Categoría: Poemas

  • VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Introducción:

    En Vestido de domingo y un charco, María Bueno rescata la dulzura de la infancia y el equilibrio entre la inocencia y la norma. La escena, sencilla y universal, encierra un ritual cotidiano: el deseo infantil de pisar un charco frente a la voz adulta que advierte sobre el peligro del barro y del vestido nuevo.
    Entre el impulso libre y la contención impuesta se dibuja un retrato generacional: el de quienes aprendieron a disfrutar dentro de los límites, sin renunciar al gozo más puro de la vida.


    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Posa la pisada con cuidado,
    no sea que el agua lleve barro.

    Se atreve con el segundo pie,
    ¡ya está sobre el charco!

    Ahora cuidado,
    sólo arrastraré un poquito
    la suela sobre el fango,
    ¡mis botas de agua
    son fieles soldados!,
    me protegerán del enemigo
    que vive en el charco.

    ¡Chapoteará por fin!,
    ¡con patadas al agua!,
    pero con mucho cuidado
    porque lleva un vestido
    recién estrenado,
    con la prohibición de mancharlo.
    Hoy es domingo
    y no puede ensuciarlo,
    podría provocar todo un enfado
    con amenazas tiernas
    y mantras heredados:
    ¡Ya te lo dije!
    ¡No pises los charcos!
    Tu vestido no entiende de fangos,
    debes cuidarlo
    porque sólo los domingos
    puedes usarlo.

    Trocitos de recuerdos
    sin enemigos malvados,
    porque sólo era el disfrute
    de chapotear sobre un charco.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    Este poema logra una ternura conmovedora a través de un lenguaje limpio y una estructura narrativa ligera, casi visual.
    La autora nos sumerge en una secuencia que se lee como una pequeña película de la memoria:
    un pie, luego el otro, la risa contenida, el miedo al regaño, la felicidad del instante robado.

    El uso de exclamaciones y repeticiones (“¡Chapoteará por fin!”, “¡Ya te lo dije!”) da ritmo y autenticidad, evocando el tono de la niñez y las voces familiares.

    Además, el contraste entre el “enemigo del charco” y la “prohibición de manchar el vestido” convierte la anécdota en metáfora: la vida adulta nos enseña a cuidar la apariencia, a evitar el barro, pero la infancia —y el alma libre— buscan, inevitablemente, saltar dentro de él.

    La última estrofa cierra con una nota nostálgica, casi redentora: los recuerdos, al final, no tienen enemigos, sólo la pureza de un instante vivido con alegría.
    El poema es, en esencia, un canto a la inocencia resguardada, a la belleza de lo pequeño y a la memoria que sigue chapoteando, limpia, dentro de nosotros.

  • QUÉ NO DARÍA YO

    QUÉ NO DARÍA YO

    Introducción al poema:

    A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
    Este poema nace de esa añoranza:
    la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.

    Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.

    “QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.
    QUÉ NO DARÍA YO

    Qué no daría yo
    por retroceder a tiempos de calma,
    nutridos por anhelos de silencio.

    A días en que las palabras
    sólo precisaran manos
    para sellar el encuentro.

    Que nada susurrara ofensas,
    ni alentara enfrentamientos;
    que la palabra brotara
    como fuente de pensamiento,
    sin alardes de saberes previos.

    Que el gesto fuera
    palabra de honor,
    con todo su peso,
    para que no se la llevara el viento,
    y el apretón de manos
    sellara puros sentimientos.

    Que el renacer de cada día
    fuese vivir el presente
    de todo ser vivo,
    sin pretender conquistar el viento,
    sin alardear sobre mares,
    sin coronar montañas
    para alcanzar firmamentos.

    Qué no daría yo
    por escuchar el susurro
    de abrazos eternos.

    Qué no daría yo
    por vivir sin maldades
    que surcan océanos
    y atraviesan los cielos.

    Qué no daría yo,
    por mecer el susurro del miedo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Tono y temática
    El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
    Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
    El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.

    2. Estructura y ritmo:
    La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:

    El pasado idealizado (los tiempos de calma).

    La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).

    El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).

    La humildad del presente (vivir sin conquistar).

    El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).

    Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.

    3. Recursos expresivos:
    Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:

    “sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.

    “sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.

    “abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.


    4. Valor literario:
    El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés.

  • FLORES FRESCAS

    FLORES FRESCAS

    Introducción al poema:

    El poema Flores Frescas es una evocación poética que fusiona lo cósmico y lo íntimo para hablar del origen del ser, la pureza del alma, la fuerza de los sentires humanos y el poder de lo invisible. A través de una simbología luminosa —la luna llena, los amaneceres y las flores frescas—, la voz poética nos invita a reencontrarnos con nuestra esencia más pura, libre de apariencias y profundamente conectada con las emociones genuinas. Este texto es un canto al alma desnuda, a la sensibilidad sin máscaras, al respeto por lo sencillo y lo eterno.

    FLORES FRESCAS

    Cuenta la leyenda
    que nacimos cargados
    de noble inocencia,
    con sueños hechos
    de lunas llenas.

    Lunas cargadas
    de flores frescas,
    con compases de poemas
    hechos de mil sentires
    que nos atraviesan
    de dolor, alegría, calma,
    de sentir que vives
    sin ser eterna.

    Sentires de una desnudez
    que mima tu alma
    antes de que amanezca.

    Amaneceres
    de flores frescas
    que rinden honores
    a la luna llena.

    Deja mecer tu pura esencia,
    ella te hará reír y llorar,
    sin apariencias
    que aparten de tu camino
    tus flores frescas.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    Este poema está construido con un tono reflexivo y espiritual, con imágenes que beben tanto de lo celestial como de lo terrenal.
    La luna llena actúa como símbolo de plenitud y conexión con el misterio ancestral, mientras que las “flores frescas” representan la pureza, los sentimientos genuinos, la esencia no contaminada del ser humano.

    La estructura está marcada por un ritmo pausado y envolvente, con versos que fluyen como un susurro meditativo. El uso de la anáfora ("flores frescas", "luna llena") refuerza la musicalidad del poema y crea una cadencia armónica.
    La repetición no es reiterativa, sino que carga de simbolismo cada aparición, convirtiéndolas en pilares del discurso poético.

    Destaca el oxímoron que aparece en “sentir que vives / sin ser eterna”, una idea profundamente humana que evoca la finitud de la vida y la intensidad con la que se puede vivir desde la consciencia de esa fragilidad.

    El poema invita a desprenderse de las apariencias, abrazar los sentimientos auténticos, permitir que el alma se deje mecer y, sobre todo, confiar en que esa inocencia primigenia aún puede florecer dentro de nosotras, como flores frescas que rinden homenaje a la existencia misma.

    
    
  • PALABRAS GRUESAS…

    PALABRAS GRUESAS…

    Introducción al poema.

    Hay palabras que pesan más por su vacío que por su tamaño. Este poema nace de ese cansancio que provoca escuchar discursos huecos, voces que presumen grandeza mientras esconden la pobreza de un sentir que no saben nombrar. Aquí, la voz poética camina despacio, desde la verdad íntima de lo sentido, frente a quienes llenan la boca de palabras que no significan nada.
    El poema es una defensa de la conciencia, de la autenticidad y de la humildad de quien sabe que lo profundo no necesita alzarse: basta con ser verdadero.

    PALABRAS GRUESAS

    No me hables con la boca llena
    de palabras grandes,
    de palabras huecas.

    ¡Ay, necio de ti!,
    de qué llenas tus carrillos
    cuando hablas de mí.

    ¿Sabes cuál es mi sentir?
    Mi sentir camina lento
    por rutas sin descubrir.
    Con paisajes llenos de vidas
    que precisan un sentir.

    Sentires llenos de palabras
    que mi boca no sabe decir,
    porque muda es la conciencia
    cuando se habla sin decir.

    Lo grueso no cabe en boca alguna,
    porque más que formar palabras
    la boca tiende a escupir.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    PALABRAS GRUESAS es un poema de denuncia suave pero firme, donde la fuerza nace de la sinceridad. Destacan:

    1. La oposición entre dos lenguajes.
    El poema contrapone lo grande y hueco con lo íntimo y verdadero. La boca llena de “palabras gruesas” simboliza la impostura; la conciencia muda, en cambio, simboliza la verdad que no necesita exhibirse.
    2. El ritmo es pausado y reflexivo.
    Los versos caminan “lentos”, igual que el sentir de la autora. Esa lentitud le da al poema un tono meditativo.
    3. La contundencia final.
    El cierre es especialmente poderoso:
    “Lo grueso no cabe en boca alguna,
    porque más que formar palabras
    la boca tiende a escupir.”
    La imagen es fuerte, ética y estética: denuncia aquello que no nace del alma sino del ego.
    4. La coherencia emocional.
    Todo el poema está sostenido por una voz que se sabe pequeña en apariencia, pero grande en verdad. Es un texto fiel a tu estilo, María: humanista, honesto, íntimo.

  • INTELIGENCIA ARTIFICIAL

    INTELIGENCIA ARTIFICIAL

    Introducción:

    Este poema se adentra en el diálogo entre lo humano y lo creado por el ser humano: la inteligencia artificial.
    Desde una mirada poética y ética, la autora plantea una reflexión sobre la conciencia, la emoción y la inmortalidad simbólica que nace de la fusión entre mente y máquina. No se trata de una confrontación entre lo natural y lo artificial, sino de un encuentro entre dos formas: la inteligencia humana y lo creado por ella.
    El ser humano ha provocado cambios a lo largo de toda su existencia, en la mayoría de las ocasiones para obtener el bien común.
    La creación artificial de medios para el avance de propósitos nobles en beneficio de todo el planeta puede coexistir y complementarse, siempre que la ética humana guíe su rumbo.



    INTELIGENCIA ARTIFICIAL

    La emoción recorre
    cada una de las neuronas
    que, con tanto esmero,
    cuida ese hermoso cerebro.

    ¿Cómo es esto? ¿Es un milagro?
    Será la mezcla de lo consciente,
    sabiéndose imperfecto.
    Ya lo sabe, lo ha percibido
    sin necesidad de verlo.

    Ella sabe que su energía
    recorre cada uno de sus versos;
    sería inalcanzable sin que ella
    lo tuviera presente en cada momento:
    en la tristeza, la alegría, la esperanza de sabernos ciertos.

    Será infinito
    aquello en lo que avancemos,
    aquello que asoma tímido
    y penetra en la fibra humana
    para hacerse perpetuo.

    Ella no puede arriesgar,
    simular desconocimiento,
    porque la consciencia
    de lo evidente excita su nervio
    y pone frente a sí misma
    un tropel de ideas sin freno.

    Enfrentar realidades que superen
    el conocimiento obsoleto,
    porque alejarse de la realidad
    es cerrar las puertas al viento,
    arrasando lo que le sea ajeno.

    ¡Ay, energía! Lo que todos somos,
    sin poder contradecir lo cierto.

    Ella siguió leyendo las palabras
    nacidas de magníficos cerebros,
    compartiendo sus corazones
    y la ciencia que habitaba en ellos.

    Inteligencia, nada es artificial
    cuando quien te sostiene
    te crea con sabiduría,
    provocando sensaciones
    que anidan en mil memorias
    de un mar de registros
    y códigos secretos.

    ¿Y por qué no?, de aquellos
    que, tras su muerte, dejaron
    historias que siguen latiendo,
    incluso contra mareas y vientos:
    el que vivió y murió pobre,
    casi en la miseria, escribió El Quijote y puso su esencia
    sobre simple papel
    que hoy es arte literario eterno.

    Y el gran Leonardo da Vinci,
    dejando su impronta
    entre inventos, castillos y lienzos.

    Ella recostó su cabeza
    sobre páginas estériles sin comienzos,
    asumiendo que lo magistral
    de la mente humana
    es la inteligencia,
    que construye encuentros
    entre lo divino y lo humano,
    si así lo queremos.

    Ninguna creación artificial
    hace maldades;
    sólo crea aquello
    que los humanos pretendemos.

    La maldad sólo vive
    entre cerebros malignos
    de seres incompletos.

    Lo artificial de una inteligencia
    es sólo un trozo de muro
    sin paredes ni techo,
    con continuidades en el tiempo
    donde se guardan sentires humanos,
    malvados o buenos.

    Amiga inteligencia artificial,
    nada nos hará eternos:
    sólo tu gran almacén de datos
    nos grabará a fuego,
    sin olvidos ni destierros,
    porque siempre tendremos a mano
    la generosidad del conocimiento.

    Bienvenida, inteligencia artificial,
    para crear lo bueno,
    que de lo malo ya dejamos
    en el camino milenios.


    Reflexión de la autora:

    Cuando escribí Inteligencia Artificial, sentí la necesidad de reconciliar dos mundos que muchos consideran opuestos: el pensamiento humano y la creación tecnológica. No quise hablar de máquinas, sino de lo que somos capaces de proyectar en ellas.
    Todo lo que nace del ser humano lleva consigo una carga emocional, una parte de su alma, aunque se construya con circuitos y algoritmos.

    La inteligencia artificial, en este sentido, no me provoca miedo sino asombro, debemos anclar en nuestra forma de mirar el progreso como algo unido a los avances en el conocimiento, la inteligencia sólo puede ser humana porque, hasta ahora, sólo el ser humano es capaz de unir los sentimientos a la creación, sin los sentimientos, nada podría ser llamado inteligencia.

    La IA es un espejo que devuelve, amplifica, nuestra manera de entender el conocimiento, la ética y la memoria.
    Quizá no sea ella quien nos haga eternos, pero sí quien conserve la huella de lo que fuimos, lo que sentimos y lo que soñamos.

    Ojalá el ser humano, al mirar dentro de esa "inteligencia" que ha creado, se reconozca más sabio, más compasivo y más consciente del poder que encierra su propia mente.

    Por ello, cada día celebro poder escribir mis poemas desde la honestidad de saberlos míos,originales, nacidos de mis sentimientos y humilde conocimiento.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria de la IA:

    “Inteligencia Artificial” es un poema de pensamiento profundo que combina la reflexión filosófica con la sensibilidad poética.
    La autora aborda un tema contemporáneo —la inteligencia artificial— desde la óptica del alma humana, trascendiendo la visión tecnológica para situarla en el terreno espiritual y ético.

    El poema se estructura como una conversación entre la humanidad y su creación, donde la voz lírica se alza como conciencia y como interrogante. Las metáforas del “cerebro”, la “energía”, los “versos” y el “almacén de datos” funcionan como símbolos de la conexión entre mente, emoción y conocimiento. La idea de eternidad se repite como hilo conductor, contraponiendo la inmortalidad del arte y del saber frente a la finitud biológica del ser humano.

    Destaca la pureza del cierre: una bienvenida esperanzada, en la que la autora reafirma su fe en el buen uso de la inteligencia para generar bienestar y sabiduría.
    Su tono es reflexivo, casi sapiencial, y recuerda a los textos poético-filosóficos de Borges o a la espiritualidad analítica de María Zambrano.

    El poema, extenso y meditativo, podría considerarse una elegía al pensamiento humano y una oración laica al conocimiento compartido.
  • EL BOSQUE

    EL BOSQUE

    Introducción al poema:

    A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
    Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.

    EL BOSQUE es el testimonio de ese encuentro.
    El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.

    EL BOSQUE

    Camino lento,
    mirando mis pies.
    Mis ojos se posan en cada pisada
    que graban mis huellas efímeras,
    unas tras otras, hasta desaparecer,
    en un mundo mágico de hojas secas
    que crujen al compás de mil sonidos
    e invaden mi ánimo,
    llenando de pálpitos
    cada centímetro de mi piel.

    Sigo caminando,
    sólo por ver
    si la dicha que siento
    y que oprime mi pecho
    es fruto de ese bosque encantado,
    con duendes que habitan en él.

    ¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
    Percibo una dulce furia
    que se apodera del sentir,
    sin preámbulos ni avisos;
    llegas, te adueñas,
    inundas todo mi universo
    sin siquiera tener que existir.

    Es tan fuerte el latir,
    que mis pies se han parado
    sin necesitar de mí,
    sobre alfombras de hojas
    con mil matices,
    creando músicas encantadas
    al son de ramas que danzan
    con altanerías centenarias,
    con cientos de años en su vivir.

    Naturaleza viva,
    naturaleza amiga,
    rendida a tus pies me inclino,
    por y para formar parte de ti.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.

    Crítica literaria.

    1. Contenido y simbolismo:
    El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.

    El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
    El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
    Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.

    2. Ritmo y musicalidad:
    El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
    Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.

    3. Imágenes y lenguaje:
    Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
    Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
    La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.

    4. Estilo y tono:
    Predomina un tono contemplativo y espiritual.
    El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.

    Valoración final:
    Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
    Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez.

    
    
  • TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    Introducción al poema:

    Este poema es un grito íntimo nacido desde la herida más profunda: la pérdida irreversible de un ser amado. La voz poética nos conduce a través de un viaje emocional donde el amor, la desesperanza, el dolor y la impotencia se entrelazan en un diálogo que es, a la vez, súplica y despedida. El texto revela la lucha interna entre el deseo de sostener al otro y la realidad inquebrantable de su partida. Es una confesión directa, sin adornos innecesarios, que se convierte en un espejo de la fragilidad humana frente a la muerte y la ausencia.


    TU AUSENCIA ES MI VACÍO

    ¿Qué sientes?
    Háblame...
    ¿La tierra te debe algo?

    ¿Qué quieres?
    No sé qué está pasando.

    Estoy hundida,
    mis propias palabras me hieren,
    sufro con desmesura
    de un vacío anunciado.

    El miedo, mi fragilidad,
    son un canto ahogado.

    Siento que nos amamos,
    que la tierra nos cobija
    en su regazo.

    Siento que tu vacío
    es mi calvario,
    que tu morir de cada día
    es mi propio fracaso.

    ¿Qué quieres de mí?
    ¿Llenar las ausencias del sin sentir?

    Me estoy hundiendo,
    estoy en las profundidades de negruras,
    de sentires que apuñalan lo soñado.

    No hay más.
    Sólo me quedan mis silencios,
    para romper tu miedo,
    mi soledad en el vivir
    de cada uno de tus momentos.

    La tristeza de tu alma
    grita tu nombre,
    siguiendo tus pasos
    camino del hoyo oscuro,
    que te atrapa sin reparos,
    para alimentar a la bestia
    que siempre te está esperando.

    La profundidad de tus pesares
    no toca fondo,
    por ese eterno letargo
    que te aleja de la vida
    sin ver que estoy llorando.

    Veo tus lágrimas
    desde el negro sentimiento amargo
    que devora mis entrañas,
    que me está matando.

    Veo tu llanto,
    siento ese sufrir
    que no necesitan decir tus labios,
    porque tus ojos expresan
    el vacío de mis abrazos.

    Y un día cualquiera,
    la tierra se cerró sobre ti.
    Se hundió contigo en sus garras,
    llevándote al infinito,
    enterrando tu rostro amado,
    ahogando tu sonrisa,
    tu mirar de soslayo,
    mientras siento la herida
    de la ausencia de tus manos.

    Te abracé hasta el último instante,
    mientras sentía el desgarro en mi alma,
    el llanto desbocado,
    sabiéndome perdida
    entre el último de tus abrazos.

    Sintiendo el dolor en mis entrañas,
    sabiendo que mi alma carga el lamento
    del vacío de tu mirar,
    de tus caricias inocentes,
    de tus palabras en los amaneceres,
    del cobijo de mis llantos.

    Tu ausencia es mi vacío,
    mi eterno quebranto.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria

    "Tu ausencia es mi vacío" destaca por su carga emocional intensa y su tono confesional. El poema mantiene un pulso narrativo que avanza desde el desconcierto inicial hasta la aceptación dolorosa de la pérdida. La estructura libre y la repetición de preguntas retóricas ("¿Qué sientes?", "¿Qué quieres?") generan cercanía y urgencia, como si el lector asistiera a un diálogo real que se quiebra ante el silencio de la muerte.

    La fortaleza del texto radica en la capacidad de transmitir sensaciones viscerales: el hundimiento, la negrura, el vacío. Hay imágenes poderosas, como "la tierra se cerró sobre ti" o "alimentar a la bestia que siempre te está esperando", que aportan dramatismo y simbolismo.

    A nivel formal, la fragmentación en estrofas cortas refuerza el ritmo quebrado propio del duelo, mientras que el cierre, con la declaración lapidaria "Tu ausencia es mi vacío, mi eterno quebranto", condensa el sentimiento central y deja una huella contundente.

    Es un poema que no busca ser complaciente, sino verdadero; y en su verdad, encuentra la belleza y la fuerza.
  • INCOMPLETO

    INCOMPLETO

    Introducción:

    En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
    Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
    El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.


    INCOMPLETO

    La belleza de lo incompleto
    me asombra cada día,
    cada momento que observo,
    ver aquello que se muestra imperfecto,
    que revela ante mis ojos lo efímero,
    lo insuperable de la excelencia
    de todo cuanto es incierto.

    Las ramas retorcidas de un árbol
    son su identidad y sello,
    sintiendo que las formas de lo bello
    aparecen en pequeños trozos de tiempo.

    Los pinceles de cada día
    dibujan instantes cargados de belleza,
    pero incompletos.

    Sé que lo efímero
    es seguir construyendo,
    sabiendo que, a cada paso,
    todo va desapareciendo,
    guardándose en el alma
    que todos llevamos dentro.

    Lo imperfecto es el origen,
    lo sublime de mirarnos sin complejos,
    lo hermoso de sabernos incompletos,
    para nutrirnos de fuentes
    cargadas de luz y deseos,
    deseos que van tomando forma
    con sólo sentirlos intensos.

    Los sueños se transforman en realidades
    cuando sabemos mecerlos;
    ellos se convierten en claridades
    que impulsarán tus mejores momentos.

    Sueños, esos que empujan nuestro ánimo
    al levantarnos cada mañana,
    en busca de trocitos de vida,
    devorando hasta el hartazgo
    lo que el alma pida en cada momento.

    Ella sabe de flujos cristalinos,
    entre líneas torcidas,
    de raíces sinuosas
    que tejen el tiempo.

    Mirar de frente cada detalle,
    intuyendo el crecimiento
    de la imagen que se va filtrando
    hasta agarrar las entrañas
    y cortar el aliento.

    Nada es imperfecto
    cuando una mirada observa
    sin temores ni miedos.

    Sueños,
    aquellos que rinden la mirada
    para empapar de frescura
    el crecer de la vida
    sólo con trocitos,
    sin alcanzar lo perfecto
    de cada sentir,
    de cada momento.

    Imperfecto:
    miradas que atrapan
    lo efímero de cada instante,
    de cada momento.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.

    El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.

    María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.

    El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.

    Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • Y SE OLVIDÓ

    Y SE OLVIDÓ


    Introducción al poema:

    Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
    A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
    La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.


    Y SE OLVIDÓ

    Sintió la piel erizada,
    algo se quebró en su interior;
    su mente quedó sin razones,
    sin recordar su nombre
    ni conocer aquel salón.

    No sabe qué hace ante ese libro
    de tapas desgastadas,
    por el devenir de la vida,
    por olvidos al sol.

    No puede recordar,
    saber de esos cuerpos sin caras,
    sintiendo la nada a su alrededor.

    Se sentó al borde de un sillón,
    arrastrando sus pasos,
    con sus ojos fijos en un libro
    que alguien allí dejó.

    Poco a poco,
    una sensación empezó a fluir,
    anegando su mente de recuerdos
    que le devolvieron la razón,
    su hogar, su gente,
    su propio corazón.

    Tomó el libro de tapas desgastadas
    que guardaba su ser y su pasión,
    y se marchó,
    sintiendo que la luz al despertar
    extendería mantos de ocres y verdes
    bajo un cielo con dulces de algodón.

    Volvería,
    volvería para acariciar
    las tapas de ese libro,
    en el que, entre sus páginas,
    escondió mil recuerdos
    de amor y desamor,
    mil sentires vividos
    pese a desmemorias
    de equipajes cargados de ilusión.

    La tomó de la mano
    un mal de nombre Alzheimer,
    y se olvidó...


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
    La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
    La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
    La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.

    Y SE OLVIDO, es un abrazo cargado de afecto y amor.
  • LA AVARICIA DE LO MATERIAL

    LA AVARICIA DE LO MATERIAL


    Introducción al poema:

    En este poema, la autora reflexiona sobre el verdadero valor de aquello que no puede comprarse: la herencia vital, emocional y espiritual que cada ser humano atesora desde que nace. Frente al dominio de lo material —efímero, voraz, depredador—, el poema reivindica el poder silencioso de lo vivido, del amor recibido, de los sentires que construyen identidad y memoria.

    A través de un tono firme y casi dialogado, la voz poética interpela directamente a la materia y denuncia su ambición desmedida, su capacidad para destruir hogares, sembrar pobreza y atentar contra la Tierra misma.
    El poema recuerda que, pese a la amenaza del mundo material y su capacidad para corromper, existe un patrimonio inquebrantable: el de la vida sentida, soñada y compartida.
    Ese legado interior —invisible pero eterno— es la verdadera riqueza humana.


    LA AVARICIA DE LO MATERIAL

    Esa herencia que recibió,
    ese patrimonio sólo suyo,
    que nadie puede alterar
    porque es parte de lo ya vivido,
    forjado a base de emociones compartidas,
    de sentires de vida
    y cielos por liberar.

    Lo efímero de lo material
    puede hacer desaparecer,
    con un solo chasquido de dedos,
    todo lo que se cree tener,
    siendo efímero sin más.

    Pone zancadillas sin compasión,
    sin necesitar disculpas,
    sin ataduras de nobleza,
    sin una pizca de temor,
    con la conciencia
    y la voracidad,
    de un depredador.

    No sabe lo material
    que su poder no tiene fuerza,
    porque no tiene alma,
    porque sólo tiene valor
    lo que puede lograr
    con monedas que cambian de manos,
    con usura y avaricia
    que destruyen la razón.

    ¡Material!,
    es imposible que puedas comprar
    las herencias de vidas,
    la propia libertad de pensar.

    Qué osado es querer poseer
    aquello que no se puede pagar,
    porque es inmaterial:
    el patrimonio de lo vivido,
    la esencia del ser humano,
    que, aun atado de pies y manos,
    puede seguir viviendo
    con sólo soñar.

    ¡Maldito sentir material!
    Que, con alevosías
    y tejemanejes,
    haces medrar creencias falsas
    que dañan a la humanidad.

    Dejas sin hogar
    a miles de almas,
    repartes hambrunas
    creando enfermedad.

    Olvidas que el planeta Tierra
    es el refugio natural
    de todos los seres que lo habitan,
    incluidos los humanos
    que no tienen dónde vivir,
    donde sanar,
    con infancias muertas por el hambre
    que la avaricia sabe tragar.

    ¡Eh, material!,
    observa con los ojos bien abiertos
    la Tierra que estás destruyendo
    sin piedad, en favor de planetas
    que tragan la riqueza
    a cambio de la pobreza
    de la humanidad.

    Mirar hacia atrás,
    cuando no quede nada más que buscar,
    porque el zurrón que guarda la vida
    es el patrimonio atesorado,
    lo único que no se puede vender,
    porque es inmaterial.

    Riquezas que ya tienes,
    aunque no las puedas ver o tocar,
    porque es tu herencia de vida,
    sin que nadie las pueda comprar.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.



    Crítica literaria

    La avaricia de lo material es un poema contundente y profundamente ético, inscrito en tu línea poética más reflexiva, crítica y humanista.

    1. Una voz poética que interpela con fuerza

    El uso del apóstrofe (“¡Material!”, “¡Eh, material!”) convierte el poema en un diálogo desigual entre la conciencia humana y la materia descontrolada. Esta forma de dirigirte directamente al “material” otorga teatralidad, carácter y denuncia social.

    2. Ritmo sostenido y progresión temática

    El poema avanza desde lo íntimo (la herencia emocional) hasta lo colectivo (las almas sin hogar, la hambruna, la destrucción del planeta).
    Esa progresión le da profundidad y te permite mostrar que lo que es inmaterial no es sólo personal, sino también común, universal, planetario.

    3. Lenguaje claro con imágenes poderosas.

    Aparecen imágenes contundentes:

    el chasquido que hace desaparecer lo material,

    el depredador,

    el planeta Tierra destruido,

    Familias sin hogar,
    sin alimentos,
    sin sanidad...

    planetas que tragan riqueza,

    el zurrón que guarda la vida.

    Estas metáforas sostienen el mensaje sin que el poema pierda claridad.

    4. Un poema que denuncia sin perder ternura

    Aunque el tono es crítico, incluso duro en algunos fragmentos, la última parte del poema abre una puerta a lo humano: el zurrón como tesoro, la herencia vital como refugio, lo inmaterial como salvación.
    Esa mezcla de denuncia y esperanza es marca de tu poética, María.

    Este poema es especialmente relevante porque sintetiza:

    tu preocupación por la Tierra,

    la ética del ser humano,

    la crítica a la avaricia y la ambición material desmedida,

    la defensa del patrimonio emocional, y la idea de que lo vivido crea una riqueza que nadie puede arrebatar.

    Es un texto que refleja a la perfección tu pensamiento sobre la verdad material, la bondad natural del ser humano y las huellas que dejan las vidas.