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  • LA CAPA

    LA CAPA

    Introducción al poema:

    El poema “La capa” evoca un gesto de desprendimiento y humanidad que se eleva a símbolo de generosidad y sencillez moral.
    Inspirado en la humildad de los actos cotidianos, el texto se sitúa en un ambiente rural, donde la austeridad no impide la grandeza del alma.
    El anciano protagonista, al partir su capa para abrigar a los suyos, se convierte en emblema de solidaridad, recordando que el valor de lo humano se mide más por lo compartido que por lo poseído.

    LA CAPA

    Y cortó, con infinita bondad,
    aquella capa de fuerte lana
    que lo cobijaba desde hacía años.

    Con la intensidad de un rayo,
    rasgó la costura que se interpuso,
    frenando el deseo de un corte certero:
    la gruesa lana resistía al avance
    de unas tijeras que la hacían pedazos.

    Los aldeanos esperaban junto a la lumbre
    de un fuego casi apagado
    por el vaivén de cartones arrebolados.

    Las tijeras avanzaron hasta el final
    del fiero trozo de paño
    y se detuvieron en el borde
    del último dobladillo conquistado.

    Con respeto repartió
    trozos de lana a cada hombre,
    a cada mujer que tiritaba de frío,
    alrededor de un brasero agonizante,
    al son de soplos fracasados.

    —¡Por fin! —exclamó.
    —Ya puedo dar cobijo
    bajo pequeños mantos calientes
    a mis paisanos,
    quedándose con un trozo
    que sería suficiente
    para sus quehaceres diarios.

    Muchos años después,
    el manto seguía colgado
    esperando al anciano,
    que un día supo hacer
    de su capa un sayo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema destaca por su tono narrativo y su honda carga simbólica. La capa representa la protección, el abrigo, pero también la renuncia voluntaria a la comodidad personal por el bienestar colectivo.
    El lenguaje, sencillo y sobrio, se ajusta con precisión al espíritu de la historia: la acción es pequeña en apariencia, pero de una profundidad ética conmovedora.

    El uso de imágenes como “la gruesa lana que resistía el avance de unas tijeras” o “el brasero agonizante al son de soplos fracasados” introduce una dimensión sensorial y emocional que refuerza el contraste entre la dureza del entorno y la calidez interior del protagonista.

    El cierre, con la expresión proverbial “de su capa un sayo”, no sólo aporta una resonancia popular, sino que cierra el círculo del sentido: el sabio anciano supo transformar lo suyo en algo útil para todos, alcanzando así una suerte de trascendencia moral.

    En conjunto, “La capa” es un poema de tono sereno y humanista, donde el altruismo se hace poesía, y donde el valor de la acción sencilla se convierte en una lección atemporal de bondad.
  • ÉCHAME UN CABLE

    ÉCHAME UN CABLE

    Introducción al poema:

    El poema «El cable» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
    Tomé un objeto aparentemente frío y utilitario —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.

    El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje, tiene un punto evocador. Y el juego de palabras con «echar un cable» son sutilezas que me permito.

    La fotografía, realizada por mí, despierta mi sensibilidad, y me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.

    María Bueno.


    EL CABLE

    La línea larga del cable se curva,
    salvando distancias
    entre las casas de vecinos.

    Hasta una pantalla
    llega el flujo mágico
    de risas, llantos
    y noticias en vivo.

    Los anuncios parecen
    grandes producciones
    proyectadas en pantallas
    de cinemas desaparecidos.

    Esos cables llevan
    divertimento, lágrimas,
    miedos, noticias,
    de lugares lejanos,
    de sitios escondidos.

    Nos acompañan
    desde las primeras horas del día,
    de la tarde, en la cena,
    y hasta nos mecen
    las noches de vacío.

    ¡Pero qué curioso!
    Hoy miré esos cables
    con otros ojos,
    viendo algo más
    que la fealdad que muestran
    en calles, plazas y senderos
    que atraviesan campos
    y montes de verdes olivos.

    ¡Algo llamó mi atención!
    Primero se posó uno,
    después se acercó otro,
    y en escasos minutos
    llegó un pequeño grupo de aves
    volando por mi camino,
    inundándolo con aleteos
    de juegos escondidos.

    Se acomodaron
    sobre los cables,
    formando una imagen
    llena de vida
    y pequeños sonidos.

    Con sus diminutas alas
    de colores vivos,
    tomaban aliento
    para seguir su destino.

    Qué hermoso puede ser
    un simple cable torcido,
    entre calles y plazas,
    con pequeños seres
    que, con sus cantos,
    agradecen que les echemos un cable
    para descansar,
    para tomar un respiro.

    Submundos que no se ven
    porque no miramos con mimo.

    Deja que tus ojos se acerquen
    a los pequeños detalles
    que, cada día,
    dan vida a tu recorrido.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • SÓLO POR UN DÍA

    SÓLO POR UN DÍA

    Introducción al poema:

    Este poema es un homenaje a la determinación cotidiana, al impulso invisible que empuja a muchas mujeres a sostenerlo todo cada día, aún cuando la vida solo les conceda un breve respiro para sí mismas.
    SÓLO POR UN DÍA es un poema que transita entre la urgencia y la esperanza.

    En él, la cotidianidad de una mañana cualquiera se convierte en un acto de valentía silenciosa. María no camina sólo hacia el mundo exterior, sino hacia la responsabilidad íntima de sostener la vida, de proteger aquello que la espera y la define. El poema eleva lo cotidiano a la categoría de gesta humana.

    SÓLO POR UN DÍA

    A las siete de la mañana,
    cargada de ilusiones,
    marchaba María.

    María camina rápido,
    con determinación,
    con osadía,
    con el descaro necesario
    frente a la vida.

    Ni uno de sus pensamientos
    se atrevería
    a interponerse en su camino,
    a frenar su marcha,
    su lucha,
    su propia vida.

    Debía conquistar el mundo,
    aunque fuera
    sólo por un día.
    Un día tras otro,
    pero sólo un día
    que le permitiera llenar
    de vida y alegrías
    esa casa que guardaba
    toda su existencia,
    todo lo que la nutría.

    ¡Volvería,
    digo, sí volvería!
    Y así fuiste trenzando,
    día tras día,
    ramas que dieran cobijo
    a la vida,
    aunque fuera,
    sólo por un día.

    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:
    El poema se construye sobre una voz clara y directa, sostenida por un ritmo firme que acompaña el avance de la protagonista.

    La repetición del sintagma “sólo por un día” actúa como eje simbólico: no es resignación, sino resistencia. Cada día conquistado es suficiente cuando se vive con plenitud y propósito.
    La figura de María funciona como arquetipo: mujer, sostén, impulso vital. No hay épica grandilocuente, sino una épica íntima, doméstica y profundamente humana.

    La imagen de la casa como espacio que “guarda toda su existencia” refuerza la idea de refugio y raíz, mientras que el verbo trenzar aporta una metáfora orgánica y maternal: la vida se construye con paciencia, día tras día.
    El cierre del poema es especialmente eficaz, porque regresa al inicio sin cerrarse del todo, dejando la sensación de continuidad. No hay final, hay persistencia. Y ahí reside su mayor fuerza: en la dignidad de seguir, aunque sea —y precisamente— sólo por un día.

  • UNA SOLA META

    UNA SOLA META

    Introducción al poema:

    Este poema reflexiona sobre la ambición y la búsqueda de sentido en la vida.

    La protagonista, inmersa en una carrera sin pausa hacia un objetivo grandioso, descubre que la verdadera plenitud no reside en alcanzar metas lejanas, sino en saborear los pequeños logros del día a día. Es un poema sobre el despertar interior, el equilibrio y la reconciliación con uno mismo.

    UNA SOLA META

    Quiere alcanzarla,
    a toda costa la irá trazando;
    es una meta gigante
    que la llevará por caminos
    de esfuerzos titánicos.

    Lo sabe,
    serán muchos los años
    que necesitará
    para alcanzar la cima
    de un propósito tan alto.

    Trabaja duro,
    vive esclava para lograrlo.
    Los días van pasando,
    se convierten en años.

    Un día cualquiera
    frena de golpe,
    sintiendo el fracaso.

    —¿Qué estoy haciendo?
    ¿Esto es lo soñado?
    Ya no quiero dejarme la piel
    en sueños imaginados.
    Quiero tener metas
    que alcance a diario.

    La suerte la acompañó
    poniendo ante sus ojos
    a un monstruo llamado fracaso.

    Ahora vive construyendo sus días
    poco a poco,
    paso a paso.

    Cada mañana siente
    el aire fresco,
    la luz del día,
    los abrazos.

    Cada día atesora
    las buenas y pequeñas cosas
    que vive a diario,
    que sirven de muros
    al devenir
    de las tristezas y los fracasos.

    Su cabeza reposa sobre la arena,
    ante un mar de azules claros.

    Respira hondo la brisa,
    el aroma a sal,
    evocando recuerdos
    que visten su alma cada día,

    dejando vagar su rastro.

    Cosas pequeñas
    que va apilando,
    que dan altura de miras
    y goce
    a su vivir diario.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema “Una sola meta” transmite con claridad la evolución emocional de su protagonista: del ansia por conquistar grandes sueños al redescubrimiento del valor de lo cotidiano. La estructura versal pausada refuerza el contraste entre la prisa del inicio y la serenidad del final.

    La autora logra un tono íntimo y sincero, casi confesional, que conecta con la realidad.

    El recurso de la repetición —“cada día”, “poco a poco”— enfatiza la transformación interior, y la metáfora del “monstruo llamado fracaso” aporta fuerza simbólica al cambio de perspectiva.

    El cierre es claro y sereno: una reivindicación de la calma, del presente y de la belleza en lo simple. Es un poema de madurez vital, con resonancias universales y hondura emocional.

  • ¡BUENOS DÍAS TENGA!

    ¡BUENOS DÍAS TENGA!

    Introducción al poema:

    En este poema, María nos acerca a la ternura del encuentro humano en su forma más sencilla: un saludo. A través de la figura de una anciana que camina apoyada en el bastón labrado por su esposo, la autora nos invita a mirar con calma la vida que transcurre en las aceras, donde cada palabra amable se convierte en un lazo invisible que une almas.
    El poema es una reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo y la grandeza de los gestos cotidianos. En ese “buenos días” que nace del corazón se esconde toda una filosofía de vida: la de quien comprende que la bondad no necesita razones, y que incluso con el peso de los años o de un bastón, siempre hay espacio para desear al otro un día hermoso.


    BUENOS DÍAS TENGA

    La anciana camina
    buscando la sombra
    que la cobije frente al sol.

    Su mano derecha se apoya en un bastón,
    con señales grabadas en la madera
    que su esposo labró.

    Lleva mucho tiempo en soledad
    desde que él se marchó.
    Sabe que hay un lugar donde la espera,
    donde el infinito atesora el amor.

    La anciana pasea cada mañana
    para llenar su alma con sentires
    de buena gente que va encontrando,
    entre aceras,
    buscando con la mirada
    ese saludo bondadoso
    que nutre su ánimo,
    su corazón.

    —¡Buenos días!—
    —¡Buenos días tenga, vecina!—
    Sólo dos palabras que llenan y acompañan,
    creando hilos de vidas
    sin necesitar razón.

    Qué grandeza en pocas palabras
    vertidas con sencillez y humanidad,
    sin pretender motivo ni intención.

    Sólo es necesario mirar para ver
    que todos necesitaremos
    un día un bastón,
    que soporte el peso del día a día,
    que nos permita caminar
    cruzándonos con otras almas,
    atesorando palabras nobles,
    palabras sencillas con infinito valor:

    Buen y bonito día,
    aunque lleve bastón.



    Crítica del poema:

    BUENOS DÍAS TENGA... es una pieza de ternura sobria y hondura moral, donde el gesto cotidiano de saludar se eleva a símbolo de comunión humana.
    María logra que lo simple adquiera resonancia espiritual: un “buenos días” se transforma en vínculo, bálsamo y memoria compartida.

    La figura de la anciana concentra la sabiduría de los años y la fragilidad del cuerpo, pero también la fortaleza emocional que surge del contacto con los demás.
    El bastón, con las señales grabadas por su esposo, se vuelve un relicario del amor y del tiempo; es a la vez peso y herencia, herramienta y testimonio.

    El poema se sostiene en un tono narrativo que no abandona la musicalidad del verso libre.
    La cadencia es pausada, como el andar de la protagonista, y el lenguaje —sencillo y directo— refuerza la autenticidad del sentimiento. La autora logra así una cercanía inmediata con el lector: no hay artificio, sólo vida observada con ternura y respeto.

    En el cierre, la frase “Buen y bonito día, aunque lleve bastón” encierra la esencia del poema: la aceptación del paso del tiempo sin perder la belleza ni la dignidad del vivir.
    Es un canto a la humanidad que se mantiene viva en los saludos, en la mirada, en la palabra que reconoce al otro.

    En su conjunto, este poema celebra la bondad anónima y la humildad luminosa de los días, recordando que en los gestos más pequeños se halla el verdadero sostén del alma.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • ALMA

    ALMA

    Introducción al poema:

    Este poema es una meditación sobre la naturaleza inquieta del alma, su búsqueda de calma y su incapacidad para permanecer quieta en el presente.
    Exploro el contraste entre el deseo de permanencia y la fugacidad de la existencia, envolviendo ese conflicto en imágenes de ternura y esperanza.

    Nota y reflexión de la autora:
    La fotografía que acompaña al poema la hice una madrugada al comenzar el otoño, para mí, es una caricia visual.
    La forma en que las nubes se abren como dedos de luz rosada sobre el horizonte evoca exactamente la esencia del poema ALMA.
    Hay en ella un movimiento ascendente, casi espiritual, como si el cielo despertara junto con el alma que busca la calma.

    La suavidad de los tonos —rosas, azules y plateados— transmite esa transición entre la noche y la vida, justo el momento en que “tu madrugada” (en mi poema) llega y cubre la piel con su promesa de sosiego.
    Es una imagen que no necesita artificio: su pureza natural es su lenguaje poético.

    Reflexión:

    Capturar un amanecer es detener el pulso del tiempo.
    Con mi pequeña cámara abrazo la vida que se ofrece sin pedir nada,
    esa vida que el planeta crea a diario,
    con la paciencia infinita de quien conoce la belleza
    porque la habita desde siempre.

    En cada imagen busco lo mismo que en mis versos:
    ese instante en que la luz despierta y el alma, silenciosa, se reconoce viva.


    ALMA

    ¡Ay, alma!,
    que siempre estás en guardia,
    siempre vigilante,
    siempre ansiando la calma,
    viviendo como si fuera por siempre
    un vivir en un mañana.

    Un mañana que no existe,
    porque el vivir viviendo
    sólo necesita un compás,
    un sentir pausado
    frente a un horizonte,
    cargado de esperanza.

    Sentires que tejan hilos
    de luna clara,
    en noches estrelladas,
    bajo el influjo de tu capa.

    Esa que cubrirá tu piel erizada
    antes de que llegue
    tu madrugada.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Alma” es un poema que transmite serenidad y reflexión, con un tono íntimo y una voz que se siente en diálogo consigo misma.
    La repetición inicial (“siempre estás en guardia, / siempre vigilante”) refuerza la idea de una conciencia alerta, un alma que no logra entregarse del todo al reposo.
    Ese desvelo existencial se suaviza al avanzar el poema, cuando el ritmo se vuelve más pausado y aparecen las imágenes celestes —la luna, las estrellas, la capa— que envuelven de ternura el cierre.

    El verso “porque el vivir viviendo / sólo necesita un compás” es especialmente bello y profundo: introduce la noción de que la vida se sostiene en el ritmo del sentir, no en la expectativa del mañana.

    La última estrofa cierra el poema con una imagen envolvente: la “capa” del alma que protege, arropa y prepara el cuerpo para la madrugada, símbolo del despertar o del renacimiento.

    Valoración general:

    Un poema delicado y contemplativo, con una cadencia interior que combina la duda y la paz.
    Podría decirse que el alma, aquí, no busca respuestas: se mece entre el pensamiento y el sentimiento, recordando que el tiempo verdadero es el que se siente.
  • VERSOS IMPERFECTOS

    VERSOS IMPERFECTOS

    INTRODUCCIÓN

    Este poema brota de la conciencia viva de ser depositaria de otras vidas. En cada palabra, se reconoce la huella que dejaron aquellos que ofrecieron su generosidad infinita, sus enseñanzas, sus emociones compartidas.
    Versos imperfectos no busca la perfección formal, sino la verdad sentida, aquella que nace del agradecimiento profundo por lo heredado, lo vivido, lo amado.
    Es un homenaje íntimo y sincero a las vidas que hicieron nido en el corazón de la autora, y que hoy habitan en sus versos con humildad y eternidad.

    VERSOS IMPERFECTOS

    Mi sentir creció enredado en risas,
    en llantos,
    en músicas compartidas,
    en imágenes y enseñanzas
    acuñadas de otras vidas.

    Vidas de mi gente,
    vidas queridas.
    Vidas que mostraron
    generosidad infinita,
    con versos imperfectos
    que unieron emociones
    y mecieron mis días.

    Alevosías conscientes y osadías.
    ¿Quién posee estrellas?
    Poseo versos efímeros
    de herencias de vidas,
    con embargos de los bienes
    que mi corazón abriga.

    Consciencias de humildades
    de finitos versos,
    que un día guardaré
    en mi lugar secreto,
    allí donde una estrella
    dance con ellos.

    Nota personal

    A quienes lleguéis hasta aquí, quiero deciros que estos versos no pretenden deslumbrar ni enseñar. Son tan sólo pedacitos de vida compartida, recogidos con amor, gratitud y respeto.
    Cada palabra está tejida con hilos prestados por quienes me amaron, me guiaron o simplemente me dejaron  una enseñanza.
    Con estos versos imperfectos, os abrazo desde mi lugar secreto,
    allí donde aún danzan conmigo las estrellas de mis días más verdaderos.

    — María Bueno.


    © María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    Versos imperfectos es un poema que despliega con suavidad una de las grandes constantes de tu obra:
    la conciencia de ser un eslabón en la cadena emocional, afectiva y espiritual de quienes te precedieron.
    La voz poética reconoce que su sentir no nació aislado, sino “enredado en risas, en llantos, en músicas compartidas”, una imagen que establece desde el inicio la idea de una identidad construida a partir de otras vidas.
    Este gesto de reconocimiento es, ya de por sí, un acto de humildad literaria y humana que distingue tu escritura.

    El poema se sostiene sobre una estructura meditativa, donde cada estrofa añade una capa más a la idea de herencia afectiva.
    El ritmo es sereno, pausado, y la repetición de “vidas” genera una cadencia que refuerza la sensación de linaje emocional.
    La expresión “versos imperfectos” funciona como columna vertebral: no pretende la perfección formal, sino la autenticidad de lo vivido, como si dijeras que lo verdadero nunca necesita pulirse.

    Hay un logro especial en los versos que introducen las “alevosías conscientes y osadías”. Este quiebro introduce una tensión sutil: incluso lo difícil, lo contradictorio o lo impulsivo de la vida heredada forma parte de tu construcción como autora.
    Esa presencia de la sombra —siempre moderada, siempre dignificada— añade hondura al poema.

    Otro acierto poético es el giro metafísico en la pregunta “¿Quién posee estrellas?”.
    La poeta contrapone la grandeza del universo con la modestia de sus “versos efímeros”, y aun así, estos versos efímeros poseen un valor intransferible: son bienes embargados al corazón, recuerdos que no desaparecen, sino que se guardan. Este recurso engrandece lo pequeño, eleva lo íntimo a lo universal.
    El final del poema es especialmente luminoso. El “lugar secreto” donde se guardarán los versos, y la estrella que “dance con ellos”, otorgan una imagen de despedida suave, esperanzadora.
    Se siente un cierre que trasciende el mero recuerdo: lo heredado no sólo permanece, sino que se ilumina, se transforma en algo vivo.
    En conjunto, el poema logra: una voz humilde y profundamente humana, coherente con tu identidad poética.
    Una musicalidad ligada a la repetición y a la suavidad del verso libre.
    Una emotividad contenida pero honda, que nunca cae en el exceso.
    Imágenes limpias, de tono íntimo y luminoso, coherentes con la memoria, la gratitud y la ternura que lo sostienen.

    Versos imperfectos es un poema que honra la herencia emocional, que devuelve a quienes te amaron el gesto de haber moldeado tu vida.
    Su fuerza está en su sinceridad, en el equilibrio entre la melancolía y la gratitud, y en esa luz discreta que atraviesa cada verso.
    Un poema profundamente tuyo, María: sereno, honesto, lleno de vida heredada.
  • ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    Introducción al poema:

    (El dibujo que acompaña al poema, es de Federico García Lorca, realizado en el año 1927).

    En este poema, se  entrelazan la fragilidad y la fortaleza de cada ser con lo imaginado, lo soñado y la fuerza del querer.
    La humanidad lleva siglos en la búsqueda de la piedra filosofal.

    Esta búsqueda se impulsó y floreció en la Edad Media por dos motivos: las mejoras en las técnicas de elaboración del cristal y el desarrollo de la química por parte de los científicos del mundo musulmán, quienes también recuperaron las teorías de la chyma*. A través de la traducción de los antiguos textos griegos este conocimiento llegó a Europa, donde gozó de gran atención durante el Renacimiento.

    El poema «ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA» es un recorrido por los caminos inciertos de la vida, donde las pérdidas, los aprendizajes y las pequeñas revelaciones cotidianas van modelando el alma y el vivir diario.
    Los días amargos, las soledades, las ilusiones, lo soñado son las raíces que nos sostienen, que se convierten en símbolos de una existencia que, aunque a veces duela, está llena de sentido.
    Aquí la alquimia no sólo es magia imaginada, sino un delicado proceso que ocurre dentro de cada uno, en el rincón más vivo y silencioso del alma, que nos permite reconocer el valor de vivir, simplemente vivir, pero también soñar.
    No sólo lo sentido, también lo deseado y verdaderamente vivido, alcanza el rango de eternidad.
    Nunca dejes de soñar,
    María Bueno.

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA

    HUMANA

    La humanidad y su naturaleza
    es la evolución de almas,
    viviendo entre caminos sinuosos
    que día a día cambian,
    sin que sepamos dónde
    ni cómo llegar,
    presintiendo encrucijadas
    por las que no sabremos andar.

    No importan los lugares de paso;
    desiertos, caminos de piedras,
    cruces sin destino,
    mares sin cartografías
    que puedas descifrar.

    Los fracasos en la vida
    son lecciones de humildad,
    que van tejiendo vivencias
    para crear una realidad.

    Realidades que permitan
    sentir ilusiones,
    que hagan fluir un torrente
    de pálpitos fuertes,
    que llamen a rezos y mantras
    sobre goce y felicidad.

    Pero los días amargos
    también llegan,
    construyendo soledades,
    tejiendo tristezas,
    escarbando donde duele,
    acercando el confín de la Tierra
    para cerrar tus caminos,
    desnudando de estelas
    cada una de las estrellas.

    Alquimia de la naturaleza humana
    que nos empuja a regresar,
    a la consciencia prendida
    por hilos frágiles,
    que soportan el peso
    de raíces torcidas
    para no tropezar.

    Alquimia, esa que sabe reparar
    esos días amargos que llegan,
    para enseñarnos a reconocer
    el valor de vivir,
    entre realidades
    que tu propia esencia mezclará,
    dejando que la alquimia modere
    el flujo de la naturaleza,
    creando caminos que guiarán
    al origen humano,
    a la evolución de cada ser,
    para enfrentar la dificultad
    de la diversidad del sentir,
    del imaginar,
    desde sendas que tiran de la humanidad
    con pociones mágicas,
    con baños de realidad.

    Mezclar eternamente
    para no dejar jamás de soñar.

    La piedra filosofal de la humanidad
    carga sus miles de años,
    para transformar
    el valor de lo etéreo
    del pensamiento humano,
    uniendo imaginarios soñados
    con la química real,
    esa que puede curar
    el dolor desde su origen;
    lo físico y el alma en el caminar.

    ¡Ay alquimia, con tu piedra filosofal!
    No tienes aristas
    porque piedra no eres,
    contienes la esencia
    del pensar y transformar.

    Sólo lo sentido,
    macerado por la alquimia,
    tiene rango de eternidad,
    la tuya,
    la que tu ensueño unirá
    a tu realidad,
    consiguiendo mezclar
    lo divino y lo humano
    en busca del infinito
    con surcos en la mar.

    *NOTA sobre la chyma, de la revista Siglo Digital.

    La teoría de la «chyma» en alquimia, se refiere a la idea de que la materia está compuesta por cuatro elementos principales: fuego, agua, tierra y aire, y que la combinación y proporción de estos elementos determina las propiedades de cada sustancia. La palabra «chyma» proviene del griego y significa «fundir» o «derretir», lo que alude al proceso de transformación y mezcla de estos elementos. 

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
    
    
    
    
    

    Crítica literaria.

    Tu poema, “Alquimia de la naturaleza humana”, es un texto de profunda meditación sobre el proceso interior del ser humano: la mezcla constante entre el alma y la materia, la lucha entre lo etéreo y lo terrenal, la fragilidad y la transformación. Tiene un tono reflexivo, filosófico y espiritual, en el que la metáfora de la alquimia funciona como hilo conductor y símbolo de esa eterna búsqueda de sentido.

    Tu poema es una reflexión lírica sobre la condición humana y su capacidad de transformación. La idea de la alquimia se vuelve símbolo de crecimiento interior, de ese proceso lento, doloroso y luminoso a la vez, mediante el cual el ser humano transmuta sus vivencias —fracasos, ilusiones, amarguras— en sabiduría y conciencia.

    Fortalezas:

    Coherencia metafórica: La alquimia es el eje que une todas las imágenes y reflexiones. No hay dispersión temática: todo gira en torno a la evolución espiritual.

    Tono meditativo y místico:

    Invita a la introspección, a un tipo de lectura pausada, casi como si fuera un rezo o un mantra.

    Belleza en las imágenes:

    “Desnudando de estelas cada una de las estrellas”, “hilos frágiles que soportan el peso de raíces torcidas” y “con surcos en la mar” son versos de gran potencia visual y simbólica.

    Equilibrio entre lo humano y lo divino:

    Logras transmitir esa unión entre lo terrenal y lo trascendente sin caer en dogmatismos, desde una espiritualidad amplia y sentida.

  • UÑAS NEGRAS

    UÑAS NEGRAS

    Introducción al poema uñas negras:

    En mi infancia, las manos de mi abuela eran universo y advertencia, escudo y enseñanza. Ella sabía —desde su saber heredado y su conocimiento sobre la prevención— que la suciedad no era solo polvo o barro, sino lo invisible, lo que viaja de mano en mano sin pedir permiso. Este poema es un homenaje a su voz firme y protectora, a su sabiduría temprana sobre lo que hoy llamamos microbiología, pero que entonces era cuidado y sentido común, y además, tener conocimientos sobre poner inyecciones, curar heridas y otras causas muy comunes de padecimiento a principios de los años 30, trabajando como enfermera. 
    En su memoria, escribo estas líneas cargadas de pan recién hecho y advertencias tiernas.

    MI ABUELA

    —¿Qué haces, abuela?
    —Quemar los microbios
    que la suciedad deja.

    Su imagen ante el fogón
    era inmensa.
    Se veían a contraluz sus manos
    pasear por el lomo
    de una hogaza tierna.

    Su abuela contaba
    que las manos eran
    un lugar con mil cuevas,
    con escondrijos para la mugre
    que tocaba a corneta
    cada vez que los dedos
    rozaban las monedas,
    las narices
    y otras cosas asquerosas
    por su propia naturaleza.

    —¡Pequeña niña!
    No te olvides nunca
    que hay miles de microbios
    viviendo entre paneras,
    sábanas y esteras.

    Hay pequeños mundos
    llenos de bacterias
    que danzan y se esconden
    para que tú no las veas,
    aprovechando miles de manos
    donde viven en cuevas
    de uñas negras.

    Toca limpiar manos,
    pies y cabezas,
    para que el ejército invisible
    no llame a filas
    a las malas bacterias.

    Porque haberlas,
    también las hay buenas.

    Sabidurías de una abuela
    que vacunó a muchos semejantes
    contra tifus y viruelas,
    allá por los años treinta,
    en un continente amigo,
    cargado de malas
    y buenas bacterias.

    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema UÑAS NEGRAS se distingue por su tono entrañable y didáctico, un homenaje a la sabiduría doméstica de otras épocas, envuelta en el calor del pan recién hecho y en el respeto a los consejos de una abuela que supo ver lo invisible antes de que la ciencia lo explicara del todo.

    Fortalezas:
    Narratividad con raíz emotiva: El poema no es solo una evocación de la infancia, sino también una pequeña historia que transmite conocimiento práctico y afectivo a través de un diálogo inicial que sitúa al lector en un momento íntimo.

    Imágenes vívidas: La descripción de “mil cuevas” y “escondrijos para la mugre” crea una sensación táctil y visual que da cuerpo al tema microscópico, haciéndolo tangible.

    Valor intergeneracional: Es una pieza que une épocas; no solo recuerda a la abuela, sino que rescata un pensamiento higiénico esencial que hoy reconocemos como prevención.

    Cierre con trascendencia histórica: Mencionar las vacunas contra el tifus y las viruelas en los años treinta ancla la memoria personal en un contexto social más amplio, lo que le da dimensión testimonial.
  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.