban para derroches, y mucho menos ellas, mujeres en mitad del siglo XIX, un tiempo que las escondía y las ignoraba como escritoras.
    Muchas de esas narradoras ni siquiera sabían leer o escribir. Utilizaban su memoria para contar, de viva voz, las historias que atravesaban a los habitantes del pueblo. De ese modo, la memoria colectiva se enriquecía y se nutría, creando un tesoro literario que ha llegado hasta nuestros días.

    No lo hacían para aliviar sus sentires. De hecho, escribir a veces les pesaba más que callar. Cuando ponían las palabras sobre el papel —o en su voz— comprendían con mayor claridad el lugar que ocupaban en el mundo: una pequeña parte de algo mucho más grande. Pero también entendían que ese pequeño lugar tenía un sentido.

    Cada poema, cada historia contada o escrita, era una forma de sostener la vida.

    En sus versos vivian muchas personas. Algunas estaban presentes; otras ya no. Sus bisabuelas, sus abuelas o sus madres caminaban entre las líneas como si siguieran vivas.

    Las escritoras invisibles, sin libros publicados y casi sin papel, sentían que habían heredado una mochila llena de sentires, recuerdos y silencios.

    Ellas, las silenciadas en épocas en las que no podían llamarse poetas o escritoras, a veces escribían textos que luego firmaban sus maridos o el cabeza de familia para que no se supiera que habían sido escritos por una mujer.

    Aquello arruinaba cualquier intento de visibilidad en el mundo de la literatura y la poesía, sobre todo en el mundo rural, en pueblos pequeños donde apenas cabían los sueños.

    Ellas, las escritoras, hablaban y escribían de mujeres que cargaban el peso del mundo mientras nadie las miraba. Narraban historias de niños que sienten demasiado pronto el frío de la vida, de personas sencillas que sostenían  la dignidad de la humanidad sin saberlo.

    Hablaban también de esperanza, porque ellas creían profundamente que todos los seres humanos nacian buenos e iguales.

    A lo largo de los años escribieron muchos relatos, historias noveladas y poemas. Algunos nacieron en noches de insomnio, cuando el silencio es tan grande que parece que el alma se queda sola frente al universo.

    Otras veces surgían después de escuchar historias de los ancianos y las ancianas que cuidaban con mimo.

    Esos poemas nunca vieron la luz. Nunca pudieron publicarse en un libro. Pero existen y siguen viviendo en miles de memorias compartidas.

    A través de sus narraciones o de sus cuadernos viven muchas vidas: recuerdos, preguntas, dolores y pequeños destellos de belleza cotidiana.

    Son cuadernos escritos sin prisa, literatura y poesía cargadas de voces y de narraciones orales; como quien recoge semillas para que algún día otros puedan sembrarlas.

    Pero las escritoras no se detuvieron ahí.
    Dentro de ellas crecían otras historias. Así empezaron a escribir sus primeras novelas, aunque nunca llegaran a publicarse.

    En ellas aparecían mujeres fuertes que vivían en pueblos de montañas y de arados, junto a fortalezas abandonadas. Esos lugares guardaban secretos, verdades antiguas que cambiaban la vida de quienes se acercaban a ellos.

    Protagonistas como Lucía, María, Candela o Rafaela descubrían verdades que pesaban como piedras sobre sus destinos.

    Una de ellas, Candela, escribía como si estuviera escuchando a todas las mujeres que la precedieron. Cada hoja de su cuaderno era una puerta que se abría hacia la memoria de alguien real.

    Candela consiguió escribir varios libros. Sin embargo, le daba vergüenza llamarse escritora.

    Decía que era demasiado pequeña para un título tan grande.

    Pero quienes conocen su sentir, saben que sus escritos nacen de la raíz, de su forma de ver el mundo.

    Quizá por eso sus poemas tienen algo de refugio.
    Nos recuerdan que todos estamos hechos de la misma materia invisible: la capacidad de sentir. Y cuando alguien lee uno de sus versos y se reconoce en ellos, se crea un pequeño puente entre dos almas que no se conocen.
    Ese puente, para Candela, ya es suficiente.

    Ahora continúa escribiendo. Sus cuadernos siguen llenándose de historias, poemas y fragmentos de vida.
    Ella sabe que nada es eterno. Sin embargo, también sabe que las emociones que dejamos en los demás pueden seguir caminando mucho tiempo después de que nosotros nos hayamos ido.

    Por eso escribe.
    Para que algún día, quizá dentro de muchos años, alguien abra uno de sus libros y encuentre en él una palabra que le haga sentir menos solo en el mundo.

    Entonces, en silencio, Candela —junto a todas las mujeres anónimas que la precedieron— habrá cumplido su propósito.

    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    María, tu relato posee una dimensión literaria y humana muy valiosa.

    No se limita a narrar una historia: construye una memoria colectiva donde la escritura femenina aparece como un acto silencioso de resistencia, transmisión y permanencia. Esa profundidad es, probablemente, uno de sus mayores logros.

    Y ELLA, SIGUIÓ ESCRIBIENDO, es un relato de tono íntimo y evocador que se sostiene sobre una voz narrativa serena, madura y profundamente humana. El texto destaca por su capacidad para transformar una experiencia individual en una reflexión colectiva sobre las mujeres invisibilizadas dentro de la literatura y la memoria rural.

    Uno de los grandes aciertos del relato es su estructura progresiva.

    La narración comienza desde un “ellas” amplio y anónimo, casi legendario, para ir acercándose lentamente hasta concretarse en Candela.

    Frases como las relacionadas con las libretas pequeñas, las letras diminutas para ahorrar papel o la memoria oral de las mujeres rurales poseen una enorme capacidad evocadora y funcionan como anclajes de realidad dentro de un texto profundamente lírico.

    Otro aspecto destacable es el tratamiento del tiempo.

    El relato parece moverse entre generaciones sin rupturas bruscas, como si todas las mujeres nombradas formaran parte de una misma corriente de memoria.

    Esa sensación de continuidad otorga al texto una dimensión casi oral, cercana a las narraciones heredadas de madres a hijas alrededor del fuego o de una mesa humilde.

    La figura de Candela adquiere especial relevancia no como heroína individual, sino como símbolo de permanencia. Ella representa la continuidad de una voz femenina que durante siglos apenas pudo escribirse a sí misma.

    El relato acierta en no convertir a la protagonista en grandilocuente.

    Su humildad la vuelve creíble y profundamente humana.

    Desde el punto de vista temático, el texto articula con acierto tres grandes ejes:
    la memoria femenina, la escritura como refugio, la resistencia y la necesidad humana de dejar huella a través de las palabras.

    El final constituye uno de los momentos más logrados del relato. No recurre al dramatismo ni al golpe efectista; elige, en cambio, una emoción contenida y serena que deja resonando la idea central del texto: escribir para que las voces de quienes fueron silenciadas no desaparezcan del todo.
    Como valoración global, «Y ELLA, SIGUIÓ ESCRIBIENDO»: es un relato sensible, honesto y literariamente sólido, que destaca especialmente por su autenticidad emocional y por la dignidad con la que retrata a las mujeres anónimas que sostuvieron la memoria colectiva desde el anonimato.

    Su mayor virtud no reside sólo en lo que cuenta, sino en la humanidad con la que lo hace.

  • TRAS LA VIDRIERA

    TRAS LA VIDRIERA

    Introducción:

    Este poema se adentra en la observación silenciosa del mal que habita en lo cotidiano, ese que se oculta tras apariencias pulidas, detrás de los muros y los cristales de una falsa transparencia.
    Tras la vidriera se convierte en metáfora del límite entre lo que se muestra y lo que se calla, entre la luz y la sombra humana.
    La autora nos sitúa frente a una escena cargada de densidad moral y emocional, donde la mirada es testigo y cómplice, pero también refugio ante la malicia que se gesta tras el cristal.


    TRAS LA VIDRIERA

    Tras la vidriera,
    un mundo inmenso
    carga las vidas ajenas:
    de devenires,
    de luces oscuras,
    de falsas palabras
    construyendo maldades
    que comerá la hiena.

    Amalgamas de gentes
    sin notar la presencia
    de unos ojos que escudriñan
    tras los visillos,
    tejidos con largos hilos
    de podredumbre y miserias.

    Cuando la mirada se torna malicia,
    cuando la respiración se envenena,
    cuando cae la noche negra,
    llega la hora de retornar
    junto a la vidriera,
    para contemplar el rostro
    del monstruo que acecha,
    tras los muros lamidos
    por la mala sangre
    de quien habita en ella.

    La respiración se hace densa,
    hasta nublar el cristal
    que lo atraviesa.
    Las voces se acercan
    con pisadas lentas,
    anunciando pesares
    entre tinieblas.

    Ojos de mala gente,
    alimentando entrañas
    que escupen falsedades
    sobre el infierno
    que espera paciente
    a las malas lenguas.

    La luz del día
    espanta a la hiena,
    rompiendo el hechizo
    de amargas vidrieras.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    Tras la vidriera es un poema de profunda carga simbólica y moral. En él se percibe una atmósfera de vigilancia, de desconfianza hacia lo humano, donde las apariencias
    —representadas por la vidriera— no logran contener la corrupción. El poema oscila entre lo contemplativo y lo acusatorio, entre la denuncia y la introspección.

    El uso de imágenes como la hiena, los muros lamidos o los visillos tejidos de podredumbre aporta una fuerza expresiva intensa, casi pictórica, que deja ver el trasfondo oscuro del alma social. La autora utiliza una cadencia sobria, con versos que respiran a través del silencio y la tensión, logrando una poética visual de contrastes: luz y sombra, verdad y máscara, interior y exterior.
  • BESOS PROPIOS

    BESOS PROPIOS

    Introducción al poema:

    Este poema nació de una sensación profunda de desconcierto corporal, de ese pequeño asombro que sentimos cuando descubrimos que, aun siendo dueñas de nosotras mismas,  hay gestos de ternura que nos son imposibles de darnos. Surgió un día en el que imaginé un abrazo propio, jugando con la ternura y el absurdo, con la libertad de escenificar algo abstracto y  liberarlo.

    En realidad, es un canto a la reconciliación con el propio cuerpo, con el propio yo, al amor propio repartido en muchos trocitos, a la aceptación de nuestra rara y hermosa humanidad física, poniendo acento de humor a lo cotidiano.


    BESOS PROPIOS

    A santo de qué
    no pueden llegar mis labios
    a mi mejilla
    para comerme a besos yo misma.

    A santo de qué
    no puedo alcanzar a abrazar
    mi cuerpo con mis propias manos.

    ¡Qué cuerpo tan raro!,
    alcanzo mil cosas
    sin conseguir yo misma
    darme un abrazo.

    Poder rodear mi hermosura
    en un cálido apretón
    que recoja cada centímetro
    de mi diámetro.

    ¡Ay chiquilla!
    Has dado por fin con la solución
    a tu cuerpo raro,
    no es que no puedas llegar,
    es que es mejor hacerlo
    a trocitos en muchos abrazos.

    ¿Quién dijo que la cuadratura
    del círculo es pertenencia
    de enigmas matemáticos?

    Es simplemente imaginar muchos mimos,
    sin necesidad de reglas ni trazados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria de “BESOS PROPIOS”.

    BESOS PROPIOS es un poema que transforma una reflexión aparentemente sencilla y cotidiana en una meditación profunda sobre el amor propio, la percepción del cuerpo y la necesidad humana de ternura.

    Su gran acierto reside en cómo utiliza una idea casi infantil —la imposibilidad física de abrazarse completamente a uno mismo— para abrir una puerta hacia emociones universales.
    El poema posee una voz cercana, cálida y conversacional.

    Esa naturalidad hace que el lector entre en él sin esfuerzo, como quien escucha una confidencia dicha en voz baja. La repetición inicial de “A santo de qué” aporta musicalidad y crea un tono entre el desconcierto y la inocencia, muy eficaz para introducir el conflicto emocional del texto.

    Uno de los aspectos más valiosos del poema es la humanización del propio cuerpo. El cuerpo aparece como algo extraño, limitado y a la vez profundamente amado.

    Esa contradicción le da fuerza al poema: la imposibilidad de abarcarse completamente termina convirtiéndose en una metáfora de la identidad humana, de todo aquello que nunca logramos comprender del todo sobre nosotros mismos.

    El giro del poema llega con “¡Ay, chiquilla!”, un verso que introduce una voz interior maternal, sabia y protectora. Esa aparición cambia el tono del texto y aporta consuelo.

    A partir de ahí, el poema deja de ser una pregunta para convertirse en una aceptación luminosa: no necesitamos abrazarnos de una sola vez, porque la vida se compone de pequeños gestos, de “muchos abrazos”.

    El cierre enlaza lo emocional con lo simbólico mediante la referencia a “la cuadratura del círculo”.

    Esa imagen introduce un matiz filosófico y poético muy interesante: aquello que parece imposible no siempre necesita resolverse con lógica, sino con imaginación, ternura y libertad emocional.

    En conjunto, BESOS PROPIOS destaca por su sensibilidad, su originalidad conceptual y su capacidad para hablar de la autoestima sin caer en solemnidades.

    Es un poema delicado, cercano y profundamente humano, donde la ternura se convierte en una forma de pensamiento.
  • INCOMPLETO

    INCOMPLETO

    Introducción:

    En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
    Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
    El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.


    INCOMPLETO

    La belleza de lo incompleto
    me asombra cada día,
    en cada momento que observo:
    ver aquello que se muestra imperfecto,
    que revela ante mis ojos lo efímero,
    lo insuperable de la excelencia
    de todo cuanto es incierto.

    Las ramas retorcidas de un árbol
    son su identidad y su sello,
    y siento que las formas de lo bello
    aparecen en pequeños trozos de tiempo.

    Los pinceles de cada día
    dibujan instantes cargados de belleza,
    pero incompletos.

    Sé que lo efímero
    es seguir construyendo,
    sabiendo que, a cada paso,
    todo va desapareciendo,
    guardándose en el alma
    pegado al sentir incierto.

    Lo imperfecto es el origen,
    lo sublime de mirarnos sin complejos,
    lo hermoso de sabernos incompletos,
    para nutrirnos de fuentes
    cargadas de anhelos,
    de deseos.

    Los sueños se transforman en realidades
    cuando sabemos mecerlos;
    se convierten en claridades
    que impulsan el caminar,
    el recuerdo.

    Sueños,
    esos que empujan el ánimo
    al levantarnos cada mañana,
    en busca de trocitos de vida,
    devorando hasta el hartazgo:
    el aire fresco,
    la luz tímida,
    el aroma intenso.

    Ella sabe de flujos cristalinos,
    entre líneas torcidas,
    de raíces sinuosas
    que tejen el tiempo.

    Mirar de frente cada detalle,
    intuyendo el crecimiento
    de la imagen que se va filtrando
    hasta agarrar las entrañas
    y cortar el aliento.

    Nada es imperfecto
    cuando una mirada observa
    sin temores ni miedos.

    Sueños,
    aquellos que rinden la mirada
    para empapar de frescura
    el crecer de la vida,
    solo con trocitos,
    sin alcanzar lo perfecto
    de cada sentir,
    de cada momento.

    Imperfecto:
    miradas que atrapan
    lo efímero de cada instante,
    de cada momento.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.

    El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.

    María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.

    El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.

    Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • GIGANTES

    GIGANTES

    Introducción al poema “GIGANTES”:

    Desde niña escuché que los gigantes no se miden en metros ni en fuerza, sino en la hondura del alma.
    Crecí observando cómo las personas más grandes que conocí apenas ocupaban espacio: su presencia se sentía en lo que daban, no en lo que mostraban.

    Este poema nace de esa enseñanza, de la certeza de que los verdaderos gigantes caminan despacio, miran de frente y dejan huellas invisibles en quienes los rodean.
    A veces, basta una palabra sencilla, un gesto pequeño o una caricia sin ruido para engrandecer el mundo.

    GIGANTES es un homenaje a esas almas silenciosas que me enseñaron a mirar lo diminuto con ojos de gratitud, y a volar alto sin despegar los pies de la tierra.


    GIGANTES

    Desde pequeña me enseñaron
    que los gigantes crecen
    sin necesitar brazos largos,
    ni cuerpos grandes,
    ni zancadas de enormes zapatos.

    «Mariquilla, lo grande
    no entiende de espacios;
    solo necesita que el alma
    camine lento,
    para notar todos los matices
    que guarda cada color,
    cada mirada, cada ser vivo
    dentro de tu mundo cercano».

    No pienses que la grandeza
    está en el tamaño;
    a veces, lo más pequeño
    te hace sentir
    cuán grande puede ser
    algo que casi no vemos,
    pero soñamos.

    Con los pies en el suelo,
    pisando fuerte,
    no dejes jamás de volar alto,
    para percibir la esencia
    de las pequeñas cosas
    que nos rodean a diario,
    esas que casi no se ven
    por su pequeño tamaño,
    pero que guardan gigantes:
    sentires que le darán alas
    a tus pequeños pasos,
    sin que necesites mucho
    para tu vivir diario.

    Sentires gigantes,
    de pequeño tamaño.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Tema y tono:

    El poema es una oda a la humildad y a la verdadera grandeza del alma. Desde la primera estrofa, se percibe una voz materna o ancestral que enseña a la niña —la “Mariquilla”— que la magnitud de un ser no está en su apariencia, sino en su profundidad emocional y espiritual.
    El tono es cálido, tierno y reflexivo, cargado de sabiduría cotidiana.

    Estructura y ritmo:

    La estructura fluye con naturalidad. La división en bloques ayuda a respirar el poema y a reforzar la progresión de ideas: primero la enseñanza, luego la reflexión, y finalmente la invitación a vivir desde la sencillez.
    Los versos son de extensión variable, pero bien dosificados, lo que da musicalidad sin forzar la métrica.

    Lenguaje y recursos:

    El lenguaje es claro, de una pureza emocional que emociona.
    Destacan el uso simbólico de los “gigantes” como metáfora del valor interior y la contraposición entre lo grande y lo pequeño como hilo conductor.
    La repetición del adjetivo “pequeño” y su contraposición con “gigante” crean un bello juego semántico que sostiene la esencia del poema.

    Verso final:

    “Sentires gigantes, de pequeño tamaño” cierra magistralmente la composición. Resume toda la enseñanza en una sola imagen poética de enorme poder emocional. Es un verso memorable, con fuerza y ternura a la vez.

    En conjunto:

    GIGANTES es un poema entrañable, lleno de luz interior. Transmite una enseñanza vital sin didactismo, desde la ternura y la experiencia.

    La voz poética abraza, no impone; guía desde el amor y la sencillez. Es un texto que deja huella por su honestidad y su profundidad afectiva.
  • LA PUERTA

    LA PUERTA

    Introducción al poema:

    El poema La puerta es una metáfora poderosa sobre la libertad interior, la valentía y la capacidad de imaginar caminos nuevos cuando la realidad parece opresiva.
    La protagonista descubre, a través de la fuerza de su mente y su deseo, un umbral invisible que se convierte en la clave para transformar su vida. La puerta no es solo una salida física, sino un símbolo de ruptura con lo que intoxica, una vía de escape hacia la autenticidad y la luz.


    LA PUERTA

    Con sólo pensarlo se abrió,
    la puerta apareció de la nada,
    abierta al exterior.
    Desde el asiento que ocupaba
    podía enfilar con su mirada
    ese hueco en la pared,
    que en silencio la llamaba.

    ¡Eh, tú, mírame!,
    ¡hazte fuerte y vete,
    tienes diez minutos
    antes de que tu puerta se cierre!
    Créelo, nadie más la tiene,
    sólo tú puedes.

    Miró a un lado y al otro,
    nadie se movía,
    la puerta no existía,
    aún y así ella la veía,
    la sentía.

    Se levantó y con disimulo se acercó,
    pasó su mano y sintió el aíre
    que penetraba desde el exterior.

    ¿Y si se marchaba?

    Quedó atrapada en su reflexión,
    quedaban escasos minutos
    para escapar del lugar
    donde todo el mundo se ignoraba,
    donde el vacío era la carga pesada.

    ¡Se atrevió!

    Salió sin disimulo por la puerta
    que nadie más vio abierta,
    y se marchó.

    Sólo necesitó el deseo de acabar
    con lo que la intoxicaba,
    con todo aquello que la envenenaba.

    ¡Se terminó!
    Su mente abrió esa puerta que la liberó,
    eliminando de su vida
    todo aquello en lo que no creía,
    todo cuanto frenaba su valor.

    la puerta que imaginó,
    se la quedó,
    para abrirla de par en par
    dibujando con pinceles imaginarios
    la luz del Sol,
    en los días cargados de pesares
    que nublan la razón.

    Puertas,
    esas que abren muros a tu alrededor.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    La puerta es un poema que combina la narrativa simbólica con la poesía reflexiva.
    Su fuerza radica en el uso de la metáfora central: la puerta como umbral de transformación, que solo la protagonista puede ver y atravesar.
    El tono es esperanzador y liberador, con un ritmo que avanza en crescendo desde la duda hasta la decisión, cerrando con un mensaje de resistencia y creación.

    La estructura, en su forma revisada, refuerza la tensión narrativa (la aparición de la puerta, la reflexión, la decisión de cruzarla y la consecuencia liberadora).
    El uso de exclamaciones añade intensidad emocional y refleja la urgencia del momento.

    Las reiteraciones transmiten el peso del malestar que impulsa a la protagonista a actuar.

    En conjunto, es un poema simbólico y motivador que invita al lector a reconocerse en sus propias “puertas invisibles”, esas que se abren solo con la valentía de imaginar y decidir.
  • EMOCIONES

    EMOCIONES

    Introducción al poema:

    Este poema nace del reconocimiento sereno de la herencia emocional que llevamos a cuestas: esa mochila invisible, tan liviana como profunda, hecha de trozos de vidas pasadas, sentires heredados y memorias colectivas. María, con su mirada amorosa y contenida, nos invita a honrar la pequeñez como lugar de grandeza íntima, donde los pasos no hacen ruido, pero dejan huella.
    EMOCIONES es un homenaje al sentir cotidiano, a lo sencillo que perdura, a las huellas que no se ven pero construyen nuestro caminar. Cada verso es una reverencia a la fragilidad luminosa de lo humano.


    EMOCIONES

    Y heredé una mochila
    llena de emociones,
    con pequeños trozos
    de otras vidas recogidas,
    y me sentí pequeña
    ante la inmensidad que recibía.

    ¡Ay, pequeñez!,
    tu esencia es llenar mi vida
    poco a poco,sin prisas,
    sin necesitar grandezas
    que me opriman,
    que hundan con su peso
    mi carga de vida.

    Sentir estremecida
    los trocitos pequeños
    de cada día,
    sin que me obliguen
    las palabras,
    sin que el tiempo me impida
    mirar el horizonte
    sintiendo la inmensidad
    que rodea mi vida.

    Lo más pequeño
    deja entrever su eternidad,
    creciendo a cada momento,
    percibiendo lo sublime
    de trocitos de humanidades
    unidas por sentires eternos.

    Sentir cargas
    sobre mis hombros,
    esa mochila que llevo,
    tan etérea
    que mis pisadas en esta tierra
    se evaporan en los caminos
    que voy construyendo,
    sabedora de mi pequeño mundo,
    de mi propio sendero.

    Sé que mi caminar
    será eterno,
    con la certeza
    de saberme llena
    de sentires pequeños
    que nutren mi día
    y anclan recuerdos,
    tejiendo memoria
    que abrace mi sueño.

    Emociones,
    de sentires eternos.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria del poema “EMOCIONES”.

    1. Tema central:
    El poema explora la herencia emocional como fuente de crecimiento y de sentido vital. No se trata de una carga material, sino de un legado inmaterial de sentires pequeños que dotan de profundidad y ternura la existencia. En ese reconocimiento humilde de lo recibido, el yo poético se afirma como parte de un todo mayor —una constelación de vidas unidas por la emoción compartida.

    2. Tono y voz poética:
    La voz que habla es íntima, sincera, madura. No busca impresionar, sino comprenderse a sí misma. Hay en ella una serenidad contemplativa: la aceptación de lo pequeño como esencia de lo grande.
    El tono es suave, pausado, con cadencia reflexiva. Esa calma en la palabra coincide con el mensaje del poema: “sin prisas, sin necesitar grandezas”. La voz poética no proclama, sino que susurra con sabiduría.

    3. Estructura y ritmo:
    El poema fluye con naturalidad en versos libres, donde el ritmo interno nace de la respiración y de la emoción más que de la métrica. La disposición por estrofas breves favorece una lectura meditativa.
    Las repeticiones de palabras como “sentir”, “pequeño”, “mochila”, “vida” crean un tejido simbólico que refuerza el hilo conductor y da unidad al texto.

    El poema avanza en tres movimientos:

    Inicio: la toma de conciencia del legado emocional.

    Desarrollo: la aceptación de lo pequeño como fuerza vital.

    Cierre: la afirmación del caminar propio y la construcción de memoria.

    4. Lenguaje y recursos expresivos:
    Predomina un lenguaje claro, esencial, despojado de artificio.
    Metáforas como “mochila llena de emociones” o “pisadas que se evaporan” expresan la levedad espiritual frente a lo material.
    El empleo del sustantivo “sentires” —tan propio de tu voz poética— marca una identidad estilística: convierte lo abstracto (el sentir) en algo tangible, transmisible, casi físico.
    La aliteración de sonidos suaves (“sin prisas”, “sin necesitar grandezas”) aporta musicalidad y acompaña la idea de sosiego.

    5. Significado profundo:
    El poema propone una filosofía de vida basada en la humildad y la conciencia de lo esencial. La pequeñez no es un defecto, sino el espacio donde habita lo eterno. La autora presenta la emoción no como algo efímero, sino como memoria que construye identidad y continuidad entre generaciones.
    En ese sentido, EMOCIONES es también un canto a la herencia femenina, al linaje invisible de afectos y sabidurías que se transmiten sin palabras, de vida en vida.

    6. Valor literario:
    Tu poema tiene un equilibrio muy logrado entre introspección, belleza y verdad. Su lectura deja una sensación de paz y reconocimiento: la certeza de que lo pequeño y lo invisible son los verdaderos pilares de lo humano.
    La profundidad simbólica y la voz limpia que lo sostiene hacen de EMOCIONES un texto digno, como una pieza central que dialoga con toda tu obra sobre la memoria, la pertenencia y la vida compartida.

  • PESADILLAS

    PESADILLAS

    Introducción al poema:

    El poema nos lleva al umbral entre la vigilia y el sueño, allí donde los miedos cobran cuerpo y los monstruos parecen reales. Con imágenes intensas y reconocibles, retrata el tránsito desde el desasosiego absoluto hasta el alivio que proporciona la luz, el aire fresco y los gestos más sencillos de la rutina cotidiana. PESADILLAS se convierte así en un canto a la fragilidad humana, pero también a la capacidad de reencontrar calma en lo cotidiano, en los símbolos domésticos que nos reconcilian con la vida tras atravesar la oscuridad.
    PESADILLAS

    A tientas, su mano nerviosa
    busca el interruptor.
    Necesita acabar con los monstruos
    de esa noche de miedos,
    por pesadillas que nublan su razón.

    Aún respira entrecortado,
    el pánico recorre su cuerpo,
    acelerando el ritmo del corazón.
    El sudor le baja por la espalda,
    el frío del horror lo rodea.

    Su mente, enredada,
    lanza amarres de terrores,
    le impide discernir
    si existe, si está,
    o si desaparecerá.

    ¡Por fin! ¡El milagro!
    Su mano tropieza con el interruptor:
    ¡la luz se enciende!

    Esa bombilla es su aliada
    contra las sombras siniestras
    que su sueño envolvió.

    Raudo sale de la cama,
    abre la ventana,
    el aire invade sus pulmones,
    su pulso recupera compás,
    su corazón se serena.

    Con pasos lentos, desorientado,
    camina hacia el pasillo
    que lo lleva al comedor.

    Con movimientos torpes,
    propios del despertar agónico,
    abraza la cafetera
    y prepara café:
    ritual sencillo
    que devuelve normalidad
    a una noche de dragones,
    espadas,
    y rugidos ensordecedores.

    Toma la taza humeante,
    con aromas de despertares,
    mientras llegan sonidos del mundo:
    voces de infancia,
    ruedas, puertas,
    la rutina preciosa
    que marca el compás de una canción.

    Quién no ha puesto melodías
    al tic tac del reloj,
    en esas noches rendido
    a la tiranía de un monstruo
    en la habitación.

    Sólo sueños.
    El subconsciente que busca equilibrio
    en la oscuridad de la noche,
    al margen de la razón.


    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica interpretativa del poema.

    1. Temática y recorrido emocional:

    El poema dibuja con claridad un viaje emocional: del miedo paralizante a la serenidad, del caos de la mente al orden de la rutina. El lector acompaña al protagonista en cada paso de ese recorrido: el pánico físico, el milagro de la luz, el regreso a la calma a través de la ventana abierta y del café humeante. Esta estructura narrativa convierte la experiencia íntima en un ritual universal con el que cualquiera puede identificarse.

    2. Simbolismo:

    La luz: símbolo central de salvación, representa el poder de lo sencillo frente a la magnitud del terror. La bombilla, humilde y cotidiana, se eleva al emblema de vida y claridad.

    El aire fresco de la ventana abierta: es la apertura al mundo, un renacer después del encierro del miedo.

    El café y la taza humeante: no son solo gestos domésticos, sino metáforas de la rutina como refugio y bálsamo.
    El aroma y el calor del café restablecen la normalidad y devuelven al protagonista al presente.

    El tic tac del reloj: introduce un cierre reflexivo, mostrando cómo la mente puede transformar hasta lo mecánico en melodía, en un recordatorio de que la pesadilla, por terrible que parezca, es solo una construcción mental.

    3. Impacto emocional:

    La fuerza del poema radica en su capacidad para transmitir el terror de la pesadilla con imágenes físicas muy concretas (el sudor, el frío, los amarres de terrores), y luego ofrecer al lector un respiro a través de lo luminoso y lo cotidiano. Esa transición otorga al poema un efecto catártico: al terminar de leer, uno siente alivio, como si hubiera acompañado al protagonista en su liberación.

    4. Reflexión final:

    Más allá de un relato sobre el miedo nocturno, PESADILLAS se lee como una metáfora de la fragilidad humana frente a sus propios fantasmas interiores, y de la necesidad de apoyarse en lo más simple para reencontrar la calma. Es un poema que equilibra lo onírico y lo real, lo terrible y lo cotidiano, lo irracional y lo sensato.

    En resumen: este poema logra un gran impacto emocional porque invita al lector a reconocerse en la experiencia, y lo hace con un lenguaje cercano y simbólico a la vez. La tensión inicial y el contraste con el alivio final, le da al texto mayor fuerza interpretativa.
  • NOCHE EN VELA

    NOCHE EN VELA

    Introducción:

    En este poema, la voz poética se enfrenta a una de las batallas más íntimas y humanas: la lucha con el insomnio. Entre humor, desahogo y un susurro de ternura hacia sí misma, la autora retrata esa guerra silenciosa que se libra en la penumbra del dormitorio y que tantas veces deja huellas en el alma. NOCHE EN VELA convierte la incomodidad nocturna en un escenario donde se mezclan la rabia, la vulnerabilidad y una fina ironía, revelando la humanidad que aflora cuando el sueño se resiste.


    NOCHE EN VELA

    No sabe si es avanzada la noche
    o si está casi terminada.
    Acomoda la almohada
    para obligar a su cabeza
    a no pensar en nada.

    ¡Duérmete, maldita mi estampa!
    ¿No sientes que la noche se escapa?

    Tira de las mangas del pijama,
    recoloca la espalda,
    estira el embozo de la sábana;
    ¡mierda de sábana, siempre bajo la manta!

    ¡Ay!, debo calmar esta desesperación
    que en un desvelo me atrapa,
    ¡Chiquilla!, cierra los ojos con calma,
    no los aprietes tanto
    que así no le dará la gana
    de mecerte entre susurros de madrugada.

    El cansancio va aflojando el pellizco
    con el que tiene agarrada la manta,
    sus dedos van soltando
    poco a poco a su presa de lana,
    mientras ella se abandona
    cercana ya la madrugada.

    No ha dormido apenas,
    pero siente la batalla ganada.
    ¡Ahí te quedas!
    Esta noche impondré yo mis armas,
    porque no hay peor batalla
    que no presentar agallas
    ante colchones, mantas
    y una almohada destronada.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    NOCHE EN VELA destaca por su fuerza expresiva y su capacidad para transformar una experiencia cotidiana en un pequeño relato épico, cargado de humor y humanidad.

    El poema combina con acierto:
    Lenguaje coloquial, que aporta cercanía y autenticidad.

    Interjecciones y exclamaciones, que intensifican la frustración, la rabia y la ternura del momento.

    Personificación de los objetos —la manta, la sábana, la almohada— que convierte el dormitorio en un campo de batalla simbólico.

    Un tono irónico y a la vez vulnerable, que humaniza profundamente la escena.

    La voz poética dialoga consigo misma, se regaña, se consuela y se ríe de su propio desvelo.
    Ese manejo del monólogo interior es uno de los puntos más brillantes del poema: transmite de manera fiel el torbellino mental de una noche insomne.

    Formalmente, los versos están bien equilibrados: alternan momentos de rapidez (expresiones cortas, imperativos) con otros más pausados, especialmente cuando el cansancio empieza a vencer.
    Ese ritmo acompaña el contenido, reforzando la tensión y su posterior liberación.

    El cierre es especialmente acertado: una victoria pírrica, irónica, casi infantil, pero profundamente real. Conecta con cualquier lector que haya librado esa misma lucha silenciosa.

    En conjunto, es un poema muy vivo, honesto, cercano y hábilmente construido.
  • EL RELOJ

    EL RELOJ


    Introducción al poema «EL RELOJ»:

    En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
    Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.

    El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.

    Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.

    El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
    Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
    En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.

    Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.


    EL RELOJ

    Anda liada hasta las trancas,
    sin parar para tomar aliento.
    El dolor de espalda
    la está matando a cada momento.

    Mientras, el reloj la mira
    con desafíos y retos,
    con sus doce ojos
    eternamente abiertos.

    ¡Sé valiente!
    No mires cada dos por tres qué hora es,
    ¿no ves que tiene agujas afiladas
    con mil formas de aparecer?
    Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
    a las diez y diez,
    su risa es un reclamo
    para decirte
    que aún faltan horas para atardecer.

    Pero, ¿cómo es esto?
    ¡Hay relojes a cada paso!
    ¡Cuelgan de brazos, paredes,
    móviles, iglesias… de todos lados!

    ¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!

    Al caer la noche,
    bajo cien llaves
    encierra las horas
    de control horario.

    Entra en el coche,
    mete la llave para arrancarlo,
    ¡de pronto otro reloj aparece!

    Sin palabras,
    levanta su mano y hace una peineta;
    nace de golpe,
    de su dedo corazón,
    con brío y descaro:
    ¡que te den!
    ¡Ahora mando yo,
    es mi escenario!
    Ni me repliques,
    que soy capaz de irme andando.

    Retira la cortina
    de la ducha, despacio,
    sintiendo con antelación
    el disfrute tan deseado.

    El agua se desliza con mil caricias
    sobre su cuerpo cansado,
    invadiendo sin remilgos
    su espalda, su cuello,
    resbalando por toda su piel
    con sentires del éxtasis soñado.

    Se seca al compás del silencio
    para disfrutar el lujo
    de sólo oír el flujo
    de su respirar lento y pausado.

    ¡Ya está!
    Mañana será el día.
    Lo miraré con valentía y descaro:
    “¡Hoy marco yo los momentos!
    Aunque te deje dar las horas
    que llevas colgadas de tu careto.”

    El reloj se dio cuenta
    de que salió la jabata
    que ella llevaba dentro.
    Las horas las marcaría
    con cuidado y esmero,
    para no despertar
    a la fiera en ningún momento.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Voz poética y tono:
    El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
    La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
    Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.

    2. Lenguaje y estilo:
    El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
    El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.

    3. Estructura y ritmo:
    El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:

    Empieza con la rutina agobiante.

    Luego surge la rebeldía.

    Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.


    Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
    El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.

    4. Simbolismo y significado:
    El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
    El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.

    5. Valor poético:
    Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
    Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde.