Introducción al poema:
El poema «El cable» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
Tomé un objeto aparentemente frío y utilitario —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.
El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje, tiene un punto evocador. Y el juego de palabras con «echar un cable» son sutilezas que me permito.
La fotografía, realizada por mí, despierta mi sensibilidad, y me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.
María Bueno.
EL CABLE
La línea larga del cable se curva,
salvando distancias
entre las casas de vecinos.
Hasta una pantalla
llega el flujo mágico
de risas, llantos
y noticias en vivo.
Los anuncios parecen
grandes producciones
proyectadas en pantallas
de cinemas desaparecidos.
Esos cables llevan
divertimento, lágrimas,
miedos, noticias,
de lugares lejanos
o de sitios escondidos.
Nos acompañan
desde las primeras horas del día,
de la tarde, en la cena,
y hasta nos mecen
las noches de vacío.
¡Pero qué curioso!
Hoy miré esos cables
con otros ojos,
viendo algo más
que la fealdad que muestran
en calles, plazas y senderos
que atraviesan campos
y montes de verdes olivos.
¡Algo llamó mi atención!
Primero se posó uno,
después se acercó otro,
y en escasos minutos
llegó un pequeño grupo de aves
volando por el mismo camino.
Se acomodaron con aleteos
sobre los cables,
formando una imagen
llena de vida
y pequeños sonidos.
Con sus diminutas alas
de colores vivos,
tomaban aliento
para seguir su destino.
Qué hermoso puede ser
un simple cable torcido,
entre calles y plazas,
con pequeños seres
que, con sus cantos,
agradecen que les echemos un cable
para descansar
y tomar un respiro.
Submundos que no se ven
porque no miramos con mimo.
Deja que tus ojos se acerquen
a los pequeños detalles
que, cada día,
dan vida a tu recorrido.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Categoría: Poemas
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ÉCHAME UN CABLE
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EL BARCO
Descripción:
Fotografía real del barco naufragado.
El instante captado muestra el momento en que la embarcación, ya escorada peligrosamente, era remolcada. Las olas, en medio de una tempestad brutal con más de trece metros de altura, golpeaban sin tregua la estructura metálica mientras la carga desplazada en las bodegas agravaba el peligro del hundimiento.
Introducción al poema:
En El barco, María nos conduce a un episodio límite donde la vida y la muerte se entrelazan en un instante estremecedor.
Inspirado en una vivencia real, este poema autobiográfico se erige como testimonio de supervivencia y de pérdida. La autora revive el naufragio con la intensidad del recuerdo vivo: el estruendo, el miedo, la fuerza del mar y la huella del ser que se pierde en el abismo.
Más que una narración, es una confesión poética de lo que significa ser testigo del poder absoluto de la naturaleza y de la fragilidad humana ante ella.
En memoria del marinero que perdió la vida:
Aquel 5 de enero de 1983,
la mar desató su furia en la víspera de Reyes.
Entre gritos, golpes y oscuridad,
un barco se inclinó sobre sí mismo
mientras las olas devoraban el horizonte.
De aquel día conservo mi Cartilla de Navegación y la imagen imborrable del rostro de un marinero que se lanzó al agua un instante antes que yo y desapareció bajo el casco del barco tragado por las olas.
Nunca más volví a saber de él.
Su recuerdo me acompaña
como un faro silencioso
que me aleja de la mar.
Durante muchos años guardé el miedo y el temblor en silencio.
Hoy, al mirar la fotografía del barco, sé que he podido volver a la superficie.
Y desde allí, escribir.EL BARCO
(Basado en hechos reales. Poema autobiográfico. La imagen corresponde al barco naufragado.)
Había que llevar la carga
que las bodegas del barco guardaban,
cruzando el Estrecho de Hércules,
que las olas vigilaban.
A la mitad del día,
mi cuerpo reposaba
sobre una cama pequeña
que mi siesta acunaba,
entre paredes de madera
que el camarote abrigaba.
—¿Qué es ese estruendo?—
¡Mi cuerpo cae ferozmente!
El suelo se tornó pared
y la pared, mi cama.
La mole del barco cayó
sobre aguas rabiosas y heladas.
Las olas tomaron alturas
que empequeñecían montañas.
¡Corre! ¡Sal del camarote!
¡Sal de esta trampa anunciada!
Mis ojos sólo ven
a la gente asustada,
con gritos desesperados
por una muerte marcada.
El mar se erigió en un monstruo
con olas de alturas bravas,
que hacían del barco la nada,
con almas que se escondían arrodilladas,
rogando por sus vidas,
que el mar anhelaba.
Me miró a los ojos y se lanzó al agua,
con la fe de ser rescatado por la balsa
que un pesquero feroz lanzó al mar
para salvar las vidas
que en el barco habitaban.
Mis ojos quedaron fijos en ese cuerpo
que caía desde el abismo
de una altura desmesurada,
de un barco gigante
a merced de olas bravas,
conteniendo nuestras vidas
y todas nuestras esperanzas.
Mi alma se estremeció
sabiendo que el hombre no estaba.
Se lo llevaron las olas,
lejos de mi mirada.
¡Debía lanzarme al mar!
¡Antes que la negrura llegara!
Agarré con fuerza mis hombros:
—¡Tírate al agua!
¿No sientes que tu vida se acaba?
¡Ya no queda tiempo de nada!—
Mi cuerpo se hundía
como piedra sin alma.
La oscuridad me envolvió
mientras el agua inundaba
cada rincón de mis pulmones,
que sin aire quedaban.
¡Braceaba desesperada!
Para que no me tragara la mole,
ese barco que se inclinaba
sobre mi cuerpo,
entre las olas bravas.
La balsa pequeña mi vida salvó,
uniéndome a otras almas,
menos la de aquel hombre
que me miró a los ojos
y se lanzó al agua,
llevándose consigo
parte de mi alma.
Nota de la autora:
El barco inclinado
parecía debatirse entre la vida y la muerte.
El mar rugía con olas gigantes,
más altas que los sueños,
más hondas que el miedo.
Sin tierra a la vista,
la tempestad arrastraba su carga
y con ella el destino de tantas almas.
Aquel instante detenido en la fotografía
es la frontera entre el antes y el después,
entre la esperanza y la tragedia,
entre lo que el mar arrebató
y lo que el alma guardó para siempre.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El barco se distingue por su tono narrativo y visualmente potente.
El poema avanza como una secuencia cinematográfica, donde cada estrofa actúa como un plano emocional. La descripción del desastre combina precisión sensorial (“el suelo se tornó pared y la pared, mi cama”) con un lenguaje simbólico (“el mar se erigió en un monstruo”).
El uso de los imperativos (“¡Corre!”, “¡Tírate al agua!”) intensifica el dramatismo y sumerge al lector en el caos del momento. El ritmo es ágil, sostenido por versos cortos que reproducen la respiración entrecortada del miedo.
La última parte del poema, en cambio, se abre al duelo: la autora convierte la pérdida del otro en un acto de comunión espiritual (“llevándose consigo parte de mi alma”). Así, la obra transciende la anécdota personal y se transforma en un canto a la memoria, la resistencia y la humanidad frente al abismo. -

EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA
Introducción:
En un mundo donde la estética eclipsa lo esencial, este poema rescata el valor de lo auténtico. Con ternura e ironía, el tomate y la lechuga dialogan como testigos del desprecio al fruto imperfecto y del olvido de la tierra que los vio nacer.EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es un canto a la dignidad de lo natural, una reivindicación del sabor, del trabajo del agricultor y de la belleza real que no necesita ser pulida.
EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA
¡Eh! ¡Oye! ¡Lechuga, amiga mía!
He oído que nos tiran a la basura
por ser feas y deformes,
que la tierra nos ha parido mal
y no servimos «pa’ na».
—Tomate, qué inocencia la tuya…
¿No ves que a aquella pareja
de limón y naranja
la van a separar?
Y no por falta de amor entre ellos,
es por lo feo del limón
que nadie querrá comprar.
—Querida lechuga, es verdad,
ya no importan ni el sabor
ni el aroma a fruto fresco,
importa lo que se verá
en cajas bien apiladas,
como frutos brillantes sin más.
¿A quién le importa el campo?
¿A quién, nuestra tierra madre,
que pare frutos sin cesar,
frutos bellos y feos por igual?
Añoranza de otros tiempos,
cuando simples tomates como yo,
feos y deformes,
daban gusto al paladar
con sólo un poquito de sal,
junto a zanahorias, lechugas
y un chorrito de aceite del lugar.
¡Qué ya está bien!
¡Que no me vendan por «na»!
Que la buena gente quiere comer
frutos que sean de verdad,
con la decencia de saber
que no hay ruina
para el que ara la tierra sin parar.
—Bueno tomate…
mejor callarnos ya,
porque a la señora sandía
la han tirado ya.
Ahora nos toca a nosotros,
pero no olvides esos recuerdos hermosos,
de días felices en campos llenos
de sol y humanidad.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA se sostiene sobre una alegoría sencilla y profundamente humana.Bajo el disfraz de un diálogo campesino entre dos hortalizas, late una crítica lúcida al modelo de consumo moderno y a la pérdida de conexión con la tierra.
Tu voz poética transforma lo cotidiano —la huerta, los frutos, la conversación ingenua— en un espacio de reflexión sobre la ética y la autenticidad.
El tono es entrañable y popular, cercano al habla del pueblo que trabaja la tierra, lo cual dota al poema de veracidad emocional. Las expresiones coloquiales (“pa’ na”, “qué ya está bien”) acercan al lector a un mundo que aún conserva dignidad pese a su aparente humildad.En contraste con ese lenguaje sencillo, el trasfondo moral es profundo: la crítica al desprecio por lo “feo”, al valor económico impuesto sobre lo natural, y a la deshumanización del trabajo agrícola.
La estructura dialogada aporta dinamismo y teatralidad. A través del intercambio entre el tomate y la lechuga, se construye una escena que combina ternura, humor y denuncia.No hay dramatismo impostado, sino una tristeza resignada y sabia, propia de quien ha visto desaparecer los valores esenciales del campo y del alimento. Ese equilibrio entre ternura y desconsuelo es uno de los mayores logros del poema.
También destaca el cierre:
> “…no olvides esos recuerdos hermosos,
de días felices en campos llenos
de sol y humanidad.”
Aquí se condensa la esperanza. Pese a la pérdida, permanece viva la memoria de un mundo más justo y humano. Es un final de luz, coherente con tu sensibilidad poética, que siempre rescata lo noble del dolor.
En suma, EL TOMATE LE DIJO A LA LECHUGA es una fábula moderna, una poesía de conciencia ecológica y ética, donde el humor rural se entrelaza con una mirada crítica sobre la sociedad de consumo. Su fuerza radica en la sinceridad del lenguaje y en el amor implícito por la tierra y sus frutos. -

NADA
Introducción al poema:
Este poema se adentra en la hondura de la calma interior, en ese instante en el que la mente deja de buscar y simplemente es.
A través de imágenes sensoriales y naturales, el texto evoca una unión entre la serenidad del alma y la grandeza de lo simple.
María logra que el vacío —lo que ella llama nada— se convierta en una plenitud luminosa.
En su aparente silencio, la nada se muestra como el refugio donde el alma respira y se reconoce.
NADA
La noche la sorprendió
con un pensamiento grabado,
con golpes al son
de viejos compases
de músicas imaginadas.
La sensación era placentera,
como mecerse sobre una hamaca
con la mirada fija
en las estrellas,
como sentir la brisa suave
en una noche de verano,
acariciando sin pudor
las fibras de su ser
con claridades eternas.
Sintió que moraba en un lugar
donde los sueños se alcanzan,
donde las cosas pasan
con sólo sentirlas, soñarlas,
porque nada es imposible
cuando la claridad es el alma.
Claridad,
esa que siempre acompaña,
cuando la única sensación
es el goce de sentir a solas
tus pensamientos en calma.
Cuando los sentires
te abrazan,
cuando existes
con sólo el deseo
del disfrute que te acompaña,
por la infinita generosidad
de una naturaleza perenne
sin pretensiones de nada,
sintiendo caricias en la piel
bajo estrellas soñadas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Nada es un poema de serenidad contemplativa, una plegaria silenciosa a la existencia despojada de artificio.
María ofrece un viaje interior donde la noche y la naturaleza se convierten en espejos del alma en paz.
La cadencia de los versos, especialmente en la segunda estrofa, evoca el movimiento oscilante de la hamaca, reforzando la sensación de sosiego.
El uso reiterado de palabras como claridad, alma, sentires o naturaleza sitúan el poema en una dimensión casi mística, donde el ser humano se funde con lo esencial y lo eterno. La paradoja final —ser sin ser nada— sintetiza la filosofía de la plenitud a través del desapego.
En conjunto, el poema respira madurez espiritual, calma y gratitud. Es una meditación poética sobre la libertad interior, sobre la belleza de existir sin pretensiones, en la pura compañía del pensamiento y la vida misma. -

EL RELOJ
Introducción al poema «EL RELOJ»:
En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.
El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.
Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.
El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.
Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.
EL RELOJ
Anda liada hasta las trancas,
sin parar para tomar aliento.
El dolor de espalda
la está matando a cada momento.
Mientras, el reloj la mira
con desafíos y retos,
con sus doce ojos
eternamente abiertos.
¡Sé valiente!
No mires cada dos por tres qué hora es,
¿no ves que tiene agujas afiladas
con mil formas de aparecer?
Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
a las diez y diez,
su risa es un reclamo
para decirte
que aún faltan horas para atardecer.
Pero, ¿cómo es esto?
¡Hay relojes a cada paso!
¡Cuelgan de brazos, paredes,
móviles, iglesias… de todos lados!
¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!
Al caer la noche,
bajo cien llaves
encierra las horas
de control horario.
Entra en el coche,
mete la llave para arrancarlo,
¡de pronto otro reloj aparece!
Sin palabras,
levanta su mano y hace una peineta;
nace de golpe,
de su dedo corazón,
con brío y descaro:
¡que te den!
¡Ahora mando yo,
es mi escenario!
Ni me repliques,
que soy capaz de irme andando.
Retira la cortina
de la ducha, despacio,
sintiendo con antelación
el disfrute tan deseado.
El agua se desliza con mil caricias
sobre su cuerpo cansado,
invadiendo sin remilgos
su espalda, su cuello,
resbalando por toda su piel
con sentires del éxtasis soñado.
Se seca al compás del silencio
para disfrutar el lujo
de sólo oír el flujo
de su respirar lento y pausado.
¡Ya está!
Mañana será el día.
Lo miraré con valentía y descaro:
“¡Hoy marco yo los momentos!
Aunque te deje dar las horas
que llevas colgadas de tu careto.”
El reloj se dio cuenta
de que salió la jabata
que ella llevaba dentro.
Las horas las marcaría
con cuidado y esmero,
para no despertar
a la fiera en ningún momento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
1. Voz poética y tono:
El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.
2. Lenguaje y estilo:
El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.
3. Estructura y ritmo:
El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:
Empieza con la rutina agobiante.
Luego surge la rebeldía.
Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.
Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.
4. Simbolismo y significado:
El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.
5. Valor poético:
Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde. -

PENSAR Y PENSAR
Introducción al poema «PENSAR Y PENSAR»:
En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.
Reflexión de la autora
Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.
Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…
Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.
Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.
PENSAR Y PENSAR
¡Se yergue sobresaltada,
como torre de catedral!
No sabe dónde está
ni qué hora es.
Por las rendijas de la ventana
se cuela una luz tenue,
alcanzando el extremo más alejado
de lo que parece un sofá.
Por fin reconoce el escenario:
es su sala de estar,
con dosis elevadas de efluvios
que aún danzan al son de viejas canciones,
de vasos con restos de saciedad.
Sólo se había sentado cinco minutos,
para dejarse llevar
por ese letargo amigo
que reconocía su cuerpo,
que se alojaba en su mente
para mecer la nada,
para vaciar el pensar.
¡Ay, vacío!
¡Cuán necesito sentirte!,
cuánto valor tu compás
en la inexistencia de mi pensar.
¡Pensares míos!,
dejadme macerar el olvido,
dejadme vivir el vacío,
¡dejadme vivir en la paz!
¡Loco pensar!,
por renaceres nuevos
que invadan mis vacíos,
que vuelvan a llenar,
una y otra vez,
mi soledad.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:
PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.
Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.
El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.
Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.
En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.
Valoración final
PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.
Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
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SANGRE DERRAMADA
Introducción al poema:
“Sangre derramada” es un poema de alta dureza emocional que se sumerge en el dolor de la maternidad truncada y en la injusticia que arrebata la vida antes de florecer. La voz poética transmite la angustia de una mujer que, encarcelada tanto física como simbólicamente, carga con la ausencia de un hijo perdido, sin poder ofrecerle ni siquiera el reposo de una tumba real. El texto se convierte en un lamento por las vidas inocentes que la violencia o la represión silencian, y a la vez, en un grito contra la deshumanización y la injusticia.
SANGRE DERRAMADA
Ella abrazó su vientre
sabiendo que vivía,
sabiendo que la sentencia
merodeaba escondida
como alma maldita.
Mecía los ojos del alma
el nacer de aquella vida,
que sólo clamaba
por el abrigo de un abrazo,
de nanas inventadas.
Siente el latir
de un pequeño corazón
dentro de sus entrañas.
¡Ay, mujer!
Llora tu dolor
en esa celda encerrada.
No hay llaves que liberen
el infinito camino que trazas,
que atrapará tu vida
hasta tu última madrugada.
Sabes que siempre vivirás
sintiendo que meces la nada,
que tus brazos abarcarán
el sueño de pañales
y falsas mortajas.
No tienes dónde honrar
tu trozo de vida robada;
todo fue destruido,
sin rastro de esa vida alumbrada.
Eres tú, esa madre olvidada,
desaparecida sin voz ni palabras,
sin poder decir frente a tu hijo parido:
“Eres el horizonte de mis mañanas”.
No hay lágrimas que verter
sobre una tumba inventada.
No quedan esperanzas
cuando cuerpos inocentes
reposan sin vida
sobre tierras encharcadas
con su propia sangre derramada.
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica breve independiente:
El poema logra conmover profundamente, pues la imagen de la maternidad rota, atravesada por la violencia y el olvido, se presenta con fuerza lírica y carga simbólica. El ritmo está bien marcado en su cadencia de lamento y plegaria. Destaca la tensión entre lo íntimo (el vientre, el abrazo, los pañales) y lo universal (la sangre derramada como símbolo de todas las vidas inocentes truncadas).
la fuerza de los versos finales, tienen un cierre estremecedor. -

LAS IMAGENES PUEDEN HERIR SU SENSIBILIDAD
Introducción al poema:
Este poema nace del impacto emocional de presenciar, aunque sea a través de una pantalla, el horror de la guerra y la violencia. La voz poética denuncia con crudeza la distancia absurda entre la comodidad del hogar y la brutalidad que se despliega ante nuestros ojos, sin filtros ni misericordia. “Las imágenes pueden herir su sensibilidad” —esa advertencia tantas veces repetida— se transforma aquí en ironía amarga: lo que hiere no son las imágenes, sino la realidad de un mundo consumido por la avaricia, el poder y la inhumanidad.
Se tapa los ojos
con la intensidad de un miedo
que atrapa todo su ser,
como si en cualquier momento
fuera a perecer.
LAS IMÁGENES PUEDEN HERIR SU SENSIBILIDAD
Se esconde tras sus brazos
sin poder entender nada
de lo que no quiere ver.
¡Dios mío, esa barbarie
de cuerpos destrozados!
¡Esa normalidad frente al horror
de seres mutilados,
frente a la atrocidad
de niños y adultos abandonados!
Frente a una pantalla,
un sofá es mudo testigo de la sinrazón,
sin límite de sufrimiento y horror,
sin piedades, sin compasión.
"Las imágenes pueden herir su sensibilidad..."
¡No, las imágenes no hieren!,
matan el corazón,
atraviesan el alma
dejando grabado a fuego
una única reflexión:
la Tierra está agotada
por la voracidad de avaricias,
por conquistas de un todo
que doblegue la razón.
Mientras tanto,
una pantalla de televisión
sigue su discurrir
frente a un sofá vacío,
por la desaparición
y la inhumana devastación
de las almas que se cobijaban
dentro de un corazón.
Estas imágenes deben herir su corazón...
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica breve
Es un poema directo, valiente, que no se oculta tras metáforas suaves: muestra el horror tal como lo percibe el alma sensible de quien lo contempla. Tiene fuerza en su denuncia y honestidad en su sentir.
Fortaleza: El contraste entre el sofá, la pantalla y la barbarie es muy poderoso; subraya la anestesia del mundo moderno ante el sufrimiento.
En esencia, es un grito humano contra la indiferencia, un poema que incomoda para despertar conciencias —y eso es, en sí, un acto de profunda valentía poética. -

VEN
Introducción al poema VEN:
Este poema, escrito hace dos décadas, es un canto íntimo al amor sin temores, a ese deseo de construir un refugio común donde el cuerpo y el alma se entrelazan sin medida. En sus versos vive la urgencia tierna de dos corazones que no se buscan, sino que se encuentran. El poema nace desde el anhelo, pero se ancla en la certeza de lo vivido. Es un testimonio de una plenitud amorosa que deja de ser sueño para convertirse en realidad encarnada.
VEN
Ven aquí.
Construyamos juntos
un lugar donde amarnos,
un amarnos con besos desbocados,
con la nobleza de sentirnos únicos, pegados.
Pegados sin remedio,
simplemente abrazados
en un lugar sereno,
en ese lugar deseado,
tejido con latidos
de dos corazones atados.
Quiero retener tu olor,
tu aliento, tus manos;
manos que me acarician
sin temor al desnudo, al fracaso.
Porque amar es mucho más
que lo esperado.
Porque amar es atesorar,
dentro de mi alma, tus abrazos.
El laberinto de tu piel,
mil veces superado,
porque es el único camino
que tú y yo anhelamos.
Ya no tengo que imaginarte,
ya no necesito soñarlo,
porque la realidad de mis días
supera lo imaginado,
cuando ni siquiera existías.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria del poema:
El poema VEN se sostiene sobre la fuerza del imperativo amoroso. Desde el primer verso, el llamado “Ven aquí” establece el tono íntimo y urgente que atraviesa todo el texto. La voz poética no solo invoca la presencia del otro, sino que la transforma en un espacio compartido: un lugar de entrega, refugio y plenitud.
La estructura del poema avanza desde el anhelo (“construyamos juntos un lugar donde amarnos”) hacia la certeza de la unión (“ya no tengo que imaginarte, ya no necesito soñarlo”), mostrando una evolución natural del deseo a la realización. Este tránsito le da profundidad emocional y narrativa, como si el poema fuese un viaje desde el sueño hasta la vivencia concreta.
En el plano estilístico, destaca el uso reiterado de palabras ligadas al contacto físico —“besos”, “abrazos”, “piel”, “manos”— que no son meros elementos eróticos, sino símbolos de unión y pertenencia. La corporalidad se convierte aquí en metáfora del arraigo del amor verdadero, donde lo físico y lo espiritual se funden sin miedo al fracaso.
La cadencia, construida con versos breves y un tono confesional, le otorga al poema musicalidad y cercanía. A su vez, la repetición de expresiones como “porque amar” intensifica la idea de definición, como si el yo poético buscara fijar por escrito una verdad universal del amor.
En conjunto, VEN es un poema de amor en estado puro: honesto, sin artificios, vibrante en su intimidad. Su mayor valor reside en la capacidad de transmitir la emoción sin ambages, logrando que el lector participe de la intensidad del sentimiento que lo inspiró. -

¿LA SONRISA DE MONA LISA?
En la imagen: Francesco del Giocondo, marido de Lisa Gherardini (Mona Lisa).
Introducción al poema:
Desde tiempos remotos, el arte ha servido para inmortalizar rostros, pero pocas veces ha conseguido detener el alma. La Mona Lisa, esa figura enigmática que ha cruzado siglos envuelta en misterio, ha sido mirada millones de veces, pero rara vez ha sido escuchada.
Este poema nace del deseo de asomarse al interior de esa mujer que, durante siglos, ha sostenido una sonrisa entre la duda y la resignación. No como musa lejana, sino como ser humano que existió, que vivió dentro de un cuerpo y bajo unas normas que no eligió. Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, posa sin saber que será parte de una eternidad diseñada por un genio que la convirtió en secreto, en símbolo y en espejo.
En estos versos no se busca desentrañar el enigma del cuadro, sino ofrecerle una voz a quien nunca tuvo palabra. Aquí, la Mona Lisa no es solo el resultado de una genialidad artística, sino una mujer consciente de su tiempo, que sospecha del suyo y presiente el nuestro.
Esta es una mirada desde el alma a otra alma.
Reflexión de la autora:
Cuando escribí este poema sentí que me adentraba en un viaje silencioso, como si hubiese cruzado el umbral del taller de Leonardo. Me encontré frente a Lisa Gherardini no como espectadora del cuadro más famoso del mundo, sino como mujer que percibe en ella la carga de un destino impuesto, la fragilidad de un gesto y la profundidad de unos ojos que han sobrevivido a los siglos.
No me interesaba tanto la belleza de la pintura como el secreto que encierra: esa sonrisa ambigua que no termina de desvelarse, como tantas veces nos ocurre en la vida cuando debemos mostrar un rostro distinto al que realmente sentimos.
Al darle voz en mis versos, quise rescatar a la mujer detrás del mito, a la esposa, a la hija de su tiempo, quizá prisionera de un matrimonio concertado, pero inmortalizada con una libertad que ni su esposo ni su época pudieron arrebatarle.
Para mí, la Gioconda es un espejo universal: cada mirada encuentra en ella su propio enigma, del mismo modo que cada ser humano guarda sonrisas que esconden sombras, dudas y verdades no dichas. Escribir este poema fue mi forma de escuchar su silencio y darle palabras a ese gesto eterno.
POEMA
¿LA SONRISA DE MONA LISA?
El óleo se hace dueño,
dentro de una tabla pequeña,
con bocetos previos al retrato.
El fondo desaparece
entre ocres, grises y verdes negros difuminados.
Ella se sienta erguida
para posar casi en secreto,
atusando las mangas del vestido
para cubrir la redondez de sus brazos,
que dejan a la vista unas manos
con dedos vacíos de promesas o regalos,
sabiéndose esposa de un comerciante
florentino adinerado.
No sabe si sonreír o mostrar enfado,
no es su mejor pose
ante el gran maestro Leonardo.
Dicen de él que es un loco imaginario,
un ser con secretos de submundos
seccionados e inventados.
La Gioconda se remueve inquieta,
intuye que su lienzo vivirá
renaceres cargados de sombras,
de grandes cambios,
temiendo épocas de oscuridades
ocultas tras gruesos mantos.
Sonreía con disimulo para el retrato,
no fuera que sus ojos se viesen casi cerrados
por la presión de la comisura de sus labios.
Mona Lisa quedó retratada,
sin la intención de Leonardo
de ser entregada como un cuadro;
la custodiaría de por vida,
sabiéndose parte de ese escenario
en el que pintó secretos aún no revelados.
En el museo,
las miradas atestan el espacio
atentas a cada centímetro del cuadro,
descubriendo la mágica imagen
de la sonrisa y unos ojos abrumados
por la carga de su enlace
con Francesco del Giocondo,
comerciante adinerado,
dueño de su vida
pero no de su retrato.
CRITICA Y ANÁLISIS SIMBÓLICO
1. La sonrisa como símbolo:
La sonrisa de la Gioconda ha sido interpretada durante siglos como misterio, seducción o ironía. En tu poema, adquiere un sentido ambiguo y social: no expresa alegría auténtica, sino la tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta.
“No sabe si sonreír o mostrar enfado” → refleja la dualidad entre sumisión y resistencia.
La sonrisa es máscara y encierro: un gesto impuesto que oculta emociones reales.
2. La condición femenina:
La Gioconda no aparece como musa idealizada, sino como mujer condicionada por su época.
“dedos vacíos de promesas o regalos” alude a la falta de autonomía y a un matrimonio de conveniencia.
“dueño de su vida, pero no de su retrato” encierra una crítica poderosa: aunque su esposo controla su destino, Leonardo la inmortaliza libre, trascendiendo la posesión.
Aquí el poema denuncia la invisibilidad histórica de las mujeres, al tiempo que rescata su permanencia en la memoria a través del arte.
3. Leonardo como creador y guardián:
El pintor aparece como un ser complejo, casi mítico.
“loco imaginario… con secretos de submundos” → simboliza la genialidad que roza la locura.
Al no entregar el cuadro, convierte a la Gioconda en su secreto eterno.
Leonardo es aquí el mediador entre la vida efímera y la eternidad del arte.
4. El cuadro como metáfora de la historia:
El lienzo trasciende el tiempo.
“renaceres cargados de sombras, de grandes cambios” → anticipa épocas de oscuridad y transformación.
En el museo, la multitud busca descifrar lo indescifrable, lo que convierte a la Gioconda en espejo universal de la humanidad: cada mirada proyecta en ella sus propios enigmas.
LECTURA EXISTENCIAL
El poema nos invita a reflexionar sobre tres planos de la existencia:
1. La vida individual: una mujer atrapada en un rol social y matrimonial, cuyo rostro transmite más de lo que su vida le permitió vivir.
2. La creación artística: el poder del arte de rescatar del olvido lo íntimo y lo silenciado, convirtiéndolo en símbolo eterno.
3. La mirada colectiva: cada espectador busca en la sonrisa un sentido distinto, como si el cuadro fuera un espejo de nuestras propias dudas existenciales.
En suma, la sonrisa de Mona Lisa es metáfora de la ambigüedad humana: aquello que nunca terminamos de descifrar en los demás ni en nosotros mismos.
Conclusión: Tu poema va más allá de la descripción artística. Se convierte en un diálogo entre arte, historia y condición humana. La Gioconda deja de ser solo un cuadro y se transforma en símbolo de lo oculto, de lo que sobrevive al tiempo y de la contradicción entre apariencia y verdad.
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