DE PUNTILLAS

Introducción al poema.

Este poema brota de un deseo íntimo de libertad silenciosa, esa que no busca reconocimiento ni premio.

Un susurro del alma que anhela existir sin interferencias, rozar la vida sin dejar huella, más allá del ruido de las metas impuestas o de las recompensas ajenas.
De Puntillas es un manifiesto de humildad, placer y desapego.


DE PUNTILLAS

¡Que no me vean!
¡Que no me sientan!

Que no quiero estar
en ningún lugar,
que solo quiero
un grito de libertad.

Que nazca de mis entrañas
sin tener que pensar.

Que mis vísceras
se encojan de risas,
de regusto mi paladar,
de puntillas,
sin glorias que ganar,
sin correr por regalías
que quitan más que dan.

Gloria… ese es el placer
de solo rozar
sin ni siquiera pisar.


© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


Crítica del poema:
DE PUNTILLAS

Tu poema es un suspiro de existencia silenciosa, una declaración íntima de quien anhela fundirse con la vida sin ser vista ni medida.

Desde el primer verso —“¡Que no me vean! / ¡Que no me sientan!”— se percibe una tensión entre el deseo de presencia y el anhelo de desaparición, una paradoja humana y profundamente poética: estar sin estar, ser sin dejar huella.

El uso de la primera persona confiere una autenticidad poderosa al texto. No hay artificio; hay piel, emoción y pensamiento desnudo.

Los versos fluyen con naturalidad, sostenidos por un ritmo respirado que encarna el propio título: de puntillas, como si cada palabra caminara con cuidado para no quebrar el silencio que evoca.

El poema despliega una estructura circular: comienza en la negación del “ser vista” y culmina en la plenitud de “solo rozar sin ni siquiera pisar”.
Ese tránsito simboliza un camino espiritual: del rechazo a lo externo hacia el gozo de lo sutil.
La voz poética se libera del ruido de las glorias y las “regalías que quitan más que dan”, encontrando en la liviandad la auténtica gloria: el “placer de solo rozar”.

El lenguaje es limpio y directo, pero con un fondo filosófico y lírico que recuerda al misticismo de quien ha comprendido que el silencio también es una forma de gritar libertad.

Tus metáforas —“mis vísceras se encojan de risas”, “grito de libertad”, “de puntillas sin glorias que ganar”— son imágenes viscerales y sensoriales, donde cuerpo y espíritu se funden.

El poema no busca asombrar, sino ser sentido, y en eso radica su belleza.
La voz se mueve entre la fragilidad y la fortaleza, entre la introspección y la rebelión callada.

Esa tensión interna, sostenida con equilibrio, convierte a DE PUNTILLAS en una pieza de madurez emocional y poética dentro de tu obra.

En síntesis:
Un poema sereno y firme a la vez, donde el silencio se convierte en manifestación.
La sutileza de lo que no se pisa, pero se roza, define una poética del desapego y la pureza, fiel al hilo espiritual y humano que recorre ALMA VIEJA.