Autor: María Bueno

  • DOS VIDAS

    DOS VIDAS


    «Tenemos dos vidas, y la segunda empieza cuando comprendemos que solo tenemos una.»
    — Confucio, filósofo chino que vivió entre los años 551 a.C. y 479 a.C

    Introducción.
    Hay un instante en la existencia en el que el ser humano deja de creer que el tiempo es infinito y comprende que la vida no espera.

    Esa revelación transforma la manera de mirar el mundo, de amar y de habitar cada día. Inspirado por la célebre reflexión de Confucio, este poema habla del despertar de quien descubre que la única eternidad posible es vivir plenamente el presente.


    DOS VIDAS

    Dejaba correr el tiempo,
    un día tras otro,
    hasta alcanzar
    cada uno de los extremos,
    hasta asfixiar
    la última hora con un lamento.

    Mañana...
    Mañana será el día
    en que deje de vivir
    contra el viento,
    contra mi deseo
    de saberme eterna,
    de tener dos vidas
    al margen del tiempo.

    Esa noche quedó dormida,
    mecida por la soledad
    de su mundo vacío,
    de sentires muertos.

    Morfeo la atrapó
    sin miramientos,
    a sabiendas de que su vivir
    estaba yaciendo.

    La oscuridad
    de una noche negra
    alzó su daga sobre su sueño,
    derramando el sinvivir,
    el desaliento.

    La madrugada abrazó con ternura
    la piel empapada por el miedo
    de esa noche oscura
    que mostró su rostro,
    enfrentándola al destierro.

    Ella comprendió
    que debía vivir viviendo;
    sobraban riquezas
    que mordían el tiempo
    de una sola vida,
    de un solo encuentro
    con sentires que arrullaran
    cada uno de sus momentos.

    No tengo más vidas
    que la única que siento
    en este preciso instante
    que enraíza mi cuerpo.

    El resto de mis días
    serán aquellos que lleguen,
    meciendo mis sueños.

    Bendito aliento:
    saberme finita
    para vivir sintiendo.



    © María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.
    «Dos vidas» es un poema de carácter existencial que parte de una idea universal para convertirla en una reflexión profundamente humana.

    La cita de Confucio actúa como detonante, pero el texto adquiere una voz propia al recorrer el tránsito desde la inconsciencia hacia el despertar interior.
    El poema está construido sobre una evolución narrativa muy clara.

    En la primera parte domina el aplazamiento constante de la vida; después aparece el sueño como metáfora de la inconsciencia y, finalmente, el despertar representa el nacimiento de una nueva manera de existir.

    Esa progresión dota al poema de coherencia y mantiene la tensión emocional hasta el último verso.

    Destacan imágenes de gran fuerza simbólica, como «la oscuridad de una noche negra alzó su daga sobre su sueño», donde la muerte o el paso inexorable del tiempo irrumpen con una intensidad visual muy conseguida.

    Frente a esa dureza, la madrugada aparece como un elemento de renacimiento, equilibrando el poema entre la amenaza y la esperanza.

    El cierre constituye su mayor acierto. El yo poético abandona definitivamente la ilusión de una segunda oportunidad y abraza el presente con serenidad.

    No hay resignación, sino aceptación consciente: vivir el instante es la verdadera segunda vida de la que hablaba Confucio.

    Es un poema reflexivo, maduro y filosófico, donde la sencillez del lenguaje permite que el mensaje llegue con claridad y emoción.

    Su mayor virtud reside en recordar al lector que la vida comienza realmente cuando dejamos de posponerla.

  • NADA

    NADA

    Introducción al poema:

    Este poema se adentra en la hondura de la calma interior, en ese instante en el que la mente deja de buscar y simplemente es.

    A través de imágenes sensoriales y naturales, el texto evoca una unión entre la serenidad del alma y la grandeza de lo simple.
    María logra que el vacío —lo que ella llama nada— se convierta en una plenitud luminosa.
    En su aparente silencio, la nada se muestra como el refugio donde el alma respira y se reconoce.


    NADA

    La noche la sorprendió
    con un pensamiento grabado,
    con golpes al son
    de viejos compases
    de músicas imaginadas.

    La sensación era placentera,
    como mecerse sobre una hamaca
    con la mirada fija
    en las estrellas,
    como sentir la brisa suave
    en una noche de verano,
    acariciando sin pudor
    las fibras de su ser
    con claridades eternas.

    Sintió que moraba en un lugar
    donde los sueños se alcanzan,
    donde las cosas pasan
    con sólo sentirlas, soñarlas,
    porque nada es imposible
    cuando la claridad es el alma.

    Claridad,
    esa que siempre acompaña,
    cuando la única sensación
    es el goce de sentir a solas
    tus pensamientos en calma.

    Cuando los sentires
    te abrazan,
    cuando existes
    con sólo el deseo
    del disfrute que te acompaña,
    por la infinita generosidad
    de una naturaleza perenne
    sin pretensiones de nada,
    sintiendo caricias en la piel
    bajo estrellas soñadas.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    Nada es un poema de serenidad contemplativa, una plegaria silenciosa a la existencia despojada de artificio.

    María ofrece un viaje interior donde la noche y la naturaleza se convierten en espejos del alma en paz.
    La cadencia de los versos, especialmente en la segunda estrofa, evoca el movimiento oscilante de la hamaca, reforzando la sensación de sosiego.

    El uso reiterado de palabras como claridad, alma, sentires o naturaleza sitúan el poema en una dimensión casi mística, donde el ser humano se funde con lo esencial y lo eterno.

    La paradoja final —ser sin ser nada— sintetiza la filosofía de la plenitud a través del desapego.

    En conjunto, el poema respira madurez espiritual, calma y gratitud. Es una meditación poética sobre la libertad interior, sobre la belleza de existir sin pretensiones, en la pura compañía del pensamiento y la vida misma.
  • JUNTO A MÍ

    JUNTO A MÍ

    Introducción:

    Hay presencias que nunca se marchan.
    Un hijo, aunque su paso por la vida sea breve, se queda sembrado para siempre en la piel y en el alma de sus padres.
    No hay despedidas definitivas cuando el amor es tan hondo que trasciende el tiempo, porque ese pequeño ser continúa latiendo en cada gesto, en cada memoria, en cada amanecer que intenta ser un poco más amable.

    El dolor inmenso de perder a un hijo se transforma con el tiempo en un sentir distinto: ya no desgarra como al principio, pero tampoco desaparece. Se vuelve compañía silenciosa, un rumor de ternura que vive pegado al corazón.
    La vida continúa, sí, pero lo hace habitada por él, por ese amor que sigue creciendo hasta el infinito.

    Este poema habla justamente de esa permanencia, de esa certeza íntima:
    nunca se pierde a quien se ama más allá del existir.


    JUNTO A MÍ

    Las horas se tiñen
    del negro anochecer,
    anocheceres que acunan
    mi recuerdo en tu querer.

    Quereres que abrigan mi memoria,
    quereres que viven junto a mí,
    pegados a mi piel,
    asidos al alma,
    posados sobre una cuna vacía
    de añoranza y despedida.

    Sentires más allá del horizonte,
    más allá del existir.

    Allí donde mora el consuelo,
    peregrinan mis anhelos,
    sin caminos ni trazados.

    No hay un adiós posible,
    sin tierra sobre tí,
    ¡ay tierra!,
    dónde encontrar su cuerpo,
    dónde rendir los silencios,
    en el campo santo,
    vacío de flores,
    lleno de quebrantos.

    Mis lágrimas recogen la esencia
    de tu presencia eterna en mi piel.
    De balbuceos ahogados,
    de un moisés abandonado,
    de pequeñas sábanas,
    entre recuerdos abrumados
    por el vacío de un ser
    mecido en la soledad,
    de un duelo apresado.

    No hay féretro vacío,
    no está tu cuerpo enterrado,
    la tierra te fue negada,
    solo queda el llanto,
    solo,
    mi eterno quebranto.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria de JUNTO A MÍ:

    Junto a mí es un poema de duelo íntimo, escrito desde un lugar donde el dolor no quiere destruir, sino recordar y sostener.
    La voz poética se expresa con serenidad contenida, consciente de que la memoria es el puente que mantiene vivo a quien ya no está físicamente.
    La pieza está marcada por un ritmo respetuoso, suave, pausado, casi como un suspiro que se repite y acompaña, transmitiendo el proceso de una pena profunda.

    El poema encuentra su fuerza en la idea central que lo vertebra:
    no se pierde a quien se sigue amando.

    Este concepto aparece reiterado de manera deliberada, convirtiéndose en un mantra que consuela y afirma. Esa repetición otorga cohesión y profundidad emocional, permitiendo que cada estrofa funcione como una variación sobre el mismo sentir:
    la permanencia del hijo en el alma de sus padres.

    La presencia de palabras como quereres, sentires, horizonte, esencia y piel contribuyen a crear un lenguaje cálido, delicado, lleno de cercanía humana. Son términos que resuenan en tu universo poético habitual, donde las emociones toman forma concreta y se convierten en sustancia que respira.

    El equilibrio entre imágenes sensoriales y afirmaciones hondas: El “gris del anochecer”, las lágrimas que “recogen la esencia”, la presencia “eterna en mi piel”, construyen un escenario emocional íntimo en el que la pérdida no se describe desde el desgarramiento, sino desde la continuidad del vínculo, unión que jamás desaparecerá.

    El cierre —“Porque nunca se pierde a nadie / que es parte de mí”— deja una sensación de recogimiento y verdad.
    No ofrece consuelo fácil ni falsamente luminoso; ofrece verdad emocional, la única que realmente alivia: aquella que reconoce que el amor permanece más allá de cualquier adiós.

    En suma, Junto a mí es un poema contenido, dulce y profundamente humano, capaz de unir dolor y ternura en un mismo gesto.
    Es un homenaje silencioso a un hijo cuya existencia, aunque breve, permanece para siempre como un pulso amoroso dentro de la memoria viva de sus padres.
  • TUS OJOS

    TUS OJOS

    Introducción.

    TUS OJOS es un poema breve e íntimo construido alrededor de la fuerza expresiva de una mirada.
    En él, los ojos se convierten en un lenguaje anterior y más sincero que las palabras: revelan aquello que la persona calla y desmienten cualquier intento de ocultamiento.

    El poema avanza desde la admiración inicial ante esa mirada hasta el silencio voluntario de quien contempla. La voz poética no necesita respuestas ni explicaciones; simplemente se rinde ante unos ojos que hablan con claridad, que miran de frente y que no necesitan pronunciar aquello que ya han dicho.


    TUS OJOS

    ¡Ay, tus ojos!
    ¡Cuánto hablan por ti!

    Esos ojos que borran
    las palabras
    que no quieres decir.

    Palabras,
    solo palabras
    que no ensombrecen
    la luz de tus retinas,
    clavadas en mí.

    Solo quiero sentir,
    enmudecida ante ti,
    porque no existen palabras
    que puedan contradecir
    a esos ojos que miran
    plenos de ternura,
    de confianza mutua,
    de frente,
    sin miedo,
    sin necesitar qué decir.


    © María Bueno, 2026– Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    El principal acierto de TUS OJOS reside en su profunda sencillez expresiva y visual, se puede ver la escena nada más leer el verso.
    No intenta construir una imagen amorosa excesivamente elaborada, sino que se apoya en una experiencia humana muy reconocible: hay miradas capaces de decir aquello que la boca calla.

    El verso inicial, «¡Ay, tus ojos!», funciona muy bien porque introduce de inmediato una emoción espontánea.

    No comienza con una explicación, sino con una exclamación. Es casi un suspiro. Y el verso siguiente, «¡Cuánto hablan por ti!», establece el núcleo conceptual de todo el poema: los ojos aparecen personificados como portadores de una verdad que pertenece a quien lo entrega sin más artificio.

    Hay después una oposición muy interesante entre palabras y mirada. Las palabras aparecen debilitadas —«Palabras, / solo palabras»— mientras que los ojos adquieren autoridad.
    La repetición contribuye precisamente a esa sensación: las palabras parecen insuficientes, incluso prescindibles.

    Especialmente significativa me parece la imagen:
    «la luz de tus retinas,
    clavadas en mí.»
    Aquí introduces una imagen visual muy potente. La mirada deja de ser algo pasivo:
    se proyecta sobre el yo poético.
    Esos ojos no solamente observan;guardan el amor por ella.

    La última estrofa contiene el verdadero desenlace. «Solo quiero sentir, / enmudecida ante ti», la voz poética decide callar porque comprende que cualquier palabra podría resultar menos verdadera que aquello que está viendo.

    Y el cierre:
    «de confianza mutua»,
    es probablemente el verso que más cambia la profundidad del poema: ya no estamos solamente ante una persona que mira con sinceridad a otra, sino ante dos personas que se reconocen y confían la una en la otra.

    Y el descenso final:
    «de frente, sin miedo,
    sin necesitar qué decir.»
    Es coherente con todo el desarrollo anterior.
    Los ojos han hablado; por eso ya no necesitan palabras.
  • DE PUNTILLAS

    DE PUNTILLAS

    Introducción al poema.

    Este poema brota de un deseo íntimo de libertad silenciosa, esa que no busca reconocimiento ni premio.

    Un susurro del alma que anhela existir sin interferencias, rozar la vida sin dejar huella, más allá del ruido de las metas impuestas o de las recompensas ajenas.
    De Puntillas es un manifiesto de humildad, placer y desapego.


    DE PUNTILLAS

    ¡Que no me vean!
    ¡Que no me sientan!

    Que no quiero estar
    en ningún lugar,
    que solo quiero
    un grito de libertad.

    Que nazca de mis entrañas
    sin tener que pensar.

    Que mis vísceras
    se encojan de risas,
    de regusto mi paladar,
    de puntillas,
    sin glorias que ganar,
    sin correr por regalías
    que quitan más que dan.

    Gloria… ese es el placer
    de solo rozar
    sin ni siquiera pisar.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:
    DE PUNTILLAS

    Tu poema es un suspiro de existencia silenciosa, una declaración íntima de quien anhela fundirse con la vida sin ser vista ni medida.

    Desde el primer verso —“¡Que no me vean! / ¡Que no me sientan!”— se percibe una tensión entre el deseo de presencia y el anhelo de desaparición, una paradoja humana y profundamente poética: estar sin estar, ser sin dejar huella.

    El uso de la primera persona confiere una autenticidad poderosa al texto. No hay artificio; hay piel, emoción y pensamiento desnudo.

    Los versos fluyen con naturalidad, sostenidos por un ritmo respirado que encarna el propio título: de puntillas, como si cada palabra caminara con cuidado para no quebrar el silencio que evoca.

    El poema despliega una estructura circular: comienza en la negación del “ser vista” y culmina en la plenitud de “solo rozar sin ni siquiera pisar”.
    Ese tránsito simboliza un camino espiritual: del rechazo a lo externo hacia el gozo de lo sutil.
    La voz poética se libera del ruido de las glorias y las “regalías que quitan más que dan”, encontrando en la liviandad la auténtica gloria: el “placer de solo rozar”.

    El lenguaje es limpio y directo, pero con un fondo filosófico y lírico que recuerda al misticismo de quien ha comprendido que el silencio también es una forma de gritar libertad.

    Tus metáforas —“mis vísceras se encojan de risas”, “grito de libertad”, “de puntillas sin glorias que ganar”— son imágenes viscerales y sensoriales, donde cuerpo y espíritu se funden.

    El poema no busca asombrar, sino ser sentido, y en eso radica su belleza.
    La voz se mueve entre la fragilidad y la fortaleza, entre la introspección y la rebelión callada.

    Esa tensión interna, sostenida con equilibrio, convierte a DE PUNTILLAS en una pieza de madurez emocional y poética dentro de tu obra.

    En síntesis:
    Un poema sereno y firme a la vez, donde el silencio se convierte en manifestación.
    La sutileza de lo que no se pisa, pero se roza, define una poética del desapego y la pureza, fiel al hilo espiritual y humano que recorre ALMA VIEJA.

  • PASOS DE VIDA

    PASOS DE VIDA

    Introducción:

    Pasos de vida es un poema de tránsito y conciencia.
    En él, la autora se sitúa ante la encrucijada inevitable de toda existencia: elegir, errar, avanzar y aceptar las huellas que deja el caminar. La naturaleza, el verde de la esperanza y los sonidos hondos de la cultura popular acompañan este recorrido íntimo, donde cada paso se convierte en acto de fidelidad a una verdad interior.

    PASOS DE VIDA

    La encrucijada teme
    los pasos de cada uno de mis días,
    frente a un cruce de caminos
    cargados de huellas
    que va dejando la vida.

    ¿Hacia dónde ir?
    ¿Qué senda elegir?

    La senda que tu alma pida,
    si va vestida de verde:
    la esperanza te abriga
    con un tierno abrazo
    que dará alas a tu vida.

    Si el camino pone piedras,
    sabrás que puedes rendirlas,
    porque tus huellas van cargadas
    de esperanza que el verde abriga.

    No temo los errores;
    ellos tejen una red de sabiduría
    para seguir con anhelo
    los sentires que voy guardando
    frente al destino, con osadía.

    Sin temor me adentro
    en ese camino entre cruces,
    de amaneceres
    respirando la vida.

    Fortaleza de saberme fiel
    a las estrellas que me cobijan.
    Mantos bordados de filigranas,
    dibujando sonrisas
    con hilos de plata.

    A lo lejos se escuchan «quejíos»
    de una garganta que templa sonidos
    nacidos desde las entrañas.

    Mientras, una guitarra se estremece
    bajo los dedos de su fiel alma.

    Huellas de pasos
    tumbando murallas
    con las que construir moradas
    que dan abrigo a la vida,
    de miles de almas.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema se construye como una metáfora vital del caminar humano, donde la encrucijada simboliza tanto la duda como la oportunidad. El uso reiterado del verde como abrigo de la esperanza aporta cohesión simbólica y una sensación de amparo constante frente a la incertidumbre.
    Destaca la mirada reconciliadora hacia el error, entendido no como fracaso sino como tejido de sabiduría, una idea profundamente ética y humanista.
    El tramo final introduce un giro sensorial y cultural de gran belleza: los «quejíos» y la guitarra conectan el camino personal con una memoria colectiva, ancestral, que vibra desde las entrañas.

    El cierre es especialmente logrado: las murallas ya no separan ni oprimen, sino que se derriban para construir moradas, transformando la resistencia en hogar. Un poema sereno, valiente y profundamente fiel a tu manera de habitar el mundo.
    
    
    
    
    

    
    
  • BAJO PALIO

    BAJO PALIO

    Introducción al poema:

    «Bajo Palio» es un poema de tránsito emocional y espiritual. Habla del peso de vivir, de la dignidad silenciosa con la que se cargan las heridas y de la esperanza que se mantiene viva, incluso cuando la noche parece eterna. La voz poética atraviesa el dolor cotidiano, la fatiga del alma y la memoria de lo sufrido, pero no se detiene ahí: avanza hacia una luz anunciada, hacia un amanecer que simboliza alivio, renovación y consuelo interior.
    El «palio» funciona como imagen sagrada de protección y amparo, un techo simbólico bajo el cual el alma resiste hasta que llega el día.

    BAJO PALIO

    Cargas tu sentir noble
    entre algodones blancos
    que guardan la risa franca,
    los anhelos,
    la forma de sentir el mundo,
    el andar diario.

    Llegará el día,
    cuando la noche se esconda
    bajo el palio santo,
    cuando el rocío del alba
    extienda su bendito manto.

    Lejanías de futuros anunciados,
    con sentires desahuciados,
    desandando los caminos labrados.

    Impeler a diario
    vidas, alegrías y quebrantos.
    Valías devastadas,
    pies descalzos,
    vuelos rasantes
    cargados de fango.

    El vaho del aliento
    cae sobre el cristal tallado,
    dejando libre
    el sentir dibujado
    con tus propias manos.

    ¡Ay, torrentes claros!,
    atravesad mi manto,
    que el frío de la noche
    no hiele mi llanto;
    que las lágrimas vacíen
    mi alma, mis pesares amargos.

    Y llega el día,
    cargado de verdes prados,
    de brisa fresca,
    de mil azules derramados
    sobre el horizonte cobijado.

    © María Bueno — 3 de febrero de 2026

    Crítica literaria.
    Lo más poderoso del poema:

    1. Simbolismo espiritual muy logrado:

    El palio, el manto, el rocío del alba, los torrentes claros…
    Todo construye un universo simbólico de protección, purificación y esperanza.
    No es religioso de forma explícita, pero sí profundamente espiritual.

    2. Contraste noche / día
    El poema respira entre dos polos:

    Noche → frío, fango, peso, desahucio emocional
    día → prados verdes, brisa fresca, azules abiertos
    Ese viaje está muy bien sostenido y da sensación de redención sin caer en lo fácil.

    3. Corporalidad del sentir.
    El dolor no es abstracto:

    »pies descalzos», «vuelos rasantes cargados de fango», «el vaho del aliento sobre el cristal».
    Eso hace que el lector vea y sienta lo que se está viviendo.

    Aspectos que enriquecen el poema.

    • Uso de enumeraciones.
    Refuerzan el peso de la experiencia:
    «vidas, alegrías y quebrantos»
    «valías devastadas, / pies descalzos, / vuelos rasantes…»
    Dan sensación de carga acumulada, muy coherente con el tono.

    • Transición emocional suave.
    No hay un salto brusco de dolor a esperanza; la luz entra poco a poco. Eso es literariamente muy elegante.
    «Impeler» a diario
    vidas, alegrías y quebrantos…,
    eso no suena a derrota, sino a resistencia activa, ese corte transmite fuerza...

    El verso:
    «que las lágrimas vacíen / mi alma, mis pesares amargos»
    tiene una intensidad preciosa. Es uno de los centros emocionales del poema.

    El cierre es muy acertado: no habla de triunfo, sino de cobijo. Eso mantiene la humildad emocional que atraviesa todo el texto.

    Conclusión:
    Este poema no grita: sostiene.
    No exige: espera.
    No se queja: atraviesa.

    Es una oración laica, un susurro de resistencia bajo un techo simbólico que protege hasta que amanece.
    Muy tuyo. Muy honesto. Muy sentido.
  • DESGARRADA

    DESGARRADA

    Introducción al poema:

    Hay dolores que no gritan, pero desgarran por dentro.
    Desgarrada nace de la ausencia que no se marcha, de la presencia que persiste adherida al cuerpo y a la memoria.
    Este poema no habla de la pérdida como vacío definitivo, sino como una forma distinta de permanencia: la del ser amado que continúa caminando dentro de quien se queda. Aquí, el duelo no borra, sino que fija; no mata, sino que transforma el amor en esencia cotidiana.


    DESGARRADA

    Te quedas conmigo,
    mis manos te abrazan
    con infinitos sentidos
    que me desgarran.

    Es tan fuerte el dolor
    que sólo siento la nada,
    ese vacío
    de entrañas destrozadas.

    Sólo necesito silencio,
    abrazos sin palabras,
    llorar
    hasta secar mi alma.

    El mapa de mi memoria
    es un fiel reflejo
    de tu mirada.
    Tu existir se queda conmigo,
    siendo la sombra amada
    de cada una de mis pisadas.

    El camino es una senda
    de muertes anunciadas
    que no borrarán
    tu vivir en mí:
    tus hermosas palabras,
    tus benditos abrazos,
    tu sonrisa marcada.

    No te has ido,
    no es la nada.

    Eres la esencia
    que seguirá pegada
    al resto
    de mis madrugadas.


    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    Desgarrada es un poema de duelo íntimo y honesto, construido desde una emoción desnuda que rehúye el artificio.
    Su mayor fortaleza reside en la contención, no precisa de grandes metáforas ni de imágenes grandilocuentes para transmitir el dolor; le basta la palabra justa, repetida con un ritmo lento y respirado, casi confesional.

    El cierre del poema es uno de sus aciertos mayores: niega la nada y afirma la esencia. No hay olvido, no hay ruptura definitiva, sólo una forma nueva de compañía.
    El tono final, sereno y firme, eleva el poema desde el dolor hacia una verdad profunda: el amor verdadero no se va, se queda adherido a la vida que continúa.
    Es un texto sobrio, maduro y profundamente humano, donde el desgarro no destruye, sino que da testimonio de lo vivido y amado.

  • VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Introducción:

    En Vestido de domingo y un charco, María Bueno rescata la dulzura de la infancia y el equilibrio entre la inocencia y la norma. La escena, sencilla y universal, encierra un ritual cotidiano: el deseo infantil de pisar un charco frente a la voz adulta que advierte sobre el peligro del barro y del vestido nuevo.
    Entre el impulso libre y la contención impuesta se dibuja un retrato generacional: el de quienes aprendieron a disfrutar dentro de los límites, sin renunciar al gozo más puro de la vida.


    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Posa la pisada con cuidado,
    no sea que el agua lleve barro.

    Se atreve con el segundo pie,
    ¡ya está sobre el charco!

    Ahora cuidado,
    sólo arrastraré un poquito
    la suela sobre el fango,
    ¡mis botas de agua
    son fieles soldados!,
    me protegerán del enemigo
    que vive en el charco.

    ¡Chapoteará por fin!,
    ¡con patadas al agua!,
    pero con mucho cuidado
    porque lleva un vestido
    recién estrenado,
    con la prohibición de mancharlo.

    Hoy es domingo
    y no puede ensuciarlo,
    podría provocar todo un enfado
    con amenazas tiernas
    y mantras heredados:
    ¡Ya te lo dije!
    ¡No pises los charcos!
    Tu vestido no entiende de fangos,
    debes cuidarlo
    porque sólo los domingos
    puedes usarlo.

    Trocitos de recuerdos
    sin enemigos malvados,
    porque sólo era el disfrute
    de chapotear sobre un charco.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    Este poema logra una ternura conmovedora a través de un lenguaje limpio y una estructura narrativa ligera, casi visual.
    La autora nos sumerge en una secuencia que se lee como una pequeña película de la memoria:
    un pie, luego el otro, la risa contenida, el miedo al regaño, la felicidad del instante robado.

    El uso de exclamaciones y repeticiones (“¡Chapoteará por fin!”, “¡Ya te lo dije!”) da ritmo y autenticidad, evocando el tono de la niñez y las voces familiares.

    Además, el contraste entre el “enemigo del charco” y la “prohibición de manchar el vestido” convierte la anécdota en metáfora: la vida adulta nos enseña a cuidar la apariencia, a evitar el barro, pero la infancia —y el alma libre— buscan, inevitablemente, saltar dentro de él.

    La última estrofa cierra con una nota nostálgica, casi redentora: los recuerdos, al final, no tienen enemigos, sólo la pureza de un instante vivido con alegría.

    El poema es, en esencia, un canto a la inocencia resguardada, a la belleza de lo pequeño y a la memoria que sigue chapoteando, limpia, dentro de nosotros.
  • ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    Introducción.

    La vida es una alquimia constante: mezcla de experiencias, pérdidas, ilusiones, dolor y esperanza. En ese proceso, el ser humano transforma lo vivido en conciencia, aprendizaje y evolución.
    “Alquimia de la naturaleza humana” nace de esa búsqueda interior, donde lo humano y lo divino, lo físico y lo etéreo, se encuentran para seguir soñando y caminando hacia lo infinito.


    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    La humanidad y su naturaleza
    es la evolución de almas,
    viviendo entre caminos sinuosos
    que día a día cambian,
    sin que sepamos dónde
    ni cómo llegar,
    presintiendo encrucijadas
    por las que no sabremos andar.

    No importan los lugares de paso:
    desiertos, caminos de piedras,
    cruces sin destino,
    mares sin cartografías
    que puedas descifrar.

    Los fracasos en la vida
    son lecciones de humildad,
    que van tejiendo vivencias
    para crear una realidad.

    Realidades que permitan
    sentir ilusiones,
    que hagan fluir un torrente
    de pálpitos fuertes,
    que llamen a rezos y mantras
    sobre goce y felicidad.

    Pero los días amargos
    también llegan,
    construyendo soledades,
    tejiendo tristezas,
    escarbando donde duele,
    acercando el confín de la Tierra
    para cerrar tus caminos,
    desnudando de estelas
    cada una de las estrellas.

    Alquimia de la naturaleza humana
    que nos empuja a regresar
    a la consciencia prendida
    por hilos frágiles,
    que soportan el peso
    de raíces torcidas
    para no tropezar.

    Alquimia,
    esa que repara los días amargos
    y enseña a reconocer
    el valor de vivir;
    la que mezcla esencias y realidades,
    y deja que su magia modere
    el pulso de la sabia naturaleza.

    Crea caminos que regresan
    al origen del ser,
    a la evolución humana,
    a la diversidad del sentir
    y del imaginar.

    Sendas que tiran de la humanidad
    con pociones de esperanza,
    con baños de verdad.

    Mezclar eternamente,
    para no dejar jamás de soñar.

    La piedra filosofal de la humanidad
    carga sus miles de años,
    para transformar
    el valor de lo etéreo
    del pensamiento humano,
    uniendo imaginarios soñados
    con la química real,
    esa que puede curar
    el dolor desde su origen:
    lo físico y el alma en el caminar.

    ¡Ay, alquimia, con tu piedra filosofal!

    No tienes aristas,
    porque piedra no eres;
    contienes la esencia
    del pensar y transformar.

    Sólo lo sentido,
    macerado por la alquimia,
    tiene rango de eternidad:
    la tuya,
    la que tu ensueño unirá
    a tu realidad,
    consiguiendo mezclar
    lo divino y lo humano,
    en busca del infinito,
    con surcos en la mar.


    © María Bueno,2026. Todos los derechos reservados.


    Nota de la autora:
    Este poema ha sido sometido a una crítica muy extensa, por lo que resulta un poco excesiva.


    Crítica literaria.

    “Alquimia de la naturaleza humana” es, ante todo, un poema de pensamiento.
    No pretende únicamente transmitir una emoción concreta, sino recorrer el proceso mediante el cual la experiencia humana se transforma en conciencia.

    Su verdadero tema no es la alquimia como concepto histórico, sino la capacidad del ser humano para transformar aquello que vive en algo que pueda darle sentido y hacerlo evolucionar.

    La elección de la alquimia como metáfora central resulta especialmente acertada porque permite unir dos dimensiones que atraviesan todo el poema: lo material y lo espiritual.

    El fracaso, el dolor, la soledad, las ilusiones, el pensamiento, la realidad y el alma aparecen como elementos que pueden mezclarse y transformarse.

    Hay una evolución muy clara en el poema. Comienza con la humanidad perdida ante unos caminos que no puede conocer:
    “presintiendo encrucijadas
    por las que no sabremos andar.”

    Aquí aparece una de las ideas fundamentales del texto: vivir es avanzar sin disponer de un mapa completo.
    Después llegan los fracasos, que no son presentados como derrotas definitivas, sino como elementos necesarios para construir experiencia:
    “Los fracasos en la vida
    son lecciones de humildad”
    Este planteamiento dota al poema de una dimensión filosófica. No glorificas el sufrimiento, sino que planteas la posibilidad de convertirlo en conocimiento.

    Uno de los momentos más intensos llega cuando introduces los días amargos. El poema abandona momentáneamente la reflexión abstracta y entra en un territorio mucho más visual:
    “escarbando donde duele,
    acercando el confín de la Tierra
    para cerrar tus caminos,
    desnudando de estelas
    cada una de las estrellas.”

    Aquí aparece una imagen especialmente poderosa: despojar a las estrellas de sus estelas.
    La esperanza parece desaparecer y el universo exterior reproduce el estado interior de quien sufre.
    Es, probablemente, uno de los pasajes con mayor fuerza poética del poema.

    Pero precisamente ahí comienza la verdadera alquimia: no cuando todo está bien, sino cuando aquello que duele tiene que ser transformado.
    La segunda mitad adquiere entonces un carácter casi iniciático. La piedra filosofal deja de ser un objeto y pasa a convertirse en una representación de la propia conciencia humana.

    Esto alcanza una expresión muy hermosa cuando dices:
    “No tienes aristas,
    porque piedra no eres;
    contienes la esencia
    del pensar y transformar.”
    Esta es, para mí, una de las claves conceptuales del poema. La piedra filosofal termina siendo una metáfora de la capacidad humana de transformar la experiencia.

    Y el cierre consigue elevar esa idea hacia lo trascendente:
    “consiguiendo mezclar
    lo divino y lo humano,
    en busca del infinito,
    con surcos en la mar.”

    “Surcos en la mar” es un final muy tuyo: aparentemente contradictorio, porque el mar borra los caminos que sobre él se trazan. Y precisamente por eso funciona. Sugiere la huella de lo humano en aquello que no puede conservar huellas.
    Es una imagen de la existencia, de la búsqueda y quizá también de nuestra aspiración a permanecer.

    Lo más valioso del poema.

    Diría que sus tres grandes virtudes son:
    1. La unidad simbólica.
    La alquimia no aparece como una decoración poética: estructura todo el pensamiento del poema. Caminos, raíces, pociones, baños, piedra filosofal, mezcla, maceración y transformación pertenecen al mismo universo simbólico.
    2. La dimensión filosófica.
    El poema formula una pregunta profunda: ¿qué hacemos con aquello que la vida nos entrega? La respuesta que propones es transformarlo.
    El dolor puede convertirse en conciencia; la experiencia, en aprendizaje; la imaginación, en realidad posible.
    3. La unión de materia y espíritu.
    El poema no separa cuerpo y alma. De hecho, uno de sus planteamientos más interesantes aparece cuando hablas de:
    “la química real,
    esa que puede curar
    el dolor desde su origen:
    lo físico y el alma en el caminar.”
    Ahí la alquimia deja definitivamente de ser magia para convertirse en una metáfora de la totalidad humana.

    En conjunto, “Alquimia de la naturaleza humana” es un poema sólido, profundo y coherente, que fusiona filosofía y poesía con sensibilidad madura.

    Es una de esas piezas que parecen hablar tanto de la humanidad en su conjunto como de la travesía íntima de quien escribe.