UNA SOLA META

Introducción al poema:

Este poema reflexiona sobre la ambición y la búsqueda de sentido en la vida.

La protagonista, inmersa en una carrera sin pausa hacia un objetivo grandioso, descubre que la verdadera plenitud no reside en alcanzar metas lejanas, sino en saborear los pequeños logros del día a día. Es un poema sobre el despertar interior, el equilibrio y la reconciliación con uno mismo.

UNA SOLA META

Quiere alcanzarla,
a toda costa la irá trazando;
es una meta gigante
que la llevará por caminos
de esfuerzos titánicos.

Lo sabe,
serán muchos los años
que necesitará
para alcanzar la cima
de un propósito tan alto.

Trabaja duro,
vive esclava para lograrlo.
Los días van pasando,
se convierten en años.

Un día cualquiera
frena de golpe,
sintiendo el fracaso.

—¿Qué estoy haciendo?
¿Esto es lo soñado?
Ya no quiero dejarme la piel
en sueños imaginados.
Quiero tener metas
que alcance a diario.

La suerte la acompañó
poniendo ante sus ojos
a un monstruo llamado fracaso.

Ahora vive construyendo sus días
poco a poco,
paso a paso.

Cada mañana siente
el aire fresco,
la luz del día,
los abrazos.

Cada día atesora
las buenas y pequeñas cosas
que vive a diario,
que sirven de muros
al devenir
de las tristezas y los fracasos.

Su cabeza reposa sobre la arena,
ante un mar de azules claros.

Respira hondo la brisa,
el aroma a sal,
evocando recuerdos
que visten su alma cada día,

dejando vagar su rastro.

Cosas pequeñas
que va apilando,
que dan altura de miras
y goce
a su vivir diario.

© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

Crítica literaria:

El poema “Una sola meta” transmite con claridad la evolución emocional de su protagonista: del ansia por conquistar grandes sueños al redescubrimiento del valor de lo cotidiano. La estructura versal pausada refuerza el contraste entre la prisa del inicio y la serenidad del final.

La autora logra un tono íntimo y sincero, casi confesional, que conecta con la realidad.

El recurso de la repetición —“cada día”, “poco a poco”— enfatiza la transformación interior, y la metáfora del “monstruo llamado fracaso” aporta fuerza simbólica al cambio de perspectiva.

El cierre es claro y sereno: una reivindicación de la calma, del presente y de la belleza en lo simple. Es un poema de madurez vital, con resonancias universales y hondura emocional.