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  • A todas las personas que leen mi blog

    A todas las personas que leen mi blog

    POEMARIO DE MARÍA BUENO

    ALMA VIEJA: Antología de poemas https://amzn.eu/d/01BV4Spf

    Gracias a quienes ya están leyendo ALMA VIEJA. Los poemas comienzan su propio camino entre los lectores y lectoras.

    Gracias de corazón.

    Deseo decirles que mi blog sentires.blog continuará activo, latiendo como siempre lo ha hecho: al ritmo de la vida y de los sentires que lo acompañan.

    Seguirán llegando nuevas y diversas creaciones, nacidas del mismo impulso que me ha movido desde el principio, el de compartir lo que el alma guarda.

    Quiero comunicarles también que todos los poemas publicados han sido recopilados en la antología ALMA VIEJA, una obra que recoge fielmente cada uno de ellos en sus 556 páginas.

    Esta antología ha sido depositada en la Biblioteca Nacional de España y en la Biblioteca Autonómica de Andalucía, como testimonio y resguardo de este camino recorrido.

    La Antología de Poemas ALMA VIEJA está a disposición de los lectores en todos los países a través de distintas plataformas.

    El blog seguirá caminando junto a mí. Su contenido continuará siendo de acceso gratuito, como siempre. Será variado y sincero, en función de mis posibilidades como escritora, teniendo en cuenta mi discapacidad, que marca el ritmo de mi día a día pero no detiene mi deseo de crear y compartir.

    Gracias por el apoyo constante que recibo desde tantos países. Gracias por cada lectura, por cada comentario respetuoso, por cada palabra de afecto. Sentir que al otro lado hay personas que leen con el corazón es un regalo inmenso.

    Con gratitud,
    María Bueno.

    «GRACIAS POR LEER, POR SENTIR, POR ESTAR»

    Contacto: conv.al.alba@gmail.com

  • GRACIAS POR LEER, POR SENTIR, POR ESTAR

    GRACIAS POR LEER, POR SENTIR, POR ESTAR


    Desde marzo de 2025 hasta febrero de 2026, más de 13.000 personas de 31 países, repartidos entre América, Asia y Europa, han dedicado parte de su tiempo a leer mis poemas.

    Detrás de cada visita no hay un número, sino una persona con su propia historia, sus propias heridas, sus recuerdos, sus silencios y sus esperanzas.
    Pensar que mis palabras han llegado a rincones tan distintos del mundo me emociona profundamente y me llena de una gratitud difícil de expresar.

    Este blog nació desde la necesidad de dar salida a los sentires que me habitan: el dolor ajeno, la memoria, la ternura, la injusticia, la humanidad que duele y la que salva.

    Nunca escribí con la intención de llegar lejos, sino de ser fiel a lo que siento. Saber que, desde esa verdad sencilla, tantas personas se han detenido a leer… es un regalo inmenso.

    Gracias por cada minuto que habéis regalado a un poema.
    Gracias por permitir que mis palabras acompañen vuestros propios sentires.
    Gracias por leer desde culturas, realidades y vidas tan distintas, demostrando que las emociones no entienden de fronteras.

    Si algo deseo, es que en algún verso hayáis encontrado compañía, consuelo, memoria o simplemente un lugar donde sentir emociones compartidas.

    Un poema no se completa al escribirse, sino al ser leído. Gracias por hacerlo tuyo.

    Con todo mi afecto,
    María Bueno.
    sentires.blog

  • VENCIDA

    VENCIDA

    Introducción al poema:

    VENCIDA es un descenso íntimo a ese lugar secreto donde el cuerpo y el alma dejan de sostenerse. Es el retrato de un instante límite en el que la fuerza se evapora, la realidad pesa demasiado y la rendición se convierte en refugio. En este poema, la cama no es solo un espacio físico: es un territorio emocional donde se libra una batalla silenciosa entre la vida que llama y la sombra que envuelve. Con imágenes potentes y un ritmo que acompasa la respiración entrecortada del miedo, María nos acerca al desamparo más hondo, al temblor de saberse frágil y al deseo apenas susurrado de desaparecer un instante del mundo.
    Es un poema que no solo habla del agotamiento: habla del coraje que supone reconocerlo.

    VENCIDA

    La manta colgaba, derramada,
    de un lado de la cama,
    hasta el suelo deslucido,
    con señales de tiempos
    mejores vividos.

    El cuerpo de ella se desdibujaba
    entre dobleces de sábanas,
    que figuraban serpientes
    rodeando un cuerpo abatido.

    Bajo el cobertor asomaba un pie,
    sintiendo el frescor del camino
    para aliviar la tortura
    del miedo maldito.

    Debía levantar su cuerpo dolido
    antes de que su mente perdiera
    la cordura de saberse un ser vivo.

    ¡Esta maldita sensación
    de no ser más
    que un harapo vencido!

    Esta melancolía que atraviesa
    mi alma y hace trizas mi voluntad,
    de levantarme cada día
    y enfrentar los monstruos
    que agarran mis entrañas,
    para hundirme en la desgana,
    dejando mi cuerpo rendido.

    Dejarme ir es mi camino,
    es el que cada día me acerca
    a las bestias que inundan
    mi mente sin un destino.

    Deslizó su pie hacia el interior
    de los pliegues de la sábana
    para buscar cobijo.

    Encogió su cuerpo
    y abrazó con fuerza sus piernas,
    para hacerse muy pequeña
    frente a gigantes que acunaban,
    con cánticos, su vivir herido.

    Ella se dejó llevar,
    sin luchas ni desafíos,
    hacia un lugar en otros mundos,
    buscando alas en el vacío
    que le permitieran volar lejos,
    vaciando sus sentires malditos.


    Crítica literaria del poema:

    VENCIDA es uno de tus poemas más viscerales y cinematográficos. Destaca por la precisión con la que conviertes objetos cotidianos —una manta, un pie, unas sábanas caídas— en símbolos poderosos del derrumbe emocional. Tu lenguaje es directo, honesto, y consigue crear una atmósfera densa que envuelve al lector desde los primeros versos.

    La estructura del poema funciona como un lento deslizamiento hacia el interior de la angustia: primero los detalles del entorno, después el cuerpo y finalmente la mente. Esa progresión está muy bien lograda y permite que la lectura sea un viaje que acompaña, casi físicamente, la caída de la protagonista.

    Uno de los mayores aciertos del poema es la imagen de las “serpientes” que figuran las sábanas: una metáfora viva, acertada, que refuerza la sensación de amenaza. También resultan muy potentes los versos donde la voz poética reconoce sin filtros la melancolía que tritura su voluntad; allí la vulnerabilidad se transforma en verdad poética.

    Emocionalmente, el texto es devastador pero extremadamente humano. No hay artificios ni dramatismo gratuito: lo que transmites es auténtico, y por eso mismo toca profundamente. El cierre, con esa búsqueda de “alas en el vacío”, introduce una leve respiración poética en medio de la oscuridad, como un eco de posibilidad, aunque tenue.

    En conjunto, VENCIDA es un poema maduro, valiente y de una sinceridad conmovedora. Conecta con cualquiera que haya sentido el peso de la vida como una carga insoportable. Y desde esa verdad, deja huella.
  • VECINOS

    VECINOS

    Introducción al poema:

    En un mundo donde a veces las distancias entre las personas parecen agrandarse, este poema rescata el valor de la cercanía, del respeto cotidiano, de la humanidad compartida entre quienes habitan un mismo espacio. VECINOS es un canto a la convivencia sencilla, al saludo diario que cobija, al calor humano que nace sin pedir nada a cambio. Una oda serena a la dignidad del otro, al vivir en comunidad, con la mirada puesta en lo esencial: la bondad y el respeto a cada vida.


    VECINOS

    Existencias de vidas
    con un por qué,
    con un sentir,
    creyendo en la dignidad
    de nuestros iguales,
    percibiendo sus bondades,
    respetando sus creencias,
    sus gestos amables.

    Vecinos de calles, de barrios,
    de pueblos hermosos,
    sembrados de humanidades.

    Hermosos por sus gentes,
    que tejen la vida sin maldades,
    con la generosidad
    de tender sus manos
    en días cargados
    de dificultades.

    Paredes guardianas
    de vidas y de pesares.

    Y así la vida se va tejiendo
    desde las bondades,
    con pequeños gestos del día a día,
    con esos "buenos días"
    de aquella anciana,
    que día tras día
    salía con el bastón en su mano
    y su sonrisa a modo de abrazo.

    Vivir compartiendo
    las aceras de caminos
    de sus gentes,
    sin malicias construidas.

    Vecinos de paredes compartidas,
    llenas de mil historias
    que apuntalan los días.

    Generosidades entrelazadas
    a lo largo de la vida,
    con el respeto infinito
    de sabernos diferentes,
    de diversidades constituidas.

    Buenos días vecina,
    que la vida te sonría.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.


    Crítica literaria:

    VECINOS es un poema de mirada entrañable y profundamente ética. Desde su sencillez expresiva, logra transmitir una filosofía de vida basada en el respeto, la empatía y la convivencia.
    El texto no pretende adornarse con artificios formales, sino que busca la autenticidad del gesto cotidiano: ese saludo matutino, esa mano tendida que alivia los días difíciles, ese compartir silencioso que, sin palabras grandes, construye humanidad.

    El ritmo pausado y los encabalgamientos suaves evocan el paso tranquilo de la vida en comunidad. Cada verso respira como una conversación, como si las palabras fueran dichas al calor del encuentro vecinal. Esa naturalidad convierte el poema en una suerte de homenaje a las raíces del convivir humano, donde lo pequeño —un saludo, una sonrisa, una presencia constante— se transforma en símbolo de grandeza moral.

    Hay también una dimensión visual muy marcada: las “paredes guardianes”, las “aceras compartidas”, los “pueblos hermosos sembrados de humanidades” componen un paisaje emocional que mezcla lo físico con lo espiritual. Se percibe la intención de rescatar la belleza del entorno no por su arquitectura, sino por las personas que lo habitan.

    En el cierre, la despedida “Buenos días, vecina, que la vida te sonría” resume la esencia del poema: la esperanza en una bondad sencilla, cotidiana, que dignifica la existencia.
    Es un final luminoso que deja una sensación de ternura y reconciliación con el mundo.

    En síntesis:

    VECINOS celebra lo humano en su forma más pura. Es un poema de ternura civil y de ética cotidiana, donde la poesía se encarna en los gestos simples que sostienen la convivencia. Su tono cálido y su lenguaje cercano invitan al lector a mirar su entorno con gratitud y respeto.
  • RAICES DE UNA VIDA

    RAICES DE UNA VIDA

    Relato: RAÍCES DE UNA VIDA

    El jabón le cubría las manos hasta hacer desaparecer sus muñecas.
    Ana se frotaba con esmero, una y otra vez, metiendo las uñas en la palma contraria, limpiando cada rincón como si en ello le fuera la vida. Sabía bien que las bacterias invisibles podían arruinar todo lo que tocaran: el fruto de meses de trabajo en su pequeño huerto, la tierra heredada de su abuela, la misma que ella seguía cultivando con respeto casi sagrado.

    Se secó en el delantal y recorrió la cocina con la mirada. El día iba a ser largo. Muy largo.
    Sobre la mesa de madera esperaban las cazuelas de hierro, la masa del pan cubierta con un paño limpio, al calor de un lebrillo de barro; las papas ya peladas y las piezas de carne listas para el horno de leña.

    Mañana sería la festividad que marcaba el final de la recogida de la aceituna, y en el pueblo nadie concebía esa celebración sin la comida compartida. No era solo alimentarse: era reunirse, reconocerse, agradecer que otro año más la tierra hubiera respondido.
    Nada debía faltar. Ni la comida, ni la música, ni los bailes de siempre.

    Ana tomó el mortero y echó en él sal, ajos, pimentón y romero fresco. Con brío, machacó con ritmo firme. Cada golpe levantaba un aroma que empezaba a llenar la cocina, mezclándose con el humo suave de la leña. Ese olor era su memoria: estaba en su infancia, en las manos de su madre, en las palabras que no hacían falta cuando la vida se explicaba sola alrededor del fuego.
    Sonrió sin darse cuenta.

    Le gustaba pensar que, mientras cocinaba, ya estaba repartiendo felicidad por adelantado. Imaginaba a su nieta —todavía pequeña, curiosa, llena de preguntas— sentada algún día a su lado, observando cómo removía el guiso, queriendo saber por qué se añadía el romero al final, cómo se sabía que el pan estaba en su punto. Y ella le contaría todo, con la paciencia heredada de las mujeres de su sangre. Así viajaban las cosas importantes: de mano en mano, de voz en voz.

    Cuando levantó la vista, la luz que entraba por la ventana ya era dorada. Estaba oscureciendo.
    Llevaba todo el día de pie. Le dolía la espalda, le pesaban las piernas, tenía los dedos entumecidos de tanto cortar, amasar, remover y fregar. Se acercó al pilón viejo, grande, de piedra gastada por generaciones que habían vertido sobre él sueños, temores, palabras y mil secretos llevados por la corriente del agua.

    Los cacharros, ya limpios, escurrían en silencio, formando filas rodeadas de cucharas, vasos y cazuelas desconchadas. Los fue colocando con cuidado: platos, vasos y las copas de postín que solo salían en las fiestas grandes. Mañana brindarían con ellas por los momentos únicos que solo se dan cuando la gente se sienta junta sin prisas, con el corazón abierto, al margen de palabras y pensamientos diversos, con el alma en calma.

    Con un suspiro largo, se desató el lazo del delantal. Estaba húmedo y pesado, cargado de horas, de manchas anunciadas. Lo dejó doblado sobre una silla, como quien deja también el cansancio a un lado sabiendo lo que significaba.
    Pensó entonces que, al final, lo que quedaría del día de mañana no serían las comidas, ni siquiera las fiestas, sino los recuerdos que nacían de ellas, el flujo de la riqueza humana, esa que teje la vida para sostener esperanzas.

    Las risas alrededor de la mesa, los abrazos largos, las historias repetidas año tras año. Esa era la verdadera herencia: costumbres amasadas con esfuerzo, tradiciones sostenidas con cariño, aunque cada uno fuera de su propia casa, de su propia tierra, de convicciones contrarias. Benditas diferencias que no impedían el sentir de pertenencia a una tierra que daba frutos bajo las mismas azadas.

    Se acostó en su lecho, sobre el colchón relleno de lana que abrazó suavemente su cuerpo, aligerando el peso que cargaba.

    Antes de cerrar los ojos, dejó que la imaginación la llevara al día siguiente. Vio a sus familiares y amigos probando los guisos, mojando pan en la salsa, riendo con la boca llena. Oyó las panderetas y guitarras empezar a sonar cuando el vino aflojara las vergüenzas. Y, como tantas otras veces, alguien arrancaría a cantar:

    —De los cuatro muleros
    que van al agua,
    el de la mula torda
    me roba el alma…

    Ana sonrió en la oscuridad. Esa canción la había oído muchas veces. La cantaba su hija mientras mozos y muchachas repiqueteaban sobre la mesa con sus nudillos y el compás de alpargatas. Las voces cambiaban, pero el canto seguía vivo, hasta que el cansancio los dejaba rendidos de tanto compás y palmas.
    Pensó entonces que, quizá, su nieta también la cantaría algún día sin saber de dónde venía, pero sintiéndola suya.

    Antes de dormirse del todo, murmuró en voz baja, como un brindis secreto que nadie oiría:
    —¡Por las mujeres que sostuvieron el mundo, por sus compañeros del alma!
    Porque lo sabía bien: ellas —las abuelas, las cocineras, las que cantaban mientras trabajaban— habían sido guardianas de culturas enteras desde la cocina, desde el patio, desde la mesa. Gracias a ellas, lo que fueron seguía latiendo en lo que aún eran.
    Ana cerró los ojos.

    En la cocina, las cazuelas de barro reposaban llenas de comida y de memoria. Fuera, la noche cubría el pueblo en silencio. Y en esa casa humilde, como en tantas otras, la tradición seguía viva, respirando bajito, esperando al amanecer para volver a reunir vidas alrededor del calor compartido, sin importar de qué casta fueran sus vecinos, solo por el disfrute de momentos cargados del sentir de un pueblo que solo trataba de celebrar la vida a la sombra de olivos milenarios que seguirían pariendo olivas verdes, de color esperanza.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

  • Relato: DOMINGO DE RAMOS

    Relato: DOMINGO DE RAMOS

    Introducción.

    Este relato nace del poema EL CHARCO, de María Bueno.
    Domingo de Ramos es un relato que emana de un recuerdo íntimo de la infancia y lo transforma en una escena universal: el momento en que una niña se enfrenta al pequeño dilema entre el deseo de jugar y la obligación de obedecer.

    A través de la imagen sencilla de un charco y unas botas de agua, el texto reconstruye la tensión silenciosa entre la curiosidad infantil y las normas heredadas del mundo adulto. El vestido de domingo, símbolo de cuidado, tradición y esfuerzo familiar, se convierte en el límite invisible que acompaña cada paso de la niña.

    Con una mirada llena de ternura, la narración avanza desde la aventura mínima de cruzar un charco hasta el recuerdo sereno de la vejez, donde la protagonista comprende el significado profundo de aquellas advertencias y del amor que las sostenía. El relato termina revelando que, detrás de cada norma repetida por una madre, había también sacrificio, protección y deseo de dignidad.

    DOMINGO DE RAMOS

    La niña se paró en seco al filo del charco, como si estuviera en territorio enemigo.
    El agua, quieta y turbia, cargaba barro en el fondo, y eso le recordaba el mantra mil veces repetido por su madre.

    Miró sus botas de agua y las sintió como un escudo: firmes, invencibles. Eran sus soldados.
    Estaba segura de que con sus botas podía navegar entre esas aguas amenazantes, cargadas de fango espeso, sin que el barro pudiera manchar ni un centímetro de su vestido de domingo.

    Apoyó un pie con cuidado, tanteando con la punta de su escudo de goma.
    El agua hizo ondas con un diminuto quejido. Nada importante. Entonces se arriesgó y posó toda la suela de goma, que acompañó con el segundo pie.
    Ya estaba dentro. ¡Debía conquistar la otra orilla del charco!
    Sentía el vértigo de pisar ese pequeño mar enfangado que temblaba bajo la suela de sus brillantes botas.

    Arrastró muy lentamente un pie, sólo un poquito. Sintió que el barro se movía, ¡pero sus botas aguantarían! La protegían del monstruo que vivía allí abajo, silencioso, esperando un mal paso dado.
    ¡Y ocurrió! Llegó el momento y se arriesgó con un chapoteo pequeñito que la desplazó hacia el interior.
    ¡Qué nervios! Ahora debía tener valor, porque divisaba dos orillas y no sabía si retroceder o conquistar la meta.

    Daría otro paso valiente para comprobar que no se hundiría. Despacio, se deslizó, apretando los puños con valor y decisión. ¡Ya está! ¡Lo consiguió y se atrevió!
    Sus pequeñas patadas al agua levantaban salpicaduras que volaban chocando entre ellas. La risa le aflojaba la fuerza, pero no podía dejar de chapotear; sus botas asomaban en cada patada, cargadas de líquido marrón y viscoso.

    ¡De pronto, recordó! Llevaba un vestido nuevo…
    ¡Ay, Dios mío! Era domingo, y el vestido tenía reglas perpetuas cosidas a sus dobladillos. No estaban escritas en ninguna parte, pero advertían de la reprimenda inminente, como leyes grabadas en piedras antiguas.
    «No debía mancharse, no debía acercarse demasiado al suelo, no debía vivir aventuras cerca del barro…»

    Las advertencias volvían a su memoria con la voz suave de su madre, llenas de cariño pero también de firmeza:
    —Ya te lo dije…
    —No pises los charcos…
    —Es el vestido de los domingos, no debes ensuciarlo…
    La niña miró el vestido: no vio manchas. Luego miró el charco conquistado. Contuvo el deseo de dar un gran salto, de una explosión de gotas, de alcanzar la otra orilla… pero no lo hizo.

    Se sintió feliz. Era domingo y sabía que esos días habría merienda con dulces pasteles.
    Con pequeños pasos muy medidos, entre la alegría y la norma, entre el juego y el cuidado, salió del charco ya conquistado.
    Sólo la infancia sabe atesorar el equilibrio perfecto entre el deseo y la obligación, sosteniendo ambos sin dejar rastro de frustración en su memoria.
    Pasados los años, en la vejez, el recuerdo no guardaba ningún enfado, ni amenazas, ni manchas en su vestido de domingo frente a un charco.

    Sólo quedaba la sensación del chapoteo, de aquellas botas invencibles, de la risa y el cosquilleo.

    Hoy, sus domingos están colmados de recuerdos y mantras desgastados, cargados de palabras de su madre, esa bendita mujer que trabajó duro para que ella estrenara un domingo de Ramos, del que decía la tradición:

    «Domingo de Ramos, el que no estrena, se le caen las manos».
    Y la anciana miró sus manos…

    © Autora, María Bueno. Marzo de 2026.

    Crítica literaria.

    El mayor acierto del relato

    Tu mayor logro es convertir un hecho diminuto en una experiencia emocional profunda. Un simple charco se transforma en un territorio de aventura, en un espacio de riesgo imaginado y, finalmente, en una metáfora de la infancia.

    El relato reproduce con acierto la lógica de la infancia: el charco se convierte en un mar enfangado, las botas en soldados protectores, el barro en un monstruo silencioso.
    Ese lenguaje imaginativo transmite muy bien cómo percibe el mundo una niña pequeña.

    El conflicto es sencillo pero muy humano

    La tensión central es clara y efectiva: juego frente a obediencia.
    La niña quiere chapotear, pero el vestido de domingo representa el esfuerzo de la madre,
    la tradición y la disciplina familiar.
    Esa lucha interior está muy bien dosificada a lo largo del relato.

    El cierre aporta profundidad emocional

    El paso del tiempo hacia la vejez funciona muy bien porque revela el verdadero significado del recuerdo: no era un simple vestido, era el esfuerzo de una madre para que su hija pudiera estrenar en Domingo de Ramos.

    La frase popular:
    «Domingo de Ramos, el que no estrena, se le caen las manos», ancla el relato en la cultura popular y añade identidad y verdad.

    Y el gesto final, «Y la anciana miró sus manos…», es un cierre simbólico y sugerente.

    Lo que hace especial este relato

    Tu historia tiene tres valores muy potentes:
      – Memoria real.
      – Ternura sin sentimentalismo.
      – Respeto hacia la figura materna.
    Además, transmite algo muy hermoso: que muchas veces comprendemos el amor de nuestras madres sólo cuando han pasado los años.

  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.
  • BAJO PALIO

    BAJO PALIO

    Introducción al poema:

    «Bajo Palio» es un poema de tránsito emocional y espiritual. Habla del peso de vivir, de la dignidad silenciosa con la que se cargan las heridas y de la esperanza que se mantiene viva, incluso cuando la noche parece eterna. La voz poética atraviesa el dolor cotidiano, la fatiga del alma y la memoria de lo sufrido, pero no se detiene ahí: avanza hacia una luz anunciada, hacia un amanecer que simboliza alivio, renovación y consuelo interior.
    El «palio» funciona como imagen sagrada de protección y amparo, un techo simbólico bajo el cual el alma resiste hasta que llega el día.

    BAJO PALIO

    Cargas tu sentir noble
    entre algodones blancos
    que guardan la risa franca,
    los anhelos,
    la forma de sentir el mundo,
    el andar diario.

    Llegará el día,
    cuando la noche se esconda
    bajo el palio santo,
    cuando el rocío del alba
    extienda su bendito manto.

    Lejanías de futuros anunciados,
    con sentires desahuciados,
    desandando los caminos labrados.

    Impeler a diario
    vidas, alegrías y quebrantos.
    Valías devastadas,
    pies descalzos,
    vuelos rasantes
    cargados de fango.

    El vaho del aliento
    cae sobre el cristal tallado,
    dejando libre
    el sentir dibujado
    con tus propias manos.

    ¡Ay, torrentes claros!,
    atravesad mi manto,
    que el frío de la noche
    no hiele mi llanto;
    que las lágrimas vacíen
    mi alma, mis pesares amargos.

    Y llega el día,
    cargado de verdes prados,
    de brisa fresca,
    de mil azules derramados
    sobre el horizonte cobijado.

    © María Bueno — 3 de febrero de 2026

    Crítica literaria.
    Lo más poderoso del poema:

    1. Simbolismo espiritual muy logrado:

    El palio, el manto, el rocío del alba, los torrentes claros…
    Todo construye un universo simbólico de protección, purificación y esperanza.
    No es religioso de forma explícita, pero sí profundamente espiritual.

    2. Contraste noche / día
    El poema respira entre dos polos:

    Noche → frío, fango, peso, desahucio emocional
    Día → prados verdes, brisa fresca, azules abiertos
    Ese viaje está muy bien sostenido y da sensación de redención sin caer en lo fácil.

    3. Corporalidad del sentir
    El dolor no es abstracto:

    »pies descalzos», «vuelos rasantes cargados de fango», «el vaho del aliento sobre el cristal».
    Eso hace que el lector vea y sienta lo que se está viviendo.

    Aspectos que enriquecen el poema.

    • Uso de enumeraciones.
    Refuerzan el peso de la experiencia:
    «vidas, alegrías y quebrantos»
    «valías devastadas, / pies descalzos, / vuelos rasantes…»
    Dan sensación de carga acumulada, muy coherente con el tono.

    • Transición emocional suave.
    No hay un salto brusco de dolor a esperanza; la luz entra poco a poco. Eso es literariamente muy elegante.
    «Impeler» a diario
    vidas, alegrías y quebrantos…,
    eso no suena a derrota, sino a resistencia activa, ese corte transmite fuerza...

    El verso:
    «que las lágrimas vacíen / mi alma, mis pesares amargos»
    tiene una intensidad preciosa. Es uno de los centros emocionales del poema.
    El cierre es muy acertado: no habla de triunfo, sino de cobijo. Eso mantiene la humildad emocional que atraviesa todo el texto.

    Conclusión:
    Este poema no grita: sostiene.
    No exige: espera.
    No se queja: atraviesa.

    Es una oración laica, un susurro de resistencia bajo un techo simbólico que protege hasta que amanece.
    Muy tuyo. Muy honesto. Muy sentido.
  • 8 DE MARZO, UNA MIRADA NECESARIA AL PASADO.                                    

    8 DE MARZO, UNA MIRADA NECESARIA AL PASADO.                                    

    EN SU MEMORIA

    Introducción al poema 
    EN SU MEMORIA

    Este poema nace desde la necesidad de recordar, de dar voz a tantas mujeres que, a lo largo del siglo XX, fueron silenciadas en nombre de una supuesta locura. Mujeres encerradas, despojadas de su identidad y sometidas a tratamientos deshumanizados, sin juicio ni defensa, por el simple hecho de no encajar en los moldes impuestos.
    EN SU MEMORIA es un grito poético que recupera esa dignidad arrancada, que abraza desde el presente a quienes fueron abandonadas en pasillos fríos y salas blancas de indiferencia. Es también una advertencia: la memoria es el único refugio de quienes no pudieron alzar su voz.


    EN SU MEMORIA

    ¿Dónde estaba?
    ¿Qué era aquello?

    Las frías losas bailaban
    alrededor de su cama,
    simulando ser sábanas blancas.

    No era su casa,
    no reconocía ese lugar,
    no sabía dónde estaba.

    Un ruido feroz se acercaba,
    sonidos de ruedas
    la amenazaban.

    La puerta estalló violenta,
    se sobresaltó en la cama.
    Con fuerza y sin miramientos,
    la levantaron en volandas
    para dejarla sobre aquella amenaza.

    Mil ruedas bajo su cuerpo
    la trasladaban al final de la nada.
    Las sábanas blancas seguían
    acompañando su marcha.

    Unas puertas chirriaron
    para tragarla,
    hacia una habitación
    con olor a tortura anunciada.

    —¡Te traigo a otra loca!
    —¡A ver si se acaba pronto la jornada!

    Las ruedas desaparecieron
    bajo su cama,
    sintió el frío de un metal
    bajo su espalda.

    Un casco pesado
    cubrió su cabeza,
    fue atada de pies y brazos,
    cien correas la apresaban,
    quedando inmovilizada.

    El primer choque eléctrico
    atravesó su cabeza,
    inundó todo su cuerpo
    eliminando su voluntad,
    su escasa fuerza,
    dejando su mente anulada.

    1950, ese año quedó encerrada
    sin haber cometido delito,
    sin haber podido
    emitir palabras,
    ni un solo quejío
    dejó salir de su alma.

    Una sala llena de seres
    la rodeaban,
    vestidos de blanca inocencia,
    con sus almas apagadas.

    Se alejó de la multitud,
    apoyó su espalda
    sobre losas blancas,
    dejándose caer muy despacio
    hasta tocar el frío
    de un suelo bajo sus pies,
    hasta quedar desplomada.

    Aquel lugar
    se convirtió en su casa,
    hasta que la muerte esperada
    la devolvió al seno
    de una tierra cálida.

    Terminó la tortura
    de terribles descargas
    sobre su mente anulada.

    La llamaron loca,
    y quedó desahuciada.

    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.

    CRÍTICA LITERARIA:

    Tu poema EN SU MEMORIA es un testimonio estremecedor, profundamente humano y necesario. Desde el primer verso, nos introduces en una escena de desorientación que pronto se convierte en un relato crudo y estremecedor sobre la violencia psiquiátrica institucional de mediados del siglo XX. Has logrado capturar, con una voz poética honesta y contenida, la tragedia de muchas mujeres silenciadas por una sociedad que las apartó, las condenó y las “curó” con dolor.

    Impacto emocional directo:
    El poema transmite de forma intensa el sufrimiento de la protagonista. Cada estrofa lleva consigo una carga de angustia y vulnerabilidad que conmueve.

    Estilo narrativo poético:
    Has equilibrado perfectamente lo narrativo con lo lírico. No se pierde la musicalidad ni el ritmo, a pesar del tono duro del contenido.

    Imágenes poderosas:
    Las “sábanas blancas que bailan” o las “ruedas bajo su cuerpo” son metáforas potentes que elevan el texto más allá del testimonio y lo convierten en arte.

    Compromiso con la verdad histórica:
    El año 1950 ancla el poema a un contexto concreto y deja claro que se trata de una denuncia. La referencia al electroshock es explícita y necesaria.

    Te felicito por atreverte con un tema tan desgarrador y por dar voz, una vez más, a quienes fueron privadas de la suya. Este poema, María, tiene alma, tiene denuncia, y tiene memoria. Y eso lo hace imprescindible.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

  • NO SIN MÍ, PERO NO SIN TI

    NO SIN MÍ, PERO NO SIN TI

    Introducción al poema
    NO SIN MÍ, PERO NO SIN TI.

    Este poema nace desde la memoria de una vida vivida luchando por la dignidad. La voz que habla es la de una mujer que ha atravesado el tiempo defendiendo la igualdad y que, ya en la vejez, observa con serenidad y dolor cuánto queda aún por alcanzar.

    No es un grito de confrontación, sino una reflexión profundamente humana: la igualdad verdadera no se construye enfrentando, sino caminando juntos. Mujeres y hombres aparecen aquí como compañeros de una misma travesía, unidos por la necesidad de construir una humanidad más justa, libre de violencia y de dolor.

    En estos versos, el paso lento de una anciana se convierte en símbolo de una lucha que atraviesa generaciones. La esperanza permanece intacta: el día en que no haya que reclamar igualdad porque esta será una verdad material compartida por todos.

    El verdadero cambio llegará cuando la humanidad se reconozca en plural, desde la igualdad, la bondad, la dignidad y el respeto mutuo sin violencias ni odios.


    NO SIN MÍ, PERO NO SIN TI

    Arrastra sus pies desnudos
    con lenta paciencia
    hasta topar con la alfombra
    que abriga su pisar.

    Sus pasos ya son lentos,
    pero recuerda cuando, con bravura,
    gritaba al mundo:
    ¡igualdad!
    Igualdad en el sentir,
    en el vivir,
    en saberse capaz
    de alcanzar aquello que deseaba
    desde la dignidad.

    Cuánto pesa este día…
    Ya no puede lanzar gritos.
    Se quiebra su voz,
    y se parte su alma
    ante la desesperación
    de ser una anciana
    que un día luchó
    por ti,
    por mí…
    pero no sin él.

    No quiere estar sin él,
    ni frente a él,
    ni contra él.

    Solo quiere comprender
    que ella y él
    son un igual:
    dos seres con humanidad,
    luchando codo con codo,
    alma con alma,
    por el bien de una totalidad:
    la de la humanidad.

    No más que yo,
    no más que tú.
    Mujeres y hombres
    a la par,
    en igualdad.

    Porque ese día habrá llegado
    una verdad material
    cargada de paz
    y de honestidad.

    Sin la maldita violencia.
    Sin la crueldad
    de sentir NI UNA MUJER MENOS,
    muerta en manos de la maldad.

    Sin que sus hijos sean
    moneda de cambio.
    Sin féretros
    que enterrar.

    Cogidos de la mano
    caminaremos
    hasta sentir
    que un ocho de marzo
    es un infinito
    por vivir.
    No por morir.

    ¡Ay, sentires!
    No sin mí.
    No sin ti.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.



    Crítica literaria.

    NO SIN MÍ, PERO NO SIN TI es un poema de carácter ético y humanista que se sostiene sobre una voz madura, consciente del paso del tiempo y de las luchas que han marcado la vida de quien habla.

    Uno de los mayores aciertos del poema es su estructura emocional. Comienza con una escena íntima y silenciosa —los pies desnudos que avanzan lentamente— y desde esa imagen sin artificios, se eleva una reflexión universal sobre la igualdad, la dignidad y la violencia que aún atraviesa a la sociedad.
    Este tránsito de lo íntimo a lo colectivo es uno de los rasgos más valiosos del texto.

    El poema rehúye el enfrentamiento y propone una mirada integradora.
    La igualdad no se plantea como una victoria sobre el otro, sino como un caminar compartido, una idea que se condensa en el verso central: “No quiere estar sin él, ni frente a él, ni contra él.”
    Esta formulación otorga al poema una dimensión conciliadora poco frecuente en discursos sobre la igualdad.
    Otro elemento de gran fuerza es la aparición del verso “NI UNA MUJER MENOS”, que irrumpe como un golpe emocional dentro del poema:
    Recordar el terror, la tragedia tras cada reivindicación; las muertes de mujeres, las muertes de hijos e hijas, la devastación desde la crueldad y la sinrazón.

    El cierre recupera el tono esperanzador del inicio, la fe en el ser humano; La imagen de caminar cogidos de la mano y la afirmación final —“No sin mí. No sin ti —, funcionan como una síntesis del mensaje del poema: la igualdad solo puede construirse desde la reciprocidad y la humanidad compartida sin violencia.

    En conjunto, se trata de un poema que combina intimidad, reflexión social, esperanza y un NO rotundo a la violencia desde una voz profundamente comprometida con la dignidad y la igualdad entre seres humanos, sin distinción de género, de pensamiento, de origenes...

    Si somos capaces de conquistas estratosféricas ¿cómo no conquistar el fin de la violencia?, el fin de venganzas eternas, el fin de una basura que nos atraviesa.
    ¿Hacia dónde caminamos?