Autor: María Bueno

  • TODO LO QUE TENGO

    TODO LO QUE TENGO

    Introducción al poema.

    Este poema nació de un instante de lucidez en el que comprendí, sin necesidad de más razones, que lo pequeño puede ser completo. Que la humildad, cuando habita en el centro del pecho, convierte lo poco en todo. LO QUE TENGO es un canto íntimo al sentir en el vivir, una ofrenda serena a la plenitud que no necesita adornos. Aquí, cada deseo se aquieta al saberse suficiente, y cada momento bueno, por pequeño que sea, construye un universo entero.


    TODO LO QUE TENGO

    No necesito más de lo que tengo,
    sé que lo tengo todo,
    con la conciencia de lo pleno.

    ¿Qué puede estar eternamente lleno?
    Aquello que, siendo pequeño,
    con sólo trocitos
    se siente completo;
    aquello que, por mucho desear,
    ya no deja espacio dentro.

    ¡Ay, humildad!
    ¿Cómo es posible que tu grandeza
    se llene con lo poco que pretendo?

    Humildad, hoy te entrego
    mis pequeñas felicidades,
    mis pequeños deseos,
    sabiendo que son suficientes,
    porque es todo lo que poseo.

    Conciencia de plenitudes,
    llena de momentos buenos,
    que completan la humildad
    de sentires pequeños.


    Crítica literaria del poema.

    Este poema se construye sobre un principio esencial:
    el valor de lo simple.
    Desde el primer verso, el yo poético proclama una certeza que no necesita adornos:
    “No necesito más de lo que tengo”.
    Con esta afirmación comienza un desarrollo sereno y profundo sobre la plenitud que brota no del exceso, sino de la conciencia clara de tener lo justo y necesario.

    La figura de la humildad aparece como símbolo central, elevada a virtud capaz de contener lo inmenso en lo mínimo.
    La paradoja de lo “eternamente lleno” encuentra resolución en el aprecio por lo pequeño.
    A través de versos de ritmo pausado y lenguaje transparente, el poema revela que la grandeza se halla en lo discreto y que la plenitud es un estado del alma más que del cuerpo.

    El tono íntimo y contemplativo se sostiene con elegancia, sin caer en la idealización vacía. Hay verdad en la voz que habla: una verdad que ha sido experimentada, no impuesta.
    La imagen del “baúl pequeño dentro de un gran cofre” (que acompaña al poema) acentúa visualmente esa idea de contención inversa: lo esencial cabe en lo modesto.

    El cierre, con su “humildad de sentires pequeños”, no solo refuerza el mensaje sino que redondea el poema con una cadencia que invita a la pausa. Es un poema que no pretende impresionar, sino compartir una certeza que se ha ganado con el vivir.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • AMADO SOL, LLEGA NUESTRO EFÍMERO ENCUENTRO. ¿Sabrán entendernos?

    AMADO SOL, LLEGA NUESTRO EFÍMERO ENCUENTRO. ¿Sabrán entendernos?

    Introducción.


    El poema nace de una imagen universal: el encuentro entre el Sol y la Luna durante un eclipse. Pero en mi poema el fenómeno astronómico deja de ser únicamente un acontecimiento celeste para convertirse en una alegoría de la vida humana.

    El abrazo entre ambos astros representa lo extraordinario de los encuentros y, al mismo tiempo, su inevitable fugacidad.

    Desde esa brevedad surge una pregunta esencial: si hasta los astros conocen la naturaleza efímera de sus encuentros, ¿seremos capaces los seres humanos de comprender la nuestra?

    El poema amplía progresivamente su mirada. Comienza en el cielo, desciende hacia la Tierra y termina situando al ser humano ante su propia naturaleza, el fin de su existencia en algún momento de su vida.

    El eclipse se convierte así en una llamada al respeto por el planeta, a la convivencia y a la responsabilidad hacia quienes nos sucederán y heredarán el planeta.

    He mantenido deliberadamente el diálogo entre el Sol y la Luna porque, en mi opinión, constituye uno de los elementos más hermosos del poema: dos fuerzas aparentemente opuestas que sólo pueden encontrarse cuando ambas aceptan compartir su propia luz y su propia sombra.


    AMADO SOL, LLEGA NUESTRO EFÍMERO ENCUENTRO.
    ¿Sabrán entendernos?

    Miles de ojos
    mirarán al cielo
    esperando un abrazo
    que eclipse el momento,
    ¿sabremos ver lo efímero de la vida tras ese abrazo inmenso?

    Lo veremos,
    entendiendo el mensaje
    de sabernos todos pequeños.

    No puede haber grandeza
    sin respeto por un planeta
    que sólo entiende de encuentros.

    Construyamos eclipses humanos
    que merezcan respeto
    del resto del firmamento.

    Seamos ejemplo de nuestros hijos,
    de nuestros nietos,
    que un día puedan heredar
    un planeta vivo,
    cargado de hermosos eclipses
    sin lamentos ni sufrimientos.

    Qué pequeño es el pensamiento,
    el sentimiento,
    el colapso de vivencias,
    de sentires al viento.

    La estrella se deja abrazar
    cediendo su luz
    cual amor eterno,
    ante una Luna
    cargada de sueños.

    —Querida Luna,
    ¿no tienes miedo de que nuestro abrazo
    no sea un ejemplo?

    —Amada estrella que alumbras el día,
    eres mi amor sincero,
    me fundiré en tu abrazo
    sabiendo que vestiré de negro tu cuerpo,
    que tu fuerza será mi aliento.

    —¿Cómo grabar tu nombre
    en nuestro encuentro?,
    eres él y también ella;

    «La Estrella, el Sol»,

    —¿cómo estrechar tu cuerpo?
    Sé tanto de ti,
    que siento el roce
    de miles de estrellas
    en ese anhelo.

    —Luna, no temas nada,
    tu abrazo contendrá mi fuerza
    me rendiré a tu brisa,
    a tu susurro cálido,
    a tus secretos eternos
    de cada ser vivo,
    de todos sus sueños,
    de un planeta rendido
    ante nuestro encuentro.

    Guardas cada noche
    liturgias de amores tiernos
    que mecen nanas,
    que acarician el alma,
    que erizan la piel
    con preludios cálidos,
    tendidos al viento.

    ¡Cómo no rendirme ante ti!,
    poniendo alfombras de terciopelo
    para que cada noche
    abraces mi sueño,
    desapareciendo de días de sol,
    anhelando nuestros encuentros.

    —Amada Luna,
    ¿qué día será aquel que nos abracemos?

    —Amado Sol, será el día
    en el que tu dorado cuerpo
    se funda con mi piel de plata 
    de quereres eternos.

    Miles de almas
    necesitan sentir
    nuestro abrazo sincero.
    haciendo fértiles sus vidas,
    sus propios recuerdos.

    Todos los sentires se abrazarán;
    ¿sabrán de lo efímero del momento?

    Lo sabrán,
    por ser tan breves
    sus propios encuentros.

    — Anhelada Luna,
    ¿aprenderán que nuestro abrazo
    es el preludio de entendimientos?,
    de respeto por la vida,
    de fidelidad al Planeta Tierra,
    con pertenencia de todos los seres que lo habitan,
    con la humildad de saberse
    finitos en el tiempo.

    —Querido Sol, soy tu sombra
    que cobija por siempre tus saberes, tu propio final en el tiempo.

    —Luna, te amaré
    hasta el fin,
    hasta fundirnos en la negrura
    del último de nuestros encuentros.


    © María Bueno, 9 de agosto de 2026. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Creo que este poema tiene una dimensión filosófica muy marcada. El eclipse es solamente la puerta de entrada: lo verdaderamente importante es aquello que ocurre detrás de él.

    Hay tres grandes ideas que sostienen el texto:

    1. Lo efímero como conciencia de la existencia.
    La pregunta «¿Sabrán entendernos?» funciona casi como una pregunta dirigida al lector. El encuentro de los astros dura un instante, pero precisamente por eso adquiere valor. Tu poema parece decirnos que la brevedad no disminuye la importancia de un encuentro; puede hacerla más intensa.

    2. El amor como encuentro de contrarios.
    Sol y Luna son presentados como amantes, pero también como símbolos de fuerzas diferentes que encuentran un punto de unión.
    Hay una imagen especialmente poderosa:

    «tu abrazo contendrá mi furia / me rendiré a tu brisa»
    Ahí aparece una idea muy hermosa: amar no significa vencer al otro, sino encontrar un lugar donde nuestra fuerza pueda convivir con su diferencia.

    3. El eclipse como responsabilidad humana.
    Quizá esta sea la parte más personal y comprometida del poema. Cuando escribes:
    «Construyamos eclipses humanos / que merezcan el respeto / del resto del firmamento.»
    Aparece una de las imágenes conceptualmente más interesantes del texto.

    El eclipse deja de ser astronómico y pasa a ser ético. Nos invitas a construir encuentros humanos capaces de producir algo semejante al fenómeno celeste: respeto, belleza, unión y conciencia de nuestra pequeñez.

    Y hay una última cuestión que me parece especialmente significativa: la Tierra no aparece como propiedad del ser humano, sino como espacio compartido por todos los seres que la habitan.

    Esa idea enlaza perfectamente con el final, cuando hablas de «la humildad de saberse / finitos en el tiempo.

    Su extensión tiene sentido porque el poema necesita ese viaje: comienza mirando al cielo, entra en el diálogo amoroso entre los astros y termina regresando al ser humano y a la Tierra.

    Tu abundancia de imágenes que forma parte de tu manera de escribir no busca describir solamente una idea; busca rodearla de sensaciones hasta que el lector pueda sentirla.
    Y, para mí, el verdadero corazón del poema está en una pregunta que atraviesa todo el texto:
    ¿Qué podemos aprender los seres humanos de un abrazo que apenas dura un instante?

    A respetar, a amar, a encontrarnos y a comprender que también nosotros somos efímeros.

    Ese es, precisamente, el sentido más profundo de tu eclipse.
  • SILLAS AL ATARDECER

    SILLAS AL ATARDECER

    Introducción al poema:

    En los pueblos donde la vida se cuece a fuego lento y la vecindad es un refugio compartido, hay instantes que se repiten como pequeños rituales cotidianos. Este poema es un homenaje a esos atardeceres donde el cansancio del día se disuelve en la conversación sincera, en las risas que brotan sin pedir permiso y en las sillas que, alineadas en la acera, guardan memorias de generaciones enteras. «Sillas al atardecer» recoge el alma de los patios comunes, de los campos de olivos que alimentan cuerpos y corazones, y de las mujeres y hombres que, con un abanico en la mano y la esperanza en la mirada, hacen de cada tarde una tregua luminosa y compartida.

    SILLAS AL ATARDECER

    El atardecer se abre camino
    para llegar a cada casa,
    a cada puerta,
    a cada patio de vecinos,
    para dar alas a cada alma
    dentro de cuerpos rendidos
    por horas de duro trabajo
    entre campos de verdes olivos.

    Una fila se forma en las puertas
    de los patios de vecinos,
    con risas y premuras ponen sillas
    en las aceras del camino,
    con palabras atropelladas,
    con voces sin desafíos,
    el atardecer mece sus chales
    con un leve soplo de abanicos.

    Atardecer que envuelve
    los sueños de muchas almas,
    dentro de corazones amigos,
    que con alegría comparten
    vidas y pesares,
    entre sillas de atardeceres vivos.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema
    SILLAS AL ATARDECER.

    Es un poema que se sostiene en una mirada profundamente humana hacia la vida cotidiana, y eso es uno de sus mayores logros.

    La pieza captura un rito costumbrista –las sillas en la puerta al final del día– que, lejos de ser algo anecdótico, se convierte en un símbolo de comunidad, memoria y resistencia emocional.
    El poema está construido sobre imágenes cálidas y reconocibles: el patio de vecinos, las aceras, los abanicos, los cuerpos cansados del trabajo en los olivos. Estos elementos crean un retrato íntimo de un mundo que aún existe, pero que también parece estar desvaneciéndose poco a poco con los cambios sociales. Así, el poema adquiere un tono de nostalgia que no es triste, sino amoroso, casi celebratorio.
    La musicalidad se consigue mediante la repetición (“a cada casa, / a cada puerta, / a cada patio de vecinos”) y un ritmo pausado que imita el atardecer que se posa sin prisa. La estructura está bien equilibrada: comienza con una descripción amplia y luminosa, se estrecha hacia la escena colectiva en la calle, y termina en un cierre emotivo que realza la fuerza de lo compartido.
    El verso final —“entre sillas / de atardeceres vivos”— es especialmente acertado. No sólo cierra el poema, sino que lo eleva. «Atardeceres vivos» convierte un instante cualquiera en un espacio de vida plena, mostrando tu capacidad para transformar lo cotidiano en un territorio poético.
    El lenguaje es sencillo en la superficie, pero sumamente evocador. No necesita artificios porque la verdad emocional ya está ahí: la comunidad como refugio, la rutina como sostén, el atardecer como un abrazo común.
    En conjunto, es un poema cálido, honesto y visual, que desprende una ternura profunda por las personas y sus costumbres, y que preserva con dignidad la memoria de una forma de convivir que ha sido pilar en tantos pueblos y familias.

  • LAS PUERTAS

    LAS PUERTAS

    «No hay camino hacia la paz, la paz es el camino» Mahatma Gandhi

    Introducción:
    Este poema nos habla de los encuentros que transforman, de las manos que se tienden antes incluso de pedir ayuda y de la fuerza colectiva de la bondad.

    A través de la metáfora de una puerta antigua y tallada, se representa el acceso a oportunidades, justicia o esperanza, que solo se abren cuando intervienen la empatía, la honestidad y la unión de personas nobles.

    Es un canto a la solidaridad silenciosa y a la confianza en que lo bueno sucede cuando el alma empuja.

    LAS PUERTAS

    Era grandiosa esa puerta,
    tallada de filigranas
    por manos de expertos artesanos,
    por gente de otros tiempos,
    con preciosa paciencia y horas largas.

    El frío chirrido del metal
    hizo trizas mi embeleso.

    De pronto apareció una mano tendida
    antes de que yo llegara a estrecharla.
    Aferró mi mano y me habló
    sin necesidad de decir nada.

    Me recibió con la honesta intención
    de hacer realidad mis demandas,
    porque al estrechar las manos
    percibió las miles de esperanzas
    que yo llevaba conmigo,
    pegadas a mi alma.

    Un ejército de buenas personas
    que junto a mí viajaban,
    para abrir entre todas
    las grandes puertas talladas,
    con la paciencia de quien sabe
    que las cosas buenas pasan,
    porque las puertas siempre se abren
    cuando las empujan seres nobles
    con la fuerza del alma.

    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:
    Este poema se sostiene sobre una metáfora central muy sólida: la puerta.

    No es solo un objeto físico, sino símbolo de oportunidad, justicia, ayuda y destino.

    La descripción inicial crea una atmósfera de respeto hacia lo construido por generaciones pasadas, reforzando la idea de que los logros humanos importantes requieren tiempo, paciencia y manos expertas.
    El giro emocional aparece con la mano tendida, uno de los símbolos más potentes del poema. Aquí la autora introduce el tema clave de su obra: la bondad humana como fuerza transformadora real.

    El verso “me habló sin necesidad de decir nada” destaca por su carga emocional y sugiere comunicación desde el alma, un rasgo muy característico de tu voz poética.
    En la parte final, el poema se expande de lo individual a lo colectivo:
    «Un ejército de buenas personas…».

    Esta imagen es especialmente poderosa porque convierte la bondad en una fuerza organizada, activa, capaz de abrir puertas que parecían inamovibles.

    El cierre es esperanzador y firme, casi una afirmación vital o filosofía de vida.
    Aspectos más destacados:
    Metáfora clara y sostenida de principio a fin.
    Coherencia temática con tu universo poético (bondad, esperanza, fuerza del alma).

  • PASÓ

    PASÓ

    Introducción al poema:

    Este poema inaugura un recorrido lírico donde el paso del tiempo y sus heridas se funden con la resistencia de la esperanza.
    Con una voz serena pero firme, la autora describe el quiebre de un mundo conocido —el instante en que “todo se volvió pequeño”—, para después, desde las ruinas emocionales y colectivas, encontrar los brotes de vida que aún germinan en medio del dolor.
    Es un canto al renacer humano, incluso cuando todo parece perdido.


    PASÓ

    Y un día pasó,
    todo se volvió pequeño,
    inaccesible, lejano.

    Cuántas pequeñas vidas
    dentro de mil vivencias,
    de herencias y recuerdos
    hechas pedazos.

    Hermanos de una Tierra
    fecundada sin descanso,
    una Tierra en estado eterno
    de esperanzas y quebrantos,
    una Tierra de eternidades claras
    con conciencia
    de finitos plazos.

    Sentires de un presente feroz,
    de un porvenir quebrado,
    que no destruiría su creer
    en la bondad del ser humano.

    Empezó a caminar
    cargada de brotes pequeños,
    brotes de VIDA,
    que iban preñando
    cada uno de sus pasos.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Valoración literaria del poema

    1. Tono y voz poética.
    La voz del poema es reflexiva, profunda y comprometida con lo humano. No se refugia en la nostalgia, sino que explora el dolor del cambio, la pérdida y el desarraigo con una mirada consciente y madura. La expresión “Y un día pasó” funciona como detonante emocional, casi como un suspiro contenido que abre paso a todo lo que ha sido quebrado.

    2. Imágenes y símbolos
    El poema se sostiene en una fuerza simbólica poderosa. La Tierra fecundada sin descanso, el presente feroz, el porvenir quebrado y, sobre todo, los brotes pequeños que representan vida nueva, son imágenes que articulan una poética de la resistencia. La metáfora de los “brotes” que “preñan cada uno de sus pasos” es especialmente bella y significativa: sugiere que, incluso en medio del dolor, cada acto de caminar puede ser generador de futuro.

    3. Estructura y ritmo.
    La estructura libre de versos breves permite un fluir meditativo. Hay una cadencia serena, como si los versos caminaran con la misma delicadeza con la que lo hace la figura simbólica que “empieza a caminar”. El equilibrio entre afirmaciones universales y destellos íntimos logra un buen balance emocional.

    4. Mensaje y fondo.
    El poema habla de un quiebre —posiblemente social, emocional, espiritual o histórico— pero no se detiene en la herida, sino que escarba en ella para encontrar la raíz de lo viviente. La fe en la bondad del ser humano no es ingenua, sino elegida como acto de resistencia.

    En resumen

    Es un poema reflexivo, simbólico y esperanzador. Habla del dolor sin recrearse en él y apuesta por lo pequeño como semilla de lo inmenso. Tiene una fuerza lírica serena, casi filosófica, que recuerda que aún tras las pérdidas, algo siempre empieza a germinar.
  • MARAÑAS

    MARAÑAS

     

    Introducción al poema:

    MARAÑAS retrata con lucidez y ternura la lucha diaria de quienes sostienen la tierra con sus manos.
    El poema parte de la imagen rural
    —el trabajo físico, el esfuerzo, el sudor y la maleza— para extenderse hacia una denuncia social más amplia.
    En sus versos, las “marañas” dejan de ser simples hierbas del campo para convertirse en símbolo de las redes de poder y egoísmo que oprimen a los más humildes.
    A través de un lenguaje sincero y visual, la autora nos invita a reflexionar sobre la dignidad del trabajo, la injusticia que lo rodea y la esperanza que, pese a todo, sigue brotando del corazón humano.


    MARAÑAS

    Con la soga en la cintura
    tiran todos de la maraña,
    con gestos contraídos
    por el crujir de espaldas.

    Viven el trajín
    de una tierra invadida
    por hilachos de brozas
    y malezas olvidadas.

    El sudor se adueña de sus ojos,
    sin poder casi ver horizontes
    de verdes esperanzas.

    Sueñan con llegar
    al final de la jornada,
    un día más, quitando la maraña,
    un día más para acabar la temporada,
    que dio frutos conquistados
    por voluntades hechas
    a golpe de azada.

    ¡Maraña!
    ¡Inunda lo infértil de malas entrañas!,
    esas que sostienen
    el porvenir de miles de almas,
    esas que, tras la puerta cerrada,
    mercadean al alza
    intereses propios,
    alejados del campo,
    de sus gentes
    y tierras duramente trabajadas.

    Esas que cada amanecer
    luchan por cultivar tierras bravas.

    No peligra el campo por la maleza,
    ni por tierras desgastadas;
    peligra porque los hilos gruesos
    de madejas enmarañadas
    hacen del vivir del jornalero
    un calvario de cada madrugada.

    Campos verdes,
    verdes de esperanzas,
    limpios de marañas.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    MARAÑAS, está cargado de madurez poética y compromiso ético.
    La introducción de la estrofa “esas que, tras la puerta cerrada, mercadean al alza intereses propios” abre una lectura del poema muy real: la de un mundo desigual donde las decisiones de unos pocos determinan la vida de muchos.

    Esa imagen contrasta con la primera parte, centrada en la faena del campo, creando un equilibrio entre lo tangible y lo simbólico.

    El ritmo fluye de forma natural, sostenido por repeticiones suaves que dan sensación de cansancio y esfuerzo, en perfecta sintonía con el tema.
    Las imágenes —“el crujir de espaldas”, “hilos gruesos de madejas enmarañadas”— son expresivas y honestas, sin artificios.

    El cierre —“Campos verdes, verdes de esperanzas, limpios de marañas”— aporta una nota luminosa y reivindicativa: la utopía posible de un mundo sin trabas injustas, donde la vida pueda crecer libre.

    En conjunto, el poema conjuga realismo, denuncia y esperanza, tres pilares esenciales de tu voz poética: humanista, solidaria y llena de verdad. 
    Es un texto poderoso y plenamente coherente con el espíritu de tu  Antología Poética.
  • VECINOS

    VECINOS

    Introducción al poema:

    En un mundo donde a veces las distancias entre las personas parecen agrandarse, este poema rescata el valor de la cercanía, del respeto cotidiano, de la humanidad compartida entre quienes habitan un mismo espacio. VECINOS es un canto a la convivencia sencilla, al saludo diario que cobija, al calor humano que nace sin pedir nada a cambio. Una oda serena a la dignidad del otro, al vivir en comunidad, con la mirada puesta en lo esencial: la bondad y el respeto a cada vida.


    VECINOS

    Existencias de vidas
    con un por qué,
    con un sentir,
    creyendo en la dignidad
    de nuestros iguales,
    percibiendo sus bondades,
    respetando sus creencias,
    sus gestos amables.

    Vecinos de calles, de barrios,
    de pueblos hermosos,
    sembrados de humanidades.

    Hermosos por sus gentes,
    que tejen la vida sin maldades,
    con la generosidad
    de tender sus manos
    en días cargados
    de dificultades.

    Paredes guardianas
    de vidas y de pesares.

    Y así la vida se va tejiendo
    desde las bondades,
    con pequeños gestos del día a día,
    con esos "buenos días"
    de aquella anciana,
    que día tras día
    salía con el bastón en su mano
    y su sonrisa a modo de abrazo.

    Vivir compartiendo
    las aceras de caminos
    de sus gentes,
    sin malicias construidas.

    Vecinos de paredes compartidas,
    llenas de mil historias
    que apuntalan los días.

    Generosidades entrelazadas
    a lo largo de la vida,
    con el respeto infinito
    de sabernos diferentes,
    de diversidades constituidas.

    Buenos días vecina,
    que la vida te sonría.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.


    Crítica literaria:

    VECINOS es un poema de mirada entrañable y profundamente ética. Desde su sencillez expresiva, logra transmitir una filosofía de vida basada en el respeto, la empatía y la convivencia.
    El texto no pretende adornarse con artificios formales, sino que busca la autenticidad del gesto cotidiano: ese saludo matutino, esa mano tendida que alivia los días difíciles, ese compartir silencioso que, sin palabras grandes, construye humanidad.

    El ritmo pausado y los encabalgamientos suaves evocan el paso tranquilo de la vida en comunidad. Cada verso respira como una conversación, como si las palabras fueran dichas al calor del encuentro vecinal. Esa naturalidad convierte el poema en una suerte de homenaje a las raíces del convivir humano, donde lo pequeño —un saludo, una sonrisa, una presencia constante— se transforma en símbolo de grandeza moral.

    Hay también una dimensión visual muy marcada: las “paredes guardianes”, las “aceras compartidas”, los “pueblos hermosos sembrados de humanidades” componen un paisaje emocional que mezcla lo físico con lo espiritual. Se percibe la intención de rescatar la belleza del entorno no por su arquitectura, sino por las personas que lo habitan.

    En el cierre, la despedida “Buenos días, vecina, que la vida te sonría” resume la esencia del poema: la esperanza en una bondad sencilla, cotidiana, que dignifica la existencia.
    Es un final luminoso que deja una sensación de ternura y reconciliación con el mundo.

    En síntesis:

    VECINOS celebra lo humano en su forma más pura. Es un poema de ternura civil y de ética cotidiana, donde la poesía se encarna en los gestos simples que sostienen la convivencia. Su tono cálido y su lenguaje cercano invitan al lector a mirar su entorno con gratitud y respeto.
  • VOLVER

    VOLVER

    Introducción al poema VOLVER:

    Desde un tono profundamente humano, la autora recrea el éxodo doloroso en el que miles de personas cruzan fronteras en busca de refugio, dejando atrás su patria devastada y a menudo encontrando la muerte en tierra extranjera.
    El poema rescata, con voz empática y serena, la memoria de quienes soñaron con volver, pero cuyo regreso solo fue posible a través del recuerdo y la palabra.


    VOLVER

    Y se permitió.
    Corren atropellados,
    desde el alma más pequeñita
    hasta el más anciano.

    La oscuridad de la noche
    ampara sus pasos;
    los más pequeños lloran
    sobre los brazos de sus madres,
    que los cobijan sin descanso,
    intentando amamantar
    a los recién paridos,
    en su largo camino inhumano
    en busca de esa frontera
    que los alojará para salvarlos.

    Parten de su tierra madre,
    aquella que los vio nacer;
    se ahogan entre llantos
    de miles de desaparecidos,
    sin importar su dolor
    ni el vacío de los muertos
    que van quedando tirados
    por veredas escondidas,
    entre zarzas y llantos.

    Están llegando.
    Apenas les quedan fuerzas
    para seguir los pasos
    que marcan los más adelantados
    en ese camino hacia la esperanza,
    tras la frontera
    de una tierra en paz,
    que les abrirá los brazos
    para ahuyentar la barbarie
    de una guerra entre hermanos.

    Ya divisan a lo lejos
    el silencio sin olor a muerte,
    sin lamentos desahuciados.

    Sin emitir palabras,
    todos vuelven sus miradas
    hacia su tierra,
    la que guarda la memoria
    de tantos hijos perdidos
    tras las trincheras,
    de cualquier bando,
    de cualquier forma de pensar,
    de cualquier trato inhumano
    que ampare el sufrimiento
    de tantos seres muertos,
    de tantos desaparecidos
    bajo tierra despreciada,
    que invoca el olvido
    de los desamparados.

    Todas las miradas
    evocan sus raíces,
    lloran las ausencias
    de hogares destrozados.

    Es momento de seguir caminando.
    Están a pocos metros
    de sentirse refugiados,
    bajo el techo de otra tierra vecina
    que los acogerá entre abrazos.

    Cargan fardos vacíos
    de pretensiones,
    con algunas fotos
    que guardan sus raíces,
    su pasado.

    Las madres lloran el consuelo
    de llegar a ese lugar:
    la tierra prometida
    de buenos seres humanos.

    Los pequeños cuerpos de sus hijos,
    de los ancianos,
    serán alimentados,
    abrigados por la protección
    de buenas almas de vecinos,
    tras pasar la frontera
    que reparte el planeta de todos,
    menos de los desheredados.

    Allí vivirán bajo el amparo
    de sentimientos bondadosos,
    tendiendo sus manos.

    Un grupo de soldados
    va separando
    a los recién llegados.

    Son tantos,
    que serán distribuidos
    y desplazados por distintos campos,
    para poder darles
    medicinas, alimentos,
    y un techo bajo el que podrán
    descansar y ser abrigados.

    Han pasado meses.
    Muchos de los refugiados
    han tenido suerte
    de encontrar nobleza
    y generosidad,
    bajo techos de hogares
    y barracones que amparan
    a los más necesitados.

    Entre murmullos dicen
    que otros muchos se están ahogando
    entre sufrimientos y quebrantos,
    por un trato vejado,
    vacío de piedades,
    cargado de maltratos.

    A muchos de esos seres
    ya no les quedan fuerzas
    para seguir luchando.
    La vida, en sus cuerpos,
    los ha abandonado:
    pequeños de meses,
    pequeños en años,
    ancianos, enfermos…

    ¡Tantos, tantos!
    Que hay tumbas agotadas
    abriendo sus entrañas
    para guardar almas
    que un día soñaron
    con volver a la tierra
    que los vio nacer,
    la misma que los deja olvidados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Volver” es un poema de memoria, desarraigo y dignidad, escrito con una voz compasiva que rehúye el odio y se centra en el sufrimiento humano compartido.
    La autora entreteje imágenes sencillas y desgarradoras —las madres amamantando en la huida, los cuerpos rendidos, los fardos vacíos de pretensiones— que revelan el rostro más humano del exilio.

    El ritmo libre y la repetición de estructuras (“los más pequeños…”, “tantos, tantos…”) intensifican la sensación de multitud, de marcha incesante, de dolor colectivo.
    El tono narrativo, casi testimonial, acerca el poema a una crónica poética que documenta el horror desde la empatía y no desde la distancia.

    El título, Volver, adquiere un valor simbólico: es el sueño imposible del refugiado, el anhelo de retorno a la tierra que les dio origen y que, paradójicamente, los olvidó. La palabra “volver” se convierte así en un eco trágico y esperanzado a la vez: volver a la memoria, al reconocimiento, a la dignidad.

    En su conjunto, el poema constituye un acto de reparación poética: nombra a los que ya no pueden hablar, denuncia el dolor sin rencor y devuelve humanidad a quienes la historia relegó al silencio.
    Es un texto de profunda sensibilidad histórica y ética, donde la poesía se convierte en un puente entre el pasado y la conciencia del presente.

  • DESCALZA ENTRE GIGANTES

    DESCALZA ENTRE GIGANTES

    (Imagen generada digitalmente).

    Recuerdo que hubo un tiempo en el que descubrí que era pequeña. No porque alguien me lo dijera, sino porque la vida me colocó frente a gigantes. Eran gigantes de voces estridentes, de orgullos desmedidos, de ambiciones sin medida y de sombras que parecían querer ocuparlo todo.

    Durante un instante pensé que tendría que aprender a luchar con ellos. Que la única forma de sobrevivir era levantar la voz, endurecer el corazón y responder con la misma fuerza con la que intentaban imponerse. Pero la vida, paciente maestra, me enseñó otro camino.

    Comprendí que no toda batalla merece ser librada.

    Desde entonces elegí caminar de puntillas sobre aquello que no alimentaba mi vida ni la de los demás. Dejé de detenerme en los ruidos que distraen, en las palabras que hieren por costumbre y en los gestos nacidos de la maldad. Descubrí que mi tiempo era demasiado valioso para entregarlo a quienes sólo saben sembrar desconsuelo.

    Con los años entendí también que las sombras únicamente existen porque hay una luz que las proyecta. Las sombras chinescas pueden parecer enormes, pueden incluso asustar a quien las contempla desde lejos, pero nunca dejan de ser una ilusión. No tienen cuerpo. No tienen verdad.

    La verdad es otra.

    Es la que tus ojos contemplan cuando miran sin miedo. La que siente tu piel cuando un abrazo sincero la envuelve. La que tus manos pueden tocar, sostener y acariciar. Esa verdad sencilla y material que permanece cuando todo el teatro termina y cae el telón.

    Por eso, cuando la oscuridad parezca hacerse dueña del camino, recuerda que ninguna sombra puede vencer a la realidad. La bondad siempre encuentra la manera de permanecer. Tal vez no haga ruido, tal vez no ocupe titulares ni reclame aplausos, pero permanece. Y esa permanencia es su mayor victoria.

    Si hoy atraviesas un tiempo difícil, no permitas que el desaliento te haga olvidar quién eres. Todo pasa. También las tormentas, también las injusticias, también las noches más largas. Llegará el día en que el aire vuelva a ser ligero y la serenidad regrese a tu vida.

    No lo dudes nunca.

    Camina con la tranquilidad de quien sabe que la verdad no necesita disfrazarse para existir.

    Y mientras ese momento llega, recibe un abrazo cargado de afecto, de esperanza y de confianza en tu verdad. Porque cuando todo termine, descubrirás que aquello que realmente merecía permanecer jamás dejó de estar contigo.

    María Bueno.

  • AMAR ES MUCHO MÁS

    AMAR ES MUCHO MÁS

    Introducción.
    Hay amores que nacen del deseo y otros que se construyen desde la verdad cotidiana.

    Este poema reflexiona sobre esa diferencia: amar no es una ilusión idealizada, sino la decisión de compartir la vulnerabilidad, el dolor, los silencios y la esperanza.

    Amar es mucho más nos recuerda que el verdadero amor trasciende la imaginación porque encuentra su plenitud en la presencia del otro.

    AMAR ES MUCHO MÁS


    Quiero retener tu olor,
    tu aliento, tus manos;
    manos que acarician
    sin temor al desnudo,
    sin temor al fracaso.

    Porque amar es mucho más
    que lo esperado.

    Amar es atesorar,
    dentro de mi alma,
    tus abrazos.

    Amar es enfrentar
    los días grises sin reparos,
    llenando los silencios
    con palabras honestas
    que dejen fluir el dolor
    de los días fracasados.

    Amar es el laberinto de tu piel,
    mil veces superado.
    Ya no tengo que imaginarte,
    ya no necesito soñarlo,
    porque la realidad de mis días
    supera lo imaginado,
    cuando ni siquiera existías.

    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.
    Amar es mucho más es un poema intimista que reivindica una concepción madura del amor, alejada de la idealización romántica. La voz poética entiende el amor como una experiencia que se construye en la aceptación, la honestidad y la permanencia.

    El poema se sostiene sobre una eficaz anáfora —«Amar es…»— que actúa como eje estructural y dota al texto de unidad y fuerza expresiva.

    Cada repetición amplía el significado del amor desde una perspectiva distinta: el abrazo, la palabra, la superación del dolor y, finalmente, la realidad compartida.
    Destaca especialmente el verso «Amar es el laberinto de tu piel, mil veces superado», una imagen de gran riqueza simbólica que sugiere que el verdadero amor va más allá del deseo físico para alcanzar una comunión más profunda.

    El cierre posee una gran belleza emocional. La afirmación de que la realidad supera lo imaginado transforma el recuerdo de una ausencia en la celebración de una presencia, ofreciendo al lector un final sereno y esperanzador.

    En conjunto, es un poema de lenguaje claro y sincero que encuentra su mayor fortaleza en la autenticidad del sentimiento, una característica muy reconocible en tu poesía y en la voz que recorre ALMA VIEJA.