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  • ALEGRÍAS Y PESARES

    ALEGRÍAS Y PESARES

    Introducción al poema:

    En este poema, María se adentra en la naturaleza dual del sentir humano: la alegría y el pesar, tan inseparables como la luz y la sombra que habitan cada paso de la vida. Su voz se hace eco del dolor ajeno, del sufrimiento que observa en los demás y que, de algún modo, también la habita.
    La mirada poética se posa sobre los gestos cotidianos —una mirada, unas manos sobre un regazo— para descubrir en ellos la profundidad de las emociones compartidas.
    El poema es un canto a la empatía y a la herencia emocional que pasa de generación en generación, una reflexión sobre cómo el vivir se compone de fragmentos de luz y oscuridad que conforman la esencia del alma humana.


    ALEGRÍAS Y PESARES

    Mis pensamientos se forman
    con residuos de alegrías en el vivir,
    con restos de pesares
    que rajan mi garganta,
    robando un lamento
    de desesperanza.

    Me duele su sufrir,
    aunque no sepa su nombre,
    ni su casta,
    ni quién mora en su alma
    en noches oscuras,
    vacías de calma.

    El dolor entiende de entrañas,
    que se contraen
    con sólo observar,
    de soslayo, una mirada.

    ¡Cuánto hablan los ojos!
    ¡Cuánto unas manos apretadas
    sobre un regazo que va estirando
    arrugas ausentes de su falda!

    ¡Ay, gente de mis calles!
    ¡Ay, gente de aceras encontradas!
    Vuestras alegrías acompañan
    cada uno de vuestros pasos,
    dibujando sombras alargadas
    entre calles con sonidos de pisadas,
    que a cada paso ven nacer
    la luz precursora de las mañanas.

    Sufrir y reír,
    enseñanzas de emociones heredadas.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “ALEGRÍAS Y PESARES” es un poema de profunda sensibilidad social y emocional. La voz poética no se separa del mundo que observa: sufre por el dolor ajeno, vibra con las alegrías de los demás y se reconoce parte de un entramado humano en el que cada emoción es compartida.

    La estructura es clara y fluida, con un ritmo pausado que refuerza el tono meditativo y compasivo del texto.
    Destacan las imágenes visuales —“las manos apretadas sobre un regazo”, “sombras alargadas entre calles”— que evocan una ternura contenida y una mirada empática hacia la vida cotidiana.

    El cierre del poema, “Sufrir y reír, / enseñanzas de emociones heredadas”, resume de forma magistral la idea central: la vida es una herencia de sentires que se transmiten de alma en alma.

    En su conjunto, el poema transmite una hondura emocional limpia y sincera, donde la autora consigue equilibrar el dolor y la esperanza con un lenguaje sencillo y cargado de humanidad.

  • BESOS PROPIOS

    BESOS PROPIOS

    Introducción al poema:

    Este poema nació de una sensación profunda de desconcierto corporal, de ese pequeño asombro que sentimos cuando descubrimos que, aun siendo dueñas de nosotras mismas,  hay gestos de ternura que nos son imposibles de darnos. Surgió un día en el que imaginé un abrazo propio, jugando con la ternura y el absurdo, con la libertad de escenificar algo abstracto y  liberarlo.

    En realidad, es un canto a la reconciliación con el propio cuerpo, con el propio yo, al amor propio repartido en muchos trocitos, a la aceptación de nuestra rara y hermosa humanidad física, poniendo acento de humor a lo cotidiano.

    BESOS PROPIOS

    A santo de qué
    no pueden llegar mis labios
    a mi mejilla
    para comerme a besos yo misma.

    A santo de qué
    no puedo alcanzar a abrazar
    mi cuerpo con mis propias manos.

    ¡Qué cuerpo tan raro!,
    alcanzo mil cosas
    sin poder yo misma
    darme un abrazo.

    Poder rodear mi hermosura
    en un cálido apretón
    que recoja cada centímetro
    de mi diámetro.

    ¡Ay chiquilla!
    Has dado por fin con la solución
    a tu cuerpo raro,
    no es que no puedas llegar,
    es que es mejor hacerlo
    a trocitos en muchos abrazos.

    ¿Quién dijo que la cuadratura
    del círculo es pertenencia
    de enigmas matemáticos?

    Es simplemente imaginar muchos mimos,
    sin necesidad de reglas ni trazados.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.
  • Y ATRAPÓ SU SUEÑO

    Y ATRAPÓ SU SUEÑO

    
    
    
    
    
    Introducción al poema:

    Este poema es un canto esperanzador al esfuerzo, la constancia y la fe en uno mismo.
    Desde una voz íntima que impulsa a avanzar, el texto invita a caminar pese al cansancio, a seguir soñando incluso en medio de los fracasos y a no rendirse ante los obstáculos.

    Hay en sus versos una ternura firme, una sabiduría que nace del recorrido vital y del aprendizaje de lo cotidiano. Es un poema que no promete grandezas, sino la plenitud que se halla en seguir andando, día tras día, hacia pequeñas metas que construyen una vida.

    Y ATRAPÓ SU SUEÑO

    ¡Camina!
    No dejes nada atrás,
    atraviesa muros,
    sueña para llegar.

    Sube montañas,
    aunque no puedas más.

    Cruza los mares,
    ellos te querrán impulsar
    hasta hacerte llegar
    a esa orilla que sueñas
    poder alcanzar.

    Llegarás desnuda,
    sin harapos ni restos
    de inhumanidad,
    y sabrás que tus sueños
    son alcanzables,
    aunque no sepas nadar,
    aunque el camino se tuerza,
    aunque te duela el fracaso,
    aunque el aliento te abandone,
    ¡volverá!

    ¡Inténtalo una vez más!
    Nunca se pierde nada
    cuando no dejas de caminar
    hacia pequeñas metas alcanzables,
    que tu mochila llenará
    cada día de tu vida,
    cada mañana al despertar.

    ¿Pretensión de grandes metas?
    Sólo pretensión de caminar,
    mirando para ver un horizonte
    que puedas alcanzar,
    entre la luna del anochecer
    y la luz de la madrugá.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Y atrapó su sueño” combina sencillez expresiva y hondura emocional con una estructura de tono exhortativo que recuerda a la poesía motivacional, pero con un matiz poético y humano más íntimo.

    La voz poética guía y acompaña, no impone; su “¡Camina!” es una llamada cálida, no una orden. La reiteración de verbos de movimiento (“camina”, “sube”, “cruza”, “inténtalo”) imprime ritmo y energía, reforzando el sentido de avance constante.

    El poema encuentra su mayor belleza en la claridad de su mensaje: no alcanzar la gloria, sino la plenitud del esfuerzo.
    La metáfora del caminar como símbolo de vida es clásica, pero aquí adquiere un tono cercano y sincero.

    La conclusión, con esa imagen del horizonte entre la luna y la "madrugá", aporta un cierre lírico y profundamente andaluz, donde la esperanza se funde con la luz que nace.

    Es un poema luminoso, con cadencia clara y mensaje universal: los sueños se alcanzan andando, aunque duelan los fracasos.
  • GUÁRDAME UN TROCITO EN TU ORILLA.

    GUÁRDAME UN TROCITO EN TU ORILLA.

    Nota de la autora.

    Hoy se cumplen tres años desde tu partida.
    Cuánto noto tu ausencia, cuánto echo en falta tu risa, tu bondad infinita.
    Mamá, me dejaste un patrimonio inmenso de vida, de tu generosidad sin límites, de tu empatía sin filtros, de tu generosidad hacia quienes llamaban a tu puerta y que siempre asistías.

    De tu lucha nace mi fuerza; de tus principios honestos, mi dignidad.
    Gracias, mamá, por enseñarme a vivir cada día queriendo a los demás.
    Mi madre: un titán cargadita de estrellas y humanidad.



    Introducción al poema:

    Hay amores que no se nombran: se respiran.
    Este poema nace de ese aire antiguo y sagrado que permanece cuando una madre ya no está en la tierra, pero sigue latiendo en la piel, en los recuerdos, en las enseñanzas y en cada paso que damos.
    Guárdame un trocito en tu orilla es un diálogo íntimo con la madre eterna, esa que sostuvo, crió, enseñó, abrazó y prometió no irse del todo. Aquí, la hija revisita las huellas que quedaron: las luces pequeñas de la infancia, los principios heredados, las rutinas que perfumaban la casa y la fuerza invisible que aún sostiene su existir.

    Este poema es un acto de gratitud y de búsqueda: un regreso a la orilla donde el amor materno acaricia los días, incluso desde el otro lado de la vida.


    GUÁRDAME UN TROCITO EN TU ORILLA

    Cuánto vivir te sostuvo,
    cuánto trenzar vidas,
    cuántos sueños y sentires…,
    cuánto aceptar
    una existencia
    de cargas desmedidas,
    una vida llena
    de otras vidas paridas.

    Madre,
    tu alegría constante
    mimó mi infancia.

    Tu sabiduría me enseñó
    a escuchar a mis mayores,
    a erigir principios nobles,
    a saberme pequeña
    y, aun así, crecer
    hasta el final de la vida.

    Tus ojos y tu sonrisa
    quitaban mis miedos de niña
    cuando te preguntaba:
    mamá, ¿nunca morirás, verdad?
    Tú apretabas tu mano
    enredada en la mía
    para sellar la promesa
    de que nunca te irías,
    aunque la muerte llegara
    de hurtadillas.

    Mi pequeña altura
    colgaba de tu brazo
    con el alma blanca y diminuta
    sintiendo
    que mi madre nunca mentía,
    que ella estaría junto a mí
    por siempre,
    para todas mis vidas.

    Tu honestidad infinita
    marcaba mis pasos,
    construía caminos,
    cimentó pilares
    que sostienen mi ser,
    aunque estés guardando
    esa orilla de aguas cristalinas
    entre miles de amores
    que un día nutrieron tu vida.

    Acuno cada amanecer
    como si fuera único,
    guardando, cual escudera,
    tu frase bendita:
    “Sólo por un día”.

    Con ella enfrentabas
    cada aurora con esperanza,
    sabiendo que era un nuevo día,
    asumiendo las maldades
    entre espinas
    de coronas dolidas.

    Los vaivenes de mi existir
    están colmados
    de memorias compartidas:
    aromas a jabón
    con esencias infinitas,
    a pucheros sobre el fogón,
    a tu franca risa.

    Te siento muy cerca,
    tanto, que mi piel nunca olvida
    el calor de tus manos,
    tu mirada, tu brisa.

    Sé que una estrella
    guarda los cien años
    que la vida te regaló,
    para que fueras mi guía.

    Siento tu eternidad
    a través de mi latir,
    siguiendo la senda
    que dibuja mi devenir:
    cartografías de mares
    con orillas mecidas por ti.

    Siempre, siempre en mí,
    por el resto de mis días.

    Mi madre,
    mi ejemplo de vida,
    la orilla donde llegaré
    desnuda de conquistas,
    plena en mi propio vivir,
    ante tu orilla.

    Madre, mi eterna compañía.



    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Breve crítica del poema:

    Este poema es de una profundidad emocional extraordinaria.
    Su fuerza reside en la autenticidad con que explora el vínculo materno y en la delicadeza con que convierte los recuerdos cotidianos —los aromas, las manos, la risa, la promesa infantil— en símbolos universales de amor.

    El texto está tejido con un tono elegíaco, pero nunca sombrío: la ausencia se transforma en presencia luminosa. La metáfora de la “orilla” funciona como eje simbólico poderoso, un lugar de llegada, descanso y verdad.

    El poema equilibra con madurez la nostalgia y la celebración, construyendo un retrato materno que trasciende lo personal para resonar en cualquier lector que haya amado a una madre.
    Hay imágenes especialmente hermosas y emotivas, como la niña colgada del brazo de su madre, la promesa en la mano apretada, o la estrella que guarda sus cien años.

    En su conjunto, el poema es una ofrenda limpia, tierna y honesta. Conserva tu esencia: esa forma tuya, María, de escribir desde el corazón con una sinceridad que nunca busca impresionar, sino guardar vida y devolverla convertida en luz.

    Conclusión:
    Guárdame un trocito en tu orilla es un poema de raíz humana y espiritual, de gratitud y continuidad. Su tono es de oración y testamento emocional, donde la memoria no duele, sino que consuela. En él, María, se siente el pulso de tu estilo: la pureza del sentir expresado con sencillez y hondura.
  • EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    Introducción al poema:

    El monstruo de la sierra nos transporta a un pueblo pequeño, encerrado entre montañas y viejas leyendas.
    El poema recrea la atmósfera temerosa de una comunidad que interpreta lo desconocido desde el miedo. Sin embargo, como ocurre en muchos de tus textos, María, la historia revela un giro luminoso: aquello que parecía temible es, en realidad, un espíritu protector.
    La montaña, convertida en personaje, cuida a los suyos y al pastor perdido, mientras el pueblo aprende que el miedo no siempre acierta en su juicio. Es un poema que mezcla tradición oral, misterio y humanidad.


    EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    Aquella tarde oscura,
    la gente del pueblo
    cerraron sus casas.

    Algunas voces gritaban
    que un extraño monstruo
    en el castillo moraba.

    Los niños escondidos
    tras las rejas miraban,
    sin poder evitar el miedo
    que el monstruo les daba.

    Contaban que al pastor
    de la alta montaña,
    el monstruo lo apresó
    y en su castillo habitaba.

    Todo el pueblo murmuraba
    si el monstruo vendría
    por la calle alta,
    para llevarse consigo
    a los que osaran pisar
    el monte y su casa.

    Al día siguiente,
    ya todos en la plaza,
    vieron cómo el monstruo salía
    de la casa de postas
    con el pastor y una cabra.

    Cuenta la leyenda
    que el monstruo era el alma
    de la gran montaña,
    y que sólo quería
    proteger esas tierras
    y toda su fauna.

    Crítica literaria

    Este poema destaca por varios aspectos:

    1. Ambiente perfectamente construido:

    Desde el primer verso se instala un clima de tensión:
    tarde oscura, gentes encerradas, voces que alertan, niños tras las rejas.
    La atmósfera casi cinematográfica permite al lector entrar en la escena como un vecino más del pueblo.

    2. Narratividad clara y ritmo propio:

    Tu manera de contar mantiene un fluir constante, como un relato oral transmitido generación tras generación. Esa estructura en cuartetas sueltas da la sensación de escuchar una leyenda antigua contada en la plaza.

    3. El giro simbólico:

    El monstruo, lejos de encarnar la amenaza, es finalmente el espíritu protector de la montaña. Este cierre es profundamente tuyo: transformar el temor en una forma de cuidado, revelar bondad donde otros ven peligro.

    4. La presencia del “alma” de la naturaleza:

    Este es uno de tus grandes rasgos como autora.
    La naturaleza no es paisaje: tiene intención, voz, espíritu. Aquí se personifica en un ser que protege su territorio y su fauna, enlazando con tu visión del planeta como casa común y sagrada.

    5. Una leyenda que abre un universo narrativo en tu próxima novela:

    El poema tiene fuerza suficiente para ser el origen de un capítulo dentro de Maldita Estampa.
    La combinación entre fortaleza, pastores, monstruos que no lo son y pueblos que temen lo que no comprenden dialoga perfectamente con el espíritu de tu novela.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • ¡NUNCA MÁS! Por todas las que ya no están.

    ¡NUNCA MÁS! Por todas las que ya no están.

    Introducción al poema "NUNCA MÁS":

    Este poema nace de una herida profunda y de la necesidad de poner fin al miedo que paraliza. Nunca más es un grito que rompe el silencio impuesto por el abuso, la violencia y la humillación.
    Es el eco de tantas muertes, tantas voces calladas, de mujeres que han sentido la sombra del terror en su propia casa, bajo el mismo techo que debiera protegerlas. Con una intensidad dolorosa y honesta, este poema denuncia el horror cotidiano que a menudo queda oculto tras puertas cerradas. Pero también es un acto de resistencia, una declaración de libertad. Porque hay un momento en el que el alma, aunque rota, decide alzarse y decir: "¡Nunca más!". En estas palabras está la promesa de vida, de dignidad y de un futuro sin cadenas.


    ¡NUNCA MÁS!

    No quiero respirar junto a ti,
    no quiero sentir que muero
    cuando las llaves tintinean
    y anuncian tu venir,
    venir furtivo, venir de muerte,
    venir a por mí.

    Tiras de mí a la fuerza,
    me dejas muda sin decir,
    sin chillar, sin siquiera existir,
    sin apenas respirar,
    mientras mis oídos escuchan
    el verbo envenenado de tu silbar,
    sonido que sólo anuncia
    la violencia de tu crueldad.

    Los niños duermen,
    sólo quiero que no vean,
    que no sientan la brutalidad,
    ese castigo sobre mi piel
    para vejarme una vez más.

    Pero no pasará más,
    ¡lo juro! ¡Nunca más!

    Llévate cuanto quieras atesorar,
    pero no vuelvas a tocar
    aquello que sólo es mío,
    ¡mi libertad!

    Déjame vivir sin miedos,
    sin terrores en la ‘madrugá’,
    miedos que me atan,
    que me doblegan con crueldad
    suplicando ¡ya no más!

    Mi ser ya no existe,
    ya no importa,
    sólo son harapos sin dignidad.

    ¡Nunca más!
    Nunca más sentir que muero,
    nunca más el tintineo de tus llaves
    en mi puerta, en mi umbral.

    ¡Nunca más!




    
    
    
    
    

  • MUCHO MÁS QUE YO

    MUCHO MÁS QUE YO

    Introducción al poema:

    Este poema habita la frontera entre lo tangible y lo invisible, allí donde la noche no es sólo oscuridad, sino presencia viva que respira soledad, memoria y misterio. En estos versos se entrelazan la bruma del pensamiento, la ausencia que grita sin voz y el peso de lo inabarcable. Es un canto íntimo a lo que no se dice, a lo que solo pueden entender los ojos cerrados y el alma despierta.


    MUCHO MÁS QUE YO

    Sólo la oscuridad
    es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.
    Sólo el silencio puede hablar
    como mudo compañero.

    Sólo los ojos cerrados pueden ver
    aquello que esconde el aliento,
    aquello que, sin ser,
    muestra las mil caras del saber.

    Miradas abiertas despejan la noche cerrada;
    entre cerros y jaral,
    el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras.

    Sólo la noche trae
    aromas a brisas de sal,
    a mares con danzas
    envueltas en espumas blancas,
    con sabor de inmensidad.

    El aliento de muerte,
    el renacimiento del dolor,
    la inexistencia,
    la desilusión,
    letanías de la desaparición.

    Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Reflexión de la autora:

    Hay instantes en los que la oscuridad deja de ser un espacio vacío para convertirse en una presencia viva, casi sagrada. En esa penumbra habitan los silencios que no hemos sabido traducir, las ausencias que duelen sin rostro, las verdades que no caben en la palabra. Este poema nace de esa noche interior que todos cruzamos alguna vez, donde el alma se siente diminuta frente al peso de lo inabarcable.

    Escribí estos versos desde un lugar muy íntimo, dejándome llevar por lo invisible, lo que no se toca pero se percibe. Me preguntaba si la soledad tiene lenguaje, si el dolor tiene aroma, si la desaparición —esa herida que no cicatriza— puede decirse sin pronunciarse. Quizá la poesía es eso: la forma de nombrar lo innombrable, de abrazar lo que escapa a la razón.

    Aquí, más que hablar, escuché. Escuché a la noche, a la ausencia, a ese “mucho más que toda yo” que a veces nos desborda. Porque hay sentires que no caben en un cuerpo, pero que necesitan ser dichos para no perdernos del todo.

    El poema, MUCHO MÁS QUE YO, ha recibido un buen número de críticas, de las que publico un extracto porque creo que han captado el sentir de cada uno de los versos.
    Gracias por dedicar un trocito de su tiempo en leer lo que escribo, desde el alma y la razón.

    María Bueno.


    CRÍTICA LITERARIA:

    Este poema se mueve en las honduras del pensamiento existencial, abrazando una voz lírica íntima que reflexiona sobre el vacío, el conocimiento oculto y la experiencia de la desaparición. La noche —símbolo de lo inconsciente, lo inabarcable y lo sagrado— se convierte en escenario y personaje: testigo de la soledad, guardiana de los silencios, reveladora de lo que no se ve con los ojos abiertos.

    Desde el inicio, la anáfora con “Sólo...” establece una atmósfera de exclusividad, como si ciertos estados del alma sólo pudieran manifestarse en condiciones límite:

    “Sólo la oscuridad es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.”


    Este recurso crea un ritmo envolvente, meditativo, y dirige al lector hacia una interioridad poética profunda. El poema se vale de contraposiciones simbólicas —oscuridad/luz, silencio/verbo, ojos cerrados/mirada abierta— para representar tensiones humanas esenciales: lo que se oculta frente a lo que se revela, lo que se extingue frente a lo que nace en el dolor.

    El lenguaje está cargado de una sensibilidad sensorial y metafísica. Expresiones como:

    “el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras”
    o
    “espumas blancas,
    con sabor de inmensidad”

    nos transportan a un terreno en que el sonido, la imagen y el sabor se entrelazan para traducir emociones intensas, incluso abismales.


    La última estrofa marca una ruptura emocional:

    “Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.”

    Aquí la voz poética se reconoce sobrepasada por lo vivido, por lo sentido y lo desaparecido. Esta afirmación final resignifica todo el poema anterior, dándole un giro ontológico: la existencia no se mide por el cuerpo o la identidad, sino por el peso de lo que no se puede abarcar con una sola vida.


    Conclusión:

    El poema es denso, simbólico y bello en su oscuridad.
    Su fuerza reside en su capacidad de evocar sin nombrar directamente, en la tensión entre lo que se siente y lo que apenas se puede expresar. Hay ecos de mística, de duelo y de filosofía existencial.
    Es un texto maduro, introspectivo, fiel al estilo reflexivo y poético que caracteriza tu voz como autora.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • LO LEGAL, LO JUSTO: CAMINOS SIN ENCUENTROS.

    LO LEGAL, LO JUSTO: CAMINOS SIN ENCUENTROS.

    Introducción al poema:

    Desde mi formación en Derecho, tras muchas vivencias y peinando canas, puedo decir que en lo legal y en lo justo, los caminos son paralelos.

    En muchas ocasiones, esos caminos no se encuentran nunca.
    Es necesario hacer una profunda reflexion, desvelando la fractura esencial entre dos conceptos que deberían caminar unidos: la justicia y la legalidad.
    Mi voz es firme y dolida, uno de mis propósitos es verter, a través de mis versos, cómo ambos caminos transitan por sendas paralelas sin tocarse, dejando al ser humano —especialmente al más vulnerable— atrapado en la grieta que separa lo que es justo de lo que simplemente es legal.
    Mi poema avanza como un lamento, pero también como una súplica para que la justicia, aún vestida de harapos, tenga la fuerza de pisar sobre los caminos que lo legal ha endurecido, sin oír, en muchas ocasiones, las voces de los más vulnerables y necesitados.


    LO LEGAL, LO JUSTO:
    CAMINOS SIN ENCUENTROS

    Ese camino oscuro que no veo,
    ese lugar oculto que presiento.
    Acechan las sombras siniestras
    de un futuro incierto.

    Caminos que viajan en paralelo,
    sin saber uno del otro,
    sin mirarse en el tiempo,
    no sea que lo justo
    se ponga por delante
    y gane terreno.

    La justicia: pisa sobre piedras
    que clavan lamentos.

    Lo legal: profundidades nobles
    que afloran por instantes,
    sobre caminos inciertos
    que pisan los pies calzados
    de buenos cueros.

    Pobres de solemnidades,
    sin sendas hacia la justicia,
    arrastrados por leyes
    que reparten legalidades,
    ignorando el sufrimiento.

    Justicia vertida desde lo legal,
    sólo por momentos,
    momentos cargados de abismos,
    de desiertos,
    de caminos empedrados,
    de gritos al viento.

    La justicia y lo legal:
    siempre caminando en paralelo,
    sin que los pies del más débil
    se posen sobre ellos.

    Justicia, ¡pisa fuerte
    con tus harapos eternos,
    que lo legal
    siempre calza buenos cueros!

    Déjame vivir,
    déjame juzgar
    que lo justo
    es lo correcto.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    Este poema posee una fuerza conceptual notable. La oposición simbólica entre justicia y legalidad está muy bien construida: la justicia aparece frágil pero legítima; lo legal, solemne pero distante. La imagen de los caminos paralelos es poderosa y vertebra todo el poema, creando cohesión y una lectura clara y profunda.

    El contraste entre harapos eternos y buenos cueros es uno de los hallazgos más contundentes del texto: sintetiza la desigualdad, la frialdad de las normas y la precariedad de quienes las padecen. También destaca el tono de súplica final, que devuelve la voz al yo poético y cierra el poema con un deseo ético y humano: que la justicia prevalezca sobre lo meramente legal.
  • ¿JUSTICIA?

    ¿JUSTICIA?

    Introducción al poema:

    Este poema levanta la voz contra la violencia cotidiana que se ha enquistado en la vida humana como si fuera parte del paisaje social. Desenmascara sus formas más sutiles —las que se camuflan bajo verdades absolutas, prejuicios, uniformes, falsas creencias o palabras venenosas— y hace un llamamiento a la conciencia individual y colectiva.
    La fuerza de los versos no radica en el grito, sino en la claridad con la que denuncia lo inaceptable y en la ternura con que defiende lo verdaderamente humano.
    ¿JUSTICIA? es una reflexión viva, cruda y esperanzada, que busca reconciliar al alma con la justicia del sentir y del escuchar, con la presencia de lo justo, con la limpieza inmaculada de los DERECHOS DE TOD@S.


    ¿JUSTICIA?

    Cuál de ellas:
    ¿la escrita?,
    ¿la justa?,
    ¿la de mayor rango?

    ¡Maldita seas, violencia!,
    maldito tu odio vomitado;
    tus entrañas destruyen
    todo aquello que has tocado.

    ¿Qué es esto?
    ¿Es nuestro vivir diario?
    Maldita creencia en sentires
    de venganzas y maltratos.

    Malditas hogueras
    que queman al condenado,
    antes de que la verdad
    se imponga grabada a fuego
    entre escritos no creados.

    Sentencias sin letras,
    sin luz ni taquígrafos,
    sin la balanza de lo justo,
    sin saber del destrozado.

    Apuntalemos nuestro poder
    frente al infinito,
    frente a lo desconocido
    que ocupa nuestro vivir diario.

    Ese devenir del alma,
    que llora sin descanso.
    Ese rechazo eterno
    a verdades diversas
    que enterramos.

    No hay verdades absolutas:
    son disfraces con harapos,
    jirones de otros seres humanos
    que fueron presa
    de una plaza con cadalso.

    Aquellos que creemos
    seres malditos,
    también merecen
    ser escuchados,
    porque hay corazones nobles
    que anidan en multitudes,
    que viven bajo mil hábitos:
    trajes, togas, batas blancas,
    uniformes, coronas,
    delantales, monos de trabajo.

    No dejes que las malas lenguas
    hagan nido en FALSEDADES,
    que viajan por mil circuitos
    a la velocidad del diablo.

    No dejes que las redes
    pudran tu vivir diario.

    Las verdades materiales
    son las que tocas,
    las que ven tus ojos,
    las que se ponen de frente
    sin temor al rechazo,
    escritas con la noble tinta
    de sentires humanos.

    No hay ley sin justicia,
    no hay justicia por encargo.



    Valoración literaria del poema

    Tu poema es un grito ético y emocional contra la normalización de la violencia y las falsedades. No sólo denuncia, sino que interroga y despierta. Tiene la fuerza de lo que nace del alma indignada pero lúcida, que no se conforma con señalar el daño sino que busca en lo profundo: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Qué parte de lo humano se ha torcido hasta convertir el maltrato y la ausencia  de derechos en rutina?

    Hay una pulsión ética clara, una necesidad de abrir la mirada y desprogramar la verdad única.
    Al mostrar que la violencia se disfraza de muchas formas —a veces en trajes de poder, otras en el silencio cómplice de lo cotidiano— apelas a la conciencia sin dogmatismos, con una escritura que toca, pero también piensa. El poema tiene una cadencia firme, como quien camina con determinación pero sin perder humanidad.

    Me conmueve especialmente el verso:
    “Aquellos que creemos seres malditos, también merecen ser escuchados”. Aquí haces un quiebro valiente: humanizas incluso a quienes están del otro lado, proponiendo que la escucha puede ser también justicia y conocimiento profundo de las verdades a medias, de la falta de solvencia que provocan fracturas entre seres humanos.

    Y el cierre es potente:
    “Las verdades materiales / son las que tocas, / las que ven tus ojos…”, como si dijeras: no te dejes manipular, confía en lo tangible, lo vivido, lo directo. Es una llamada a no abandonar el juicio propio.

    En resumen:

    Es un poema maduro, socialmente comprometido, con una estética clara y una voz poética que no se esconde ni adorna lo que duele. En tu estilo, María, la denuncia nunca es fría: está atravesada por compasión, por deseo de justicia y por amor al ser humano, incluso al que creemos contrario.
    Eso es profundamente literario y, sobre todo, profundamente humano.