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  • TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    Introducción al poema:

    Este poema es un grito íntimo nacido desde la herida más profunda: la pérdida irreversible de un ser amado. La voz poética nos conduce a través de un viaje emocional donde el amor, la desesperanza, el dolor y la impotencia se entrelazan en un diálogo que es, a la vez, súplica y despedida. El texto revela la lucha interna entre el deseo de sostener al otro y la realidad inquebrantable de su partida. Es una confesión directa, sin adornos innecesarios, que se convierte en un espejo de la fragilidad humana frente a la muerte y la ausencia.


    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    ¿Qué sientes?
    Háblame...
    ¿La tierra te debe algo?

    ¿Qué quieres?
    No sé qué está pasando.

    Estoy hundida,
    mis propias palabras me hieren,
    sufro con desmesura
    de un vacío anunciado.

    El miedo, mi fragilidad,
    son un canto ahogado.

    Siento que nos amamos,
    que la tierra nos cobija
    en su regazo.

    Siento que tu vacío
    es mi calvario,
    que tu morir de cada día
    es mi propio fracaso.

    ¿Qué quieres de mí?
    ¿Llenar las ausencias del sin sentir?

    Me estoy hundiendo,
    estoy en las profundidades de negruras,
    de sentires que apuñalan lo soñado.

    No hay más.
    Sólo me quedan mis silencios,
    para romper tu miedo,
    mi soledad en el vivir
    de cada uno de tus momentos.

    La tristeza de tu alma
    grita tu nombre,
    siguiendo tus pasos
    camino del hoyo oscuro,
    que te atrapa sin reparos,
    para alimentar a la bestia
    que siempre te está esperando.

    La profundidad de tus pesares
    no toca fondo,
    por ese eterno letargo
    que te aleja de la vida
    sin ver que estoy llorando.

    Veo tus lágrimas
    desde el negro sentimiento amargo
    que devora mis entrañas,
    que me está matando.

    Veo tu llanto,
    siento ese sufrir
    que no necesitan decir tus labios,
    porque tus ojos expresan
    el vacío de mis abrazos.

    Y un día cualquiera,
    la tierra se cerró sobre ti.
    Se hundió contigo en sus garras,
    llevándote al infinito,
    enterrando tu rostro amado,
    ahogando tu sonrisa,
    tu mirar de soslayo,
    mientras siento la herida
    de la ausencia de tus manos.

    Te abracé hasta el último instante,
    mientras sentía el desgarro en mi alma,
    el llanto desbocado,
    sabiéndome perdida
    entre el último de tus abrazos.

    Sintiendo el dolor en mis entrañas,
    sabiendo que mi alma carga el lamento
    del vacío de tu mirar,
    de tus caricias inocentes,
    de tus palabras en los amaneceres,
    del cobijo de mis llantos.

    Tu ausencia es mi vacío,
    mi eterno quebranto.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria

    "Tu ausencia es mi vacío" destaca por su carga emocional intensa y su tono confesional. El poema mantiene un pulso narrativo que avanza desde el desconcierto inicial hasta la aceptación dolorosa de la pérdida. La estructura libre y la repetición de preguntas retóricas ("¿Qué sientes?", "¿Qué quieres?") generan cercanía y urgencia, como si el lector asistiera a un diálogo real que se quiebra ante el silencio de la muerte.

    La fortaleza del texto radica en la capacidad de transmitir sensaciones viscerales: el hundimiento, la negrura, el vacío. Hay imágenes poderosas, como "la tierra se cerró sobre ti" o "alimentar a la bestia que siempre te está esperando", que aportan dramatismo y simbolismo.

    A nivel formal, la fragmentación en estrofas cortas refuerza el ritmo quebrado propio del duelo, mientras que el cierre, con la declaración lapidaria "Tu ausencia es mi vacío, mi eterno quebranto", condensa el sentimiento central y deja una huella contundente.

    Es un poema que no busca ser complaciente, sino verdadero; y en su verdad, encuentra la belleza y la fuerza.
  • ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    Introducción al poema:

    (El dibujo que acompaña al poema, es de Federico García Lorca, realizado en el año 1927).

    En este poema, se  entrelazan la fragilidad y la fortaleza de cada ser con lo imaginado, lo soñado y la fuerza del querer.
    La humanidad lleva siglos en la búsqueda de la piedra filosofal.

    Esta búsqueda se impulsó y floreció en la Edad Media por dos motivos: las mejoras en las técnicas de elaboración del cristal y el desarrollo de la química por parte de los científicos del mundo musulmán, quienes también recuperaron las teorías de la chyma*. A través de la traducción de los antiguos textos griegos este conocimiento llegó a Europa, donde gozó de gran atención durante el Renacimiento.

    El poema «ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA» es un recorrido por los caminos inciertos de la vida, donde las pérdidas, los aprendizajes y las pequeñas revelaciones cotidianas van modelando el alma y el vivir diario.
    Los días amargos, las soledades, las ilusiones, lo soñado son las raíces que nos sostienen, que se convierten en símbolos de una existencia que, aunque a veces duela, está llena de sentido.
    Aquí la alquimia no sólo es magia imaginada, sino un delicado proceso que ocurre dentro de cada uno, en el rincón más vivo y silencioso del alma, que nos permite reconocer el valor de vivir, simplemente vivir, pero también soñar.
    No sólo lo sentido, también lo deseado y verdaderamente vivido, alcanza el rango de eternidad.
    Nunca dejes de soñar,
    María Bueno.

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA

    HUMANA

    La humanidad y su naturaleza
    es la evolución de almas,
    viviendo entre caminos sinuosos
    que día a día cambian,
    sin que sepamos dónde
    ni cómo llegar,
    presintiendo encrucijadas
    por las que no sabremos andar.

    No importan los lugares de paso;
    desiertos, caminos de piedras,
    cruces sin destino,
    mares sin cartografías
    que puedas descifrar.

    Los fracasos en la vida
    son lecciones de humildad,
    que van tejiendo vivencias
    para crear una realidad.

    Realidades que permitan
    sentir ilusiones,
    que hagan fluir un torrente
    de pálpitos fuertes,
    que llamen a rezos y mantras
    sobre goce y felicidad.

    Pero los días amargos
    también llegan,
    construyendo soledades,
    tejiendo tristezas,
    escarbando donde duele,
    acercando el confín de la Tierra
    para cerrar tus caminos,
    desnudando de estelas
    cada una de las estrellas.

    Alquimia de la naturaleza humana
    que nos empuja a regresar,
    a la consciencia prendida
    por hilos frágiles,
    que soportan el peso
    de raíces torcidas
    para no tropezar.

    Alquimia, esa que sabe reparar
    esos días amargos que llegan,
    para enseñarnos a reconocer
    el valor de vivir,
    entre realidades
    que tu propia esencia mezclará,
    dejando que la alquimia modere
    el flujo de la naturaleza,
    creando caminos que guiarán
    al origen humano,
    a la evolución de cada ser,
    para enfrentar la dificultad
    de la diversidad del sentir,
    del imaginar,
    desde sendas que tiran de la humanidad
    con pociones mágicas,
    con baños de realidad.

    Mezclar eternamente
    para no dejar jamás de soñar.

    La piedra filosofal de la humanidad
    carga sus miles de años,
    para transformar
    el valor de lo etéreo
    del pensamiento humano,
    uniendo imaginarios soñados
    con la química real,
    esa que puede curar
    el dolor desde su origen;
    lo físico y el alma en el caminar.

    ¡Ay alquimia, con tu piedra filosofal!
    No tienes aristas
    porque piedra no eres,
    contienes la esencia
    del pensar y transformar.

    Sólo lo sentido,
    macerado por la alquimia,
    tiene rango de eternidad,
    la tuya,
    la que tu ensueño unirá
    a tu realidad,
    consiguiendo mezclar
    lo divino y lo humano
    en busca del infinito
    con surcos en la mar.

    *NOTA sobre la chyma, de la revista Siglo Digital.

    La teoría de la «chyma» en alquimia, se refiere a la idea de que la materia está compuesta por cuatro elementos principales: fuego, agua, tierra y aire, y que la combinación y proporción de estos elementos determina las propiedades de cada sustancia. La palabra «chyma» proviene del griego y significa «fundir» o «derretir», lo que alude al proceso de transformación y mezcla de estos elementos. 

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
    
    
    
    
    

    Crítica literaria.

    Tu poema, “Alquimia de la naturaleza humana”, es un texto de profunda meditación sobre el proceso interior del ser humano: la mezcla constante entre el alma y la materia, la lucha entre lo etéreo y lo terrenal, la fragilidad y la transformación. Tiene un tono reflexivo, filosófico y espiritual, en el que la metáfora de la alquimia funciona como hilo conductor y símbolo de esa eterna búsqueda de sentido.

    Tu poema es una reflexión lírica sobre la condición humana y su capacidad de transformación. La idea de la alquimia se vuelve símbolo de crecimiento interior, de ese proceso lento, doloroso y luminoso a la vez, mediante el cual el ser humano transmuta sus vivencias —fracasos, ilusiones, amarguras— en sabiduría y conciencia.

    Fortalezas:

    Coherencia metafórica: La alquimia es el eje que une todas las imágenes y reflexiones. No hay dispersión temática: todo gira en torno a la evolución espiritual.

    Tono meditativo y místico:

    Invita a la introspección, a un tipo de lectura pausada, casi como si fuera un rezo o un mantra.

    Belleza en las imágenes:

    “Desnudando de estelas cada una de las estrellas”, “hilos frágiles que soportan el peso de raíces torcidas” y “con surcos en la mar” son versos de gran potencia visual y simbólica.

    Equilibrio entre lo humano y lo divino:

    Logras transmitir esa unión entre lo terrenal y lo trascendente sin caer en dogmatismos, desde una espiritualidad amplia y sentida.

  • INCOMPLETO

    INCOMPLETO

    Introducción:

    En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
    Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
    El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.


    INCOMPLETO

    La belleza de lo incompleto
    me asombra cada día,
    cada momento que observo,
    ver aquello que se muestra imperfecto,
    que revela ante mis ojos lo efímero,
    lo insuperable de la excelencia
    de todo cuanto es incierto.

    Las ramas retorcidas de un árbol
    son su identidad y sello,
    sintiendo que las formas de lo bello
    aparecen en pequeños trozos de tiempo.

    Los pinceles de cada día
    dibujan instantes cargados de belleza,
    pero incompletos.

    Sé que lo efímero
    es seguir construyendo,
    sabiendo que, a cada paso,
    todo va desapareciendo,
    guardándose en el alma
    que todos llevamos dentro.

    Lo imperfecto es el origen,
    lo sublime de mirarnos sin complejos,
    lo hermoso de sabernos incompletos,
    para nutrirnos de fuentes
    cargadas de luz y deseos,
    deseos que van tomando forma
    con sólo sentirlos intensos.

    Los sueños se transforman en realidades
    cuando sabemos mecerlos;
    ellos se convierten en claridades
    que impulsarán tus mejores momentos.

    Sueños, esos que empujan nuestro ánimo
    al levantarnos cada mañana,
    en busca de trocitos de vida,
    devorando hasta el hartazgo
    lo que el alma pida en cada momento.

    Ella sabe de flujos cristalinos,
    entre líneas torcidas,
    de raíces sinuosas
    que tejen el tiempo.

    Mirar de frente cada detalle,
    intuyendo el crecimiento
    de la imagen que se va filtrando
    hasta agarrar las entrañas
    y cortar el aliento.

    Nada es imperfecto
    cuando una mirada observa
    sin temores ni miedos.

    Sueños,
    aquellos que rinden la mirada
    para empapar de frescura
    el crecer de la vida
    sólo con trocitos,
    sin alcanzar lo perfecto
    de cada sentir,
    de cada momento.

    Imperfecto:
    miradas que atrapan
    lo efímero de cada instante,
    de cada momento.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.

    El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.

    María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.

    El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.

    Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • BAJO PALIO

    BAJO PALIO

    Introducción al poema:

    «Bajo Palio» es un poema de tránsito emocional y espiritual. Habla del peso de vivir, de la dignidad silenciosa con la que se cargan las heridas y de la esperanza que se mantiene viva, incluso cuando la noche parece eterna. La voz poética atraviesa el dolor cotidiano, la fatiga del alma y la memoria de lo sufrido, pero no se detiene ahí: avanza hacia una luz anunciada, hacia un amanecer que simboliza alivio, renovación y consuelo interior.
    El «palio» funciona como imagen sagrada de protección y amparo, un techo simbólico bajo el cual el alma resiste hasta que llega el día.

    BAJO PALIO

    Cargas tu sentir noble
    entre algodones blancos
    que guardan la risa franca,
    los anhelos,
    la forma de sentir el mundo,
    el andar diario.

    Llegará el día,
    cuando la noche se esconda
    bajo el palio santo,
    cuando el rocío del alba
    extienda su bendito manto.

    Lejanías de futuros anunciados,
    con sentires desahuciados,
    desandando los caminos labrados.

    Impeler a diario
    vidas, alegrías y quebrantos.
    Valías devastadas,
    pies descalzos,
    vuelos rasantes
    cargados de fango.

    El vaho del aliento
    cae sobre el cristal tallado,
    dejando libre
    el sentir dibujado
    con tus propias manos.

    ¡Ay, torrentes claros!,
    atravesad mi manto,
    que el frío de la noche
    no hiele mi llanto;
    que las lágrimas vacíen
    mi alma, mis pesares amargos.

    Y llega el día,
    cargado de verdes prados,
    de brisa fresca,
    de mil azules derramados
    sobre el horizonte cobijado.

    © María Bueno — 3 de febrero de 2026

    Crítica literaria.
    Lo más poderoso del poema:

    1. Simbolismo espiritual muy logrado:

    El palio, el manto, el rocío del alba, los torrentes claros…
    Todo construye un universo simbólico de protección, purificación y esperanza.
    No es religioso de forma explícita, pero sí profundamente espiritual.

    2. Contraste noche / día
    El poema respira entre dos polos:

    Noche → frío, fango, peso, desahucio emocional
    Día → prados verdes, brisa fresca, azules abiertos
    Ese viaje está muy bien sostenido y da sensación de redención sin caer en lo fácil.

    3. Corporalidad del sentir
    El dolor no es abstracto:

    »pies descalzos», «vuelos rasantes cargados de fango», «el vaho del aliento sobre el cristal».
    Eso hace que el lector vea y sienta lo que se está viviendo.

    Aspectos que enriquecen el poema.

    • Uso de enumeraciones.
    Refuerzan el peso de la experiencia:
    «vidas, alegrías y quebrantos»
    «valías devastadas, / pies descalzos, / vuelos rasantes…»
    Dan sensación de carga acumulada, muy coherente con el tono.

    • Transición emocional suave.
    No hay un salto brusco de dolor a esperanza; la luz entra poco a poco. Eso es literariamente muy elegante.
    «Impeler» a diario
    vidas, alegrías y quebrantos…,
    eso no suena a derrota, sino a resistencia activa, ese corte transmite fuerza...

    El verso:
    «que las lágrimas vacíen / mi alma, mis pesares amargos»
    tiene una intensidad preciosa. Es uno de los centros emocionales del poema.
    El cierre es muy acertado: no habla de triunfo, sino de cobijo. Eso mantiene la humildad emocional que atraviesa todo el texto.

    Conclusión:
    Este poema no grita: sostiene.
    No exige: espera.
    No se queja: atraviesa.

    Es una oración laica, un susurro de resistencia bajo un techo simbólico que protege hasta que amanece.
    Muy tuyo. Muy honesto. Muy sentido.
  • LAS PUERTAS

    LAS PUERTAS

    «No hay camino hacia la paz, la paz es el camino» Mahatma Gandhi

    Introducción:
    Este poema nos habla de los encuentros que transforman, de las manos que se tienden antes incluso de pedir ayuda y de la fuerza colectiva de la bondad.

    A través de la metáfora de una puerta antigua y tallada, se representa el acceso a oportunidades, justicia o esperanza, que solo se abren cuando intervienen la empatía, la honestidad y la unión de personas nobles. Es un canto a la solidaridad silenciosa y a la confianza en que lo bueno sucede cuando el alma empuja.

    LAS PUERTAS

    Era grandiosa esa puerta,
    tallada de filigranas
    por manos de expertos artesanos,
    por gente de otros tiempos,
    con preciosa paciencia y horas largas.

    El frío chirrido del metal
    hizo trizas mi atención
    sobre las puertas talladas.

    De pronto apareció una mano tendida
    antes de que yo llegara a estrecharla.
    Aferró mi mano y me habló
    sin necesidad de decir nada.

    Me recibió con la honesta intención
    de hacer realidad mis demandas,
    porque al estrechar las manos
    percibió las miles de esperanzas
    que yo llevaba conmigo,
    pegaditas a mi alma.

    Un ejército de buenas personas
    que junto a mí viajaban,
    para abrir entre todas
    las grandes puertas talladas,
    con la paciencia de quien sabe
    que las cosas buenas pasan,
    porque las puertas siempre se abren
    cuando las empujan seres nobles
    con la fuerza del alma.

    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:
    Este poema se sostiene sobre una metáfora central muy sólida: la puerta.

    No es solo un objeto físico, sino símbolo de oportunidad, justicia, ayuda y destino.

    La descripción inicial crea una atmósfera de respeto hacia lo construido por generaciones pasadas, reforzando la idea de que los logros humanos importantes requieren tiempo, paciencia y manos expertas.
    El giro emocional aparece con la mano tendida, uno de los símbolos más potentes del poema. Aquí la autora introduce el tema clave de su obra: la bondad humana como fuerza transformadora real.

    El verso “me habló sin necesidad de decir nada” destaca por su carga emocional y sugiere comunicación desde el alma, un rasgo muy característico de tu voz poética.
    En la parte final, el poema se expande de lo individual a lo colectivo:
    «Un ejército de buenas personas…». Esta imagen es especialmente poderosa porque convierte la bondad en una fuerza organizada, activa, capaz de abrir puertas que parecían inamovibles.

    El cierre es esperanzador y firme, casi una afirmación vital o filosofía de vida.
    Aspectos más destacados:
    Metáfora clara y sostenida de principio a fin.
    Coherencia temática con tu universo poético (bondad, esperanza, fuerza del alma).

  • ¡AIRE!

    ¡AIRE!

    
    
    
    
    

    Introducción:


    Hay momentos en que el alma, cargada de pesares, necesita abrirse, dejar entrar la vida como un soplo renovador.

    No basta con respirar: hace falta sentir el aire, dejar que cada brisa abrigue los sentires , lo pesado, lo temeroso.

    Este poema nace de ese impulso de romper con la inercia del cansancio, de detenerse a mirar con otros ojos, de vivir el instante como si fuera un renacer. Es una invitación a abrir ventanas interiores, a reconciliarse con lo propio, a vivir con el alma abierta a la  esperanza.

    ¡AIRE!


    ¡Abrió las puertas,
    las ventanas!
    La brisa bañó su casa
    con olores de esperanzas.

    Desnudó su ser
    sin temer nada,
    sin pensar en imposibles,
    sin sentirse asfixiada.
    ¡No podía más!
    Su alma cansada,
    teñida de negruras,
    marcaba caminos
    entre la luz
    o la locura.

    ¡Debía parar!
    Para no sólo ver,
    para observar,
    para sentir el movimiento
    que ronda alrededor de la vida,
    jugando con lo efímero,
    con lo que sólo dura segundos:
    el vuelo de mariposas,
    una mirada fugaz,
    la caída lenta de una hoja
    al compás de valses sin inventar.

    ¡Le urgía respirar!
    Necesitaba aire limpio,
    el flujo del rocío fresco
    que regara con sus gotas
    su alma escondida detrás.

    ¡No dejaría que se escondiera más!
    Su cara debía ser
    el alma de ese espejo
    al que debía mirar,
    para saberse cierta,
    para marcar su compás.

    Dejó empapar el cristal
    de su amanecer
    con ilusión
    y risa franca.

    Sintió su piel cálida,
    sin temores,
    sin medir cada uno
    de los pasos que daba.

    Hoy vive
    sin perder nada,
    sabiéndose depositaria
    de cada una
    de sus mañanas.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.
    El poema ¡AIRE! es una pieza profundamente liberadora, con un tono de renacer emocional y espiritual. Está construido a partir de una tensión inicial —una necesidad urgente de abrirse, de ventilar lo interno— que evoluciona hacia una afirmación vitalista y serena.
    Los primeros versos, breves y exclamativos, abren físicamente y simbólicamente el espacio: “¡Abrió las puertas, / las ventanas!”. Desde ese gesto físico se proyecta una renovación del alma, donde el aire se vuelve metáfora de esperanza, limpieza y autenticidad.
    El ritmo está bien logrado: alterna versos cortos, que marcan el impulso y la urgencia, con otros más largos, que acompañan el proceso reflexivo. El poema funciona casi como un pequeño viaje interior: del ahogo y la negrura a la calma y la certeza del vivir consciente.
    El lenguaje es claro, con imágenes sencillas pero evocadoras —el vuelo de mariposas, la caída de una hoja, el rocío fresco— que funcionan como símbolos de lo efímero y, a la vez, de lo hermoso en su fugacidad.

    La estructura narrativa poética avanza con coherencia: necesidad → apertura → contemplación → decisión → renacer.
    Un punto especialmente logrado está en los versos:
    “Su cara debía ser
    el alma de ese espejo
    al que debía mirar,
    para saberse cierta,
    para marcar su compás.”

    Aquí el poema revela el núcleo del mensaje: autenticidad, reconciliación con uno mismo, dejar de esconder el ser verdadero.
    En conjunto, ¡AIRE! es un canto íntimo al valor de vivir con la ventana del alma abierta, a dejar atrás los temores, a apropiarse del tiempo con serenidad y alegría. Tiene fuerza emocional, claridad simbólica y un cierre redondo que respira esperanza.

  • Y SE OLVIDÓ

    Y SE OLVIDÓ


    Introducción al poema:

    Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
    A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
    La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.


    Y SE OLVIDÓ

    Sintió la piel erizada,
    algo se quebró en su interior;
    su mente quedó sin razones,
    sin recordar su nombre
    ni conocer aquel salón.

    No sabe qué hace ante ese libro
    de tapas desgastadas,
    por el devenir de la vida,
    por olvidos al sol.

    No puede recordar,
    saber de esos cuerpos sin caras,
    sintiendo la nada a su alrededor.

    Se sentó al borde de un sillón,
    arrastrando sus pasos,
    con sus ojos fijos en un libro
    que alguien allí dejó.

    Poco a poco,
    una sensación empezó a fluir,
    anegando su mente de recuerdos
    que le devolvieron la razón,
    su hogar, su gente,
    su propio corazón.

    Tomó el libro de tapas desgastadas
    que guardaba su ser y su pasión,
    y se marchó,
    sintiendo que la luz al despertar
    extendería mantos de ocres y verdes
    bajo un cielo con dulces de algodón.

    Volvería,
    volvería para acariciar
    las tapas de ese libro,
    en el que, entre sus páginas,
    escondió mil recuerdos
    de amor y desamor,
    mil sentires vividos
    pese a desmemorias
    de equipajes cargados de ilusión.

    La tomó de la mano
    un mal de nombre Alzheimer,
    y se olvidó...


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
    La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
    La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
    La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.

    Y SE OLVIDO, es un abrazo cargado de afecto y amor.
  • ¿VERDADES?

    ¿VERDADES?

    Introducción al poema:

    La verdad, cuando se imposta, se disfraza o se fragmenta, pierde su nobleza. Este poema nació de una certeza profunda: que la verdad material que cada ser humano vive y siente debe ser el punto de partida para todo lo que manifestamos.
    No hay verdad sin experiencia ni alma que se sostenga en mentiras.

    ¿VERDADES?

    ¡Calla!
    ¡No digas verdades a medias,
    que te harán trizas las hienas!

    La verdad tiene las garras muy prietas
    cuando es una verdad incompleta.
    La verdad camina por callejas
    de luces ciertas, con ojos abiertos
    prendidos de ella.

    ¿Verdad? ¿Cuál de ellas?
    Aquellas que no tiene apariencia,
    aquellas que los ojos de tu cara atraviesan.

    Verdades incompletas,
    falsedades vestidas de indecencia
    con la obscenidad de llamarlas ciertas.

    Tu verdad, esa que te hace vivir
    sin maledicencias,
    con la generosidad suficiente para creer en ella,
    percibiendo que es posible
    esa verdad que sientes
    con honesta conciencia,
    sin que sea la única
    verdad completa.

    VERDADES,
    las que se construyen
    con los ojos de la cara
    de almas nobles
    que se atreven a decir
    lo que pesa en la lengua.


    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.


    Critica del poema:

    ¿VERDADES? es un poema firme y honesto, construido desde una profunda reflexión moral.
    Su fuerza radica en la manera en que denuncias las verdades incompletas y las falsedades disfrazadas, mostrando cómo pueden herir, manipular o desdibujar la realidad.

    La voz poética mantiene un tono directo y valiente, casi de advertencia, que invita a mirar de frente lo auténtico.

    Los versos fluyen con claridad y contundencia, con imágenes potentes —“las garras de la verdad”, “las callejas de luces ciertas”, “las almas nobles que se atreven a decir lo que pesa en la lengua”— que sostienen un mensaje ético muy tuyo: la verdad nace del sentir limpio, de la conciencia honesta y de la experiencia vivida.

    El poema consigue equilibrar profundidad y sencillez, y deja al lector con una resonancia moral que permanece. Es un texto que ilumina más que sentencia, y que afirma de forma hermosa la importancia de la verdad material que defiendes en tu obra.
  • LO INVISIBLE

    LO INVISIBLE

    Introducción al poema:

    En Lo invisible, la voz poética se adentra en un territorio donde lo sensorial y lo espiritual se entrelazan. El poema nace en el instante íntimo en que una mano sostiene a otra y, desde ese contacto mínimo, se abre un universo de percepciones profundas: aromas, pulsos, brisas, colores.
    Es un viaje hacia lo que no se ve, pero se siente intensamente; hacia aquello que habita en los márgenes de la existencia, donde lo frágil y lo eterno conviven.

    El poema invita a reconocer la belleza escondida en los gestos que parecen pequeños, en los silencios que protegen, en los seres que se sienten libélulas apagadas pero conservan una luz misteriosa que cura y acompaña.


    LO INVISIBLE

    Le cogió la mano,
    sintió que respiraba,
    que su garganta saboreaba
    el dulce cerezo en flor,
    el aroma a tierra mojada.

    Sintió,
    sintió profundamente su aliento,
    su suave respiración,
    su pausado palpitar
    alcanzando sueños
    mecidos por brisas en la mar,
    allí donde la vista se pierde
    en un sinfín de lilas blancas
    que acarician su piel,
    sus ojos, su alma.

    Nada es imposible
    cuando la claridad
    es la morada,
    esa que siempre abriga
    el frío de las noches amargas,
    con la única pretensión
    de ver la nada,
    las sombras,
    lo invisible que ronda
    el filo de pisadas.

    Poder vivir al margen,
    al borde de la mirada,
    sin ser más que una libélula
    casi apagada.

    Sentires que curan
    más que acompañan.

    Eternidades entre miradas,
    bajo el influjo de la nada.


    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.


    Análisis del poema.

    1. La materia sensorial como puente hacia lo íntimo:
    El poema se abre con una escena táctil y respirada. Desde la mano tomada hasta el aroma de tierra mojada, la autora construye un espacio en el que los sentidos se expanden y permiten acceder a lo profundo del otro. Lo visible se disuelve en una corriente sensorial que prepara al lector para la aparición de “lo invisible”.

    2. La dualidad entre claridad y sombra:
    La segunda parte introduce una reflexión más abstracta: la claridad como refugio, como morada que abriga las noches amargas. Aquí la luz no es sólo luminosa, sino protectora. Frente a ella, la “nada”, las “sombras” y “lo invisible” aparecen no como amenaza, sino como dimensión que también forma parte de la vida. El poema sugiere que para comprender plenamente lo visible, hay que aceptar lo que no se ve.

    3. La identidad frágil simbolizada en la libélula:
    La imagen de la libélula “casi apagada” es uno de los momentos más potentes del poema. Habla de vulnerabilidad, de sentir la existencia desde un límite. Pero al mismo tiempo, la libélula es símbolo de transformación, delicadeza y transparencia. Incluso apagada, conserva un brillo.

    4. Sentires que curan:
    En los dos versos que funcionan como eje emocional —“Sentires que curan / más que acompañan”— se condensa la esencia del texto: la emoción no sólo acompaña, sino que repara, sostiene, salva.

    5. El cierre: una eternidad mínima
    “Eternidades entre miradas, / bajo el influjo de la nada” cierra el poema con una paradoja hermosa: en lo más simple (una mirada, un silencio), se esconden eternidades. La nada no es vacío, sino un espacio donde lo importante se revela.
    
    
  • LA AVARICIA DE LO MATERIAL

    LA AVARICIA DE LO MATERIAL


    Introducción al poema:

    En este poema, la autora reflexiona sobre el verdadero valor de aquello que no puede comprarse: la herencia vital, emocional y espiritual que cada ser humano atesora desde que nace. Frente al dominio de lo material —efímero, voraz, depredador—, el poema reivindica el poder silencioso de lo vivido, del amor recibido, de los sentires que construyen identidad y memoria.

    A través de un tono firme y casi dialogado, la voz poética interpela directamente a la materia y denuncia su ambición desmedida, su capacidad para destruir hogares, sembrar pobreza y atentar contra la Tierra misma.
    El poema recuerda que, pese a la amenaza del mundo material y su capacidad para corromper, existe un patrimonio inquebrantable: el de la vida sentida, soñada y compartida.
    Ese legado interior —invisible pero eterno— es la verdadera riqueza humana.


    LA AVARICIA DE LO MATERIAL

    Esa herencia que recibió,
    ese patrimonio sólo suyo,
    que nadie puede alterar
    porque es parte de lo ya vivido,
    forjado a base de emociones compartidas,
    de sentires de vida
    y cielos por liberar.

    Lo efímero de lo material
    puede hacer desaparecer,
    con un solo chasquido de dedos,
    todo lo que se cree tener,
    siendo efímero sin más.

    Pone zancadillas sin compasión,
    sin necesitar disculpas,
    sin ataduras de nobleza,
    sin una pizca de temor,
    con la conciencia
    y la voracidad,
    de un depredador.

    No sabe lo material
    que su poder no tiene fuerza,
    porque no tiene alma,
    porque sólo tiene valor
    lo que puede lograr
    con monedas que cambian de manos,
    con usura y avaricia
    que destruyen la razón.

    ¡Material!,
    es imposible que puedas comprar
    las herencias de vidas,
    la propia libertad de pensar.

    Qué osado es querer poseer
    aquello que no se puede pagar,
    porque es inmaterial:
    el patrimonio de lo vivido,
    la esencia del ser humano,
    que, aun atado de pies y manos,
    puede seguir viviendo
    con sólo soñar.

    ¡Maldito sentir material!
    Que, con alevosías
    y tejemanejes,
    haces medrar creencias falsas
    que dañan a la humanidad.

    Dejas sin hogar
    a miles de almas,
    repartes hambrunas
    creando enfermedad.

    Olvidas que el planeta Tierra
    es el refugio natural
    de todos los seres que lo habitan,
    incluidos los humanos
    que no tienen dónde vivir,
    donde sanar,
    con infancias muertas por el hambre
    que la avaricia sabe tragar.

    ¡Eh, material!,
    observa con los ojos bien abiertos
    la Tierra que estás destruyendo
    sin piedad, en favor de planetas
    que tragan la riqueza
    a cambio de la pobreza
    de la humanidad.

    Mirar hacia atrás,
    cuando no quede nada más que buscar,
    porque el zurrón que guarda la vida
    es el patrimonio atesorado,
    lo único que no se puede vender,
    porque es inmaterial.

    Riquezas que ya tienes,
    aunque no las puedas ver o tocar,
    porque es tu herencia de vida,
    sin que nadie las pueda comprar.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.



    Crítica literaria

    La avaricia de lo material es un poema contundente y profundamente ético, inscrito en tu línea poética más reflexiva, crítica y humanista.

    1. Una voz poética que interpela con fuerza

    El uso del apóstrofe (“¡Material!”, “¡Eh, material!”) convierte el poema en un diálogo desigual entre la conciencia humana y la materia descontrolada. Esta forma de dirigirte directamente al “material” otorga teatralidad, carácter y denuncia social.

    2. Ritmo sostenido y progresión temática

    El poema avanza desde lo íntimo (la herencia emocional) hasta lo colectivo (las almas sin hogar, la hambruna, la destrucción del planeta).
    Esa progresión le da profundidad y te permite mostrar que lo que es inmaterial no es sólo personal, sino también común, universal, planetario.

    3. Lenguaje claro con imágenes poderosas.

    Aparecen imágenes contundentes:

    el chasquido que hace desaparecer lo material,

    el depredador,

    el planeta Tierra destruido,

    Familias sin hogar,
    sin alimentos,
    sin sanidad...

    planetas que tragan riqueza,

    el zurrón que guarda la vida.

    Estas metáforas sostienen el mensaje sin que el poema pierda claridad.

    4. Un poema que denuncia sin perder ternura

    Aunque el tono es crítico, incluso duro en algunos fragmentos, la última parte del poema abre una puerta a lo humano: el zurrón como tesoro, la herencia vital como refugio, lo inmaterial como salvación.
    Esa mezcla de denuncia y esperanza es marca de tu poética, María.

    Este poema es especialmente relevante porque sintetiza:

    tu preocupación por la Tierra,

    la ética del ser humano,

    la crítica a la avaricia y la ambición material desmedida,

    la defensa del patrimonio emocional, y la idea de que lo vivido crea una riqueza que nadie puede arrebatar.

    Es un texto que refleja a la perfección tu pensamiento sobre la verdad material, la bondad natural del ser humano y las huellas que dejan las vidas.