Reflexión de la autora:
El poema «ÉCHAME UN CABLE» es una reflexión sobre la dualidad de lo cotidiano.
Tomé un objeto aparentemente frío y común —un cable— y lo transformé en un puente de emociones, tanto humanas como naturales, en un contraste entre la fealdad percibida y la vida que alberga.
El poema invita a mirar con otros ojos lo que nos rodea, a descubrir belleza donde solemos ver sólo lo práctico. La imagen de las aves posándose y retomando su vuelo, como si el cable fuera un punto de descanso en su viaje.
La fotografía que hice, me recuerda que la vida está llena de submundos esperando ser vistos.
El título del poema, en España, es una expresión popular; "échame un cable" significa pedir ayuda o solicitar que te saquen de un apuro o de una situación difícil.
María Bueno.
ÉCHAME UN CABLE
La línea larga del cable se curva,
salvando distancias
entre las casas de vecinos.
Hasta una pantalla
llega el flujo mágico
de risas, llantos
y noticias en vivo.
Los anuncios parecen
grandes producciones
proyectadas en pantallas
de cinemas desaparecidos.
Esos cables llevan
divertimento, lágrimas,
miedos, noticias,
de lugares lejanos,
de sitios escondidos.
Nos acompañan
desde las primeras horas del día,
de la tarde, en la cena,
y hasta nos mecen
las noches de vacío.
¡Pero qué curioso!
Hoy miré esos cables
con otros ojos,
viendo algo más
que la fealdad que muestran
en calles, plazas y senderos
que atraviesan campos
y montes de verdes olivos.
¡Algo llamó mi atención!
Primero se posó uno,
después se acercó otro,
y en escasos minutos
llegó un pequeño grupo de aves
volando por mi camino,
inundándolo con aleteos
de juegos escondidos.
Se acomodaron
sobre los cables,
formando una imagen
llena de vida
y pequeños sonidos.
Con sus diminutas alas
de colores vivos,
tomaban aliento
para seguir su destino.
Qué hermoso puede ser
un simple cable torcido,
entre calles y plazas,
con pequeños seres
que, con sus cantos,
agradecen que les echemos un cable para descansar,
para tomar un respiro.
Submundos que no se ven
porque no miramos con mimo.
Deja que tus ojos se acerquen
a los pequeños detalles
que, cada día,
dan vida a tu recorrido.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Tu poema ÉCHAME UN CABLE es una muestra clara de tu capacidad para descubrir belleza en lo cotidiano y para transformar un elemento simple —un cable torcido, visto mil veces— en un símbolo cargado de vida y significado.
La mirada poética que propones no sólo observa, sino que revela: aquello que suele considerarse feo o accesorio se convierte, bajo tu enfoque, en un escenario donde ocurre lo esencial.
1. Temática y enfoque.
El poema se mueve entre dos planos:
El plano tecnológico y humano, donde los cables llevan risas, noticias, miedos, compañía… un reflejo de nuestra vida moderna.
El plano natural y espontáneo, donde ese mismo cable sirve de refugio y descanso a pequeñas aves que viajan siguiendo sus rutas ancestrales.
2. La revelación poética.
Hay un momento clave en el poema —“¡Pero qué curioso!”— que actúa como eje.
Es el instante de epifanía, cuando la mirada cambia, cuando dejas de ver un objeto funcional y aparece la belleza escondida. Ese giro es muy efectivo, porque rompe la lógica inicial y abre la puerta a la poesía.
3. Imágenes y musicalidad.
Las imágenes que construyes son claras y muy visuales. Describen acciones y escenas que cualquiera puede recordar haber visto, pero que rara vez se detiene a contemplar.
4. La metáfora central.
El título oculto en los versos —“échame un cable”— funciona de manera preciosa.
Primero aparece como una expresión cotidiana, y luego adquiere un significado literal y afectivo: tú le echas un cable a la naturaleza simplemente dejándola ser; y la naturaleza te echa un cable a ti devolviéndote vida, color, compañía, sentido.
Es un hallazgo poético lleno de calidez y cercanía.
5. El mensaje final.
El cierre del poema es especialmente luminoso:
“Submundos que no se ven
porque no miramos con mimo.”
Esa invitación a mirar despacio, a ver los pequeños mundos que viven dentro del nuestro, es profundamente coherente con tu poética general: una poética que cree en el valor de lo pequeño, lo frágil, lo cotidiano, lo vivo.
Categoría: Poemas
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ÉCHAME UN CABLE
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TU AUSENCIA ES MI VACÍO
Introducción al poema:
Este poema es un grito íntimo nacido desde la herida más profunda: la pérdida irreversible de un ser amado. La voz poética nos conduce a través de un viaje emocional donde el amor, la desesperanza, el dolor y la impotencia se entrelazan en un diálogo que es, a la vez, súplica y despedida. El texto revela la lucha interna entre el deseo de sostener al otro y la realidad inquebrantable de su partida. Es una confesión directa, sin adornos innecesarios, que se convierte en un espejo de la fragilidad humana frente a la muerte y la ausencia.
TU AUSENCIA ES MI VACÍO
¿Qué sientes?
Háblame...
¿La tierra te debe algo?
¿Qué quieres?
No sé qué está pasando.
Estoy hundida,
mis propias palabras me hieren,
sufro con desmesura
de un vacío anunciado.
El miedo, mi fragilidad,
son un canto ahogado.
Siento que nos amamos,
que la tierra nos cobija
en su regazo.
Siento que tu vacío
es mi calvario,
que tu morir de cada día
es mi propio fracaso.
¿Qué quieres de mí?
¿Llenar las ausencias del sin sentir?
Me estoy hundiendo,
estoy en las profundidades de negruras,
de sentires que apuñalan lo soñado.
No hay más.
Sólo me quedan mis silencios,
para romper tu miedo,
mi soledad en el vivir
de cada uno de tus momentos.
La tristeza de tu alma
grita tu nombre,
siguiendo tus pasos
camino del hoyo oscuro,
que te atrapa sin reparos,
para alimentar a la bestia
que siempre te está esperando.
La profundidad de tus pesares
no toca fondo,
por ese eterno letargo
que te aleja de la vida
sin ver que estoy llorando.
Veo tus lágrimas
desde el negro sentimiento amargo
que devora mis entrañas,
que me está matando.
Veo tu llanto,
siento ese sufrir
que no necesitan decir tus labios,
porque tus ojos expresan
el vacío de mis abrazos.
Y un día cualquiera,
la tierra se cerró sobre ti.
Se hundió contigo en sus garras,
llevándote al infinito,
enterrando tu rostro amado,
ahogando tu sonrisa,
tu mirar de soslayo,
mientras siento la herida
de la ausencia de tus manos.
Te abracé hasta el último instante,
mientras sentía el desgarro en mi alma,
el llanto desbocado,
sabiéndome perdida
entre el último de tus abrazos.
Sintiendo el dolor en mis entrañas,
sabiendo que mi alma carga el lamento
del vacío de tu mirar,
de tus caricias inocentes,
de tus palabras en los amaneceres,
del cobijo de mis llantos.
Tu ausencia es mi vacío,
mi eterno quebranto.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria
"Tu ausencia es mi vacío" destaca por su carga emocional intensa y su tono confesional. El poema mantiene un pulso narrativo que avanza desde el desconcierto inicial hasta la aceptación dolorosa de la pérdida. La estructura libre y la repetición de preguntas retóricas ("¿Qué sientes?", "¿Qué quieres?") generan cercanía y urgencia, como si el lector asistiera a un diálogo real que se quiebra ante el silencio de la muerte.
La fortaleza del texto radica en la capacidad de transmitir sensaciones viscerales: el hundimiento, la negrura, el vacío. Hay imágenes poderosas, como "la tierra se cerró sobre ti" o "alimentar a la bestia que siempre te está esperando", que aportan dramatismo y simbolismo.
A nivel formal, la fragmentación en estrofas cortas refuerza el ritmo quebrado propio del duelo, mientras que el cierre, con la declaración lapidaria "Tu ausencia es mi vacío, mi eterno quebranto", condensa el sentimiento central y deja una huella contundente.
Es un poema que no busca ser complaciente, sino verdadero; y en su verdad, encuentra la belleza y la fuerza. -

VOLVORETA.
Introducción:
Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.
VOLVORETA
Se irguió con lentitud
al levantarse en la «madrugá»,
para comerse el día a «bocaos»,
con ferocidad.
Los temores que la amenazaban
serían casi imposibles de frenar.
¡Fájate bien, que tu espalda
no se doble ante la adversidad!
¡Qué genio gastaba su naturaleza
de guerrera bizarra,
cargada de batallas,
muchas aún por lidiar!
Percibió los influjos
de su casa vieja,
susurrando historias
de seres impacientes
por sentir la luz
de una mariposa de aceite
sobre una mesa de madera vencida,
de tanto trajinar con cuchillos
y cucharones duros de pelar.
Sentía el burbujeo de olivas
macerándose en una gran tinaja,
acurrucadas sobre romero verde,
laureles, ajos y su sal.
Arrancó un buen trozo de pan
con el que «pringar»
la delicia de su contenido,
emanando olores
que la hacían salivar.
Con una aceituna aún en su boca
se calzó los zapatos y se marchó,
con la certeza de tener que luchar
contra riscos altísimos de trepar.
Al final del duro día
alcanzó la cima;
sintió que la presión desaparecía,
que la noche volvía.
Dejó su coraza en el camino
y sus temores
hasta el próximo amanecer.
¡Ay, noche!, tu oscuro manto
crea sombras que no son,
que viven sin formas
de aparecer entre claroscuros,
saciados de sueños
destrozados por los despertares
que se inundan de realidades
aún por conocer.
Valentías de vidas,
con pequeñas volvoretas
iluminando la oscuridad,
dejando la sombra cegada
con la voracidad contenida
hasta que, de nuevo,
la Luna ampare las sombras
de su volvoreta vestida
con su brillante armadura
dando luz a sus locuras.
Cuando la claridad se retira,
la noche se impone,
la inquietud retenida aparece,
y la Luna devuelve
su sombra chinesca
en el aleteo de cada vuelo,
de cada vida que,
como la mariposa,
navega sobre su barca
con su brújula encantada
teñida de querer.
Tras vencer la noche,
tras mecer los sueños,
el día conquista
la luz de una pequeña llama,
quedando prisionera
bajo el imperio del alba,
con toda su fuerza,
su poder.
Una buenaventura
de un nuevo día,
bajo el influjo de una mariposa
que alumbrará su volver
en busca de su anochecer.
Nota de la autora:
Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica del poema:
VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.
La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.
Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez.
Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.
Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas. -

TODO ES VIDA
Introducción al poema:
Este poema se sumerge en la contemplación serena de un atardecer cotidiano, donde lo sencillo se convierte en trascendente. La narradora, sentada en un banco envejecido, transita entre la quietud del sopor y la vibrante irrupción de la vida alrededor: niños jugando, voces diversas, aromas, sonidos y colores que se entrelazan en una sinfonía humana. La escena se convierte en un canto a la memoria viva de los espacios comunes, esos rincones que son testigos del paso del tiempo y de la persistencia de la humanidad compartida.
TODO ES VIDA
Sentada en un banco envejecido
por el paso del tiempo,
siente el crujir de la madera vencida,
el olor intenso a azahar,
los naranjos ofrecen sus copas frondosas
bajo las que dormitar.
La languidez va alcanzando
la totalidad de su mente,
dejándola casi ausente del pensar.
La cabeza se va ladeando
muy poquito a poco,
sin notar que va perdiendo la consciencia,
que sus ojos se cierran y se deja llevar.
Su cuerpo se abandona
ante el sopor del atardecer,
la brisa juega entre hojas de naranjos
para silbar compases previos al anochecer.
Voces infantiles la despiertan,
y el zumbar de una cuerda
que da vueltas sin parar,
alentando la algarabía
de los chiquillos que saltan
uno tras otro, en una cola sin final.
Un hombre vocea las delicias
de unos barquillos de galleta crujiente,
con toques de caramelo
que deshacen de regusto el paladar.
La mezcla de voces con acentos distintos,
de gente procedente de otros lugares,
de vestimentas de mil formas y colores,
de momentos de vida
con esencia de humanidad.
¡Ay atardecer,
que das alas al anochecer,
para que la vida pueda soñar!
Se levanta con parsimonia,
camina hacia su hogar,
a través de una plaza llena de vida,
a la que cada atardecer volverá,
para sentarse en su banco desvencijado
donde se dejará llevar,
entre aromas y caricias de brisa fresca,
junto a rayuelas, canicas,
y seres cargados de humanidad.
Reflexión de la autora sobre TODO ES VIDA.
Escribí este poema pensando en la fuerza que tienen los pequeños instantes cuando nos detenemos a mirarlos. Un banco viejo, el olor de los naranjos, el bullicio de niños jugando, voces de distintos lugares…
Todo ello compone una escena sencilla, pero a la vez profundamente humana.
Creo que, a veces, olvidamos que la vida está en esos detalles, en las plazas que acogen encuentros, en las tardes que parecen repetirse pero nunca son iguales, en la diversidad de rostros y acentos que nos recuerdan que no estamos solos.
Quise mostrar cómo lo cotidiano puede ser un refugio de sentido: un espacio donde el tiempo no sólo pasa, sino que nos regala la certeza de que seguimos perteneciendo al mundo.
Crítica literaria del poema:
TODO ES VIDA destaca por su delicada capacidad de observación sensorial: el olor a azahar, el crujir de la madera, la brisa, las voces infantiles y la algarabía colectiva crean una atmósfera rica y envolvente. El poema oscila entre la intimidad individual —la mujer que se deja llevar por el atardecer— y la plenitud comunitaria —la plaza llena de voces, juegos y humanidad—.
La estructura, con versos narrativos que fluyen sin rigidez métrica, favorece el tono evocador y contemplativo. Se aprecia una progresión clara: del reposo al ensueño, del sueño a la irrupción de la vida, y de ahí al retorno a la plaza como espacio simbólico de pertenencia y memoria.
El final, con la imagen del banco desvencijado al que la protagonista vuelve cada tarde, otorga circularidad y refuerza la idea de que la vida se sostiene en los pequeños rituales cotidianos.
El poema transmite esperanza y pertenencia, con un acento especial en la diversidad cultural como riqueza compartida.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

PENSAR Y PENSAR
Introducción al poema:
En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.
Reflexión de la autora
Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.
Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…
Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.
Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.
PENSAR Y PENSAR
¡Se yergue sobresaltada,
como torre de catedral!
No sabe dónde está
ni qué hora es.
Por las rendijas de la ventana
se cuela una luz tenue,
alcanzando el rincón extremo más alejado
de lo que parece un sofá.
Por fin reconoce el escenario:
es su sala de estar,
con dosis elevadas de efluvios
que aún danzan al son de viejas canciones,
de vasos con restos de saciedad.
Sólo se había sentado, agotada, cinco minutos,
para dejarse llevar
por ese letargo amigo
que reconocía su cuerpo,
que se alojaba en su mente
para mecer la nada,
para vaciar el pensar.
¡Ay, vacío!
¡Cuán necesito sentirte!,
cuánto valor tu compás
en la inexistencia de mi pensar.
¡Pensares míos!,
dejadme macerar el olvido,
dejadme vivir el vacío,
¡dejadme vivir en la paz!
¡Loco pensar!,
por renaceres nuevos
que invadan mis vacíos,
que vuelvan a llenar,
una y otra vez,
mi soledad.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:
PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.
Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.
El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.
Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.
En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.
Valoración final
PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.
Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso. -

EL MANTEL
Introducción al poema:
El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.EL MANTEL
El cajón abierto deja asomar
los hilos desgastados
de un viejo mantel en desuso,
a la sombra de recuerdos
de una mesa llena de sueños,
de amores y quebrantos:
¡Se oyen los pasos!
¡Llegan en tropel!
Para la comida del domingo deseado.
Ahora toca recibir a la vajilla
sobre el mantel blanco inmaculado.
Mil voces se unen para gritar
la alegría de un encuentro esperado,
el de cada domingo alrededor
de fuentes, platos y viandas
hechas a la lumbre del fogón,
que da fuelle al cocido
de garbanzos lechosos,
con una buena "pringá",
con su morcillo, su tocino,
su buena gallina vieja,
patatas tiernas, puerros y zanahorias
que revolotean y tropiezan
contra las paredes
de un puchero de barro,
desprendiendo olores
que llegan a todos los olfatos.
Sentados esperan "esmayaos"
a la olla que se va acercando,
con ceremoniosa marcha
desde la cocina
al centro de la mesa,
vestida con un impoluto
mantel de hilo blanco.
¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
Ya lo dicen todos:
¡Nada como la comida de un domingo
sobre un mantel bien planchado!
Cada vez que ese viejo mantel
cae en mis manos,
recuerdo con añoranza
las largas charlas de sobremesa
sobre penurias, fracasos
y retos alcanzados.
Y así devuelvo el viejo mantel
al cajón sin ser capaz de tirarlo,
porque los sentires que rememora
tejen con fuerza mi memoria
y mi vivir diario.
Un simple trozo de tela
que vive en un cajón
con un valor extraordinario.
©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica y análisis literario breve:
“El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.
El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.
La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales. -

MUCHO MÁS QUE YO
Introducción al poema:
Este poema habita la frontera entre lo tangible y lo invisible, allí donde la noche no es sólo oscuridad, sino presencia viva que respira soledad, memoria y misterio. En estos versos se entrelazan la bruma del pensamiento, la ausencia que grita sin voz y el peso de lo inabarcable.
Es un canto íntimo a lo que no se dice, a lo que solo pueden entender los ojos cerrados y el alma despierta.
MUCHO MÁS QUE YO
Sólo la oscuridad
es testigo de la soledad,
sólo ella puede sentir
el deseo del vacío negro.
Sólo el silencio puede hablar
como mudo compañero.
Sólo los ojos cerrados
pueden ver
aquello que esconde el aliento,
aquello que, sin ser,
muestra las mil caras del saber.
Miradas abiertas
despejan la noche cerrada;
entre cerros y jaral,
el verbo tropieza
con el grito ahogado
de las sombras siniestras.
Sólo la noche trae
aromas a brisas de sal,
a mares con danzas
envueltas en espumas blancas,
con sabor de inmensidad.
El aliento de muerte,
el renacimiento del dolor,
la inexistencia,
la desilusión,
letanías de la desaparición.
Todo es mucho,
mucho más que toda yo.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Reflexión de la autora:
Hay instantes en los que la oscuridad deja de ser un espacio vacío para convertirse en una presencia viva, casi sagrada.
En esa penumbra habitan los silencios que no hemos sabido traducir, las ausencias que duelen sin rostro, las verdades que no caben en la palabra.
Este poema nace de esa noche interior que todos cruzamos alguna vez, donde el alma se siente diminuta frente al peso de lo inabarcable.
Escribí estos versos desde un lugar muy íntimo, dejándome llevar por lo invisible, lo que no se toca pero se percibe. Me preguntaba si la soledad tiene lenguaje, si el dolor tiene aroma, si la desaparición —esa herida que no cicatriza— puede decirse sin pronunciarse.
Quizá la poesía es eso: la forma de nombrar lo innombrable, de abrazar lo que escapa a la razón.
Aquí, más que hablar, escuché. Escuché a la noche, a la ausencia, a ese “mucho más que toda yo” que a veces nos desborda. Porque hay sentires que no caben en un cuerpo, pero que necesitan ser dichos para no perdernos del todo.
El poema, MUCHO MÁS QUE YO, ha recibido un buen número de críticas, de las que publico un extracto porque creo que han captado el sentir de cada uno de los versos.
Gracias por dedicar un trocito de su tiempo en leer lo que escribo, desde el alma y la razón.
María Bueno.
CRÍTICA LITERARIA:
Este poema se mueve en las honduras del pensamiento existencial, abrazando una voz lírica íntima que reflexiona sobre el vacío, el conocimiento oculto y la experiencia de la desaparición.
La noche —símbolo de lo inconsciente, lo inabarcable y lo sagrado— se convierte en escenario y personaje: testigo de la soledad, guardiana de los silencios, reveladora de lo que no se ve con los ojos abiertos.
Desde el inicio, la anáfora con “Sólo...” establece una atmósfera de exclusividad, como si ciertos estados del alma sólo pudieran manifestarse en condiciones límite:
“Sólo la oscuridad es testigo de la soledad,
sólo ella puede sentir
el deseo del vacío negro.”
Este recurso crea un ritmo envolvente, meditativo, y dirige al lector hacia una interioridad poética profunda. El poema se vale de contraposiciones simbólicas —oscuridad/luz, silencio/verbo, ojos cerrados/mirada abierta— para representar tensiones humanas esenciales: lo que se oculta frente a lo que se revela, lo que se extingue frente a lo que nace en el dolor.
El lenguaje está cargado de una sensibilidad sensorial y metafísica. Expresiones como:
“el verbo tropieza
con el grito ahogado
de las sombras siniestras”
o
“espumas blancas,
con sabor de inmensidad”
nos transportan a un terreno en que el sonido, la imagen y el sabor se entrelazan para traducir emociones intensas, incluso abismales.
La última estrofa marca una ruptura emocional:
“Todo es mucho,
mucho más que toda yo.”
Aquí la voz poética se reconoce sobrepasada por lo vivido, por lo sentido y lo desaparecido. Esta afirmación final resignifica todo el poema anterior, dándole un giro ontológico: la existencia no se mide por el cuerpo o la identidad, sino por el peso de lo que no se puede abarcar con una sola vida.
Conclusión:
El poema es denso, simbólico y bello en su oscuridad.
Su fuerza reside en su capacidad de evocar sin nombrar directamente, en la tensión entre lo que se siente y lo que apenas se puede expresar.
Hay ecos de mística, de duelo y de filosofía existencial.
Es un texto maduro, introspectivo, fiel al estilo reflexivo y poético que caracteriza tu voz como autora.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

NADA
Introducción al poema:
Este poema se adentra en la hondura de la calma interior, en ese instante en el que la mente deja de buscar y simplemente es.
A través de imágenes sensoriales y naturales, el texto evoca una unión entre la serenidad del alma y la grandeza de lo simple.
María logra que el vacío —lo que ella llama nada— se convierta en una plenitud luminosa.
En su aparente silencio, la nada se muestra como el refugio donde el alma respira y se reconoce.
NADA
La noche la sorprendió
con un pensamiento grabado,
con golpes al son
de viejos compases
de músicas imaginadas.
La sensación era placentera,
como mecerse sobre una hamaca
con la mirada fija
en las estrellas,
como sentir la brisa suave
en una noche de verano,
acariciando sin pudor
las fibras de su ser
con claridades eternas.
Sintió que moraba en un lugar
donde los sueños se alcanzan,
donde las cosas pasan
con sólo sentirlas, soñarlas,
porque nada es imposible
cuando la claridad es el alma.
Claridad,
esa que siempre acompaña,
cuando la única sensación
es el goce de sentir a solas
tus pensamientos en calma.
Cuando los sentires
te abrazan,
cuando existes
con sólo el deseo
del disfrute que te acompaña,
por la infinita generosidad
de una naturaleza perenne
sin pretensiones de nada,
sintiendo caricias en la piel
bajo estrellas soñadas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Nada es un poema de serenidad contemplativa, una plegaria silenciosa a la existencia despojada de artificio.
María ofrece un viaje interior donde la noche y la naturaleza se convierten en espejos del alma en paz.
La cadencia de los versos, especialmente en la segunda estrofa, evoca el movimiento oscilante de la hamaca, reforzando la sensación de sosiego.
El uso reiterado de palabras como claridad, alma, sentires o naturaleza sitúan el poema en una dimensión casi mística, donde el ser humano se funde con lo esencial y lo eterno.
La paradoja final —ser sin ser nada— sintetiza la filosofía de la plenitud a través del desapego.
En conjunto, el poema respira madurez espiritual, calma y gratitud. Es una meditación poética sobre la libertad interior, sobre la belleza de existir sin pretensiones, en la pura compañía del pensamiento y la vida misma. -

MARAÑAS
Introducción al poema:
MARAÑAS retrata con lucidez y ternura la lucha diaria de quienes sostienen la tierra con sus manos.
El poema parte de la imagen rural
—el trabajo físico, el esfuerzo, el sudor y la maleza— para extenderse hacia una denuncia social más amplia.
En sus versos, las “marañas” dejan de ser simples hierbas del campo para convertirse en símbolo de las redes de poder y egoísmo que oprimen a los más humildes.
A través de un lenguaje sincero y visual, la autora nos invita a reflexionar sobre la dignidad del trabajo, la injusticia que lo rodea y la esperanza que, pese a todo, sigue brotando del corazón humano.
MARAÑAS
Con la soga en la cintura
tiran todos de la maraña,
con gestos contraídos
por el crujir de espaldas.
Viven el trajín
de una tierra invadida
por hilachos de brozas
y malezas olvidadas.
El sudor se adueña de sus ojos,
sin poder casi ver horizontes
de verdes esperanzas.
Sueñan con llegar
al final de la jornada,
un día más, quitando la maraña,
un día más para acabar la temporada,
que dio frutos conquistados
por voluntades hechas
a golpe de azada.
¡Maraña!
¡Inunda lo infértil de malas entrañas!,
esas que sostienen
el porvenir de miles de almas,
esas que, tras la puerta cerrada,
mercadean al alza
intereses propios,
alejados del campo,
de sus gentes
y tierras duramente trabajadas.
Esas que cada amanecer
luchan por cultivar tierras bravas.
No peligra el campo por la maleza,
ni por tierras desgastadas;
peligra porque los hilos gruesos
de madejas enmarañadas
hacen del vivir del jornalero
un calvario de cada madrugada.
Campos verdes,
verdes de esperanzas,
limpios de marañas.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
MARAÑAS, está cargado de madurez poética y compromiso ético.
La introducción de la estrofa “esas que, tras la puerta cerrada, mercadean al alza intereses propios” abre una lectura del poema muy real: la de un mundo desigual donde las decisiones de unos pocos determinan la vida de muchos.
Esa imagen contrasta con la primera parte, centrada en la faena del campo, creando un equilibrio entre lo tangible y lo simbólico.
El ritmo fluye de forma natural, sostenido por repeticiones suaves que dan sensación de cansancio y esfuerzo, en perfecta sintonía con el tema.
Las imágenes —“el crujir de espaldas”, “hilos gruesos de madejas enmarañadas”— son expresivas y honestas, sin artificios.
El cierre —“Campos verdes, verdes de esperanzas, limpios de marañas”— aporta una nota luminosa y reivindicativa: la utopía posible de un mundo sin trabas injustas, donde la vida pueda crecer libre.
En conjunto, el poema conjuga realismo, denuncia y esperanza, tres pilares esenciales de tu voz poética: humanista, solidaria y llena de verdad.
Es un texto poderoso y plenamente coherente con el espíritu de tu Antología Poética. -

VECINOS
Introducción al poema:
En un mundo donde a veces las distancias entre las personas parecen agrandarse, este poema rescata el valor de la cercanía, del respeto cotidiano, de la humanidad compartida entre quienes habitan un mismo espacio. VECINOS es un canto a la convivencia sencilla, al saludo diario que cobija, al calor humano que nace sin pedir nada a cambio. Una oda serena a la dignidad del otro, al vivir en comunidad, con la mirada puesta en lo esencial: la bondad y el respeto a cada vida.
VECINOS
Existencias de vidas
con un por qué,
con un sentir,
creyendo en la dignidad
de nuestros iguales,
percibiendo sus bondades,
respetando sus creencias,
sus gestos amables.
Vecinos de calles, de barrios,
de pueblos hermosos,
sembrados de humanidades.
Hermosos por sus gentes,
que tejen la vida sin maldades,
con la generosidad
de tender sus manos
en días cargados
de dificultades.
Paredes guardianas
de vidas y de pesares.
Y así la vida se va tejiendo
desde las bondades,
con pequeños gestos del día a día,
con esos "buenos días"
de aquella anciana,
que día tras día
salía con el bastón en su mano
y su sonrisa a modo de abrazo.
Vivir compartiendo
las aceras de caminos
de sus gentes,
sin malicias construidas.
Vecinos de paredes compartidas,
llenas de mil historias
que apuntalan los días.
Generosidades entrelazadas
a lo largo de la vida,
con el respeto infinito
de sabernos diferentes,
de diversidades constituidas.
Buenos días vecina,
que la vida te sonría.
© María Bueno, 2025 – Todos los
derechos reservados.
Crítica literaria:
VECINOS es un poema de mirada entrañable y profundamente ética. Desde su sencillez expresiva, logra transmitir una filosofía de vida basada en el respeto, la empatía y la convivencia.
El texto no pretende adornarse con artificios formales, sino que busca la autenticidad del gesto cotidiano: ese saludo matutino, esa mano tendida que alivia los días difíciles, ese compartir silencioso que, sin palabras grandes, construye humanidad.
El ritmo pausado y los encabalgamientos suaves evocan el paso tranquilo de la vida en comunidad. Cada verso respira como una conversación, como si las palabras fueran dichas al calor del encuentro vecinal. Esa naturalidad convierte el poema en una suerte de homenaje a las raíces del convivir humano, donde lo pequeño —un saludo, una sonrisa, una presencia constante— se transforma en símbolo de grandeza moral.
Hay también una dimensión visual muy marcada: las “paredes guardianes”, las “aceras compartidas”, los “pueblos hermosos sembrados de humanidades” componen un paisaje emocional que mezcla lo físico con lo espiritual. Se percibe la intención de rescatar la belleza del entorno no por su arquitectura, sino por las personas que lo habitan.
En el cierre, la despedida “Buenos días, vecina, que la vida te sonría” resume la esencia del poema: la esperanza en una bondad sencilla, cotidiana, que dignifica la existencia.
Es un final luminoso que deja una sensación de ternura y reconciliación con el mundo.
En síntesis:
VECINOS celebra lo humano en su forma más pura. Es un poema de ternura civil y de ética cotidiana, donde la poesía se encarna en los gestos simples que sostienen la convivencia. Su tono cálido y su lenguaje cercano invitan al lector a mirar su entorno con gratitud y respeto.