Este poema es un homenaje consciente y necesario a quienes sostienen la vida en los márgenes del horror.
A las personas que, desde la ayuda humanitaria y el testimonio, caminan entre guerras, hambre y destrucción sin apartar la mirada.
Las ONG caminan junto a las víctimas; sienten su agotamiento, su miedo y su determinación.
La solidaridad se convierte en resistencia y la conciencia humana encuentra su más alta expresión cuando nadie se aparta del sufrimiento ajeno.
¡AYUDA, POR HUMANIDAD! 🫂
Camina lento,
a empujones,
abrazando su cuerpo,
portando su realidad,
una verdad que la lleva a delirar,
a maldecir,
a tragar el horror
que la deja sin respirar.
No puede dejar de llorar,
¡no puede!
Solo ve destrucción,
el terror en los ojos de la gente
que no sabe a donde va.
No tienen horizonte,
no hay dónde mirar,
no pueden llegar
a ningún lugar.
No caminan,
son arrastrados sin piedad,
atrapados por el terror
de no saber dónde pisar,
sobre miles de escombros,
sintiendo la oscuridad
del miedo que penetra hasta asfixiar.
Cierra los ojos,
puede ver sin mirar.
Llora hasta rendirse;
el sueño la vence,
ese sueño que le da vida,
que le da fuerzas
para seguir,
para ayudar.
Se enfrentará al miedo,
no lo dejará atacar.
Ese miedo es un cobarde,
aunque sea difícil de encarar.
Sabrá llegar,
porque miles de almas
sufren ese horror
que destroza sin compasión.
¡No volverá atrás!
¡No se rendirá!
Sólo tiene que observar sin apenas ver;
lo que descubra con los ojos del alma
alas le dará,
porque la realidad es tan dura
que doblega la voluntad.
© María Bueno.
