Introducción al poema:
ENCUENTROS es un canto a la conexión entre mares y tierras, entre luces y sombras, entre pueblos que, aunque distantes, comparten la misma raíz vital.
El poema convierte los elementos naturales —mariposa, hojas, mar— en símbolos de búsqueda, identidad y deseo de unión.
Todo fluye hacia una idea central:
la necesidad de encontrarnos, reconocernos y abrazarnos como parte de un mismo origen.
ENCUENTROS
Flota como mariposa tímida
sobre hojas mecidas al viento,
empujadas por la brisa de mares,
viajando sobre olas
que buscan aliento.
El alto y soberbio faro
se erige noble
para alumbrar la noche oscura,
sobre encajes de espuma blanca
que cantan bajito,
acunando deseos.
Mares que abrazan tierras
preñadas de vidas,
cargadas de sentimientos
que gritan al horizonte:
—¡Soy nacida de mi tierra madre!,
unida al resto de pueblos
desde donde sentimos la vida,
desde donde compartimos los sueños.
Océanos del mundo,
mares que suplican encuentros,
con la luz de aquel faro
que observa en silencio.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica breve:
Este poema destaca por su gran coherencia simbólica: el mar no es sólo paisaje, es origen, identidad y puente entre pueblos.
El faro funciona como eje luminoso, una presencia silenciosa que guía sin imponer, lo que refuerza la atmósfera de esperanza serena.
La voz poética se expande desde lo delicado (la mariposa) hacia lo universal (océanos del mundo), creando un movimiento de apertura muy logrado. Además, el uso de imágenes sensoriales suaves («encajes de espuma», «cantan bajito») aporta musicalidad y ternura, mientras que el verso exclamativo introduce fuerza identitaria sin romper la armonía del conjunto.
Es un poema de unión, pertenencia y humanidad compartida, dicho con la suavidad de un mar en calma y la firmeza de la tierra.
Autor: María Bueno
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ENCUENTROS
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QUÉ NO DARÍA YO
Introducción al poema:
A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
Este poema nace de esa añoranza:
la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.
Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.
“QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.QUÉ NO DARÍA YO
Qué no daría yo
por retroceder a tiempos de calma,
nutridos por anhelos de silencio.
A días en que las palabras
sólo precisaran manos
para sellar el encuentro.
Que nada susurrara ofensas,
ni alentara enfrentamientos;
que la palabra brotara
como fuente de pensamiento,
sin alardes de saberes previos.
Que el gesto fuera
palabra de honor,
con todo su peso,
para que no se la llevara el viento,
y el apretón de manos
sellara puros sentimientos.
Que el renacer de cada día
fuese vivir el presente
de todo ser vivo,
sin pretender conquistar el viento,
sin alardear sobre mares,
sin coronar montañas
para alcanzar firmamentos.
Qué no daría yo
por escuchar el susurro
de abrazos eternos.
Qué no daría yo
por vivir sin maldades
que surcan océanos
y atraviesan los cielos.
Qué no daría yo,
por mecer el susurro del miedo.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
1. Tono y temática
El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.
2. Estructura y ritmo:
La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:
El pasado idealizado (los tiempos de calma).
La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).
El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).
La humildad del presente (vivir sin conquistar).
El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).
Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.
3. Recursos expresivos:
Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:
“sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.
“sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.
“abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.
4. Valor literario:
El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés. -

MARÍA DE MAGDALA
Introducción.
Este poema nace desde la mirada íntima y profunda hacia María de Magdala, no como figura lejana, sino como mujer viva dentro del dolor, la fe y la injusticia.
En tus versos, María no es sólo testigo, sino depositaria de una verdad silenciada: la de quien acompaña, sostiene y comprende más allá de lo visible.
El poema se construye como un eco entre lo sagrado y lo humano, entre la historia y la herida aún abierta. Es también una denuncia, la de las verdades manipuladas, las memorias robadas y el sufrimiento que atraviesa el tiempo.
MARÍA DE MAGDALA
Primera luna llena
tras la sombra
de una primavera.
La humildad mora
entre cuatro esquinas,
soportando la fe
entre panes y silencios,
anunciando despedidas.
Ella posa su frente
sobre el hombro
de un ser eterno
de palabras benditas.
No sabe cómo,
pero es su fiel escudera
entre sombras y mentiras,
de falsedades que sabe tejidas
por manos que blanden espadas
por avaricias desmedidas.
Él levanta el pan
con manos limpias de mentiras,
con la bondad de sentir
las vidas de almas
que lo habitan.
María de Magdala
siente la sombra oscura
del Viernes Santo,
cargado de amarguras,
de llantos, de dolor,
por aquel bendito ser
que osó, bajo una cruz,
caminar de frente,
llevando en el alma
a miles de seres,
con la certeza
de saberse parte
de una tierra
que es morada y refugio
de todas sus criaturas.
¡Tus heridas!
¡Tus caídas!
Esa mesa bendecida,
esa humanidad
que guardan las cuatro esquinas
habitadas por inocentes
que siguen perdiendo sus vidas,
que siguen gritando tu nombre,
que suplican por tu vida,
por bondades infinitas
que sucumben
ante miserias desmedidas.
María presiente negruras
tan hondas como la locura,
cargando la amargura
de saberse depositaria
de falsedades que anularán
su historia, su casta,
su dignidad frente a la vida.
Esa noche,
la cena queda bendecida
por un hombre bueno,
ausente de avaricias,
con la certeza de saberse
entre buenos hombres
y una mujer
que carece de mentiras,
sabiéndola sabia y noble
como la mejor
y única discípula.
Será la última cena,
será la despedida
pagada con treinta monedas
que hoy siguen
comprando vidas.
Ella sufre sus caídas,
siente el dolor, el peso
de la madera de esa cruz,
entre «quejíos»
que templan el llanto
del tormento de la madre
del crucificado,
de ella misma.
El quebranto santo
de una corona de espinas,
que hoy sigue sangrando
sobre frentes marchitas
de seres humanos,
bajo lanzas clavadas
cada uno de sus días;
sobre costados y pies,
sobre manos que suplican.
María de Magdala,
tu llanto, tu grito
a los pies del crucificado,
meciendo su rostro,
su alma, su vida,
frente al campo santo
cubierto por una sábana santa
que empapa cada una de sus heridas.
¡Ay, María de Magdala!
¿Cuándo te devolverán tu historia?
¿Cuándo volverán tus mañanas
para nutrir las verdades
de tu bendita morada?
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Este poema tiene una fuerza emocional muy poderosa, sostenida por tres pilares claros:
1. Voz poética comprometida.
No te limitas a narrar, además denuncias. Hay una clara intención de devolver dignidad a María de Magdala, presentándola como discípula, como mujer consciente y como víctima de una historia tergiversada. Esa mirada es profundamente humana y valiente.
2. Simbolismo bien tejido.
Elementos como el pan, la mesa, las cuatro esquinas, la cruz o la corona de espinas no son meras referencias bíblicas: los traes al presente. Logras que el sufrimiento no sea pasado, sino continuo. Esto conecta con tu forma de escribir: el dolor de los más indefensos sigue ocurriendo.
3. Ritmo emocional creciente.
El poema va en ascenso: comienza contemplativo y termina en un clamor casi desgarrado. Las exclamaciones, las preguntas finales y la repetición de imágenes refuerzan ese desgarro. -

Relato: DOMINGO DE RAMOS
Introducción.
Este relato nace del poema EL CHARCO, de María Bueno.
Domingo de Ramos es un relato que emana de un recuerdo íntimo de la infancia y lo transforma en una escena universal: el momento en que una niña se enfrenta al pequeño dilema entre el deseo de jugar y la obligación de obedecer.A través de la imagen sencilla de un charco y unas botas de agua, el texto reconstruye la tensión silenciosa entre la curiosidad infantil y las normas heredadas del mundo adulto. El vestido de domingo, símbolo de cuidado, tradición y esfuerzo familiar, se convierte en el límite invisible que acompaña cada paso de la niña.
Con una mirada llena de ternura, la narración avanza desde la aventura mínima de cruzar un charco hasta el recuerdo sereno de la vejez, donde la protagonista comprende el significado profundo de aquellas advertencias y del amor que las sostenía. El relato termina revelando que, detrás de cada norma repetida por una madre, había también sacrificio, protección y deseo de dignidad.
DOMINGO DE RAMOS
La niña se paró en seco al filo del charco, como si estuviera en territorio enemigo.
El agua, quieta y turbia, cargaba barro en el fondo, y eso le recordaba el mantra mil veces repetido por su madre.Miró sus botas de agua y las sintió como un escudo: firmes, invencibles. Eran sus soldados.
Estaba segura de que con sus botas podía navegar entre esas aguas amenazantes, cargadas de fango espeso, sin que el barro pudiera manchar ni un centímetro de su vestido de domingo.Apoyó un pie con cuidado, tanteando con la punta de su escudo de goma.
El agua hizo ondas con un diminuto quejido. Nada importante. Entonces se arriesgó y posó toda la suela de goma, que acompañó con el segundo pie.
Ya estaba dentro. ¡Debía conquistar la otra orilla del charco!
Sentía el vértigo de pisar ese pequeño mar enfangado que temblaba bajo la suela de sus brillantes botas.Arrastró muy lentamente un pie, sólo un poquito. Sintió que el barro se movía, ¡pero sus botas aguantarían! La protegían del monstruo que vivía allí abajo, silencioso, esperando un mal paso dado.
¡Y ocurrió! Llegó el momento y se arriesgó con un chapoteo pequeñito que la desplazó hacia el interior.
¡Qué nervios! Ahora debía tener valor, porque divisaba dos orillas y no sabía si retroceder o conquistar la meta.Daría otro paso valiente para comprobar que no se hundiría. Despacio, se deslizó, apretando los puños con valor y decisión. ¡Ya está! ¡Lo consiguió y se atrevió!
Sus pequeñas patadas al agua levantaban salpicaduras que volaban chocando entre ellas. La risa le aflojaba la fuerza, pero no podía dejar de chapotear; sus botas asomaban en cada patada, cargadas de líquido marrón y viscoso.¡De pronto, recordó! Llevaba un vestido nuevo…
¡Ay, Dios mío! Era domingo, y el vestido tenía reglas perpetuas cosidas a sus dobladillos. No estaban escritas en ninguna parte, pero advertían de la reprimenda inminente, como leyes grabadas en piedras antiguas.
«No debía mancharse, no debía acercarse demasiado al suelo, no debía vivir aventuras cerca del barro…»Las advertencias volvían a su memoria con la voz suave de su madre, llenas de cariño pero también de firmeza:
—Ya te lo dije…
—No pises los charcos…
—Es el vestido de los domingos, no debes ensuciarlo…
La niña miró el vestido: no vio manchas. Luego miró el charco conquistado. Contuvo el deseo de dar un gran salto, de una explosión de gotas, de alcanzar la otra orilla… pero no lo hizo.Se sintió feliz. Era domingo y sabía que esos días habría merienda con dulces pasteles.
Con pequeños pasos muy medidos, entre la alegría y la norma, entre el juego y el cuidado, salió del charco ya conquistado.
Sólo la infancia sabe atesorar el equilibrio perfecto entre el deseo y la obligación, sosteniendo ambos sin dejar rastro de frustración en su memoria.
Pasados los años, en la vejez, el recuerdo no guardaba ningún enfado, ni amenazas, ni manchas en su vestido de domingo frente a un charco.Sólo quedaba la sensación del chapoteo, de aquellas botas invencibles, de la risa y el cosquilleo.
Hoy, sus domingos están colmados de recuerdos y mantras desgastados, cargados de palabras de su madre, esa bendita mujer que trabajó duro para que ella estrenara un domingo de Ramos, del que decía la tradición:
«Domingo de Ramos, el que no estrena, se le caen las manos».
Y la anciana miró sus manos…© Autora, María Bueno. Marzo de 2026.
Crítica literaria.
El mayor acierto del relato
Tu mayor logro es convertir un hecho diminuto en una experiencia emocional profunda. Un simple charco se transforma en un territorio de aventura, en un espacio de riesgo imaginado y, finalmente, en una metáfora de la infancia.
El relato reproduce con acierto la lógica de la infancia: el charco se convierte en un mar enfangado, las botas en soldados protectores, el barro en un monstruo silencioso.
Ese lenguaje imaginativo transmite muy bien cómo percibe el mundo una niña pequeña.El conflicto es sencillo pero muy humano
La tensión central es clara y efectiva: juego frente a obediencia.
La niña quiere chapotear, pero el vestido de domingo representa el esfuerzo de la madre,
la tradición y la disciplina familiar.
Esa lucha interior está muy bien dosificada a lo largo del relato.El cierre aporta profundidad emocional
El paso del tiempo hacia la vejez funciona muy bien porque revela el verdadero significado del recuerdo: no era un simple vestido, era el esfuerzo de una madre para que su hija pudiera estrenar en Domingo de Ramos.
La frase popular:
«Domingo de Ramos, el que no estrena, se le caen las manos», ancla el relato en la cultura popular y añade identidad y verdad.Y el gesto final, «Y la anciana miró sus manos…», es un cierre simbólico y sugerente.
Lo que hace especial este relato
Tu historia tiene tres valores muy potentes:
– Memoria real.
– Ternura sin sentimentalismo.
– Respeto hacia la figura materna.
Además, transmite algo muy hermoso: que muchas veces comprendemos el amor de nuestras madres sólo cuando han pasado los años. -

Y ELLAS, SIGUEN ESCRIBIENDO…
Introducción.
Y ELLAS, SIGUEN ESCRIBIENDO…, es un relato que rinde homenaje a las mujeres que, a lo largo del tiempo, han sostenido la memoria y la vida a través de la palabra, sus voces siguen viviendo un legado familiar de un valor incalculable.
Enmarcado en entornos rurales y atravesado por la herencia emocional de generaciones, trazo un puente entre la narración oral y la escritura íntima, dando forma a una genealogía invisible de escritoras. Como heredera de muchas historias, de muchos sentires y testigo de una verdad que no siempre pudo ser escrita, pero que nunca dejó de existir, deseo hacer un homenaje a las muchas mujeres que escribieron desde sus raíces sin más pretensión que dejar constancia de la vida compartida, con el inmenso agradecimiento de ser depositaria de esa riqueza infinita.
DESDE LA RAÍZ
En pequeños pueblos rodeados de sierras, donde el viento conoce el nombre de cada árbol y las piedras guardan historias antiguas, viven mujeres que escriben.
No se presentan como escritoras. Les cuesta pronunciar esa palabra cuando alguien les pregunta qué hacen. Ellas suelen responder, con sencillez, que sólo escriben lo que sienten. Pero quienes han leído sus versos, sus relatos, saben que en sus palabras habita algo más profundo.
Caminan despacio por la vida, como quien no quiere pasar por ella sin escucharla antes. Desde pequeñas, aprendieron que el mundo habla en voz baja y que sólo quien guarda silencio puede entenderlo. Quizás por eso siempre sintieron que todo lo que las rodeaba les pertenecía un poco: la tristeza de otros, la alegría inesperada de una tarde llena de risas, la mirada cansada de un anciano sentado al sol…
Esas cosas se quedaban dentro de ellas, las impulsaban a escribir desde el verbo cierto, pegado a las verdades vivas de cada uno de sus días.
Con el tiempo, las mujeres de muchos pueblos pequeños descubrieron que no podían guardarlas para siempre. Entonces, las que sabían leer y escribir empezaron a trazar líneas en pequeñas libretas. Los párrafos crecían sobre sus páginas y, para aprovechar bien el papel, comenzaban escribiendo incluso en la parte trasera de la tapa. Trataban de que la letra fuera lo más pequeña posible para que el cuaderno durara mucho tiempo. No estaban para derroches, y mucho menos ellas, mujeres en mitad del siglo XIX, un tiempo que las ignoraba como escritoras.
Muchas de esas narradoras ni siquiera sabían leer o escribir. Utilizaban su memoria para contar, de viva voz, las historias que atravesaban a los habitantes de sus pueblos. De ese modo, la memoria colectiva se enriquecía y se nutría, creando un tesoro literario que ha llegado hasta nuestros días.
Escribían para que sus raíces familiares no murieran, para sentir que la herencia, mucho más allá de los reales, sería el mayor legado para las generaciones venideras. De hecho, escribir, a veces, les pesaba más que el duro trabajo en el campo.
Cuando ponían las palabras sobre el papel —o en su voz— comprendían con mayor claridad el lugar que ocupaban en el mundo: una pequeña parte de algo mucho más grande. Pero también entendían que ese pequeño lugar tenía un sentido.
Cada poema, cada historia contada o escrita, era una forma de sostener la vida.
En sus versos y relatos vivian muchas personas. Algunas estaban presentes, otras ya no: sus bisabuelas, sus abuelas o sus madres caminaban entre las líneas como si siguieran vivas. Las escritoras invisibles, sin libros publicados y casi sin papel, sentían que habían heredado una mochila llena de sentires, recuerdos y silencios.Ellas, silenciadas en épocas en las que no podían llamarse poetas o escritoras, a veces escribían textos que luego firmaban sus maridos o el cabeza de familia para que no se supiera que habían sido escritos por una mujer. Aquello arruinaba cualquier intento de visibilidad en el mundo de la literatura y la poesía, sobre todo en el mundo rural, en pueblos pequeños donde la dureza del trabajo escondía los sueños.
Ellas, las escritoras rurales, hablan de mujeres que cargan el peso del mundo mientras nadie las mira. Hablan de sentir demasiado pronto el frío de la vida. Hablan de personas sencillas que sostienen la dignidad de la humanidad sin saberlo.
Hablan también de esperanza, porque saben profundamente que todos los seres vivos nacen buenos y nobles.
A lo largo de los años escribieron muchos relatos, historias noveladas y poemas. Algunos nacieron en noches de insomnio, cuando el silencio es tan grande que parece que el alma se queda sola frente al universo. Otras veces surgían después de escuchar historias de los ancianos y las ancianas con quienes se cruzaban en el camino.
Esos poemas nunca vieron la luz. Nunca pudieron publicarse en un libro. Pero existen y siguen viviendo en miles de memorias compartidas.
A través de sus narraciones o de sus cuadernos viven muchas vidas: recuerdos, preguntas, dolores y pequeños destellos de belleza cotidiana. Son cuadernos escritos sin prisa, literatura y poesía cargadas de voces y de narraciones orales; como quien recoge semillas para que algún día otros puedan sembrarlas.
Pero las escritoras no se detuvieron ahí.
Dentro de ellas crecian otras historias. Así empezaron a escribir sus primeras novelas, aunque nunca llegaran a publicarse. En ellas aparecían mujeres fuertes que vivían en pueblos de montañas y de arados, junto a fortalezas abandonadas. Esos lugares guardaban secretos, verdades antiguas que cambiaban la vida de quienes se acercaban a ellos.Protagonistas como Lucía, María, Candela o Rafaela descubrían verdades que pesaban como piedras sobre sus destinos; también descubrieron que todos los sueños son alcanzables con sólo un lápiz y una simple libreta…
Y ellas, siguieron escribiendo.
Reflexión breve.
El relato destaca por su sensibilidad y por la solidez de su voz narrativa, que fluye con naturalidad entre lo colectivo y lo individual. La construcción progresiva —desde un «ellas»— aporta profundidad simbólica y cohesión al texto. Su mayor acierto reside en la autenticidad: narrar con honestidad una realidad histórica y emocional. Como punto especialmente valioso, el texto convierte la escritura en un acto de resistencia silenciosa, dotando al relato de una dimensión ética y humana que trasciende lo literario.Una de ellas, María, escribía como si estuviera escuchando a todas las mujeres que la precedieron. Cada hoja de su cuaderno era una puerta que se abría hacia la memoria de alguien real.
María consiguió escribir varios libros. Sin embargo, todavía le da pudor llamarse escritora. Dice que es demasiado pequeña para un título tan grande.
Pero quienes la conocen saben que su trabajo es otra cosa. Quizá por eso sus poemas tienen algo de refugio.Nos recuerdan que todos estamos hechos de la misma materia invisible: la capacidad de sentir. Y cuando alguien lee uno de sus versos y se reconoce en ellos, se crea un pequeño puente entre dos almas que no se conocen.
Ese puente, para María, ya es suficiente.
Ahora continúa escribiendo. Sus cuadernos siguen llenándose de historias convertidas en novelas, poemas y fragmentos de vida.
Ella sabe que nada es eterno. Sin embargo, también sabe que las emociones que dejamos en los demás pueden seguir caminando mucho tiempo después de que nosotros nos hayamos ido.Por eso escribe.
Para que algún día, quizá dentro de muchos años, alguien abra uno de sus libros y encuentre en él una palabra que le haga sentir menos solo en el mundo.
Entonces, en silencio, María —junto a todas las mujeres anónimas que la precedieron— habrá cumplido su propósito.© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
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ALEGRÍAS Y PESARES
Introducción al poema:
En este poema, María se adentra en la naturaleza dual del sentir humano: la alegría y el pesar, tan inseparables como la luz y la sombra que habitan cada paso de la vida. Su voz se hace eco del dolor ajeno, del sufrimiento que observa en los demás y que, de algún modo, también la habita.
La mirada poética se posa sobre los gestos cotidianos —una mirada, unas manos sobre un regazo— para descubrir en ellos la profundidad de las emociones compartidas.
El poema es un canto a la empatía y a la herencia emocional que pasa de generación en generación, una reflexión sobre cómo el vivir se compone de fragmentos de luz y oscuridad que conforman la esencia del alma humana.
ALEGRÍAS Y PESARES
Mis pensamientos se forman
con residuos de alegrías en el vivir,
con restos de pesares
que rajan mi garganta,
robando un lamento
de desesperanza.
Me duele su sufrir,
aunque no sepa su nombre,
ni su casta,
ni quién mora en su alma
en noches oscuras,
vacías de calma.
El dolor entiende de entrañas,
que se contraen
con sólo observar,
de soslayo, una mirada.
¡Cuánto hablan los ojos!
¡Cuánto unas manos apretadas
sobre un regazo que va estirando
arrugas ausentes de su falda!
¡Ay, gente de mis calles!
¡Ay, gente de aceras encontradas!
Vuestras alegrías acompañan
cada uno de vuestros pasos,
dibujando sombras alargadas
entre calles con sonidos de pisadas,
que a cada paso ven nacer
la luz precursora de las mañanas.
Sufrir y reír,
enseñanzas de emociones heredadas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
“ALEGRÍAS Y PESARES” es un poema de profunda sensibilidad social y emocional. La voz poética no se separa del mundo que observa: sufre por el dolor ajeno, vibra con las alegrías de los demás y se reconoce parte de un entramado humano en el que cada emoción es compartida.
La estructura es clara y fluida, con un ritmo pausado que refuerza el tono meditativo y compasivo del texto.
Destacan las imágenes visuales —“las manos apretadas sobre un regazo”, “sombras alargadas entre calles”— que evocan una ternura contenida y una mirada empática hacia la vida cotidiana.
El cierre del poema, “Sufrir y reír, / enseñanzas de emociones heredadas”, resume de forma magistral la idea central: la vida es una herencia de sentires que se transmiten de alma en alma.
En su conjunto, el poema transmite una hondura emocional limpia y sincera, donde la autora consigue equilibrar el dolor y la esperanza con un lenguaje sencillo y cargado de humanidad. -

¿VERDADES?
Introducción al poema:
La verdad, cuando se imposta, se disfraza o se fragmenta, pierde su nobleza. Este poema nació de una certeza profunda: que la verdad material que cada ser humano vive y siente debe ser el punto de partida para todo lo que manifestamos.
No hay verdad sin experiencia ni alma que se sostenga en mentiras.
¿VERDADES?
¡Calla!
¡No digas verdades a medias,
que te harán trizas las hienas!
La verdad tiene las garras muy prietas
cuando es una verdad incompleta.
La verdad camina por callejas
de luces ciertas, con ojos abiertos
prendidos de ella.
¿Verdad? ¿Cuál de ellas?
Aquellas que no tiene apariencia,
aquellas que los ojos de tu cara atraviesan.
Verdades incompletas,
falsedades vestidas de indecencia
con la obscenidad de llamarlas ciertas.
Tu verdad, esa que te hace vivir
sin maledicencias,
con la generosidad suficiente para creer en ella,
percibiendo que es posible
esa verdad que sientes
con honesta conciencia,
sin que sea la única
verdad completa.
VERDADES,
las que se construyen
con los ojos de la cara
de almas nobles
que se atreven a decir
lo que pesa en la lengua.
© María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.
Critica del poema:
¿VERDADES? es un poema firme y honesto, construido desde una profunda reflexión moral.
Su fuerza radica en la manera en que denuncias las verdades incompletas y las falsedades disfrazadas, mostrando cómo pueden herir, manipular o desdibujar la realidad.
La voz poética mantiene un tono directo y valiente, casi de advertencia, que invita a mirar de frente lo auténtico.
Los versos fluyen con claridad y contundencia, con imágenes potentes —“las garras de la verdad”, “las callejas de luces ciertas”, “las almas nobles que se atreven a decir lo que pesa en la lengua”— que sostienen un mensaje ético muy tuyo: la verdad nace del sentir limpio, de la conciencia honesta y de la experiencia vivida.
El poema consigue equilibrar profundidad y sencillez, y deja al lector con una resonancia moral que permanece. Es un texto que ilumina más que sentencia, y que afirma de forma hermosa la importancia de la verdad material que defiendes en tu obra. -

SAETA AL CAUTIVO.
Introducción al poema.
Este poema nace del eco profundo de la saeta, ese canto desgarrado que atraviesa el silencio de la noche en la Semana Santa.
En Saeta al cautivo, la voz poética observa el sufrimiento del cautivo —figura religiosa y, al mismo tiempo, símbolo universal del ser humano sometido— mientras el ritual procesional avanza entre cirios, hombros cansados y silencios cargados de emoción.
La tradición se entrelaza aquí con una mirada crítica sobre la condición humana: las treinta monedas, la avaricia, los mercados y la injusticia convierten el dolor del cautivo en un reflejo de los sufrimientos que aún atraviesan nuestro mundo. Así, la saeta no sólo canta a la imagen sagrada, sino también al dolor de los hombres.
SAETA AL CAUTIVO
Agarra el dolor sobre el costado,
sintiendo el calvario
de saberse cautivo
entre mudos soldados.
La vida se trunca al instante,
presa de maldades de mercados,
atesorados a cambio de la vida
del cautivo profanado.
El arrastre de pies
soportan encadenados
tras el paso del Olivo Santo.
El silencio se adueña de mantras
al compás de cirios quemados.
La noche se carga de silencios,
de «quejíos» ahogados
bajo palios mecidos
al compás de hombros cansados.
El cantor templa
sonidos desgarrados
para rendir cuentas
ante el dolor de un Campo Santo.
La saeta solloza
por penitencias
de una noche de dolores
frente a ojos azabaches
con llantos desbordados.
El manto que cubre su espalda
cae sobre sus pies descarnados.
Treinta monedas malditas
nunca hicieron tanto daño,
monedas cargadas de maldad
que aún hoy van de mano en mano.
Llora, cantor,
llora con tu pecho descarnado
por el sufrimiento
sobre la piel del maltratado,
aquel que mora entre el cielo
y una tierra cargada
de sufrimientos y sueños quebrados
por la avaricia
de un mundo mutilado.
Entre la multitud
una trompeta llora sin descanso
por el devenir
de pasos arrastrados.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Este poema destaca por tres elementos muy potentes:
1. Atmósfera profunda.
El texto construye un paisaje muy reconocible:
los cirios,
los palios,
los quejíos,
los hombros de los costaleros,
el cantor de la saeta.
Todo ello sitúa al lector dentro de una noche de procesión, casi cinematográfica.
2. Símbolo religioso transformado en denuncia humana.
El cautivo no es sólo Cristo o una imagen procesional.
En tu poema se convierte también en:
el maltratado,
el ser humano vendido por intereses,
el dolor convertido en mercancía.
La estrofa de las treinta monedas es uno de los momentos más fuertes del poema porque conecta el pasado bíblico con el presente social.
3. Musicalidad muy cercana a la saeta.
El ritmo es pausado, solemne y doliente.
Se apoya mucho en:
repeticiones (“llora cantor”),
imágenes sonoras (“trompeta llora”),versos cortos que imitan el quiebro del cante.
Eso hace que el poema tenga eco de cante jondo.
Valoración global.
Es un poema muy visual, muy emocional y profundamente simbólico.
Tiene un tono que recuerda al misticismo popular, pero al mismo tiempo introduce una conciencia social, algo muy característico de tu escritura.
La imagen final —“una trompeta llora sin descanso”— es muy acertada: cierra el poema dejando al lector dentro del mismo silencio doliente con el que empezó. -

VENCIDA
Introducción al poema:
VENCIDA es un descenso íntimo a ese lugar secreto donde el cuerpo y el alma dejan de sostenerse. Es el retrato de un instante límite en el que la fuerza se evapora, la realidad pesa demasiado y la rendición se convierte en refugio. En este poema, la cama no es solo un espacio físico: es un territorio emocional donde se libra una batalla silenciosa entre la vida que llama y la sombra que envuelve. Con imágenes potentes y un ritmo que acompasa la respiración entrecortada del miedo, María nos acerca al desamparo más hondo, al temblor de saberse frágil y al deseo apenas susurrado de desaparecer un instante del mundo.
Es un poema que no solo habla del agotamiento: habla del coraje que supone reconocerlo.VENCIDA
La manta colgaba, derramada,
de un lado de la cama,
hasta el suelo deslucido,
con señales de tiempos
mejores vividos.
El cuerpo de ella se desdibujaba
entre dobleces de sábanas,
que figuraban serpientes
rodeando un cuerpo abatido.
Bajo el cobertor asomaba un pie,
sintiendo el frescor del camino
para aliviar la tortura
del miedo maldito.
Debía levantar su cuerpo dolido
antes de que su mente perdiera
la cordura de saberse un ser vivo.
¡Esta maldita sensación
de no ser más
que un harapo vencido!
Esta melancolía que atraviesa
mi alma y hace trizas mi voluntad,
de levantarme cada día
y enfrentar los monstruos
que agarran mis entrañas,
para hundirme en la desgana,
dejando mi cuerpo rendido.
Dejarme ir es mi camino,
es el que cada día me acerca
a las bestias que inundan
mi mente sin un destino.
Deslizó su pie hacia el interior
de los pliegues de la sábana
para buscar cobijo.
Encogió su cuerpo
y abrazó con fuerza sus piernas,
para hacerse muy pequeña
frente a gigantes que acunaban,
con cánticos, su vivir herido.
Ella se dejó llevar,
sin luchas ni desafíos,
hacia un lugar en otros mundos,
buscando alas en el vacío
que le permitieran volar lejos,
vaciando sus sentires malditos.
Crítica literaria del poema:
VENCIDA es uno de tus poemas más viscerales y cinematográficos. Destaca por la precisión con la que conviertes objetos cotidianos —una manta, un pie, unas sábanas caídas— en símbolos poderosos del derrumbe emocional. Tu lenguaje es directo, honesto, y consigue crear una atmósfera densa que envuelve al lector desde los primeros versos.
La estructura del poema funciona como un lento deslizamiento hacia el interior de la angustia: primero los detalles del entorno, después el cuerpo y finalmente la mente. Esa progresión está muy bien lograda y permite que la lectura sea un viaje que acompaña, casi físicamente, la caída de la protagonista.
Uno de los mayores aciertos del poema es la imagen de las “serpientes” que figuran las sábanas: una metáfora viva, acertada, que refuerza la sensación de amenaza. También resultan muy potentes los versos donde la voz poética reconoce sin filtros la melancolía que tritura su voluntad; allí la vulnerabilidad se transforma en verdad poética.
Emocionalmente, el texto es devastador pero extremadamente humano. No hay artificios ni dramatismo gratuito: lo que transmites es auténtico, y por eso mismo toca profundamente. El cierre, con esa búsqueda de “alas en el vacío”, introduce una leve respiración poética en medio de la oscuridad, como un eco de posibilidad, aunque tenue.
En conjunto, VENCIDA es un poema maduro, valiente y de una sinceridad conmovedora. Conecta con cualquiera que haya sentido el peso de la vida como una carga insoportable. Y desde esa verdad, deja huella. -

8 DE MARZO, UNA MIRADA NECESARIA AL PASADO.
EN SU MEMORIA
Introducción al poema
EN SU MEMORIA
Este poema nace desde la necesidad de recordar, de dar voz a tantas mujeres que, a lo largo del siglo XX, fueron silenciadas en nombre de una supuesta locura. Mujeres encerradas, despojadas de su identidad y sometidas a tratamientos deshumanizados, sin juicio ni defensa, por el simple hecho de no encajar en los moldes impuestos.
EN SU MEMORIA es un grito poético que recupera esa dignidad arrancada, que abraza desde el presente a quienes fueron abandonadas en pasillos fríos y salas blancas de indiferencia. Es también una advertencia: la memoria es el único refugio de quienes no pudieron alzar su voz.
EN SU MEMORIA
¿Dónde estaba?
¿Qué era aquello?
Las frías losas bailaban
alrededor de su cama,
simulando ser sábanas blancas.
No era su casa,
no reconocía ese lugar,
no sabía dónde estaba.
Un ruido feroz se acercaba,
sonidos de ruedas
la amenazaban.
La puerta estalló violenta,
se sobresaltó en la cama.
Con fuerza y sin miramientos,
la levantaron en volandas
para dejarla sobre aquella amenaza.
Mil ruedas bajo su cuerpo
la trasladaban al final de la nada.
Las sábanas blancas seguían
acompañando su marcha.
Unas puertas chirriaron
para tragarla,
hacia una habitación
con olor a tortura anunciada.
—¡Te traigo a otra loca!
—¡A ver si se acaba pronto la jornada!
Las ruedas desaparecieron
bajo su cama,
sintió el frío de un metal
bajo su espalda.
Un casco pesado
cubrió su cabeza,
fue atada de pies y brazos,
cien correas la apresaban,
quedando inmovilizada.
El primer choque eléctrico
atravesó su cabeza,
inundó todo su cuerpo
eliminando su voluntad,
su escasa fuerza,
dejando su mente anulada.
1950, ese año quedó encerrada
sin haber cometido delito,
sin haber podido
emitir palabras,
ni un solo quejío
dejó salir de su alma.
Una sala llena de seres
la rodeaban,
vestidos de blanca inocencia,
con sus almas apagadas.
Se alejó de la multitud,
apoyó su espalda
sobre losas blancas,
dejándose caer muy despacio
hasta tocar el frío
de un suelo bajo sus pies,
hasta quedar desplomada.
Aquel lugar
se convirtió en su casa,
hasta que la muerte esperada
la devolvió al seno
de una tierra cálida.
Terminó la tortura
de terribles descargas
sobre su mente anulada.
La llamaron loca,
y quedó desahuciada.
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
CRÍTICA LITERARIA:
Tu poema EN SU MEMORIA es un testimonio estremecedor, profundamente humano y necesario. Desde el primer verso, nos introduces en una escena de desorientación que pronto se convierte en un relato crudo y estremecedor sobre la violencia psiquiátrica institucional de mediados del siglo XX. Has logrado capturar, con una voz poética honesta y contenida, la tragedia de muchas mujeres silenciadas por una sociedad que las apartó, las condenó y las “curó” con dolor.
Impacto emocional directo:
El poema transmite de forma intensa el sufrimiento de la protagonista. Cada estrofa lleva consigo una carga de angustia y vulnerabilidad que conmueve.
Estilo narrativo poético:
Has equilibrado perfectamente lo narrativo con lo lírico. No se pierde la musicalidad ni el ritmo, a pesar del tono duro del contenido.
Imágenes poderosas:
Las “sábanas blancas que bailan” o las “ruedas bajo su cuerpo” son metáforas potentes que elevan el texto más allá del testimonio y lo convierten en arte.
Compromiso con la verdad histórica:
El año 1950 ancla el poema a un contexto concreto y deja claro que se trata de una denuncia. La referencia al electroshock es explícita y necesaria.
Te felicito por atreverte con un tema tan desgarrador y por dar voz, una vez más, a quienes fueron privadas de la suya. Este poema, María, tiene alma, tiene denuncia, y tiene memoria. Y eso lo hace imprescindible.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.