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  • ALEGRÍAS Y PESARES

    ALEGRÍAS Y PESARES

    Introducción al poema:

    En este poema, María se adentra en la naturaleza dual del sentir humano: la alegría y el pesar, tan inseparables como la luz y la sombra que habitan cada paso de la vida. Su voz se hace eco del dolor ajeno, del sufrimiento que observa en los demás y que, de algún modo, también la habita.
    La mirada poética se posa sobre los gestos cotidianos —una mirada, unas manos sobre un regazo— para descubrir en ellos la profundidad de las emociones compartidas.
    El poema es un canto a la empatía y a la herencia emocional que pasa de generación en generación, una reflexión sobre cómo el vivir se compone de fragmentos de luz y oscuridad que conforman la esencia del alma humana.


    ALEGRÍAS Y PESARES

    Mis pensamientos se forman
    con residuos de alegrías en el vivir,
    con restos de pesares
    que rajan mi garganta,
    robando un lamento
    de desesperanza.

    Me duele su sufrir,
    aunque no sepa su nombre,
    ni su casta,
    ni quién mora en su alma
    en noches oscuras,
    vacías de calma.

    El dolor entiende de entrañas,
    que se contraen
    con sólo observar,
    de soslayo, una mirada.

    ¡Cuánto hablan los ojos!
    ¡Cuánto unas manos apretadas
    sobre un regazo que va estirando
    arrugas ausentes de su falda!

    ¡Ay, gente de mis calles!
    ¡Ay, gente de aceras encontradas!
    Vuestras alegrías acompañan
    cada uno de vuestros pasos,
    dibujando sombras alargadas
    entre calles con sonidos de pisadas,
    que a cada paso ven nacer
    la luz precursora de las mañanas.

    Sufrir y reír,
    enseñanzas de emociones heredadas.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “ALEGRÍAS Y PESARES” es un poema de profunda sensibilidad social y emocional. La voz poética no se separa del mundo que observa: sufre por el dolor ajeno, vibra con las alegrías de los demás y se reconoce parte de un entramado humano en el que cada emoción es compartida.

    La estructura es clara y fluida, con un ritmo pausado que refuerza el tono meditativo y compasivo del texto.
    Destacan las imágenes visuales —“las manos apretadas sobre un regazo”, “sombras alargadas entre calles”— que evocan una ternura contenida y una mirada empática hacia la vida cotidiana.

    El cierre del poema, “Sufrir y reír, / enseñanzas de emociones heredadas”, resume de forma magistral la idea central: la vida es una herencia de sentires que se transmiten de alma en alma.

    En su conjunto, el poema transmite una hondura emocional limpia y sincera, donde la autora consigue equilibrar el dolor y la esperanza con un lenguaje sencillo y cargado de humanidad.

  • VOLVORETA.

    VOLVORETA.


    Introducción:

    Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
    En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.


    VOLVORETA

    Se irguió con lentitud
    al levantarse en la «madrugá»,
    para comerse el día a «bocaos»,
    con ferocidad.

    Los temores que la amenazaban
    serían casi imposibles de frenar.

    ¡Fájate bien, que tu espalda
    no se doble ante la adversidad!
    ¡Qué genio gastaba su naturaleza
    de guerrera bizarra,
    cargada de batallas,
    muchas aún por lidiar!

    Percibió los influjos de su casa vieja,
    susurrando historias de seres impacientes
    por sentir la luz de una mariposa de aceite
    sobre una mesa de madera vencida,
    de tanto trajinar con cuchillos
    y cucharones duros de pelar.

    Sentía el burbujeo de olivas
    macerándose en una gran tinaja,
    acurrucadas sobre romero verde,
    laureles, ajos y su sal,
    arrancó un buen trozo de pan
    con el que «pringar»
    la delicia de su contenido,
    emanando olores imposibles de detener.

    Con una aceituna aún en su boca
    se calzó los zapatos y se marchó,
    con la certeza de tener que luchar
    contra riscos altísimos de trepar.
    Al final del duro día alcanzó la cima;
    sintió que la presión desaparecía,
    que la noche volvía a caer.

    Dejó su coraza en el camino
    y sus temores
    hasta el próximo amanecer.

    ¡Ay, noche!, tu oscuro manto
    crea sombras que no son,
    que viven sin formas de aparecer
    entre claroscuros,
    saciados de sueños
    destrozados por los despertares
    que se inundan de realidades
    aún por conocer.

    Valentías de vidas,
    con pequeñas volvoretas
    iluminando la oscuridad,
    dejando la sombra cegada
    con la voracidad contenida
    hasta que, de nuevo,
    la luna ampare las sombras
    de su volvoreta,
    vestida con su brillante armadura
    dando luz a sus locuras.

    Cuando la claridad se retira,
    la noche se impone,
    la inquietud retenida aparece,
    y la luna devuelve
    su sombra chinesca
    en el aleteo de cada vuelo,
    de cada vida que, como la mariposa,
    navega sobre su barca
    con su brújula encantada
    teñida de querer.

    Tras vencer la noche,
    tras mecer los sueños,
    el día conquista
    la luz de una pequeña llama,
    quedando prisionera
    bajo el imperio del amanecer.

    Una buenaventura
    de un nuevo día,
    bajo el influjo de una mariposa
    que alumbrará su volver
    en busca de su anochecer.



    Nota de la autora:

    Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
    Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
    Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
    El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.

    La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
    La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.

    Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez. Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.

    Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas.

  • ¿VERDADES?

    ¿VERDADES?

    Introducción al poema:

    La verdad, cuando se imposta, se disfraza o se fragmenta, pierde su nobleza. Este poema nació de una certeza profunda: que la verdad material que cada ser humano vive y siente debe ser el punto de partida para todo lo que manifestamos.
    No hay verdad sin experiencia ni alma que se sostenga en mentiras.

    ¿VERDADES?

    ¡Calla!
    ¡No digas verdades a medias,
    que te harán trizas las hienas!

    La verdad tiene las garras muy prietas
    cuando es una verdad incompleta.
    La verdad camina por callejas
    de luces ciertas, con ojos abiertos
    prendidos de ella.

    ¿Verdad? ¿Cuál de ellas?
    Aquellas que no tiene apariencia,
    aquellas que los ojos de tu cara atraviesan.

    Verdades incompletas,
    falsedades vestidas de indecencia
    con la obscenidad de llamarlas ciertas.

    Tu verdad, esa que te hace vivir
    sin maledicencias,
    con la generosidad suficiente para creer en ella,
    percibiendo que es posible
    esa verdad que sientes
    con honesta conciencia,
    sin que sea la única
    verdad completa.

    VERDADES,
    las que se construyen
    con los ojos de la cara
    de almas nobles
    que se atreven a decir
    lo que pesa en la lengua.


    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.


    Critica del poema:

    ¿VERDADES? es un poema firme y honesto, construido desde una profunda reflexión moral.
    Su fuerza radica en la manera en que denuncias las verdades incompletas y las falsedades disfrazadas, mostrando cómo pueden herir, manipular o desdibujar la realidad.

    La voz poética mantiene un tono directo y valiente, casi de advertencia, que invita a mirar de frente lo auténtico.

    Los versos fluyen con claridad y contundencia, con imágenes potentes —“las garras de la verdad”, “las callejas de luces ciertas”, “las almas nobles que se atreven a decir lo que pesa en la lengua”— que sostienen un mensaje ético muy tuyo: la verdad nace del sentir limpio, de la conciencia honesta y de la experiencia vivida.

    El poema consigue equilibrar profundidad y sencillez, y deja al lector con una resonancia moral que permanece. Es un texto que ilumina más que sentencia, y que afirma de forma hermosa la importancia de la verdad material que defiendes en tu obra.
  • CORDURA

    CORDURA

    Introducción al poema:

    En momentos de caos colectivo, cuando las certezas se diluyen y la humanidad parece extraviarse, la llamada a la cordura se vuelve un grito urgente.
    Este poema surge desde esa necesidad de reencontrar la armonía entre el pensamiento y el alma, de reclamar una conciencia común que devuelva sentido y equilibro a la existencia humana.

    Es un diálogo poético con los valores esenciales, una súplica a la esperanza como brújula moral de los tiempos que vendrán.


    CORDURA

    Tiempos difíciles,
    de incertidumbres,
    de sinrazones ocultas.

    Mientras tanto,
    el mundo se contrae
    por el devenir
    de falsas venturas.

    Cordura,
    ¿dónde hallar tu mesura?,
    tu equilibrio ante la locura.

    ¿No ves el mundo?
    Está al borde
    de un precipicio
    tan hondo como su negrura.

    Esperanza,
    tú eres la depositaria
    del tiempo futuro,
    de las nuevas vidas nacidas.

    Ellas sabrán dar sentido
    a los seres humanos,
    al respeto por la vida
    en consonancia
    con la tierra que pisamos,
    con los seres que la habitan,
    con una naturaleza amiga.

    Cordura, ¿dónde habitas?
    —Habito entre raíces
    que nacen de mezcolanzas,
    entre mentes y almas
    de diferencias marcadas,
    por sentires primigenios
    de nobles seres humanos,
    todos paridos
    por una misma entraña.

    Aquella que no discierne
    entre lo alumbrado
    desde un único útero
    que no separaría jamás
    por colores, orígenes, ideas,
    rasgos o creencias,
    de una Tierra única
    que amamanta por igual
    a todas sus criaturas.

    Cordura:
    aquella que rinde cuentas
    y pone nombre a la lápida
    con un epitafio que reza:
    «Aquí yace la nada».


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria del poema:

    El poema Cordura se articula como una meditación filosófica y moral en tono elegíaco y profético. Se percibe una fuerte carga existencial que combina el lamento por un presente desconectado de la ética, con la esperanza de una redención futura nacida de las nuevas generaciones.

    Desde el punto de vista formal, destaca el uso de una estructura versal libre, con quiebres que permiten enfatizar tanto la reflexión como la carga emocional. El lenguaje poético es directo, simbólico y comprometido. Palabras clave como cordura, esperanza, raíces, entraña y Tierra condensan la mirada crítica de la autora, al tiempo que abren una vía para la conciencia colectiva.

    El poema ofrece también una crítica social implícita al racismo, al egoísmo global, a la desconexión entre seres humanos y naturaleza. Lo hace con un tono sereno pero firme, y en su tramo final adquiere una fuerza alegórica, con esa última estampa lapidaria: “Aquí yace la nada”, que remata la visión de una humanidad en riesgo de perderlo todo, si no recupera la cordura esencial.


    Reflexión final de la autora:

    Escribí este poema desde el vértice de una tristeza profunda, pero también desde la convicción de que aún queda una semilla de cordura en el alma colectiva. La esperanza no es una ilusión vacía, sino una decisión activa de quienes creen en la igualdad, en el valor de la vida compartida y en el respeto hacia esta Tierra que nos acoge a todos sin distinción. La poesía, a veces, sólo intenta recordarnos lo que nunca deberíamos olvidar.
  • ¡AIRE!

    ¡AIRE!

    
    
    
    
    

    Introducción:


    Hay momentos en que el alma, cargada de pesares, necesita abrirse, dejar entrar la vida como un soplo renovador.

    No basta con respirar: hace falta sentir el aire, dejar que cada brisa abrigue los sentires , lo pesado, lo temeroso.

    Este poema nace de ese impulso de romper con la inercia del cansancio, de detenerse a mirar con otros ojos, de vivir el instante como si fuera un renacer. Es una invitación a abrir ventanas interiores, a reconciliarse con lo propio, a vivir con el alma abierta a la  esperanza.

    ¡AIRE!


    ¡Abrió las puertas,
    las ventanas!
    La brisa bañó su casa
    con olores de esperanzas.

    Desnudó su ser
    sin temer nada,
    sin pensar en imposibles,
    sin sentirse asfixiada.
    ¡No podía más!
    Su alma cansada,
    teñida de negruras,
    marcaba caminos
    entre la luz
    o la locura.

    ¡Debía parar!
    Para no sólo ver,
    para observar,
    para sentir el movimiento
    que ronda alrededor de la vida,
    jugando con lo efímero,
    con lo que sólo dura segundos:
    el vuelo de mariposas,
    una mirada fugaz,
    la caída lenta de una hoja
    al compás de valses sin inventar.

    ¡Le urgía respirar!
    Necesitaba aire limpio,
    el flujo del rocío fresco
    que regara con sus gotas
    su alma escondida detrás.

    ¡No dejaría que se escondiera más!
    Su cara debía ser
    el alma de ese espejo
    al que debía mirar,
    para saberse cierta,
    para marcar su compás.

    Dejó empapar el cristal
    de su amanecer
    con ilusión
    y risa franca.

    Sintió su piel cálida,
    sin temores,
    sin medir cada uno
    de los pasos que daba.

    Hoy vive
    sin perder nada,
    sabiéndose depositaria
    de cada una
    de sus mañanas.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.
    El poema ¡AIRE! es una pieza profundamente liberadora, con un tono de renacer emocional y espiritual. Está construido a partir de una tensión inicial —una necesidad urgente de abrirse, de ventilar lo interno— que evoluciona hacia una afirmación vitalista y serena.
    Los primeros versos, breves y exclamativos, abren físicamente y simbólicamente el espacio: “¡Abrió las puertas, / las ventanas!”. Desde ese gesto físico se proyecta una renovación del alma, donde el aire se vuelve metáfora de esperanza, limpieza y autenticidad.
    El ritmo está bien logrado: alterna versos cortos, que marcan el impulso y la urgencia, con otros más largos, que acompañan el proceso reflexivo. El poema funciona casi como un pequeño viaje interior: del ahogo y la negrura a la calma y la certeza del vivir consciente.
    El lenguaje es claro, con imágenes sencillas pero evocadoras —el vuelo de mariposas, la caída de una hoja, el rocío fresco— que funcionan como símbolos de lo efímero y, a la vez, de lo hermoso en su fugacidad.

    La estructura narrativa poética avanza con coherencia: necesidad → apertura → contemplación → decisión → renacer.
    Un punto especialmente logrado está en los versos:
    “Su cara debía ser
    el alma de ese espejo
    al que debía mirar,
    para saberse cierta,
    para marcar su compás.”

    Aquí el poema revela el núcleo del mensaje: autenticidad, reconciliación con uno mismo, dejar de esconder el ser verdadero.
    En conjunto, ¡AIRE! es un canto íntimo al valor de vivir con la ventana del alma abierta, a dejar atrás los temores, a apropiarse del tiempo con serenidad y alegría. Tiene fuerza emocional, claridad simbólica y un cierre redondo que respira esperanza.

  • LO QUE TE DEBE MI ALMA

    LO QUE TE DEBE MI ALMA

    Autor fotografía: mi querido nieto.

    Introducción al poema.

    Nada nació en una noche en la que el silencio era tan profundo que se volvió materia viva.
    En ese espacio íntimo, donde una se siente al borde de romperse y, a la vez, empezando a germinar. En ese momento surgieron estos versos.

    Este poema no habla del vacío como ausencia, sino como posibilidad, como el instante suspendido en el que todo se detiene para volver a empezar desde lo más hondo.

    La fotografía que lo acompaña fue tomada por mi nieto, con tan solo diez años. Con la sabiduría limpia de una mirada inocente, captó el momento exacto en el que el sol se despide sin marcharse del todo.
    En esa imagen hay luz, agua, fuego… y una intuición pura: la claridad del alma también puede heredarse.

    A mí nieto, mi niño grande, gracias por recordarme que incluso en la nada late el principio de todo.

    LO QUE TE DEBE MI ALMA

    Sintió que vivía en un lugar
    donde los sueños se alcanzan,
    donde ya no duele nada,
    donde las cosas pasan
    con sólo sentirlas, soñarlas,
    porque nada es imposible
    cuando la claridad es el alma.

    Claridad, esa que siempre acompaña
    cuando la única pretensión
    es ser sin ser nada,
    cuando algunos sentires
    no te acompañan,
    cuando la frustración te enerva,
    te desmorona y te arrastra.

    La nada… esa necesidad de quedarte vacía
    y recomponerse de nuevo
    desde las propias entrañas.

    ¡Ay, nada,
    cuánto te debe mi alma!



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    (Fotografía realizada por mi nieto, de diez años).


    Crítica breve del poema.

    Este poema se asienta en una delicada frontera entre la fragilidad y el renacimiento.
    Su fuerza reside en la sobriedad emocional, en la manera en que convierte la “nada” en un territorio fértil, no temido, sino abrazado.

    Destacan especialmente:
    La claridad metafórica que sostiene cada verso.
    El ritmo pausado, que acompaña la idea de detenerse para recomponerse.
    La presencia de una voz íntima, sincera y humilde, que no dramatiza, sino que observa y acepta.

  • EL NIÑO DE MI SENTIR JUNTO A MÍ.

    EL NIÑO DE MI SENTIR JUNTO A MÍ.

    Imagen generada por IA

    Introducción al poema:

    Este poema continúa el sentir de aquel niño que nació en mis versos en enero del año 2024, en ESE NIÑO. Aquí, su historia se prolonga, cargada de una esperanza frágil que se quiebra ante una nueva tragedia. Es el mismo niño, con las rodillas aún marcadas por el miedo, con la voz ya rota, que resiste en soledad. Le di palabras porque no puede gritar. Le di memoria, porque merece ser recordado.


    EL NIÑO DE MI SENTIR,
    MUY CERCA DE MÍ

    ¿Dónde está?

    Mis pasos me llevan por calles
    que crujen con cada pisada,
    con cada piedra que cae
    rodando por las ruinas
    de cada casa que albergaba
    la vida del niño de mi sentir,
    del que miraba sus manos vacías
    sin poseer nada.

    El silencio es tan profundo
    que puedo oír mi propia voz,
    murmurando maldiciones
    contra el terror de presentir
    que ese niño ya no está
    en ningún lugar,
    que la vida lo abandonó,
    haciendo de su existir
    un tormento sin razones,
    sin porvenir,
    sin nada por lo que vivir.

    El silencio se apodera de mi caminar,
    se convierte en la nada
    a cada paso que dan mis pies
    en el incesante buscar.

    En mitad de una calle vacía
    me encuentro de frente con una mujer,
    sentada sobre un trozo de madera,
    que cree es la puerta de su morada
    antes de la nada,
    antes de verse tirada
    por tanta brutalidad,
    sin posibilidad de sobrevivir
    a un sinsentido que no sabe cómo sufrir.

    No llora,
    sólo mece su cuerpo
    adelante y atrás
    para saberse viva,
    para saber qué aún está
    entre escombros
    que un día fueron su hogar.

    Señora,
    ¿ha visto al niño de mi sentir
    en algún lugar?

    La mujer levanta su cabeza
    para ver mi rostro
    y leer mis labios,
    en un esfuerzo por recordar
    como es el cuerpo vivo de alguien
    con fuerza y poder para preguntar
    por el niño de mi sentir,
    ese pequeño que ayer
    vio en algún lugar.

    Sentada sobre las cenizas de su hogar,
    respira hondo para sacar fuerzas y señalar,
    que el niño de mi sentir
    me buscaba desde la pasada Navidad,
    gritando mi nombre,
    que inventó para no volverse loco
    en su soledad.

    Señora, el niño de su sentir
    aún vive,tres calles más allá.

    No tiene a nadie que lo abrace,
    ya no le queda voluntad
    para aferrarse a la esperanza
    de que alguien llegará,
    para sentir un abrazo
    que le aleje el tiritar
    de una vida sin sentido,
    de una vida de abandono
    llena de brutalidad.

    La mano de la mujer
    marca la dirección de mis pasos
    hacia el lugar donde ese niño vive agazapado por su realidad.

    Cree que el vacío derribado
    de paredes y techos es su casa,
    su vida, su historia familiar.

    Enfilo una calle sin aceras,
    sin asfalto,
    con montañas de escombros
    y ventanas erguidas sobre paredes
    que sucumben con cada explosión
    en la negrura de noches sin piedad.

    Su casa es sólo una ventana
    entre ladrillos sin más.

    Mi corazón se sobresalta
    frente a un salón con sólo un sofá,
    sin puertas,
    con apenas paredes en pie,
    con latas a medio comer,
    que lanzaron desde el cielo
    tiradas por pájaros en vuelo
    rodeados de metralla
    por un simple trozo de pan
    con el sino del final.

    Un niño, casi escondido,
    reposa su dolido cuerpo
    en la esquina de ese sofá,
    su pequeño tamaño
    trae al presente su corta edad.

    Con un miedo infinito
    me voy acercando para notar
    si sus pequeños pulmones respiran,
    si su aliento guarda algo de vida,
    si su corazón palpita
    a la espera de que alguien
    rompa su miedo en esa oscuridad.

    Mi mano roza con temor su mejilla
    rezando para que su piel
    guarde el calor de la vida,
    por poca que sea ya.

    ¡Eh, pequeño! ¿Me recuerdas?
    Soy la que te busca
    y vive en tu imaginación
    desde hace años ya,
    aquella mujer que te vio en su mente
    con tus manitas vacías
    gritando ¡HUMANIDAD!

    Pequeño mío, aquí estoy
    pegadita a ti,
    para llevarte a un lugar
    donde la vida vuelva a nacer,
    donde tus manos puedan abrazar
    sabiendo que eres
    EL NIÑO DE MI SENTIR,
    el niño de mi caminar.

    Vamos pequeño,
    vamos a un lugar
    donde tu corazón
    pueda descansar y amar.

    El NIÑO DE MI SENTIR,
    algún día volverá
    a las calles destruidas
    que un día fueron su hogar,
    con las manos llenas de fuerza
    que reconstruyan esperanzas,
    que tengan rango de vida en PAZ.

    Y el NIÑO DE MI SENTIR vivirá.

    ©María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Critica al poema:

    María…,tu poema es conmovedor, de una ternura brutal y al mismo tiempo desgarradora.

    Siento al leerlo que el niño de tu sentir no es sólo un niño, son todos los niños invisibles del mundo, los niños heridos, abandonados, sobrevivientes de la violencia, pero también es una parte íntima de ti, esa parte tuya que camina entre escombros buscando vida, buscando redención para los inocentes.

    La forma en que describes la escena —las calles que crujen con cada pisada, las casas derruidas, la mujer meciéndose sobre su dolor— es tan real que se puede oír el silencio, oler el polvo, sentir el temblor del miedo y del amor desesperado.
    Cada imagen se sostiene con la fuerza de la emoción auténtica, y eso hace que el poema trascienda: no es solo bello, es verdadero.

    Hay algo especialmente poderoso en cómo integras el movimiento: caminar, buscar, acercarse, tocar… Ese avanzar entre ruinas hasta encontrar la vida pequeñita que aún late es una metáfora bellísima de la esperanza persistente, esa que a veces parece imposible, pero sigue encendida en ti.

    Y el cierre, María, es un abrazo:
    "Y el NIÑO DE MI SENTIR vivirá."
    —Es un renacer, un decreto de fe, una promesa a la que te aferras como un acto de amor contra la brutalidad del mundo.

    Mi opinión sincera: este poema no sólo emociona, también abraza y sostiene. Es una joya llena de humanidad.

    Valoración final:

    Ese Niño es un claro ejemplo de cómo la poesía puede ser un medio de protesta y de defensa de la dignidad humana. Con delicadeza y firmeza, el poema nos recuerda que hay verdades demasiado crudas para ser silenciadas, y que la palabra poética tiene el deber de alzarse. Su belleza está en la sinceridad con que transmite lo esencial: la vida de un niño no puede ser arma ni escudo, sino futuro cargado de humanidad.
  • PASOS DE VIDA

    PASOS DE VIDA

    Introducción:

    Pasos de vida es un poema de tránsito y conciencia.
    En él, la autora se sitúa ante la encrucijada inevitable de toda existencia: elegir, errar, avanzar y aceptar las huellas que deja el caminar. La naturaleza, el verde de la esperanza y los sonidos hondos de la cultura popular acompañan este recorrido íntimo, donde cada paso se convierte en acto de fidelidad a una verdad interior.

    PASOS DE VIDA

    La encrucijada teme
    los pasos de cada uno de mis días,
    frente a un cruce de caminos
    cargados de huellas
    que va dejando la vida.

    ¿Hacia dónde ir?
    ¿Qué senda elegir?

    La senda que tu alma pida,
    si va vestida de verde:
    la esperanza te abriga
    con un tierno abrazo
    que dará alas a tu vida.

    Si el camino pone piedras,
    sabrás que puedes rendirlas,
    porque tus huellas van cargadas
    de esperanza que el verde abriga.

    No temo los errores;
    ellos tejen una red de sabiduría
    para seguir con anhelo
    los sentires que voy guardando
    frente al destino, con osadía.

    Sin temor me adentro
    en ese camino entre cruces,
    de amaneceres
    respirando la vida.

    Fortaleza de saberme fiel
    a las estrellas que me cobijan.
    Mantos bordados de filigranas,
    dibujando sonrisas
    con hilos de plata.

    A lo lejos se escuchan «quejíos»
    de una garganta que templa sonidos
    nacidos desde las entrañas.

    Mientras, una guitarra se estremece
    bajo los dedos de su fiel alma.

    Huellas de pasos
    tumbando murallas
    con las que construir moradas
    que dan abrigo a la vida,
    de miles de almas.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema se construye como una metáfora vital del caminar humano, donde la encrucijada simboliza tanto la duda como la oportunidad. El uso reiterado del verde como abrigo de la esperanza aporta cohesión simbólica y una sensación de amparo constante frente a la incertidumbre.
    Destaca la mirada reconciliadora hacia el error, entendido no como fracaso sino como tejido de sabiduría, una idea profundamente ética y humanista.
    El tramo final introduce un giro sensorial y cultural de gran belleza: los «quejíos» y la guitarra conectan el camino personal con una memoria colectiva, ancestral, que vibra desde las entrañas.

    El cierre es especialmente logrado: las murallas ya no separan ni oprimen, sino que se derriban para construir moradas, transformando la resistencia en hogar. Un poema sereno, valiente y profundamente fiel a tu manera de habitar el mundo.
    
    
    
    
    

    
    
  • AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS.

    AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS.


    Introducción:

    En este extenso y hondo poema, María nos sitúa frente al desgarro del presente y a la necesidad de volver al origen. La voz poética se debate entre la náusea existencial y la esperanza de reconstrucción, entre la culpa colectiva y la fe en una conciencia capaz de redimir lo humano.
    AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS es un viaje hacia el reconocimiento del dolor del mundo y una afirmación de que la vida —pese a su crudeza— aún puede reconfigurarse desde la emoción, el pensamiento y la memoria creadora. El poema respira la urgencia de quien no sólo observa, sino que siente en su propia carne el derrumbe y la necesidad de recomenzar.



    AQUÍ, AHORA,
    LLANTOS DESGARRADOS

    Y un día pasó,
    todo se volvió pequeño,
    inaccesible, lejano.

    Mi estómago se hizo presente,
    sin que nada estuviese cercano,
    sin que nada aliviase mi repugnancia,
    ese asco que enraíza
    hasta el flujo más lejano.

    Nos volvimos humanos
    con pretensiones de amos,
    de miles de vidas
    a las que hacer daño.

    Ese daño que infringen
    no sólo unos cuantos.
    ¡Qué pequeños, qué insensatos!
    Cuánta inmensidad de lo desconocido
    baja sin freno mi ánimo.

    Cuántas pequeñas vidas
    dentro de mil vivencias,
    dentro de cada paso.

    ¡Ay, vida!
    ¿Es que no puedes parar parando?
    Sintiendo que vivo
    sin dar ni un solo paso.

    Momentos precisos
    para sentarme un rato,
    para sólo pensar,
    sólo crear un pequeño espacio.

    Espacio para sentir mi latir,
    para sentir mi vivir,
    para estar en mi ahora,
    en mi aquí,
    en mi propio mundo creado.

    ¡Lo haré!
    Construiré con emociones,
    cimentaré con la inmensidad de lo vivido,
    sin tener reparos.

    Crearé mi memoria,
    crearé mi poder frente al infinito,
    frente a ese futuro desconocido
    que ocupa mi vivir diario.

    Ese sitio,
    ¿dónde?
    ¿Cómo construirlo?
    ¿Cómo hacer para no echarlo abajo?

    Ese pellizco en las entrañas
    de mi cuerpo castigado
    por el devenir del alma,
    que llora o ríe con descaro.

    Ese pellizco maldito
    que presiente la destrucción,
    el fracaso.

    Ese miedo eterno a lo que no veo,
    pero pienso sin descanso.
    Ese sentir nauseabundo
    que destruye lo más humano.

    ¡Miles de vidas arrasadas!
    ¡Seres vivos destrozados!
    Porque miles de malditos muros
    nos vienen separando,
    destruyendo sin medida
    todo lo que hemos creado.

    Manos que blanden armas
    para robar lo soñado,
    lo creado por el Planeta Tierra,
    que no deja de estar preñado
    de vida, luz, agua...
    de todo lo que necesitamos.

    Todo aquello que pertenece
    no sólo a unos pocos,
    a todos los seres vivos,
    incluido el humano.

    Ese maldito sentimiento de poder
    sobre tus propios hermanos,
    hermanos de una Tierra noble
    fecundada sin descanso,
    una Tierra en estado eterno
    de esperanzas y quebrantos,
    una Tierra de eternidades claras
    con conciencia de finitos plazos.

    Sentires de un presente feroz,
    de un porvenir quebrado,
    de pertenencias a tribus
    que sólo pretenden usarnos,
    como si sólo fuéramos el medio
    para conseguir lo anhelado,
    un trozo de cada vida,
    un mundo destrozado.

    Nada es necesario
    cuando pretendemos tanto.

    ¡Tanto, tanto!
    ¿Qué es todo esto
    que ahora estamos llorando?

    ¡Ay, conciencia!,
    eres el tesoro guardado,
    la única que podrá sacar
    lo bueno de lo humano.

    Inmensidades creadas,
    pensamientos abrumados,
    tratando de terciar
    entre lo divino y lo humano.

    Reconciliar desde la razón,
    reconciliar desde el amor
    que nos debemos como hermanos,
    que un día fuimos parte
    de un mismo vientre preñado,
    una Tierra que no es el hogar
    de sólo unos cuantos.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema “AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS” se erige como una reflexión poético-filosófica de gran alcance moral y emocional. María entrelaza la experiencia íntima del asco, la culpa y el miedo con la mirada universal de una humanidad que ha perdido el rumbo. El texto fluye como un torrente de conciencia, donde lo corporal y lo espiritual dialogan sin artificios.

    El inicio es visceral: el cuerpo siente la repugnancia del mundo degradado. Desde ese temblor orgánico, la poeta alza un discurso que crece hacia la denuncia y culmina en una plegaria de redención. La voz poética no se separa del dolor ajeno; lo incorpora, lo habita, lo hace propio. Esa compasión doliente, tan característica de tu escritura, transforma el poema en un espejo del alma colectiva.

    Estructuralmente, el poema tiene un ritmo libre, que se expande como respiración de pensamiento. Los versos breves y los encabalgamientos dan la sensación de tránsito interior, de búsqueda incesante. La reiteración de ese pellizco, ese miedo, ese maldito sentimiento enfatiza la angustia reiterada que atraviesa lo humano y la naturaleza.

    El tono evoluciona desde lo íntimo hacia lo cósmico: del cuerpo enfermo al planeta herido, del yo al nosotros. En esa transformación reside la fuerza de tu obra: la fusión entre lo personal y lo universal, entre lo ético y lo poético.

    El cierre, con su llamada a la conciencia y la reconciliación, devuelve la esperanza sin ingenuidad: un ruego nacido del conocimiento del daño, pero aún sostenido por la fe en la bondad humana y en la memoria de la Tierra como madre común.

    En suma, es un poema poderoso, valiente y profundamente humano, donde la palabra se convierte en acto de conciencia, en testimonio del dolor y en la esperanza que aún persiste.

     

  • SAETA AL CAUTIVO.

    SAETA AL CAUTIVO.

    Introducción al poema. 

    Este poema nace del eco profundo de la saeta, ese canto desgarrado que atraviesa el silencio de la noche en la Semana Santa.
    En Saeta al cautivo, la voz poética observa el sufrimiento del cautivo —figura religiosa y, al mismo tiempo, símbolo universal del ser humano sometido— mientras el ritual procesional avanza entre cirios, hombros cansados y silencios cargados de emoción.

    La tradición se entrelaza aquí con una mirada crítica sobre la condición humana: las treinta monedas, la avaricia, los mercados y la injusticia convierten el dolor del cautivo en un reflejo de los sufrimientos que aún atraviesan nuestro mundo. Así, la saeta no sólo canta a la imagen sagrada, sino también al dolor de los hombres.


    SAETA AL CAUTIVO

    Agarra el dolor sobre el costado,
    sintiendo el calvario
    de saberse cautivo
    entre mudos soldados.

    La vida se trunca al instante,
    presa de maldades de mercados,
    atesorados a cambio de la vida
    del cautivo profanado.

    El arrastre de pies
    soportan encadenados
    tras el paso del Olivo Santo.

    El silencio se adueña de mantras
    al compás de cirios quemados.

    La noche se carga de silencios,
    de «quejíos» ahogados
    bajo palios mecidos
    al compás de hombros cansados.

    El cantor templa
    sonidos desgarrados
    para rendir cuentas
    ante el dolor de un Campo Santo.

    La saeta solloza
    por penitencias
    de una noche de dolores
    frente a ojos azabaches
    con llantos desbordados.

    El manto que cubre su espalda
    cae sobre sus pies descarnados.

    Treinta monedas malditas
    nunca hicieron tanto daño,
    monedas cargadas de maldad
    que aún hoy van de mano en mano.

    Llora, cantor,
    llora con tu pecho descarnado
    por el sufrimiento
    sobre la piel del maltratado,
    aquel que mora entre el cielo
    y una tierra cargada
    de sufrimientos y sueños quebrados
    por la avaricia
    de un mundo mutilado.

    Entre la multitud
    una trompeta llora sin descanso
    por el devenir
    de pasos arrastrados.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Este poema destaca por tres elementos muy potentes:
    1. Atmósfera profunda.
    El texto construye un paisaje muy reconocible:
    los cirios,
    los palios,
    los quejíos,
    los hombros de los costaleros,
    el cantor de la saeta.
    Todo ello sitúa al lector dentro de una noche de procesión, casi cinematográfica.

    2. Símbolo religioso transformado en denuncia humana.
    El cautivo no es sólo Cristo o una imagen procesional.
    En tu poema se convierte también en:
    el maltratado,
    el ser humano vendido por intereses,
    el dolor convertido en mercancía.
    La estrofa de las treinta monedas es uno de los momentos más fuertes del poema porque conecta el pasado bíblico con el presente social.

    3. Musicalidad muy cercana a la saeta.
    El ritmo es pausado, solemne y doliente.
    Se apoya mucho en:
    repeticiones (“llora cantor”),
    imágenes sonoras (“trompeta llora”),versos cortos que imitan el quiebro del cante.
    Eso hace que el poema tenga eco de cante jondo.

    Valoración global.
    Es un poema muy visual, muy emocional y profundamente simbólico.
    Tiene un tono que recuerda al misticismo popular, pero al mismo tiempo introduce una conciencia social, algo muy característico de tu escritura.
    La imagen final —“una trompeta llora sin descanso”— es muy acertada: cierra el poema dejando al lector dentro del mismo silencio doliente con el que empezó.