Introducción.
Hay poemas que no pretenden denunciar únicamente el exceso material, sino invitar al lector a cuestionar el origen mismo de sus deseos.
Deseos anclados a la Tierra sin reverencias es una reflexión sobre la pobreza entendida desde la filosofía de Platón y desde la tradición cristiana del compartir.
Frente a una sociedad que mide la abundancia por la acumulación, el poema propone una riqueza distinta: aquella que nace de la fraternidad, de la gratitud y del reconocimiento de que la Tierra pertenece a todos los seres que la habitan.
Es una utopía escrita desde la esperanza, donde el verdadero milagro no consiste en multiplicar los bienes, sino en disminuir los deseos que nos alejan de la paz.
DESEOS ANCLADOS A LA TIERRA SIN REVERENCIAS
«La pobreza no viene por la disminución de las riquezas, sino por la multiplicación de los deseos.»
— Platón
Y multiplicó los panes,
los peces,
para que los más indefensos comieran.
El hambre huyó,
naciendo hermosas cosechas
de campos fértiles,
de raíces ancladas a la Tierra.
Los cantos de la multitud
eran de suave seda,
con aroma a azahar,
empapando la piel
de almas sin penas.
Aquellos sentires
se creyeron efímeros
entre una multitud
de credos, de razas,
de gentes diversas.
Miles de años
atraviesan la memoria
de páginas viejas,
custodiadas con esmero
entre paredes gruesas,
cargadas de historias y leyendas.
Cuentan que la humanidad
decidió unir los esfuerzos
en pos del bien
de una sola Tierra,
con el único interés
de ser fiel a la nobleza
de agradecer la vida
y todo cuanto la atraviesa:
risas, llantos...,
una muerte cierta,
compartiendo, del otro lado,
una eternidad sin fronteras.
Desde entonces,
los seres del planeta Tierra,
incluido el humano,
viven en paz,
sin grandes posesiones
que mermen los sabios saberes
que bombean el alma,
alejada de miserias.
Todos aprendieron
a compartir peces y panes
sin pretender multiplicar
deseos que robaran la paz
en la Tierra,
multiplicando quereres
en vez de riquezas.
Estimado Platón,
estimado pensador,
sin múltiplos
de falsa conciencia.
Un deseo imaginario,
una quimera
tirando de mí
sin reverencias.
© María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Este poema se sostiene sobre una bella paradoja: el milagro de la multiplicación de los panes y los peces no aparece como un acto sobrenatural aislado, sino como una metáfora de una humanidad capaz de compartir antes que acumular.
La cita inicial de Platón encuentra su desarrollo poético en una visión donde el deseo desmedido es el verdadero origen de la pobreza espiritual.
El lenguaje es sereno y contemplativo, con imágenes de gran delicadeza —«los cantos de la multitud eran de suave seda», «raíces ancladas a la Tierra», «aroma a azahar»— que contrastan con la crítica implícita al materialismo.
Esa dualidad entre belleza y reflexión convierte el poema en una meditación filosófica más que en una denuncia.
El final, dirigido directamente a Platón, aporta un giro íntimo y muy humano.
Después de imaginar una humanidad reconciliada consigo misma, la voz poética reconoce que aún permanece un deseo: «una quimera tirando de mí sin reverencia».
Ese reconocimiento evita que el poema caiga en el idealismo absoluto, recordando que incluso quien comprende la naturaleza del deseo continúa conviviendo con él.
Es un poema de madurez, donde filosofía, espiritualidad y conciencia social dialogan con naturalidad. Invita a detenerse, a pensar y, sobre todo, a preguntarse si la verdadera riqueza consiste en poseer más o en necesitar menos.
DESEOS ANCLADOS A LA TIERRA SIN REVERENCIAS

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