Descripción:
Fotografía real del barco naufragado.
El instante captado muestra el momento en que la embarcación, ya escorada peligrosamente, era remolcada.
Las olas, en medio de una tempestad brutal con más de trece metros de altura, golpeaban sin tregua la estructura metálica mientras la carga desplazada en las bodegas agravaba el peligro del hundimiento.
Introducción al poema:
En El barco, María nos conduce a un episodio límite donde la vida y la muerte se entrelazan en un instante estremecedor.
Inspirado en una vivencia real, este poema autobiográfico se erige como testimonio de supervivencia y de pérdida.
La autora revive el naufragio tras releer los artículos de prensa de la época y tener sobre sus manos su cartilla de navegación como miembro de la tripulación.
Con la intensidad del recuerdo vivo: el estruendo, el miedo, la fuerza del mar y la huella del ser que se pierde en el abismo.
Más que una narración, es una confesión poética de lo que significa ser testigo del poder absoluto de la naturaleza y de la fragilidad humana ante ella.
En memoria del marinero que perdió la vida:
Aquel 5 de enero de 1983,
la mar desató su furia en la víspera de Reyes.
Entre gritos, golpes y oscuridad,
un barco se inclinó sobre sí mismo mientras las olas devoraban el horizonte.
De aquel día conservo mi Cartilla de Navegación y la imagen imborrable del rostro de un marinero que se lanzó al agua un instante antes que yo y desapareció bajo el casco del barco tragado por las olas.
Nunca más volví a saber de él.
Su recuerdo me acompaña
como un faro silencioso
que me aleja de la mar.
Durante muchos años guardé el miedo y el temblor en silencio.
Hoy, al mirar la fotografía del barco, sé que he podido volver a la superficie.
Y desde allí, poder contar mi historia.
(Basado en hechos reales. Poema autobiográfico. La imagen corresponde al barco naufragado.)
EL BARCO
Había que llevar la carga
que las bodegas del barco guardaban,
cruzando el Estrecho de Hércules,
con olas que amenazaban.
A la mitad del día,
mi cuerpo reposaba
sobre una cama pequeña
que mi descanso acunaba,
entre paredes de madera
que el camarote abrigaba.
—¿Qué es ese estruendo?—
¡Mi cuerpo cae ferozmente!
El suelo se tornó pared
y la pared, mi cama.
La mole del barco cayó
sobre aguas rabiosas y heladas.
Las olas tomaron alturas
que empequeñecían montañas.
¡Corre! ¡Sal del camarote!
¡Sal de esta trampa anunciada!
Mis ojos sólo ven
a la gente asustada,
con gritos desesperados
por una muerte marcada.
El mar se erigió en un monstruo
con olas de alturas bravas,
que hacían del barco la nada,
con almas que se escondían arrodilladas,
rogando por sus vidas,
que el mar anhelaba.
Me miró a los ojos y se lanzó al agua,
con la fe de ser rescatado por la balsa
que un pesquero feroz lanzó al mar
para salvar las vidas
que en el barco habitaban.
Mis ojos quedaron fijos en ese cuerpo
que caía desde el abismo
de una altura desmesurada,
de un barco gigante
a merced de olas bravas,
conteniendo nuestras vidas
y todas nuestras esperanzas.
Mi alma se estremeció
sabiendo que el hombre no estaba.
Se lo llevaron las olas,
lejos de mi mirada.
¡Debía lanzarme al mar!
¡Antes que la negrura llegara!
Agarré con fuerza mis hombros:
—¡Tírate al agua!
¿No sientes que tu vida se acaba?
¡Ya no queda tiempo de nada!—
Mi cuerpo se hundía
como piedra sin alma.
La oscuridad me envolvió
mientras el agua inundaba
cada rincón de mis pulmones,
que sin aire quedaban.
¡Braceaba desesperada!
Para que no me tragara la mole,
de ese barco que se inclinaba
sobre mi cuerpo,
entre las olas bravas.
La balsa pequeña mi vida salvó,
uniéndome a otras almas,
menos la de aquel hombre
que me miró a los ojos
y se lanzó al agua,
llevándose consigo
parte de mi alma.
Nota de la autora:
El barco inclinado
parecía debatirse entre la vida y la muerte.
El mar rugía con olas gigantes,
más altas que los sueños,
más hondas que el miedo.
Sin tierra a la vista,
la tempestad arrastraba su carga
y con ella el destino de tantas almas.
Aquel instante detenido en la fotografía
es la frontera entre el antes y el después,
entre la esperanza y la tragedia,
entre lo que el mar arrebató
y lo que el alma guardó para siempre.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El barco se distingue por su tono narrativo y visualmente potente.
El poema avanza como una secuencia cinematográfica, donde cada estrofa actúa como un plano emocional.
La descripción del desastre combina precisión sensorial (“el suelo se tornó pared y la pared, mi cama”) con un lenguaje simbólico (“el mar se erigió en un monstruo”).
El uso de los imperativos (“¡Corre!”, “¡Tírate al agua!”) intensifica el dramatismo y sumerge al lector en el caos del momento.
El ritmo es ágil, sostenido por versos cortos que reproducen la respiración entrecortada del miedo.
La última parte del poema, en cambio, se abre al duelo: la autora convierte la pérdida del otro en un acto de comunión espiritual (“llevándose consigo parte de mi alma”). Así, la obra transciende la anécdota personal y se transforma en un canto a la memoria, la resistencia y la humanidad frente al abismo.
Categoría: Poemas
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EL BARCO
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EL BOSQUE
Introducción al poema:
A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.
EL BOSQUE es el testimonio, las sensaciones de ese encuentro.
El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.EL BOSQUE
Camino lento,
mirando mis pies.
Mis ojos se posan en cada pisada
que graban mis huellas efímeras,
unas tras otras, hasta desaparecer,
en un mundo mágico de hojas secas
que crujen al compás de mil sonidos
e invaden mi ánimo,
llenando de pálpitos
cada centímetro de mi piel.Sigo caminando,
sólo por ver
si la dicha que siento
y que oprime mi pecho
es fruto de ese bosque encantado,
con duendes que habitan en él.¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
Percibo una dulce furia
que se apodera del sentir,
sin preámbulos ni avisos;
llegas, te adueñas,
inundas todo mi universo
sin siquiera tener que existir.Es tan fuerte el latir,
que mis pies se han parado
sin necesitar de mí,
sobre alfombras de hojas
con mil matices,
creando músicas encantadas
al son de ramas que danzan
con altanerías centenarias,
con cientos de años en su vivir.Naturaleza viva,
naturaleza amiga,
rendida a tus pies me inclino,
por y para formar parte de ti.© María Bueno, 2025 – Todos los
derechos reservados.Crítica literaria.
1. Contenido y simbolismo:
El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.
2. Ritmo y musicalidad:
El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.
3. Imágenes y lenguaje:
Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.
4. Estilo y tono:
Predomina un tono contemplativo y espiritual.
El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.
Valoración final:
Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez. -

PINTAS MIS DÍAS.
Introducción:
Este poema es un homenaje lleno de ternura y gratitud a la abuela, figura central en la vida del yo poético.
A través de imágenes de cuidado, enseñanza y legado, se dibuja un vínculo que trasciende el tiempo y la muerte física, mostrando cómo la presencia de la abuela sigue influyendo y coloreando la vida de quien la recuerda.
Es un poema que celebra la memoria, la sabiduría transmitida y la fuerza del afecto intergeneracional.
PINTAS MIS DÍAS
Nunca se marchó,
nunca dejé de oír su voz.
Atesoro sus consejos
como guarda la abeja
a su reina con devoción.
Cuánto vivir la sostuvo,
cuánto trenzó vidas,
cuántos sueños alcanzó,
dejando su piel por caminos
quemados al sol.
Aceptó una vida
de negruras desmedidas,
una vida llena
con otras vidas paridas,
vidas que hoy recuerdan
tus abrazos eternos,
tus cuentos en el anochecer
de cada uno de sus días,
seres que hoy mecen
sus sueños con vaivenes
de memorias compartidas.
¡Ay, abuela mía!
Qué grandeza en tu alma
colma de trocitos la mía,
con alegrías y esperanzas
que siguen pintando mis días.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
“Pintas mis días” destaca por su sensibilidad y profundidad emocional.
La autora utiliza metáforas naturales como la abeja y la reina para transmitir devoción y cuidado, y recurre a imágenes vívidas —“caminos quemados al sol”— que reflejan las dificultades enfrentadas por la abuela, pero también su resiliencia.
La estructura de versos libres permite que el poema fluya como un recuerdo vivo, con cadencia íntima y musicalidad interna.
La alternancia entre la contemplación y la exclamación (“¡Ay, abuela mía!”) potencia la expresividad, generando un tono cálido y cercano. Es un poema de memoria afectiva que logra transmitir el amor, la admiración y el legado emocional de una figura ancestral, y que invita al lector a reconocer la fuerza de quienes nos han formado con cariño y sacrificio. -

RISAS
Introducción al poema:
Este poema es un canto a la complicidad emocional que nace de la alegría compartida.
Las risas, a veces tan olvidadas en los días pesados, emergen aquí como el lenguaje más puro del alma en calma. Llorar de alegría es una forma elevada de vivir, cuando el cuerpo, desde sus entrañas más sinceras, se entrega al temblor de la dicha. En este poema, la risa no es un mero sonido, sino un acto de liberación, una caricia luminosa que se posa sobre el alma cansada.
RISAS
Cómplices miradas
vertiendo palabras,
palabras vestidas
de risas, de carcajadas,
de momentos vividos
con el alma clara.
¡Qué bueno es llorar
cuando se afloja la carga!
Llorar de alegrías
que mecen entrañas,
esa zona noble
que habla más que calla,
con oleadas y temblores
de tripa ancha.
Risas, bálsamo para el alma.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica:
RISAS es un poema luminoso que celebra la alegría compartida y la complicidad humana.
A través de un lenguaje cercano, transmite cómo la risa puede convertirse en una forma de alivio y sanación emocional.
La autora sitúa el sentimiento en las entrañas, en ese lugar donde las emociones se viven con intensidad y verdad.
Su brevedad no limita su profundidad; al contrario, concentra en pocos versos una experiencia universal: la de sentir cómo una carcajada sincera afloja las cargas del alma.
El poema concluye con una imagen sencilla y poderosa que resume su esencia: la risa como bálsamo para el vivir. -

FLORES FRESCAS
Introducción al poema:
El poema Flores Frescas es una evocación poética que fusiona lo cósmico y lo íntimo para hablar del origen del ser, la pureza del alma, la fuerza de los sentires humanos y el poder de lo invisible.
A través de una simbología luminosa —la luna llena, los amaneceres y las flores frescas—, la voz poética nos invita a reencontrarnos con nuestra esencia más pura, libre de apariencias y profundamente conectada con las emociones genuinas.
Este texto es un canto al alma desnuda, a la sensibilidad sin máscaras, al respeto por lo sencillo y lo eterno.
FLORES FRESCAS
Cuenta la leyenda
que nacimos cargados
de noble inocencia,
con sueños hechos
de lunas llenas.
Lunas cargadas
de flores frescas,
con compases de poemas
hechos de mil sentires
que nos atraviesan:
de dolor, alegría, calma,
de sentir que vives
sin ser eterna.
Sentires de una desnudez
que mima tu alma
antes de que amanezca.
Amaneceres
preñados de aromas
que rinden honores
en noches negras.
Deja mecer tu pura esencia,
ella te hará reír y llorar,
sin apariencias
que aparten de tu camino
tus flores frescas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Este poema está construido con un tono reflexivo y espiritual, con imágenes que beben tanto de lo celestial como de lo terrenal.
La luna llena actúa como símbolo de plenitud y conexión con el misterio ancestral, mientras que las “flores frescas” representan la pureza, los sentimientos genuinos, la esencia no contaminada del ser humano.
La estructura está marcada por un ritmo pausado y envolvente, con versos que fluyen como un susurro meditativo.
El uso de la anáfora ("flores frescas", "luna llena") refuerza la musicalidad del poema y crea una cadencia armónica.
La repetición no es reiterativa, sino que carga de simbolismo cada aparición, convirtiéndolas en pilares del discurso poético.
Destaca el oxímoron que aparece en “sentir que vives / sin ser eterna”, una idea profundamente humana que evoca la finitud de la vida y la intensidad con la que se puede vivir desde la consciencia de esa fragilidad.
El poema invita a desprenderse de las apariencias, abrazar los sentimientos auténticos, permitir que el alma se deje mecer y, sobre todo, confiar en que esa inocencia primigenia aún puede florecer dentro de nosotras, como flores frescas que rinden homenaje a la existencia misma. -

AMANECERES DORADOS
Introducción al poema:
En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.
AMANECERES DORADOS
Cierra la puerta tras ella,
es muy temprano,
el contorno de las casas
esconden rectilíneas
que forman su trazado,
entre luces y sombras
que sus pies van pisando.
Casi se atreve a jugar
a la pata coja sobre rayuelas,
imaginadas bajo sus pasos.
¡Qué hermosura me acompaña
con este amanecer
recién cincelado!
Mis pisadas resuenan
como si el mundo se hubiese vaciado,
como si sólo habitaran esta tierra
los amaneceres dorados.
Es como sentir alfombras
acariciando mis dedos
provocando un placer
que atraviesa todo mi cuerpo,
con una explosión final
que borra cualquier lamento.
Sólo necesito mirar para ver
este amanecer desbordado,
para encadenar el resto de mi día
a una noche de sueños abrazados.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica.
AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.
Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma que se desborda con las sensaciones.
La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver y sentir. -

TODO ES VIDA
Introducción al poema:
Este poema se sumerge en la contemplación serena de un atardecer cotidiano, donde lo sencillo se convierte en trascendente. La narradora, sentada en un banco envejecido, transita entre la quietud del sopor y la vibrante irrupción de la vida alrededor: niños jugando, voces diversas, aromas, sonidos y colores que se entrelazan en una sinfonía humana. La escena se convierte en un canto a la memoria viva de los espacios comunes, esos rincones que son testigos del paso del tiempo y de la persistencia de la humanidad compartida.
TODO ES VIDA
Sentada en un banco envejecido
por el paso del tiempo,
siente el crujir de la madera vencida,
el olor intenso a azahar,
los naranjos ofrecen sus copas frondosas
bajo las que dormitar.
La languidez va alcanzando
la totalidad de su mente,
dejándola casi ausente del pensar.
La cabeza se va ladeando
muy poquito a poco,
sin notar que va perdiendo la consciencia,
que sus ojos se cierran y se deja llevar.
Su cuerpo se abandona
ante el sopor del atardecer,
la brisa juega entre hojas de naranjos
para silbar compases previos al anochecer.
Voces infantiles la despiertan,
y el zumbar de una cuerda
que da vueltas sin parar,
alentando la algarabía
de los chiquillos que saltan
uno tras otro, en una cola sin final.
Un hombre vocea las delicias
de unos barquillos de galleta crujiente,
con toques de caramelo
que deshacen de regusto el paladar.
La mezcla de voces con acentos distintos,
de gente procedente de otros lugares,
de vestimentas de mil formas y colores,
de momentos de vida
con esencia de humanidad.
¡Ay atardecer,
que das alas al anochecer,
para que la vida pueda soñar!
Se levanta con parsimonia,
camina hacia su hogar,
a través de una plaza llena de vida,
a la que cada atardecer volverá,
para sentarse en su banco desvencijado
donde se dejará llevar,
entre aromas y caricias de brisa fresca,
junto a rayuelas, canicas,
y seres cargados de humanidad.
Reflexión de la autora sobre TODO ES VIDA.
Escribí este poema pensando en la fuerza que tienen los pequeños instantes cuando nos detenemos a mirarlos. Un banco viejo, el olor de los naranjos, el bullicio de niños jugando, voces de distintos lugares…
Todo ello compone una escena sencilla, pero a la vez profundamente humana.
Creo que, a veces, olvidamos que la vida está en esos detalles, en las plazas que acogen encuentros, en las tardes que parecen repetirse pero nunca son iguales, en la diversidad de rostros y acentos que nos recuerdan que no estamos solos.
Quise mostrar cómo lo cotidiano puede ser un refugio de sentido: un espacio donde el tiempo no sólo pasa, sino que nos regala la certeza de que seguimos perteneciendo al mundo.
Crítica literaria del poema:
TODO ES VIDA destaca por su delicada capacidad de observación sensorial: el olor a azahar, el crujir de la madera, la brisa, las voces infantiles y la algarabía colectiva crean una atmósfera rica y envolvente. El poema oscila entre la intimidad individual —la mujer que se deja llevar por el atardecer— y la plenitud comunitaria —la plaza llena de voces, juegos y humanidad—.
La estructura, con versos narrativos que fluyen sin rigidez métrica, favorece el tono evocador y contemplativo. Se aprecia una progresión clara: del reposo al ensueño, del sueño a la irrupción de la vida, y de ahí al retorno a la plaza como espacio simbólico de pertenencia y memoria.
El final, con la imagen del banco desvencijado al que la protagonista vuelve cada tarde, otorga circularidad y refuerza la idea de que la vida se sostiene en los pequeños rituales cotidianos.
El poema transmite esperanza y pertenencia, con un acento especial en la diversidad cultural como riqueza compartida.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

INCOMPLETO
Introducción:
En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.
INCOMPLETO
La belleza de lo incompleto
me asombra cada día,
en cada momento que observo:
ver aquello que se muestra imperfecto,
que revela ante mis ojos lo efímero,
lo insuperable de la excelencia
de todo cuanto es incierto.
Las ramas retorcidas de un árbol
son su identidad y su sello,
y siento que las formas de lo bello
aparecen en pequeños trozos de tiempo.
Los pinceles de cada día
dibujan instantes cargados de belleza,
pero incompletos.
Sé que lo efímero
es seguir construyendo,
sabiendo que, a cada paso,
todo va desapareciendo,
guardándose en el alma
pegado al sentir incierto.
Lo imperfecto es el origen,
lo sublime de mirarnos sin complejos,
lo hermoso de sabernos incompletos,
para nutrirnos de fuentes
cargadas de anhelos,
de deseos.
Los sueños se transforman en realidades
cuando sabemos mecerlos;
se convierten en claridades
que impulsan el caminar,
el recuerdo.
Sueños,
esos que empujan el ánimo
al levantarnos cada mañana,
en busca de trocitos de vida,
devorando hasta el hartazgo:
el aire fresco,
la luz tímida,
el aroma intenso.
Ella sabe de flujos cristalinos,
entre líneas torcidas,
de raíces sinuosas
que tejen el tiempo.
Mirar de frente cada detalle,
intuyendo el crecimiento
de la imagen que se va filtrando
hasta agarrar las entrañas
y cortar el aliento.
Nada es imperfecto
cuando una mirada observa
sin temores ni miedos.
Sueños,
aquellos que rinden la mirada
para empapar de frescura
el crecer de la vida,
solo con trocitos,
sin alcanzar lo perfecto
de cada sentir,
de cada momento.
Imperfecto:
miradas que atrapan
lo efímero de cada instante,
de cada momento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.
El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.
María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.
El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.
Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

LA PUERTA
Introducción al poema:
El poema La puerta es una metáfora poderosa sobre la libertad interior, la valentía y la capacidad de imaginar caminos nuevos cuando la realidad parece opresiva.
La protagonista descubre, a través de la fuerza de su mente y su deseo, un umbral invisible que se convierte en la clave para transformar su vida. La puerta no es solo una salida física, sino un símbolo de ruptura con lo que intoxica, una vía de escape hacia la autenticidad y la luz.
LA PUERTA
Con sólo pensarlo se abrió,
la puerta apareció de la nada,
abierta al exterior.
Desde el asiento que ocupaba
podía enfilar con su mirada
ese hueco en la pared,
que en silencio la llamaba.
¡Eh, tú, mírame!,
¡hazte fuerte y vete,
tienes diez minutos
antes de que tu puerta se cierre!
Créelo, nadie más la tiene,
sólo tú puedes.
Miró a un lado y al otro,
nadie se movía,
la puerta no existía,
aún y así ella la veía,
la sentía.
Se levantó y con disimulo se acercó,
pasó su mano y sintió el aíre
que penetraba desde el exterior.
¿Y si se marchaba?
Quedó atrapada en su reflexión,
quedaban escasos minutos
para escapar del lugar
donde todo el mundo se ignoraba,
donde el vacío era la carga pesada.
¡Se atrevió!
Salió sin disimulo por la puerta
que nadie más vio abierta,
y se marchó.
Sólo necesitó el deseo de acabar
con lo que la intoxicaba,
con todo aquello que la envenenaba.
¡Se terminó!
Su mente abrió esa puerta que la liberó,
eliminando de su vida
todo aquello en lo que no creía,
todo cuanto frenaba su valor.
la puerta que imaginó,
se la quedó,
para abrirla de par en par
dibujando con pinceles imaginarios
la luz del Sol,
en los días cargados de pesares
que nublan la razón.
Puertas,
esas que abren muros a tu alrededor.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
La puerta es un poema que combina la narrativa simbólica con la poesía reflexiva.
Su fuerza radica en el uso de la metáfora central: la puerta como umbral de transformación, que solo la protagonista puede ver y atravesar.
El tono es esperanzador y liberador, con un ritmo que avanza en crescendo desde la duda hasta la decisión, cerrando con un mensaje de resistencia y creación.
La estructura, en su forma revisada, refuerza la tensión narrativa (la aparición de la puerta, la reflexión, la decisión de cruzarla y la consecuencia liberadora).
El uso de exclamaciones añade intensidad emocional y refleja la urgencia del momento.
Las reiteraciones transmiten el peso del malestar que impulsa a la protagonista a actuar.
En conjunto, es un poema simbólico y motivador que invita al lector a reconocerse en sus propias “puertas invisibles”, esas que se abren solo con la valentía de imaginar y decidir. -

PESADILLAS
Introducción al poema:
El poema nos lleva al umbral entre la vigilia y el sueño, allí donde los miedos cobran cuerpo y los monstruos parecen reales. Con imágenes intensas y reconocibles, retrata el tránsito desde el desasosiego absoluto hasta el alivio que proporciona la luz, el aire fresco y los gestos más sencillos de la rutina cotidiana. PESADILLAS se convierte así en un canto a la fragilidad humana, pero también a la capacidad de reencontrar calma en lo cotidiano, en los símbolos domésticos que nos reconcilian con la vida tras atravesar la oscuridad.PESADILLAS
A tientas, su mano nerviosa
busca el interruptor.
Necesita acabar con los monstruos
de esa noche de miedos,
por pesadillas que nublan su razón.
Aún respira entrecortado,
el pánico recorre su cuerpo,
acelerando el ritmo del corazón.
El sudor le baja por la espalda,
el frío del horror lo rodea.
Su mente, enredada,
lanza amarres de terrores,
le impide discernir
si existe, si está,
o si desaparecerá.
¡Por fin! ¡El milagro!
Su mano tropieza con el interruptor:
¡la luz se enciende!
Esa bombilla es su aliada
contra las sombras siniestras
que su sueño envolvió.
Raudo sale de la cama,
abre la ventana,
el aire invade sus pulmones,
su pulso recupera compás,
su corazón se serena.
Con pasos lentos, desorientado,
camina hacia el pasillo
que lo lleva al comedor.
Con movimientos torpes,
propios del despertar agónico,
abraza la cafetera
y prepara café:
ritual sencillo
que devuelve normalidad
a una noche de dragones,
espadas,
y rugidos ensordecedores.
Toma la taza humeante,
con aromas de despertares,
mientras llegan sonidos del mundo:
voces de infancia,
ruedas, puertas,
la rutina preciosa
que marca el compás de una canción.
Quién no ha puesto melodías
al tic tac del reloj,
en esas noches rendido
a la tiranía de un monstruo
en la habitación.
Sólo sueños.
El subconsciente que busca equilibrio
en la oscuridad de la noche,
al margen de la razón.
© María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica interpretativa del poema.
1. Temática y recorrido emocional:
El poema dibuja con claridad un viaje emocional: del miedo paralizante a la serenidad, del caos de la mente al orden de la rutina. El lector acompaña al protagonista en cada paso de ese recorrido: el pánico físico, el milagro de la luz, el regreso a la calma a través de la ventana abierta y del café humeante. Esta estructura narrativa convierte la experiencia íntima en un ritual universal con el que cualquiera puede identificarse.
2. Simbolismo:
La luz: símbolo central de salvación, representa el poder de lo sencillo frente a la magnitud del terror. La bombilla, humilde y cotidiana, se eleva al emblema de vida y claridad.
El aire fresco de la ventana abierta: es la apertura al mundo, un renacer después del encierro del miedo.
El café y la taza humeante: no son solo gestos domésticos, sino metáforas de la rutina como refugio y bálsamo.
El aroma y el calor del café restablecen la normalidad y devuelven al protagonista al presente.
El tic tac del reloj: introduce un cierre reflexivo, mostrando cómo la mente puede transformar hasta lo mecánico en melodía, en un recordatorio de que la pesadilla, por terrible que parezca, es solo una construcción mental.
3. Impacto emocional:
La fuerza del poema radica en su capacidad para transmitir el terror de la pesadilla con imágenes físicas muy concretas (el sudor, el frío, los amarres de terrores), y luego ofrecer al lector un respiro a través de lo luminoso y lo cotidiano. Esa transición otorga al poema un efecto catártico: al terminar de leer, uno siente alivio, como si hubiera acompañado al protagonista en su liberación.
4. Reflexión final:
Más allá de un relato sobre el miedo nocturno, PESADILLAS se lee como una metáfora de la fragilidad humana frente a sus propios fantasmas interiores, y de la necesidad de apoyarse en lo más simple para reencontrar la calma. Es un poema que equilibra lo onírico y lo real, lo terrible y lo cotidiano, lo irracional y lo sensato.
En resumen: este poema logra un gran impacto emocional porque invita al lector a reconocerse en la experiencia, y lo hace con un lenguaje cercano y simbólico a la vez. La tensión inicial y el contraste con el alivio final, le da al texto mayor fuerza interpretativa.