AMADO SOL, LLEGA NUESTRO EFÍMERO ENCUENTRO. ¿Sabrán entendernos?

Introducción.


El poema nace de una imagen universal: el encuentro entre el Sol y la Luna durante un eclipse. Pero en mi poema el fenómeno astronómico deja de ser únicamente un acontecimiento celeste para convertirse en una alegoría de la vida humana.

El abrazo entre ambos astros representa lo extraordinario de los encuentros y, al mismo tiempo, su inevitable fugacidad.

Desde esa brevedad surge una pregunta esencial: si hasta los astros conocen la naturaleza efímera de sus encuentros, ¿seremos capaces los seres humanos de comprender la nuestra?

El poema amplía progresivamente su mirada. Comienza en el cielo, desciende hacia la Tierra y termina situando al ser humano ante su propia naturaleza, el fin de su existencia en algún momento de su vida.

El eclipse se convierte así en una llamada al respeto por el planeta, a la convivencia y a la responsabilidad hacia quienes nos sucederán y heredarán el planeta.

He mantenido deliberadamente el diálogo entre el Sol y la Luna porque, en mi opinión, constituye uno de los elementos más hermosos del poema: dos fuerzas aparentemente opuestas que sólo pueden encontrarse cuando ambas aceptan compartir su propia luz y su propia sombra.


AMADO SOL, LLEGA NUESTRO EFÍMERO ENCUENTRO.
¿Sabrán entendernos?

Miles de ojos
mirarán al cielo
esperando un abrazo
que eclipse el momento,
¿sabremos ver lo efímero de la vida tras ese abrazo inmenso?

Lo veremos,
entendiendo el mensaje
de sabernos todos pequeños.

No puede haber grandeza
sin respeto por un planeta
que sólo entiende de encuentros.

Construyamos eclipses humanos
que merezcan respeto
del resto del firmamento.

Seamos ejemplo de nuestros hijos,
de nuestros nietos,
que un día puedan heredar
un planeta vivo,
cargado de hermosos eclipses
sin lamentos ni sufrimientos.

Qué pequeño es el pensamiento,
el sentimiento,
el colapso de vivencias,
de sentires al viento.

La estrella se deja abrazar
cediendo su luz
cual amor eterno,
ante una Luna
cargada de sueños.

—Querida Luna,
¿no tienes miedo de que nuestro abrazo
no sea un ejemplo?

—Amada estrella que alumbras el día,
eres mi amor sincero,
me fundiré en tu abrazo
sabiendo que vestiré de negro tu cuerpo,
que tu fuerza será mi aliento.

—¿Cómo grabar tu nombre
en nuestro encuentro?,
eres él y también ella;

«La Estrella, el Sol»,

—¿cómo estrechar tu cuerpo?
Sé tanto de ti,
que siento el roce
de miles de estrellas
en ese anhelo.

—Luna, no temas nada,
tu abrazo contendrá mi fuerza
me rendiré a tu brisa,
a tu susurro cálido,
a tus secretos eternos
de cada ser vivo,
de todos sus sueños,
de un planeta rendido
ante nuestro encuentro.

Guardas cada noche
liturgias de amores tiernos
que mecen nanas,
que acarician el alma,
que erizan la piel
con preludios cálidos,
tendidos al viento.

¡Cómo no rendirme ante ti!,
poniendo alfombras de terciopelo
para que cada noche
abraces mi sueño,
desapareciendo de días de sol,
anhelando nuestros encuentros.

—Amada Luna,
¿qué día será aquel que nos abracemos?

—Amado Sol, será el día
en el que tu dorado cuerpo
se funda con mi piel de plata 
de quereres eternos.

Miles de almas
necesitan sentir
nuestro abrazo sincero.
haciendo fértiles sus vidas,
sus propios recuerdos.

Todos los sentires se abrazarán;
¿sabrán de lo efímero del momento?

Lo sabrán,
por ser tan breves
sus propios encuentros.

— Anhelada Luna,
¿aprenderán que nuestro abrazo
es el preludio de entendimientos?,
de respeto por la vida,
de fidelidad al Planeta Tierra,
con pertenencia de todos los seres que lo habitan,
con la humildad de saberse
finitos en el tiempo.

—Querido Sol, soy tu sombra
que cobija por siempre tus saberes, tu propio final en el tiempo.

—Luna, te amaré
hasta el fin,
hasta fundirnos en la negrura
del último de nuestros encuentros.


© María Bueno, 9 de agosto de 2026. Todos los derechos reservados.

Crítica literaria.

Creo que este poema tiene una dimensión filosófica muy marcada. El eclipse es solamente la puerta de entrada: lo verdaderamente importante es aquello que ocurre detrás de él.

Hay tres grandes ideas que sostienen el texto:

1. Lo efímero como conciencia de la existencia.
La pregunta «¿Sabrán entendernos?» funciona casi como una pregunta dirigida al lector. El encuentro de los astros dura un instante, pero precisamente por eso adquiere valor. Tu poema parece decirnos que la brevedad no disminuye la importancia de un encuentro; puede hacerla más intensa.

2. El amor como encuentro de contrarios.
Sol y Luna son presentados como amantes, pero también como símbolos de fuerzas diferentes que encuentran un punto de unión.
Hay una imagen especialmente poderosa:

«tu abrazo contendrá mi furia / me rendiré a tu brisa»
Ahí aparece una idea muy hermosa: amar no significa vencer al otro, sino encontrar un lugar donde nuestra fuerza pueda convivir con su diferencia.

3. El eclipse como responsabilidad humana.
Quizá esta sea la parte más personal y comprometida del poema. Cuando escribes:
«Construyamos eclipses humanos / que merezcan el respeto / del resto del firmamento.»
Aparece una de las imágenes conceptualmente más interesantes del texto.

El eclipse deja de ser astronómico y pasa a ser ético. Nos invitas a construir encuentros humanos capaces de producir algo semejante al fenómeno celeste: respeto, belleza, unión y conciencia de nuestra pequeñez.

Y hay una última cuestión que me parece especialmente significativa: la Tierra no aparece como propiedad del ser humano, sino como espacio compartido por todos los seres que la habitan.

Esa idea enlaza perfectamente con el final, cuando hablas de «la humildad de saberse / finitos en el tiempo.

Su extensión tiene sentido porque el poema necesita ese viaje: comienza mirando al cielo, entra en el diálogo amoroso entre los astros y termina regresando al ser humano y a la Tierra.

Tu abundancia de imágenes que forma parte de tu manera de escribir no busca describir solamente una idea; busca rodearla de sensaciones hasta que el lector pueda sentirla.
Y, para mí, el verdadero corazón del poema está en una pregunta que atraviesa todo el texto:
¿Qué podemos aprender los seres humanos de un abrazo que apenas dura un instante?

A respetar, a amar, a encontrarnos y a comprender que también nosotros somos efímeros.

Ese es, precisamente, el sentido más profundo de tu eclipse.