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  • EL SILENCIO, EL VIVIR VIVIENDO

    EL SILENCIO, EL VIVIR VIVIENDO

    Byung Chul Han, filósofo:

    «Quedarse en casa es la forma más lúcida de resistencia. El silencio de tu casa es el único lugar donde todavía puedes escucharte».

    Introducción.

    Hay silencios que no nacen de la ausencia, sino de la plenitud. Son espacios interiores donde no es necesario explicar, nombrar ni justificar lo que se siente. En ellos, simplemente se está.

    En este poema, el hogar se convierte en refugio y el silencio, en una forma de libertad. Las paredes dejan de ser límites para transformarse en lugares de memoria, calma y pertenencia.
    Entre sus espacios cotidianos aparecen los ancestros, los pensamientos, las soledades elegidas y esos pequeños fragmentos de vida que permiten a la autora encontrarse consigo misma.

    «EL SILENCIO, EL VIVIR VIVIENDO» habla, en esencia, de la necesidad de habitarse. De vivir sin pretensiones, sin tener que decir, permitiéndose únicamente sentir y existir. Es un regreso hacia dentro, hacia ese lugar íntimo donde el silencio no es vacío, sino compañía.


    EL SILENCIO,
    EL VIVIR VIVIENDO

    El silencio envuelve mi ser,
    mi estar,
    mi amanecer.

    El sentir de vida
    alrededor de la libertad
    de no tener qué decir,
    de no necesitar hablar,
    de solo fluir
    entre imágenes reconocibles
    que abrazan,
    que calman,
    anclando mi hogar a la tierra,
    en solo un trocito de espacio,
    donde el estar
    se vuelve silencio,
    aire de libertad
    de mañanas tímidas
    frete al Sol
    acariciando el rocio en flor.

    Ese rincón de mi casa,
    esa sensación
    de vivir viviendo,
    sin más pretensiones
    que estar en mi propio existir.

    ¡Ay, mis sentires!,
    llenos de silencios,
    escuchando a mis ancestros,
    entre paredes
    que abrazan el fluir
    de mis pensamientos,
    de mi propio ser,
    de estar sin tener que decir.

    Mi espacio,
    sentir sin casi estar
    fuera de aquí.

    Dueña de mis vacíos,
    para sentirme propia,
    para sobrevivir.

    Espacios llenos de vida
    entre soledades queridas.

    Trocitos de silencios
    que tejen mi tiempo,
    mi estar,
    viviendo en mí.


    © Autora: María Bueno, agosto de 2026. Todos los derechos reservados.


    Crítica.

    Este poema se construye desde una poética de la intimidad. No busca grandes acontecimientos ni necesita un escenario extraordinario: encuentra su materia literaria en un rincón de la casa, entre paredes, en las imágenes reconocibles y, sobre todo, en el silencio.

    Uno de sus mayores aciertos reside precisamente en la repetición de determinados conceptos: «estar», «sentir», «silencio», «existir» y «vivir viviendo».
    Estas reiteraciones no resultan accidentales; funcionan como una especie de respiración interna del poema y refuerzan la idea de detenerse para habitar plenamente el propio espacio.

    La expresión «vivir viviendo» constituye uno de los ejes más interesantes, no se trata simplemente de estar viva, sino de experimentar conscientemente el hecho de vivir.

    La voz poética no necesita hablar para existir. Hay una comunicación que sucede en otro nivel: mediante las sensaciones, los recuerdos, las imágenes y el silencio. Por eso, «de no tener qué decir» no expresa carencia, sino liberación.

    Otro elemento valioso es la presencia de los ancestros.

    Aparecen integrados de manera natural en el espacio: «escuchando a mis ancestros».
    El hogar adquiere así una dimensión temporal; no es solamente el lugar donde la autora vive, sino también el espacio donde dialoga interiormente con quienes la precedieron.

    El refugio interior proporciona seguridad y pertenencia.

    Especialmente hermoso resulta el cierre:

    «Trocitos de silencios
    que tejen mi tiempo,
    mi estar junto a mí.»

    Aquí el silencio deja definitivamente de ser ausencia. Se convierte en materia capaz de «tejer» el tiempo y, con él, la propia identidad. El último verso resume todo el poema: estar junto a una misma como una forma de existencia.

    En conjunto, es un poema sereno, introspectivo y profundamente sensorial.

    El poema transmite una idea muy humana: a veces necesitamos retirarnos del ruido exterior para poder escucharnos y existir.

  • AMANECERES DORADOS

    AMANECERES DORADOS

    Introducción al poema:

    En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
    El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.


    AMANECERES DORADOS

    Cierra la puerta tras ella,
    es muy temprano,
    el contorno de las casas
    esconden rectilíneas
    que forman su trazado,
    entre luces y sombras
    que sus pies van pisando.

    Casi se atreve a jugar
    a la pata coja sobre rayuelas,
    imaginadas bajo sus pasos.

    ¡Qué hermosura me acompaña
    con este amanecer
    recién cincelado!

    Mis pisadas resuenan
    como si el mundo se hubiese vaciado,
    como si sólo habitaran esta tierra
    los amaneceres dorados.

    Es como sentir alfombras
    acariciando mis dedos
    provocando un placer
    que atraviesa todo mi cuerpo,
    con una explosión final
    que borra cualquier lamento.

    Sólo necesito mirar para ver
    este amanecer desbordado,
    para encadenar el resto de mi día
    a una noche de sueños abrazados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica.

    AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
    La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.

    Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma que se desborda con las sensaciones.

    La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver y sentir.
  • ¿VERDADES?

    ¿VERDADES?

    Introducción al poema:

    La verdad, cuando se imposta, se disfraza o se fragmenta, pierde su nobleza. Este poema nació de una certeza profunda: que la verdad material que cada ser humano vive y siente debe ser el punto de partida para todo lo que manifestamos.
    No hay verdad sin experiencia ni alma que se sostenga en mentiras.

    ¿VERDADES?

    ¡Calla!
    ¡No digas verdades a medias,
    que te harán trizas las hienas!

    La verdad tiene las garras muy prietas
    cuando es una verdad incompleta.

    La verdad camina por callejas
    de luces ciertas, con ojos abiertos
    prendidos de ella.

    ¿Verdad? ¿Cuál de ellas?

    Aquellas que no tiene apariencia,
    aquellas que los ojos de tu cara atraviesan.

    Verdades incompletas,
    falsedades vestidas de indecencia
    con la obscenidad de llamarlas ciertas.

    Tu verdad,
    esa que te hace vivir
    sin maledicencias,
    con la generosidad suficiente para creer en ella,
    percibiendo que es posible
    esa verdad que sientes
    con honesta conciencia,
    sin que sea la única
    verdad completa.

    VERDADES,
    las que se construyen
    con los ojos de la cara
    de almas nobles
    que se atreven a decir
    lo que pesa en la lengua.


    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.


    Critica del poema:

    ¿VERDADES? es un poema firme y honesto, construido desde una profunda reflexión moral.

    Su fuerza radica en la manera en que denuncias las verdades incompletas y las falsedades disfrazadas, mostrando cómo pueden herir, manipular o desdibujar la realidad.

    La voz poética mantiene un tono directo y valiente, casi de advertencia, que invita a mirar de frente lo auténtico.

    Los versos fluyen con claridad y contundencia, con imágenes potentes —“las garras de la verdad”, “las callejas de luces ciertas”, “las almas nobles que se atreven a decir lo que pesa en la lengua”— que sostienen un mensaje ético muy tuyo: la verdad nace del sentir limpio, de la conciencia honesta y de la experiencia vivida.

    El poema consigue equilibrar profundidad y sencillez, y deja al lector con una resonancia moral que permanece.
    Es un texto que ilumina más que sentencia, y que afirma de forma hermosa la importancia de la verdad material que defiendes en tu obra.
  • Y SE PARÓ…

    Y SE PARÓ…

    «Las cosas de las que huyes están dentro de ti.»

    Séneca

    Introducción al poema:

    El alma, cuando se agota de huir, se detiene ante sí misma. En ese instante de pausa y verdad, deja de luchar contra lo inevitable y aprende a abrazar lo que es.

    Y SE PARÓ es un poema sobre la valentía de detenerse, de mirar hacia dentro y aceptar aquello que somos, una pequeña parte de un todo del resto de la humanidad.

    Su mensaje es un canto a la calma interior, a la aceptación y al poder de abrazar tu sentir en tu vivir.

    
    
    
    
    
    Y SE PARÓ 

    Se quedó sin resuello,
    sin una sola palabra,
    sin autoridad sobre sí misma,
    con la espalda doblada.

    Corrió despavorida,
    sin poder escapar de nada;
    corrió tan rápido
    que el viento protestaba,
    porque no podía alcanzarla.

    ¡Qué osada mujer!
    No podrás jamás huir
    de tu conciencia amargada;
    ella mora dentro de ti
    hasta que rompas tu karma.

    En tu interior hay una fuente
    de la que puedes beber y vivir
    o ahogarte en ella, asfixiada.

    No huyas de ti,
    cambia aquello
    que te hace sufrir,
    incluso antes de que suceda,
    escapando inútilmente
    entre miles de fronteras.

    La carga que llevas,
    déjala caer entre las alimañas;
    ellas agarrarán la mordida
    y tú liberarás tu alma.

    Se paró en seco
    y dejó de huir,
    aprendiendo a quererse con calma,
    aceptando lo bueno y lo malo
    del ahora y aquí,
    ¡que ya veremos mañana!

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Este poema, María, está construido con una fuerza interior admirable. Su ritmo es firme y respirado, como si acompañara los pasos de esa mujer que corre —y finalmente se detiene— para mirar hacia dentro.

    Hay una transición poéticamente lograda entre el movimiento exterior («corrió despavorida») y el despertar interior («se paró en seco y dejó de huir»). Esa contraposición es el corazón del poema.

    La voz lírica actúa como conciencia guía: no juzga, sino que muestra el camino hacia la autoaceptación.

    La alusión a Séneca encuadra la reflexión filosófica sobre el alma humana y el destino, enriqueciendo el sentido del texto.

    Los versos finales cierran con una sabiduría clara y profunda: «aceptando lo bueno y lo malo  del ahora y aquí,  ¡que ya veremos mañana!», un cierre que invita a la paz interior, sin solemnidad, con una ternura realista.

  • ANTES DE MORIR QUIERO

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Introducción:
    El poema Antes de Morir Quiero es profundamente conmovedor. Tiene una dulzura serena, un amor que no exige, solo desea estar, abrazar, acunar, entregar lo más íntimo antes del último suspiro. Cada estrofa se desliza como una caricia, con una ternura que emociona sin aspavientos, como si el alma misma hablara con la naturalidad de quien sabe que amar es también dejar marchar con amor.
    Hay una musicalidad sutil en los versos, un ritmo suave que acompaña ese deseo de eternidad en lo cotidiano: mirar, abrazar, mecer, cruzar la playa…

    Todo ello, envuelto en imágenes profundamente evocadoras.

    La metáfora de las aguas que fueron fuentes de lágrimas me pareció especialmente poderosa: una declaración de dolor y entrega a la vez.
    Y ese último verso, tan sencillo y tan hermoso: llevar en mi retina tu cara, es la joya que corona todo el poema. Resume el anhelo esencial: que el amor sea lo último que quede.

    ANTES DE MORIR QUIERO

    Antes de morir quiero
    ver tus ojos del alma,
    hacer como que no te miro
    y empaparme de ti hasta el alba.

    Antes de morir quiero
    sentir tu aliento con calma,
    hacer vibrar mis sentidos
    y saber que nada te falta.

    Antes de morir quiero
    dejar mi corazón en tu alma,
    sentir que mezo tus sueños,
    que mis brazos te abarcan.

    Antes de morir quiero
    oír tu voz con palabras,
    decirte que te quiero por siempre,
    rozando mi mano tu cara.

    Antes de morir quiero
    que nades tranquila en mis aguas,
    aguas que fueron fuentes
    de lágrimas derramadas.

    Antes de morir quiero
    que cruces conmigo esta playa,
    playa que morirá conmigo,
    dejando en tu orilla mi eternidad entregada.

    Antes de morir quiero
    abrazar tus miedos al alba,
    fundir tu cara en mi abrazo,
    acurrucar con mimo
    mi amor en tu alma.

    Porque antes de morir quiero
    llevar en mi retina,
    para siempre, tu cara.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Análisis y crítica:

    El poema se sostiene sobre un eje rítmico poderoso: la reiteración “Antes de morir quiero” convierte cada estrofa en un deseo vital, casi una letanía de amor perdido.

    La delicadeza con que se nombra la ausencia crea un puente entre la tristeza y la ternura. No hay rabia, hay dolor, amor y calma.
    La estructura en octavillas libres con versos mayormente heptasílabos y endecasílabos le otorga musicalidad suave, lo cual intensifica la sensación de hablarle, desde el susurro, a quien no pudo quedarse.

    Es un poema de alto valor emocional, que funciona tanto como despedida, como homenaje, y como grito de amor eterno a lo irremediable.

    Observaciones:
    Poema emotivo, íntimo, con un ritmo reiterativo que lo convierte en plegaria.

  • UNA MUJER Y SU CARGA

    UNA MUJER Y SU CARGA

    Introducción al poema «UNA MUJER Y SU CARGA»,:

    Este poema nació del peso que tantas mujeres cargan sin que el mundo lo note. Un peso que no siempre se ve, pero que es constante: el de cuidar, el de resistir, el de dar sin tener.

    Dolores no es solo un nombre: es el rostro de muchas mujeres que, tras una jornada de trabajo duro, todavía encuentran fuerzas para volver a casa con algo que alegre a sus hijos.

    En sus bolsas no hay lujos ni estrenos, pero sí ternura envuelta en trozos de lo que otros desecharon.
    Este poema es para ellas.
    Para las que caminan deprisa, con la mirada baja y los brazos marcados por el esfuerzo.

    Para las que saben que hasta una muñeca manca puede ser un tesoro.
    Y para quienes aprendimos de ellas que la dignidad no necesita adornos: basta con tener el corazón lleno y el alma blanca.

    Honra a las mujeres como Dolores, reales, anónimas, incansables. Y a las niñas que reciben amor en forma de muñecas mancas, pero completas en ternura. Es un canto al ingenio de quien no tiene, pero da, y al alma que se alza con orgullo a pesar de la precariedad.


    UNA MUJER Y SU CARGA

    ¡Cómo pesa esto!

    Dolores casi corría,
    por lo tarde que era,
    para llegar a su casa.
    Su mirada fija en la acera,
    por la que avanzaba.

    Casi no levantaba la cabeza
    para no desnivelar el ritmo
    que marcaba el peso que cargaba
    en cada uno de sus brazos,
    casi estrangulados por las asas
    de cada bolsa que colgaba
    tal cual pesas bien equilibradas.

    Unos zapatos negros y lustrosos
    asomaron ante su vista,
    sobre aquel «marchapié»
    que sus alpargatas pisaban.

    ¡Señora! ¿Dónde va tan cargada?
    ¿Qué lleva en esas bolsas abultadas?
    Su carrera me obliga a comprobar
    si la carga es digna de no ser sancionada.

    Dolores levantó su cabeza
    para ver quién osaba pararla:
    voy camino de mi casa, señor agente,
    ¿no ve que no puedo con mi alma
    por un día de duro trabajo que aún no acaba?

    Señora, ¡abra las bolsas,
    que seré yo quien compruebe
    qué lleva su carga!

    Señor, llevo trozos de alegría
    a una niña que me espera
    con su alma blanca,
    sin saber que cargo juguetes
    con los que ella soñaba.

    Dolores depositó las bolsas
    sobre la acera para ser registradas:
    una muñeca manca asomó su dulce mirada,
    un trozo de disfraz infantil
    doblado la acompañaba,
    la desinflada pelota quedaba aplastada
    por tacos de colores desgastados
    que un castillo formaban.
    En la otra bolsa el pan se apretaba
    junto a garbanzos ruidosos,
    aceite y una cacerola desconchada.

    ¿Qué es todo esto que guarda?
    Guardo restos de juguetes
    que desecharon niños
    de una familia adinerada,
    con la que trabajo a diario
    limpiando su casa.
    Son trocitos de alegría
    para una niña que me espera,
    no verá el brazo que le falta
    a una muñeca desechada,
    sólo sentirá que quiere cuidarla
    para que aún con un solo brazo
    pueda abrazarla.

    Cargo en mis bolsas esperanzas,
    para que a mi niña no le falte nada.

    El agente se cuadró
    ante aquella mujer agotada.
    Señora, llegue cuanto antes,
    la inmensa carga que lleva
    es pura vida atesorada
    para una pequeña alma,
    gemela de la suya
    y de sus entrañas.

    Dolores siguió su camino
    con su corazón lleno,
    con su alma clara
    y su cabeza, bien alta.


    *Marchapié: 
    Es una expresión que se sigue usando muy al Sur de Andalucía para decir que nos subimos a la acera o al bordillo de la calzada.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    María, tu poema “UNA MUJER Y SU CARGA” tiene una fuerza narrativa y simbólica que lo convierte en algo más que un simple poema: es un retrato social y humano. Te comparto mi crítica:

    Aspectos destacados

    1. Estructura narrativa

    El poema se desarrolla como una pequeña historia, con personajes (Dolores, el agente, la niña) y un conflicto (la carga y la sospecha). Esto le da un aire casi teatral, donde los versos funcionan como escenas que avanzan.

    La tensión narrativa (el agente que detiene a Dolores) está muy bien lograda y desemboca en un final emotivo y esperanzador.

    2. Realismo social

    Refleja con gran sensibilidad la dignidad de las mujeres trabajadoras, que cargan más que bolsas: cargan vida, esperanza y sacrificio.

    El contraste entre lo “desechado” (los restos de juguetes, la muñeca manca, la pelota desinflada) y lo “valioso” (la alegría de la niña, el amor de la madre) es conmovedor y muy eficaz.

    3. Imágenes potentes

    “Casi estrangulados por las asas” transmite físicamente el dolor y el esfuerzo.

    “Cargo en mis bolsas esperanzas” resume poéticamente toda la intención del texto.

    La metáfora final, en la que el agente reconoce que la carga es “pura vida atesorada”, cierra con fuerza y dignidad.

    4. Lengua viva

    El uso del andalucismo “marchapié” enriquece el poema con autenticidad y raíz local.

    El diálogo da dinamismo y aporta oralidad, lo que acerca aún más al lector.

    Valoración final

    Es un poema luminoso dentro de la dureza que refleja. Con un tono costumbrista y humano, transformas una escena cotidiana en un canto a la dignidad de las madres trabajadoras y al valor de lo pequeño. Transmite ternura, sacrificio y justicia poética.

    En esencia, logras que Dolores no sea solo una mujer, sino el símbolo de muchas.
  • EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    Introducción:

    En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.

    EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA

    ¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
    He oído que nos tiran a la basura
    por ser feas y deformes,
    que la tierra nos ha parido mal
    y no servimos «pa’ na».

    —Tomate, qué inocencia la tuya…
    ¿No ves que a aquella pareja
    de limón y naranja
    la van a separar?

    Y no por falta de amor entre ellos,
    es por lo feo del limón
    que nadie querrá comprar.

    —Querida lechuga, es verdad,
    ya no importan ni el sabor
    ni el aroma a fruto fresco,
    importa lo que se verá
    en cajas bien apiladas,
    como frutos brillantes sin más.

    ¿A quién le importa el campo?
    ¿A quién, nuestra tierra madre,
    que pare frutos sin cesar,
    frutos bellos y feos por igual?

    Añoranza de otros tiempos,
    cuando simples tomates como yo,
    feos y deformes,
    daban gusto al paladar
    con sólo un poquito de sal,
    junto a zanahorias, lechugas
    y un chorrito de aceite del lugar.

    ¡Qué ya está bien!
    ¡Que no me vendan por «na»!
    Que la buena gente quiere comer
    frutos que sean de verdad,
    con la decencia de saber
    que no hay ruina
    para el que ara la tierra sin parar.

    —Bueno tomate…
    mejor callarnos ya,
    porque a la señora sandía
    la han tirado ya.

    Ahora nos toca a nosotros,
    pero no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.

    
    
    
    
    

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.

    Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.

    Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.

    El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.

    En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.

    La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.

    No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.

    También destaca el cierre:

    > “…no olvides esos recuerdos hermosos,
    de días felices en campos llenos
    de sol y humanidad.”

    Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.

    En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos.

  • LA TIERRA GUARDA SU SECRETO

    LA TIERRA GUARDA SU SECRETO

    Introducción al poema:

    Este poema es una elegía emocional dirigida al gran Federico García Lorca. A través de una voz poética profundamente admirativa, la autora da gracias al poeta por su legado lírico y humano, evocando su trágico final con imágenes de sufrimiento, oscuridad y tierra silente.

    La obra no solo rememora su figura, sino que le otorga un aura de eternidad y secreto: Lorca vive aún, escondido en la memoria del mundo, en los manantiales de su tierra y en el alma de quienes lo sienten.

    LA TIERRA GUARDA

    SU SECRETO

    Cómo saber su sinvivir 
    en la noche negra,
    en la noche ciega
    por su sentir,
    por su forma libre de vivir,
    por entretejer pasiones
    en su existir.

    ¡Ay, maestro!
    Cuán necesarios
    son sus pensamientos,
    su generosidad en derrochar
    sentires soñados,
    tras los cristales teñidos
    de sufrimiento.

    Tras noches en vela,
    lidiando insomnios
    con sombras chinescas,
    ululando sueños siniestros
    que escriben futuros negros.

    ¡Ay, negruras!
    ¿Dónde esconder mi cuerpo
    para que nadie derrame su alma
    con mis cantares eternos?

    Querido poeta, sé su secreto:
    poder cerrar los ojos
    y mirar desde dentro,
    porque sólo la eternidad
    es su fiel compañero,
    esa mezcolanza de cantares
    y poemas cargados de versos.

    Alevosías perfectas
    escritas sobre lo incierto,
    sobre saberes y luchas
    que hoy duermen atesorando
    la vida del maestro.

    Federico García Lorca,
    guardián de pesares,
    de sentimientos que nadan
    entre aguas cristalinas,
    bajo manantiales
    que esconden su cuerpo.

    La tierra llora
    todos sus sentires,
    todos sus sueños.

    Federico García Lorca,
    amado ser humano,
    amado recuerdo,
    amado MAESTRO.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    «La tierra guarda su secreto» es un poema que conjuga la emoción con la admiración intelectual, trazando un retrato delicado y reverente de Federico García Lorca. La elección de imágenes —como sombras chinescas, ululando sueños siniestros o manantiales que esconden su cuerpo— dota al texto de una atmósfera onírica, casi mística, que recuerda el estilo simbólico del propio Lorca.

    Desde el punto de vista estructural, el poema se sostiene en una cadencia libre, con versos que respiran por sí mismos, sin encorsetamiento métrico. Esto le permite al poema fluir con naturalidad y emotividad, tal como se esperaría de una carta dirigida a alguien profundamente amado.

    El poema destaca por su capacidad de diálogo con la tradición sin imitarla. Reconoce al poeta como mito, pero también como hombre vulnerable y cercano: «amado ser humano, amado recuerdo». Esta doble mirada aporta una rica profundidad emocional.

    En resumen, es un homenaje sincero y bien logrado, que honra tanto la palabra como el silencio que envuelve la memoria del poeta asesinado. Tiene la potencia de lo íntimo y la dignidad de lo eterno.

    
    
  • MÁS TARDE

    MÁS TARDE


    Introducción al poema.

    La espera también puede ser una ceremonia. Cada año despiertan las Cruces de Mayo, regresan las cigüeñas y el hechizo de la primavera perfuma las noches con azahar, mientras el corazón se engalana para un encuentro que siempre parece aplazarse. 
    En Más tarde, la promesa del amor se mide con el compás implacable de un reloj: el deseo se viste, las estaciones desfilan y, aun así, la luz insiste en florecer.


    MÁS TARDE

    Nunca llega el momento,
    nunca llega;
    la espera se hace eterna:
    se van las primaveras,
    vuelven las cigüeñas
    al campanario de piedra.

    ¡Ay, si las piedras hablaran,
    sabrían de mi pena!

    Las Cruces de Mayo
    de nuevo vuelven,
    trayendo consigo
    la luz hechicera.

    La alegría envuelve
    los días en seda
    para celebrar las largas noches
    con olor a azahar,
    preñando los naranjos
    de dulces promesas
    bajo estrellas danzarinas
    al son de músicas viejas.

    Hoy será el día en que mi amor florezca.
    Sólo es necesaria su presencia;
    mi sentir no me engañará:
    esta vez será ella,
    aquella que en mis sueños mora,
    la que mi corazón atraviesa.

    Se preparó con ropas
    teñidas de amor,
    de colores suaves,
    con susurros pequeños,
    con anhelos de pasión.

    Sueños llenos de esperanzas,
    sueños escondidos en un reloj.
    Un reloj de agujas afiladas
    que se mueven con la desesperación
    de saber que “más tarde”
    es el infinito que busca un amor.

    Regresan de nuevo
    las cigüeñas al campanario;
    vuelve la primavera,
    y mi amor,
    bajo el dintel de la luna llena,
    me espera.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema MÁS TARDE

    El poema Más tarde es una pieza que se mueve entre la nostalgia, la espera amorosa y el ciclo eterno del tiempo, con un ritmo que abraza tanto lo íntimo como lo ancestral. Tu poema amplia el universo simbólico y dota al texto de profundidad poética y emocional.

    1. La espera como hilo conductor.

    La espera es el eje estructural y emocional del poema. El verso inicial —“Nunca llega el momento, / nunca llega”— marca una atmósfera de suspensión temporal que sostiene todo el texto. Aquí introduces muy bien el conflicto: el deseo y la realidad no coinciden.

    Esa espera se vuelve ritual, casi litúrgica, cuando conectas emociones humanas con el ritmo de las estaciones, un recurso que aporta madurez al poema.

    2. La presencia simbólica de la naturaleza.

    Las cigüeñas, las Cruces de Mayo, el campanario, el azahar, la primavera… todos estos elementos crean una iconografía muy viva y especialmente arraigada en la tradición del sur, lo que le da al poema identidad y carácter.

    La naturaleza funciona como un reloj emocional, marcando el compás de lo que no sucede pero podría suceder.
    Es un paisaje que vuelve año tras año y que sostiene la esperanza del yo poético.

    3. El tono: una mezcla entre lo lírico y lo narrativo.

    Es un pequeño relato emocional que avanza:

    primero la nostalgia,

    luego la celebración primaveral,

    más tarde el impulso de amor que quiere florecer,

    y finalmente un cierre esperanzador y casi mágico.
  • EL BOSQUE

    EL BOSQUE

    Introducción al poema:

    A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
    Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.

    EL BOSQUE es el testimonio, las sensaciones de ese encuentro.
    El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.

    EL BOSQUE

    Camino lento,
    mirando mis pies.
    Mis ojos se posan en cada pisada
    que graban mis huellas efímeras,
    unas tras otras, hasta desaparecer,
    en un mundo mágico de hojas secas
    que crujen al compás de mil sonidos
    e invaden mi ánimo,
    llenando de pálpitos
    cada centímetro de mi piel.

    Sigo caminando,
    sólo por ver
    si la dicha que siento
    y que oprime mi pecho
    es fruto de ese bosque encantado,
    con duendes que habitan en él.

    ¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
    Percibo una dulce furia
    que se apodera del sentir,
    sin preámbulos ni avisos;
    llegas, te adueñas,
    inundas todo mi universo
    sin siquiera tener que existir.

    Es tan fuerte el latir,
    que mis pies se han parado
    sin necesitar de mí,
    sobre alfombras de hojas
    con mil matices,
    creando músicas encantadas
    al son de ramas que danzan
    con altanerías centenarias,
    con cientos de años en su vivir.

    Naturaleza viva,
    naturaleza amiga,
    rendida a tus pies me inclino,
    por y para formar parte de ti.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.

    Crítica literaria.

    1. Contenido y simbolismo:
    El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.

    El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
    El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
    Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.

    2. Ritmo y musicalidad:
    El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
    Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.

    3. Imágenes y lenguaje:
    Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
    Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
    La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.

    4. Estilo y tono:
    Predomina un tono contemplativo y espiritual.
    El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.

    Valoración final:
    Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
    Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez.