Autor: María Bueno

  • NOCHE EN VELA

    NOCHE EN VELA

    Introducción:

    En este poema, la voz poética se enfrenta a una de las batallas más íntimas y humanas: la lucha con el insomnio. Entre humor, desahogo y un susurro de ternura hacia sí misma, la autora retrata esa guerra silenciosa que se libra en la penumbra del dormitorio y que tantas veces deja huellas en el alma. NOCHE EN VELA convierte la incomodidad nocturna en un escenario donde se mezclan la rabia, la vulnerabilidad y una fina ironía, revelando la humanidad que aflora cuando el sueño se resiste.


    NOCHE EN VELA

    No sabe si es avanzada la noche
    o si está casi terminada.
    Acomoda la almohada
    para obligar a su cabeza
    a no pensar en nada.

    ¡Duérmete, maldita mi estampa!
    ¿No sientes que la noche se escapa?

    Tira de las mangas del pijama,
    recoloca la espalda,
    estira el embozo de la sábana;
    ¡mierda de sábana, siempre bajo la manta!

    ¡Ay!, debo calmar esta desesperación
    que en un desvelo me atrapa,
    ¡Chiquilla!, cierra los ojos con calma,
    no los aprietes tanto
    que así no le dará la gana
    de mecerte entre susurros de madrugada.

    El cansancio va aflojando el pellizco
    con el que tiene agarrada la manta,
    sus dedos van soltando
    poco a poco a su presa de lana,
    mientras ella se abandona
    cercana ya la madrugada.

    No ha dormido apenas,
    pero siente la batalla ganada.
    ¡Ahí te quedas!
    Esta noche impondré yo mis armas,
    porque no hay peor batalla
    que no presentar agallas
    ante colchones, mantas
    y una almohada destronada.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    NOCHE EN VELA destaca por su fuerza expresiva y su capacidad para transformar una experiencia cotidiana en un pequeño relato épico, cargado de humor y humanidad.

    El poema combina con acierto:
    Lenguaje coloquial, que aporta cercanía y autenticidad.

    Interjecciones y exclamaciones, que intensifican la frustración, la rabia y la ternura del momento.

    Personificación de los objetos —la manta, la sábana, la almohada— que convierte el dormitorio en un campo de batalla simbólico.

    Un tono irónico y a la vez vulnerable, que humaniza profundamente la escena.

    La voz poética dialoga consigo misma, se regaña, se consuela y se ríe de su propio desvelo.
    Ese manejo del monólogo interior es uno de los puntos más brillantes del poema: transmite de manera fiel el torbellino mental de una noche insomne.

    Formalmente, los versos están bien equilibrados: alternan momentos de rapidez (expresiones cortas, imperativos) con otros más pausados, especialmente cuando el cansancio empieza a vencer.
    Ese ritmo acompaña el contenido, reforzando la tensión y su posterior liberación.

    El cierre es especialmente acertado: una victoria pírrica, irónica, casi infantil, pero profundamente real. Conecta con cualquier lector que haya librado esa misma lucha silenciosa.

    En conjunto, es un poema muy vivo, honesto, cercano y hábilmente construido.
  • EL RELOJ

    EL RELOJ


    Introducción al poema «EL RELOJ»:

    En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
    Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.

    El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.

    Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.

    El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
    Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
    En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.

    Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.


    EL RELOJ

    Anda liada hasta las trancas,
    sin parar para tomar aliento.
    El dolor de espalda
    la está matando a cada momento.

    Mientras, el reloj la mira
    con desafíos y retos,
    con sus doce ojos
    eternamente abiertos.

    ¡Sé valiente!
    No mires cada dos por tres qué hora es,
    ¿no ves que tiene agujas afiladas
    con mil formas de aparecer?
    Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
    a las diez y diez,
    su risa es un reclamo
    para decirte
    que aún faltan horas para atardecer.

    Pero, ¿cómo es esto?
    ¡Hay relojes a cada paso!
    ¡Cuelgan de brazos, paredes,
    móviles, iglesias… de todos lados!

    ¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!

    Al caer la noche,
    bajo cien llaves
    encierra las horas
    de control horario.

    Entra en el coche,
    mete la llave para arrancarlo,
    ¡de pronto otro reloj aparece!

    Sin palabras,
    levanta su mano y hace una peineta;
    nace de golpe,
    de su dedo corazón,
    con brío y descaro:
    ¡que te den!
    ¡Ahora mando yo,
    es mi escenario!
    Ni me repliques,
    que soy capaz de irme andando.

    Retira la cortina
    de la ducha, despacio,
    sintiendo con antelación
    el disfrute tan deseado.

    El agua se desliza con mil caricias
    sobre su cuerpo cansado,
    invadiendo sin remilgos
    su espalda, su cuello,
    resbalando por toda su piel
    con sentires del éxtasis soñado.

    Se seca al compás del silencio
    para disfrutar el lujo
    de sólo oír el flujo
    de su respirar lento y pausado.

    ¡Ya está!
    Mañana será el día.
    Lo miraré con valentía y descaro:
    “¡Hoy marco yo los momentos!
    Aunque te deje dar las horas
    que llevas colgadas de tu careto.”

    El reloj se dio cuenta
    de que salió la jabata
    que ella llevaba dentro.
    Las horas las marcaría
    con cuidado y esmero,
    para no despertar
    a la fiera en ningún momento.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Voz poética y tono:
    El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
    La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
    Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.

    2. Lenguaje y estilo:
    El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
    El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.

    3. Estructura y ritmo:
    El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:

    Empieza con la rutina agobiante.

    Luego surge la rebeldía.

    Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.


    Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
    El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.

    4. Simbolismo y significado:
    El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
    El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.

    5. Valor poético:
    Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
    Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde.


  • ¿LA SONRISA DE MONA LISA?

    ¿LA SONRISA DE MONA LISA?


    En la imagen: Francesco del Giocondo, marido de Lisa Gherardini (Mona Lisa).

    Introducción al poema:

    Desde tiempos remotos, el arte ha servido para inmortalizar rostros, pero pocas veces ha conseguido detener el alma.
    La Mona Lisa, esa figura enigmática que ha cruzado siglos envuelta en misterio, ha sido mirada millones de veces, pero rara vez ha sido escuchada.

    Este poema nace del deseo de asomarse al interior de esa mujer que, durante siglos, ha sostenido una sonrisa entre la duda y la resignación. No como musa lejana, sino como ser humano que existió, que vivió dentro de un cuerpo y bajo unas normas que no eligió. Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, posa sin saber que será parte de una eternidad diseñada por un genio que la convirtió en secreto, en símbolo y en espejo.

    En estos versos no se busca desentrañar el enigma del cuadro, sino ofrecerle una voz a quien nunca tuvo palabra. Aquí, la Mona Lisa no es solo el resultado de una genialidad artística, sino una mujer consciente de su tiempo, que sospecha del suyo y presiente el nuestro.

    Esta es una mirada desde el alma a otra alma.

    Reflexión de la autora:

    Cuando escribí este poema sentí que me adentraba en un viaje silencioso, como si hubiese cruzado el umbral del taller de Leonardo.
    Me encontré frente a Lisa Gherardini no como espectadora del cuadro más famoso del mundo, sino como mujer que percibe en ella la carga de un destino impuesto, la fragilidad de un gesto y la profundidad de unos ojos que han sobrevivido a los siglos.

    No me interesaba tanto la belleza de la pintura como el secreto que encierra: esa sonrisa ambigua que no termina de desvelarse, como tantas veces nos ocurre en la vida cuando debemos mostrar un rostro distinto al que realmente sentimos.

    Al darle voz en mis versos, quise rescatar a la mujer detrás del mito, a la esposa, a la hija de su tiempo, quizá prisionera de un matrimonio concertado, pero inmortalizada con una libertad que ni su esposo ni su época pudieron arrebatarle.

    Para mí, la Gioconda es un espejo universal: cada mirada encuentra en ella su propio enigma, del mismo modo que cada ser humano guarda sonrisas que esconden sombras, dudas y verdades no dichas. Escribir este poema fue mi forma de escuchar su silencio y darle palabras a ese gesto eterno.


    ¿LA SONRISA DE MONA LISA?

    El óleo se hace dueño,
    dentro de una tabla pequeña,
    con bocetos previos al retrato.

    El fondo desaparece
    entre ocres, grises y verdes negros difuminados.

    Ella se sienta erguida
    para posar casi en secreto,
    atusando las mangas del vestido
    para cubrir la redondez de sus brazos,
    que dejan a la vista unas manos
    con dedos vacíos de promesas o regalos,
    sabiéndose esposa de un comerciante
    florentino adinerado.

    No sabe si sonreír o mostrar enfado,
    no es su mejor pose
    ante el gran maestro Leonardo.

    Dicen de él que es un loco imaginario,
    un ser con secretos de submundos
    seccionados e inventados.

    La Gioconda se remueve inquieta,
    intuye que su lienzo vivirá
    renaceres cargados de sombras,
    de grandes cambios,
    temiendo épocas de oscuridades
    ocultas tras gruesos mantos.

    Sonreía con disimulo para el retrato,
    no fuera que sus ojos se viesen casi cerrados
    por la presión de la comisura de sus labios.

    Mona Lisa quedó retratada,
    sin la intención de Leonardo
    de ser entregada como un cuadro;
    la custodiaría de por vida,
    sabiéndose parte de ese escenario
    en el que pintó secretos aún no revelados.

    En el museo,
    las miradas atestan el espacio
    atentas a cada centímetro del cuadro,
    descubriendo la mágica imagen
    de la sonrisa y unos ojos abrumados
    por la carga de su enlace
    con Francesco del Giocondo,
    comerciante adinerado,
    dueño de su vida
    pero no de su retrato.


    CRITICA Y ANÁLISIS SIMBÓLICO

    1. La sonrisa como símbolo:

    La sonrisa de la Gioconda ha sido interpretada durante siglos como misterio, seducción o ironía. En tu poema, adquiere un sentido ambiguo y social: no expresa alegría auténtica, sino la tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta.

    “No sabe si sonreír o mostrar enfado”, refleja la dualidad entre sumisión y resistencia.

    La sonrisa es máscara y encierro: un gesto impuesto que oculta emociones reales.

    2. La condición femenina:

    La Gioconda no aparece como musa idealizada, sino como mujer condicionada por su época:

    “dedos vacíos de promesas o regalos” alude a la falta de autonomía y a un matrimonio de conveniencia;

    “dueño de su vida, pero no de su retrato” encierra una crítica poderosa: aunque su esposo controla su destino, Leonardo la inmortaliza libre, trascendiendo la posesión.

    Aquí el poema denuncia la invisibilidad histórica de las mujeres, al tiempo que rescata su permanencia en la memoria a través del arte.

    3. Leonardo como creador y guardián:

    El pintor aparece como un ser complejo, casi mítico;

    “loco imaginario… con secretos de submundos”, simboliza la genialidad que roza la locura.

    Al no entregar el cuadro, convierte a la Gioconda en su secreto eterno.
    Leonardo es aquí el mediador entre la vida efímera y la eternidad del arte.

    4. El cuadro como metáfora de la historia:

    El lienzo trasciende el tiempo.

    “renaceres cargados de sombras, de grandes cambios”, anticipa épocas de oscuridad y transformación.

    En el museo, la multitud busca descifrar lo indescifrable, lo que convierte a la Gioconda en espejo universal de la humanidad: cada mirada proyecta en ella sus propios enigmas.

    LECTURA EXISTENCIAL

    El poema nos invita a reflexionar sobre tres planos de la existencia:

    1. La vida individual: una mujer atrapada en un rol social y matrimonial, cuyo rostro transmite más de lo que su vida le permitió vivir.

    2. La creación artística: el poder del arte de rescatar del olvido lo íntimo y lo silenciado, convirtiéndolo en símbolo eterno.

    3. La mirada colectiva: cada espectador busca en la sonrisa un sentido distinto, como si el cuadro fuera un espejo de nuestras propias dudas existenciales.

    En suma, la sonrisa de Mona Lisa es metáfora de la ambigüedad humana: aquello que nunca terminamos de descifrar en los demás ni en nosotros mismos.

    Conclusión: Tu poema va más allá de la descripción artística. Se convierte en un diálogo entre arte, historia y condición humana. La Gioconda deja de ser solo un cuadro y se transforma en símbolo de lo oculto, de lo que sobrevive al tiempo y de la contradicción entre apariencia y verdad.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • MÁS TARDE

    MÁS TARDE


    Introducción al poema.

    La espera también puede ser una ceremonia. Cada año despiertan las Cruces de Mayo, regresan las cigüeñas y el hechizo de la primavera perfuma las noches con azahar, mientras el corazón se engalana para un encuentro que siempre parece aplazarse. 
    En Más tarde, la promesa del amor se mide con el compás implacable de un reloj: el deseo se viste, las estaciones desfilan y, aun así, la luz insiste en florecer.


    MÁS TARDE

    Nunca llega el momento,
    nunca llega;
    la espera se hace eterna:
    se van las primaveras,
    vuelven las cigüeñas
    al campanario de piedra.

    ¡Ay, si las piedras hablaran,
    sabrían de mi pena!

    Las Cruces de Mayo
    de nuevo vuelven,
    trayendo consigo
    la luz hechicera.

    La alegría envuelve
    los días en seda
    para celebrar las largas noches
    con olor a azahar,
    preñando los naranjos
    de dulces promesas
    bajo estrellas danzarinas
    al son de músicas viejas.

    Hoy será el día en que mi amor florezca.
    Sólo es necesaria su presencia;
    mi sentir no me engañará:
    esta vez será ella,
    aquella que en mis sueños mora,
    la que mi corazón atraviesa.

    Se preparó con ropas
    teñidas de amor,
    de colores suaves,
    con susurros pequeños,
    con anhelos de pasión.

    Sueños llenos de esperanzas,
    sueños escondidos en un reloj.
    Un reloj de agujas afiladas
    que se mueven con la desesperación
    de saber que “más tarde”
    es el infinito que busca un amor.

    Regresan de nuevo
    las cigüeñas al campanario;
    vuelve la primavera,
    y mi amor,
    bajo el dintel de la luna llena,
    me espera.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema MÁS TARDE

    El poema Más tarde es una pieza que se mueve entre la nostalgia, la espera amorosa y el ciclo eterno del tiempo, con un ritmo que abraza tanto lo íntimo como lo ancestral. Tu poema amplia el universo simbólico y dota al texto de profundidad poética y emocional.

    1. La espera como hilo conductor.

    La espera es el eje estructural y emocional del poema. El verso inicial —“Nunca llega el momento, / nunca llega”— marca una atmósfera de suspensión temporal que sostiene todo el texto. Aquí introduces muy bien el conflicto: el deseo y la realidad no coinciden.

    Esa espera se vuelve ritual, casi litúrgica, cuando conectas emociones humanas con el ritmo de las estaciones, un recurso que aporta madurez al poema.

    2. La presencia simbólica de la naturaleza.

    Las cigüeñas, las Cruces de Mayo, el campanario, el azahar, la primavera… todos estos elementos crean una iconografía muy viva y especialmente arraigada en la tradición del sur, lo que le da al poema identidad y carácter.

    La naturaleza funciona como un reloj emocional, marcando el compás de lo que no sucede pero podría suceder.
    Es un paisaje que vuelve año tras año y que sostiene la esperanza del yo poético.

    3. El tono: una mezcla entre lo lírico y lo narrativo.

    Es un pequeño relato emocional que avanza:

    primero la nostalgia,

    luego la celebración primaveral,

    más tarde el impulso de amor que quiere florecer,

    y finalmente un cierre esperanzador y casi mágico.
  • DOÑA PAQUITA

    DOÑA PAQUITA

    SU CUADERNO GUARDA SU TIERNA SONRISA
    Introducción al poema:

    Este poema es un homenaje a Doña Paquita, una mujer entrañable cuya vida estuvo marcada por la alegría sencilla, la ternura y una generosidad que iluminaba a todos a su alrededor. Su ausencia deja un vacío profundo, pero también un legado de sonrisas y memorias compartidas. En estas líneas se guarda el eco de su risa, su fuerza cotidiana y la huella imborrable que dejó en quienes tuvimos la fortuna de conocerla.

    En mi último encuentro con Doña Paquita:

    —¡Buenos días!
    —¿Cómo estás, hija?
    —¡Doña Paquita, qué gusto verla de nuevo!

    —Sí, llegamos hace pocos días de la capital.
    —Había pensado ir a verte, pero no puedo caminar sola, ni siquiera para cruzar la calle y pegar en tu puerta. Ya sabes que me gusta saludarte siempre que vengo.

    —A mí también me encanta verla, tan alegre y con su ánimo y sonrisa eterna, da gusto estar cerca de usted.
    —Me caí hace unos meses y me operaron, ¡pero mira!, me sostengo sin andador ni nada.

    Doña Paquita se levantó del asiento de su pequeño patio, la entrada de su casa de toda la vida. Ese banco podría contar mil historias, tejidas con la ternura y la fuerza del querer de esta mujer, de complexión pequeña pero con una grandeza de alma y coraje que siempre la acompañaron.

    Poema dedicado a Doña Paquita, una gran y buena mujer:

    SU CUADERNO GUARDA SU TIERNA SONRISA

    Cuando el trajín del día bosteza
    y se va retirando al compás
    del ruido de platos y cubiertos
    que chocan cual batalla,
    bajo un chorro de agua
    que les devuelve el brillo,
    a sabiendas de que mañana
    todo volverá a empezar
    entre viandas y buen vino para brindar,
    porque se dice y comenta
    que el gran cumpleaños de Doña Paquita
    habrá que celebrar.

    Casi cien años cubren
    esas capas de vida
    que guardan el hermoso corazón
    de una anciana que regaló siempre
    su sonrisa a quien se acercaba a su hogar.

    La mañana clara y calurosa
    me deja ver que la puerta de su casa,
    frente a la mía,
    ha quedado cerrada una vez más,
    hasta que Doña Paquita regrese al pueblo
    y encienda la luz sobre su puerta,
    como ejemplo de generosidad,
    para que la claridad siga siendo guía
    de quienes pasan por la calle,
    donde los vecinos aún se saludan
    con afecto y bondad.

    Doña Paquita tiene la virtud
    de hacerse necesitar:
    su cariño y su vida,
    cargada de sabiduría,
    llenaban las páginas de una libreta,
    donde cada noche escribía
    sus sentires y vivencias
    del día a punto de terminar.

    El corazón de la anciana
    se despidió de mí,
    sin que yo advirtiera
    que era la última vez que la abrazaría,
    la última vez que le diría:
    “Doña Paquita, su alegría de vivir
    teje ilusiones en los demás.”

    Su ternura cargada de humanidad
    me respondió:
    “¡Ay, hija!
    Espero que vuelva a verte
    algunos años más.”

    Y así será,
    aunque su corazón se haya apagado
    hace pocas noches,
    aunque la luz de su puerta
    ya no vuelva a encenderse,
    nunca dejará de alumbrar
    la calle que tantas veces cruzó
    para regresar a su pueblo, a su hogar.

    Doña Paquita, su cuaderno guarda
    mil historias por contar.
    Un renglón pequeñito
    guarda mi cariño,
    que ella se lleva consigo
    por siempre jamás.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    El sentido y sentir del poema:

    El poema “Su cuaderno guarda su tierna sonrisa” se construye como un lamento triste lleno de ternura y gratitud hacia la figura de Doña Paquita. La voz poética combina la memoria cotidiana —los platos, el banco del patio, la luz encendida en la puerta— con una dimensión simbólica, que convierte esos pequeños gestos en metáforas de permanencia y legado espiritual.

    La estructura se articula en tres movimientos claros:

    1. La vida activa y los detalles del día a día que retratan a la anciana en su rutina luminosa.

    2. El recuerdo íntimo, donde la poeta evoca las conversaciones, los abrazos y las páginas de la libreta que guardaban su sabiduría.

    3. La despedida, cargada de emoción contenida, donde la ausencia física se transforma en una presencia simbólica que sigue alumbrando la calle y la memoria de los suyos.

    En lo estilístico, destacan la sencillez y naturalidad del lenguaje, que refuerzan la autenticidad del homenaje.

    Los versos, cercanos y directos, transmiten el sentir sincero de una pérdida reciente, sin artificio, con la fuerza de lo vivido.

    El poema, celebra la vida y la huella afectiva de Doña Paquita, convirtiéndose así en un retrato entrañable y universal de una mujer buena y de un ser humano grande.

    Doña Paquita, con todo mi respeto y cariño,
    María Bueno
  • EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    Introducción:

    En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    ¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
    He oído que nos tiran a la basura
    por ser feas y deformes,
    que la tierra nos ha parido mal
    y no servimos «pa’ na».

    —Tomate, qué inocencia la tuya…
    ¿No ves que a aquella pareja
    de limón y naranja
    la van a separar?

    Y no por falta de amor entre ellos,
    es por lo feo del limón
    que nadie querrá comprar.

    —Querida lechuga, es verdad,
    ya no importan ni el sabor
    ni el aroma a fruto fresco,
    importa lo que se verá
    en cajas bien apiladas,
    como frutos brillantes sin más.

    ¿A quién le importa el campo?
    ¿A quién, nuestra tierra madre,
    que pare frutos sin cesar,
    frutos bellos y feos por igual?

    Añoranza de otros tiempos,
    cuando simples tomates como yo,
    feos y deformes,
    daban gusto al paladar
    con sólo un poquito de sal,
    junto a zanahorias, lechugas
    y un chorrito de aceite del lugar.

    ¡Qué ya está bien!
    ¡Que no me vendan por «na»!
    Que la buena gente quiere comer
    frutos que sean de verdad,
    con la decencia de saber
    que no hay ruina
    para el que ara la tierra sin parar.

    —Bueno tomate…
    mejor callarnos ya,
    porque a la señora sandía
    la han tirado ya.

    Ahora nos toca a nosotros,
    pero no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.

    Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.

    Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.

    El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.

    En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.

    La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.

    No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.

    También destaca el cierre:

    > “…no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.”

    Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.

    En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos.

  • LA CAPA

    LA CAPA

    Introducción al poema:

    El poema “La capa” evoca un gesto de desprendimiento y humanidad que se eleva a símbolo de generosidad y sencillez moral.
    Inspirado en la humildad de los actos cotidianos, el texto se sitúa en un ambiente rural, donde la austeridad no impide la grandeza del alma.
    El anciano protagonista, al partir su capa para abrigar a los suyos, se convierte en emblema de solidaridad, recordando que el valor de lo humano se mide más por lo compartido que por lo poseído.

    LA CAPA

    Y cortó, con infinita bondad,
    aquella capa de fuerte lana
    que lo cobijaba desde hacía años.

    Con la intensidad de un rayo,
    rasgó la costura que se interpuso,
    frenando el deseo de un corte certero:
    la gruesa lana resistía al avance
    de unas tijeras que la hacían pedazos.

    Los aldeanos esperaban junto a la lumbre
    de un fuego casi apagado
    por el vaivén de cartones arrebolados.

    Las tijeras avanzaron hasta el final
    del fiero trozo de paño
    y se detuvieron en el borde
    del último dobladillo conquistado.

    Con respeto repartió
    trozos de lana a cada hombre,
    a cada mujer que tiritaba de frío,
    alrededor de un brasero agonizante,
    al son de soplos fracasados.

    —¡Por fin! —exclamó.
    —Ya puedo dar cobijo
    bajo pequeños mantos calientes
    a mis paisanos,
    quedándose con un trozo
    que sería suficiente
    para sus quehaceres diarios.

    Muchos años después,
    el manto seguía colgado
    esperando al anciano,
    que un día supo hacer
    de su capa un sayo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema destaca por su tono narrativo y su honda carga simbólica. La capa representa la protección, el abrigo, pero también la renuncia voluntaria a la comodidad personal por el bienestar colectivo.
    El lenguaje, sencillo y sobrio, se ajusta con precisión al espíritu de la historia: la acción es pequeña en apariencia, pero de una profundidad ética conmovedora.

    El uso de imágenes como “la gruesa lana que resistía el avance de unas tijeras” o “el brasero agonizante al son de soplos fracasados” introduce una dimensión sensorial y emocional que refuerza el contraste entre la dureza del entorno y la calidez interior del protagonista.

    El cierre, con la expresión proverbial “de su capa un sayo”, no sólo aporta una resonancia popular, sino que cierra el círculo del sentido: el sabio anciano supo transformar lo suyo en algo útil para todos, alcanzando así una suerte de trascendencia moral.

    En conjunto, “La capa” es un poema de tono sereno y humanista, donde el altruismo se hace poesía, y donde el valor de la acción sencilla se convierte en una lección atemporal de bondad.
  • ÉCHAME UN CABLE

    ÉCHAME UN CABLE

    Introducción al poema:

    El poema «El cable» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
    Tomé un objeto aparentemente frío y utilitario —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.

    El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje, tiene un punto evocador. Y el juego de palabras con «echar un cable» son sutilezas que me permito.

    La fotografía, realizada por mí, despierta mi sensibilidad, y me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.

    María Bueno.


    EL CABLE

    La línea larga del cable se curva,
    salvando distancias
    entre las casas de vecinos.

    Hasta una pantalla
    llega el flujo mágico
    de risas, llantos
    y noticias en vivo.

    Los anuncios parecen
    grandes producciones
    proyectadas en pantallas
    de cinemas desaparecidos.

    Esos cables llevan
    divertimento, lágrimas,
    miedos, noticias,
    de lugares lejanos,
    de sitios escondidos.

    Nos acompañan
    desde las primeras horas del día,
    de la tarde, en la cena,
    y hasta nos mecen
    las noches de vacío.

    ¡Pero qué curioso!
    Hoy miré esos cables
    con otros ojos,
    viendo algo más
    que la fealdad que muestran
    en calles, plazas y senderos
    que atraviesan campos
    y montes de verdes olivos.

    ¡Algo llamó mi atención!
    Primero se posó uno,
    después se acercó otro,
    y en escasos minutos
    llegó un pequeño grupo de aves
    volando por mi camino,
    inundándolo con aleteos
    de juegos escondidos.

    Se acomodaron
    sobre los cables,
    formando una imagen
    llena de vida
    y pequeños sonidos.

    Con sus diminutas alas
    de colores vivos,
    tomaban aliento
    para seguir su destino.

    Qué hermoso puede ser
    un simple cable torcido,
    entre calles y plazas,
    con pequeños seres
    que, con sus cantos,
    agradecen que les echemos un cable
    para descansar,
    para tomar un respiro.

    Submundos que no se ven
    porque no miramos con mimo.

    Deja que tus ojos se acerquen
    a los pequeños detalles
    que, cada día,
    dan vida a tu recorrido.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • SÓLO POR UN DÍA

    SÓLO POR UN DÍA

    Introducción al poema:

    Este poema es un homenaje a la determinación cotidiana, al impulso invisible que empuja a muchas mujeres a sostenerlo todo cada día, aún cuando la vida solo les conceda un breve respiro para sí mismas.
    SÓLO POR UN DÍA es un poema que transita entre la urgencia y la esperanza.

    En él, la cotidianidad de una mañana cualquiera se convierte en un acto de valentía silenciosa. María no camina sólo hacia el mundo exterior, sino hacia la responsabilidad íntima de sostener la vida, de proteger aquello que la espera y la define. El poema eleva lo cotidiano a la categoría de gesta humana.

    SÓLO POR UN DÍA

    A las siete de la mañana,
    cargada de ilusiones,
    marchaba María.

    María camina rápido,
    con determinación,
    con osadía,
    con el descaro necesario
    frente a la vida.

    Ni uno de sus pensamientos
    se atrevería
    a interponerse en su camino,
    a frenar su marcha,
    su lucha,
    su propia vida.

    Debía conquistar el mundo,
    aunque fuera
    sólo por un día.
    Un día tras otro,
    pero sólo un día
    que le permitiera llenar
    de vida y alegrías
    esa casa que guardaba
    toda su existencia,
    todo lo que la nutría.

    ¡Volvería,
    digo, sí volvería!
    Y así fuiste trenzando,
    día tras día,
    ramas que dieran cobijo
    a la vida,
    aunque fuera,
    sólo por un día.

    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:
    El poema se construye sobre una voz clara y directa, sostenida por un ritmo firme que acompaña el avance de la protagonista.

    La repetición del sintagma “sólo por un día” actúa como eje simbólico: no es resignación, sino resistencia. Cada día conquistado es suficiente cuando se vive con plenitud y propósito.
    La figura de María funciona como arquetipo: mujer, sostén, impulso vital. No hay épica grandilocuente, sino una épica íntima, doméstica y profundamente humana.

    La imagen de la casa como espacio que “guarda toda su existencia” refuerza la idea de refugio y raíz, mientras que el verbo trenzar aporta una metáfora orgánica y maternal: la vida se construye con paciencia, día tras día.
    El cierre del poema es especialmente eficaz, porque regresa al inicio sin cerrarse del todo, dejando la sensación de continuidad. No hay final, hay persistencia. Y ahí reside su mayor fuerza: en la dignidad de seguir, aunque sea —y precisamente— sólo por un día.

  • UNA SOLA META

    UNA SOLA META

    Introducción al poema:

    Este poema reflexiona sobre la ambición y la búsqueda de sentido en la vida.

    La protagonista, inmersa en una carrera sin pausa hacia un objetivo grandioso, descubre que la verdadera plenitud no reside en alcanzar metas lejanas, sino en saborear los pequeños logros del día a día. Es un poema sobre el despertar interior, el equilibrio y la reconciliación con uno mismo.

    UNA SOLA META

    Quiere alcanzarla,
    a toda costa la irá trazando;
    es una meta gigante
    que la llevará por caminos
    de esfuerzos titánicos.

    Lo sabe,
    serán muchos los años
    que necesitará
    para alcanzar la cima
    de un propósito tan alto.

    Trabaja duro,
    vive esclava para lograrlo.
    Los días van pasando,
    se convierten en años.

    Un día cualquiera
    frena de golpe,
    sintiendo el fracaso.

    —¿Qué estoy haciendo?
    ¿Esto es lo soñado?
    Ya no quiero dejarme la piel
    en sueños imaginados.
    Quiero tener metas
    que alcance a diario.

    La suerte la acompañó
    poniendo ante sus ojos
    a un monstruo llamado fracaso.

    Ahora vive construyendo sus días
    poco a poco,
    paso a paso.

    Cada mañana siente
    el aire fresco,
    la luz del día,
    los abrazos.

    Cada día atesora
    las buenas y pequeñas cosas
    que vive a diario,
    que sirven de muros
    al devenir
    de las tristezas y los fracasos.

    Su cabeza reposa sobre la arena,
    ante un mar de azules claros.

    Respira hondo la brisa,
    el aroma a sal,
    evocando recuerdos
    que visten su alma cada día,

    dejando vagar su rastro.

    Cosas pequeñas
    que va apilando,
    que dan altura de miras
    y goce
    a su vivir diario.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema “Una sola meta” transmite con claridad la evolución emocional de su protagonista: del ansia por conquistar grandes sueños al redescubrimiento del valor de lo cotidiano. La estructura versal pausada refuerza el contraste entre la prisa del inicio y la serenidad del final.

    La autora logra un tono íntimo y sincero, casi confesional, que conecta con la realidad.

    El recurso de la repetición —“cada día”, “poco a poco”— enfatiza la transformación interior, y la metáfora del “monstruo llamado fracaso” aporta fuerza simbólica al cambio de perspectiva.

    El cierre es claro y sereno: una reivindicación de la calma, del presente y de la belleza en lo simple. Es un poema de madurez vital, con resonancias universales y hondura emocional.