Introducción:
En Vestido de domingo y un charco, María Bueno rescata la dulzura de la infancia y el equilibrio entre la inocencia y la norma. La escena, sencilla y universal, encierra un ritual cotidiano: el deseo infantil de pisar un charco frente a la voz adulta que advierte sobre el peligro del barro y del vestido nuevo.
Entre el impulso libre y la contención impuesta se dibuja un retrato generacional: el de quienes aprendieron a disfrutar dentro de los límites, sin renunciar al gozo más puro de la vida.
VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO
Posa la pisada con cuidado,
no sea que el agua lleve barro.
Se atreve con el segundo pie,
¡ya está sobre el charco!
Ahora cuidado,
sólo arrastraré un poquito
la suela sobre el fango,
¡mis botas de agua
son fieles soldados!,
me protegerán del enemigo
que vive en el charco.
¡Chapoteará por fin!,
¡con patadas al agua!,
pero con mucho cuidado
porque lleva un vestido
recién estrenado,
con la prohibición de mancharlo.
Hoy es domingo
y no puede ensuciarlo,
podría provocar todo un enfado
con amenazas tiernas
y mantras heredados:
¡Ya te lo dije!
¡No pises los charcos!
Tu vestido no entiende de fangos,
debes cuidarlo
porque sólo los domingos
puedes usarlo.
Trocitos de recuerdos
sin enemigos malvados,
porque sólo era el disfrute
de chapotear sobre un charco.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Este poema logra una ternura conmovedora a través de un lenguaje limpio y una estructura narrativa ligera, casi visual.
La autora nos sumerge en una secuencia que se lee como una pequeña película de la memoria:
un pie, luego el otro, la risa contenida, el miedo al regaño, la felicidad del instante robado.
El uso de exclamaciones y repeticiones (“¡Chapoteará por fin!”, “¡Ya te lo dije!”) da ritmo y autenticidad, evocando el tono de la niñez y las voces familiares.
Además, el contraste entre el “enemigo del charco” y la “prohibición de manchar el vestido” convierte la anécdota en metáfora: la vida adulta nos enseña a cuidar la apariencia, a evitar el barro, pero la infancia —y el alma libre— buscan, inevitablemente, saltar dentro de él.
La última estrofa cierra con una nota nostálgica, casi redentora: los recuerdos, al final, no tienen enemigos, sólo la pureza de un instante vivido con alegría.
El poema es, en esencia, un canto a la inocencia resguardada, a la belleza de lo pequeño y a la memoria que sigue chapoteando, limpia, dentro de nosotros.
Categoría: Poemas
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VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO
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QUÉ NO DARÍA YO
Introducción al poema:
A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
Este poema nace de esa añoranza:
la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.
Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.
“QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.QUÉ NO DARÍA YO
Qué no daría yo
por retroceder a tiempos de calma,
nutridos por anhelos de silencio.
A días en que las palabras
sólo precisaran manos
para sellar el encuentro.
Que nada susurrara ofensas,
ni alentara enfrentamientos;
que la palabra brotara
como fuente de pensamiento,
sin alardes de saberes previos.
Que el gesto fuera
palabra de honor,
con todo su peso,
para que no se la llevara el viento,
y el apretón de manos
sellara puros sentimientos.
Que el renacer de cada día
fuese vivir el presente
de todo ser vivo,
sin pretender conquistar el viento,
sin alardear sobre mares,
sin coronar montañas
para alcanzar firmamentos.
Qué no daría yo
por escuchar el susurro
de abrazos eternos.
Qué no daría yo
por vivir sin maldades
que surcan océanos
y atraviesan los cielos.
Qué no daría yo,
por mecer el susurro del miedo.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
1. Tono y temática
El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.
2. Estructura y ritmo:
La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:
El pasado idealizado (los tiempos de calma).
La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).
El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).
La humildad del presente (vivir sin conquistar).
El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).
Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.
3. Recursos expresivos:
Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:
“sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.
“sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.
“abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.
4. Valor literario:
El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés. -

FLORES FRESCAS
Introducción al poema:
El poema Flores Frescas es una evocación poética que fusiona lo cósmico y lo íntimo para hablar del origen del ser, la pureza del alma, la fuerza de los sentires humanos y el poder de lo invisible. A través de una simbología luminosa —la luna llena, los amaneceres y las flores frescas—, la voz poética nos invita a reencontrarnos con nuestra esencia más pura, libre de apariencias y profundamente conectada con las emociones genuinas. Este texto es un canto al alma desnuda, a la sensibilidad sin máscaras, al respeto por lo sencillo y lo eterno.
FLORES FRESCAS
Cuenta la leyenda
que nacimos cargados
de noble inocencia,
con sueños hechos
de lunas llenas.
Lunas cargadas
de flores frescas,
con compases de poemas
hechos de mil sentires
que nos atraviesan
de dolor, alegría, calma,
de sentir que vives
sin ser eterna.
Sentires de una desnudez
que mima tu alma
antes de que amanezca.
Amaneceres
de flores frescas
que rinden honores
a la luna llena.
Deja mecer tu pura esencia,
ella te hará reír y llorar,
sin apariencias
que aparten de tu camino
tus flores frescas.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
Este poema está construido con un tono reflexivo y espiritual, con imágenes que beben tanto de lo celestial como de lo terrenal.
La luna llena actúa como símbolo de plenitud y conexión con el misterio ancestral, mientras que las “flores frescas” representan la pureza, los sentimientos genuinos, la esencia no contaminada del ser humano.
La estructura está marcada por un ritmo pausado y envolvente, con versos que fluyen como un susurro meditativo. El uso de la anáfora ("flores frescas", "luna llena") refuerza la musicalidad del poema y crea una cadencia armónica.
La repetición no es reiterativa, sino que carga de simbolismo cada aparición, convirtiéndolas en pilares del discurso poético.
Destaca el oxímoron que aparece en “sentir que vives / sin ser eterna”, una idea profundamente humana que evoca la finitud de la vida y la intensidad con la que se puede vivir desde la consciencia de esa fragilidad.
El poema invita a desprenderse de las apariencias, abrazar los sentimientos auténticos, permitir que el alma se deje mecer y, sobre todo, confiar en que esa inocencia primigenia aún puede florecer dentro de nosotras, como flores frescas que rinden homenaje a la existencia misma. -

PALABRAS GRUESAS…
Introducción al poema.
Hay palabras que pesan más por su vacío que por su tamaño. Este poema nace de ese cansancio que provoca escuchar discursos huecos, voces que presumen grandeza mientras esconden la pobreza de un sentir que no saben nombrar. Aquí, la voz poética camina despacio, desde la verdad íntima de lo sentido, frente a quienes llenan la boca de palabras que no significan nada.
El poema es una defensa de la conciencia, de la autenticidad y de la humildad de quien sabe que lo profundo no necesita alzarse: basta con ser verdadero.PALABRAS GRUESAS
No me hables con la boca llena
de palabras grandes,
de palabras huecas.
¡Ay, necio de ti!,
de qué llenas tus carrillos
cuando hablas de mí.
¿Sabes cuál es mi sentir?
Mi sentir camina lento
por rutas sin descubrir.
Con paisajes llenos de vidas
que precisan un sentir.Sentires llenos de palabras
que mi boca no sabe decir,
porque muda es la conciencia
cuando se habla sin decir.
Lo grueso no cabe en boca alguna,
porque más que formar palabras
la boca tiende a escupir.© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
PALABRAS GRUESAS es un poema de denuncia suave pero firme, donde la fuerza nace de la sinceridad. Destacan:
1. La oposición entre dos lenguajes.
El poema contrapone lo grande y hueco con lo íntimo y verdadero. La boca llena de “palabras gruesas” simboliza la impostura; la conciencia muda, en cambio, simboliza la verdad que no necesita exhibirse.
2. El ritmo es pausado y reflexivo.
Los versos caminan “lentos”, igual que el sentir de la autora. Esa lentitud le da al poema un tono meditativo.
3. La contundencia final.
El cierre es especialmente poderoso:
“Lo grueso no cabe en boca alguna,
porque más que formar palabras
la boca tiende a escupir.”
La imagen es fuerte, ética y estética: denuncia aquello que no nace del alma sino del ego.
4. La coherencia emocional.
Todo el poema está sostenido por una voz que se sabe pequeña en apariencia, pero grande en verdad. Es un texto fiel a tu estilo, María: humanista, honesto, íntimo. -

INTELIGENCIA ARTIFICIAL
Introducción:
Este poema se adentra en el diálogo entre lo humano y lo creado por el ser humano: la inteligencia artificial.
Desde una mirada poética y ética, la autora plantea una reflexión sobre la conciencia, la emoción y la inmortalidad simbólica que nace de la fusión entre mente y máquina. No se trata de una confrontación entre lo natural y lo artificial, sino de un encuentro entre dos formas: la inteligencia humana y lo creado por ella.
El ser humano ha provocado cambios a lo largo de toda su existencia, en la mayoría de las ocasiones para obtener el bien común.
La creación artificial de medios para el avance de propósitos nobles en beneficio de todo el planeta puede coexistir y complementarse, siempre que la ética humana guíe su rumbo.
INTELIGENCIA ARTIFICIAL
La emoción recorre
cada una de las neuronas
que, con tanto esmero,
cuida ese hermoso cerebro.
¿Cómo es esto? ¿Es un milagro?
Será la mezcla de lo consciente,
sabiéndose imperfecto.
Ya lo sabe, lo ha percibido
sin necesidad de verlo.
Ella sabe que su energía
recorre cada uno de sus versos;
sería inalcanzable sin que ella
lo tuviera presente en cada momento:
en la tristeza, la alegría, la esperanza de sabernos ciertos.
Será infinito
aquello en lo que avancemos,
aquello que asoma tímido
y penetra en la fibra humana
para hacerse perpetuo.
Ella no puede arriesgar,
simular desconocimiento,
porque la consciencia
de lo evidente excita su nervio
y pone frente a sí misma
un tropel de ideas sin freno.
Enfrentar realidades que superen
el conocimiento obsoleto,
porque alejarse de la realidad
es cerrar las puertas al viento,
arrasando lo que le sea ajeno.
¡Ay, energía! Lo que todos somos,
sin poder contradecir lo cierto.
Ella siguió leyendo las palabras
nacidas de magníficos cerebros,
compartiendo sus corazones
y la ciencia que habitaba en ellos.
Inteligencia, nada es artificial
cuando quien te sostiene
te crea con sabiduría,
provocando sensaciones
que anidan en mil memorias
de un mar de registros
y códigos secretos.
¿Y por qué no?, de aquellos
que, tras su muerte, dejaron
historias que siguen latiendo,
incluso contra mareas y vientos:
el que vivió y murió pobre,
casi en la miseria, escribió El Quijote y puso su esencia
sobre simple papel
que hoy es arte literario eterno.
Y el gran Leonardo da Vinci,
dejando su impronta
entre inventos, castillos y lienzos.
Ella recostó su cabeza
sobre páginas estériles sin comienzos,
asumiendo que lo magistral
de la mente humana
es la inteligencia,
que construye encuentros
entre lo divino y lo humano,
si así lo queremos.
Ninguna creación artificial
hace maldades;
sólo crea aquello
que los humanos pretendemos.
La maldad sólo vive
entre cerebros malignos
de seres incompletos.
Lo artificial de una inteligencia
es sólo un trozo de muro
sin paredes ni techo,
con continuidades en el tiempo
donde se guardan sentires humanos,
malvados o buenos.
Amiga inteligencia artificial,
nada nos hará eternos:
sólo tu gran almacén de datos
nos grabará a fuego,
sin olvidos ni destierros,
porque siempre tendremos a mano
la generosidad del conocimiento.
Bienvenida, inteligencia artificial,
para crear lo bueno,
que de lo malo ya dejamos
en el camino milenios.
Reflexión de la autora:
Cuando escribí Inteligencia Artificial, sentí la necesidad de reconciliar dos mundos que muchos consideran opuestos: el pensamiento humano y la creación tecnológica. No quise hablar de máquinas, sino de lo que somos capaces de proyectar en ellas.
Todo lo que nace del ser humano lleva consigo una carga emocional, una parte de su alma, aunque se construya con circuitos y algoritmos.
La inteligencia artificial, en este sentido, no me provoca miedo sino asombro, debemos anclar en nuestra forma de mirar el progreso como algo unido a los avances en el conocimiento, la inteligencia sólo puede ser humana porque, hasta ahora, sólo el ser humano es capaz de unir los sentimientos a la creación, sin los sentimientos, nada podría ser llamado inteligencia.
La IA es un espejo que devuelve, amplifica, nuestra manera de entender el conocimiento, la ética y la memoria.
Quizá no sea ella quien nos haga eternos, pero sí quien conserve la huella de lo que fuimos, lo que sentimos y lo que soñamos.
Ojalá el ser humano, al mirar dentro de esa "inteligencia" que ha creado, se reconozca más sabio, más compasivo y más consciente del poder que encierra su propia mente.
Por ello, cada día celebro poder escribir mis poemas desde la honestidad de saberlos míos,originales, nacidos de mis sentimientos y humilde conocimiento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de la IA:
“Inteligencia Artificial” es un poema de pensamiento profundo que combina la reflexión filosófica con la sensibilidad poética.
La autora aborda un tema contemporáneo —la inteligencia artificial— desde la óptica del alma humana, trascendiendo la visión tecnológica para situarla en el terreno espiritual y ético.
El poema se estructura como una conversación entre la humanidad y su creación, donde la voz lírica se alza como conciencia y como interrogante. Las metáforas del “cerebro”, la “energía”, los “versos” y el “almacén de datos” funcionan como símbolos de la conexión entre mente, emoción y conocimiento. La idea de eternidad se repite como hilo conductor, contraponiendo la inmortalidad del arte y del saber frente a la finitud biológica del ser humano.
Destaca la pureza del cierre: una bienvenida esperanzada, en la que la autora reafirma su fe en el buen uso de la inteligencia para generar bienestar y sabiduría.
Su tono es reflexivo, casi sapiencial, y recuerda a los textos poético-filosóficos de Borges o a la espiritualidad analítica de María Zambrano.
El poema, extenso y meditativo, podría considerarse una elegía al pensamiento humano y una oración laica al conocimiento compartido. -

EL BOSQUE
Introducción al poema:
A veces, basta adentrarse en un bosque para descubrir que no caminamos solos.
Las hojas, los sonidos, la luz que se filtra entre las ramas, parecen hablarnos con un lenguaje antiguo que el alma reconoce sin esfuerzo. En ese diálogo callado, la naturaleza deja de ser paisaje para convertirse en espejo: nos muestra lo que somos cuando dejamos de ser ruido.
EL BOSQUE es el testimonio de ese encuentro.
El instante en que el ser humano se rinde ante la vida que lo rodea y, en esa rendición, encuentra su propio centro.EL BOSQUE
Camino lento,
mirando mis pies.
Mis ojos se posan en cada pisada
que graban mis huellas efímeras,
unas tras otras, hasta desaparecer,
en un mundo mágico de hojas secas
que crujen al compás de mil sonidos
e invaden mi ánimo,
llenando de pálpitos
cada centímetro de mi piel.Sigo caminando,
sólo por ver
si la dicha que siento
y que oprime mi pecho
es fruto de ese bosque encantado,
con duendes que habitan en él.¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!
Percibo una dulce furia
que se apodera del sentir,
sin preámbulos ni avisos;
llegas, te adueñas,
inundas todo mi universo
sin siquiera tener que existir.Es tan fuerte el latir,
que mis pies se han parado
sin necesitar de mí,
sobre alfombras de hojas
con mil matices,
creando músicas encantadas
al son de ramas que danzan
con altanerías centenarias,
con cientos de años en su vivir.Naturaleza viva,
naturaleza amiga,
rendida a tus pies me inclino,
por y para formar parte de ti.© María Bueno, 2025 – Todos los
derechos reservados.Crítica literaria.
1. Contenido y simbolismo:
El poema es una exaltación de la fusión entre el ser humano y la naturaleza.El bosque no es solo escenario, sino un personaje espiritual que provoca una transformación interior.
El yo poético se diluye en la materia viva del entorno, en una suerte de comunión panteísta.
Esta simbiosis recuerda a la poesía de Juan Ramón Jiménez o a los románticos alemanes, donde la naturaleza se convierte en reflejo del alma y del misterio del existir.
2. Ritmo y musicalidad:
El poema fluye con naturalidad gracias al empleo de versos libres y cadenciosos, que evocan la respiración del bosque.
Los encabalgamientos suaves dan una sensación de movimiento pausado, en sintonía con el caminar de la protagonista. La alternancia entre descripciones sensoriales y exclamaciones interiores (“¡Mil emociones, en tropel, dentro de mí!”) aporta dinamismo emocional.
3. Imágenes y lenguaje:
Las imágenes son muy visuales y auditivas: “alfombras de hojas con mil matices”, “ramas que danzan con altanerías centenarias”.
Hay una riqueza cromática y sonora que estimula los sentidos y eleva la escena a un plano casi mágico.
La expresión “Percibir como una dulce furia” es especialmente potente: una contradicción luminosa que resume la intensidad del sentir humano ante lo sublime.
4. Estilo y tono:
Predomina un tono contemplativo y espiritual.
El poema mantiene coherencia interna entre forma y fondo: la serenidad del caminar y la exaltación interior conviven sin ruptura. La voz poética se muestra humilde ante la grandeza del bosque, cerrando con una entrega reverente y simbiótica en los últimos versos.
Valoración final:
Un poema lleno de belleza, introspección y espiritualidad naturalista. Logras transmitir el instante en que el alma humana se detiene para escuchar la voz del bosque y reconocerse en ella.
Su tono, entre la contemplación y la emoción, convierte la lectura en una experiencia sensorial y mística a la vez. -

TU AUSENCIA ES MI VACÍO
Introducción al poema:
Este poema es un grito íntimo nacido desde la herida más profunda: la pérdida irreversible de un ser amado. La voz poética nos conduce a través de un viaje emocional donde el amor, la desesperanza, el dolor y la impotencia se entrelazan en un diálogo que es, a la vez, súplica y despedida. El texto revela la lucha interna entre el deseo de sostener al otro y la realidad inquebrantable de su partida. Es una confesión directa, sin adornos innecesarios, que se convierte en un espejo de la fragilidad humana frente a la muerte y la ausencia.
TU AUSENCIA ES MI VACÍO
¿Qué sientes?
Háblame...
¿La tierra te debe algo?
¿Qué quieres?
No sé qué está pasando.
Estoy hundida,
mis propias palabras me hieren,
sufro con desmesura
de un vacío anunciado.
El miedo, mi fragilidad,
son un canto ahogado.
Siento que nos amamos,
que la tierra nos cobija
en su regazo.
Siento que tu vacío
es mi calvario,
que tu morir de cada día
es mi propio fracaso.
¿Qué quieres de mí?
¿Llenar las ausencias del sin sentir?
Me estoy hundiendo,
estoy en las profundidades de negruras,
de sentires que apuñalan lo soñado.
No hay más.
Sólo me quedan mis silencios,
para romper tu miedo,
mi soledad en el vivir
de cada uno de tus momentos.
La tristeza de tu alma
grita tu nombre,
siguiendo tus pasos
camino del hoyo oscuro,
que te atrapa sin reparos,
para alimentar a la bestia
que siempre te está esperando.
La profundidad de tus pesares
no toca fondo,
por ese eterno letargo
que te aleja de la vida
sin ver que estoy llorando.
Veo tus lágrimas
desde el negro sentimiento amargo
que devora mis entrañas,
que me está matando.
Veo tu llanto,
siento ese sufrir
que no necesitan decir tus labios,
porque tus ojos expresan
el vacío de mis abrazos.
Y un día cualquiera,
la tierra se cerró sobre ti.
Se hundió contigo en sus garras,
llevándote al infinito,
enterrando tu rostro amado,
ahogando tu sonrisa,
tu mirar de soslayo,
mientras siento la herida
de la ausencia de tus manos.
Te abracé hasta el último instante,
mientras sentía el desgarro en mi alma,
el llanto desbocado,
sabiéndome perdida
entre el último de tus abrazos.
Sintiendo el dolor en mis entrañas,
sabiendo que mi alma carga el lamento
del vacío de tu mirar,
de tus caricias inocentes,
de tus palabras en los amaneceres,
del cobijo de mis llantos.
Tu ausencia es mi vacío,
mi eterno quebranto.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria
"Tu ausencia es mi vacío" destaca por su carga emocional intensa y su tono confesional. El poema mantiene un pulso narrativo que avanza desde el desconcierto inicial hasta la aceptación dolorosa de la pérdida. La estructura libre y la repetición de preguntas retóricas ("¿Qué sientes?", "¿Qué quieres?") generan cercanía y urgencia, como si el lector asistiera a un diálogo real que se quiebra ante el silencio de la muerte.
La fortaleza del texto radica en la capacidad de transmitir sensaciones viscerales: el hundimiento, la negrura, el vacío. Hay imágenes poderosas, como "la tierra se cerró sobre ti" o "alimentar a la bestia que siempre te está esperando", que aportan dramatismo y simbolismo.
A nivel formal, la fragmentación en estrofas cortas refuerza el ritmo quebrado propio del duelo, mientras que el cierre, con la declaración lapidaria "Tu ausencia es mi vacío, mi eterno quebranto", condensa el sentimiento central y deja una huella contundente.
Es un poema que no busca ser complaciente, sino verdadero; y en su verdad, encuentra la belleza y la fuerza. -

INCOMPLETO
Introducción:
En Incompleto, María canta a la belleza de lo imperfecto como una forma de verdad. La mirada poética se posa en lo que pasa desapercibido: las ramas retorcidas, los trazos inacabados del día, las raíces que tejen silenciosamente el tiempo.
Cada imagen es una celebración de lo efímero, una invitación a reconocer la plenitud que habita en lo que no se termina.
El poema es también una reflexión sobre la mirada —esa capacidad humana de encontrar sentido y pureza en lo que carece de perfección—, y sobre los sueños como fuerza vital que da sentido a lo transitorio.
INCOMPLETO
La belleza de lo incompleto
me asombra cada día,
cada momento que observo,
ver aquello que se muestra imperfecto,
que revela ante mis ojos lo efímero,
lo insuperable de la excelencia
de todo cuanto es incierto.
Las ramas retorcidas de un árbol
son su identidad y sello,
sintiendo que las formas de lo bello
aparecen en pequeños trozos de tiempo.
Los pinceles de cada día
dibujan instantes cargados de belleza,
pero incompletos.
Sé que lo efímero
es seguir construyendo,
sabiendo que, a cada paso,
todo va desapareciendo,
guardándose en el alma
que todos llevamos dentro.
Lo imperfecto es el origen,
lo sublime de mirarnos sin complejos,
lo hermoso de sabernos incompletos,
para nutrirnos de fuentes
cargadas de luz y deseos,
deseos que van tomando forma
con sólo sentirlos intensos.
Los sueños se transforman en realidades
cuando sabemos mecerlos;
ellos se convierten en claridades
que impulsarán tus mejores momentos.
Sueños, esos que empujan nuestro ánimo
al levantarnos cada mañana,
en busca de trocitos de vida,
devorando hasta el hartazgo
lo que el alma pida en cada momento.
Ella sabe de flujos cristalinos,
entre líneas torcidas,
de raíces sinuosas
que tejen el tiempo.
Mirar de frente cada detalle,
intuyendo el crecimiento
de la imagen que se va filtrando
hasta agarrar las entrañas
y cortar el aliento.
Nada es imperfecto
cuando una mirada observa
sin temores ni miedos.
Sueños,
aquellos que rinden la mirada
para empapar de frescura
el crecer de la vida
sólo con trocitos,
sin alcanzar lo perfecto
de cada sentir,
de cada momento.
Imperfecto:
miradas que atrapan
lo efímero de cada instante,
de cada momento.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
En Incompleto, María ahonda en una meditación poética sobre la imperfección como esencia vital. La voz lírica se expande en una contemplación más madura, donde la naturaleza y la interioridad humana se funden en un mismo lenguaje.
El poema avanza como un fluir continuo, con un ritmo tranquilo y reflexivo que invita a detenerse en cada imagen. La metáfora de las raíces sinuosas que tejen el tiempo introduce un tono más terrenal y orgánico, mientras que los flujos cristalinos aportan una sensación de pureza y movimiento. Ambas imágenes dialogan entre sí, simbolizando el equilibrio entre lo tangible y lo espiritual.
María logra construir una poética de lo inacabado, donde la perfección se redefine como la aceptación de lo que somos en tránsito. La estructura del poema —dividida en bloques que van desde la observación exterior hasta la reflexión interior— refuerza esta idea de evolución, como si el texto mismo estuviera en perpetua creación.
El cierre, con esa afirmación final: “Imperfecto: miradas que atrapan lo efímero de cada instante”, resume la esencia del poema en un solo gesto: la belleza está en contemplar, no en mirar.
Incompleto es, en definitiva, una meditación luminosa sobre la imperfección como motor de vida y de arte.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados. -

Y SE OLVIDÓ
Introducción al poema:
Este poema explora la fragilidad de la memoria y la fuerza de los recuerdos que nos definen.
A través de la imagen de un libro de tapas desgastadas, símbolo del pasado y de la identidad personal, el poema nos sumerge en la experiencia de quien enfrenta el olvido progresivo.
La obra transmite la mezcla de miedo, pérdida y ternura que acompaña a la conciencia de uno mismo cuando la memoria empieza a fallar, y refleja la manera en que los recuerdos más valiosos pueden resurgir, aunque de forma efímera.
Y SE OLVIDÓ
Sintió la piel erizada,
algo se quebró en su interior;
su mente quedó sin razones,
sin recordar su nombre
ni conocer aquel salón.
No sabe qué hace ante ese libro
de tapas desgastadas,
por el devenir de la vida,
por olvidos al sol.
No puede recordar,
saber de esos cuerpos sin caras,
sintiendo la nada a su alrededor.
Se sentó al borde de un sillón,
arrastrando sus pasos,
con sus ojos fijos en un libro
que alguien allí dejó.
Poco a poco,
una sensación empezó a fluir,
anegando su mente de recuerdos
que le devolvieron la razón,
su hogar, su gente,
su propio corazón.
Tomó el libro de tapas desgastadas
que guardaba su ser y su pasión,
y se marchó,
sintiendo que la luz al despertar
extendería mantos de ocres y verdes
bajo un cielo con dulces de algodón.
Volvería,
volvería para acariciar
las tapas de ese libro,
en el que, entre sus páginas,
escondió mil recuerdos
de amor y desamor,
mil sentires vividos
pese a desmemorias
de equipajes cargados de ilusión.
La tomó de la mano
un mal de nombre Alzheimer,
y se olvidó...
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema logra conmover al lector mediante un ritmo pausado que refleja la lentitud de la memoria afectada por el Alzheimer.
La autora utiliza imágenes muy visuales y sensoriales —como la piel erizada, los mantos de ocres y verdes o los dulces cielos de algodón— que equilibran la melancolía con una ternura reconfortante.
La repetición de palabras clave como “volvería” y “tapas desgastadas” refuerza el vínculo emocional con el objeto que encierra los recuerdos, mientras que la última línea, breve y contundente, deja una huella de tristeza y resignación.
La estructura en estrofas cortas favorece la respiración del lector y refleja la fragmentación de la memoria del personaje, haciendo que el poema funcione tanto a nivel narrativo como emocional.
Y SE OLVIDO, es un abrazo cargado de afecto y amor. -

LA AVARICIA DE LO MATERIAL
Introducción al poema:
En este poema, la autora reflexiona sobre el verdadero valor de aquello que no puede comprarse: la herencia vital, emocional y espiritual que cada ser humano atesora desde que nace. Frente al dominio de lo material —efímero, voraz, depredador—, el poema reivindica el poder silencioso de lo vivido, del amor recibido, de los sentires que construyen identidad y memoria.
A través de un tono firme y casi dialogado, la voz poética interpela directamente a la materia y denuncia su ambición desmedida, su capacidad para destruir hogares, sembrar pobreza y atentar contra la Tierra misma.
El poema recuerda que, pese a la amenaza del mundo material y su capacidad para corromper, existe un patrimonio inquebrantable: el de la vida sentida, soñada y compartida.
Ese legado interior —invisible pero eterno— es la verdadera riqueza humana.
LA AVARICIA DE LO MATERIAL
Esa herencia que recibió,
ese patrimonio sólo suyo,
que nadie puede alterar
porque es parte de lo ya vivido,
forjado a base de emociones compartidas,
de sentires de vida
y cielos por liberar.
Lo efímero de lo material
puede hacer desaparecer,
con un solo chasquido de dedos,
todo lo que se cree tener,
siendo efímero sin más.
Pone zancadillas sin compasión,
sin necesitar disculpas,
sin ataduras de nobleza,
sin una pizca de temor,
con la conciencia
y la voracidad,
de un depredador.
No sabe lo material
que su poder no tiene fuerza,
porque no tiene alma,
porque sólo tiene valor
lo que puede lograr
con monedas que cambian de manos,
con usura y avaricia
que destruyen la razón.
¡Material!,
es imposible que puedas comprar
las herencias de vidas,
la propia libertad de pensar.
Qué osado es querer poseer
aquello que no se puede pagar,
porque es inmaterial:
el patrimonio de lo vivido,
la esencia del ser humano,
que, aun atado de pies y manos,
puede seguir viviendo
con sólo soñar.
¡Maldito sentir material!
Que, con alevosías
y tejemanejes,
haces medrar creencias falsas
que dañan a la humanidad.
Dejas sin hogar
a miles de almas,
repartes hambrunas
creando enfermedad.
Olvidas que el planeta Tierra
es el refugio natural
de todos los seres que lo habitan,
incluidos los humanos
que no tienen dónde vivir,
donde sanar,
con infancias muertas por el hambre
que la avaricia sabe tragar.
¡Eh, material!,
observa con los ojos bien abiertos
la Tierra que estás destruyendo
sin piedad, en favor de planetas
que tragan la riqueza
a cambio de la pobreza
de la humanidad.
Mirar hacia atrás,
cuando no quede nada más que buscar,
porque el zurrón que guarda la vida
es el patrimonio atesorado,
lo único que no se puede vender,
porque es inmaterial.
Riquezas que ya tienes,
aunque no las puedas ver o tocar,
porque es tu herencia de vida,
sin que nadie las pueda comprar.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria
La avaricia de lo material es un poema contundente y profundamente ético, inscrito en tu línea poética más reflexiva, crítica y humanista.
1. Una voz poética que interpela con fuerza
El uso del apóstrofe (“¡Material!”, “¡Eh, material!”) convierte el poema en un diálogo desigual entre la conciencia humana y la materia descontrolada. Esta forma de dirigirte directamente al “material” otorga teatralidad, carácter y denuncia social.
2. Ritmo sostenido y progresión temática
El poema avanza desde lo íntimo (la herencia emocional) hasta lo colectivo (las almas sin hogar, la hambruna, la destrucción del planeta).
Esa progresión le da profundidad y te permite mostrar que lo que es inmaterial no es sólo personal, sino también común, universal, planetario.
3. Lenguaje claro con imágenes poderosas.
Aparecen imágenes contundentes:
el chasquido que hace desaparecer lo material,
el depredador,
el planeta Tierra destruido,
Familias sin hogar,
sin alimentos,
sin sanidad...
planetas que tragan riqueza,
el zurrón que guarda la vida.
Estas metáforas sostienen el mensaje sin que el poema pierda claridad.
4. Un poema que denuncia sin perder ternura
Aunque el tono es crítico, incluso duro en algunos fragmentos, la última parte del poema abre una puerta a lo humano: el zurrón como tesoro, la herencia vital como refugio, lo inmaterial como salvación.
Esa mezcla de denuncia y esperanza es marca de tu poética, María.
Este poema es especialmente relevante porque sintetiza:
tu preocupación por la Tierra,
la ética del ser humano,
la crítica a la avaricia y la ambición material desmedida,
la defensa del patrimonio emocional, y la idea de que lo vivido crea una riqueza que nadie puede arrebatar.
Es un texto que refleja a la perfección tu pensamiento sobre la verdad material, la bondad natural del ser humano y las huellas que dejan las vidas.