Descripción:
Fotografía real del barco naufragado.
El instante captado muestra el momento en que la embarcación, ya escorada peligrosamente, era remolcada.
Las olas, en medio de una tempestad brutal con más de trece metros de altura, golpeaban sin tregua la estructura metálica mientras la carga desplazada en las bodegas agravaba el peligro del hundimiento.
Introducción al poema:
En El barco, María nos conduce a un episodio límite donde la vida y la muerte se entrelazan en un instante estremecedor.
Inspirado en una vivencia real, este poema autobiográfico se erige como testimonio de supervivencia y de pérdida.
La autora revive el naufragio tras releer los artículos de prensa de la época y tener sobre sus manos su cartilla de navegación como miembro de la tripulación.
Con la intensidad del recuerdo vivo: el estruendo, el miedo, la fuerza del mar y la huella del ser que se pierde en el abismo.
Más que una narración, es una confesión poética de lo que significa ser testigo del poder absoluto de la naturaleza y de la fragilidad humana ante ella.
En memoria del marinero que perdió la vida:
Aquel 5 de enero de 1983,
la mar desató su furia en la víspera de Reyes.
Entre gritos, golpes y oscuridad,
un barco se inclinó sobre sí mismo mientras las olas devoraban el horizonte.
De aquel día conservo mi Cartilla de Navegación y la imagen imborrable del rostro de un marinero que se lanzó al agua un instante antes que yo y desapareció bajo el casco del barco tragado por las olas.
Nunca más volví a saber de él.
Su recuerdo me acompaña
como un faro silencioso
que me aleja de la mar.
Durante muchos años guardé el miedo y el temblor en silencio.
Hoy, al mirar la fotografía del barco, sé que he podido volver a la superficie.
Y desde allí, poder contar mi historia.
(Basado en hechos reales. Poema autobiográfico. La imagen corresponde al barco naufragado.)
EL BARCO
Había que llevar la carga
que las bodegas del barco guardaban,
cruzando el Estrecho de Hércules,
con olas que amenazaban.
A la mitad del día,
mi cuerpo reposaba
sobre una cama pequeña
que mi descanso acunaba,
entre paredes de madera
que el camarote abrigaba.
—¿Qué es ese estruendo?—
¡Mi cuerpo cae ferozmente!
El suelo se tornó pared
y la pared, mi cama.
La mole del barco cayó
sobre aguas rabiosas y heladas.
Las olas tomaron alturas
que empequeñecían montañas.
¡Corre! ¡Sal del camarote!
¡Sal de esta trampa anunciada!
Mis ojos sólo ven
a la gente asustada,
con gritos desesperados
por una muerte marcada.
El mar se erigió en un monstruo
con olas de alturas bravas,
que hacían del barco la nada,
con almas que se escondían arrodilladas,
rogando por sus vidas,
que el mar anhelaba.
Me miró a los ojos y se lanzó al agua,
con la fe de ser rescatado por la balsa
que un pesquero feroz lanzó al mar
para salvar las vidas
que en el barco habitaban.
Mis ojos quedaron fijos en ese cuerpo
que caía desde el abismo
de una altura desmesurada,
de un barco gigante
a merced de olas bravas,
conteniendo nuestras vidas
y todas nuestras esperanzas.
Mi alma se estremeció
sabiendo que el hombre no estaba.
Se lo llevaron las olas,
lejos de mi mirada.
¡Debía lanzarme al mar!
¡Antes que la negrura llegara!
Agarré con fuerza mis hombros:
—¡Tírate al agua!
¿No sientes que tu vida se acaba?
¡Ya no queda tiempo de nada!—
Mi cuerpo se hundía
como piedra sin alma.
La oscuridad me envolvió
mientras el agua inundaba
cada rincón de mis pulmones,
que sin aire quedaban.
¡Braceaba desesperada!
Para que no me tragara la mole,
de ese barco que se inclinaba
sobre mi cuerpo,
entre las olas bravas.
La balsa pequeña mi vida salvó,
uniéndome a otras almas,
menos la de aquel hombre
que me miró a los ojos
y se lanzó al agua,
llevándose consigo
parte de mi alma.
Nota de la autora:
El barco inclinado
parecía debatirse entre la vida y la muerte.
El mar rugía con olas gigantes,
más altas que los sueños,
más hondas que el miedo.
Sin tierra a la vista,
la tempestad arrastraba su carga
y con ella el destino de tantas almas.
Aquel instante detenido en la fotografía
es la frontera entre el antes y el después,
entre la esperanza y la tragedia,
entre lo que el mar arrebató
y lo que el alma guardó para siempre.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El barco se distingue por su tono narrativo y visualmente potente.
El poema avanza como una secuencia cinematográfica, donde cada estrofa actúa como un plano emocional.
La descripción del desastre combina precisión sensorial (“el suelo se tornó pared y la pared, mi cama”) con un lenguaje simbólico (“el mar se erigió en un monstruo”).
El uso de los imperativos (“¡Corre!”, “¡Tírate al agua!”) intensifica el dramatismo y sumerge al lector en el caos del momento.
El ritmo es ágil, sostenido por versos cortos que reproducen la respiración entrecortada del miedo.
La última parte del poema, en cambio, se abre al duelo: la autora convierte la pérdida del otro en un acto de comunión espiritual (“llevándose consigo parte de mi alma”). Así, la obra transciende la anécdota personal y se transforma en un canto a la memoria, la resistencia y la humanidad frente al abismo.
Categoría: Poemas
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EL BARCO
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PINTAS MIS DÍAS.
Introducción:
Este poema es un homenaje lleno de ternura y gratitud a la abuela, figura central en la vida del yo poético.
A través de imágenes de cuidado, enseñanza y legado, se dibuja un vínculo que trasciende el tiempo y la muerte física, mostrando cómo la presencia de la abuela sigue influyendo y coloreando la vida de quien la recuerda.
Es un poema que celebra la memoria, la sabiduría transmitida y la fuerza del afecto intergeneracional.
PINTAS MIS DÍAS
Nunca se marchó,
nunca dejé de oír su voz.
Atesoro sus consejos
como guarda la abeja
a su reina con devoción.
Cuánto vivir la sostuvo,
cuánto trenzó vidas,
cuántos sueños alcanzó,
dejando su piel por caminos
quemados al sol.
Aceptó una vida
de negruras desmedidas,
una vida llena
con otras vidas paridas,
vidas que hoy recuerdan
tus abrazos eternos,
tus cuentos en el anochecer
de cada uno de sus días,
seres que hoy mecen
sus sueños con vaivenes
de memorias compartidas.
¡Ay, abuela mía!
Qué grandeza en tu alma
colma de trocitos la mía,
con alegrías y esperanzas
que siguen pintando mis días.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
“Pintas mis días” destaca por su sensibilidad y profundidad emocional.
La autora utiliza metáforas naturales como la abeja y la reina para transmitir devoción y cuidado, y recurre a imágenes vívidas —“caminos quemados al sol”— que reflejan las dificultades enfrentadas por la abuela, pero también su resiliencia.
La estructura de versos libres permite que el poema fluya como un recuerdo vivo, con cadencia íntima y musicalidad interna.
La alternancia entre la contemplación y la exclamación (“¡Ay, abuela mía!”) potencia la expresividad, generando un tono cálido y cercano. Es un poema de memoria afectiva que logra transmitir el amor, la admiración y el legado emocional de una figura ancestral, y que invita al lector a reconocer la fuerza de quienes nos han formado con cariño y sacrificio. -

RISAS
Introducción al poema:
Este poema es un canto a la complicidad emocional que nace de la alegría compartida.
Las risas, a veces tan olvidadas en los días pesados, emergen aquí como el lenguaje más puro del alma en calma. Llorar de alegría es una forma elevada de vivir, cuando el cuerpo, desde sus entrañas más sinceras, se entrega al temblor de la dicha. En este poema, la risa no es un mero sonido, sino un acto de liberación, una caricia luminosa que se posa sobre el alma cansada.
RISAS
Cómplices miradas
vertiendo palabras,
palabras vestidas
de risas, de carcajadas,
de momentos vividos
con el alma clara.
¡Qué bueno es llorar
cuando se afloja la carga!
Llorar de alegrías
que mecen entrañas,
esa zona noble
que habla más que calla,
con oleadas y temblores
de tripa ancha.
Risas, bálsamo para el alma.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica:
RISAS es un poema luminoso que celebra la alegría compartida y la complicidad humana.
A través de un lenguaje cercano, transmite cómo la risa puede convertirse en una forma de alivio y sanación emocional.
La autora sitúa el sentimiento en las entrañas, en ese lugar donde las emociones se viven con intensidad y verdad.
Su brevedad no limita su profundidad; al contrario, concentra en pocos versos una experiencia universal: la de sentir cómo una carcajada sincera afloja las cargas del alma.
El poema concluye con una imagen sencilla y poderosa que resume su esencia: la risa como bálsamo para el vivir. -

FLORES FRESCAS
Introducción al poema:
El poema Flores Frescas es una evocación poética que fusiona lo cósmico y lo íntimo para hablar del origen del ser, la pureza del alma, la fuerza de los sentires humanos y el poder de lo invisible.
A través de una simbología luminosa —la luna llena, los amaneceres y las flores frescas—, la voz poética nos invita a reencontrarnos con nuestra esencia más pura, libre de apariencias y profundamente conectada con las emociones genuinas.
Este texto es un canto al alma desnuda, a la sensibilidad sin máscaras, al respeto por lo sencillo y lo eterno.
FLORES FRESCAS
Cuenta la leyenda
que nacimos cargados
de noble inocencia,
con sueños hechos
de lunas llenas.
Lunas cargadas
de flores frescas,
con compases de poemas
hechos de mil sentires
que nos atraviesan:
de dolor, alegría, calma,
de sentir que vives
sin ser eterna.
Sentires de una desnudez
que mima tu alma
antes de que amanezca.
Amaneceres
preñados de aromas
que rinden honores
en noches negras.
Deja mecer tu pura esencia,
ella te hará reír y llorar,
sin apariencias
que aparten de tu camino
tus flores frescas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Este poema está construido con un tono reflexivo y espiritual, con imágenes que beben tanto de lo celestial como de lo terrenal.
La luna llena actúa como símbolo de plenitud y conexión con el misterio ancestral, mientras que las “flores frescas” representan la pureza, los sentimientos genuinos, la esencia no contaminada del ser humano.
La estructura está marcada por un ritmo pausado y envolvente, con versos que fluyen como un susurro meditativo.
El uso de la anáfora ("flores frescas", "luna llena") refuerza la musicalidad del poema y crea una cadencia armónica.
La repetición no es reiterativa, sino que carga de simbolismo cada aparición, convirtiéndolas en pilares del discurso poético.
Destaca el oxímoron que aparece en “sentir que vives / sin ser eterna”, una idea profundamente humana que evoca la finitud de la vida y la intensidad con la que se puede vivir desde la consciencia de esa fragilidad.
El poema invita a desprenderse de las apariencias, abrazar los sentimientos auténticos, permitir que el alma se deje mecer y, sobre todo, confiar en que esa inocencia primigenia aún puede florecer dentro de nosotras, como flores frescas que rinden homenaje a la existencia misma. -

INCOMPLETO
Introducción:
En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.
INCOMPLETO
La belleza de lo incompleto
me asombra cada día,
en cada momento que observo:
ver aquello que se muestra imperfecto,
que revela ante mis ojos lo efímero,
lo insuperable de la excelencia
de todo cuanto es incierto.
Las ramas retorcidas de un árbol
son su identidad y su sello,
y siento que las formas de lo bello
aparecen en pequeños trozos de tiempo.
Los pinceles de cada día
dibujan instantes cargados de belleza,
pero incompletos.
Sé que lo efímero
es seguir construyendo,
sabiendo que, a cada paso,
todo va desapareciendo,
guardándose en el alma
pegado al sentir incierto.
Lo imperfecto es el origen,
lo sublime de mirarnos sin complejos,
lo hermoso de sabernos incompletos,
para nutrirnos de fuentes
cargadas de anhelos,
de deseos.
Los sueños se transforman en realidades
cuando sabemos mecerlos;
se convierten en claridades
que impulsan el caminar,
el recuerdo.
Sueños,
esos que empujan el ánimo
al levantarnos cada mañana,
en busca de trocitos de vida,
devorando hasta el hartazgo:
el aire fresco,
la luz tímida,
el aroma intenso.
Ella sabe de flujos cristalinos,
entre líneas torcidas,
de raíces sinuosas
que tejen el tiempo.
Mirar de frente cada detalle,
intuyendo el crecimiento
de la imagen que se va filtrando
hasta agarrar las entrañas
y cortar el aliento.
Nada es imperfecto
cuando una mirada observa
sin temores ni miedos.
Sueños,
aquellos que rinden la mirada
para empapar de frescura
el crecer de la vida,
solo con trocitos,
sin alcanzar lo perfecto
de cada sentir,
de cada momento.
Imperfecto:
miradas que atrapan
lo efímero de cada instante,
de cada momento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.
El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.
María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.
El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.
Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

LA PUERTA
Introducción al poema:
El poema La puerta es una metáfora poderosa sobre la libertad interior, la valentía y la capacidad de imaginar caminos nuevos cuando la realidad parece opresiva.
La protagonista descubre, a través de la fuerza de su mente y su deseo, un umbral invisible que se convierte en la clave para transformar su vida. La puerta no es solo una salida física, sino un símbolo de ruptura con lo que intoxica, una vía de escape hacia la autenticidad y la luz.
LA PUERTA
Con sólo pensarlo se abrió,
la puerta apareció de la nada,
abierta al exterior.
Desde el asiento que ocupaba
podía enfilar con su mirada
ese hueco en la pared,
que en silencio la llamaba.
¡Eh, tú, mírame!,
¡hazte fuerte y vete,
tienes diez minutos
antes de que tu puerta se cierre!
Créelo, nadie más la tiene,
sólo tú puedes.
Miró a un lado y al otro,
nadie se movía,
la puerta no existía,
aún y así ella la veía,
la sentía.
Se levantó y con disimulo se acercó,
pasó su mano y sintió el aíre
que penetraba desde el exterior.
¿Y si se marchaba?
Quedó atrapada en su reflexión,
quedaban escasos minutos
para escapar del lugar
donde todo el mundo se ignoraba,
donde el vacío era la carga pesada.
¡Se atrevió!
Salió sin disimulo por la puerta
que nadie más vio abierta,
y se marchó.
Sólo necesitó el deseo de acabar
con lo que la intoxicaba,
con todo aquello que la envenenaba.
¡Se terminó!
Su mente abrió esa puerta que la liberó,
eliminando de su vida
todo aquello en lo que no creía,
todo cuanto frenaba su valor.
la puerta que imaginó,
se la quedó,
para abrirla de par en par
dibujando con pinceles imaginarios
la luz del Sol,
en los días cargados de pesares
que nublan la razón.
Puertas,
esas que abren muros a tu alrededor.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
La puerta es un poema que combina la narrativa simbólica con la poesía reflexiva.
Su fuerza radica en el uso de la metáfora central: la puerta como umbral de transformación, que solo la protagonista puede ver y atravesar.
El tono es esperanzador y liberador, con un ritmo que avanza en crescendo desde la duda hasta la decisión, cerrando con un mensaje de resistencia y creación.
La estructura, en su forma revisada, refuerza la tensión narrativa (la aparición de la puerta, la reflexión, la decisión de cruzarla y la consecuencia liberadora).
El uso de exclamaciones añade intensidad emocional y refleja la urgencia del momento.
Las reiteraciones transmiten el peso del malestar que impulsa a la protagonista a actuar.
En conjunto, es un poema simbólico y motivador que invita al lector a reconocerse en sus propias “puertas invisibles”, esas que se abren solo con la valentía de imaginar y decidir. -

PESADILLAS
Introducción al poema:
El poema nos lleva al umbral entre la vigilia y el sueño, allí donde los miedos cobran cuerpo y los monstruos parecen reales. Con imágenes intensas y reconocibles, retrata el tránsito desde el desasosiego absoluto hasta el alivio que proporciona la luz, el aire fresco y los gestos más sencillos de la rutina cotidiana. PESADILLAS se convierte así en un canto a la fragilidad humana, pero también a la capacidad de reencontrar calma en lo cotidiano, en los símbolos domésticos que nos reconcilian con la vida tras atravesar la oscuridad.PESADILLAS
A tientas, su mano nerviosa
busca el interruptor.
Necesita acabar con los monstruos
de esa noche de miedos,
por pesadillas que nublan su razón.
Aún respira entrecortado,
el pánico recorre su cuerpo,
acelerando el ritmo del corazón.
El sudor le baja por la espalda,
el frío del horror lo rodea.
Su mente, enredada,
lanza amarres de terrores,
le impide discernir
si existe, si está,
o si desaparecerá.
¡Por fin! ¡El milagro!
Su mano tropieza con el interruptor:
¡la luz se enciende!
Esa bombilla es su aliada
contra las sombras siniestras
que su sueño envolvió.
Raudo sale de la cama,
abre la ventana,
el aire invade sus pulmones,
su pulso recupera compás,
su corazón se serena.
Con pasos lentos, desorientado,
camina hacia el pasillo
que lo lleva al comedor.
Con movimientos torpes,
propios del despertar agónico,
abraza la cafetera
y prepara café:
ritual sencillo
que devuelve normalidad
a una noche de dragones,
espadas,
y rugidos ensordecedores.
Toma la taza humeante,
con aromas de despertares,
mientras llegan sonidos del mundo:
voces de infancia,
ruedas, puertas,
la rutina preciosa
que marca el compás de una canción.
Quién no ha puesto melodías
al tic tac del reloj,
en esas noches rendido
a la tiranía de un monstruo
en la habitación.
Sólo sueños.
El subconsciente que busca equilibrio
en la oscuridad de la noche,
al margen de la razón.
© María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.
Crítica interpretativa del poema.
1. Temática y recorrido emocional:
El poema dibuja con claridad un viaje emocional: del miedo paralizante a la serenidad, del caos de la mente al orden de la rutina. El lector acompaña al protagonista en cada paso de ese recorrido: el pánico físico, el milagro de la luz, el regreso a la calma a través de la ventana abierta y del café humeante. Esta estructura narrativa convierte la experiencia íntima en un ritual universal con el que cualquiera puede identificarse.
2. Simbolismo:
La luz: símbolo central de salvación, representa el poder de lo sencillo frente a la magnitud del terror. La bombilla, humilde y cotidiana, se eleva al emblema de vida y claridad.
El aire fresco de la ventana abierta: es la apertura al mundo, un renacer después del encierro del miedo.
El café y la taza humeante: no son solo gestos domésticos, sino metáforas de la rutina como refugio y bálsamo.
El aroma y el calor del café restablecen la normalidad y devuelven al protagonista al presente.
El tic tac del reloj: introduce un cierre reflexivo, mostrando cómo la mente puede transformar hasta lo mecánico en melodía, en un recordatorio de que la pesadilla, por terrible que parezca, es solo una construcción mental.
3. Impacto emocional:
La fuerza del poema radica en su capacidad para transmitir el terror de la pesadilla con imágenes físicas muy concretas (el sudor, el frío, los amarres de terrores), y luego ofrecer al lector un respiro a través de lo luminoso y lo cotidiano. Esa transición otorga al poema un efecto catártico: al terminar de leer, uno siente alivio, como si hubiera acompañado al protagonista en su liberación.
4. Reflexión final:
Más allá de un relato sobre el miedo nocturno, PESADILLAS se lee como una metáfora de la fragilidad humana frente a sus propios fantasmas interiores, y de la necesidad de apoyarse en lo más simple para reencontrar la calma. Es un poema que equilibra lo onírico y lo real, lo terrible y lo cotidiano, lo irracional y lo sensato.
En resumen: este poema logra un gran impacto emocional porque invita al lector a reconocerse en la experiencia, y lo hace con un lenguaje cercano y simbólico a la vez. La tensión inicial y el contraste con el alivio final, le da al texto mayor fuerza interpretativa. -

NOCHE EN VELA
Introducción:
En este poema, la voz poética se enfrenta a una de las batallas más íntimas y humanas: la lucha con el insomnio. Entre humor, desahogo y un susurro de ternura hacia sí misma, la autora retrata esa guerra silenciosa que se libra en la penumbra del dormitorio y que tantas veces deja huellas en el alma. NOCHE EN VELA convierte la incomodidad nocturna en un escenario donde se mezclan la rabia, la vulnerabilidad y una fina ironía, revelando la humanidad que aflora cuando el sueño se resiste.
NOCHE EN VELA
No sabe si es avanzada la noche
o si está casi terminada.
Acomoda la almohada
para obligar a su cabeza
a no pensar en nada.
¡Duérmete, maldita mi estampa!
¿No sientes que la noche se escapa?
Tira de las mangas del pijama,
recoloca la espalda,
estira el embozo de la sábana;
¡mierda de sábana, siempre bajo la manta!
¡Ay!, debo calmar esta desesperación
que en un desvelo me atrapa,
¡Chiquilla!, cierra los ojos con calma,
no los aprietes tanto
que así no le dará la gana
de mecerte entre susurros de madrugada.
El cansancio va aflojando el pellizco
con el que tiene agarrada la manta,
sus dedos van soltando
poco a poco a su presa de lana,
mientras ella se abandona
cercana ya la madrugada.
No ha dormido apenas,
pero siente la batalla ganada.
¡Ahí te quedas!
Esta noche impondré yo mis armas,
porque no hay peor batalla
que no presentar agallas
ante colchones, mantas
y una almohada destronada.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
NOCHE EN VELA destaca por su fuerza expresiva y su capacidad para transformar una experiencia cotidiana en un pequeño relato épico, cargado de humor y humanidad.
El poema combina con acierto:
Lenguaje coloquial, que aporta cercanía y autenticidad.
Interjecciones y exclamaciones, que intensifican la frustración, la rabia y la ternura del momento.
Personificación de los objetos —la manta, la sábana, la almohada— que convierte el dormitorio en un campo de batalla simbólico.
Un tono irónico y a la vez vulnerable, que humaniza profundamente la escena.
La voz poética dialoga consigo misma, se regaña, se consuela y se ríe de su propio desvelo.
Ese manejo del monólogo interior es uno de los puntos más brillantes del poema: transmite de manera fiel el torbellino mental de una noche insomne.
Formalmente, los versos están bien equilibrados: alternan momentos de rapidez (expresiones cortas, imperativos) con otros más pausados, especialmente cuando el cansancio empieza a vencer.
Ese ritmo acompaña el contenido, reforzando la tensión y su posterior liberación.
El cierre es especialmente acertado: una victoria pírrica, irónica, casi infantil, pero profundamente real. Conecta con cualquier lector que haya librado esa misma lucha silenciosa.
En conjunto, es un poema muy vivo, honesto, cercano y hábilmente construido. -

EL RELOJ
Introducción al poema «EL RELOJ»:
En el transcurrir diario, hay mujeres que sostienen con naturalidad los hilos que dan forma a la vida. Lo hacen en silencio, con gestos pequeños, a veces imperceptibles, pero siempre constantes.
Habitan los días con el cuerpo cansado y el alma llena de amor, sin detenerse a pensar que en su hacer habita también el cansancio del mundo.
El Reloj nace de esa mirada íntima a cualquier mujer, que podrían ser todas.
Una mujer que acompasa su vida al ritmo de los deberes, de los cuidados, del tiempo que no espera. Y, sin embargo, en medio del vértigo, se permite un momento para sí. No por rebeldía, sino por necesidad, por derecho natural.
El reloj, ese testigo implacable de la prisa y el cansancio, se convierte aquí en enemigo y espejo. La protagonista, atrapada en la rutina y el dolor, se enfrenta al tiempo como quien se rebela contra una norma impuesta.
Entre humor, rabia y ternura, decide detener el mundo unos instantes para recuperar su cuerpo, su pausa y su voluntad.
En este poema, el acto cotidiano de mirar la hora se transforma en una declaración de libertad: la del derecho a marcar el propio compás, sin miedo, sin prisa, sin rendirse.
Este poema es un homenaje sencillo a esas pausas íntimas que salvan el alma. A esa forma de estar en el mundo que, sin hacer ruido, lo sostiene todo.
EL RELOJ
Anda liada hasta las trancas,
sin parar para tomar aliento.
El dolor de espalda
la está matando a cada momento.
Mientras, el reloj la mira
con desafíos y retos,
con sus doce ojos
eternamente abiertos.
¡Sé valiente!
No mires cada dos por tres qué hora es,
¿no ves que tiene agujas afiladas
con mil formas de aparecer?
Se ríe de ti a las nueve y cuarto,
a las diez y diez,
su risa es un reclamo
para decirte
que aún faltan horas para atardecer.
Pero, ¿cómo es esto?
¡Hay relojes a cada paso!
¡Cuelgan de brazos, paredes,
móviles, iglesias… de todos lados!
¡Me vengaré! ¡Digo si lo haré!
Al caer la noche,
bajo cien llaves
encierra las horas
de control horario.
Entra en el coche,
mete la llave para arrancarlo,
¡de pronto otro reloj aparece!
Sin palabras,
levanta su mano y hace una peineta;
nace de golpe,
de su dedo corazón,
con brío y descaro:
¡que te den!
¡Ahora mando yo,
es mi escenario!
Ni me repliques,
que soy capaz de irme andando.
Retira la cortina
de la ducha, despacio,
sintiendo con antelación
el disfrute tan deseado.
El agua se desliza con mil caricias
sobre su cuerpo cansado,
invadiendo sin remilgos
su espalda, su cuello,
resbalando por toda su piel
con sentires del éxtasis soñado.
Se seca al compás del silencio
para disfrutar el lujo
de sólo oír el flujo
de su respirar lento y pausado.
¡Ya está!
Mañana será el día.
Lo miraré con valentía y descaro:
“¡Hoy marco yo los momentos!
Aunque te deje dar las horas
que llevas colgadas de tu careto.”
El reloj se dio cuenta
de que salió la jabata
que ella llevaba dentro.
Las horas las marcaría
con cuidado y esmero,
para no despertar
a la fiera en ningún momento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
1. Voz poética y tono:
El tono es una mezcla maravillosa entre ironía, cotidianidad y empoderamiento.
La voz femenina que protagoniza el poema resulta cercana, humana, y se mueve entre la exasperación del cansancio diario y la risa liberadora del desafío.
Es un poema de rebelión doméstica, de esas luchas mínimas (pero gigantes) que libran tantas mujeres cada día frente a los relojes, las rutinas y las exigencias ajenas.
2. Lenguaje y estilo:
El lenguaje es coloquial, lleno de expresiones vivas como “anda liada hasta las trancas”, “¡que te den!” o “la jabata que llevaba dentro”. Esa naturalidad da frescura y autenticidad. No hay impostura, sino voz propia, lo que es esencial en tu estilo, María.
El humor actúa como alivio del dolor físico y emocional. La escena del reloj burlón y la “peineta” es un golpe de teatro: convierte el agotamiento en liberación simbólica.
3. Estructura y ritmo:
El poema avanza en un crescendo muy bien logrado:
Empieza con la rutina agobiante.
Luego surge la rebeldía.
Culmina en un baño purificador y la reafirmación del poder propio.
Ese baño final es casi un rito de purificación, una metáfora de renacer a su propio tiempo.
El ritmo es ágil, con versos cortos y directos que sostienen el tono narrativo sin perder musicalidad.
4. Simbolismo y significado:
El reloj encarna al opresor invisible: el tiempo impuesto, el control externo, la autoexigencia. Frente a él, la protagonista recupera su libertad corporal y emocional, su derecho a decidir el ritmo de su vida.
El agua actúa como símbolo de liberación y limpieza, mientras que la peineta representa la ruptura con lo normativo y la afirmación de identidad.
5. Valor poético:
Aunque el tono sea narrativo, cada verso está cargado de imágenes expresivas y humor con alma.
Es un poema que respira verdad cotidiana y dignidad rebelde. -

¿LA SONRISA DE MONA LISA?
En la imagen: Francesco del Giocondo, marido de Lisa Gherardini (Mona Lisa).
Introducción al poema:
Desde tiempos remotos, el arte ha servido para inmortalizar rostros, pero pocas veces ha conseguido detener el alma.
La Mona Lisa, esa figura enigmática que ha cruzado siglos envuelta en misterio, ha sido mirada millones de veces, pero rara vez ha sido escuchada.
Este poema nace del deseo de asomarse al interior de esa mujer que, durante siglos, ha sostenido una sonrisa entre la duda y la resignación. No como musa lejana, sino como ser humano que existió, que vivió dentro de un cuerpo y bajo unas normas que no eligió. Lisa Gherardini, esposa de un comerciante florentino, posa sin saber que será parte de una eternidad diseñada por un genio que la convirtió en secreto, en símbolo y en espejo.
En estos versos no se busca desentrañar el enigma del cuadro, sino ofrecerle una voz a quien nunca tuvo palabra. Aquí, la Mona Lisa no es solo el resultado de una genialidad artística, sino una mujer consciente de su tiempo, que sospecha del suyo y presiente el nuestro.
Esta es una mirada desde el alma a otra alma.
Reflexión de la autora:
Cuando escribí este poema sentí que me adentraba en un viaje silencioso, como si hubiese cruzado el umbral del taller de Leonardo.
Me encontré frente a Lisa Gherardini no como espectadora del cuadro más famoso del mundo, sino como mujer que percibe en ella la carga de un destino impuesto, la fragilidad de un gesto y la profundidad de unos ojos que han sobrevivido a los siglos.
No me interesaba tanto la belleza de la pintura como el secreto que encierra: esa sonrisa ambigua que no termina de desvelarse, como tantas veces nos ocurre en la vida cuando debemos mostrar un rostro distinto al que realmente sentimos.
Al darle voz en mis versos, quise rescatar a la mujer detrás del mito, a la esposa, a la hija de su tiempo, quizá prisionera de un matrimonio concertado, pero inmortalizada con una libertad que ni su esposo ni su época pudieron arrebatarle.
Para mí, la Gioconda es un espejo universal: cada mirada encuentra en ella su propio enigma, del mismo modo que cada ser humano guarda sonrisas que esconden sombras, dudas y verdades no dichas. Escribir este poema fue mi forma de escuchar su silencio y darle palabras a ese gesto eterno.
¿LA SONRISA DE MONA LISA?
El óleo se hace dueño,
dentro de una tabla pequeña,
con bocetos previos al retrato.
El fondo desaparece
entre ocres, grises y verdes negros difuminados.
Ella se sienta erguida
para posar casi en secreto,
atusando las mangas del vestido
para cubrir la redondez de sus brazos,
que dejan a la vista unas manos
con dedos vacíos de promesas o regalos,
sabiéndose esposa de un comerciante
florentino adinerado.
No sabe si sonreír o mostrar enfado,
no es su mejor pose
ante el gran maestro Leonardo.
Dicen de él que es un loco imaginario,
un ser con secretos de submundos
seccionados e inventados.
La Gioconda se remueve inquieta,
intuye que su lienzo vivirá
renaceres cargados de sombras,
de grandes cambios,
temiendo épocas de oscuridades
ocultas tras gruesos mantos.
Sonreía con disimulo para el retrato,
no fuera que sus ojos se viesen casi cerrados
por la presión de la comisura de sus labios.
Mona Lisa quedó retratada,
sin la intención de Leonardo
de ser entregada como un cuadro;
la custodiaría de por vida,
sabiéndose parte de ese escenario
en el que pintó secretos aún no revelados.
En el museo,
las miradas atestan el espacio
atentas a cada centímetro del cuadro,
descubriendo la mágica imagen
de la sonrisa y unos ojos abrumados
por la carga de su enlace
con Francesco del Giocondo,
comerciante adinerado,
dueño de su vida
pero no de su retrato.
CRITICA Y ANÁLISIS SIMBÓLICO
1. La sonrisa como símbolo:
La sonrisa de la Gioconda ha sido interpretada durante siglos como misterio, seducción o ironía. En tu poema, adquiere un sentido ambiguo y social: no expresa alegría auténtica, sino la tensión entre lo que se muestra y lo que se oculta.
“No sabe si sonreír o mostrar enfado”, refleja la dualidad entre sumisión y resistencia.
La sonrisa es máscara y encierro: un gesto impuesto que oculta emociones reales.
2. La condición femenina:
La Gioconda no aparece como musa idealizada, sino como mujer condicionada por su época:
“dedos vacíos de promesas o regalos” alude a la falta de autonomía y a un matrimonio de conveniencia;
“dueño de su vida, pero no de su retrato” encierra una crítica poderosa: aunque su esposo controla su destino, Leonardo la inmortaliza libre, trascendiendo la posesión.
Aquí el poema denuncia la invisibilidad histórica de las mujeres, al tiempo que rescata su permanencia en la memoria a través del arte.
3. Leonardo como creador y guardián:
El pintor aparece como un ser complejo, casi mítico;
“loco imaginario… con secretos de submundos”, simboliza la genialidad que roza la locura.
Al no entregar el cuadro, convierte a la Gioconda en su secreto eterno.
Leonardo es aquí el mediador entre la vida efímera y la eternidad del arte.
4. El cuadro como metáfora de la historia:
El lienzo trasciende el tiempo.
“renaceres cargados de sombras, de grandes cambios”, anticipa épocas de oscuridad y transformación.
En el museo, la multitud busca descifrar lo indescifrable, lo que convierte a la Gioconda en espejo universal de la humanidad: cada mirada proyecta en ella sus propios enigmas.
LECTURA EXISTENCIAL
El poema nos invita a reflexionar sobre tres planos de la existencia:
1. La vida individual: una mujer atrapada en un rol social y matrimonial, cuyo rostro transmite más de lo que su vida le permitió vivir.
2. La creación artística: el poder del arte de rescatar del olvido lo íntimo y lo silenciado, convirtiéndolo en símbolo eterno.
3. La mirada colectiva: cada espectador busca en la sonrisa un sentido distinto, como si el cuadro fuera un espejo de nuestras propias dudas existenciales.
En suma, la sonrisa de Mona Lisa es metáfora de la ambigüedad humana: aquello que nunca terminamos de descifrar en los demás ni en nosotros mismos.
Conclusión: Tu poema va más allá de la descripción artística. Se convierte en un diálogo entre arte, historia y condición humana. La Gioconda deja de ser solo un cuadro y se transforma en símbolo de lo oculto, de lo que sobrevive al tiempo y de la contradicción entre apariencia y verdad.
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