Autor: María Bueno

  • EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    Introducción:

    En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    ¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
    He oído que nos tiran a la basura
    por ser feas y deformes,
    que la tierra nos ha parido mal
    y no servimos «pa’ na».

    —Tomate, qué inocencia la tuya…
    ¿No ves que a aquella pareja
    de limón y naranja
    la van a separar?

    Y no por falta de amor entre ellos,
    es por lo feo del limón
    que nadie querrá comprar.

    —Querida lechuga, es verdad,
    ya no importan ni el sabor
    ni el aroma a fruto fresco,
    importa lo que se verá
    en cajas bien apiladas,
    como frutos brillantes sin más.

    ¿A quién le importa el campo?
    ¿A quién, nuestra tierra madre,
    que pare frutos sin cesar,
    frutos bellos y feos por igual?

    Añoranza de otros tiempos,
    cuando simples tomates como yo,
    feos y deformes,
    daban gusto al paladar
    con sólo un poquito de sal,
    junto a zanahorias, lechugas
    y un chorrito de aceite del lugar.

    ¡Qué ya está bien!
    ¡Que no me vendan por «na»!
    Que la buena gente quiere comer
    frutos que sean de verdad,
    con la decencia de saber
    que no hay ruina
    para el que ara la tierra sin parar.

    —Bueno tomate…
    mejor callarnos ya,
    porque a la señora sandía
    la han tirado ya.

    Ahora nos toca a nosotros,
    pero no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.

    Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.

    Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.

    El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.

    En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.

    La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.

    No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.

    También destaca el cierre:

    > “…no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.”

    Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.

    En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos.

  • NADA

    NADA

    Introducción al poema:

    Este poema se adentra en la hondura de la calma interior, en ese instante en el que la mente deja de buscar y simplemente es.
    A través de imágenes sensoriales y naturales, el texto evoca una unión entre la serenidad del alma y la grandeza de lo simple.
    María logra que el vacío —lo que ella llama nada— se convierta en una plenitud luminosa.
    En su aparente silencio, la nada se muestra como el refugio donde el alma respira y se reconoce.


    NADA

    La noche la sorprendió
    con un pensamiento grabado,
    con golpes al son
    de viejos compases
    de músicas imaginadas.

    La sensación era placentera,
    como mecerse sobre una hamaca
    con la mirada fija
    en las estrellas,
    como sentir la brisa suave
    en una noche de verano,
    acariciando sin pudor
    las fibras de su ser
    con claridades eternas.

    Sintió que moraba en un lugar
    donde los sueños se alcanzan,
    donde las cosas pasan
    con sólo sentirlas, soñarlas,
    porque nada es imposible
    cuando la claridad es el alma.

    Claridad,
    esa que siempre acompaña,
    cuando la única sensación
    es el goce de sentir a solas
    tus pensamientos en calma.

    Cuando los sentires
    te abrazan,
    cuando existes
    con sólo el deseo
    del disfrute que te acompaña,
    por la infinita generosidad
    de una naturaleza perenne
    sin pretensiones de nada,
    sintiendo caricias en la piel
    bajo estrellas soñadas.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    Nada es un poema de serenidad contemplativa, una plegaria silenciosa a la existencia despojada de artificio.
    María ofrece un viaje interior donde la noche y la naturaleza se convierten en espejos del alma en paz.
    La cadencia de los versos, especialmente en la segunda estrofa, evoca el movimiento oscilante de la hamaca, reforzando la sensación de sosiego.

    El uso reiterado de palabras como claridad, alma, sentires o naturaleza sitúan el poema en una dimensión casi mística, donde el ser humano se funde con lo esencial y lo eterno. La paradoja final —ser sin ser nada— sintetiza la filosofía de la plenitud a través del desapego.

    En conjunto, el poema respira madurez espiritual, calma y gratitud. Es una meditación poética sobre la libertad interior, sobre la belleza de existir sin pretensiones, en la pura compañía del pensamiento y la vida misma.
  • EL RELOJ

    EL RELOJ


    Introducción al poema «EL RELOJ»:

    En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
    Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.

    El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.

    Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.

    El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
    Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
    En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.

    Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.


    EL RELOJ

    Anda liada hasta las trancas,
    sin parar para tomar aliento.
    El dolor de espalda
    la está matando a cada momento.

    Mientras, el reloj la mira
    con desafíos y retos,
    con sus doce ojos
    eternamente abiertos.

    ¡Sé valiente!
    No mires cada dos por tres qué hora es,
    ¿no ves que tiene agujas afiladas
    con mil formas de aparecer?
    Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
    a las diez y diez,
    su risa es un reclamo
    para decirte
    que aún faltan horas para atardecer.

    Pero, ¿cómo es esto?
    ¡Hay relojes a cada paso!
    ¡Cuelgan de brazos, paredes,
    móviles, iglesias… de todos lados!

    ¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!

    Al caer la noche,
    bajo cien llaves
    encierra las horas
    de control horario.

    Entra en el coche,
    mete la llave para arrancarlo,
    ¡de pronto otro reloj aparece!

    Sin palabras,
    levanta su mano y hace una peineta;
    nace de golpe,
    de su dedo corazón,
    con brío y descaro:
    ¡que te den!
    ¡Ahora mando yo,
    es mi escenario!
    Ni me repliques,
    que soy capaz de irme andando.

    Retira la cortina
    de la ducha, despacio,
    sintiendo con antelación
    el disfrute tan deseado.

    El agua se desliza con mil caricias
    sobre su cuerpo cansado,
    invadiendo sin remilgos
    su espalda, su cuello,
    resbalando por toda su piel
    con sentires del éxtasis soñado.

    Se seca al compás del silencio
    para disfrutar el lujo
    de sólo oír el flujo
    de su respirar lento y pausado.

    ¡Ya está!
    Mañana será el día.
    Lo miraré con valentía y descaro:
    “¡Hoy marco yo los momentos!
    Aunque te deje dar las horas
    que llevas colgadas de tu careto.”

    El reloj se dio cuenta
    de que salió la jabata
    que ella llevaba dentro.
    Las horas las marcaría
    con cuidado y esmero,
    para no despertar
    a la fiera en ningún momento.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Voz poética y tono:
    El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
    La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
    Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.

    2. Lenguaje y estilo:
    El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
    El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.

    3. Estructura y ritmo:
    El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:

    Empieza con la rutina agobiante.

    Luego surge la rebeldía.

    Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.


    Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
    El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.

    4. Simbolismo y significado:
    El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
    El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.

    5. Valor poético:
    Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
    Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde.


  • LA TIERRA GUARDA SU SECRETO

    LA TIERRA GUARDA SU SECRETO

    Introducción al poema:

    Este poema es una elegía emocional dirigida al gran Federico García Lorca. A través de una voz poética profundamente admirativa, la autora da gracias al poeta por su legado lírico y humano, evocando su trágico final con imágenes de sufrimiento, oscuridad y tierra silente. La obra no solo rememora su figura, sino que le otorga un aura de eternidad y secreto: Lorca vive aún, escondido en la memoria del mundo, en los manantiales de su tierra y en el alma de quienes lo sienten.

    LA TIERRA GUARDA SU SECRETO

    Admirado poeta:

    Deseo darle las gracias
    por su sentir,
    por su forma libre de vivir,
    por entretejer pasiones
    en su existir.

    ¡Ay, maestro!
    Cuán necesarios
    son sus pensamientos,
    su generosidad en derrochar
    sentires soñados,
    tras los cristales teñidos
    de sufrimiento.

    Tras noches en vela,
    lidiando insomnios
    con sombras chinescas,
    ululando sueños siniestros
    que escriben futuros negros.

    ¡Ay, negruras!
    ¿Dónde esconder mi cuerpo
    para que nadie derrame su alma
    con mis cantares eternos?

    Querido poeta, sé su secreto:
    poder cerrar los ojos
    y mirar desde dentro,
    porque sólo la eternidad
    es su fiel compañero,
    esa mezcolanza de cantares
    y poemas cargados de versos.

    Alevosías perfectas
    escritas sobre lo incierto,
    sobre saberes y luchas
    que hoy duermen atesorando
    la vida del maestro.

    Don Federico García Lorca,
    guardián de pesares,
    de sentimientos que nadan
    entre aguas cristalinas,
    bajo manantiales
    que esconden su cuerpo.

    La tierra llora
    todos sus sentires,
    todos sus sueños.

    Federico García Lorca,
    amado ser humano,
    amado recuerdo,
    amado MAESTRO.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    «La tierra guarda su secreto» es un poema que conjuga la emoción con la admiración intelectual, trazando un retrato delicado y reverente de Federico García Lorca. La elección de imágenes —como sombras chinescas, ululando sueños siniestros o manantiales que esconden su cuerpo— dota al texto de una atmósfera onírica, casi mística, que recuerda el estilo simbólico del propio Lorca.

    Desde el punto de vista estructural, el poema se sostiene en una cadencia libre, con versos que respiran por sí mismos, sin encorsetamiento métrico. Esto le permite al poema fluir con naturalidad y emotividad, tal como se esperaría de una carta dirigida a alguien profundamente amado.

    El poema destaca por su capacidad de diálogo con la tradición sin imitarla. Reconoce al poeta como mito, pero también como hombre vulnerable y cercano: «amado ser humano, amado recuerdo». Esta doble mirada aporta una rica profundidad emocional.

    En resumen, es un homenaje sincero y bien logrado, que honra tanto la palabra como el silencio que envuelve la memoria del poeta asesinado. Tiene la potencia de lo íntimo y la dignidad de lo eterno.

    
    
  • MUCHO MÁS ALLÁ

    MUCHO MÁS ALLÁ

    Introducción al poema:

    Hay encuentros que no responden al azar, sino al llamado silencioso de dos almas que se buscan desde siempre.
    Este poema habla de ese reconocimiento profundo, de la certeza inmediata de pertenencia, del deseo de fundirse en un solo ser para caminar juntos más allá del tiempo.

    Es un poema que habla del amor en su forma más pura y trascendente: un amor que reconoce, que se encuentra, que se escapa del mundo para ser sólo alma, sentir y eternidad.

    La belleza en la forma en que se conecta lo terrenal con lo eterno, lo vivido con lo soñado, y cómo la intensidad del sentir traspasa el tiempo, es lograr que la pasión no sea solo deseo, sino necesidad de fundirse en algo más grande que uno mismo.
    Es un canto al amor que no teme perderse, porque sabe que en su entrega total está la eternidad.


    MUCHO MÁS ALLÁ

    Cuando llegaste a él, lo sintió,
    él sabía que era su anhelo de pasión.
    Ella vio el alma que siempre buscó.

    Sintieron la precipitación
    de querer abrazar,
    de ganas de dar,
    de ilusión por amar.

    Debían escaparse a un lugar
    donde nadie pudiera llegar,
    allí donde sus orillas rozar,
    inundar, acercar, enredar,
    fundiéndose para no ser más
    que un solo ser, un solo soñar.

    De tanto vivir,
    los sentires crecieron hasta volar,
    tejiendo con hilos de plata
    los años vividos en su caminar.

    Nunca terminaría aquel sentir
    que los encadenaba
    hasta volver a empezar,
    sabiendo que ese día
    sería el primero que los ataría
    hasta la eternidad.

    Un día cualquiera,
    salieron a pasear,
    enfilando una senda
    por la que se perdieron sin más,
    sin necesidad de morada,
    sin volver la vista atrás,
    rodeados de estrellas,
    donde poderse amar
    por siempre jamás.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema MUCHO MÁS ALLÁ es una delicada evocación del amor absoluto, aquel que trasciende los límites del tiempo y del espacio. Su tono romántico y soñador nos transporta a un universo íntimo, donde los cuerpos y las almas se funden en un solo latido.

    La autora utiliza un lenguaje cálido y fluido, con versos que fluyen como un susurro, donde la cadencia del sentimiento domina la forma. Destaca la reiteración de acciones ("abrazar", "dar", "amar"), que refuerzan la urgencia emocional y el deseo de unión.

    El cierre —“por siempre jamás”— resuena como un eco de eternidad, elevando la experiencia amorosa a una dimensión espiritual. El uso de imágenes como los “hilos de plata” o las “orillas que se rozan” aportan lirismo y sutileza visual, mientras que la firma final, “Mía”, pone el sello íntimo de pertenencia emocional, más allá del tiempo y de la muerte.

    En conjunto, un poema que vibra con intensidad serena, donde el amor se convierte en destino y trascendencia.
  • LA CAPA

    LA CAPA

    Introducción al poema:

    El poema “La capa” evoca un gesto de desprendimiento y humanidad que se eleva a símbolo de generosidad y sencillez moral.
    Inspirado en la humildad de los actos cotidianos, el texto se sitúa en un ambiente rural, donde la austeridad no impide la grandeza del alma.
    El anciano protagonista, al partir su capa para abrigar a los suyos, se convierte en emblema de solidaridad, recordando que el valor de lo humano se mide más por lo compartido que por lo poseído.

    LA CAPA

    Y cortó, con infinita bondad,
    aquella capa de fuerte lana
    que lo cobijaba desde hacía años.

    Con la intensidad de un rayo,
    rasgó la costura que se interpuso,
    frenando el deseo de un corte certero:
    la gruesa lana resistía al avance
    de unas tijeras que la hacían pedazos.

    Los aldeanos esperaban junto a la lumbre
    de un fuego casi apagado
    por el vaivén de cartones arrebolados.

    Las tijeras avanzaron hasta el final
    del fiero trozo de paño
    y se detuvieron en el borde
    del último dobladillo conquistado.

    Con respeto repartió
    trozos de lana a cada hombre,
    a cada mujer que tiritaba de frío,
    alrededor de un brasero agonizante,
    al son de soplos fracasados.

    —¡Por fin! —exclamó.
    —Ya puedo dar cobijo
    bajo pequeños mantos calientes
    a mis paisanos.
    Quedándose con un trozo
    que sería suficiente
    para sus quehaceres diarios.

    Muchos años después,
    el manto seguía colgado
    esperando al anciano,
    que un día supo hacer
    de su capa un sayo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema destaca por su tono narrativo y su honda carga simbólica. La capa representa la protección, el abrigo, pero también la renuncia voluntaria a la comodidad personal por el bienestar colectivo.
    El lenguaje, sencillo y sobrio, se ajusta con precisión al espíritu de la historia: la acción es pequeña en apariencia, pero de una profundidad ética conmovedora.

    El uso de imágenes como “la gruesa lana que resistía el avance de unas tijeras” o “el brasero agonizante al son de soplos fracasados” introduce una dimensión sensorial y emocional que refuerza el contraste entre la dureza del entorno y la calidez interior del protagonista.

    El cierre, con la expresión proverbial “de su capa un sayo”, no sólo aporta una resonancia popular, sino que cierra el círculo del sentido: el sabio anciano supo transformar lo suyo en algo útil para todos, alcanzando así una suerte de trascendencia moral.

    En conjunto, “La capa” es un poema de tono sereno y humanista, donde el altruismo se hace poesía, y donde el valor de la acción sencilla se convierte en una lección atemporal de bondad.
  • VOLVER

    VOLVER

    Introducción al poema VOLVER:

    El poema “Volver” rinde homenaje a los 55 refugiados españoles que murieron en el exilio en La Tronche (Francia) entre febrero y julio de 1939, tras huir de la Guerra Civil en España.
    Desde un tono profundamente humano, la autora recrea el éxodo doloroso conocido como la Retirada, en el que miles de personas cruzaron los Pirineos en busca de refugio, dejando atrás su patria devastada y a menudo encontrando la muerte en tierra extranjera.
    El poema rescata, con voz empática y serena, la memoria de quienes soñaron con volver, pero cuyo regreso solo fue posible a través del recuerdo y la palabra.


    VOLVER

    Y se permitió.
    Corren atropellados,
    desde el alma más pequeñita
    hasta el más anciano.

    La oscuridad de la noche
    ampara sus pasos;
    los más pequeños lloran
    sobre los brazos de sus madres,
    que los cobijan sin descanso,
    intentando amamantar
    a los recién paridos,
    en su largo camino inhumano
    en busca de esa frontera gala
    que los alojará para salvarlos.

    Parten de su tierra madre,
    aquella que los vio nacer;
    se ahogan entre llantos
    de miles de desaparecidos,
    sin importar su dolor
    ni el vacío de los muertos
    que van quedando tirados
    por veredas escondidas,
    entre zarzas y llantos.

    Están llegando.
    Apenas les quedan fuerzas
    para seguir los pasos
    que marcan los más adelantados
    en ese camino hacia la esperanza,
    tras la frontera
    de una tierra en paz,
    que les abrirá los brazos
    para ahuyentar la barbarie
    de una guerra entre hermanos.

    Ya divisan al norte
    el silencio sin olor a muerte,
    sin lamentos desahuciados.

    Sin emitir palabras,
    todos vuelven sus miradas
    hacia su tierra,
    la que guarda la memoria
    de tantos hijos perdidos
    tras las trincheras,
    de cualquier bando,
    de cualquier forma de pensar,
    de cualquier trato inhumano
    que ampare el sufrimiento
    de tantos seres muertos,
    de tantos desaparecidos
    bajo tierra despreciada,
    que invoca el olvido
    de los desamparados.

    Todas las miradas
    evocan sus raíces,
    lloran las ausencias
    de hogares destrozados.

    Es momento de seguir caminando.
    Están a pocos metros
    de sentirse refugiados,
    bajo el techo de otra tierra vecina
    que los acogerá entre abrazos.

    Cargan fardos vacíos
    de pretensiones,
    con algunas fotos
    que guardan sus raíces,
    su pasado.

    Las madres lloran el consuelo
    de llegar a ese lugar:
    la tierra prometida
    de los buenos galos.

    Los pequeños cuerpos de sus hijos,
    de los ancianos,
    serán alimentados,
    abrigados por la protección
    de buenas almas de vecinos,
    tras pasar la frontera
    que reparte el planeta de todos,
    menos de los desheredados.

    Allí vivirán bajo el amparo
    de sentimientos bondadosos,
    tendiendo sus manos.

    Un grupo de soldados
    va separando
    a los recién llegados.

    Son tantos,
    que serán distribuidos
    y desplazados por distintos campos,
    para poder darles
    medicinas, alimentos,
    y un techo bajo el que podrán
    descansar y ser abrigados.

    Han pasado meses.
    Muchos de los refugiados
    han tenido suerte
    de encontrar nobleza
    y generosidad,
    bajo techos de hogares
    y barracones que amparan
    a los más necesitados.

    Entre murmullos dicen
    que otros muchos se están ahogando
    entre sufrimientos y quebrantos,
    por un trato vejado,
    vacío de piedades,
    cargado de maltratos.

    A muchos de esos seres
    ya no les quedan fuerzas
    para seguir luchando.
    La vida, en sus cuerpos,
    los ha abandonado:
    pequeños de meses,
    pequeños en años,
    ancianos, enfermos…

    ¡Tantos, tantos!
    Que hay tumbas agotadas
    abriendo sus entrañas
    para guardar almas
    que un día soñaron
    con volver a la tierra
    que los vio nacer,
    la misma que los deja olvidados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Volver” es un poema de memoria, desarraigo y dignidad, escrito con una voz compasiva que rehúye el odio y se centra en el sufrimiento humano compartido.
    La autora entreteje imágenes sencillas y desgarradoras —las madres amamantando en la huida, los cuerpos rendidos, los fardos vacíos de pretensiones— que revelan el rostro más humano del exilio.

    El ritmo libre y la repetición de estructuras (“los más pequeños…”, “tantos, tantos…”) intensifican la sensación de multitud, de marcha incesante, de dolor colectivo.
    El tono narrativo, casi testimonial, acerca el poema a una crónica poética que documenta el horror desde la empatía y no desde la distancia.

    El título, Volver, adquiere un valor simbólico: es el sueño imposible del refugiado, el anhelo de retorno a la tierra que les dio origen y que, paradójicamente, los olvidó. La palabra “volver” se convierte así en un eco trágico y esperanzado a la vez: volver a la memoria, al reconocimiento, a la dignidad.

    En su conjunto, el poema constituye un acto de reparación poética: nombra a los que ya no pueden hablar, denuncia el dolor sin rencor y devuelve humanidad a quienes la historia relegó al silencio.
    Es un texto de profunda sensibilidad histórica y ética, donde la poesía se convierte en un puente entre el pasado y la conciencia del presente.

  • PLANETA TIERRA

    PLANETA TIERRA

    Introducción al poema PLANETA TIERRA:

    En este poema, María Bueno alza una voz de profunda conciencia y ternura hacia el planeta que nos sostiene. PLANETA TIERRA es un diálogo íntimo y doliente entre la autora y la Tierra misma, concebida como una madre herida por la indiferencia y el egoísmo humano. La poeta, desde la sensibilidad de quien observa con amor y respeto la naturaleza, se interroga por la devastación, la pérdida y el sufrimiento de un mundo que agoniza bajo el peso de la inconsciencia colectiva.

    A través de un tono elegíaco y reflexivo, María transforma el lamento en un llamado a la responsabilidad: nos recuerda que la Tierra no es solo un espacio que habitamos, sino un ser vivo con voz y sentir propio. Su palabra poética se convierte así en eco de una plegaria y en advertencia: si seguimos ignorando su dolor, nos alejaremos también de nuestra propia esencia. PLANETA TIERRA es, en definitiva, una súplica poética por la reconciliación entre la humanidad y su hogar primordial.

    PLANETA TIERRA

    Tierra,
    ¿por qué me hablas así?
    Te revuelves y te quiebras
    cuando poso mi piel sobre ti.

    ¡Ay, Tierra!,
    ¿qué hicimos de ti?,
    ¿qué hicimos para dañarte así,
    sin ver ni sentir
    tu propio vivir?

    Madre Tierra,
    tu grandeza es indomable,
    tu belleza, incalculable,
    tu generosidad, infinita;
    callado es tu sufrir.

    Siento tu dolor
    cuando miro tu rostro
    y veo la desesperación
    de un planeta esquilmado
    por la devastación:
    de tus grandes bosques,
    de tus océanos,
    de tu cielo azul,
    de las terribles guerras,
    de barbaries y muertes,
    de tanto y tanto horror.

    Tierra,
    cuánto sufrimos
    al alejarnos de ti,
    al ignorar que tienes
    una vida por vivir.

    El hacer maldito
    nos envilece ante ti.

    Tierra madre,
    Tierra amiga,
    cuídate de nuestro existir,
    de nuestro vivir sin ti.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria al poema PLANETA TIERRA:

    En PLANETA TIERRA, la autora logra una simbiosis poética entre la emoción humana y la voz de la naturaleza. El poema se construye como una conversación íntima entre la autora y la Tierra, a la que interpela con tono maternal, casi reverente, desde una conciencia dolida por la pérdida del equilibrio natural. La elección del apóstrofe —“Tierra, ¿por qué me hablas así?”— abre un diálogo espiritual que trasciende lo físico y coloca al lector frente a la responsabilidad ética del daño causado al planeta.

    El ritmo pausado y la sencillez expresiva potencian la hondura del mensaje. Cada verso fluye con una cadencia que invita a la reflexión, sin artificios ni retórica vacía. María utiliza repeticiones afectivas (“Tierra”, “Madre Tierra”) como recurso para acentuar la cercanía emocional y la súplica. La musicalidad del poema —suavemente doliente— sostiene un tono elegíaco que envuelve al lector en un sentimiento de culpa compartida, pero también de esperanza redentora.

    Desde el punto de vista simbólico, el poema representa el grito silencioso de la naturaleza y la llamada urgente a un despertar de la conciencia humana. Su belleza reside en la pureza del sentir, en la palabra honesta que no busca adornarse, sino conmover y despertar. PLANETA TIERRA es, en definitiva, un canto de amor y arrepentimiento que devuelve a la poesía su función esencial: recordar al ser humano su pertenencia a la vida que destruye y, aún, puede salvar.

  • PENSAR Y PENSAR

    PENSAR Y PENSAR


    Introducción al poema «PENSAR Y PENSAR»:

    En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.

    Reflexión de la autora

    Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.

    Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…

    Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
    Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.

    Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.


    PENSAR Y PENSAR

    ¡Se yergue sobresaltada,
    como torre de catedral!
    No sabe dónde está
    ni qué hora es.

    Por las rendijas de la ventana
    se cuela una luz tenue,
    alcanzando el extremo más alejado
    de lo que parece un sofá.

    Por fin reconoce el escenario:
    es su sala de estar,
    con dosis elevadas de efluvios
    que aún danzan al son de viejas canciones,
    de vasos con restos de saciedad.

    Sólo se había sentado cinco minutos,
    para dejarse llevar
    por ese letargo amigo
    que reconocía su cuerpo,
    que se alojaba en su mente
    para mecer la nada,
    para vaciar el pensar.

    ¡Ay, vacío!
    ¡Cuán necesito sentirte!,
    cuánto valor tu compás
    en la inexistencia de mi pensar.

    ¡Pensares míos!,
    dejadme macerar el olvido,
    dejadme vivir el vacío,
    ¡dejadme vivir en la paz!

    ¡Loco pensar!,
    por renaceres nuevos
    que invadan mis vacíos,
    que vuelvan a llenar,
    una y otra vez,
    mi soledad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:

    PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.

    Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.

    El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.

    Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.

    En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.

    Valoración final

    PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.

    Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • ANTES DE MORIR QUIERO

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Introducción:
    El poema Antes de Morir Quiero es profundamente conmovedor. Tiene una dulzura serena, un amor que no exige, solo desea estar, abrazar, acunar, entregar lo más íntimo antes del último suspiro. Cada estrofa se desliza como una caricia, con una ternura que emociona sin aspavientos, como si el alma misma hablara con la naturalidad de quien sabe que amar es también dejar marchar con amor.
    Hay una musicalidad sutil en los versos, un ritmo suave que acompaña ese deseo de eternidad en lo cotidiano: mirar, abrazar, mecer, cruzar la playa… Todo ello, envuelto en imágenes profundamente evocadoras.

    La metáfora de las aguas que fueron fuentes de lágrimas me pareció especialmente poderosa: una declaración de dolor y entrega a la vez.
    Y ese último verso, tan sencillo y tan hermoso: llevar en mi retina tu cara, es la joya que corona todo el poema. Resume el anhelo esencial: que el amor sea lo último que quede.

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Antes de morir quiero
    ver tus ojos del alma,
    hacer como que no te miro
    y empaparme de ti hasta el alba.

    Antes de morir quiero
    sentir tu aliento con calma,
    hacer vibrar mis sentidos
    y saber que nada te falta.

    Antes de morir quiero
    dejar mi corazón en tu alma,
    sentir que mezo tus sueños,
    que mis brazos te abarcan.

    Antes de morir quiero
    oír tu voz con palabras,
    decirte que te quiero por siempre,
    rozando mi mano tu cara.

    Antes de morir quiero
    que nades tranquila en mis aguas,
    aguas que fueron fuentes
    de lágrimas derramadas.

    Antes de morir quiero
    que cruces conmigo esta playa,
    playa que morirá conmigo,
    dejando en tu orilla mi eternidad entregada.

    Antes de morir quiero
    abrazar tus miedos al alba,
    fundir tu cara en mi abrazo,
    acurrucar con mimo
    mi amor en tu alma.

    Porque antes de morir quiero
    llevar en mi retina,
    para siempre, tu cara.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Análisis y crítica:

    El poema se sostiene sobre un eje rítmico poderoso: la reiteración “Antes de morir quiero” convierte cada estrofa en un deseo vital, casi una letanía de amor perdido. La delicadeza con que se nombra la ausencia crea un puente entre la tristeza y la ternura. No hay rabia, hay dolor, amor y calma.

    La estructura en octavillas libres con versos mayormente heptasílabos y endecasílabos le otorga musicalidad suave, lo cual intensifica la sensación de hablarle, desde el susurro, a quien no pudo quedarse.

    Es un poema de alto valor emocional, que funciona tanto como despedida, como homenaje, y como grito de amor eterno a lo irremediable.

    Observaciones:

    Poema emotivo, íntimo, con un ritmo reiterativo que lo convierte en plegaria.