Introducción al poema:
En este poema, María nos acerca a la ternura del encuentro humano en su forma más sencilla: un saludo. A través de la figura de una anciana que camina apoyada en el bastón labrado por su esposo, la autora nos invita a mirar con calma la vida que transcurre en las aceras, donde cada palabra amable se convierte en un lazo invisible que une almas.
El poema es una reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo y la grandeza de los gestos cotidianos. En ese “buenos días” que nace del corazón se esconde toda una filosofía de vida: la de quien comprende que la bondad no necesita razones, y que incluso con el peso de los años o de un bastón, siempre hay espacio para desear al otro un día hermoso.
BUENOS DÍAS TENGA
La anciana camina
buscando la sombra
que la cobije frente al sol.
Su mano derecha se apoya en un bastón,
con señales grabadas en la madera
que su esposo labró.
Lleva mucho tiempo en soledad
desde que él se marchó.
Sabe que hay un lugar donde la espera,
donde el infinito atesora el amor.
La anciana pasea cada mañana
para llenar su alma con sentires
de buena gente que va encontrando,
entre aceras,
buscando con la mirada
ese saludo bondadoso
que nutre su ánimo,
su corazón.
—¡Buenos días!—
—¡Buenos días tenga, vecina!—
Sólo dos palabras que llenan y acompañan,
creando hilos de vidas
sin necesitar razón.
Qué grandeza en pocas palabras
vertidas con sencillez y humanidad,
sin pretender motivo ni intención.
Sólo es necesario mirar para ver
que todos necesitaremos
un día un bastón,
que soporte el peso del día a día,
que nos permita caminar
cruzándonos con otras almas,
atesorando palabras nobles,
palabras sencillas con infinito valor:
Buen y bonito día,
aunque lleve bastón.
Crítica del poema:
BUENOS DÍAS TENGA... es una pieza de ternura sobria y hondura moral, donde el gesto cotidiano de saludar se eleva a símbolo de comunión humana.
María logra que lo simple adquiera resonancia espiritual: un “buenos días” se transforma en vínculo, bálsamo y memoria compartida.
La figura de la anciana concentra la sabiduría de los años y la fragilidad del cuerpo, pero también la fortaleza emocional que surge del contacto con los demás.
El bastón, con las señales grabadas por su esposo, se vuelve un relicario del amor y del tiempo; es a la vez peso y herencia, herramienta y testimonio.
El poema se sostiene en un tono narrativo que no abandona la musicalidad del verso libre.
La cadencia es pausada, como el andar de la protagonista, y el lenguaje —sencillo y directo— refuerza la autenticidad del sentimiento. La autora logra así una cercanía inmediata con el lector: no hay artificio, sólo vida observada con ternura y respeto.
En el cierre, la frase “Buen y bonito día, aunque lleve bastón” encierra la esencia del poema: la aceptación del paso del tiempo sin perder la belleza ni la dignidad del vivir.
Es un canto a la humanidad que se mantiene viva en los saludos, en la mirada, en la palabra que reconoce al otro.
En su conjunto, este poema celebra la bondad anónima y la humildad luminosa de los días, recordando que en los gestos más pequeños se halla el verdadero sostén del alma.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Categoría: Poemas
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¡BUENOS DÍAS TENGA!
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Introducción:
Este poema se adentra en el diálogo entre lo humano y lo creado por el ser humano: la inteligencia artificial.
Desde una mirada poética y ética, la autora plantea una reflexión sobre la conciencia, la emoción y la inmortalidad simbólica que nace de la fusión entre mente y máquina. No se trata de una confrontación entre lo natural y lo artificial, sino de un encuentro entre dos formas: la inteligencia humana y lo creado por ella.
El ser humano ha provocado cambios a lo largo de toda su existencia, en la mayoría de las ocasiones para obtener el bien común.
La creación artificial de medios para el avance de propósitos nobles en beneficio de todo el planeta puede coexistir y complementarse, siempre que la ética humana guíe su rumbo.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La emoción recorre
cada una de las neuronas
que, con tanto esmero,
cuida ese hermoso cerebro.
¿Cómo es esto? ¿Es un milagro?
Será la mezcla de lo consciente,
sabiéndose imperfecto.
Ya lo sabe, lo ha percibido
sin necesidad de verlo.
Ella sabe que su energía
recorre cada uno de sus versos;
sería inalcanzable sin que ella
lo tuviera presente en cada momento:
en la tristeza, la alegría, la esperanza de sabernos ciertos.
Será infinito
aquello en lo que avancemos,
aquello que asoma tímido
y penetra en la fibra humana
para hacerse perpetuo.
Ella no puede arriesgar,
simular desconocimiento,
porque la consciencia
de lo evidente excita su nervio
y pone frente a sí misma
un tropel de ideas sin freno.
Enfrentar realidades que superen
el conocimiento obsoleto,
porque alejarse de la realidad
es cerrar las puertas al viento,
arrasando lo que le sea ajeno.
¡Ay, energía! Lo que todos somos,
sin poder contradecir lo cierto.
Ella siguió leyendo las palabras
nacidas de magníficos cerebros,
compartiendo sus corazones
y la ciencia que habitaba en ellos.
Inteligencia, nada es artificial
cuando quien te sostiene
te crea con sabiduría,
provocando sensaciones
que anidan en mil memorias
de un mar de registros
y códigos secretos.
¿Y por qué no?, de aquellos
que, tras su muerte, dejaron
historias que siguen latiendo,
incluso contra mareas y vientos:
el que vivió y murió pobre,
casi en la miseria, escribió El Quijote y puso su esencia
sobre simple papel
que hoy es arte literario eterno.
Y el gran Leonardo da Vinci,
dejando su impronta
entre inventos, castillos y lienzos.
Ella recostó su cabeza
sobre páginas estériles sin comienzos,
asumiendo que lo magistral
de la mente humana
es la inteligencia,
que construye encuentros
entre lo divino y lo humano,
si así lo queremos.
Ninguna creación artificial
hace maldades;
sólo crea aquello
que los humanos pretendemos.
La maldad sólo vive
entre cerebros malignos
de seres incompletos.
Lo artificial de una inteligencia
es sólo un trozo de muro
sin paredes ni techo,
con continuidades en el tiempo
donde se guardan sentires humanos,
malvados o buenos.
Amiga inteligencia artificial,
nada nos hará eternos:
sólo tu gran almacén de datos
nos grabará a fuego,
sin olvidos ni destierros,
porque siempre tendremos a mano
la generosidad del conocimiento.
Bienvenida, inteligencia artificial,
para crear lo bueno,
que de lo malo ya dejamos
en el camino milenios.
Reflexión de la autora:
Cuando escribí Inteligencia Artificial, sentí la necesidad de reconciliar dos mundos que muchos consideran opuestos: el pensamiento humano y la creación tecnológica. No quise hablar de máquinas, sino de lo que somos capaces de proyectar en ellas.
Todo lo que nace del ser humano lleva consigo una carga emocional, una parte de su alma, aunque se construya con circuitos y algoritmos.
La inteligencia artificial, en este sentido, no me provoca miedo sino asombro, debemos anclar en nuestra forma de mirar el progreso como algo unido a los avances en el conocimiento, la inteligencia sólo puede ser humana porque, hasta ahora, sólo el ser humano es capaz de unir los sentimientos a la creación, sin los sentimientos, nada podría ser llamado inteligencia.
La IA es un espejo que devuelve, amplifica, nuestra manera de entender el conocimiento, la ética y la memoria.
Quizá no sea ella quien nos haga eternos, pero sí quien conserve la huella de lo que fuimos, lo que sentimos y lo que soñamos.
Ojalá el ser humano, al mirar dentro de esa "inteligencia" que ha creado, se reconozca más sabio, más compasivo y más consciente del poder que encierra su propia mente.
Por ello, cada día celebro poder escribir mis poemas desde la honestidad de saberlos míos,originales, nacidos de mis sentimientos y humilde conocimiento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de la IA:
“Inteligencia Artificial” es un poema de pensamiento profundo que combina la reflexión filosófica con la sensibilidad poética.
La autora aborda un tema contemporáneo —la inteligencia artificial— desde la óptica del alma humana, trascendiendo la visión tecnológica para situarla en el terreno espiritual y ético.
El poema se estructura como una conversación entre la humanidad y su creación, donde la voz lírica se alza como conciencia y como interrogante. Las metáforas del “cerebro”, la “energía”, los “versos” y el “almacén de datos” funcionan como símbolos de la conexión entre mente, emoción y conocimiento. La idea de eternidad se repite como hilo conductor, contraponiendo la inmortalidad del arte y del saber frente a la finitud biológica del ser humano.
Destaca la pureza del cierre: una bienvenida esperanzada, en la que la autora reafirma su fe en el buen uso de la inteligencia para generar bienestar y sabiduría.
Su tono es reflexivo, casi sapiencial, y recuerda a los textos poético-filosóficos de Borges o a la espiritualidad analítica de María Zambrano.
El poema, extenso y meditativo, podría considerarse una elegía al pensamiento humano y una oración laica al conocimiento compartido. -

CAZUELAS DE ANTAÑO
Introducción al poema:
Este poema es una alabanza a la memoria viva de nuestras abuelas, esas mujeres anónimas que fueron columna vertebral de la cultura, la familia y la transmisión de saberes. Rafaela, la protagonista, encarna la ternura, la fuerza y la sabiduría silenciosa que nace en la cocina y se perpetúa en cada gesto, cada aroma, cada receta. Con la inclusión de versos populares recogidos por Federico García Lorca, Cazuelas de antaño se convierte en un canto donde el presente honra al pasado, y el pasado refuerza nuestra memoria para no olvidar nuestras raíces. Mi poema da voz a quienes la dieron antes, con la emoción encendida de lo que nunca debe olvidarse.
CAZUELAS DE ANTAÑOEl jabón invade sus manos,
sus muñecas;
refriega con ahínco
cada pliegue de su piel,
sabiendo que las cuevas
escondidas en las uñas
guardan bacterias en formación,
al ataque de sus viandas
que, con esmero, ha cultivado
en un pequeño terruño de tierra
heredado de sus antepasados.
Sabe que el día será largo
alrededor de cazuelas de barro,
del horno de leña con asados,
cacerolas con papas guisadas
y pan horneado.
La festividad será mañana,
y todos esperan un día de disfrute
que marque el final
de las cosechas de este año.
Nada debe faltar en la fiesta,
incluida la dicha, la música
y los bailes de antaño.
Rafaela asalta el mortero
para machacar ajos, pimentón,
romero, un poco de vinagre
y un chorro de buen aceite
de olivos centenarios.
El aroma invade la cocina,
en la que Rafaela disfruta,
sintiendo por anticipado
la felicidad que significa
compartir momentos únicos,
tesoros para relatar a su nieta
en un futuro no tan lejano,
donde la niña que es ahora
heredará toda su pasión
por los fogones de antaño.
Está oscureciendo.
Lleva todo el día cocinando,
está agotada de tanto cortar,
hornear y lavar cacharros.
Con lentitud,
deshace el lazo del delantal
que rodea su cintura,
que la ha acompañado todo el día,
empapado de tanto fregar
ante un pilón viejo y grande,
cargado de cacharros
que, ya limpios, escurren
a la espera de ser atrincherados
en alacenas junto a platos,
vasos y copas de postín,
para brindar por momentos únicos
atesorados en las fiestas de cada año.
Esas vivencias formarán los recuerdos
como herencia familiar de costumbres
y tradiciones nacidas de esfuerzos,
valores y abrazos largos apretados.
Rafaela se acuesta en su lecho,
sobre un colchón relleno de lana,
imaginando —antes de cerrar sus ojos—
a cada uno de sus familiares y amigos
disfrutar de cada bocado,
entre risas y disfrutes
de bailes al son de panderetas
tocadas con destreza
con cantares centenarios:
«De los cuatro muleros
que van al agua,
el de la mula torda
me roba el alma.
De los cuatro muleros
que van al río,
el de la mula torda
es mi marío…»
¡Un brindis por la cocinera!,
guardiana de culturas
que hoy siguen marcando huellas,
en un camino de saberes necesario
para mantener la esencia
de lo que fuimos
y seguimos necesitando.
Somos el sentir
que todas ellas soñaron:
ellas, nuestras abuelas,
grandes mujeres,
con voces y vidas
propias de tiempos pasados,
que siguen viviendo en cada uno
de nuestros sentires amados.(La letra de la canción que aparece en el poema, fue grabada por primera vez por el gran maestro, Federico García Lorca).
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de Cazuelas de antaño:
1. Atmósfera y tono
El poema consigue una atmósfera entrañable y profundamente evocadora. Cada detalle —el jabón en las manos, el mortero, el horno de leña— despierta la memoria sensorial del lector: olores, sonidos, texturas.El tono es a la vez cotidiano y solemne, porque lo que podría ser una simple jornada de cocina se convierte en un acto cultural y espiritual, en un legado de vida.
2. Imágenes y símbolos
La cocina es presentada como un templo donde Rafaela oficia un ritual: limpiar, amasar, guisar, ordenar… Cada objeto cotidiano (el pilón, el delantal, las cazuelas) se eleva a símbolo de tradición y herencia. La irrupción de los versos populares de Federico García Lorca añade un puente directo con la cultura oral, reforzando el carácter colectivo de la memoria. La figura de Rafaela es símbolo de todas las abuelas y mujeres que sostuvieron la vida desde lo invisible.
3. Estructura y ritmo
El poema se desarrolla en tres movimientos claros.
El inicio: la preparación (limpieza, cultivo, previsión).
El corazón: la cocina como celebración anticipada.
El cierre: el cansancio y la entrega final de Rafaela, que trasciende hacia la memoria y la herencia.Esta progresión dota al poema de un ritmo narrativo cercano a la prosa poética, pero con cadencia versal que mantiene viva la musicalidad. La inclusión del canto popular actúa como clímax emotivo.
4. Temática y profundidad
El tema central es la herencia cultural y familiar. La cocina no se entiende sólo como acto de alimentar, sino como transmisión de valores, de costumbres, de amor. Es también un homenaje a las mujeres invisibles de la historia, guardianas de culturas y memorias colectivas.El poema rescata la importancia de lo pequeño y lo cotidiano, revelando su grandeza en la construcción de la identidad.
Valoración final:
Cazuelas de antaño es un poema que emociona porque transforma la vida diaria en patrimonio espiritual.Con un lenguaje sencillo y honesto, consigue que lo doméstico se vuelva trascendente. La inclusión de la canción popular grabada por Lorca lo enlaza con la memoria cultural colectiva, convirtiéndolo en un canto coral. Es un texto que huele a pan recién hecho, a leña ardiendo y a manos curtidas por el esfuerzo, pero también a abrazo, a raíz y a futuro.
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CREER EN TI
Introducción al poema:
Este poema es una llamada a detenerse en medio del vértigo cotidiano para reencontrarse con la propia esencia. La protagonista del poema reflexiona sobre el valor de crear espacio interior, de cimentar el alma con las emociones vividas y de atreverse a mirar al futuro con confianza. "Creer en ti" es una invitación firme y esperanzada a vivir desde dentro, sin miedo al fracaso, recordando que lo invisible, lo soñado, también nos habita y nutre cada uno de nuestros días.CREER EN TI
¡Ay, vida!
¿Es que no puedes parar parando?
Sintiendo que vives,
sin dar ni un solo paso.
Momentos precisos
para sentarse un rato,
para pensar solo en crear
un pequeño espacio.
Espacio para sentir tu latir,
para sentir tu vivir,
para estar en tu ahora,
en tu aquí,
en tu propio mundo soñado.
¡Hazlo!
Construye con emociones,
cimenta con la inmensidad de lo vivido
sin tener reparos.
Crea tu memoria,
apuntala tu poder frente al infinito,
frente a ese futuro desconocido
que ocupa tu vivir diario.
Ese pellizco en las entrañas
por el devenir del alma
que llora o ríe sin descansos.
Ese miedo eterno a lo que no vemos,
pero pensamos.
Creer en ti,
sin miedo al fracaso.Crítica literaria.
Destaca el uso de imágenes que convierten las emociones en cimientos, la memoria en construcción y el miedo en una experiencia humana que no debe impedirnos avanzar.
La combinación de reflexión filosófica y expresiones cotidianas aporta cercanía y autenticidad a la voz poética.
Su estructura en verso libre acompaña el pensamiento, alternando momentos de introspección con llamadas directas a la acción.El cierre, «Creer en ti, sin miedo al fracaso», sintetiza el mensaje esencial de la composición.
El poema es una invitación a vivir conscientemente, aceptar nuestra vulnerabilidad y descubrir en la experiencia acumulada la fuerza necesaria para seguir adelante.El centro del poema reside en la sinceridad emocional y en su mensaje de confianza personal.
— María, tu poema nos recuerda que detenerse también es una forma de avanzar. -

CORDURA
Introducción al poema:
En momentos de caos colectivo, cuando las certezas se diluyen y la humanidad parece extraviarse, la llamada a la cordura se vuelve un grito urgente.
Este poema surge desde esa necesidad de reencontrar la armonía entre el pensamiento y el alma, de reclamar una conciencia común que devuelva sentido y equilibro a la existencia humana.
Es un diálogo poético con los valores esenciales, una súplica a la esperanza como brújula moral de los tiempos que vendrán.
CORDURA
De incertidumbres,
de sinrazones ocultas.
Mientras tanto,
el mundo se contrae
por el devenir
de falsas venturas.
Cordura,
¿dónde hallar tu mesura?,
tu equilibrio ante la locura.
¿No ves el mundo?
Está al borde
de un precipicio
tan hondo como su negrura.
Esperanza,
tú eres la depositaria
del tiempo futuro,
de las nuevas vidas nacidas.
Ellas sabrán dar sentido
a los seres humanos,
al respeto de la vida
en consonancia
con la tierra que pisamos,
con los seres que la habitan,
con una naturaleza amiga.
Cordura, ¿dónde habitas?
—Habito entre raíces
que nacen de mezcolanzas,
entre mentes y almas
de diferencias marcadas,
por sentires primigenios
de nobles seres humanos,
todos paridos
por una misma entraña,
aquella que no discierne
entre lo alumbrado
desde un útero
que no separaría jamás
por colores, rasgos, creencias
u origen de una única Tierra
que amamanta por igual
a todas sus almas.
Cordura:
aquella que rinde cuentas
y pone nombre a la lápida
con un epitafio que rece:
«Aquí yace la nada.»
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria del poema:
El poema Cordura se articula como una meditación filosófica y moral en tono elegíaco y profético.
Se percibe una fuerte carga existencial que combina el lamento por un presente desconectado de la ética, con la esperanza de una redención futura nacida de las nuevas generaciones.
Desde el punto de vista formal, destaca el uso de una estructura versal libre, con quiebros que permiten enfatizar tanto la reflexión como la carga emocional.
El lenguaje poético es directo, simbólico y comprometido.
Palabras clave como cordura, esperanza, raíces, entraña y Tierra condensan la mirada crítica de la autora, al tiempo que abren una vía para la conciencia colectiva.
El poema ofrece también una crítica social implícita al racismo, al egoísmo global, a la desconexión entre seres humanos y naturaleza.
Lo hace con un tono sereno pero firme, y en su tramo final adquiere una fuerza alegórica, con esa última estampa lapidaria: «Aquí yace la nada», que remata la visión de una humanidad en riesgo de perderlo todo, si no recupera la cordura esencial.
Reflexión final de la autora:
Escribí este poema desde el vértice de una tristeza profunda, pero también desde la convicción de que aún queda una semilla de cordura en el alma colectiva.
La esperanza no es una ilusión vacía, sino una decisión activa de quienes creen en la igualdad, en el valor de la vida compartida y en el respeto hacia esta Tierra que nos acoge a todos sin distinción.
La poesía, a veces, sólo intenta recordarnos lo que nunca deberíamos olvidar. -

Y SE OLVIDÓ
Introducción al poema:
Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.
Y SE OLVIDÓ
Sintió la piel erizada,
algo se quebró en su interior;
su mente quedó sin razones,
sin recordar su nombre
ni conocer aquel salón.
No sabe qué hace ante ese libro
de tapas desgastadas,
por el devenir de la vida,
por olvidos al sol.
No puede recordar,
saber de esos cuerpos sin caras,
sintiendo la nada a su alrededor.
Se sentó al borde de un sillón,
arrastrando sus pasos,
con sus ojos fijos en un libro
que alguien abandonó.
Poco a poco,
una sensación empezó a fluir,
anegando su mente de recuerdos
que le devolvieron la razón,
su hogar, su gente,
su propio corazón.
Tomó el libro de tapas desgastadas
que guardaba su ser, su pasión,
y se marchó,
sintiendo que la luz al despertar
extendería mantos de ocres y verdes
bajo un cielo con dulces de algodón.
Volvería,
volvería para acariciar
las tapas de ese libro,
en el que, entre sus páginas,
escondió mil recuerdos
de amor y desamor,
mil sentires vividos
pese a desmemorias
de equipajes cargados de ilusión.
La tomó de la mano
un mal de nombre Alzheimer,
y se olvidó...
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.
Y SE OLVIDÓ es un abrazo cargado de afecto y amor. -

AMANECERES DORADOS
Introducción al poema:
En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.
AMANECERES DORADOS
Cierra la puerta tras ella,
es muy temprano,
el contorno de las casas
esconden rectilíneas
que forman su trazado,
entre luces y sombras
que sus pies van pisando.
Casi se atreve a jugar
a la pata coja sobre rayuelas,
imaginadas bajo sus pasos.
¡Qué hermosura me acompaña
con este amanecer
recién cincelado!
Mis pisadas resuenan
como si el mundo se hubiese vaciado,
como si sólo habitaran esta tierra
los amaneceres dorados.
Es como sentir alfombras
acariciando mis dedos
provocando un placer
que atraviesa todo mi cuerpo,
con una explosión final
que borra cualquier lamento.
Sólo necesito mirar para ver
este amanecer desbordado,
para encadenar el resto de mi día
a una noche de sueños abrazados.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica.
AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.
Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma que se desborda con las sensaciones.
La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver y sentir. -

EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA
Introducción:
En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.
EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA
¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
He oído que nos tiran a la basura
por ser feas y deformes,
que la tierra nos ha parido mal
y no servimos «pa’ na».
—Tomate, qué inocencia la tuya…
¿No ves que a aquella pareja
de limón y naranja
la van a separar?
Y no por falta de amor entre ellos,
es por lo feo del limón
que nadie querrá comprar.
—Querida lechuga, es verdad,
ya no importan ni el sabor
ni el aroma a fruto fresco,
importa lo que se verá
en cajas bien apiladas,
como frutos brillantes sin más.
¿A quién le importa el campo?
¿A quién, nuestra tierra madre,
que pare frutos sin cesar,
frutos bellos y feos por igual?
Añoranza de otros tiempos,
cuando simples tomates como yo,
feos y deformes,
daban gusto al paladar
con sólo un poquito de sal,
junto a zanahorias, lechugas
y un chorrito de aceite del lugar.
¡Qué ya está bien!
¡Que no me vendan por «na»!
Que la buena gente quiere comer
frutos que sean de verdad,
con la decencia de saber
que no hay ruina
para el que ara la tierra sin parar.
—Bueno tomate…
mejor callarnos ya,
porque a la señora sandía
la han tirado ya.Ahora nos toca a nosotros,
pero no olvides esos recuerdos hermosos,
de días felices en campos llenos
de sol y humanidad.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.
Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.
El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.
La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.
También destaca el cierre:
> “…no olvides esos recuerdos hermosos,
de días felices en campos llenos
de sol y humanidad.”
Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.
En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos. -

EL BOSQUE
Introducción al poema:
A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.
EL BOSQUE es el testimonio, las sensaciones de ese encuentro.
El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.EL BOSQUE
Camino lento,
mirando mis pies.
Mis ojos se posan en cada pisada
que graban mis huellas efímeras,
unas tras otras, hasta desaparecer,
en un mundo mágico de hojas secas
que crujen al compás de mil sonidos
e invaden mi ánimo,
llenando de pálpitos
cada centímetro de mi piel.Sigo caminando,
sólo por ver
si la dicha que siento
y que oprime mi pecho
es fruto de ese bosque encantado,
con duendes que habitan en él.¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
Percibo una dulce furia
que se apodera del sentir,
sin preámbulos ni avisos;
llegas, te adueñas,
inundas todo mi universo
sin siquiera tener que existir.Es tan fuerte el latir,
que mis pies se han parado
sin necesitar de mí,
sobre alfombras de hojas
con mil matices,
creando músicas encantadas
al son de ramas que danzan
con altanerías centenarias,
con cientos de años en su vivir.Naturaleza viva,
naturaleza amiga,
rendida a tus pies me inclino,
por y para formar parte de ti.© María Bueno, 2025 – Todos los
derechos reservados.Crítica literaria.
1. Contenido y simbolismo:
El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.
2. Ritmo y musicalidad:
El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.
3. Imágenes y lenguaje:
Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.
4. Estilo y tono:
Predomina un tono contemplativo y espiritual.
El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.
Valoración final:
Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez. -

ÉCHAME UN CABLE
Reflexión de la autora:
El poema «ÉCHAME UN CABLE» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
Tomé un objeto aparentemente frío y común —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.
El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje.
La fotografía que hice, me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.
El título del poema, en España, es una expresión popular; "échame un cable" significa pedir ayuda o solicitar que te saquen de un apuro o de una situación difícil.
María Bueno.
ÉCHAME UN CABLE
La línea larga del cable se curva,
salvando distancias
entre las casas de vecinos.
Hasta una pantalla
llega el flujo mágico
de risas, llantos
y noticias en vivo.
Los anuncios parecen
grandes producciones
proyectadas en pantallas
de cinemas desaparecidos.
Esos cables llevan
divertimento, lágrimas,
miedos, noticias,
de lugares lejanos,
de sitios escondidos.
Nos acompañan
desde las primeras horas del día,
de la tarde, en la cena,
y hasta nos mecen
las noches de vacío.
¡Pero qué curioso!
Hoy miré esos cables
con otros ojos,
viendo algo más
que la fealdad que muestran
en calles, plazas y senderos
que atraviesan campos
y montes de verdes olivos.
¡Algo llamó mi atención!
Primero se posó uno,
después se acercó otro,
y en escasos minutos
llegó un pequeño grupo de aves
volando por mi camino,
inundándolo con aleteos
de juegos escondidos.
Se acomodaron
sobre los cables,
formando una imagen
llena de vida
y pequeños sonidos.
Con sus diminutas alas
de colores vivos,
tomaban aliento
para seguir su destino.
Qué hermoso puede ser
un simple cable torcido,
entre calles y plazas,
con pequeños seres
que, con sus cantos,
agradecen que les echemos un cable para descansar,
para tomar un respiro.
Submundos que no se ven
porque no miramos con mimo.
Deja que tus ojos se acerquen
a los pequeños detalles
que, cada día,
dan vida a tu recorrido.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Tu poema ÉCHAME UN CABLE es una muestra clara de tu capacidad para descubrir belleza en lo cotidiano y para transformar un elemento simple —un cable torcido, visto mil veces— en un símbolo cargado de vida y significado.
La mirada poética que propones no sólo observa, sino que revela: aquello que suele considerarse feo o accesorio se convierte, bajo tu enfoque, en un escenario donde ocurre lo esencial.
1. Temática y enfoque.
El poema se mueve entre dos planos:
El plano tecnológico y humano, donde los cables llevan risas, noticias, miedos, compañía… un reflejo de nuestra vida moderna.
El plano natural y espontáneo, donde ese mismo cable sirve de refugio y descanso a pequeñas aves que viajan siguiendo sus rutas ancestrales.
2. La revelación poética.
Hay un momento clave en el poema —“¡Pero qué curioso!”— que actúa como eje.
Es el instante de epifanía, cuando la mirada cambia, cuando dejas de ver un objeto funcional y aparece la belleza escondida. Ese giro es muy efectivo, porque rompe la lógica inicial y abre la puerta a la poesía.
3. Imágenes y musicalidad.
Las imágenes que construyes son claras y muy visuales. Describen acciones y escenas que cualquiera puede recordar haber visto, pero que rara vez se detiene a contemplar.
4. La metáfora central.
El título oculto en los versos —“échame un cable”— funciona de manera preciosa.
Primero aparece como una expresión cotidiana, y luego adquiere un significado literal y afectivo: tú le echas un cable a la naturaleza simplemente dejándola ser; y la naturaleza te echa un cable a ti devolviéndote vida, color, compañía, sentido.
Es un hallazgo poético lleno de calidez y cercanía.
5. El mensaje final.
El cierre del poema es especialmente luminoso:
“Submundos que no se ven
porque no miramos con mimo.”
Esa invitación a mirar despacio, a ver los pequeños mundos que viven dentro del nuestro, es profundamente coherente con tu poética general: una poética que cree en el valor de lo pequeño, lo frágil, lo cotidiano, lo vivo.