MI ETERNO QUEBRANTO



Introducción.

Hay ausencias que el tiempo no logra acomodar. Ausencias que permanecen abiertas porque nunca encontraron un lugar donde descansar.

«Eterno quebranto» nace de uno de los dolores más profundos que puede habitar un ser humano: la pérdida sin despedida, el duelo suspendido, la búsqueda interminable de quien debió haber permanecido entre los brazos de quienes lo amaban.

El poema transita por la memoria, la añoranza y la imposibilidad de cerrar una herida cuando no existe una tumba, una tierra o un cuerpo sobre el que depositar el amor, las lágrimas y el último adiós.

Es un canto íntimo al vacío que dejan las desapariciones y a la persistencia de un amor que continúa viviendo más allá de toda ausencia.


ETERNO QUEBRANTO

Las horas se tiñen
del negro anochecer,
anocheceres que acunan
mi recuerdo en tu querer.

Quereres que abrigan mi memoria,
quereres que viven junto a mí,
pegados a mi piel,
asidos al alma,
posados sobre una cuna vacía
de añoranza y despedida.

Sentires más allá del horizonte,
más allá del existir.

Allí donde mora el consuelo
peregrinan mis anhelos,
sin caminos ni trazados.

No hay un adiós posible
sin tierra sobre ti.

¡Ay, tierra!,
¿dónde encontrar su cuerpo?,
¿dónde rendir los silencios,
en el campo santo?,
vacío de flores,
lleno de quebrantos

Mis lágrimas recogen la esencia
de tu presencia eterna en mi piel.

De balbuceos ahogados,
de un moisés abandonado,
de pequeñas sábanas,
entre recuerdos abrumados
por el vacío de un ser
mecido en la soledad
de un duelo apresado.

No hay féretro vacío,
no está tu pequeño cuerpo enterrado,
la tierra te fue negada.

Sólo queda el llanto,
sólo,
mi eterno quebranto.

© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

Crítica literaria.
Eterno quebranto es un poema elegíaco construido desde la contención emocional.

Su mayor virtud reside en que no busca describir el dolor de manera grandilocuente; lo deja respirar a través de imágenes claras y profundamente humanas: la cuna vacía, el moisés abandonado, las pequeñas sábanas o la imposibilidad de cubrir un cuerpo con tierra.

La reiteración de palabras como quereres, sentires, anocheceres y quebrantos genera una musicalidad circular que refuerza la idea de un duelo que vuelve una y otra vez sobre sí mismo, incapaz de encontrar salida. El poema avanza desde el recuerdo amoroso hasta la constatación devastadora de la ausencia física, culminando en unos versos finales de gran fuerza emocional.

Especialmente conmovedora resulta la estrofa:

«¿dónde encontrar su cuerpo?,
¿dónde rendir los silencios,
en el campo santo?,
vacío de flores,
lleno de quebrantos»

En ella se concentra el núcleo del poema: la imposibilidad de materializar el duelo cuando la desaparición niega incluso el derecho a la despedida.

Literariamente, el texto destaca por la honestidad de su voz y por la capacidad de convertir una experiencia concreta en un sentimiento universal.

El dolor que expresa no pertenece únicamente a una persona; representa a todas aquellas familias que viven con una ausencia que jamás pudo ser enterrada.

El último verso, «mi eterno quebranto», expresa un cierre breve, sencillo y devastador.

Es un poema de duelo profundo, pero también de amor persistente, porque la memoria del ser ausente continúa viva en cada verso.