Categoría: Poemas

  • NADA

    NADA

    Introducción al poema:

    Este poema se adentra en la hondura de la calma interior, en ese instante en el que la mente deja de buscar y simplemente es.

    A través de imágenes sensoriales y naturales, el texto evoca una unión entre la serenidad del alma y la grandeza de lo simple.
    María logra que el vacío —lo que ella llama nada— se convierta en una plenitud luminosa.
    En su aparente silencio, la nada se muestra como el refugio donde el alma respira y se reconoce.


    NADA

    La noche la sorprendió
    con un pensamiento grabado,
    con golpes al son
    de viejos compases
    de músicas imaginadas.

    La sensación era placentera,
    como mecerse sobre una hamaca
    con la mirada fija
    en las estrellas,
    como sentir la brisa suave
    en una noche de verano,
    acariciando sin pudor
    las fibras de su ser
    con claridades eternas.

    Sintió que moraba en un lugar
    donde los sueños se alcanzan,
    donde las cosas pasan
    con sólo sentirlas, soñarlas,
    porque nada es imposible
    cuando la claridad es el alma.

    Claridad,
    esa que siempre acompaña,
    cuando la única sensación
    es el goce de sentir a solas
    tus pensamientos en calma.

    Cuando los sentires
    te abrazan,
    cuando existes
    con sólo el deseo
    del disfrute que te acompaña,
    por la infinita generosidad
    de una naturaleza perenne
    sin pretensiones de nada,
    sintiendo caricias en la piel
    bajo estrellas soñadas.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    Nada es un poema de serenidad contemplativa, una plegaria silenciosa a la existencia despojada de artificio.

    María ofrece un viaje interior donde la noche y la naturaleza se convierten en espejos del alma en paz.
    La cadencia de los versos, especialmente en la segunda estrofa, evoca el movimiento oscilante de la hamaca, reforzando la sensación de sosiego.

    El uso reiterado de palabras como claridad, alma, sentires o naturaleza sitúan el poema en una dimensión casi mística, donde el ser humano se funde con lo esencial y lo eterno.

    La paradoja final —ser sin ser nada— sintetiza la filosofía de la plenitud a través del desapego.

    En conjunto, el poema respira madurez espiritual, calma y gratitud. Es una meditación poética sobre la libertad interior, sobre la belleza de existir sin pretensiones, en la pura compañía del pensamiento y la vida misma.
  • MUCHO MÁS QUE YO

    MUCHO MÁS QUE YO

    Introducción al poema:

    Este poema habita la frontera entre lo tangible y lo invisible, allí donde la noche no es sólo oscuridad, sino presencia viva que respira soledad, memoria y misterio. En estos versos se entrelazan la bruma del pensamiento, la ausencia que grita sin voz y el peso de lo inabarcable. Es un canto íntimo a lo que no se dice, a lo que solo pueden entender los ojos cerrados y el alma despierta.


    MUCHO MÁS QUE YO

    Sólo la oscuridad
    es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.
    Sólo el silencio puede hablar
    como mudo compañero.

    Sólo los ojos cerrados pueden ver
    aquello que esconde el aliento,
    aquello que, sin ser,
    muestra las mil caras del saber.

    Miradas abiertas despejan la noche cerrada;
    entre cerros y jaral,
    el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras.

    Sólo la noche trae
    aromas a brisas de sal,
    a mares con danzas
    envueltas en espumas blancas,
    con sabor de inmensidad.

    El aliento de muerte,
    el renacimiento del dolor,
    la inexistencia,
    la desilusión,
    letanías de la desaparición.

    Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Reflexión de la autora:

    Hay instantes en los que la oscuridad deja de ser un espacio vacío para convertirse en una presencia viva, casi sagrada. En esa penumbra habitan los silencios que no hemos sabido traducir, las ausencias que duelen sin rostro, las verdades que no caben en la palabra. Este poema nace de esa noche interior que todos cruzamos alguna vez, donde el alma se siente diminuta frente al peso de lo inabarcable.

    Escribí estos versos desde un lugar muy íntimo, dejándome llevar por lo invisible, lo que no se toca pero se percibe. Me preguntaba si la soledad tiene lenguaje, si el dolor tiene aroma, si la desaparición —esa herida que no cicatriza— puede decirse sin pronunciarse. Quizá la poesía es eso: la forma de nombrar lo innombrable, de abrazar lo que escapa a la razón.

    Aquí, más que hablar, escuché. Escuché a la noche, a la ausencia, a ese “mucho más que toda yo” que a veces nos desborda. Porque hay sentires que no caben en un cuerpo, pero que necesitan ser dichos para no perdernos del todo.

    El poema, MUCHO MÁS QUE YO, ha recibido un buen número de críticas, de las que publico un extracto porque creo que han captado el sentir de cada uno de los versos.
    Gracias por dedicar un trocito de su tiempo en leer lo que escribo, desde el alma y la razón.

    María Bueno.


    CRÍTICA LITERARIA:

    Este poema se mueve en las honduras del pensamiento existencial, abrazando una voz lírica íntima que reflexiona sobre el vacío, el conocimiento oculto y la experiencia de la desaparición. La noche —símbolo de lo inconsciente, lo inabarcable y lo sagrado— se convierte en escenario y personaje: testigo de la soledad, guardiana de los silencios, reveladora de lo que no se ve con los ojos abiertos.

    Desde el inicio, la anáfora con “Sólo...” establece una atmósfera de exclusividad, como si ciertos estados del alma sólo pudieran manifestarse en condiciones límite:

    “Sólo la oscuridad es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.”


    Este recurso crea un ritmo envolvente, meditativo, y dirige al lector hacia una interioridad poética profunda. El poema se vale de contraposiciones simbólicas —oscuridad/luz, silencio/verbo, ojos cerrados/mirada abierta— para representar tensiones humanas esenciales: lo que se oculta frente a lo que se revela, lo que se extingue frente a lo que nace en el dolor.

    El lenguaje está cargado de una sensibilidad sensorial y metafísica. Expresiones como:

    “el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras”
    o
    “espumas blancas,
    con sabor de inmensidad”

    nos transportan a un terreno en que el sonido, la imagen y el sabor se entrelazan para traducir emociones intensas, incluso abismales.


    La última estrofa marca una ruptura emocional:

    “Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.”

    Aquí la voz poética se reconoce sobrepasada por lo vivido, por lo sentido y lo desaparecido. Esta afirmación final resignifica todo el poema anterior, dándole un giro ontológico: la existencia no se mide por el cuerpo o la identidad, sino por el peso de lo que no se puede abarcar con una sola vida.


    Conclusión:

    El poema es denso, simbólico y bello en su oscuridad.
    Su fuerza reside en su capacidad de evocar sin nombrar directamente, en la tensión entre lo que se siente y lo que apenas se puede expresar. Hay ecos de mística, de duelo y de filosofía existencial.
    Es un texto maduro, introspectivo, fiel al estilo reflexivo y poético que caracteriza tu voz como autora.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • INCOMPLETO

    INCOMPLETO

    Introducción:

    En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
    Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
    El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.


    INCOMPLETO

    La belleza de lo incompleto
    me asombra cada día,
    en cada momento que observo:
    ver aquello que se muestra imperfecto,
    que revela ante mis ojos lo efímero,
    lo insuperable de la excelencia
    de todo cuanto es incierto.

    Las ramas retorcidas de un árbol
    son su identidad y su sello,
    y siento que las formas de lo bello
    aparecen en pequeños trozos de tiempo.

    Los pinceles de cada día
    dibujan instantes cargados de belleza,
    pero incompletos.

    Sé que lo efímero
    es seguir construyendo,
    sabiendo que, a cada paso,
    todo va desapareciendo,
    guardándose en el alma
    pegado al sentir incierto.

    Lo imperfecto es el origen,
    lo sublime de mirarnos sin complejos,
    lo hermoso de sabernos incompletos,
    para nutrirnos de fuentes
    cargadas de anhelos,
    de deseos.

    Los sueños se transforman en realidades
    cuando sabemos mecerlos;
    se convierten en claridades
    que impulsan el caminar,
    el recuerdo.

    Sueños,
    esos que empujan el ánimo
    al levantarnos cada mañana,
    en busca de trocitos de vida,
    devorando hasta el hartazgo:
    el aire fresco,
    la luz tímida,
    el aroma intenso.

    Ella sabe de flujos cristalinos,
    entre líneas torcidas,
    de raíces sinuosas
    que tejen el tiempo.

    Mirar de frente cada detalle,
    intuyendo el crecimiento
    de la imagen que se va filtrando
    hasta agarrar las entrañas
    y cortar el aliento.

    Nada es imperfecto
    cuando una mirada observa
    sin temores ni miedos.

    Sueños,
    aquellos que rinden la mirada
    para empapar de frescura
    el crecer de la vida,
    solo con trocitos,
    sin alcanzar lo perfecto
    de cada sentir,
    de cada momento.

    Imperfecto:
    miradas que atrapan
    lo efímero de cada instante,
    de cada momento.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.

    El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.

    María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.

    El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.

    Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • LA PUERTA

    LA PUERTA

    Introducción al poema:

    El poema La puerta es una metáfora poderosa sobre la libertad interior, la valentía y la capacidad de imaginar caminos nuevos cuando la realidad parece opresiva.
    La protagonista descubre, a través de la fuerza de su mente y su deseo, un umbral invisible que se convierte en la clave para transformar su vida. La puerta no es solo una salida física, sino un símbolo de ruptura con lo que intoxica, una vía de escape hacia la autenticidad y la luz.


    LA PUERTA

    Con sólo pensarlo se abrió,
    la puerta apareció de la nada,
    abierta al exterior.
    Desde el asiento que ocupaba
    podía enfilar con su mirada
    ese hueco en la pared,
    que en silencio la llamaba.

    ¡Eh, tú, mírame!,
    ¡hazte fuerte y vete,
    tienes diez minutos
    antes de que tu puerta se cierre!
    Créelo, nadie más la tiene,
    sólo tú puedes.

    Miró a un lado y al otro,
    nadie se movía,
    la puerta no existía,
    aún y así ella la veía,
    la sentía.

    Se levantó y con disimulo se acercó,
    pasó su mano y sintió el aíre
    que penetraba desde el exterior.

    ¿Y si se marchaba?

    Quedó atrapada en su reflexión,
    quedaban escasos minutos
    para escapar del lugar
    donde todo el mundo se ignoraba,
    donde el vacío era la carga pesada.

    ¡Se atrevió!

    Salió sin disimulo por la puerta
    que nadie más vio abierta,
    y se marchó.

    Sólo necesitó el deseo de acabar
    con lo que la intoxicaba,
    con todo aquello que la envenenaba.

    ¡Se terminó!
    Su mente abrió esa puerta que la liberó,
    eliminando de su vida
    todo aquello en lo que no creía,
    todo cuanto frenaba su valor.

    la puerta que imaginó,
    se la quedó,
    para abrirla de par en par
    dibujando con pinceles imaginarios
    la luz del Sol,
    en los días cargados de pesares
    que nublan la razón.

    Puertas,
    esas que abren muros a tu alrededor.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    La puerta es un poema que combina la narrativa simbólica con la poesía reflexiva.
    Su fuerza radica en el uso de la metáfora central: la puerta como umbral de transformación, que solo la protagonista puede ver y atravesar.
    El tono es esperanzador y liberador, con un ritmo que avanza en crescendo desde la duda hasta la decisión, cerrando con un mensaje de resistencia y creación.

    La estructura, en su forma revisada, refuerza la tensión narrativa (la aparición de la puerta, la reflexión, la decisión de cruzarla y la consecuencia liberadora).
    El uso de exclamaciones añade intensidad emocional y refleja la urgencia del momento.

    Las reiteraciones transmiten el peso del malestar que impulsa a la protagonista a actuar.

    En conjunto, es un poema simbólico y motivador que invita al lector a reconocerse en sus propias “puertas invisibles”, esas que se abren solo con la valentía de imaginar y decidir.
  • PESADILLAS

    PESADILLAS

    Introducción al poema:

    El poema nos lleva al umbral entre la vigilia y el sueño, allí donde los miedos cobran cuerpo y los monstruos parecen reales. Con imágenes intensas y reconocibles, retrata el tránsito desde el desasosiego absoluto hasta el alivio que proporciona la luz, el aire fresco y los gestos más sencillos de la rutina cotidiana. PESADILLAS se convierte así en un canto a la fragilidad humana, pero también a la capacidad de reencontrar calma en lo cotidiano, en los símbolos domésticos que nos reconcilian con la vida tras atravesar la oscuridad.
    PESADILLAS

    A tientas, su mano nerviosa
    busca el interruptor.
    Necesita acabar con los monstruos
    de esa noche de miedos,
    por pesadillas que nublan su razón.

    Aún respira entrecortado,
    el pánico recorre su cuerpo,
    acelerando el ritmo del corazón.
    El sudor le baja por la espalda,
    el frío del horror lo rodea.

    Su mente, enredada,
    lanza amarres de terrores,
    le impide discernir
    si existe, si está,
    o si desaparecerá.

    ¡Por fin! ¡El milagro!
    Su mano tropieza con el interruptor:
    ¡la luz se enciende!

    Esa bombilla es su aliada
    contra las sombras siniestras
    que su sueño envolvió.

    Raudo sale de la cama,
    abre la ventana,
    el aire invade sus pulmones,
    su pulso recupera compás,
    su corazón se serena.

    Con pasos lentos, desorientado,
    camina hacia el pasillo
    que lo lleva al comedor.

    Con movimientos torpes,
    propios del despertar agónico,
    abraza la cafetera
    y prepara café:
    ritual sencillo
    que devuelve normalidad
    a una noche de dragones,
    espadas,
    y rugidos ensordecedores.

    Toma la taza humeante,
    con aromas de despertares,
    mientras llegan sonidos del mundo:
    voces de infancia,
    ruedas, puertas,
    la rutina preciosa
    que marca el compás de una canción.

    Quién no ha puesto melodías
    al tic tac del reloj,
    en esas noches rendido
    a la tiranía de un monstruo
    en la habitación.

    Sólo sueños.
    El subconsciente que busca equilibrio
    en la oscuridad de la noche,
    al margen de la razón.


    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica interpretativa del poema.

    1. Temática y recorrido emocional:

    El poema dibuja con claridad un viaje emocional: del miedo paralizante a la serenidad, del caos de la mente al orden de la rutina. El lector acompaña al protagonista en cada paso de ese recorrido: el pánico físico, el milagro de la luz, el regreso a la calma a través de la ventana abierta y del café humeante. Esta estructura narrativa convierte la experiencia íntima en un ritual universal con el que cualquiera puede identificarse.

    2. Simbolismo:

    La luz: símbolo central de salvación, representa el poder de lo sencillo frente a la magnitud del terror. La bombilla, humilde y cotidiana, se eleva al emblema de vida y claridad.

    El aire fresco de la ventana abierta: es la apertura al mundo, un renacer después del encierro del miedo.

    El café y la taza humeante: no son solo gestos domésticos, sino metáforas de la rutina como refugio y bálsamo.
    El aroma y el calor del café restablecen la normalidad y devuelven al protagonista al presente.

    El tic tac del reloj: introduce un cierre reflexivo, mostrando cómo la mente puede transformar hasta lo mecánico en melodía, en un recordatorio de que la pesadilla, por terrible que parezca, es solo una construcción mental.

    3. Impacto emocional:

    La fuerza del poema radica en su capacidad para transmitir el terror de la pesadilla con imágenes físicas muy concretas (el sudor, el frío, los amarres de terrores), y luego ofrecer al lector un respiro a través de lo luminoso y lo cotidiano. Esa transición otorga al poema un efecto catártico: al terminar de leer, uno siente alivio, como si hubiera acompañado al protagonista en su liberación.

    4. Reflexión final:

    Más allá de un relato sobre el miedo nocturno, PESADILLAS se lee como una metáfora de la fragilidad humana frente a sus propios fantasmas interiores, y de la necesidad de apoyarse en lo más simple para reencontrar la calma. Es un poema que equilibra lo onírico y lo real, lo terrible y lo cotidiano, lo irracional y lo sensato.

    En resumen: este poema logra un gran impacto emocional porque invita al lector a reconocerse en la experiencia, y lo hace con un lenguaje cercano y simbólico a la vez. La tensión inicial y el contraste con el alivio final, le da al texto mayor fuerza interpretativa.
  • NOCHE EN VELA

    NOCHE EN VELA

    Introducción:

    En este poema, la voz poética se enfrenta a una de las batallas más íntimas y humanas: la lucha con el insomnio. Entre humor, desahogo y un susurro de ternura hacia sí misma, la autora retrata esa guerra silenciosa que se libra en la penumbra del dormitorio y que tantas veces deja huellas en el alma. NOCHE EN VELA convierte la incomodidad nocturna en un escenario donde se mezclan la rabia, la vulnerabilidad y una fina ironía, revelando la humanidad que aflora cuando el sueño se resiste.


    NOCHE EN VELA

    No sabe si es avanzada la noche
    o si está casi terminada.
    Acomoda la almohada
    para obligar a su cabeza
    a no pensar en nada.

    ¡Duérmete, maldita mi estampa!
    ¿No sientes que la noche se escapa?

    Tira de las mangas del pijama,
    recoloca la espalda,
    estira el embozo de la sábana;
    ¡mierda de sábana, siempre bajo la manta!

    ¡Ay!, debo calmar esta desesperación
    que en un desvelo me atrapa,
    ¡Chiquilla!, cierra los ojos con calma,
    no los aprietes tanto
    que así no le dará la gana
    de mecerte entre susurros de madrugada.

    El cansancio va aflojando el pellizco
    con el que tiene agarrada la manta,
    sus dedos van soltando
    poco a poco a su presa de lana,
    mientras ella se abandona
    cercana ya la madrugada.

    No ha dormido apenas,
    pero siente la batalla ganada.
    ¡Ahí te quedas!
    Esta noche impondré yo mis armas,
    porque no hay peor batalla
    que no presentar agallas
    ante colchones, mantas
    y una almohada destronada.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    NOCHE EN VELA destaca por su fuerza expresiva y su capacidad para transformar una experiencia cotidiana en un pequeño relato épico, cargado de humor y humanidad.

    El poema combina con acierto:
    Lenguaje coloquial, que aporta cercanía y autenticidad.

    Interjecciones y exclamaciones, que intensifican la frustración, la rabia y la ternura del momento.

    Personificación de los objetos —la manta, la sábana, la almohada— que convierte el dormitorio en un campo de batalla simbólico.

    Un tono irónico y a la vez vulnerable, que humaniza profundamente la escena.

    La voz poética dialoga consigo misma, se regaña, se consuela y se ríe de su propio desvelo.
    Ese manejo del monólogo interior es uno de los puntos más brillantes del poema: transmite de manera fiel el torbellino mental de una noche insomne.

    Formalmente, los versos están bien equilibrados: alternan momentos de rapidez (expresiones cortas, imperativos) con otros más pausados, especialmente cuando el cansancio empieza a vencer.
    Ese ritmo acompaña el contenido, reforzando la tensión y su posterior liberación.

    El cierre es especialmente acertado: una victoria pírrica, irónica, casi infantil, pero profundamente real. Conecta con cualquier lector que haya librado esa misma lucha silenciosa.

    En conjunto, es un poema muy vivo, honesto, cercano y hábilmente construido.
  • EL RELOJ

    EL RELOJ


    Introducción al poema «EL RELOJ»:

    En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
    Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.

    El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.

    Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.

    El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
    Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
    En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.

    Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.


    EL RELOJ

    Anda liada hasta las trancas,
    sin parar para tomar aliento.
    El dolor de espalda
    la está matando a cada momento.

    Mientras, el reloj la mira
    con desafíos y retos,
    con sus doce ojos
    eternamente abiertos.

    ¡Sé valiente!
    No mires cada dos por tres qué hora es,
    ¿no ves que tiene agujas afiladas
    con mil formas de aparecer?
    Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
    a las diez y diez,
    su risa es un reclamo
    para decirte
    que aún faltan horas para atardecer.

    Pero, ¿cómo es esto?
    ¡Hay relojes a cada paso!
    ¡Cuelgan de brazos, paredes,
    móviles, iglesias… de todos lados!

    ¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!

    Al caer la noche,
    bajo cien llaves
    encierra las horas
    de control horario.

    Entra en el coche,
    mete la llave para arrancarlo,
    ¡de pronto otro reloj aparece!

    Sin palabras,
    levanta su mano y hace una peineta;
    nace de golpe,
    de su dedo corazón,
    con brío y descaro:
    ¡que te den!
    ¡Ahora mando yo,
    es mi escenario!
    Ni me repliques,
    que soy capaz de irme andando.

    Retira la cortina
    de la ducha, despacio,
    sintiendo con antelación
    el disfrute tan deseado.

    El agua se desliza con mil caricias
    sobre su cuerpo cansado,
    invadiendo sin remilgos
    su espalda, su cuello,
    resbalando por toda su piel
    con sentires del éxtasis soñado.

    Se seca al compás del silencio
    para disfrutar el lujo
    de sólo oír el flujo
    de su respirar lento y pausado.

    ¡Ya está!
    Mañana será el día.
    Lo miraré con valentía y descaro:
    “¡Hoy marco yo los momentos!
    Aunque te deje dar las horas
    que llevas colgadas de tu careto.”

    El reloj se dio cuenta
    de que salió la jabata
    que ella llevaba dentro.
    Las horas las marcaría
    con cuidado y esmero,
    para no despertar
    a la fiera en ningún momento.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Voz poética y tono:
    El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
    La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
    Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.

    2. Lenguaje y estilo:
    El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
    El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.

    3. Estructura y ritmo:
    El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:

    Empieza con la rutina agobiante.

    Luego surge la rebeldía.

    Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.


    Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
    El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.

    4. Simbolismo y significado:
    El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
    El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.

    5. Valor poético:
    Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
    Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde.


  • ¿LA SONRISA DE MONA LISA?

    ¿LA SONRISA DE MONA LISA?


    En la imagen: Francesco del Giocondo, marido de Lisa Gherardini (Mona Lisa).

    Introducción al poema:

    Desde tiempos remotos, el arte ha servido para inmortalizar rostros, pero pocas veces ha conseguido detener el alma.
    La Mona Lisa, esa figura enigmática que ha cruzado siglos envuelta en misterio, ha sido mirada millones de veces, pero rara vez ha sido escuchada.

    Este poema nace del deseo de asomarse al interior de esa mujer que, durante siglos, ha sostenido una sonrisa entre la duda y la resignación. No como musa lejana, sino como ser humano que existió, que vivió dentro de un cuerpo y bajo unas normas que no eligió. Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, posa sin saber que será parte de una eternidad diseñada por un genio que la convirtió en secreto, en símbolo y en espejo.

    En estos versos no se busca desentrañar el enigma del cuadro, sino ofrecerle una voz a quien nunca tuvo palabra. Aquí, la Mona Lisa no es solo el resultado de una genialidad artística, sino una mujer consciente de su tiempo, que sospecha del suyo y presiente el nuestro.

    Esta es una mirada desde el alma a otra alma.

    Reflexión de la autora:

    Cuando escribí este poema sentí que me adentraba en un viaje silencioso, como si hubiese cruzado el umbral del taller de Leonardo.
    Me encontré frente a Lisa Gherardini no como espectadora del cuadro más famoso del mundo, sino como mujer que percibe en ella la carga de un destino impuesto, la fragilidad de un gesto y la profundidad de unos ojos que han sobrevivido a los siglos.

    No me interesaba tanto la belleza de la pintura como el secreto que encierra: esa sonrisa ambigua que no termina de desvelarse, como tantas veces nos ocurre en la vida cuando debemos mostrar un rostro distinto al que realmente sentimos.

    Al darle voz en mis versos, quise rescatar a la mujer detrás del mito, a la esposa, a la hija de su tiempo, quizá prisionera de un matrimonio concertado, pero inmortalizada con una libertad que ni su esposo ni su época pudieron arrebatarle.

    Para mí, la Gioconda es un espejo universal: cada mirada encuentra en ella su propio enigma, del mismo modo que cada ser humano guarda sonrisas que esconden sombras, dudas y verdades no dichas. Escribir este poema fue mi forma de escuchar su silencio y darle palabras a ese gesto eterno.


    ¿LA SONRISA DE MONA LISA?

    El óleo se hace dueño,
    dentro de una tabla pequeña,
    con bocetos previos al retrato.

    El fondo desaparece
    entre ocres, grises y verdes negros difuminados.

    Ella se sienta erguida
    para posar casi en secreto,
    atusando las mangas del vestido
    para cubrir la redondez de sus brazos,
    que dejan a la vista unas manos
    con dedos vacíos de promesas o regalos,
    sabiéndose esposa de un comerciante
    florentino adinerado.

    No sabe si sonreír o mostrar enfado,
    no es su mejor pose
    ante el gran maestro Leonardo.

    Dicen de él que es un loco imaginario,
    un ser con secretos de submundos
    seccionados e inventados.

    La Gioconda se remueve inquieta,
    intuye que su lienzo vivirá
    renaceres cargados de sombras,
    de grandes cambios,
    temiendo épocas de oscuridades
    ocultas tras gruesos mantos.

    Sonreía con disimulo para el retrato,
    no fuera que sus ojos se viesen casi cerrados
    por la presión de la comisura de sus labios.

    Mona Lisa quedó retratada,
    sin la intención de Leonardo
    de ser entregada como un cuadro;
    la custodiaría de por vida,
    sabiéndose parte de ese escenario
    en el que pintó secretos aún no revelados.

    En el museo,
    las miradas atestan el espacio
    atentas a cada centímetro del cuadro,
    descubriendo la mágica imagen
    de la sonrisa y unos ojos abrumados
    por la carga de su enlace
    con Francesco del Giocondo,
    comerciante adinerado,
    dueño de su vida
    pero no de su retrato.


    CRITICA Y ANÁLISIS SIMBÓLICO

    1. La sonrisa como símbolo:

    La sonrisa de la Gioconda ha sido interpretada durante siglos como misterio, seducción o ironía. En tu poema, adquiere un sentido ambiguo y social: no expresa alegría auténtica, sino la tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta.

    “No sabe si sonreír o mostrar enfado”, refleja la dualidad entre sumisión y resistencia.

    La sonrisa es máscara y encierro: un gesto impuesto que oculta emociones reales.

    2. La condición femenina:

    La Gioconda no aparece como musa idealizada, sino como mujer condicionada por su época:

    “dedos vacíos de promesas o regalos” alude a la falta de autonomía y a un matrimonio de conveniencia;

    “dueño de su vida, pero no de su retrato” encierra una crítica poderosa: aunque su esposo controla su destino, Leonardo la inmortaliza libre, trascendiendo la posesión.

    Aquí el poema denuncia la invisibilidad histórica de las mujeres, al tiempo que rescata su permanencia en la memoria a través del arte.

    3. Leonardo como creador y guardián:

    El pintor aparece como un ser complejo, casi mítico;

    “loco imaginario… con secretos de submundos”, simboliza la genialidad que roza la locura.

    Al no entregar el cuadro, convierte a la Gioconda en su secreto eterno.
    Leonardo es aquí el mediador entre la vida efímera y la eternidad del arte.

    4. El cuadro como metáfora de la historia:

    El lienzo trasciende el tiempo.

    “renaceres cargados de sombras, de grandes cambios”, anticipa épocas de oscuridad y transformación.

    En el museo, la multitud busca descifrar lo indescifrable, lo que convierte a la Gioconda en espejo universal de la humanidad: cada mirada proyecta en ella sus propios enigmas.

    LECTURA EXISTENCIAL

    El poema nos invita a reflexionar sobre tres planos de la existencia:

    1. La vida individual: una mujer atrapada en un rol social y matrimonial, cuyo rostro transmite más de lo que su vida le permitió vivir.

    2. La creación artística: el poder del arte de rescatar del olvido lo íntimo y lo silenciado, convirtiéndolo en símbolo eterno.

    3. La mirada colectiva: cada espectador busca en la sonrisa un sentido distinto, como si el cuadro fuera un espejo de nuestras propias dudas existenciales.

    En suma, la sonrisa de Mona Lisa es metáfora de la ambigüedad humana: aquello que nunca terminamos de descifrar en los demás ni en nosotros mismos.

    Conclusión: Tu poema va más allá de la descripción artística. Se convierte en un diálogo entre arte, historia y condición humana. La Gioconda deja de ser solo un cuadro y se transforma en símbolo de lo oculto, de lo que sobrevive al tiempo y de la contradicción entre apariencia y verdad.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    Introducción:

    En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    ¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
    He oído que nos tiran a la basura
    por ser feas y deformes,
    que la tierra nos ha parido mal
    y no servimos «pa’ na».

    —Tomate, qué inocencia la tuya…
    ¿No ves que a aquella pareja
    de limón y naranja
    la van a separar?

    Y no por falta de amor entre ellos,
    es por lo feo del limón
    que nadie querrá comprar.

    —Querida lechuga, es verdad,
    ya no importan ni el sabor
    ni el aroma a fruto fresco,
    importa lo que se verá
    en cajas bien apiladas,
    como frutos brillantes sin más.

    ¿A quién le importa el campo?
    ¿A quién, nuestra tierra madre,
    que pare frutos sin cesar,
    frutos bellos y feos por igual?

    Añoranza de otros tiempos,
    cuando simples tomates como yo,
    feos y deformes,
    daban gusto al paladar
    con sólo un poquito de sal,
    junto a zanahorias, lechugas
    y un chorrito de aceite del lugar.

    ¡Qué ya está bien!
    ¡Que no me vendan por «na»!
    Que la buena gente quiere comer
    frutos que sean de verdad,
    con la decencia de saber
    que no hay ruina
    para el que ara la tierra sin parar.

    —Bueno tomate…
    mejor callarnos ya,
    porque a la señora sandía
    la han tirado ya.

    Ahora nos toca a nosotros,
    pero no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.

    Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.

    Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.

    El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.

    En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.

    La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.

    No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.

    También destaca el cierre:

    > “…no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.”

    Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.

    En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos.

  • ÉCHAME UN CABLE

    ÉCHAME UN CABLE

    Introducción al poema:

    El poema «El cable» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
    Tomé un objeto aparentemente frío y utilitario —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.

    El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje, tiene un punto evocador. Y el juego de palabras con «echar un cable» son sutilezas que me permito.

    La fotografía, realizada por mí, despierta mi sensibilidad, y me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.

    María Bueno.


    EL CABLE

    La línea larga del cable se curva,
    salvando distancias
    entre las casas de vecinos.

    Hasta una pantalla
    llega el flujo mágico
    de risas, llantos
    y noticias en vivo.

    Los anuncios parecen
    grandes producciones
    proyectadas en pantallas
    de cinemas desaparecidos.

    Esos cables llevan
    divertimento, lágrimas,
    miedos, noticias,
    de lugares lejanos,
    de sitios escondidos.

    Nos acompañan
    desde las primeras horas del día,
    de la tarde, en la cena,
    y hasta nos mecen
    las noches de vacío.

    ¡Pero qué curioso!
    Hoy miré esos cables
    con otros ojos,
    viendo algo más
    que la fealdad que muestran
    en calles, plazas y senderos
    que atraviesan campos
    y montes de verdes olivos.

    ¡Algo llamó mi atención!
    Primero se posó uno,
    después se acercó otro,
    y en escasos minutos
    llegó un pequeño grupo de aves
    volando por mi camino,
    inundándolo con aleteos
    de juegos escondidos.

    Se acomodaron
    sobre los cables,
    formando una imagen
    llena de vida
    y pequeños sonidos.

    Con sus diminutas alas
    de colores vivos,
    tomaban aliento
    para seguir su destino.

    Qué hermoso puede ser
    un simple cable torcido,
    entre calles y plazas,
    con pequeños seres
    que, con sus cantos,
    agradecen que les echemos un cable
    para descansar,
    para tomar un respiro.

    Submundos que no se ven
    porque no miramos con mimo.

    Deja que tus ojos se acerquen
    a los pequeños detalles
    que, cada día,
    dan vida a tu recorrido.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.