Autor: María Bueno

  • SILLAS AL ATARDECER

    SILLAS AL ATARDECER

    Introducción al poema:

    En los pueblos donde la vida se cuece a fuego lento y la vecindad es un refugio compartido, hay instantes que se repiten como pequeños rituales cotidianos. Este poema es un homenaje a esos atardeceres donde el cansancio del día se disuelve en la conversación sincera, en las risas que brotan sin pedir permiso y en las sillas que, alineadas en la acera, guardan memorias de generaciones enteras. «Sillas al atardecer» recoge el alma de los patios comunes, de los campos de olivos que alimentan cuerpos y corazones, y de las mujeres y hombres que, con un abanico en la mano y la esperanza en la mirada, hacen de cada tarde una tregua luminosa y compartida.

    SILLAS AL ATARDECER

    El atardecer se abre camino
    para llegar a cada casa,
    a cada puerta,
    a cada patio de vecinos,
    para dar alas a cada alma
    dentro de cuerpos rendidos
    por horas de duro trabajo
    entre campos de verdes olivos.

    Una fila se forma en las puertas
    de los patios de vecinos,
    con risas y premuras ponen sillas
    en las aceras del camino,
    con palabras atropelladas,
    con voces sin desafíos,
    el atardecer mece sus chales
    con un leve soplo de abanicos.

    Atardecer que envuelve
    los sueños de muchas almas,
    dentro de corazones amigos,
    que con alegría comparten
    vidas y pesares,
    entre sillas de atardeceres vivos.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema
    SILLAS AL ATARDECER.

    Es un poema que se sostiene en una mirada profundamente humana hacia la vida cotidiana, y eso es uno de sus mayores logros.

    La pieza captura un rito costumbrista –las sillas en la puerta al final del día– que, lejos de ser algo anecdótico, se convierte en un símbolo de comunidad, memoria y resistencia emocional.
    El poema está construido sobre imágenes cálidas y reconocibles: el patio de vecinos, las aceras, los abanicos, los cuerpos cansados del trabajo en los olivos. Estos elementos crean un retrato íntimo de un mundo que aún existe, pero que también parece estar desvaneciéndose poco a poco con los cambios sociales. Así, el poema adquiere un tono de nostalgia que no es triste, sino amoroso, casi celebratorio.
    La musicalidad se consigue mediante la repetición (“a cada casa, / a cada puerta, / a cada patio de vecinos”) y un ritmo pausado que imita el atardecer que se posa sin prisa. La estructura está bien equilibrada: comienza con una descripción amplia y luminosa, se estrecha hacia la escena colectiva en la calle, y termina en un cierre emotivo que realza la fuerza de lo compartido.
    El verso final —“entre sillas / de atardeceres vivos”— es especialmente acertado. No sólo cierra el poema, sino que lo eleva. «Atardeceres vivos» convierte un instante cualquiera en un espacio de vida plena, mostrando tu capacidad para transformar lo cotidiano en un territorio poético.
    El lenguaje es sencillo en la superficie, pero sumamente evocador. No necesita artificios porque la verdad emocional ya está ahí: la comunidad como refugio, la rutina como sostén, el atardecer como un abrazo común.
    En conjunto, es un poema cálido, honesto y visual, que desprende una ternura profunda por las personas y sus costumbres, y que preserva con dignidad la memoria de una forma de convivir que ha sido pilar en tantos pueblos y familias.

  • ANTES DE MORIR QUIERO

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Introducción:
    El poema Antes de Morir Quiero es profundamente conmovedor. Tiene una dulzura serena, un amor que no exige, solo desea estar, abrazar, acunar, entregar lo más íntimo antes del último suspiro. Cada estrofa se desliza como una caricia, con una ternura que emociona sin aspavientos, como si el alma misma hablara con la naturalidad de quien sabe que amar es también dejar marchar con amor.
    Hay una musicalidad sutil en los versos, un ritmo suave que acompaña ese deseo de eternidad en lo cotidiano: mirar, abrazar, mecer, cruzar la playa… Todo ello, envuelto en imágenes profundamente evocadoras.

    La metáfora de las aguas que fueron fuentes de lágrimas me pareció especialmente poderosa: una declaración de dolor y entrega a la vez.
    Y ese último verso, tan sencillo y tan hermoso: llevar en mi retina tu cara, es la joya que corona todo el poema. Resume el anhelo esencial: que el amor sea lo último que quede.

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Antes de morir quiero
    ver tus ojos del alma,
    hacer como que no te miro
    y empaparme de ti hasta el alba.

    Antes de morir quiero
    sentir tu aliento con calma,
    hacer vibrar mis sentidos
    y saber que nada te falta.

    Antes de morir quiero
    dejar mi corazón en tu alma,
    sentir que mezo tus sueños,
    que mis brazos te abarcan.

    Antes de morir quiero
    oír tu voz con palabras,
    decirte que te quiero por siempre,
    rozando mi mano tu cara.

    Antes de morir quiero
    que nades tranquila en mis aguas,
    aguas que fueron fuentes
    de lágrimas derramadas.

    Antes de morir quiero
    que cruces conmigo esta playa,
    playa que morirá conmigo,
    dejando en tu orilla mi eternidad entregada.

    Antes de morir quiero
    abrazar tus miedos al alba,
    fundir tu cara en mi abrazo,
    acurrucar con mimo
    mi amor en tu alma.

    Porque antes de morir quiero
    llevar en mi retina,
    para siempre, tu cara.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Análisis y crítica:

    El poema se sostiene sobre un eje rítmico poderoso: la reiteración “Antes de morir quiero” convierte cada estrofa en un deseo vital, casi una letanía de amor perdido. La delicadeza con que se nombra la ausencia crea un puente entre la tristeza y la ternura. No hay rabia, hay dolor, amor y calma.

    La estructura en octavillas libres con versos mayormente heptasílabos y endecasílabos le otorga musicalidad suave, lo cual intensifica la sensación de hablarle, desde el susurro, a quien no pudo quedarse.

    Es un poema de alto valor emocional, que funciona tanto como despedida, como homenaje, y como grito de amor eterno a lo irremediable.

    Observaciones:

    Poema emotivo, íntimo, con un ritmo reiterativo que lo convierte en plegaria.

  • LAS PUERTAS

    LAS PUERTAS

    «No hay camino hacia la paz, la paz es el camino» Mahatma Gandhi

    Introducción:
    Este poema nos habla de los encuentros que transforman, de las manos que se tienden antes incluso de pedir ayuda y de la fuerza colectiva de la bondad.

    A través de la metáfora de una puerta antigua y tallada, se representa el acceso a oportunidades, justicia o esperanza, que solo se abren cuando intervienen la empatía, la honestidad y la unión de personas nobles.

    Es un canto a la solidaridad silenciosa y a la confianza en que lo bueno sucede cuando el alma empuja.

    LAS PUERTAS

    Era grandiosa esa puerta,
    tallada de filigranas
    por manos de expertos artesanos,
    por gente de otros tiempos,
    con preciosa paciencia y horas largas.

    El frío chirrido del metal
    hizo trizas mi embeleso.

    De pronto apareció una mano tendida
    antes de que yo llegara a estrecharla.
    Aferró mi mano y me habló
    sin necesidad de decir nada.

    Me recibió con la honesta intención
    de hacer realidad mis demandas,
    porque al estrechar las manos
    percibió las miles de esperanzas
    que yo llevaba conmigo,
    pegadas a mi alma.

    Un ejército de buenas personas
    que junto a mí viajaban,
    para abrir entre todas
    las grandes puertas talladas,
    con la paciencia de quien sabe
    que las cosas buenas pasan,
    porque las puertas siempre se abren
    cuando las empujan seres nobles
    con la fuerza del alma.

    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:
    Este poema se sostiene sobre una metáfora central muy sólida: la puerta.

    No es solo un objeto físico, sino símbolo de oportunidad, justicia, ayuda y destino.

    La descripción inicial crea una atmósfera de respeto hacia lo construido por generaciones pasadas, reforzando la idea de que los logros humanos importantes requieren tiempo, paciencia y manos expertas.
    El giro emocional aparece con la mano tendida, uno de los símbolos más potentes del poema. Aquí la autora introduce el tema clave de su obra: la bondad humana como fuerza transformadora real.

    El verso “me habló sin necesidad de decir nada” destaca por su carga emocional y sugiere comunicación desde el alma, un rasgo muy característico de tu voz poética.
    En la parte final, el poema se expande de lo individual a lo colectivo:
    «Un ejército de buenas personas…».

    Esta imagen es especialmente poderosa porque convierte la bondad en una fuerza organizada, activa, capaz de abrir puertas que parecían inamovibles.

    El cierre es esperanzador y firme, casi una afirmación vital o filosofía de vida.
    Aspectos más destacados:
    Metáfora clara y sostenida de principio a fin.
    Coherencia temática con tu universo poético (bondad, esperanza, fuerza del alma).

  • PASÓ

    PASÓ

    Introducción al poema:

    Este poema inaugura un recorrido lírico donde el paso del tiempo y sus heridas se funden con la resistencia de la esperanza.
    Con una voz serena pero firme, la autora describe el quiebre de un mundo conocido —el instante en que “todo se volvió pequeño”—, para después, desde las ruinas emocionales y colectivas, encontrar los brotes de vida que aún germinan en medio del dolor.
    Es un canto al renacer humano, incluso cuando todo parece perdido.


    PASÓ

    Y un día pasó,
    todo se volvió pequeño,
    inaccesible, lejano.

    Cuántas pequeñas vidas
    dentro de mil vivencias,
    de herencias y recuerdos
    hechas pedazos.

    Hermanos de una Tierra
    fecundada sin descanso,
    una Tierra en estado eterno
    de esperanzas y quebrantos,
    una Tierra de eternidades claras
    con conciencia
    de finitos plazos.

    Sentires de un presente feroz,
    de un porvenir quebrado,
    que no destruiría su creer
    en la bondad del ser humano.

    Empezó a caminar
    cargada de brotes pequeños,
    brotes de VIDA,
    que iban preñando
    cada uno de sus pasos.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Valoración literaria del poema

    1. Tono y voz poética.
    La voz del poema es reflexiva, profunda y comprometida con lo humano. No se refugia en la nostalgia, sino que explora el dolor del cambio, la pérdida y el desarraigo con una mirada consciente y madura. La expresión “Y un día pasó” funciona como detonante emocional, casi como un suspiro contenido que abre paso a todo lo que ha sido quebrado.

    2. Imágenes y símbolos
    El poema se sostiene en una fuerza simbólica poderosa. La Tierra fecundada sin descanso, el presente feroz, el porvenir quebrado y, sobre todo, los brotes pequeños que representan vida nueva, son imágenes que articulan una poética de la resistencia. La metáfora de los “brotes” que “preñan cada uno de sus pasos” es especialmente bella y significativa: sugiere que, incluso en medio del dolor, cada acto de caminar puede ser generador de futuro.

    3. Estructura y ritmo.
    La estructura libre de versos breves permite un fluir meditativo. Hay una cadencia serena, como si los versos caminaran con la misma delicadeza con la que lo hace la figura simbólica que “empieza a caminar”. El equilibrio entre afirmaciones universales y destellos íntimos logra un buen balance emocional.

    4. Mensaje y fondo.
    El poema habla de un quiebre —posiblemente social, emocional, espiritual o histórico— pero no se detiene en la herida, sino que escarba en ella para encontrar la raíz de lo viviente. La fe en la bondad del ser humano no es ingenua, sino elegida como acto de resistencia.

    En resumen

    Es un poema reflexivo, simbólico y esperanzador. Habla del dolor sin recrearse en él y apuesta por lo pequeño como semilla de lo inmenso. Tiene una fuerza lírica serena, casi filosófica, que recuerda que aún tras las pérdidas, algo siempre empieza a germinar.
  • MARAÑAS

    MARAÑAS

     

    Introducción al poema:

    MARAÑAS retrata con lucidez y ternura la lucha diaria de quienes sostienen la tierra con sus manos.
    El poema parte de la imagen rural
    —el trabajo físico, el esfuerzo, el sudor y la maleza— para extenderse hacia una denuncia social más amplia.
    En sus versos, las “marañas” dejan de ser simples hierbas del campo para convertirse en símbolo de las redes de poder y egoísmo que oprimen a los más humildes.
    A través de un lenguaje sincero y visual, la autora nos invita a reflexionar sobre la dignidad del trabajo, la injusticia que lo rodea y la esperanza que, pese a todo, sigue brotando del corazón humano.


    MARAÑAS

    Con la soga en la cintura
    tiran todos de la maraña,
    con gestos contraídos
    por el crujir de espaldas.

    Viven el trajín
    de una tierra invadida
    por hilachos de brozas
    y malezas olvidadas.

    El sudor se adueña de sus ojos,
    sin poder casi ver horizontes
    de verdes esperanzas.

    Sueñan con llegar
    al final de la jornada,
    un día más, quitando la maraña,
    un día más para acabar la temporada,
    que dio frutos conquistados
    por voluntades hechas
    a golpe de azada.

    ¡Maraña!
    ¡Inunda lo infértil de malas entrañas!,
    esas que sostienen
    el porvenir de miles de almas,
    esas que, tras la puerta cerrada,
    mercadean al alza
    intereses propios,
    alejados del campo,
    de sus gentes
    y tierras duramente trabajadas.

    Esas que cada amanecer
    luchan por cultivar tierras bravas.

    No peligra el campo por la maleza,
    ni por tierras desgastadas;
    peligra porque los hilos gruesos
    de madejas enmarañadas
    hacen del vivir del jornalero
    un calvario de cada madrugada.

    Campos verdes,
    verdes de esperanzas,
    limpios de marañas.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    MARAÑAS, está cargado de madurez poética y compromiso ético.
    La introducción de la estrofa “esas que, tras la puerta cerrada, mercadean al alza intereses propios” abre una lectura del poema muy real: la de un mundo desigual donde las decisiones de unos pocos determinan la vida de muchos.

    Esa imagen contrasta con la primera parte, centrada en la faena del campo, creando un equilibrio entre lo tangible y lo simbólico.

    El ritmo fluye de forma natural, sostenido por repeticiones suaves que dan sensación de cansancio y esfuerzo, en perfecta sintonía con el tema.
    Las imágenes —“el crujir de espaldas”, “hilos gruesos de madejas enmarañadas”— son expresivas y honestas, sin artificios.

    El cierre —“Campos verdes, verdes de esperanzas, limpios de marañas”— aporta una nota luminosa y reivindicativa: la utopía posible de un mundo sin trabas injustas, donde la vida pueda crecer libre.

    En conjunto, el poema conjuga realismo, denuncia y esperanza, tres pilares esenciales de tu voz poética: humanista, solidaria y llena de verdad. 
    Es un texto poderoso y plenamente coherente con el espíritu de tu  Antología Poética.
  • VECINOS

    VECINOS

    Introducción al poema:

    En un mundo donde a veces las distancias entre las personas parecen agrandarse, este poema rescata el valor de la cercanía, del respeto cotidiano, de la humanidad compartida entre quienes habitan un mismo espacio. VECINOS es un canto a la convivencia sencilla, al saludo diario que cobija, al calor humano que nace sin pedir nada a cambio. Una oda serena a la dignidad del otro, al vivir en comunidad, con la mirada puesta en lo esencial: la bondad y el respeto a cada vida.


    VECINOS

    Existencias de vidas
    con un por qué,
    con un sentir,
    creyendo en la dignidad
    de nuestros iguales,
    percibiendo sus bondades,
    respetando sus creencias,
    sus gestos amables.

    Vecinos de calles, de barrios,
    de pueblos hermosos,
    sembrados de humanidades.

    Hermosos por sus gentes,
    que tejen la vida sin maldades,
    con la generosidad
    de tender sus manos
    en días cargados
    de dificultades.

    Paredes guardianas
    de vidas y de pesares.

    Y así la vida se va tejiendo
    desde las bondades,
    con pequeños gestos del día a día,
    con esos "buenos días"
    de aquella anciana,
    que día tras día
    salía con el bastón en su mano
    y su sonrisa a modo de abrazo.

    Vivir compartiendo
    las aceras de caminos
    de sus gentes,
    sin malicias construidas.

    Vecinos de paredes compartidas,
    llenas de mil historias
    que apuntalan los días.

    Generosidades entrelazadas
    a lo largo de la vida,
    con el respeto infinito
    de sabernos diferentes,
    de diversidades constituidas.

    Buenos días vecina,
    que la vida te sonría.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.


    Crítica literaria:

    VECINOS es un poema de mirada entrañable y profundamente ética. Desde su sencillez expresiva, logra transmitir una filosofía de vida basada en el respeto, la empatía y la convivencia.
    El texto no pretende adornarse con artificios formales, sino que busca la autenticidad del gesto cotidiano: ese saludo matutino, esa mano tendida que alivia los días difíciles, ese compartir silencioso que, sin palabras grandes, construye humanidad.

    El ritmo pausado y los encabalgamientos suaves evocan el paso tranquilo de la vida en comunidad. Cada verso respira como una conversación, como si las palabras fueran dichas al calor del encuentro vecinal. Esa naturalidad convierte el poema en una suerte de homenaje a las raíces del convivir humano, donde lo pequeño —un saludo, una sonrisa, una presencia constante— se transforma en símbolo de grandeza moral.

    Hay también una dimensión visual muy marcada: las “paredes guardianes”, las “aceras compartidas”, los “pueblos hermosos sembrados de humanidades” componen un paisaje emocional que mezcla lo físico con lo espiritual. Se percibe la intención de rescatar la belleza del entorno no por su arquitectura, sino por las personas que lo habitan.

    En el cierre, la despedida “Buenos días, vecina, que la vida te sonría” resume la esencia del poema: la esperanza en una bondad sencilla, cotidiana, que dignifica la existencia.
    Es un final luminoso que deja una sensación de ternura y reconciliación con el mundo.

    En síntesis:

    VECINOS celebra lo humano en su forma más pura. Es un poema de ternura civil y de ética cotidiana, donde la poesía se encarna en los gestos simples que sostienen la convivencia. Su tono cálido y su lenguaje cercano invitan al lector a mirar su entorno con gratitud y respeto.
  • VOLVER

    VOLVER

    Introducción al poema VOLVER:

    Desde un tono profundamente humano, la autora recrea el éxodo doloroso en el que miles de personas cruzan fronteras en busca de refugio, dejando atrás su patria devastada y a menudo encontrando la muerte en tierra extranjera.
    El poema rescata, con voz empática y serena, la memoria de quienes soñaron con volver, pero cuyo regreso solo fue posible a través del recuerdo y la palabra.


    VOLVER

    Y se permitió.
    Corren atropellados,
    desde el alma más pequeñita
    hasta el más anciano.

    La oscuridad de la noche
    ampara sus pasos;
    los más pequeños lloran
    sobre los brazos de sus madres,
    que los cobijan sin descanso,
    intentando amamantar
    a los recién paridos,
    en su largo camino inhumano
    en busca de esa frontera
    que los alojará para salvarlos.

    Parten de su tierra madre,
    aquella que los vio nacer;
    se ahogan entre llantos
    de miles de desaparecidos,
    sin importar su dolor
    ni el vacío de los muertos
    que van quedando tirados
    por veredas escondidas,
    entre zarzas y llantos.

    Están llegando.
    Apenas les quedan fuerzas
    para seguir los pasos
    que marcan los más adelantados
    en ese camino hacia la esperanza,
    tras la frontera
    de una tierra en paz,
    que les abrirá los brazos
    para ahuyentar la barbarie
    de una guerra entre hermanos.

    Ya divisan a lo lejos
    el silencio sin olor a muerte,
    sin lamentos desahuciados.

    Sin emitir palabras,
    todos vuelven sus miradas
    hacia su tierra,
    la que guarda la memoria
    de tantos hijos perdidos
    tras las trincheras,
    de cualquier bando,
    de cualquier forma de pensar,
    de cualquier trato inhumano
    que ampare el sufrimiento
    de tantos seres muertos,
    de tantos desaparecidos
    bajo tierra despreciada,
    que invoca el olvido
    de los desamparados.

    Todas las miradas
    evocan sus raíces,
    lloran las ausencias
    de hogares destrozados.

    Es momento de seguir caminando.
    Están a pocos metros
    de sentirse refugiados,
    bajo el techo de otra tierra vecina
    que los acogerá entre abrazos.

    Cargan fardos vacíos
    de pretensiones,
    con algunas fotos
    que guardan sus raíces,
    su pasado.

    Las madres lloran el consuelo
    de llegar a ese lugar:
    la tierra prometida
    de buenos seres humanos.

    Los pequeños cuerpos de sus hijos,
    de los ancianos,
    serán alimentados,
    abrigados por la protección
    de buenas almas de vecinos,
    tras pasar la frontera
    que reparte el planeta de todos,
    menos de los desheredados.

    Allí vivirán bajo el amparo
    de sentimientos bondadosos,
    tendiendo sus manos.

    Un grupo de soldados
    va separando
    a los recién llegados.

    Son tantos,
    que serán distribuidos
    y desplazados por distintos campos,
    para poder darles
    medicinas, alimentos,
    y un techo bajo el que podrán
    descansar y ser abrigados.

    Han pasado meses.
    Muchos de los refugiados
    han tenido suerte
    de encontrar nobleza
    y generosidad,
    bajo techos de hogares
    y barracones que amparan
    a los más necesitados.

    Entre murmullos dicen
    que otros muchos se están ahogando
    entre sufrimientos y quebrantos,
    por un trato vejado,
    vacío de piedades,
    cargado de maltratos.

    A muchos de esos seres
    ya no les quedan fuerzas
    para seguir luchando.
    La vida, en sus cuerpos,
    los ha abandonado:
    pequeños de meses,
    pequeños en años,
    ancianos, enfermos…

    ¡Tantos, tantos!
    Que hay tumbas agotadas
    abriendo sus entrañas
    para guardar almas
    que un día soñaron
    con volver a la tierra
    que los vio nacer,
    la misma que los deja olvidados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Volver” es un poema de memoria, desarraigo y dignidad, escrito con una voz compasiva que rehúye el odio y se centra en el sufrimiento humano compartido.
    La autora entreteje imágenes sencillas y desgarradoras —las madres amamantando en la huida, los cuerpos rendidos, los fardos vacíos de pretensiones— que revelan el rostro más humano del exilio.

    El ritmo libre y la repetición de estructuras (“los más pequeños…”, “tantos, tantos…”) intensifican la sensación de multitud, de marcha incesante, de dolor colectivo.
    El tono narrativo, casi testimonial, acerca el poema a una crónica poética que documenta el horror desde la empatía y no desde la distancia.

    El título, Volver, adquiere un valor simbólico: es el sueño imposible del refugiado, el anhelo de retorno a la tierra que les dio origen y que, paradójicamente, los olvidó. La palabra “volver” se convierte así en un eco trágico y esperanzado a la vez: volver a la memoria, al reconocimiento, a la dignidad.

    En su conjunto, el poema constituye un acto de reparación poética: nombra a los que ya no pueden hablar, denuncia el dolor sin rencor y devuelve humanidad a quienes la historia relegó al silencio.
    Es un texto de profunda sensibilidad histórica y ética, donde la poesía se convierte en un puente entre el pasado y la conciencia del presente.

  • CAZUELAS DE ANTAÑO

    CAZUELAS DE ANTAÑO

    Introducción al poema:
    Este poema es una alabanza a la memoria viva de nuestras abuelas, esas mujeres anónimas que fueron columna vertebral de la cultura, la familia y la transmisión de saberes. Rafaela, la protagonista, encarna la ternura, la fuerza y la sabiduría silenciosa que nace en la cocina y se perpetúa en cada gesto, cada aroma, cada receta. Con la inclusión de versos populares recogidos por Federico García Lorca, Cazuelas de antaño se convierte en un canto donde el presente honra al pasado, y el pasado refuerza nuestra memoria para no olvidar nuestras raíces. Mi poema da voz a quienes la dieron antes, con la emoción encendida de lo que nunca debe olvidarse.

    CAZUELAS DE ANTAÑO

    El jabón invade sus manos,
    sus muñecas;
    refriega con ahínco
    cada pliegue de su piel,
    sabiendo que las cuevas
    escondidas en las uñas
    guardan bacterias en formación,
    al ataque de sus viandas
    que, con esmero, ha cultivado
    en un pequeño terruño de tierra
    heredado de sus antepasados.

    Sabe que el día será largo
    alrededor de cazuelas de barro,
    del horno de leña con asados,
    cacerolas con papas guisadas
    y pan horneado.

    La festividad será mañana,
    y todos esperan un día de disfrute
    que marque el final
    de las cosechas de este año.

    Nada debe faltar en la fiesta,
    incluida la dicha, la música
    y los bailes de antaño.

    Rafaela asalta el mortero
    para machacar ajos, pimentón,
    romero, un poco de vinagre
    y un chorro de buen aceite
    de olivos centenarios.

    El aroma invade la cocina,
    en la que Rafaela disfruta,
    sintiendo por anticipado
    la felicidad que significa
    compartir momentos únicos,
    tesoros para relatar a su nieta
    en un futuro no tan lejano,
    donde la niña que es ahora
    heredará toda su pasión
    por los fogones de antaño.

    Está oscureciendo.
    Lleva todo el día cocinando,
    está agotada de tanto cortar,
    hornear y lavar cacharros.

    Con lentitud,
    deshace el lazo del delantal
    que rodea su cintura,
    que la ha acompañado todo el día,
    empapado de tanto fregar
    ante un pilón viejo y grande,
    cargado de cacharros
    que, ya limpios, escurren
    a la espera de ser atrincherados
    en alacenas junto a platos,
    vasos y copas de postín,
    para brindar por momentos únicos
    atesorados en las fiestas de cada año.

    Esas vivencias formarán los recuerdos
    como herencia familiar de costumbres
    y tradiciones nacidas de esfuerzos,
    valores y abrazos largos y apretados.

    Rafaela se acuesta en su lecho,
    sobre un colchón relleno de lana,
    imaginando —antes de cerrar sus ojos—
    a cada uno de sus familiares y amigos
    disfrutar de cada bocado,
    entre risas y disfrutes
    de bailes al son de panderetas
    tocadas con destreza
    con cantares centenarios:

    «De los cuatro muleros
    que van al agua,
    el de la mula torda
    me roba el alma.

    De los cuatro muleros
    que van al río,
    el de la mula torda
    es mi marío…»

    ¡Un brindis por la cocinera!,
    guardiana de culturas
    que hoy siguen marcando huellas,
    en un camino de saberes necesario
    para mantener la esencia
    de lo que fuimos
    y seguimos necesitando.

    Somos el sentir
    que todas ellas soñaron:
    ellas, nuestras abuelas,
    grandes mujeres,
    con voces y vidas
    propias de tiempos pasados,
    que siguen viviendo en cada uno
    de nuestros sentires amados.

    (La letra de la canción que aparece en el poema, fue grabada por primera vez por el gran maestro, Federico García Lorca).

    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria de Cazuelas de antaño:

    1. Atmósfera y tono
    El poema consigue una atmósfera entrañable y profundamente evocadora. Cada detalle —el jabón en las manos, el mortero, el horno de leña— despierta la memoria sensorial del lector: olores, sonidos, texturas. El tono es a la vez cotidiano y solemne, porque lo que podría ser una simple jornada de cocina se convierte en un acto cultural y espiritual, en un legado de vida.

    2. Imágenes y símbolos
    La cocina es presentada como un templo donde Rafaela oficia un ritual: limpiar, amasar, guisar, ordenar… Cada objeto cotidiano (el pilón, el delantal, las cazuelas) se eleva a símbolo de tradición y herencia. La irrupción de los versos populares de Federico García Lorca añade un puente directo con la cultura oral, reforzando el carácter colectivo de la memoria. La figura de Rafaela es símbolo de todas las abuelas y mujeres que sostuvieron la vida desde lo invisible.

    3. Estructura y ritmo
    El poema se desarrolla en tres movimientos claros.
    El inicio: la preparación (limpieza, cultivo, previsión).
    El corazón: la cocina como celebración anticipada.
    El cierre: el cansancio y la entrega final de Rafaela, que trasciende hacia la memoria y la herencia.

    Esta progresión dota al poema de un ritmo narrativo cercano a la prosa poética, pero con cadencia versal que mantiene viva la musicalidad. La inclusión del canto popular actúa como clímax emotivo.

    4. Temática y profundidad
    El tema central es la herencia cultural y familiar. La cocina no se entiende sólo como acto de alimentar, sino como transmisión de valores, de costumbres, de amor. Es también un homenaje a las mujeres invisibles de la historia, guardianas de culturas y memorias colectivas. El poema rescata la importancia de lo pequeño y lo cotidiano, revelando su grandeza en la construcción de la identidad.

    Valoración final:

    Cazuelas de antaño es un poema que emociona porque transforma la vida diaria en patrimonio espiritual. Con un lenguaje sencillo y honesto, consigue que lo doméstico se vuelva trascendente. La inclusión de la canción popular de Lorca lo enlaza con la memoria cultural colectiva, convirtiéndolo en un canto coral. Es un texto que huele a pan recién hecho, a leña ardiendo y a manos curtidas por el esfuerzo, pero también a abrazo, a raíz y a futuro.

  • DESCALZA ENTRE GIGANTES

    DESCALZA ENTRE GIGANTES

    (Imagen generada digitalmente).

    Recuerdo que hubo un tiempo en el que descubrí que era pequeña. No porque alguien me lo dijera, sino porque la vida me colocó frente a gigantes. Eran gigantes de voces estridentes, de orgullos desmedidos, de ambiciones sin medida y de sombras que parecían querer ocuparlo todo.

    Durante un instante pensé que tendría que aprender a luchar con ellos. Que la única forma de sobrevivir era levantar la voz, endurecer el corazón y responder con la misma fuerza con la que intentaban imponerse. Pero la vida, paciente maestra, me enseñó otro camino.

    Comprendí que no toda batalla merece ser librada.

    Desde entonces elegí caminar de puntillas sobre aquello que no alimentaba mi vida ni la de los demás. Dejé de detenerme en los ruidos que distraen, en las palabras que hieren por costumbre y en los gestos nacidos de la maldad. Descubrí que mi tiempo era demasiado valioso para entregarlo a quienes sólo saben sembrar desconsuelo.

    Con los años entendí también que las sombras únicamente existen porque hay una luz que las proyecta. Las sombras chinescas pueden parecer enormes, pueden incluso asustar a quien las contempla desde lejos, pero nunca dejan de ser una ilusión. No tienen cuerpo. No tienen verdad.

    La verdad es otra.

    Es la que tus ojos contemplan cuando miran sin miedo. La que siente tu piel cuando un abrazo sincero la envuelve. La que tus manos pueden tocar, sostener y acariciar. Esa verdad sencilla y material que permanece cuando todo el teatro termina y cae el telón.

    Por eso, cuando la oscuridad parezca hacerse dueña del camino, recuerda que ninguna sombra puede vencer a la realidad. La bondad siempre encuentra la manera de permanecer. Tal vez no haga ruido, tal vez no ocupe titulares ni reclame aplausos, pero permanece. Y esa permanencia es su mayor victoria.

    Si hoy atraviesas un tiempo difícil, no permitas que el desaliento te haga olvidar quién eres. Todo pasa. También las tormentas, también las injusticias, también las noches más largas. Llegará el día en que el aire vuelva a ser ligero y la serenidad regrese a tu vida.

    No lo dudes nunca.

    Camina con la tranquilidad de quien sabe que la verdad no necesita disfrazarse para existir.

    Y mientras ese momento llega, recibe un abrazo cargado de afecto, de esperanza y de confianza en tu verdad. Porque cuando todo termine, descubrirás que aquello que realmente merecía permanecer jamás dejó de estar contigo.

    María Bueno.

  • Y SE PARÓ…

    Y SE PARÓ…

    «Las cosas de las que huyes están dentro de ti.»

    Séneca

    Introducción al poema:

    El alma, cuando se agota de huir, se detiene ante sí misma. En ese instante de pausa y verdad, deja de luchar contra lo inevitable y aprende a abrazar lo que es.

    Y SE PARÓ es un poema sobre la valentía de detenerse, de mirar hacia dentro y aceptar aquello que somos, una pequeña parte de un todo del resto de la humanidad.

    Su mensaje es un canto a la calma interior, a la aceptación y al poder de abrazar tu sentir en tu vivir.

    
    
    
    
    
    Y SE PARÓ 

    Se quedó sin resuello,
    sin una sola palabra,
    sin autoridad sobre sí misma,
    con la espalda doblada.

    Corrió despavorida,
    sin poder escapar de nada;
    corrió tan rápido
    que el viento protestaba,
    porque no podía alcanzarla.

    ¡Qué osada mujer!
    No podrás jamás huir
    de tu conciencia amargada;
    ella mora dentro de ti
    hasta que rompas tu karma.

    En tu interior hay una fuente
    de la que puedes beber y vivir
    o ahogarte en ella, asfixiada.

    No huyas de ti,
    cambia aquello
    que te hace sufrir,
    incluso antes de que suceda,
    escapando inútilmente
    entre miles de fronteras.

    La carga que llevas,
    déjala caer entre las alimañas;
    ellas agarrarán la mordida
    y tú liberarás tu alma.

    Se paró en seco
    y dejó de huir,
    aprendiendo a quererse con calma,
    aceptando lo bueno y lo malo
    del ahora y aquí,
    ¡que ya veremos mañana!

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Este poema, María, está construido con una fuerza interior admirable. Su ritmo es firme y respirado, como si acompañara los pasos de esa mujer que corre —y finalmente se detiene— para mirar hacia dentro.

    Hay una transición poéticamente lograda entre el movimiento exterior («corrió despavorida») y el despertar interior («se paró en seco y dejó de huir»). Esa contraposición es el corazón del poema.

    La voz lírica actúa como conciencia guía: no juzga, sino que muestra el camino hacia la autoaceptación.

    La alusión a Séneca encuadra la reflexión filosófica sobre el alma humana y el destino, enriqueciendo el sentido del texto.

    Los versos finales cierran con una sabiduría clara y profunda: «aceptando lo bueno y lo malo  del ahora y aquí,  ¡que ya veremos mañana!», un cierre que invita a la paz interior, sin solemnidad, con una ternura realista.