Introducción al poema:
Este poema se alza como una denuncia visceral contra la violencia en todas sus formas, pero especialmente contra aquella que arrebata la inocencia y la vida de los más indefensos.
A través de un lenguaje crudo y profundamente simbólico, la voz poética interpela directamente a la violencia, humanizándola para confrontarla y desnudar su vacío moral.
En el centro del poema, una escena de ternura truncada —el diálogo entre una madre y su hija— rompe el discurso y lo eleva a una dimensión emocional devastadora, donde la inocencia infantil convive con la muerte. El poema no sólo denuncia: duele, pregunta y deja una herida abierta en quien lo lee.
VIOLENCIA
VIOLENCIA,
eres esencia maldita
entre los pliegues del alma,
con flujos envenenados
de torrentes sin calma.
Eres miseria ahogada,
buscando oxígeno
bajo la piel de mil caras,
bajo mantos negros
como una noche cerrada.
¿No hay pesares en tus madrugadas?
¿No hay desechos malditos
que ahoguen tu garganta?
VIOLENCIA,
¿de dónde sacas la vileza?,
¿de dónde esa hambre insaciable?,
hambre de sufrimiento ajeno,
de sangre derramada,
de llantos infantiles,
de pequeñas vidas,
de diminutos cuerpos inertes
sobre brazos que acunan la muerte,
de hijos sin vida,
del propio vacío en la calma.
Y preguntó una pequeña niña
en una de esas noches malditas:
—Mamá, ¿es verdad que hay
dulce chocolate en el cielo
para toda la eternidad?
—Sí, todo el que tu pequeño cuerpo pida,
todo el que quieras alcanzar.
Y cerraron los ojos
tras la muerte infinita.
VIOLENCIA,
esa que no tiene vida,
esa versada en «geo»;
sin geografías de vidas,
sin Tierra madre,
sin Tierra amiga.
Sólo "geo" de geoda;
con mil huecos de una roca
entre paredes cristalizadas
donde yacen pequeñas vidas destrozadas.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Tu poema destaca por su intensidad emocional sostenida y por una interpelación directa que convierte a la violencia en un “ente” al que se le exige respuesta.
Esto genera una tensión constante que mantiene al lector dentro del poema sin escapatoria.
Uno de los mayores aciertos es el contraste entre lo abstracto y lo concreto: pasas de conceptos amplios (“vileza”, “hambre insaciable”) a imágenes profundamente físicas y dolorosas (“diminutos cuerpos inertes”, “brazos que acunan la muerte”).
Ese descenso a lo concreto es lo que convierte el poema en algo tangible y difícil de olvidar.
El momento más poderoso es, sin duda, el diálogo de la niña con su madre. Introduces una pausa narrativa que humaniza el horror y lo hace aún más insoportable.
La imagen del “dulce chocolate en el cielo” es de una ternura desgarradora, y funciona como símbolo de consuelo frente a lo irreparable.
El cierre con la metáfora de la geoda es especialmente interesante: introduces una imagen fría, mineral, casi científica, que contrasta con la calidez de la vida arrebatada.
Esa elección refuerza la idea de una violencia vacía, hueca, estructural, donde la vida queda atrapada como restos en cavidades sin alma.
VIOLENCIA

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