Autor: María Bueno

  • EL BOSQUE

    EL BOSQUE

    Introducción al poema:

    A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
    Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.

    EL BOSQUE es el testimonio, las sensaciones de ese encuentro.
    El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.

    EL BOSQUE

    Camino lento,
    mirando mis pies.
    Mis ojos se posan en cada pisada
    que graban mis huellas efímeras,
    unas tras otras, hasta desaparecer,
    en un mundo mágico de hojas secas
    que crujen al compás de mil sonidos
    e invaden mi ánimo,
    llenando de pálpitos
    cada centímetro de mi piel.

    Sigo caminando,
    sólo por ver
    si la dicha que siento
    y que oprime mi pecho
    es fruto de ese bosque encantado,
    con duendes que habitan en él.

    ¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
    Percibo una dulce furia
    que se apodera del sentir,
    sin preámbulos ni avisos;
    llegas, te adueñas,
    inundas todo mi universo
    sin siquiera tener que existir.

    Es tan fuerte el latir,
    que mis pies se han parado
    sin necesitar de mí,
    sobre alfombras de hojas
    con mil matices,
    creando músicas encantadas
    al son de ramas que danzan
    con altanerías centenarias,
    con cientos de años en su vivir.

    Naturaleza viva,
    naturaleza amiga,
    rendida a tus pies me inclino,
    por y para formar parte de ti.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.

    Crítica literaria.

    1. Contenido y simbolismo:
    El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.

    El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
    El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
    Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.

    2. Ritmo y musicalidad:
    El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
    Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.

    3. Imágenes y lenguaje:
    Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
    Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
    La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.

    4. Estilo y tono:
    Predomina un tono contemplativo y espiritual.
    El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.

    Valoración final:
    Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
    Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez.

    
    
  • ÉCHAME UN CABLE

    ÉCHAME UN CABLE

    Reflexión de la autora:

    El poema «ÉCHAME UN CABLE» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
    Tomé un objeto aparentemente frío y común —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.

    El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje.

    La fotografía que hice, me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.
    El título del poema, en España, es una expresión popular; "échame un cable" significa pedir ayuda o solicitar que te saquen de un apuro o de una situación difícil.

    María Bueno.


    ÉCHAME UN CABLE

    La línea larga del cable se curva,
    salvando distancias
    entre las casas de vecinos.

    Hasta una pantalla
    llega el flujo mágico
    de risas, llantos
    y noticias en vivo.

    Los anuncios parecen
    grandes producciones
    proyectadas en pantallas
    de cinemas desaparecidos.

    Esos cables llevan
    divertimento, lágrimas,
    miedos, noticias,
    de lugares lejanos,
    de sitios escondidos.

    Nos acompañan
    desde las primeras horas del día,
    de la tarde, en la cena,
    y hasta nos mecen
    las noches de vacío.

    ¡Pero qué curioso!
    Hoy miré esos cables
    con otros ojos,
    viendo algo más
    que la fealdad que muestran
    en calles, plazas y senderos
    que atraviesan campos
    y montes de verdes olivos.

    ¡Algo llamó mi atención!
    Primero se posó uno,
    después se acercó otro,
    y en escasos minutos
    llegó un pequeño grupo de aves
    volando por mi camino,
    inundándolo con aleteos
    de juegos escondidos.

    Se acomodaron
    sobre los cables,
    formando una imagen
    llena de vida
    y pequeños sonidos.

    Con sus diminutas alas
    de colores vivos,
    tomaban aliento
    para seguir su destino.

    Qué hermoso puede ser
    un simple cable torcido,
    entre calles y plazas,
    con pequeños seres
    que, con sus cantos,
    agradecen que les echemos un cable para descansar,
    para tomar un respiro.

    Submundos que no se ven
    porque no miramos con mimo.

    Deja que tus ojos se acerquen
    a los pequeños detalles
    que, cada día,
    dan vida a tu recorrido.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    Tu poema ÉCHAME UN CABLE es una muestra clara de tu capacidad para descubrir belleza en lo cotidiano y para transformar un elemento simple —un cable torcido, visto mil veces— en un símbolo cargado de vida y significado.
    La mirada poética que propones no sólo observa, sino que revela: aquello que suele considerarse feo o accesorio se convierte, bajo tu enfoque, en un escenario donde ocurre lo esencial.

    1. Temática y enfoque.
    El poema se mueve entre dos planos:
    El plano tecnológico y humano, donde los cables llevan risas, noticias, miedos, compañía… un reflejo de nuestra vida moderna.

    El plano natural y espontáneo, donde ese mismo cable sirve de refugio y descanso a pequeñas aves que viajan siguiendo sus rutas ancestrales.

    2. La revelación poética.
    Hay un momento clave en el poema —“¡Pero qué curioso!”— que actúa como eje.
    Es el instante de epifanía, cuando la mirada cambia, cuando dejas de ver un objeto funcional y aparece la belleza escondida. Ese giro es muy efectivo, porque rompe la lógica inicial y abre la puerta a la poesía.

    3. Imágenes y musicalidad.
    Las imágenes que construyes son claras y muy visuales. Describen acciones y escenas que cualquiera puede recordar haber visto, pero que rara vez se detiene a contemplar.

    4. La metáfora central.
    El título oculto en los versos —“échame un cable”— funciona de manera preciosa.
    Primero aparece como una expresión cotidiana, y luego adquiere un significado literal y afectivo: tú le echas un cable a la naturaleza simplemente dejándola ser; y la naturaleza te echa un cable a ti devolviéndote vida, color, compañía, sentido.
    Es un hallazgo poético lleno de calidez y cercanía.

    5. El mensaje final.
    El cierre del poema es especialmente luminoso:
    “Submundos que no se ven
    porque no miramos con mimo.”
    Esa invitación a mirar despacio, a ver los pequeños mundos que viven dentro del nuestro, es profundamente coherente con tu poética general: una poética que cree en el valor de lo pequeño, lo frágil, lo cotidiano, lo vivo.
  • EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    Introducción al poema:

    El monstruo de la sierra nos transporta a un pueblo pequeño, encerrado entre montañas y viejas leyendas.
    El poema recrea la atmósfera temerosa de una comunidad que interpreta lo desconocido desde el miedo. Sin embargo, como ocurre en muchos de tus textos, María, la historia revela un giro luminoso: aquello que parecía temible es, en realidad, un espíritu protector.
    La montaña, convertida en personaje, cuida a los suyos y al pastor perdido, mientras el pueblo aprende que el miedo no siempre acierta en su juicio. Es un poema que mezcla tradición oral, misterio y humanidad.


    EL MONSTRUO DE LA SIERRA

    Aquella tarde oscura,
    la gente del pueblo
    cerraron sus casas.

    Algunas voces gritaban
    que un extraño monstruo
    en el castillo moraba.

    Los niños escondidos
    tras las rejas miraban,
    sin poder evitar el miedo
    que el monstruo les daba.

    Contaban que al pastor
    de la alta montaña,
    el monstruo lo apresó
    y en su castillo habitaba.

    Todo el pueblo murmuraba
    si el monstruo vendría
    por la calle alta,
    para llevarse consigo
    a los que osaran pisar
    el monte y su casa.

    Al día siguiente,
    ya todos en la plaza,
    vieron cómo el monstruo salía
    de la casa de postas
    con el pastor y una cabra.

    Cuenta la leyenda
    que el monstruo era el alma
    de la gran montaña,
    y que sólo quería
    proteger esas tierras
    y toda su fauna.

    Crítica literaria

    Este poema destaca por varios aspectos:

    1. Ambiente perfectamente construido:

    Desde el primer verso se instala un clima de tensión:
    tarde oscura, gentes encerradas, voces que alertan, niños tras las rejas.
    La atmósfera casi cinematográfica permite al lector entrar en la escena como un vecino más del pueblo.

    2. Narratividad clara y ritmo propio:

    Tu manera de contar mantiene un fluir constante, como un relato oral transmitido generación tras generación. Esa estructura en cuartetas sueltas da la sensación de escuchar una leyenda antigua contada en la plaza.

    3. El giro simbólico:

    El monstruo, lejos de encarnar la amenaza, es finalmente el espíritu protector de la montaña. Este cierre es profundamente tuyo: transformar el temor en una forma de cuidado, revelar bondad donde otros ven peligro.

    4. La presencia del “alma” de la naturaleza:

    Este es uno de tus grandes rasgos como autora.
    La naturaleza no es paisaje: tiene intención, voz, espíritu. Aquí se personifica en un ser que protege su territorio y su fauna, enlazando con tu visión del planeta como casa común y sagrada.

    5. Una leyenda que abre un universo narrativo en tu próxima novela:

    El poema tiene fuerza suficiente para ser el origen de un capítulo dentro de Maldita Estampa.
    La combinación entre fortaleza, pastores, monstruos que no lo son y pueblos que temen lo que no comprenden dialoga perfectamente con el espíritu de tu novela.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • MICRORRELATO: PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    MICRORRELATO: PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    Introducción:

    En este microrrelato, María Bueno rescata un episodio real ocurrido a principios de 1900 que, con el paso del tiempo, se convirtió en una historia familiar contada con mezcla de susto, asombro y ternura en la Nochebuena de cada Navidad.

    La escena, vivida en un entorno rural donde los remedios caseros eran el único recurso inmediato, une la inocencia temeraria de una niña con la responsabilidad temprana de un hermano.

    PIMENTÓN Y UNA TELA DE ARAÑA

    La mañana ya estaba casi agotada, la montaña de leña para cortar parecía interminable y su padre no tardaría en volver.

    Pedro pensó: -si no estuviera mi hermana pequeña, ya habría terminado de cortar la leña. ¡Candela es incansable y una salvaje!, pero es muy graciosa y aún es pequeña, debo tener paciencia porque madre la ha dejado a mi cargo.


    —¡Esta niña! Hermana, ¡quítate de ahí!
    —Por favor Candela, padre volverá pronto de las tierras y tengo que tener cortada toda leña.

    Candela miró a su hermano desde su baja estatura, era menuda, pero con una energía que volvía loco al más santo.
    —¡No me pillas! ¡Eh, mira, mira!

    —Soy más rápida que tú, mi mano corre más que tu hacha.

    Candela retaba a su hermano acercando su mano casi al borde del golpe del hacha con el tronco.

    Pedro empezó a desesperarse, no tenía tiempo de andar con las locuras de su hermana. Siempre estaba igual, es como si quisiera demostrar que ella era fuerte y valiente como los chicos, traía de cabeza a sus padres.

    —¡No te lo volveré a decir más! ¡Quita tu mano, vete de aquí!

    En ese momento Candela acercó su mano y a Pedro, sin poder evitarlo, se le cayó el hacha contra el tronco llevándose por delante un trozo del dedo de su hermana.

    —¡Dios mío!
    Pedro agarró con fuerza el dedo de la niña y le hizo un torniquete con el pañuelo que tenía en el cuello para secar el sudor.

    —¡Corre, corre, ven conmigo al cobertizo!
    ¡Hay que cortar la hemorragia con tela de araña, allí habrá alguna!

    Corrieron y al entrar cogió una tela grande de araña que colgaba de unas maderas desvencijadas, restos de un mueble viejo.

    Pedro tomó a su hermana en brazos y la llevó a la cocina de la casa grande, allí rebuscó en la alacena y por fin encontró la lata con el pimentón.

    —Candela, no te muevas, voy a desinfectar con el pimentón y también ayudará a taponar la herida, así podré cortar la hemorragia hasta que podamos llegar a la casa del médico.

    Candela estaba blanca como la pared, no podía dejar de mirar su mano, le faltaba un trozo del dedo índice y el pimentón hacia una masa gorda con la sangre que cada vez brotaba con más lentitud.

    Su delantal, que protegía su vestido, estaba rojo de la sangre que había salido de su herida, el pimentón le daba relieve a las manchas pareciendo que cada rastro de sangre engordaba por momentos.
    En ese instante, entró su padre y la tomó en brazos, tan rápido que ni cuenta se dio de que habían abandonado la casa y ya estaban en la del médico.

    —Don Pedro, su hija no ha perdido el dedo de puro milagro, gracias a la rapidez de su hijo, lo ha salvado.

    Muchos años después, Candela contaba cada Nochebuena la misma historia, la del hacha, el pimentón y su dedo índice.

    También la historia del lobo que en Fortaleza se comió a Juan, dejando en el camino una bota vacía…

    Desde entonces, se tararea un tanguillo en las cenas de invierno con sobremesas eternas llenas de cuentos y misterios sin desvelar.

    Crítica literaria.

    María, este microrrelato posee una de las cualidades más difíciles de conseguir en la narrativa breve: transforma un recuerdo familiar en memoria colectiva.

    Aunque nace de un hecho concreto y real, cualquier lector reconoce en él las historias que escuchó de sus mayores, aquellas que se repetían alrededor de una mesa y terminaban formando parte de la identidad de una familia.
    La principal fortaleza del texto reside en la autenticidad. No busca engrandecer el acontecimiento ni convertirlo en una tragedia; al contrario, narra el accidente desde la sencillez de la vida cotidiana, mostrando la responsabilidad de Pedro, la temeridad infantil de Candela y los remedios populares de una época en la que la experiencia y la necesidad caminaban de la mano.

    Destaca también la construcción del personaje de Candela. Su carácter valiente, inquieto y desafiante aparece definido en muy pocas líneas, lo que permite que el lector comprenda rápidamente cómo se desencadena el accidente.

    Del mismo modo, Pedro emerge como una figura entrañable: un muchacho que, pese al miedo y la culpa, actúa con rapidez y consigue salvar a su hermana.
    Literariamente, el relato encuentra uno de sus mayores aciertos en el final. La repetición anual de la historia durante las cenas de Nochebuena convierte el accidente en leyenda familiar, y la referencia al lobo de Fortaleza amplía el horizonte narrativo, sugiriendo que existen muchas más historias esperando ser contadas.

    Ese cierre deja una agradable sensación de continuidad, como si la memoria nunca terminara de agotarse.
    En conjunto, «Pimentón y una tela de araña» es un microrrelato costumbrista de gran valor humano, donde la infancia, la tradición oral, el mundo rural y los lazos familiares se entrelazan con naturalidad.

    Su mayor mérito no está en el accidente que relata, sino en la capacidad de conservar vivo un recuerdo que, gracias a la palabra escrita, seguirá pasando de generación en generación.


    Basada en hechos reales.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    Introducción al poema:

    Este poema es un grito íntimo nacido desde la herida más profunda: la pérdida irreversible de un ser amado. La voz poética nos conduce a través de un viaje emocional donde el amor, la desesperanza, el dolor y la impotencia se entrelazan en un diálogo que es, a la vez, súplica y despedida. El texto revela la lucha interna entre el deseo de sostener al otro y la realidad inquebrantable de su partida. Es una confesión directa, sin adornos innecesarios, que se convierte en un espejo de la fragilidad humana frente a la muerte y la ausencia.


    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    ¿Qué sientes?
    Háblame...
    ¿La tierra te debe algo?

    ¿Qué quieres?
    No sé qué está pasando.

    Estoy hundida,
    mis propias palabras me hieren,
    sufro con desmesura
    de un vacío anunciado.

    El miedo, mi fragilidad,
    son un canto ahogado.

    Siento que nos amamos,
    que la tierra nos cobija
    en su regazo.

    Siento que tu vacío
    es mi calvario,
    que tu morir de cada día
    es mi propio fracaso.

    ¿Qué quieres de mí?
    ¿Llenar las ausencias del sin sentir?

    Me estoy hundiendo,
    estoy en las profundidades de negruras,
    de sentires que apuñalan lo soñado.

    No hay más.
    Sólo me quedan mis silencios,
    para romper tu miedo,
    mi soledad en el vivir
    de cada uno de tus momentos.

    La tristeza de tu alma
    grita tu nombre,
    siguiendo tus pasos
    camino del hoyo oscuro,
    que te atrapa sin reparos,
    para alimentar a la bestia
    que siempre te está esperando.

    La profundidad de tus pesares
    no toca fondo,
    por ese eterno letargo
    que te aleja de la vida
    sin ver que estoy llorando.

    Veo tus lágrimas
    desde el negro sentimiento amargo
    que devora mis entrañas,
    que me está matando.

    Veo tu llanto,
    siento ese sufrir
    que no necesitan decir tus labios,
    porque tus ojos expresan
    el vacío de mis abrazos.

    Y un día cualquiera,
    la tierra se cerró sobre ti.
    Se hundió contigo en sus garras,
    llevándote al infinito,
    enterrando tu rostro amado,
    ahogando tu sonrisa,
    tu mirar de soslayo,
    mientras siento la herida
    de la ausencia de tus manos.

    Te abracé hasta el último instante,
    mientras sentía el desgarro en mi alma,
    el llanto desbocado,
    sabiéndome perdida
    entre el último de tus abrazos.

    Sintiendo el dolor en mis entrañas,
    sabiendo que mi alma carga el lamento
    del vacío de tu mirar,
    de tus caricias inocentes,
    de tus palabras en los amaneceres,
    del cobijo de mis llantos.

    Tu ausencia es mi vacío,
    mi eterno quebranto.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria

    "Tu ausencia es mi vacío" destaca por su carga emocional intensa y su tono confesional. El poema mantiene un pulso narrativo que avanza desde el desconcierto inicial hasta la aceptación dolorosa de la pérdida. La estructura libre y la repetición de preguntas retóricas ("¿Qué sientes?", "¿Qué quieres?") generan cercanía y urgencia, como si el lector asistiera a un diálogo real que se quiebra ante el silencio de la muerte.

    La fortaleza del texto radica en la capacidad de transmitir sensaciones viscerales: el hundimiento, la negrura, el vacío. Hay imágenes poderosas, como "la tierra se cerró sobre ti" o "alimentar a la bestia que siempre te está esperando", que aportan dramatismo y simbolismo.

    A nivel formal, la fragmentación en estrofas cortas refuerza el ritmo quebrado propio del duelo, mientras que el cierre, con la declaración lapidaria "Tu ausencia es mi vacío, mi eterno quebranto", condensa el sentimiento central y deja una huella contundente.

    Es un poema que no busca ser complaciente, sino verdadero; y en su verdad, encuentra la belleza y la fuerza.
  • MI MADRE

    MI MADRE

    Hay amores que no se nombran: se respiran.
    Este poema nace de ese aire antiguo y sagrado que permanece cuando una madre ya no está en la tierra, pero sigue latiendo en la piel, en los recuerdos, en las enseñanzas y en cada paso que damos.

    MI MADRE,  es un diálogo íntimo con la madre eterna, esa que sostuvo, crió, enseñó, abrazó… Aquí, su hija revisita las huellas que quedaron: las luces pequeñas de la infancia, los principios heredados, las rutinas que perfumaban la casa y la fuerza invisible que aún sostiene su existir.
    Este poema es un acto de gratitud y de búsqueda: un regreso a la orilla donde el amor materno acaricia los días, incluso desde el otro lado de la vida.

    MI MADRE

    Cuánto vivir te sostuvo,
    cuánto trenzar vidas,
    cuántos sueños y sentires…,
    cuánto aceptar
    una existencia
    de cargas desmedidas,
    una vida llena
    de otras vidas paridas.

    Madre,
    tu alegría constante
    mimó mi infancia.
    Tu sabiduría me enseñó
    a escuchar a mis mayores,
    a erigir principios nobles,
    a saberme pequeña
    y, aun así, crecer
    hasta el final de la vida.

    Tus ojos y tu sonrisa
    quitaban mis miedos de niña.

    Tú apretabas tu mano
    enredada en la mía
    para sellar la promesa
    de que nunca te irías,
    aunque la muerte llegara
    de hurtadillas.

    Mi pequeña altura
    colgaba de tu brazo
    con el alma blanca y diminuta
    sintiendo que ella estaría junto a mí por siempre,
    para todas mis vidas.

    Tu honestidad infinita
    marcaba mis pasos,
    construía caminos,
    cimentó pilares
    que sostienen mi ser,
    aunque estés guardando
    esa orilla de aguas cristalinas
    entre amores,
    que un día nutrieron tu vida.

    Acuno cada amanecer
    como si fuera único,
    guardando, cual escudera,
    tus frases benditas.

    Con ellas enfrentabas
    cada aurora con esperanza,
    sabiendo que era un nuevo día.

    Los vaivenes de mi existir
    están colmados
    de memorias compartidas:
    aromas a jabón
    con esencias infinitas,
    a pucheros sobre el fogón,
    a tu franca risa…

    Te siento muy cerca,
    tanto, que mi piel nunca olvida
    el calor de tus manos,
    tu mirada, tu brisa.

    Sé que una estrella
    guarda tu existir,
    para que seas mi guía.

    Siento tu eternidad
    a través de mi latir,
    siguiendo la senda
    que dibuja mi devenir:
    cartografías de mares
    con orillas mecidas por ti.

    Siempre, siempre en mí,
    por el resto de mis días.

    Mi madre,
    mi ejemplo de vida,
    la orilla donde llegaré
    desnuda de conquistas,
    plena en mi propio vivir,
    ante tu orilla.

    Mi madre, mi eterna compañía.


    © María Bueno, 2026.

  • TÚ

    TÚ

    Introducción al poema:

    Este poema es una ofrenda que habla de la intensidad serena de un "tú" que habita en el alma, más allá de las palabras, del cuerpo, incluso del "yo".

    En ese silencio donde las letras no alcanzan y la noche no necesita luna, nace una plenitud que se respira, que se sueña.
    El poema Tú es una visión del sentir que dota de palabras al silencio.

    A veces, el amor se reduce a una sola presencia, como si todo lo demás desapareciera.

    Este poema nace de esa percepción absoluta: cuando Tú lo llenas todo, incluso a mí me haces prescindible.
    En su sencillez, este texto guarda profundidades inmensas, donde el silencio, la mirada y una única palabra bastan para sostener el alma.


    TÚ

    No hay nadie,
    sólo tú,
    ni siquiera yo.

    La inmensidad
    de tu presencia
    no necesita de voz.

    El sonido
    de tu respiración
    pone acento de amor,
    cada vez que me miras
    y sólo me dices:
    tú.

    Las palabras
    se quedan mudas,
    sin letras
    que puedan sostener
    los sentires
    en noches oscuras.

    Tú.
    Sólo tú
    llenas mi alma
    sin necesitar lunas.

    Tú,
    mi única
    y eterna locura.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “TÚ” es un poema de profunda respiración expresiva y de una hondura emocional que se impone desde el primer verso. La voz poética se disuelve en la presencia del otro, hasta el punto de anularse: “No hay nadie, / sólo tú, / ni siquiera yo.”
    Esta apertura establece de inmediato el tono esencial del poema —una entrega absoluta, silenciosa y pura— donde el amor deja de ser dualidad para convertirse en unidad.


    Forma y ritmo:

    El poema fluye en versos breves, libres, con pausas naturales que reproducen el ritmo de la respiración y del pensamiento amoroso.

    No hay artificio ni exceso: cada verso parece haber sido escogido con la misma delicadeza con la que se pronuncia un nombre querido.
    El uso del silencio —reforzado por las pausas y los encabalgamientos— es magistral; el poema se sostiene tanto en lo que dice como en lo que calla.
    La estructura visual y sonora favorece la sensación de calma, de suspensión, casi mística, que impregna todo el texto.


    Lenguaje y simbolismo:

    El lenguaje es íntimo, transparente y lleno de serenidad.
    Los elementos simbólicos —la voz, la respiración, la luna, el silencio, la plenitud— se integran en una atmósfera de contemplación amorosa.
    La luna ausente es especialmente significativa: representa la oscuridad de la noche interior, pero también la posibilidad de iluminarla desde dentro, desde la presencia del “tú” que llena el alma de ternura y sueños.
    La culminación en “Tú, / mi única / y eterna locura” es un cierre perfecto: resume el conflicto entre serenidad y pasión, entre lo eterno y lo humano, sin necesidad de explicarlo. Es un final que late con la intensidad de lo esencial.


    Valor poético:

    Tu poema logra un equilibrio difícil: ser intenso sin ser grandilocuente, emotivo sin caer en la retórica del amor romántico convencional.
    El tono recuerda a la poesía de misticismo amoroso, donde el “tú” puede ser tanto un ser amado como una presencia espiritual.
    La pureza expresiva, la ausencia de ornamentos y la fuerza de la sencillez lo convierten en un texto de una belleza silenciosa, casi meditativa.


    Conclusión:

    TÚ es un poema de plenitud contenida, donde la palabra se convierte en aliento y el amor se expresa como una forma de existencia.
    En su brevedad y transparencia se encuentra su grandeza: la comunión con el otro y la disolución del ego en el amor universal.
  • VOLVORETA.

    VOLVORETA.


    Introducción:

    Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
    En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.


    VOLVORETA

    Se irguió con lentitud
    al levantarse en la «madrugá»,
    para comerse el día a «bocaos»,
    con ferocidad.

    Los temores que la amenazaban
    serían casi imposibles de frenar.

    ¡Fájate bien, que tu espalda
    no se doble ante la adversidad!

    ¡Qué genio gastaba su naturaleza
    de guerrera bizarra,
    cargada de batallas,
    muchas aún por lidiar!

    Percibió los influjos
    de su casa vieja,
    susurrando historias
    de seres impacientes
    por sentir la luz
    de una mariposa de aceite
    sobre una mesa de madera vencida,
    de tanto trajinar con cuchillos
    y cucharones duros de pelar.

    Sentía el burbujeo de olivas
    macerándose en una gran tinaja,
    acurrucadas sobre romero verde,
    laureles, ajos y su sal.

    Arrancó un buen trozo de pan
    con el que «pringar»
    la delicia de su contenido,
    emanando olores
    que la hacían salivar.

    Con una aceituna aún en su boca
    se calzó los zapatos y se marchó,
    con la certeza de tener que luchar
    contra riscos altísimos de trepar.

    Al final del duro día
    alcanzó la cima;
    sintió que la presión desaparecía,
    que la noche volvía.

    Dejó su coraza en el camino
    y sus temores
    hasta el próximo amanecer.

    ¡Ay, noche!, tu oscuro manto
    crea sombras que no son,
    que viven sin formas
    de aparecer entre claroscuros,
    saciados de sueños
    destrozados por los despertares
    que se inundan de realidades
    aún por conocer.

    Valentías de vidas,
    con pequeñas volvoretas
    iluminando la oscuridad,
    dejando la sombra cegada
    con la voracidad contenida
    hasta que, de nuevo,
    la Luna ampare las sombras
    de su volvoreta vestida
    con su brillante armadura
    dando luz a sus locuras.

    Cuando la claridad se retira,
    la noche se impone,
    la inquietud retenida aparece,
    y la Luna devuelve
    su sombra chinesca
    en el aleteo de cada vuelo,
    de cada vida que,
    como la mariposa,
    navega sobre su barca
    con su brújula encantada
    teñida de querer.

    Tras vencer la noche,
    tras mecer los sueños,
    el día conquista
    la luz de una pequeña llama,
    quedando prisionera
    bajo el imperio del alba,
    con toda su fuerza,
    su poder.

    Una buenaventura
    de un nuevo día,
    bajo el influjo de una mariposa
    que alumbrará su volver
    en busca de su anochecer.



    Nota de la autora:

    Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
    Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
    Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
    El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.

    La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
    La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.

    Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez.
    Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.

    Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas.

  • TODO ES VIDA

    TODO ES VIDA

    Introducción al poema:

    Este poema se sumerge en la contemplación serena de un atardecer cotidiano, donde lo sencillo se convierte en trascendente. La narradora, sentada en un banco envejecido, transita entre la quietud del sopor y la vibrante irrupción de la vida alrededor: niños jugando, voces diversas, aromas, sonidos y colores que se entrelazan en una sinfonía humana. La escena se convierte en un canto a la memoria viva de los espacios comunes, esos rincones que son testigos del paso del tiempo y de la persistencia de la humanidad compartida.


    TODO ES VIDA

    Sentada en un banco envejecido
    por el paso del tiempo,
    siente el crujir de la madera vencida,
    el olor intenso a azahar,
    los naranjos ofrecen sus copas frondosas
    bajo las que dormitar.

    La languidez va alcanzando
    la totalidad de su mente,
    dejándola casi ausente del pensar.

    La cabeza se va ladeando
    muy poquito a poco,
    sin notar que va perdiendo la consciencia, 
    que sus ojos se cierran y se deja llevar.

    Su cuerpo se abandona
    ante el sopor del atardecer,
    la brisa juega entre hojas de naranjos
    para silbar compases previos al anochecer.

    Voces infantiles la despiertan,
    y el zumbar de una cuerda
    que da vueltas sin parar,
    alentando la algarabía
    de los chiquillos que saltan
    uno tras otro, en una cola sin final.

    Un hombre vocea las delicias
    de unos barquillos de galleta crujiente,
    con toques de caramelo
    que deshacen de regusto el paladar.

    La mezcla de voces con acentos distintos,
    de gente procedente de otros lugares,
    de vestimentas de mil formas y colores,
    de momentos de vida
    con esencia de humanidad.

    ¡Ay atardecer,
    que das alas al anochecer,
    para que la vida pueda soñar!

    Se levanta con parsimonia,
    camina hacia su hogar,
    a través de una plaza llena de vida,
    a la que cada atardecer volverá,
    para sentarse en su banco desvencijado
    donde se dejará llevar,
    entre aromas y caricias de brisa fresca,
    junto a rayuelas, canicas,
    y seres cargados de humanidad.


    Reflexión de la autora sobre TODO ES VIDA.

    Escribí este poema pensando en la fuerza que tienen los pequeños instantes cuando nos detenemos a mirarlos. Un banco viejo, el olor de los naranjos, el bullicio de niños jugando, voces de distintos lugares…
    Todo ello compone una escena sencilla, pero a la vez profundamente humana.

    Creo que, a veces, olvidamos que la vida está en esos detalles, en las plazas que acogen encuentros, en las tardes que parecen repetirse pero nunca son iguales, en la diversidad de rostros y acentos que nos recuerdan que no estamos solos.

    Quise mostrar cómo lo cotidiano puede ser un refugio de sentido: un espacio donde el tiempo no sólo pasa, sino que nos regala la certeza de que seguimos perteneciendo al mundo.


    Crítica literaria del poema:

    TODO ES VIDA destaca por su delicada capacidad de observación sensorial: el olor a azahar, el crujir de la madera, la brisa, las voces infantiles y la algarabía colectiva crean una atmósfera rica y envolvente. El poema oscila entre la intimidad individual —la mujer que se deja llevar por el atardecer— y la plenitud comunitaria —la plaza llena de voces, juegos y humanidad—.

    La estructura, con versos narrativos que fluyen sin rigidez métrica, favorece el tono evocador y contemplativo. Se aprecia una progresión clara: del reposo al ensueño, del sueño a la irrupción de la vida, y de ahí al retorno a la plaza como espacio simbólico de pertenencia y memoria.

    El final, con la imagen del banco desvencijado al que la protagonista vuelve cada tarde, otorga circularidad y refuerza la idea de que la vida se sostiene en los pequeños rituales cotidianos.

    El poema transmite esperanza y pertenencia, con un acento especial en la diversidad cultural como riqueza compartida.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • EL ZURRÓN

    EL ZURRÓN

    Reflexión de la autora:

    En cada camino recorrido, hay algo que nos acompaña más allá del tiempo y del espacio: la memoria de lo sentido.
    El zurrón simboliza ese lugar íntimo donde se guardan los afectos, las vivencias y los instantes que, aun gastados por el uso, siguen dando calor.
    En él caben los amores, las risas, los anhelos y las esperanzas que el alma no quiere soltar.

    Este poema nace de la necesidad de reconocer ese equipaje emocional que todos llevamos pegado a la espalda, no como carga, sino como abrigo. Es una celebración del tesoro invisible que se va llenando con los años, de aquello que, por más sencillo que parezca, sostiene nuestra existencia.


    EL ZURRÓN

    Guardo en mi zurrón
    amores en flor,
    que esperan crecidas
    sin desamor,
    anhelando abrazos
    que roben el alma,
    mirando de frente
    sin sombras amargas.

    Guardo en mi zurrón
    atardeceres dorados
    que mecen la calma,
    calando sentires
    que me acompañan.

    Guardo en mi zurrón
    pequeños cobijos,
    que acunan mis risas,
    mis anhelos,
    mis esperanzas.

    Mi zurrón,
    ése pegado a mi espalda,
    para guardar los quereres
    de días claros,
    sin sombras chinescas
    que crean marañas.

    Ese zurrón desgastado,
    que me protege
    de días oscuros
    en noches cerradas,
    para susurrar melodías
    con las que danza mi alma.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El zurrón es un poema profundamente simbólico, donde el objeto que da título al texto se convierte en una extensión del yo poético: un receptáculo de vida, memoria y afectos. El tono es íntimo y reposado, con una cadencia que evoca el andar lento de quien, mochila al hombro, ha aprendido a guardar lo esencial.

    El poema está estructurado en bloques que repiten el verso anafórico “Guardo en mi zurrón”, recurso que aporta ritmo y cohesión, al tiempo que refuerza la idea de acumulación emocional.
    Cada estrofa revela un aspecto distinto de la existencia: el amor, la calma, la esperanza y la protección.

    El lenguaje es sencillo, transparente y de raíz afectiva. Se percibe una ternura madura, donde el paso del tiempo no ha borrado la capacidad de sentir, sino que la ha templado. La imagen del “zurrón desgastado” simboliza tanto la experiencia como la fidelidad a los recuerdos, y su función protectora se sublima al final con la musicalidad de “susurrar melodías / con las que danza mi alma”, un cierre sereno y esperanzador.

    En conjunto, El zurrón es un poema que honra lo vivido y lo guardado, y que celebra la memoria emocional como refugio.
    Su tono cálido y su estructura repetitiva le otorgan una musicalidad discreta pero constante, propia de los versos que nacen de la profundidad emocional y la reflexión.