Autor: María Bueno

  • 12 UVAS Y UN RELOJ

    12 UVAS Y UN RELOJ

    UN NUEVO AÑO

    Introducción:

    Un nuevo año es una reflexión íntima y colectiva sobre la forma en que el ser humano se relaciona con el tiempo. Partiendo del ritual universal de las campanadas, el poema cuestiona la prisa impuesta, el vértigo de los números y la falsa urgencia de correr hacia adelante sin sentir. Frente al ruido del reloj, la autora propone una ética del compás: vivir despacio, consciente, habitando cada instante como un acto de amor propio y compartido.


    UN NUEVO AÑO

    Empezó la cuenta atrás nada más nacer,
    nada más notar que las uvas
    se atropellaban contra el paladar,
    con las prisas de saber que la una
    debía correr sin mirar atrás,
    no fuera que las doce no llegaran al compás
    de un reloj que marcaría el final
    de un año viejo, harto de dar horas
    a la humanidad.

    ¡Ya está! ¡El nuevo año llega!

    ¡Mira el reloj! Ha dejado de cantar,
    porque un nuevo minuto de tiempo
    empieza su cuenta atrás.


    Os deseo de corazón que las horas de un reloj solo sirvan para saber
    que el tiempo no es una razón para correr;que la vida merece ser sentida con un poquito de compás
    que nos deje entrever
    que vivir viviendo
    es la única forma
    de querernos bien.


    Con todo mi afecto,
    María Bueno.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Análisis del poema:

    El poema se articula en dos movimientos bien definidos.

    En el primero, domina la aceleración: las uvas que “se atropellan”, los números que “corren”, el reloj que marca finales.
    Todo está atravesado por la ansiedad del tiempo cronológico, un tiempo que no acompaña, sino que empuja.
    El uso de verbos dinámicos y encabalgamientos refuerza esa sensación de prisa colectiva, casi automática.
    El segundo movimiento introduce un corte simbólico: el reloj “ha dejado de cantar”. Esta imagen es especialmente poderosa, pues humaniza al tiempo y sugiere un silencio necesario, un instante de conciencia antes de volver a empezar. No hay celebración ruidosa, sino pausa.

    El cierre del poema, ya en tono de dedicatoria, transforma la reflexión en acto ético y afectivo. Aquí el tiempo deja de ser enemigo para convertirse en medida del sentir.
    La autora propone “vivir viviendo” como única forma posible de querernos bien, una afirmación sencilla en apariencia, pero profundamente subversiva en un mundo que confunde velocidad con vida.

    En conjunto, Un nuevo año no celebra el cambio de calendario, sino la posibilidad —siempre frágil— de reconciliarnos con el tiempo desde la humanidad, la lentitud y el cuidado.

  • PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

    PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

    Introducción al poema:

    Este poema es un homenaje consciente y necesario a quienes sostienen la vida en los márgenes del horror. A las personas que, desde la ayuda humanitaria y el testimonio, caminan entre guerras, hambre y destrucción sin apartar la mirada.
    La voz poética no observa desde la distancia: camina con ellas, siente su agotamiento, su miedo y su determinación.
    En estos versos, la solidaridad se convierte en resistencia y la conciencia humana se eleva como el mayor patrimonio que puede preservar la humanidad.


    PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

    Camina lento,
    a empujones,
    abrazando su cuerpo,
    portando su realidad,
    una verdad maldita
    que la lleva a delirar,
    a maldecir al mundo,
    a tragar el horror
    que la deja sin respirar.

    No puede dejar de mirar,
    ¡no puede!
    Sólo ve destrucción y maldad,
    el terror en los ojos de la gente
    que no sabe dónde va.

    No tienen horizonte,
    no hay dónde mirar,
    no pueden llegar
    a ningún lugar.

    No caminan,
    son arrastrados sin piedad,
    atrapados por el terror
    de no saber dónde pisar,
    sobre miles de minas antipersona,
    sintiendo la oscuridad
    del miedo que penetra hasta asfixiar.

    Cierra los ojos,
    puede ver sin mirar.
    Llora hasta rendirse,
    el sueño la vencerá,
    ese sueño que le dará vida,
    que le dará fuerzas
    para seguir y ayudar.

    Se enfrentará al miedo,
    no lo dejará atacar.
    Ese miedo es un cobarde,
    aunque sea difícil de encarar.

    Sabrá llegar,
    porque miles de almas
    sufren ese horror
    que destroza sin compasión.

    ¡No mirará!
    ¡No se rendirá!

    Sólo tiene que ver sin mirar:
    lo que vea con los ojos del alma
    alas le dará.

    Y llegará,
    ¡sí, llegará!

    Sin ayuda humanitaria
    nada quedará.

    Son miles las almas,
    que con infinita generosidad
    se van dejando la piel
    y la vida para asistir,
    desde la desesperanza,
    a otros seres humanos
    que necesitan cuidados,
    piedad, generosidad…

    Cada espalda carga un cartel:
    AYUDA HUMANITARIA, PRENSA…

    Una multitud de almas en peligro,
    muchas ya caídas
    en las fauces de una muerte anunciada,
    por prestar auxilio,
    por vivir para otras almas
    con la urgencia de salvar vidas,
    con la desesperación
    de no perecer entre las garras
    del monstruo que acecha
    cada una de sus vidas,
    cada paso que dan.

    Generosidad de hombres y mujeres
    con conciencias solidarias,
    con sus vidas arriesgadas
    con la valentía de un pequeño David,
    frente a un enorme Goliat.

    Seres que deberían ser:
    PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.



    Crítica literaria:

    Patrimonio de la Humanidad es un poema de denuncia ética y de profunda carga moral.
    Su fuerza no reside en la ornamentación del lenguaje, sino en la claridad del compromiso.
    La voz poética adopta una tercera persona que universaliza el dolor y la valentía, permitiendo que la figura representada sea la de todas y cada una de las personas que arriesgan su vida por otras.
    El poema avanza desde el agotamiento físico y emocional hacia una afirmación firme de resistencia.
    El recurso reiterado de “ver sin mirar” funciona como eje simbólico: mirar implica sucumbir al horror; ver, en cambio, supone comprender, actuar y sostener. Esta distinción dota al texto de una dimensión espiritual sin abandonar su raíz terrenal.
    Destaca especialmente el tramo final, donde el poema abandona lo íntimo para abrazar lo colectivo. La enumeración de cuerpos, espaldas, carteles y conciencias transforma el texto en un memorial poético. El cierre, contundente y deliberadamente en mayúsculas, actúa como declaración universal: la solidaridad humana no es un gesto heroico aislado, sino un valor que debería ser protegido, reconocido y preservado como legado común.
    Es un poema incómodo —y debe serlo—, necesario y valiente. No pide compasión: exige memoria, respeto y responsabilidad.
  • DORMIRES Y DESPERTARES

    DORMIRES Y DESPERTARES


    Introducción al poema:

    Dormires y despertares es un regreso íntimo a la infancia custodiada, a ese territorio frágil donde el sueño no era sólo descanso, sino refugio. El poema habita la memoria como un cofre vivo, donde lo pequeño —los ruidos, las voces, los gestos— adquiere un valor inmenso porque estaba sostenido por el amor vigilante.
    Aquí, los padres no aparecen como figuras grandilocuentes, sino como presencia constante, silenciosa y entregada: guardianes de la noche y del amanecer. El poema no recuerda sólo lo soñado, sino la certeza de despertar sabiendo que alguien velaba la vida. En ese cuidado reside la raíz de todo lo que vendrá después.


    DORMIRES Y DESPERTARES

    Guarda mi memoria
    un tesoro enorme,
    hecho de muchas historias;
    de noches de sueños y despertares,
    de esfuerzos por oír
    algún ruido de voces,
    el crujir de envolturas,
    de ver a esos seres adorables
    cargados de ilusiones y aventuras,
    de hermosos sueños llenos de anhelos
    por juegos y cantares.

    Cargas llenas de esperanzas
    llegaban en esas noches
    de dormires y despertares,
    acunadas por el querer de mis padres,
    que, con infinita ilusión,
    hacían guardias reales
    para velar mis sueños
    y, sobre todo,
    mis despertares.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    Este poema se sostiene sobre una memoria afectiva profundamente honesta, donde el recuerdo no es un ejercicio superficial, sino un acto corporal y sensorial.
    El léxico —crujir, envolturas, voces, guardias reales— construye una infancia vivida desde lo pequeño, lo cotidiano, lo nocturno, y ahí reside su fuerza.

    Destaca especialmente la imagen de los padres como guardianes del umbral entre dormir y despertar. No cuidan solo el sueño, sino el regreso a la conciencia, algo poco habitual y muy logrado poéticamente. Ese gesto convierte a los padres en figuras casi simbólicas, sin perder su humanidad.

    El poema avanza con un ritmo suave, acorde con el tema, y encuentra su centro emocional en el cierre: “mis despertares”, donde se revela que lo verdaderamente protegido no era el descanso, sino la vida que empezaba cada mañana.

    No hay exceso retórico ni voluntad de deslumbrar: el texto conmueve porque dice lo justo, desde la verdad emocional que te caracteriza. Es un poema sereno, maduro, y profundamente fiel a tu manera de mirar el mundo.
  • NOCHEBUENA

    NOCHEBUENA

    Introducción:

    Este poema nos adentra en el recogimiento íntimo de la noche de Navidad.
    La «madrugá» se convierte en voz cálida que susurra el sentido profundo del querer, del deseo que late y del sueño que abriga. La manta es símbolo de amparo, de luz y de esperanza frente a la soledad y el frío del desvelo; su tacto materno acompaña la madrugada, guardando recuerdos y sentimientos que se visten de olivar y humanidad.


    NOCHEBUENA

    A la Nochebuena
    le susurró la «madrugá»,
    que los sueños se crean
    con vaivenes de un cantar,
    con soniquetes de terciopelo
    que afloran en el soñar.

    La manta arropa su cuerpo
    en esas noches de esperanzas
    que atrapan el desvelar.
    Siente que su dormir
    dibuja los deseos
    con trazos de verde olivar.

    La manta arrulla
    cada pliegue de su piel,
    de esa noche que sabe,
    que siente,
    la luz de su alma cubriendo
    la soledad.

    ¡Ay, soledad!

    Tienes la llave de la riqueza al despertar,
    sabiendo que el querer en mí
    es la fuerza que aleja
    la fría tundra
    de aves migratorias
    huyendo del tiritar.

    Esa noche,
    la manta sobre su piel,
    hace su vigilia real
    para retener y apresar
    esa Nochebuena,
    en su querer de verde olivar.



    © María Bueno, 2025. Todos los derechos reservados.


    Crítica breve:

    El poema transmite un clima íntimo de ternura y protección envuelto en la atmósfera navideña, con imágenes sensoriales que se fijan en la piel y en la madrugada.
    El uso de la manta como eje simbólico funciona muy bien: contiene cuerpo, memoria, sueño y deseo.
    Las referencias al «verde olivar» aportan identidad y paisaje emocional, y el giro hacia la soledad dialoga con la esperanza, sin restarle luz.

    La musicalidad de los versos es suave y constante, acorde con el tono de arrullo que envuelve la escena.
    El poema se apoya más en la descripción que en el acontecimiento, pero eso forma parte de su encanto: no narra, acompaña.
    Su fuerza radica en el abrazo cálido que deja en quien lo lee.

    Un poema sereno, luminoso, íntimo —digno de una Nochebuena que se eleva más allá del tiempo.
  • PINTAS MIS DÍAS.

    PINTAS MIS DÍAS.

    Introducción:

    Este poema es un homenaje lleno de ternura y gratitud a la abuela, figura central en la vida del yo poético. A través de imágenes de cuidado, enseñanza y legado, se dibuja un vínculo que trasciende el tiempo y la muerte física, mostrando cómo la presencia de la abuela sigue influyendo y coloreando la vida de quien la recuerda.
    Es un poema que celebra la memoria, la sabiduría transmitida y la fuerza del afecto intergeneracional.


    PINTAS MIS DÍAS

    Nunca se marchó,
    nunca dejé de oír su voz.

    Atesoro sus consejos
    como guarda la abeja
    a su reina con devoción.

    Cuánto vivir la sostuvo,
    cuánto trenzó vidas,
    cuántos sueños alcanzó,
    dejando su piel por caminos
    quemados al sol.

    Aceptó una vida
    de negruras desmedidas,
    una vida llena
    con otras vidas paridas,
    vidas que hoy recuerdan
    tus abrazos eternos,
    tus cuentos en el anochecer
    de cada uno de sus días,
    seres que hoy mecen
    sus sueños con vaivenes
    de memorias compartidas.

    ¡Ay, abuela mía!
    Qué grandeza en tu alma
    colma de trocitos la mía,
    con alegrías y esperanzas
    que siguen pintando mis días.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Pintas mis días” destaca por su sensibilidad y profundidad emocional.
    La autora utiliza metáforas naturales como la abeja y la reina para transmitir devoción y cuidado, y recurre a imágenes vívidas —“caminos quemados al sol”— que reflejan las dificultades enfrentadas por la abuela, pero también su resiliencia.

    La estructura de versos libres permite que el poema fluya como un recuerdo vivo, con cadencia íntima y musicalidad interna.
    La alternancia entre la contemplación y la exclamación (“¡Ay, abuela mía!”) potencia la expresividad, generando un tono cálido y cercano. Es un poema de memoria afectiva que logra transmitir el amor, la admiración y el legado emocional de una figura ancestral, y que invita al lector a reconocer la fuerza de quienes nos han formado con cariño y sacrificio.
  • AMANECERES DORADOS

    AMANECERES DORADOS

    Introducción al poema:

    En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
    El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.


    AMANECERES DORADOS

    Cierra la puerta tras ella,
    es muy temprano,
    el contorno de las casas
    esconden rectilíneas
    que forman su trazado,
    entre luces y sombras
    que sus pies van pisando.

    Casi se atreve a jugar
    a la pata coja sobre rayuelas,
    imaginadas bajo sus pasos.

    ¡Qué hermosura me acompaña
    con este amanecer
    recién cincelado!

    Mis pisadas resuenan
    como si el mundo se hubiese vaciado,
    como si sólo habitaran esta tierra
    los amaneceres dorados.

    Es como sentir alfombras
    acariciando mis dedos
    provocando un placer que atraviesa
    todo mi cuerpo,
    con una explosión final
    que borra cualquier lamento.

    Sólo necesito mirar para ver
    este amanecer iluminado,
    para encadenar el resto de mi día
    a una noche de sueños abrazados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
    La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.
    Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma.
    La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver.
    Es un poema que no busca deslumbrar, sino permanecer.
  • EL ZURRÓN

    EL ZURRÓN

    Introducción al poema: EL ZURRÓN

    En cada camino recorrido, hay algo que nos acompaña más allá del tiempo y del espacio: la memoria de lo sentido.
    El zurrón simboliza ese lugar íntimo donde se guardan los afectos, las vivencias y los instantes que, aun gastados por el uso, siguen dando calor.
    En él caben los amores, las risas, los anhelos y las esperanzas que el alma no quiere soltar.

    Este poema nace de la necesidad de reconocer ese equipaje emocional que todos llevamos pegado a la espalda, no como carga, sino como abrigo. Es una celebración del tesoro invisible que se va llenando con los años, de aquello que, por más sencillo que parezca, sostiene nuestra existencia.


    EL ZURRÓN

    Guardo en mi zurrón
    amores en flor,
    que esperan crecidas
    sin desamor,
    anhelando abrazos
    que roben el alma,
    mirando de frente
    sin sombras amargas.

    Guardo en mi zurrón
    atardeceres dorados
    que mecen la calma,
    calando sentires
    que me acompañan.

    Guardo en mi zurrón
    pequeños cobijos,
    que acunan mis risas,
    mis anhelos,
    mis esperanzas.

    Mi zurrón,
    ése pegado a mi espalda,
    para guardar los quereres
    de días claros,
    sin sombras chinescas
    que crean marañas.

    Ese zurrón desgastado,
    que me protege
    de días oscuros
    en noches cerradas,
    para susurrar melodías
    con las que danza mi alma.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El zurrón es un poema profundamente simbólico, donde el objeto que da título al texto se convierte en una extensión del yo poético: un receptáculo de vida, memoria y afectos. El tono es íntimo y reposado, con una cadencia que evoca el andar lento de quien, mochila al hombro, ha aprendido a guardar lo esencial.

    El poema está estructurado en bloques que repiten el verso anafórico “Guardo en mi zurrón”, recurso que aporta ritmo y cohesión, al tiempo que refuerza la idea de acumulación emocional. Cada estrofa revela un aspecto distinto de la existencia: el amor, la calma, la esperanza y la protección.

    El lenguaje es sencillo, transparente y de raíz afectiva. Se percibe una ternura madura, donde el paso del tiempo no ha borrado la capacidad de sentir, sino que la ha templado. La imagen del “zurrón desgastado” simboliza tanto la experiencia como la fidelidad a los recuerdos, y su función protectora se sublima al final con la musicalidad de “susurrar melodías / con las que danza mi alma”, un cierre sereno y esperanzador.

    En conjunto, El zurrón es un poema que honra lo vivido y lo guardado, y que celebra la memoria emocional como refugio. Su tono cálido y su estructura repetitiva le otorgan una musicalidad discreta pero constante, propia de los versos que nacen del cariño y la reflexión.
  • TODO ES VIDA

    TODO ES VIDA

    Introducción al poema:

    Este poema se sumerge en la contemplación serena de un atardecer cotidiano, donde lo sencillo se convierte en trascendente. La narradora, sentada en un banco envejecido, transita entre la quietud del sopor y la vibrante irrupción de la vida alrededor: niños jugando, voces diversas, aromas, sonidos y colores que se entrelazan en una sinfonía humana. La escena se convierte en un canto a la memoria viva de los espacios comunes, esos rincones que son testigos del paso del tiempo y de la persistencia de la humanidad compartida.


    TODO ES VIDA

    Sentada en un banco envejecido
    por el paso del tiempo,
    siente el crujir de la madera vencida,
    el olor intenso a azahar,
    los naranjos ofrecen sus copas frondosas
    bajo las que dormitar.

    La languidez va alcanzando
    la totalidad de su mente,
    dejándola casi ausente del pensar.

    La cabeza se va ladeando
    muy poquito a poco,
    sin notar que va perdiendo la consciencia, 
    que sus ojos se cierran y se deja llevar.

    Su cuerpo se abandona
    ante el sopor del atardecer,
    la brisa juega entre hojas de naranjos
    para silbar compases previos al anochecer.

    Voces infantiles la despiertan,
    y el zumbar de una cuerda
    que da vueltas sin parar,
    alentando la algarabía
    de los chiquillos que saltan
    uno tras otro, en una cola sin final.

    Un hombre vocea las delicias
    de unos barquillos de galleta crujiente,
    con toques de caramelo
    que deshacen de regusto el paladar.

    La mezcla de voces con acentos distintos,
    de gente procedente de otros lugares,
    de vestimentas de mil formas y colores,
    de momentos de vida
    con esencia de humanidad.

    ¡Ay atardecer,
    que das alas al anochecer,
    para que la vida pueda soñar!

    Se levanta con parsimonia,
    camina hacia su hogar,
    a través de una plaza llena de vida,
    a la que cada atardecer volverá,
    para sentarse en su banco desvencijado
    donde se dejará llevar,
    entre aromas y caricias de brisa fresca,
    junto a rayuelas, canicas,
    y seres cargados de humanidad.


    Reflexión de la autora sobre TODO ES VIDA.

    Escribí este poema pensando en la fuerza que tienen los pequeños instantes cuando nos detenemos a mirarlos. Un banco viejo, el olor de los naranjos, el bullicio de niños jugando, voces de distintos lugares… todo ello compone una escena sencilla, pero a la vez profundamente humana.

    Creo que, a veces, olvidamos que la vida está en esos detalles, en las plazas que acogen encuentros, en las tardes que parecen repetirse pero nunca son iguales, en la diversidad de rostros y acentos que nos recuerdan que no estamos solos.

    Quise mostrar cómo lo cotidiano puede ser un refugio de sentido: un espacio donde el tiempo no sólo pasa, sino que nos regala la certeza de que seguimos perteneciendo al mundo. Para mí, este poema es una invitación a detenernos y a reconocer que todo es vida, incluso aquello que damos por sentado.

    Crítica literaria del poema:

    TODO ES VIDA destaca por su delicada capacidad de observación sensorial: el olor a azahar, el crujir de la madera, la brisa, las voces infantiles y la algarabía colectiva crean una atmósfera rica y envolvente. El poema oscila entre la intimidad individual —la mujer que se deja llevar por el atardecer— y la plenitud comunitaria —la plaza llena de voces, juegos y humanidad—.

    La estructura, con versos narrativos que fluyen sin rigidez métrica, favorece el tono evocador y contemplativo. Se aprecia una progresión clara: del reposo al ensueño, del sueño a la irrupción de la vida, y de ahí al retorno a la plaza como espacio simbólico de pertenencia y memoria.

    El final, con la imagen del banco desvencijado al que la protagonista vuelve cada tarde, otorga circularidad y refuerza la idea de que la vida se sostiene en los pequeños rituales cotidianos. El poema transmite esperanza y pertenencia, con un acento especial en la diversidad cultural como riqueza compartida.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD

    HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD

    Hoy, 10 de diciembre, se conmemora la adopción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948.

    ¿Dónde hallarte, HUMANIDAD?

    Introducción al poema:

    Este poema es un grito de dolor universal, un testimonio poético sobre la crudeza de la guerra, el hambre y la pérdida irreparable de seres inocentes. La voz poética es la de una madre —o un padre— que atraviesa la muerte lenta de su hijo mientras los poderes, parecen ciegos ante el horror.

    Es una súplica contra la inhumanidad, un llamado desesperado a detener la violencia que siega vidas inocentes en nombre de territorios que solo claman paz.

    HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD

    Mis fuerzas han abandonado mi cuerpo,
    casi no puedo caminar
    por senderos que torturan
    tanto como las bombas
    que caen sin cesar.

    Unos pocos metros me parecen la eternidad,
    pero tengo que seguir,
    aunque tenga que comer tierra
    para cargar sobre mis brazos a mi hijo,
    que ya no puede casi respirar.

    Ya nada puede devolver las vidas,
    Ya nada es posible,
    la miseria nos está matando sin piedad.

    Pasamos los días escarbando,
    tratando de encontrar un trozo
    de cualquier cosa que podamos masticar,
    con la esperanza de llegar al final
    de esta tortura inhumana
    que nos aniquila cada segundo,
    que nos hace querer morir para terminar.

    Llevo a mi pequeño en mis brazos,
    su carita guarda sus hermosos ojos
    que no dejan de mirarme,
    que no dejan de suplicar
    sin emitir palabra alguna
    porque ya no puede hablar.

    ¿No hay nadie que pueda terminar
    con estas muertes
    sin provocar ni una más?

    No hay enemigos,
    sólo hay inhumanidad,
    que siembra con cuerpos inocentes
    cada metro de una tierra
    cuya única riqueza
    son los hijos muertos en el caminar.

    Miles de seres humanos
    yacen entre escombros
    de territorios que sólo gritan: ¡PAZ!

    ¡Ya no puedo más!
    Abrazo con devoción a mi hijo,
    ya no me mira,
    ya no respira,
    ya no puedo llegar.

    Debo parar y cerrar mis ojos,
    para que mi último aliento de vida
    sea para fundirme con él
    y morir en paz.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
  • QUE LA NAVIDAD TRAIGA LA PAZ

    QUE LA NAVIDAD TRAIGA LA PAZ

    Introducción:

    Este poema nace desde la memoria cálida de la infancia, donde los olores, los sonidos y los gestos sencillos se convierten en refugio emocional. Es un viaje al origen de los sentires que construyen a la autora: la casa, los manteles blancos, las zambombas, el misterio inocente de la Navidad y el regazo que sostiene. Un poema que desea la paz desde la raíz más íntima: la niñez.


    QUE LA NAVIDAD TRAIGA LA PAZ

    Sentires de mi alma,
    con dulces recuerdos
    de manteles blancos.

    Sentires de olores
    que guían mis pasos
    a una casa llena
    de ilusiones sin quebrantos.

    Brazos que arropan mis recuerdos
    entre zambombas
    y misterios
    de un Belén lejano.

    Sentires de mi niñez,
    en su regazo.

    © María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.