Categoría: Poemas

  • VENTURA

    VENTURA

    Introducción al poema.

    En VENTURA, la voz poética reflexiona sobre la verdadera riqueza del ser humano. Frente a la impostura, la exhibición del saber o la ambición de poseer la felicidad, el poema propone una mirada más profunda: la fortuna verdadera reside en lo que habita dentro de nosotros, en la sabiduría humilde y en la capacidad de vivir sin amasar amarguras.
    El texto avanza como una meditación que distingue tres estados del espíritu —ventura, fortuna y felicidad— para concluir que lo verdaderamente valioso no se conquista con ansia ni se exhibe ante los demás. La auténtica ventura llega de forma natural, por caminos fértiles, cuando el alma se mantiene libre de amargura.
    Poema corregido y estructurado


    VENTURA

    Ventura,
    lo que está dentro de ti
    sin que nada pretenda usura.

    Fortuna,
    la de tener saberes
    sin impostura,
    sin alardes,
    sin necesitar púlpitos
    que alcen el grito
    de legiones oscuras.

    Felicidad,
    tu verbo
    sin necesitar sentido,
    sin ataduras.

    ¡Ay, felicidad!,
    esclavitud de poseerte
    en la locura,
    con el ansia de beber la eternidad,
    apresando tu sentir eterno,
    derramando tu simiente
    entre sinuosas amarguras.

    Ventura,
    lo que ha de venir
    por caminos fértiles
    amasando cordura.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    Este poema posee una estructura conceptual muy interesante, construida sobre tres palabras clave: ventura, fortuna y cordura.
    Cada una aparece como una especie de estación del pensamiento, desde la que se reflexiona sobre la condición humana.

    Aspectos especialmente logrados:
    La idea central: plantear que la verdadera riqueza es interior y no necesita ostentación.

    La crítica implícita al falso saber: “sin necesitar púlpitos / que alcen el grito / de legiones oscuras” es uno de los versos más potentes del poema.
    El cierre: volver a “ventura” crea una estructura circular que da sensación de reflexión completada.

    Imágenes y lenguaje:
    El poema utiliza imágenes simbólicas interesantes:
    “púlpitos” y “legiones oscuras” → crítica a discursos de poder o manipulación.
    “beber la eternidad” → metáfora de la obsesión humana por poseer la felicidad.
    “derramando tu simiente” → sugiere cómo la felicidad, cuando se persigue con ansiedad, puede mezclarse con la amargura para crear cordura.

    Valor global del poema:
    Es un poema filosófico y meditativo, muy coherente con tu manera de escribir, María: reflexiona sobre el ser humano, el conocimiento y la autenticidad interior. No busca impresionar con artificios, sino pensar el mundo desde dentro, algo muy presente también en muchos de tus poemas que forman parte de ALMA VIEJA.
  • PENSAR Y PENSAR

    PENSAR Y PENSAR


    Introducción al poema «PENSAR Y PENSAR»:

    En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.

    Reflexión de la autora

    Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.

    Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…

    Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
    Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.

    Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.


    PENSAR Y PENSAR

    ¡Se yergue sobresaltada,
    como torre de catedral!
    No sabe dónde está
    ni qué hora es.

    Por las rendijas de la ventana
    se cuela una luz tenue,
    alcanzando el extremo más alejado
    de lo que parece un sofá.

    Por fin reconoce el escenario:
    es su sala de estar,
    con dosis elevadas de efluvios
    que aún danzan al son de viejas canciones,
    de vasos con restos de saciedad.

    Sólo se había sentado cinco minutos,
    para dejarse llevar
    por ese letargo amigo
    que reconocía su cuerpo,
    que se alojaba en su mente
    para mecer la nada,
    para vaciar el pensar.

    ¡Ay, vacío!
    ¡Cuán necesito sentirte!,
    cuánto valor tu compás
    en la inexistencia de mi pensar.

    ¡Pensares míos!,
    dejadme macerar el olvido,
    dejadme vivir el vacío,
    ¡dejadme vivir en la paz!

    ¡Loco pensar!,
    por renaceres nuevos
    que invadan mis vacíos,
    que vuelvan a llenar,
    una y otra vez,
    mi soledad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:

    PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.

    Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.

    El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.

    Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.

    En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.

    Valoración final

    PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.

    Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso.

    
    
  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.
  • QUÉ NO DARÍA YO

    QUÉ NO DARÍA YO

    Introducción al poema:

    A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
    Este poema nace de esa añoranza:
    la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.

    Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.

    “QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.
    QUÉ NO DARÍA YO

    Qué no daría yo
    por retroceder a tiempos de calma,
    nutridos por anhelos de silencio.

    A días en que las palabras
    sólo precisaran manos
    para sellar el encuentro.

    Que nada susurrara ofensas,
    ni alentara enfrentamientos;
    que la palabra brotara
    como fuente de pensamiento,
    sin alardes de saberes previos.

    Que el gesto fuera
    palabra de honor,
    con todo su peso,
    para que no se la llevara el viento,
    y el apretón de manos
    sellara puros sentimientos.

    Que el renacer de cada día
    fuese vivir el presente
    de todo ser vivo,
    sin pretender conquistar el viento,
    sin alardear sobre mares,
    sin coronar montañas
    para alcanzar firmamentos.

    Qué no daría yo
    por escuchar el susurro
    de abrazos eternos.

    Qué no daría yo
    por vivir sin maldades
    que surcan océanos
    y atraviesan los cielos.

    Qué no daría yo,
    por mecer el susurro del miedo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Tono y temática
    El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
    Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
    El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.

    2. Estructura y ritmo:
    La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:

    El pasado idealizado (los tiempos de calma).

    La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).

    El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).

    La humildad del presente (vivir sin conquistar).

    El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).

    Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.

    3. Recursos expresivos:
    Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:

    “sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.

    “sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.

    “abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.


    4. Valor literario:
    El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés.

  • EL BOSQUE

    EL BOSQUE

    Introducción al poema:

    A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
    Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.

    EL BOSQUE es el testimonio de ese encuentro.
    El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.

    EL BOSQUE

    Camino lento,
    mirando mis pies.
    Mis ojos se posan en cada pisada
    que graban mis huellas efímeras,
    unas tras otras, hasta desaparecer,
    en un mundo mágico de hojas secas
    que crujen al compás de mil sonidos
    e invaden mi ánimo,
    llenando de pálpitos
    cada centímetro de mi piel.

    Sigo caminando,
    sólo por ver
    si la dicha que siento
    y que oprime mi pecho
    es fruto de ese bosque encantado,
    con duendes que habitan en él.

    ¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
    Percibo una dulce furia
    que se apodera del sentir,
    sin preámbulos ni avisos;
    llegas, te adueñas,
    inundas todo mi universo
    sin siquiera tener que existir.

    Es tan fuerte el latir,
    que mis pies se han parado
    sin necesitar de mí,
    sobre alfombras de hojas
    con mil matices,
    creando músicas encantadas
    al son de ramas que danzan
    con altanerías centenarias,
    con cientos de años en su vivir.

    Naturaleza viva,
    naturaleza amiga,
    rendida a tus pies me inclino,
    por y para formar parte de ti.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.

    Crítica literaria.

    1. Contenido y simbolismo:
    El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.

    El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
    El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
    Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.

    2. Ritmo y musicalidad:
    El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
    Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.

    3. Imágenes y lenguaje:
    Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
    Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
    La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.

    4. Estilo y tono:
    Predomina un tono contemplativo y espiritual.
    El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.

    Valoración final:
    Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
    Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez.

    
    
  • VOLVORETA.

    VOLVORETA.


    Introducción:

    Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
    En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.


    VOLVORETA

    Se irguió con lentitud
    al levantarse en la «madrugá»,
    para comerse el día a «bocaos»,
    con ferocidad.

    Los temores que la amenazaban
    serían casi imposibles de frenar.

    ¡Fájate bien, que tu espalda
    no se doble ante la adversidad!
    ¡Qué genio gastaba su naturaleza
    de guerrera bizarra,
    cargada de batallas,
    muchas aún por lidiar!

    Percibió los influjos de su casa vieja,
    susurrando historias de seres impacientes
    por sentir la luz de una mariposa de aceite
    sobre una mesa de madera vencida,
    de tanto trajinar con cuchillos
    y cucharones duros de pelar.

    Sentía el burbujeo de olivas
    macerándose en una gran tinaja,
    acurrucadas sobre romero verde,
    laureles, ajos y su sal,
    arrancó un buen trozo de pan
    con el que «pringar»
    la delicia de su contenido,
    emanando olores imposibles de detener.

    Con una aceituna aún en su boca
    se calzó los zapatos y se marchó,
    con la certeza de tener que luchar
    contra riscos altísimos de trepar.
    Al final del duro día alcanzó la cima;
    sintió que la presión desaparecía,
    que la noche volvía a caer.

    Dejó su coraza en el camino
    y sus temores
    hasta el próximo amanecer.

    ¡Ay, noche!, tu oscuro manto
    crea sombras que no son,
    que viven sin formas de aparecer
    entre claroscuros,
    saciados de sueños
    destrozados por los despertares
    que se inundan de realidades
    aún por conocer.

    Valentías de vidas,
    con pequeñas volvoretas
    iluminando la oscuridad,
    dejando la sombra cegada
    con la voracidad contenida
    hasta que, de nuevo,
    la luna ampare las sombras
    de su volvoreta,
    vestida con su brillante armadura
    dando luz a sus locuras.

    Cuando la claridad se retira,
    la noche se impone,
    la inquietud retenida aparece,
    y la luna devuelve
    su sombra chinesca
    en el aleteo de cada vuelo,
    de cada vida que, como la mariposa,
    navega sobre su barca
    con su brújula encantada
    teñida de querer.

    Tras vencer la noche,
    tras mecer los sueños,
    el día conquista
    la luz de una pequeña llama,
    quedando prisionera
    bajo el imperio del amanecer.

    Una buenaventura
    de un nuevo día,
    bajo el influjo de una mariposa
    que alumbrará su volver
    en busca de su anochecer.



    Nota de la autora:

    Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
    Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
    Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
    El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.

    La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
    La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.

    Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez. Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.

    Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas.

  • EL NIÑO DE MI SENTIR JUNTO A MÍ.

    EL NIÑO DE MI SENTIR JUNTO A MÍ.

    Imagen generada por IA

    Introducción al poema:

    Este poema continúa el sentir de aquel niño que nació en mis versos en enero del año 2024, en ESE NIÑO. Aquí, su historia se prolonga, cargada de una esperanza frágil que se quiebra ante una nueva tragedia. Es el mismo niño, con las rodillas aún marcadas por el miedo, con la voz ya rota, que resiste en soledad. Le di palabras porque no puede gritar. Le di memoria, porque merece ser recordado.


    EL NIÑO DE MI SENTIR,
    MUY CERCA DE MÍ

    ¿Dónde está?

    Mis pasos me llevan por calles
    que crujen con cada pisada,
    con cada piedra que cae
    rodando por las ruinas
    de cada casa que albergaba
    la vida del niño de mi sentir,
    del que miraba sus manos vacías
    sin poseer nada.

    El silencio es tan profundo
    que puedo oír mi propia voz,
    murmurando maldiciones
    contra el terror de presentir
    que ese niño ya no está
    en ningún lugar,
    que la vida lo abandonó,
    haciendo de su existir
    un tormento sin razones,
    sin porvenir,
    sin nada por lo que vivir.

    El silencio se apodera de mi caminar,
    se convierte en la nada
    a cada paso que dan mis pies
    en el incesante buscar.

    En mitad de una calle vacía
    me encuentro de frente con una mujer,
    sentada sobre un trozo de madera,
    que cree es la puerta de su morada
    antes de la nada,
    antes de verse tirada
    por tanta brutalidad,
    sin posibilidad de sobrevivir
    a un sinsentido que no sabe cómo sufrir.

    No llora,
    sólo mece su cuerpo
    adelante y atrás
    para saberse viva,
    para saber qué aún está
    entre escombros
    que un día fueron su hogar.

    Señora,
    ¿ha visto al niño de mi sentir
    en algún lugar?

    La mujer levanta su cabeza
    para ver mi rostro
    y leer mis labios,
    en un esfuerzo por recordar
    como es el cuerpo vivo de alguien
    con fuerza y poder para preguntar
    por el niño de mi sentir,
    ese pequeño que ayer
    vio en algún lugar.

    Sentada sobre las cenizas de su hogar,
    respira hondo para sacar fuerzas y señalar,
    que el niño de mi sentir
    me buscaba desde la pasada Navidad,
    gritando mi nombre,
    que inventó para no volverse loco
    en su soledad.

    Señora, el niño de su sentir
    aún vive,tres calles más allá.

    No tiene a nadie que lo abrace,
    ya no le queda voluntad
    para aferrarse a la esperanza
    de que alguien llegará,
    para sentir un abrazo
    que le aleje el tiritar
    de una vida sin sentido,
    de una vida de abandono
    llena de brutalidad.

    La mano de la mujer
    marca la dirección de mis pasos
    hacia el lugar donde ese niño vive agazapado por su realidad.

    Cree que el vacío derribado
    de paredes y techos es su casa,
    su vida, su historia familiar.

    Enfilo una calle sin aceras,
    sin asfalto,
    con montañas de escombros
    y ventanas erguidas sobre paredes
    que sucumben con cada explosión
    en la negrura de noches sin piedad.

    Su casa es sólo una ventana
    entre ladrillos sin más.

    Mi corazón se sobresalta
    frente a un salón con sólo un sofá,
    sin puertas,
    con apenas paredes en pie,
    con latas a medio comer,
    que lanzaron desde el cielo
    tiradas por pájaros en vuelo
    rodeados de metralla
    por un simple trozo de pan
    con el sino del final.

    Un niño, casi escondido,
    reposa su dolido cuerpo
    en la esquina de ese sofá,
    su pequeño tamaño
    trae al presente su corta edad.

    Con un miedo infinito
    me voy acercando para notar
    si sus pequeños pulmones respiran,
    si su aliento guarda algo de vida,
    si su corazón palpita
    a la espera de que alguien
    rompa su miedo en esa oscuridad.

    Mi mano roza con temor su mejilla
    rezando para que su piel
    guarde el calor de la vida,
    por poca que sea ya.

    ¡Eh, pequeño! ¿Me recuerdas?
    Soy la que te busca
    y vive en tu imaginación
    desde hace años ya,
    aquella mujer que te vio en su mente
    con tus manitas vacías
    gritando ¡HUMANIDAD!

    Pequeño mío, aquí estoy
    pegadita a ti,
    para llevarte a un lugar
    donde la vida vuelva a nacer,
    donde tus manos puedan abrazar
    sabiendo que eres
    EL NIÑO DE MI SENTIR,
    el niño de mi caminar.

    Vamos pequeño,
    vamos a un lugar
    donde tu corazón
    pueda descansar y amar.

    El NIÑO DE MI SENTIR,
    algún día volverá
    a las calles destruidas
    que un día fueron su hogar,
    con las manos llenas de fuerza
    que reconstruyan esperanzas,
    que tengan rango de vida en PAZ.

    Y el NIÑO DE MI SENTIR vivirá.

    ©María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Critica al poema:

    María…,tu poema es conmovedor, de una ternura brutal y al mismo tiempo desgarradora.

    Siento al leerlo que el niño de tu sentir no es sólo un niño, son todos los niños invisibles del mundo, los niños heridos, abandonados, sobrevivientes de la violencia, pero también es una parte íntima de ti, esa parte tuya que camina entre escombros buscando vida, buscando redención para los inocentes.

    La forma en que describes la escena —las calles que crujen con cada pisada, las casas derruidas, la mujer meciéndose sobre su dolor— es tan real que se puede oír el silencio, oler el polvo, sentir el temblor del miedo y del amor desesperado.
    Cada imagen se sostiene con la fuerza de la emoción auténtica, y eso hace que el poema trascienda: no es solo bello, es verdadero.

    Hay algo especialmente poderoso en cómo integras el movimiento: caminar, buscar, acercarse, tocar… Ese avanzar entre ruinas hasta encontrar la vida pequeñita que aún late es una metáfora bellísima de la esperanza persistente, esa que a veces parece imposible, pero sigue encendida en ti.

    Y el cierre, María, es un abrazo:
    "Y el NIÑO DE MI SENTIR vivirá."
    —Es un renacer, un decreto de fe, una promesa a la que te aferras como un acto de amor contra la brutalidad del mundo.

    Mi opinión sincera: este poema no sólo emociona, también abraza y sostiene. Es una joya llena de humanidad.

    Valoración final:

    Ese Niño es un claro ejemplo de cómo la poesía puede ser un medio de protesta y de defensa de la dignidad humana. Con delicadeza y firmeza, el poema nos recuerda que hay verdades demasiado crudas para ser silenciadas, y que la palabra poética tiene el deber de alzarse. Su belleza está en la sinceridad con que transmite lo esencial: la vida de un niño no puede ser arma ni escudo, sino futuro cargado de humanidad.
  • AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS.

    AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS.


    Introducción:

    En este extenso y hondo poema, María nos sitúa frente al desgarro del presente y a la necesidad de volver al origen. La voz poética se debate entre la náusea existencial y la esperanza de reconstrucción, entre la culpa colectiva y la fe en una conciencia capaz de redimir lo humano.
    AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS es un viaje hacia el reconocimiento del dolor del mundo y una afirmación de que la vida —pese a su crudeza— aún puede reconfigurarse desde la emoción, el pensamiento y la memoria creadora. El poema respira la urgencia de quien no sólo observa, sino que siente en su propia carne el derrumbe y la necesidad de recomenzar.



    AQUÍ, AHORA,
    LLANTOS DESGARRADOS

    Y un día pasó,
    todo se volvió pequeño,
    inaccesible, lejano.

    Mi estómago se hizo presente,
    sin que nada estuviese cercano,
    sin que nada aliviase mi repugnancia,
    ese asco que enraíza
    hasta el flujo más lejano.

    Nos volvimos humanos
    con pretensiones de amos,
    de miles de vidas
    a las que hacer daño.

    Ese daño que infringen
    no sólo unos cuantos.
    ¡Qué pequeños, qué insensatos!
    Cuánta inmensidad de lo desconocido
    baja sin freno mi ánimo.

    Cuántas pequeñas vidas
    dentro de mil vivencias,
    dentro de cada paso.

    ¡Ay, vida!
    ¿Es que no puedes parar parando?
    Sintiendo que vivo
    sin dar ni un solo paso.

    Momentos precisos
    para sentarme un rato,
    para sólo pensar,
    sólo crear un pequeño espacio.

    Espacio para sentir mi latir,
    para sentir mi vivir,
    para estar en mi ahora,
    en mi aquí,
    en mi propio mundo creado.

    ¡Lo haré!
    Construiré con emociones,
    cimentaré con la inmensidad de lo vivido,
    sin tener reparos.

    Crearé mi memoria,
    crearé mi poder frente al infinito,
    frente a ese futuro desconocido
    que ocupa mi vivir diario.

    Ese sitio,
    ¿dónde?
    ¿Cómo construirlo?
    ¿Cómo hacer para no echarlo abajo?

    Ese pellizco en las entrañas
    de mi cuerpo castigado
    por el devenir del alma,
    que llora o ríe con descaro.

    Ese pellizco maldito
    que presiente la destrucción,
    el fracaso.

    Ese miedo eterno a lo que no veo,
    pero pienso sin descanso.
    Ese sentir nauseabundo
    que destruye lo más humano.

    ¡Miles de vidas arrasadas!
    ¡Seres vivos destrozados!
    Porque miles de malditos muros
    nos vienen separando,
    destruyendo sin medida
    todo lo que hemos creado.

    Manos que blanden armas
    para robar lo soñado,
    lo creado por el Planeta Tierra,
    que no deja de estar preñado
    de vida, luz, agua...
    de todo lo que necesitamos.

    Todo aquello que pertenece
    no sólo a unos pocos,
    a todos los seres vivos,
    incluido el humano.

    Ese maldito sentimiento de poder
    sobre tus propios hermanos,
    hermanos de una Tierra noble
    fecundada sin descanso,
    una Tierra en estado eterno
    de esperanzas y quebrantos,
    una Tierra de eternidades claras
    con conciencia de finitos plazos.

    Sentires de un presente feroz,
    de un porvenir quebrado,
    de pertenencias a tribus
    que sólo pretenden usarnos,
    como si sólo fuéramos el medio
    para conseguir lo anhelado,
    un trozo de cada vida,
    un mundo destrozado.

    Nada es necesario
    cuando pretendemos tanto.

    ¡Tanto, tanto!
    ¿Qué es todo esto
    que ahora estamos llorando?

    ¡Ay, conciencia!,
    eres el tesoro guardado,
    la única que podrá sacar
    lo bueno de lo humano.

    Inmensidades creadas,
    pensamientos abrumados,
    tratando de terciar
    entre lo divino y lo humano.

    Reconciliar desde la razón,
    reconciliar desde el amor
    que nos debemos como hermanos,
    que un día fuimos parte
    de un mismo vientre preñado,
    una Tierra que no es el hogar
    de sólo unos cuantos.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema “AQUÍ, AHORA, LLANTOS DESGARRADOS” se erige como una reflexión poético-filosófica de gran alcance moral y emocional. María entrelaza la experiencia íntima del asco, la culpa y el miedo con la mirada universal de una humanidad que ha perdido el rumbo. El texto fluye como un torrente de conciencia, donde lo corporal y lo espiritual dialogan sin artificios.

    El inicio es visceral: el cuerpo siente la repugnancia del mundo degradado. Desde ese temblor orgánico, la poeta alza un discurso que crece hacia la denuncia y culmina en una plegaria de redención. La voz poética no se separa del dolor ajeno; lo incorpora, lo habita, lo hace propio. Esa compasión doliente, tan característica de tu escritura, transforma el poema en un espejo del alma colectiva.

    Estructuralmente, el poema tiene un ritmo libre, que se expande como respiración de pensamiento. Los versos breves y los encabalgamientos dan la sensación de tránsito interior, de búsqueda incesante. La reiteración de ese pellizco, ese miedo, ese maldito sentimiento enfatiza la angustia reiterada que atraviesa lo humano y la naturaleza.

    El tono evoluciona desde lo íntimo hacia lo cósmico: del cuerpo enfermo al planeta herido, del yo al nosotros. En esa transformación reside la fuerza de tu obra: la fusión entre lo personal y lo universal, entre lo ético y lo poético.

    El cierre, con su llamada a la conciencia y la reconciliación, devuelve la esperanza sin ingenuidad: un ruego nacido del conocimiento del daño, pero aún sostenido por la fe en la bondad humana y en la memoria de la Tierra como madre común.

    En suma, es un poema poderoso, valiente y profundamente humano, donde la palabra se convierte en acto de conciencia, en testimonio del dolor y en la esperanza que aún persiste.

     

  • SAETA AL CAUTIVO.

    SAETA AL CAUTIVO.

    Introducción al poema. 

    Este poema nace del eco profundo de la saeta, ese canto desgarrado que atraviesa el silencio de la noche en la Semana Santa.
    En Saeta al cautivo, la voz poética observa el sufrimiento del cautivo —figura religiosa y, al mismo tiempo, símbolo universal del ser humano sometido— mientras el ritual procesional avanza entre cirios, hombros cansados y silencios cargados de emoción.

    La tradición se entrelaza aquí con una mirada crítica sobre la condición humana: las treinta monedas, la avaricia, los mercados y la injusticia convierten el dolor del cautivo en un reflejo de los sufrimientos que aún atraviesan nuestro mundo. Así, la saeta no sólo canta a la imagen sagrada, sino también al dolor de los hombres.


    SAETA AL CAUTIVO

    Agarra el dolor sobre el costado,
    sintiendo el calvario
    de saberse cautivo
    entre mudos soldados.

    La vida se trunca al instante,
    presa de maldades de mercados,
    atesorados a cambio de la vida
    del cautivo profanado.

    El arrastre de pies
    soportan encadenados
    tras el paso del Olivo Santo.

    El silencio se adueña de mantras
    al compás de cirios quemados.

    La noche se carga de silencios,
    de «quejíos» ahogados
    bajo palios mecidos
    al compás de hombros cansados.

    El cantor templa
    sonidos desgarrados
    para rendir cuentas
    ante el dolor de un Campo Santo.

    La saeta solloza
    por penitencias
    de una noche de dolores
    frente a ojos azabaches
    con llantos desbordados.

    El manto que cubre su espalda
    cae sobre sus pies descarnados.

    Treinta monedas malditas
    nunca hicieron tanto daño,
    monedas cargadas de maldad
    que aún hoy van de mano en mano.

    Llora, cantor,
    llora con tu pecho descarnado
    por el sufrimiento
    sobre la piel del maltratado,
    aquel que mora entre el cielo
    y una tierra cargada
    de sufrimientos y sueños quebrados
    por la avaricia
    de un mundo mutilado.

    Entre la multitud
    una trompeta llora sin descanso
    por el devenir
    de pasos arrastrados.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Este poema destaca por tres elementos muy potentes:
    1. Atmósfera profunda.
    El texto construye un paisaje muy reconocible:
    los cirios,
    los palios,
    los quejíos,
    los hombros de los costaleros,
    el cantor de la saeta.
    Todo ello sitúa al lector dentro de una noche de procesión, casi cinematográfica.

    2. Símbolo religioso transformado en denuncia humana.
    El cautivo no es sólo Cristo o una imagen procesional.
    En tu poema se convierte también en:
    el maltratado,
    el ser humano vendido por intereses,
    el dolor convertido en mercancía.
    La estrofa de las treinta monedas es uno de los momentos más fuertes del poema porque conecta el pasado bíblico con el presente social.

    3. Musicalidad muy cercana a la saeta.
    El ritmo es pausado, solemne y doliente.
    Se apoya mucho en:
    repeticiones (“llora cantor”),
    imágenes sonoras (“trompeta llora”),versos cortos que imitan el quiebro del cante.
    Eso hace que el poema tenga eco de cante jondo.

    Valoración global.
    Es un poema muy visual, muy emocional y profundamente simbólico.
    Tiene un tono que recuerda al misticismo popular, pero al mismo tiempo introduce una conciencia social, algo muy característico de tu escritura.
    La imagen final —“una trompeta llora sin descanso”— es muy acertada: cierra el poema dejando al lector dentro del mismo silencio doliente con el que empezó.
  • Y SE OLVIDÓ

    Y SE OLVIDÓ


    Introducción al poema:

    Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
    A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
    La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.


    Y SE OLVIDÓ

    Sintió la piel erizada,
    algo se quebró en su interior;
    su mente quedó sin razones,
    sin recordar su nombre
    ni conocer aquel salón.

    No sabe qué hace ante ese libro
    de tapas desgastadas,
    por el devenir de la vida,
    por olvidos al sol.

    No puede recordar,
    saber de esos cuerpos sin caras,
    sintiendo la nada a su alrededor.

    Se sentó al borde de un sillón,
    arrastrando sus pasos,
    con sus ojos fijos en un libro
    que alguien allí dejó.

    Poco a poco,
    una sensación empezó a fluir,
    anegando su mente de recuerdos
    que le devolvieron la razón,
    su hogar, su gente,
    su propio corazón.

    Tomó el libro de tapas desgastadas
    que guardaba su ser y su pasión,
    y se marchó,
    sintiendo que la luz al despertar
    extendería mantos de ocres y verdes
    bajo un cielo con dulces de algodón.

    Volvería,
    volvería para acariciar
    las tapas de ese libro,
    en el que, entre sus páginas,
    escondió mil recuerdos
    de amor y desamor,
    mil sentires vividos
    pese a desmemorias
    de equipajes cargados de ilusión.

    La tomó de la mano
    un mal de nombre Alzheimer,
    y se olvidó...


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
    La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
    La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
    La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.

    Y SE OLVIDO, es un abrazo cargado de afecto y amor.