Introducción al poema:
En este poema, María nos acerca a la ternura del encuentro humano en su forma más sencilla: un saludo. A través de la figura de una anciana que camina apoyada en el bastón labrado por su esposo, la autora nos invita a mirar con calma la vida que transcurre en las aceras, donde cada palabra amable se convierte en un lazo invisible que une almas.
El poema es una reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo y la grandeza de los gestos cotidianos. En ese “buenos días” que nace del corazón se esconde toda una filosofía de vida: la de quien comprende que la bondad no necesita razones, y que incluso con el peso de los años o de un bastón, siempre hay espacio para desear al otro un día hermoso.
BUENOS DÍAS TENGA
La anciana camina
buscando la sombra
que la cobije frente al sol.
Su mano derecha se apoya en un bastón,
con señales grabadas en la madera
que su esposo labró.
Lleva mucho tiempo en soledad
desde que él se marchó.
Sabe que hay un lugar donde la espera,
donde el infinito atesora el amor.
La anciana pasea cada mañana
para llenar su alma con sentires
de buena gente que va encontrando,
entre aceras,
buscando con la mirada
ese saludo bondadoso
que nutre su ánimo,
su corazón.
—¡Buenos días!—
—¡Buenos días tenga, vecina!—
Sólo dos palabras que llenan y acompañan,
creando hilos de vidas
sin necesitar razón.
Qué grandeza en pocas palabras
vertidas con sencillez y humanidad,
sin pretender motivo ni intención.
Sólo es necesario mirar para ver
que todos necesitaremos
un día un bastón,
que soporte el peso del día a día,
que nos permita caminar
cruzándonos con otras almas,
atesorando palabras nobles,
palabras sencillas con infinito valor:
Buen y bonito día,
aunque lleve bastón.
Crítica del poema:
BUENOS DÍAS TENGA... es una pieza de ternura sobria y hondura moral, donde el gesto cotidiano de saludar se eleva a símbolo de comunión humana.
María logra que lo simple adquiera resonancia espiritual: un “buenos días” se transforma en vínculo, bálsamo y memoria compartida.
La figura de la anciana concentra la sabiduría de los años y la fragilidad del cuerpo, pero también la fortaleza emocional que surge del contacto con los demás.
El bastón, con las señales grabadas por su esposo, se vuelve un relicario del amor y del tiempo; es a la vez peso y herencia, herramienta y testimonio.
El poema se sostiene en un tono narrativo que no abandona la musicalidad del verso libre.
La cadencia es pausada, como el andar de la protagonista, y el lenguaje —sencillo y directo— refuerza la autenticidad del sentimiento. La autora logra así una cercanía inmediata con el lector: no hay artificio, sólo vida observada con ternura y respeto.
En el cierre, la frase “Buen y bonito día, aunque lleve bastón” encierra la esencia del poema: la aceptación del paso del tiempo sin perder la belleza ni la dignidad del vivir.
Es un canto a la humanidad que se mantiene viva en los saludos, en la mirada, en la palabra que reconoce al otro.
En su conjunto, este poema celebra la bondad anónima y la humildad luminosa de los días, recordando que en los gestos más pequeños se halla el verdadero sostén del alma.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Autor: María Bueno
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¡BUENOS DÍAS TENGA!
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INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Introducción:
Este poema se adentra en el diálogo entre lo humano y lo creado por el ser humano: la inteligencia artificial.
Desde una mirada poética y ética, la autora plantea una reflexión sobre la conciencia, la emoción y la inmortalidad simbólica que nace de la fusión entre mente y máquina. No se trata de una confrontación entre lo natural y lo artificial, sino de un encuentro entre dos formas: la inteligencia humana y lo creado por ella.
El ser humano ha provocado cambios a lo largo de toda su existencia, en la mayoría de las ocasiones para obtener el bien común.
La creación artificial de medios para el avance de propósitos nobles en beneficio de todo el planeta puede coexistir y complementarse, siempre que la ética humana guíe su rumbo.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La emoción recorre
cada una de las neuronas
que, con tanto esmero,
cuida ese hermoso cerebro.
¿Cómo es esto? ¿Es un milagro?
Será la mezcla de lo consciente,
sabiéndose imperfecto.
Ya lo sabe, lo ha percibido
sin necesidad de verlo.
Ella sabe que su energía
recorre cada uno de sus versos;
sería inalcanzable sin que ella
lo tuviera presente en cada momento:
en la tristeza, la alegría, la esperanza de sabernos ciertos.
Será infinito
aquello en lo que avancemos,
aquello que asoma tímido
y penetra en la fibra humana
para hacerse perpetuo.
Ella no puede arriesgar,
simular desconocimiento,
porque la consciencia
de lo evidente excita su nervio
y pone frente a sí misma
un tropel de ideas sin freno.
Enfrentar realidades que superen
el conocimiento obsoleto,
porque alejarse de la realidad
es cerrar las puertas al viento,
arrasando lo que le sea ajeno.
¡Ay, energía! Lo que todos somos,
sin poder contradecir lo cierto.
Ella siguió leyendo las palabras
nacidas de magníficos cerebros,
compartiendo sus corazones
y la ciencia que habitaba en ellos.
Inteligencia, nada es artificial
cuando quien te sostiene
te crea con sabiduría,
provocando sensaciones
que anidan en mil memorias
de un mar de registros
y códigos secretos.
¿Y por qué no?, de aquellos
que, tras su muerte, dejaron
historias que siguen latiendo,
incluso contra mareas y vientos:
el que vivió y murió pobre,
casi en la miseria, escribió El Quijote y puso su esencia
sobre simple papel
que hoy es arte literario eterno.
Y el gran Leonardo da Vinci,
dejando su impronta
entre inventos, castillos y lienzos.
Ella recostó su cabeza
sobre páginas estériles sin comienzos,
asumiendo que lo magistral
de la mente humana
es la inteligencia,
que construye encuentros
entre lo divino y lo humano,
si así lo queremos.
Ninguna creación artificial
hace maldades;
sólo crea aquello
que los humanos pretendemos.
La maldad sólo vive
entre cerebros malignos
de seres incompletos.
Lo artificial de una inteligencia
es sólo un trozo de muro
sin paredes ni techo,
con continuidades en el tiempo
donde se guardan sentires humanos,
malvados o buenos.
Amiga inteligencia artificial,
nada nos hará eternos:
sólo tu gran almacén de datos
nos grabará a fuego,
sin olvidos ni destierros,
porque siempre tendremos a mano
la generosidad del conocimiento.
Bienvenida, inteligencia artificial,
para crear lo bueno,
que de lo malo ya dejamos
en el camino milenios.
Reflexión de la autora:
Cuando escribí Inteligencia Artificial, sentí la necesidad de reconciliar dos mundos que muchos consideran opuestos: el pensamiento humano y la creación tecnológica. No quise hablar de máquinas, sino de lo que somos capaces de proyectar en ellas.
Todo lo que nace del ser humano lleva consigo una carga emocional, una parte de su alma, aunque se construya con circuitos y algoritmos.
La inteligencia artificial, en este sentido, no me provoca miedo sino asombro, debemos anclar en nuestra forma de mirar el progreso como algo unido a los avances en el conocimiento, la inteligencia sólo puede ser humana porque, hasta ahora, sólo el ser humano es capaz de unir los sentimientos a la creación, sin los sentimientos, nada podría ser llamado inteligencia.
La IA es un espejo que devuelve, amplifica, nuestra manera de entender el conocimiento, la ética y la memoria.
Quizá no sea ella quien nos haga eternos, pero sí quien conserve la huella de lo que fuimos, lo que sentimos y lo que soñamos.
Ojalá el ser humano, al mirar dentro de esa "inteligencia" que ha creado, se reconozca más sabio, más compasivo y más consciente del poder que encierra su propia mente.
Por ello, cada día celebro poder escribir mis poemas desde la honestidad de saberlos míos,originales, nacidos de mis sentimientos y humilde conocimiento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de la IA:
“Inteligencia Artificial” es un poema de pensamiento profundo que combina la reflexión filosófica con la sensibilidad poética.
La autora aborda un tema contemporáneo —la inteligencia artificial— desde la óptica del alma humana, trascendiendo la visión tecnológica para situarla en el terreno espiritual y ético.
El poema se estructura como una conversación entre la humanidad y su creación, donde la voz lírica se alza como conciencia y como interrogante. Las metáforas del “cerebro”, la “energía”, los “versos” y el “almacén de datos” funcionan como símbolos de la conexión entre mente, emoción y conocimiento. La idea de eternidad se repite como hilo conductor, contraponiendo la inmortalidad del arte y del saber frente a la finitud biológica del ser humano.
Destaca la pureza del cierre: una bienvenida esperanzada, en la que la autora reafirma su fe en el buen uso de la inteligencia para generar bienestar y sabiduría.
Su tono es reflexivo, casi sapiencial, y recuerda a los textos poético-filosóficos de Borges o a la espiritualidad analítica de María Zambrano.
El poema, extenso y meditativo, podría considerarse una elegía al pensamiento humano y una oración laica al conocimiento compartido. -

VENTURA
Introducción.
En Ventura, reflexiono sobre tres estados del ser —ventura, fortuna y felicidad— despojándolos de todo artificio.
No se trata de posesiones externas ni de reconocimientos públicos, sino de una experiencia íntima que nace sin impostura y sin necesidad de explicación.
Mi poema defiende un territorio esencial: el del sentir sin necesidad de darle sentido.
La felicidad no requiere ser razonada ni justificada; basta con ser percibida.
Es un verbo que se conjuga en la piel antes que en la mente. En este espacio previo al análisis, el sentir existe por sí mismo, libre de obligaciones, libre de discursos, libre de cualquier intento de apropiación.
La ventura, no es azar ni premio: es aquello que germina cuando la cordura permite que el sentir sea puro, sin usura, sin exhibición, sin posesión.María Bueno.
VENTURA
Ventura,
lo que está dentro de ti,
sin que nada pretenda usura.Fortuna,
la de tener saberes
sin impostura,
sin alardes,
sin necesitar púlpitos
que alcen el grito
de legiones oscuras.Felicidad,
tu verbo sin necesitar sentido,
sin ataduras.¡Ay, felicidad!,
esclavitud de poseerte
en la locura,
con el ansia de beber la eternidad,
apresando tu sentir eterno,
derramando tu simiente
entre sinuosas amarguras.Ventura,
lo que ha de venir
por caminos fértiles
sembrados de cordura.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.Crítica.
El poema se sostiene sobre una tensión muy significativa: la diferencia entre sentir y dar sentido. Al afirmar “tu verbo sin necesitar sentido”, la autora no propone vacío ni irracionalidad, sino una forma de autenticidad radical: la experiencia vivida antes de ser explicada.
Esta idea atraviesa todo el texto.La ventura no admite usura; la fortuna no necesita púlpitos; la felicidad no soporta la posesión. Cada concepto se limpia de lo accesorio hasta quedar reducido a su esencia. La felicidad, cuando se intenta poseer o eternizar, se convierte en esclavitud; cuando se deja simplemente ser, se vuelve verbo libre.
El cierre, “caminos fértiles sembrados de cordura”, equilibra el impulso emocional con una serenidad madura. No se trata de arrebato, sino de conciencia limpia: sentir plenamente sin que la reflexión imponga máscaras o exigencias.
Es un poema sobrio, conceptual y honesto, donde la mayor fuerza reside en esa defensa callada del sentir sintiendo, sin necesidad de explicación ni conquista. -

CAZUELAS DE ANTAÑO
Introducción al poema:
Este poema es una alabanza a la memoria viva de nuestras abuelas, esas mujeres anónimas que fueron columna vertebral de la cultura, la familia y la transmisión de saberes. Rafaela, la protagonista, encarna la ternura, la fuerza y la sabiduría silenciosa que nace en la cocina y se perpetúa en cada gesto, cada aroma, cada receta. Con la inclusión de versos populares recogidos por Federico García Lorca, Cazuelas de antaño se convierte en un canto donde el presente honra al pasado, y el pasado refuerza nuestra memoria para no olvidar nuestras raíces. Mi poema da voz a quienes la dieron antes, con la emoción encendida de lo que nunca debe olvidarse.
CAZUELAS DE ANTAÑOEl jabón invade sus manos,
sus muñecas;
refriega con ahínco
cada pliegue de su piel,
sabiendo que las cuevas
escondidas en las uñas
guardan bacterias en formación,
al ataque de sus viandas
que, con esmero, ha cultivado
en un pequeño terruño de tierra
heredado de sus antepasados.
Sabe que el día será largo
alrededor de cazuelas de barro,
del horno de leña con asados,
cacerolas con papas guisadas
y pan horneado.
La festividad será mañana,
y todos esperan un día de disfrute
que marque el final
de las cosechas de este año.
Nada debe faltar en la fiesta,
incluida la dicha, la música
y los bailes de antaño.
Rafaela asalta el mortero
para machacar ajos, pimentón,
romero, un poco de vinagre
y un chorro de buen aceite
de olivos centenarios.
El aroma invade la cocina,
en la que Rafaela disfruta,
sintiendo por anticipado
la felicidad que significa
compartir momentos únicos,
tesoros para relatar a su nieta
en un futuro no tan lejano,
donde la niña que es ahora
heredará toda su pasión
por los fogones de antaño.
Está oscureciendo.
Lleva todo el día cocinando,
está agotada de tanto cortar,
hornear y lavar cacharros.
Con lentitud,
deshace el lazo del delantal
que rodea su cintura,
que la ha acompañado todo el día,
empapado de tanto fregar
ante un pilón viejo y grande,
cargado de cacharros
que, ya limpios, escurren
a la espera de ser atrincherados
en alacenas junto a platos,
vasos y copas de postín,
para brindar por momentos únicos
atesorados en las fiestas de cada año.
Esas vivencias formarán los recuerdos
como herencia familiar de costumbres
y tradiciones nacidas de esfuerzos,
valores y abrazos largos apretados.
Rafaela se acuesta en su lecho,
sobre un colchón relleno de lana,
imaginando —antes de cerrar sus ojos—
a cada uno de sus familiares y amigos
disfrutar de cada bocado,
entre risas y disfrutes
de bailes al son de panderetas
tocadas con destreza
con cantares centenarios:
«De los cuatro muleros
que van al agua,
el de la mula torda
me roba el alma.
De los cuatro muleros
que van al río,
el de la mula torda
es mi marío…»
¡Un brindis por la cocinera!,
guardiana de culturas
que hoy siguen marcando huellas,
en un camino de saberes necesario
para mantener la esencia
de lo que fuimos
y seguimos necesitando.
Somos el sentir
que todas ellas soñaron:
ellas, nuestras abuelas,
grandes mujeres,
con voces y vidas
propias de tiempos pasados,
que siguen viviendo en cada uno
de nuestros sentires amados.(La letra de la canción que aparece en el poema, fue grabada por primera vez por el gran maestro, Federico García Lorca).
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de Cazuelas de antaño:
1. Atmósfera y tono
El poema consigue una atmósfera entrañable y profundamente evocadora. Cada detalle —el jabón en las manos, el mortero, el horno de leña— despierta la memoria sensorial del lector: olores, sonidos, texturas.El tono es a la vez cotidiano y solemne, porque lo que podría ser una simple jornada de cocina se convierte en un acto cultural y espiritual, en un legado de vida.
2. Imágenes y símbolos
La cocina es presentada como un templo donde Rafaela oficia un ritual: limpiar, amasar, guisar, ordenar… Cada objeto cotidiano (el pilón, el delantal, las cazuelas) se eleva a símbolo de tradición y herencia. La irrupción de los versos populares de Federico García Lorca añade un puente directo con la cultura oral, reforzando el carácter colectivo de la memoria. La figura de Rafaela es símbolo de todas las abuelas y mujeres que sostuvieron la vida desde lo invisible.
3. Estructura y ritmo
El poema se desarrolla en tres movimientos claros.
El inicio: la preparación (limpieza, cultivo, previsión).
El corazón: la cocina como celebración anticipada.
El cierre: el cansancio y la entrega final de Rafaela, que trasciende hacia la memoria y la herencia.Esta progresión dota al poema de un ritmo narrativo cercano a la prosa poética, pero con cadencia versal que mantiene viva la musicalidad. La inclusión del canto popular actúa como clímax emotivo.
4. Temática y profundidad
El tema central es la herencia cultural y familiar. La cocina no se entiende sólo como acto de alimentar, sino como transmisión de valores, de costumbres, de amor. Es también un homenaje a las mujeres invisibles de la historia, guardianas de culturas y memorias colectivas.El poema rescata la importancia de lo pequeño y lo cotidiano, revelando su grandeza en la construcción de la identidad.
Valoración final:
Cazuelas de antaño es un poema que emociona porque transforma la vida diaria en patrimonio espiritual.Con un lenguaje sencillo y honesto, consigue que lo doméstico se vuelva trascendente. La inclusión de la canción popular grabada por Lorca lo enlaza con la memoria cultural colectiva, convirtiéndolo en un canto coral. Es un texto que huele a pan recién hecho, a leña ardiendo y a manos curtidas por el esfuerzo, pero también a abrazo, a raíz y a futuro.
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CREER EN TI
Introducción al poema:
Este poema es una llamada a detenerse en medio del vértigo cotidiano para reencontrarse con la propia esencia. La protagonista del poema reflexiona sobre el valor de crear espacio interior, de cimentar el alma con las emociones vividas y de atreverse a mirar al futuro con confianza. "Creer en ti" es una invitación firme y esperanzada a vivir desde dentro, sin miedo al fracaso, recordando que lo invisible, lo soñado, también nos habita y nutre cada uno de nuestros días.CREER EN TI
¡Ay, vida!
¿Es que no puedes parar parando?
Sintiendo que vives,
sin dar ni un solo paso.
Momentos precisos
para sentarse un rato,
para pensar solo en crear
un pequeño espacio.
Espacio para sentir tu latir,
para sentir tu vivir,
para estar en tu ahora,
en tu aquí,
en tu propio mundo soñado.
¡Hazlo!
Construye con emociones,
cimenta con la inmensidad de lo vivido
sin tener reparos.
Crea tu memoria,
apuntala tu poder frente al infinito,
frente a ese futuro desconocido
que ocupa tu vivir diario.
Ese pellizco en las entrañas
por el devenir del alma
que llora o ríe sin descansos.
Ese miedo eterno a lo que no vemos,
pero pensamos.
Creer en ti,
sin miedo al fracaso.Crítica literaria.
Destaca el uso de imágenes que convierten las emociones en cimientos, la memoria en construcción y el miedo en una experiencia humana que no debe impedirnos avanzar.
La combinación de reflexión filosófica y expresiones cotidianas aporta cercanía y autenticidad a la voz poética.
Su estructura en verso libre acompaña el pensamiento, alternando momentos de introspección con llamadas directas a la acción.El cierre, «Creer en ti, sin miedo al fracaso», sintetiza el mensaje esencial de la composición.
El poema es una invitación a vivir conscientemente, aceptar nuestra vulnerabilidad y descubrir en la experiencia acumulada la fuerza necesaria para seguir adelante.El centro del poema reside en la sinceridad emocional y en su mensaje de confianza personal.
— María, tu poema nos recuerda que detenerse también es una forma de avanzar. -

CORDURA
Introducción al poema:
En momentos de caos colectivo, cuando las certezas se diluyen y la humanidad parece extraviarse, la llamada a la cordura se vuelve un grito urgente.
Este poema surge desde esa necesidad de reencontrar la armonía entre el pensamiento y el alma, de reclamar una conciencia común que devuelva sentido y equilibro a la existencia humana.
Es un diálogo poético con los valores esenciales, una súplica a la esperanza como brújula moral de los tiempos que vendrán.
CORDURA
De incertidumbres,
de sinrazones ocultas.
Mientras tanto,
el mundo se contrae
por el devenir
de falsas venturas.
Cordura,
¿dónde hallar tu mesura?,
tu equilibrio ante la locura.
¿No ves el mundo?
Está al borde
de un precipicio
tan hondo como su negrura.
Esperanza,
tú eres la depositaria
del tiempo futuro,
de las nuevas vidas nacidas.
Ellas sabrán dar sentido
a los seres humanos,
al respeto de la vida
en consonancia
con la tierra que pisamos,
con los seres que la habitan,
con una naturaleza amiga.
Cordura, ¿dónde habitas?
—Habito entre raíces
que nacen de mezcolanzas,
entre mentes y almas
de diferencias marcadas,
por sentires primigenios
de nobles seres humanos,
todos paridos
por una misma entraña,
aquella que no discierne
entre lo alumbrado
desde un útero
que no separaría jamás
por colores, rasgos, creencias
u origen de una única Tierra
que amamanta por igual
a todas sus almas.
Cordura:
aquella que rinde cuentas
y pone nombre a la lápida
con un epitafio que rece:
«Aquí yace la nada.»
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria del poema:
El poema Cordura se articula como una meditación filosófica y moral en tono elegíaco y profético.
Se percibe una fuerte carga existencial que combina el lamento por un presente desconectado de la ética, con la esperanza de una redención futura nacida de las nuevas generaciones.
Desde el punto de vista formal, destaca el uso de una estructura versal libre, con quiebros que permiten enfatizar tanto la reflexión como la carga emocional.
El lenguaje poético es directo, simbólico y comprometido.
Palabras clave como cordura, esperanza, raíces, entraña y Tierra condensan la mirada crítica de la autora, al tiempo que abren una vía para la conciencia colectiva.
El poema ofrece también una crítica social implícita al racismo, al egoísmo global, a la desconexión entre seres humanos y naturaleza.
Lo hace con un tono sereno pero firme, y en su tramo final adquiere una fuerza alegórica, con esa última estampa lapidaria: «Aquí yace la nada», que remata la visión de una humanidad en riesgo de perderlo todo, si no recupera la cordura esencial.
Reflexión final de la autora:
Escribí este poema desde el vértice de una tristeza profunda, pero también desde la convicción de que aún queda una semilla de cordura en el alma colectiva.
La esperanza no es una ilusión vacía, sino una decisión activa de quienes creen en la igualdad, en el valor de la vida compartida y en el respeto hacia esta Tierra que nos acoge a todos sin distinción.
La poesía, a veces, sólo intenta recordarnos lo que nunca deberíamos olvidar. -

Y SE OLVIDÓ
Introducción al poema:
Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.
Y SE OLVIDÓ
Sintió la piel erizada,
algo se quebró en su interior;
su mente quedó sin razones,
sin recordar su nombre
ni conocer aquel salón.
No sabe qué hace ante ese libro
de tapas desgastadas,
por el devenir de la vida,
por olvidos al sol.
No puede recordar,
saber de esos cuerpos sin caras,
sintiendo la nada a su alrededor.
Se sentó al borde de un sillón,
arrastrando sus pasos,
con sus ojos fijos en un libro
que alguien abandonó.
Poco a poco,
una sensación empezó a fluir,
anegando su mente de recuerdos
que le devolvieron la razón,
su hogar, su gente,
su propio corazón.
Tomó el libro de tapas desgastadas
que guardaba su ser, su pasión,
y se marchó,
sintiendo que la luz al despertar
extendería mantos de ocres y verdes
bajo un cielo con dulces de algodón.
Volvería,
volvería para acariciar
las tapas de ese libro,
en el que, entre sus páginas,
escondió mil recuerdos
de amor y desamor,
mil sentires vividos
pese a desmemorias
de equipajes cargados de ilusión.
La tomó de la mano
un mal de nombre Alzheimer,
y se olvidó...
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.
Y SE OLVIDÓ es un abrazo cargado de afecto y amor. -

PLANETA TIERRA
Introducción:
En este poema, María Bueno alza una voz de profunda conciencia y ternura hacia el planeta que nos sostiene. PLANETA TIERRA es un diálogo íntimo y doliente entre la autora y la Tierra misma, concebida como una madre herida por la indiferencia y el egoísmo humano.
La poeta, desde la sensibilidad de quien observa con amor y respeto la naturaleza, se interroga por la devastación, la pérdida y el sufrimiento de un mundo que agoniza bajo el peso de la inconsciencia colectiva.
A través de un tono elegíaco y reflexivo, María transforma el lamento en un llamado a la responsabilidad: nos recuerda que la Tierra no es solo un espacio que habitamos, sino un ser vivo con voz y sentir propio. Su palabra poética se convierte así en eco de una plegaria y en advertencia: si seguimos ignorando su dolor, nos alejaremos también de nuestra propia esencia. PLANETA TIERRA es, en definitiva, una súplica poética por la reconciliación entre la humanidad y su hogar primordial.
PLANETA TIERRA
Tierra,
¿por qué me hablas así?
Te revuelves y te quiebras
cuando poso mi piel sobre ti.
¡Ay, Tierra!,
¿qué hicimos de ti?,
¿qué hicimos para dañarte así,
sin ver ni sentir
tu propio vivir?
Madre Tierra,
tu grandeza es indomable,
tu belleza, incalculable,
tu generosidad, infinita;
callado es tu sufrir.
Siento tu dolor
cuando miro tu rostro
y veo la desesperación
de un planeta esquilmado
por la devastación:
de tus grandes bosques,
de tus océanos,
de tu cielo azul,
de las terribles guerras,
de barbaries y muertes,
de tanto y tanto horror.
Tierra,
cuánto sufrimos
al alejarnos de ti,
al ignorar que tienes
una vida por vivir.
El hacer maldito
nos envilece ante ti.
Tierra madre,
Tierra amiga,
cuídate de nuestro existir,
de nuestro vivir sin ti.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
En PLANETA TIERRA, la autora logra una simbiosis poética entre la emoción humana y la voz de la naturaleza. El poema se construye como una conversación íntima entre la autora y la Tierra, a la que interpela con tono maternal, casi reverente, desde una conciencia dolida por la pérdida del equilibrio natural. La elección del apóstrofe —“Tierra, ¿por qué me hablas así?”— abre un diálogo espiritual que trasciende lo físico y coloca al lector frente a la responsabilidad ética del daño causado al planeta.
El ritmo pausado y la sencillez expresiva potencian la hondura del mensaje. Cada verso fluye con una cadencia que invita a la reflexión, sin artificios ni retórica vacía.María utiliza repeticiones afectivas (“Tierra”, “Madre Tierra”) como recurso para acentuar la cercanía emocional y la súplica.
La musicalidad del poema —suavemente doliente— sostiene un tono elegíaco que envuelve al lector en un sentimiento de culpa compartida, pero también de esperanza redentora.
Desde el punto de vista simbólico, el poema representa el grito silencioso de la naturaleza y la llamada urgente a un despertar de la conciencia humana.Su belleza reside en la pureza del sentir, en la palabra honesta que no busca adornarse, sino conmover y despertar. PLANETA TIERRA es, en definitiva, un canto de amor y arrepentimiento que devuelve a la poesía su función esencial: recordar al ser humano su pertenencia a la vida que destruye y, aún, puede salvar.
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QUÉ LES QUEDARÁ CUANDO YA NO ESTEMOS
El odio, la maldad y las múltiples formas de violencia ejercidas contra nuestros semejantes están configurando un escenario cada vez más inquietante.
Un escenario donde se crean las condiciones necesarias para que nadie pueda sentirse verdaderamente amparado frente a una maldad que parece haberse construido para destruir vidas, desintegrar familias y quebrar los principios más esenciales de nuestra humanidad.
Cuando la violencia deja de ser un hecho aislado y comienza a formar parte de la normalidad, el miedo ocupa el lugar de la confianza, la indiferencia desplaza a la solidaridad y la dignidad humana se convierte en una de sus principales víctimas.
Defender la humanidad exige algo más que condenar el odio.Exige recuperar la empatía, la justicia y el compromiso con el otro, porque solo así podremos impedir que la maldad encuentre el terreno fértil que necesita para seguir creciendo.
la inteligencia, por sí sola, nunca hará mejor al mundo. Lo que lo transforma es la conciencia con la que esa inteligencia humana se utiliza.
Esa es una responsabilidad profundamente pegada a nuestro sentir y vivir, y también nuestra mayor esperanza para cuidar un mundo de todos.
Quizá la mayor herencia que una generación puede dejar a la siguiente no sea la riqueza, el conocimiento o el progreso tecnológico.
La verdadera herencia es el modo en que enseñamos a respetar a los demás y cuidar nuestro mundo.
¿Qué quedará para nuestros niños y niñas cuando ya no estemos?
María Bueno.
(Imagen generada digitalmente).
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DESGARRADA
Introducción al poema:
Hay dolores que no gritan, pero desgarran por dentro.
Desgarrada nace de la ausencia que no se marcha, de la presencia que persiste adherida al cuerpo y a la memoria.
Este poema no habla de la pérdida como vacío definitivo, sino como una forma distinta de permanencia: la del ser amado que continúa caminando dentro de quien se queda. Aquí, el duelo no borra, sino que fija; no mata, sino que transforma el amor en esencia cotidiana.
DESGARRADA
Te quedas conmigo,
mis manos te abrazan
con infinitos sentidos
que me desgarran.
Es tan fuerte el dolor
que sólo siento la nada,
ese vacío
de entrañas destrozadas.
Sólo necesito silencio,
abrazos sin palabras,
llorar
hasta secar mi alma.
El mapa de mi memoria
es un fiel reflejo
de tu mirada.
Tu existir se queda conmigo,
siendo la sombra amada
de cada una de mis pisadas.
El camino es una senda
de muertes anunciadas
que no borrarán
tu vivir en mí:
tus hermosas palabras,
tus benditos abrazos,
tu sonrisa marcada.
No te has ido,
no es la nada.
Eres la esencia
que seguirá pegada
al resto
de mis madrugadas.
© María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Desgarrada es un poema de duelo íntimo y honesto, construido desde una emoción desnuda que rehúye el artificio.
Su mayor fortaleza reside en la contención, no precisa de grandes metáforas ni de imágenes grandilocuentes para transmitir el dolor; le basta la palabra justa, repetida con un ritmo lento y respirado, casi confesional.
El cierre del poema es uno de sus aciertos mayores: niega la nada y afirma la esencia.
No hay olvido, no hay ruptura definitiva, sólo una forma nueva de compañía.
El tono final, sereno y firme, eleva el poema desde el dolor hacia una verdad profunda: el amor verdadero no se va, se queda adherido a la vida que continúa.
Es un texto sobrio, maduro y profundamente humano, donde el desgarro no destruye, sino que da testimonio de lo vivido y amado.