Una opinión independiente, una reflexión humana.
Introducción.
La justicia constituye uno de los pilares fundamentales de cualquier sociedad democrática.
Su fortaleza no reside únicamente en la capacidad de castigar los delitos, sino también en garantizar que todas las personas, independientemente de su posición económica o relevancia pública, sean tratadas bajo las mismas reglas y con las mismas garantías.
Esta reflexión aborda los riesgos que surgen cuando las decisiones judiciales se perciben alejadas del rigor probatorio y de los principios que sostienen el Estado de Derecho.
¿Y SI FUERAS TÚ?
¿Por qué las malas decisiones de un juez nos ponen en peligro a todos?
Cuando un juez toma decisiones desproporcionadas o castiga a alguien basándose únicamente en indicios, sin pruebas suficientes, el verdadero peligro no afecta sólo a la persona investigada.
El riesgo alcanza a toda la ciudadanía.
Los ciudadanos sin recursos quedan desprotegidos.
Una persona con recursos económicos puede contratar abogados especializados y recurrir las resoluciones que considere injustas.
Sin embargo, un ciudadano humilde, que depende de un abogado de oficio saturado de trabajo y con recursos limitados, no dispone de las mismas posibilidades de defensa.
Si las decisiones judiciales comenzaran a sustentarse en sospechas más que en pruebas, quedaría especialmente expuesto a la indefensión.
El castigo antes de tiempo destruye vidas.
Aparecer en los medios de comunicación como supuesto o supuesta culpable puede arruinar la reputación de cualquier persona, incluida aquella que tiene recursos para su defensa.
Mientras una figura pública dispone de plataformas para ofrecer su versión de los hechos, un ciudadano común puede perder su empleo, ver deterioradas sus relaciones personales y sufrir daños irreparables en su entorno familiar, incluso si posteriormente se demuestra su inocencia.
¿Se da permiso para investigar a cualquiera «a ver qué encuentran»?
La ley no permite investigar a una persona simplemente por la sospecha genérica de que pueda haber cometido algún delito.
Las investigaciones deben sustentarse en indicios objetivos y suficientes que justifiquen la actuación judicial.
Excusas para limitar la libertad.
Medidas como la retirada del pasaporte o la obligación de comparecer periódicamente ante un juzgado sólo deberían adoptarse cuando exista un riesgo real y acreditado de fuga.
Si el concepto de riesgo de fuga se interpreta de forma excesivamente amplia, podría llegarse a considerar sospechoso a cualquier ciudadano por razones tan comunes como no disponer de vivienda en propiedad o mantener una situación laboral inestable, circunstancias cada vez más frecuentes en la sociedad actual.
La justicia pierde sus reglas.
Cuando la justicia deja de apoyarse en pruebas claras y en la aplicación objetiva de la ley para basarse en opiniones, presiones mediáticas o corrientes de opinión, deja de ser un sistema seguro.
Las garantías procesales deben proteger a todos por igual.
Defender los derechos de las personas sometidas a procesos de gran repercusión pública no significa proteger privilegios, sino preservar unas garantías que mañana pueden necesitar todos los ciudadanos.
Si el listón para imponer restricciones o medidas cautelares se rebaja, quienes menos recursos tienen quedan especialmente expuestos a la sospecha.
La exposición pública y sus consecuencias.
Para una persona con relevancia pública, la exposición mediática puede resultar devastadora y hundir su vida, aunque disponga de canales para expresar su versión de los hechos.
Para un ciudadano común, la difusión pública de una acusación basada únicamente en sospechas o rumores puede destruir de forma inmediata y permanente su empleabilidad, su entorno social y su estabilidad familiar, sin posibilidad real de reparación posterior.
La desnaturalización del riesgo de fuga.
Si el riesgo de fuga se fundamenta en hipótesis poco consistentes o en criterios excesivamente amplios, las personas con menos recursos económicos resultan especialmente perjudicadas.
La ausencia de vivienda en propiedad o de un contrato indefinido puede llegar a interpretarse como falta de arraigo, favoreciendo el uso de medidas cautelares severas sobre quienes simplemente no pueden acreditar una situación económica estable.
De instrumento de Derecho a instrumento de hecho.
Cuando las resoluciones judiciales abandonan el rigor probatorio y se adentran en valoraciones políticas, mediáticas o subjetivas, se produce una transformación peligrosa del sistema.
La base del Estado de Derecho es la seguridad jurídica, reconocida en el artículo 9.3 de la Constitución Española.
Los ciudadanos deben conocer con claridad qué conductas constituyen delito y qué pruebas son necesarias para justificar una actuación judicial.
Si las reglas cambian en función de quién sea la persona investigada o de la presión del entorno, el Derecho deja de ser un sistema previsible y se convierte en un ejercicio arbitrario de poder.
Aunque las garantías procesales están diseñadas para proteger a todos por igual, la falta de recursos materiales puede convertir su vulneración en una situación de auténtico desamparo para el ciudadano común.
El colapso de la confianza.
Un sistema judicial fuerte se sostiene sobre la legitimidad de sus decisiones.
Cuando la ciudadanía percibe que determinadas resoluciones pueden estar influenciadas por relatos sin pruebas o por sospechas abstractas más que por pruebas sólidas, la confianza en la justicia se resquebraja.
Y cuando se rompe esa confianza, la justicia deja de ser vista como el árbitro neutral encargado de proteger los derechos fundamentales de todos.
En resumen.
¿Por qué las malas decisiones judiciales nos ponen en peligro a todos?
Porque las garantías procesales no son privilegios, sino derechos sin importar su condición social o relevancia pública, los derechos no pertenecen a nadie, son propiedad de todos.
La defensa rigurosa de esas garantías en los casos más mediáticos constituye, en realidad, la protección de los mecanismos que impiden que el Estado pueda actuar con la misma ligereza frente al eslabón más débil de la sociedad: el ciudadano común.
Porque lo legal sea lo justo.
