Autor: María Bueno

  • ¿JUSTICIA?

    ¿JUSTICIA?

    Introducción al poema:

    Este poema levanta la voz contra la violencia cotidiana que se ha enquistado en la vida humana como si fuera parte del paisaje social. Desenmascara sus formas más sutiles —las que se camuflan bajo verdades absolutas, prejuicios, uniformes, falsas creencias o palabras venenosas— y hace un llamamiento a la conciencia individual y colectiva.
    La fuerza de los versos no radica en el grito, sino en la claridad con la que denuncia lo inaceptable y en la ternura con que defiende lo verdaderamente humano.
    ¿JUSTICIA? es una reflexión viva, cruda y esperanzada, que busca reconciliar al alma con la justicia del sentir y del escuchar, con la presencia de lo justo, con la limpieza inmaculada de los DERECHOS DE TOD@S.


    ¿JUSTICIA?

    Cuál de ellas:
    ¿la escrita?,
    ¿la justa?,
    ¿la de mayor rango?

    ¡Maldita seas, violencia!,
    maldito tu odio vomitado;
    tus entrañas destruyen
    todo aquello que has tocado.

    ¿Qué es esto?
    ¿Es nuestro vivir diario?
    Maldita creencia en sentires
    de venganzas y maltratos.

    Malditas hogueras
    que queman al condenado,
    antes de que la verdad
    se imponga grabada a fuego
    entre escritos no creados.

    Sentencias sin letras,
    sin luz ni taquígrafos,
    sin la balanza de lo justo,
    sin saber del destrozado.

    Apuntalemos nuestro poder
    frente al infinito,
    frente a lo desconocido
    que ocupa nuestro vivir diario.

    Ese devenir del alma,
    que llora sin descanso.
    Ese rechazo eterno
    a verdades diversas
    que enterramos.

    No hay verdades absolutas:
    son disfraces con harapos,
    jirones de otros seres humanos
    que fueron presa
    de una plaza con cadalso.

    Aquellos que creemos
    seres malditos,
    también merecen
    ser escuchados,
    porque hay corazones nobles
    que anidan en multitudes,
    que viven bajo mil hábitos:
    trajes, togas, batas blancas,
    uniformes, coronas,
    delantales, monos de trabajo.

    No dejes que las malas lenguas
    hagan nido en FALSEDADES,
    que viajan por mil circuitos
    a la velocidad del diablo.

    No dejes que las redes
    pudran tu vivir diario.

    Las verdades materiales
    son las que tocas,
    las que ven tus ojos,
    las que se ponen de frente
    sin temor al rechazo,
    escritas con la noble tinta
    de sentires humanos.

    No hay ley sin justicia,
    no hay justicia por encargo.



    Valoración literaria del poema

    Tu poema es un grito ético y emocional contra la normalización de la violencia y las falsedades. No sólo denuncia, sino que interroga y despierta. Tiene la fuerza de lo que nace del alma indignada pero lúcida, que no se conforma con señalar el daño sino que busca en lo profundo: ¿cómo hemos llegado a esto? ¿Qué parte de lo humano se ha torcido hasta convertir el maltrato y la ausencia  de derechos en rutina?

    Hay una pulsión ética clara, una necesidad de abrir la mirada y desprogramar la verdad única.
    Al mostrar que la violencia se disfraza de muchas formas —a veces en trajes de poder, otras en el silencio cómplice de lo cotidiano— apelas a la conciencia sin dogmatismos, con una escritura que toca, pero también piensa. El poema tiene una cadencia firme, como quien camina con determinación pero sin perder humanidad.

    Me conmueve especialmente el verso:
    “Aquellos que creemos seres malditos, también merecen ser escuchados”. Aquí haces un quiebro valiente: humanizas incluso a quienes están del otro lado, proponiendo que la escucha puede ser también justicia y conocimiento profundo de las verdades a medias, de la falta de solvencia que provocan fracturas entre seres humanos.

    Y el cierre es potente:
    “Las verdades materiales / son las que tocas, / las que ven tus ojos…”, como si dijeras: no te dejes manipular, confía en lo tangible, lo vivido, lo directo. Es una llamada a no abandonar el juicio propio.

    En resumen:

    Es un poema maduro, socialmente comprometido, con una estética clara y una voz poética que no se esconde ni adorna lo que duele. En tu estilo, María, la denuncia nunca es fría: está atravesada por compasión, por deseo de justicia y por amor al ser humano, incluso al que creemos contrario.
    Eso es profundamente literario y, sobre todo, profundamente humano.
  • VERSOS IMPERFECTOS

    VERSOS IMPERFECTOS

    INTRODUCCIÓN

    Este poema brota de la conciencia viva de ser depositaria de otras vidas. En cada palabra, se reconoce la huella que dejaron aquellos que ofrecieron su generosidad infinita, sus enseñanzas, sus emociones compartidas.
    Versos imperfectos no busca la perfección formal, sino la verdad sentida, aquella que nace del agradecimiento profundo por lo heredado, lo vivido, lo amado.
    Es un homenaje íntimo y sincero a las vidas que hicieron nido en el corazón de la autora, y que hoy habitan en sus versos con humildad y eternidad.

    VERSOS IMPERFECTOS

    Mi sentir creció enredado en risas,
    en llantos,
    en músicas compartidas,
    en imágenes y enseñanzas
    acuñadas de otras vidas.

    Vidas de mi gente,
    vidas queridas.
    Vidas que mostraron
    generosidad infinita,
    con versos imperfectos
    que unieron emociones
    y mecieron mis días.

    Alevosías conscientes y osadías.
    ¿Quién posee estrellas?
    Poseo versos efímeros
    de herencias de vidas,
    con embargos de los bienes
    que mi corazón abriga.

    Consciencias de humildades
    de finitos versos,
    que un día guardaré
    en mi lugar secreto,
    allí donde una estrella
    dance con ellos.

    Nota personal

    A quienes lleguéis hasta aquí, quiero deciros que estos versos no pretenden deslumbrar ni enseñar. Son tan sólo pedacitos de vida compartida, recogidos con amor, gratitud y respeto.
    Cada palabra está tejida con hilos prestados por quienes me amaron, me guiaron o simplemente me dejaron  una enseñanza.
    Con estos versos imperfectos, os abrazo desde mi lugar secreto,
    allí donde aún danzan conmigo las estrellas de mis días más verdaderos.

    — María Bueno.


    © María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    Versos imperfectos es un poema que despliega con suavidad una de las grandes constantes de tu obra:
    la conciencia de ser un eslabón en la cadena emocional, afectiva y espiritual de quienes te precedieron.
    La voz poética reconoce que su sentir no nació aislado, sino “enredado en risas, en llantos, en músicas compartidas”, una imagen que establece desde el inicio la idea de una identidad construida a partir de otras vidas.
    Este gesto de reconocimiento es, ya de por sí, un acto de humildad literaria y humana que distingue tu escritura.

    El poema se sostiene sobre una estructura meditativa, donde cada estrofa añade una capa más a la idea de herencia afectiva.
    El ritmo es sereno, pausado, y la repetición de “vidas” genera una cadencia que refuerza la sensación de linaje emocional.
    La expresión “versos imperfectos” funciona como columna vertebral: no pretende la perfección formal, sino la autenticidad de lo vivido, como si dijeras que lo verdadero nunca necesita pulirse.

    Hay un logro especial en los versos que introducen las “alevosías conscientes y osadías”. Este quiebro introduce una tensión sutil: incluso lo difícil, lo contradictorio o lo impulsivo de la vida heredada forma parte de tu construcción como autora.
    Esa presencia de la sombra —siempre moderada, siempre dignificada— añade hondura al poema.

    Otro acierto poético es el giro metafísico en la pregunta “¿Quién posee estrellas?”.
    La poeta contrapone la grandeza del universo con la modestia de sus “versos efímeros”, y aun así, estos versos efímeros poseen un valor intransferible: son bienes embargados al corazón, recuerdos que no desaparecen, sino que se guardan. Este recurso engrandece lo pequeño, eleva lo íntimo a lo universal.
    El final del poema es especialmente luminoso. El “lugar secreto” donde se guardarán los versos, y la estrella que “dance con ellos”, otorgan una imagen de despedida suave, esperanzadora.
    Se siente un cierre que trasciende el mero recuerdo: lo heredado no sólo permanece, sino que se ilumina, se transforma en algo vivo.
    En conjunto, el poema logra: una voz humilde y profundamente humana, coherente con tu identidad poética.
    Una musicalidad ligada a la repetición y a la suavidad del verso libre.
    Una emotividad contenida pero honda, que nunca cae en el exceso.
    Imágenes limpias, de tono íntimo y luminoso, coherentes con la memoria, la gratitud y la ternura que lo sostienen.

    Versos imperfectos es un poema que honra la herencia emocional, que devuelve a quienes te amaron el gesto de haber moldeado tu vida.
    Su fuerza está en su sinceridad, en el equilibrio entre la melancolía y la gratitud, y en esa luz discreta que atraviesa cada verso.
    Un poema profundamente tuyo, María: sereno, honesto, lleno de vida heredada.
  • VENTURA

    VENTURA

    Introducción al poema.

    En VENTURA, la voz poética reflexiona sobre la verdadera riqueza del ser humano. Frente a la impostura, la exhibición del saber o la ambición de poseer la felicidad, el poema propone una mirada más profunda: la fortuna verdadera reside en lo que habita dentro de nosotros, en la sabiduría humilde y en la capacidad de vivir sin amasar amarguras.
    El texto avanza como una meditación que distingue tres estados del espíritu —ventura, fortuna y felicidad— para concluir que lo verdaderamente valioso no se conquista con ansia ni se exhibe ante los demás. La auténtica ventura llega de forma natural, por caminos fértiles, cuando el alma se mantiene libre de amargura.
    Poema corregido y estructurado


    VENTURA

    Ventura,
    lo que está dentro de ti
    sin que nada pretenda usura.

    Fortuna,
    la de tener saberes
    sin impostura,
    sin alardes,
    sin necesitar púlpitos
    que alcen el grito
    de legiones oscuras.

    Felicidad,
    tu verbo
    sin necesitar sentido,
    sin ataduras.

    ¡Ay, felicidad!,
    esclavitud de poseerte
    en la locura,
    con el ansia de beber la eternidad,
    apresando tu sentir eterno,
    derramando tu simiente
    entre sinuosas amarguras.

    Ventura,
    lo que ha de venir
    por caminos fértiles
    amasando cordura.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    Este poema posee una estructura conceptual muy interesante, construida sobre tres palabras clave: ventura, fortuna y cordura.
    Cada una aparece como una especie de estación del pensamiento, desde la que se reflexiona sobre la condición humana.

    Aspectos especialmente logrados:
    La idea central: plantear que la verdadera riqueza es interior y no necesita ostentación.

    La crítica implícita al falso saber: “sin necesitar púlpitos / que alcen el grito / de legiones oscuras” es uno de los versos más potentes del poema.
    El cierre: volver a “ventura” crea una estructura circular que da sensación de reflexión completada.

    Imágenes y lenguaje:
    El poema utiliza imágenes simbólicas interesantes:
    “púlpitos” y “legiones oscuras” → crítica a discursos de poder o manipulación.
    “beber la eternidad” → metáfora de la obsesión humana por poseer la felicidad.
    “derramando tu simiente” → sugiere cómo la felicidad, cuando se persigue con ansiedad, puede mezclarse con la amargura para crear cordura.

    Valor global del poema:
    Es un poema filosófico y meditativo, muy coherente con tu manera de escribir, María: reflexiona sobre el ser humano, el conocimiento y la autenticidad interior. No busca impresionar con artificios, sino pensar el mundo desde dentro, algo muy presente también en muchos de tus poemas que forman parte de ALMA VIEJA.
  • PENSAR Y PENSAR

    PENSAR Y PENSAR


    Introducción al poema «PENSAR Y PENSAR»:

    En este poema, la autora transita del desconcierto del despertar a una reflexión profunda sobre el pensamiento incesante, ese que no descansa ni siquiera en la pausa. Entre el letargo y la conciencia, se alza la necesidad de vacío como un refugio frente al desgaste mental. A través de un lenguaje íntimo y sensorial, María nos habla del deseo de detener el tiempo interior para reencontrarse con una paz que no proviene del entendimiento, sino del silencio del alma.

    Reflexión de la autora

    Este poema nació una tarde en la que me venció el cansancio, no sólo físico, sino mental. Me senté «sólo cinco minutos» y me dejé llevar por un silencio tan hondo que me hizo sentir descanso en el cuerpo… y en la mente. Al despertar de ese breve letargo, sentí paz, pero también culpa por no estar “haciendo” o “pensando”.

    Me di cuenta de cuán atrapadas vivimos a veces en el pensamiento constante. Como si pensar fuera una obligación. Y no hablo de razonar, sino de ese pensar que nos agota, que se mete en cada rincón de nuestra mente y nos exige respuestas, decisiones, memoria, futuro…

    Escribí este poema como un susurro hacia mí misma, como un permiso que me concedí: «Deja de pensar, aunque sea un rato. No pasa nada. También necesitas el vacío.»
    Y ese vacío no es huida, es pausa. Es recogimiento. Es vida en otra frecuencia.

    Este poema habla del silencio mental como espacio de salud, de calma. Y de cómo, incluso ahí, el pensamiento regresa, pero transformado… menos tirano, más humano.


    PENSAR Y PENSAR

    ¡Se yergue sobresaltada,
    como torre de catedral!
    No sabe dónde está
    ni qué hora es.

    Por las rendijas de la ventana
    se cuela una luz tenue,
    alcanzando el extremo más alejado
    de lo que parece un sofá.

    Por fin reconoce el escenario:
    es su sala de estar,
    con dosis elevadas de efluvios
    que aún danzan al son de viejas canciones,
    de vasos con restos de saciedad.

    Sólo se había sentado cinco minutos,
    para dejarse llevar
    por ese letargo amigo
    que reconocía su cuerpo,
    que se alojaba en su mente
    para mecer la nada,
    para vaciar el pensar.

    ¡Ay, vacío!
    ¡Cuán necesito sentirte!,
    cuánto valor tu compás
    en la inexistencia de mi pensar.

    ¡Pensares míos!,
    dejadme macerar el olvido,
    dejadme vivir el vacío,
    ¡dejadme vivir en la paz!

    ¡Loco pensar!,
    por renaceres nuevos
    que invadan mis vacíos,
    que vuelvan a llenar,
    una y otra vez,
    mi soledad.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria del poema “PENSAR Y PENSAR”:

    PENSAR Y PENSAR se presenta como un viaje introspectivo que parte de una escena cotidiana —el despertar sobresaltado en un sofá— para adentrarse en un terreno mucho más complejo: el anhelo de vacío mental frente al constante rumiar del pensamiento.

    Uno de los grandes aciertos del poema es la naturalidad con la que se transforma lo cotidiano en simbólico. El sofá no es sólo un lugar físico, sino una metáfora del cuerpo que se abandona al letargo. Ese letargo, a su vez, es descrito como un «amigo» que arrulla y vacía, en clara contraposición al pensamiento —al que se dirige con apelativos casi desgarrados: “¡Pensares míos!”, “¡Loco pensar!”—. Aquí aparece una tensión existencial muy potente: el pensamiento como carga, como ruido que impide la paz interior.

    El lenguaje es sincero, directo y emocional, con imágenes bien logradas como “torre de catedral” para describir el sobresalto, o “efluvios que aún danzan al son de viejas canciones”, que otorgan al poema una musicalidad nostálgica y sensorial. Hay una clara conciencia rítmica, aunque con un tono más libre que en otros de tus poemas, lo cual le da un carácter más confesional, como si la voz poética se permitiera soltar amarras mientras habla consigo misma.

    Uno de los elementos más profundos del poema es su exploración del vacío no como ausencia, sino como alivio, como estado deseado. El vacío se convierte en símbolo de descanso mental, de tregua ante la exigencia del pensar continuo. Esto lo vincula, sin nombrarlo, con temas como la ansiedad, la fatiga emocional o incluso la búsqueda espiritual. En ese sentido, hay una dimensión humana y universal en el texto: todos, en algún momento, hemos deseado ese silencio interno que aquí se expresa con belleza y honestidad.

    En su tramo final, el poema se abre a una paradoja: el pensamiento que se busca apagar, retorna inevitablemente para pedir “renaceres nuevos”. Este giro final le da profundidad a la pieza, mostrando que incluso el deseo de vacío lleva consigo una nueva forma de pensamiento, quizás más amable, más consciente, menos invasivo.

    Valoración final

    PENSAR Y PENSAR es un poema intimista y honesto que trabaja con lo sutil: el peso de lo mental, el deseo de desconectar, y la dificultad de hallar paz en una mente activa. Con un lenguaje accesible y cargado de imágenes sensoriales, construyes una escena que se transforma en símbolo de algo mucho mayor. Hay en él una sabiduría contenida, una búsqueda silenciosa de equilibrio entre la mente y el alma.

    Podría decirse que este poema se mueve entre el realismo emocional y la poesía de pensamiento, un género que combina reflexión, experiencia y sensibilidad. No hay artificio ni grandilocuencia: hay verdad. Y eso lo vuelve poderoso.

    
    
  • ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA

    Introducción al poema:

    (El dibujo que acompaña al poema, es de Federico García Lorca, realizado en el año 1927).

    En este poema, se  entrelazan la fragilidad y la fortaleza de cada ser con lo imaginado, lo soñado y la fuerza del querer.
    La humanidad lleva siglos en la búsqueda de la piedra filosofal.

    Esta búsqueda se impulsó y floreció en la Edad Media por dos motivos: las mejoras en las técnicas de elaboración del cristal y el desarrollo de la química por parte de los científicos del mundo musulmán, quienes también recuperaron las teorías de la chyma*. A través de la traducción de los antiguos textos griegos este conocimiento llegó a Europa, donde gozó de gran atención durante el Renacimiento.

    El poema «ALQUIMIA DE LA NATURALEZA HUMANA» es un recorrido por los caminos inciertos de la vida, donde las pérdidas, los aprendizajes y las pequeñas revelaciones cotidianas van modelando el alma y el vivir diario.
    Los días amargos, las soledades, las ilusiones, lo soñado son las raíces que nos sostienen, que se convierten en símbolos de una existencia que, aunque a veces duela, está llena de sentido.
    Aquí la alquimia no sólo es magia imaginada, sino un delicado proceso que ocurre dentro de cada uno, en el rincón más vivo y silencioso del alma, que nos permite reconocer el valor de vivir, simplemente vivir, pero también soñar.
    No sólo lo sentido, también lo deseado y verdaderamente vivido, alcanza el rango de eternidad.
    Nunca dejes de soñar,
    María Bueno.

    ALQUIMIA DE LA NATURALEZA

    HUMANA

    La humanidad y su naturaleza
    es la evolución de almas,
    viviendo entre caminos sinuosos
    que día a día cambian,
    sin que sepamos dónde
    ni cómo llegar,
    presintiendo encrucijadas
    por las que no sabremos andar.

    No importan los lugares de paso;
    desiertos, caminos de piedras,
    cruces sin destino,
    mares sin cartografías
    que puedas descifrar.

    Los fracasos en la vida
    son lecciones de humildad,
    que van tejiendo vivencias
    para crear una realidad.

    Realidades que permitan
    sentir ilusiones,
    que hagan fluir un torrente
    de pálpitos fuertes,
    que llamen a rezos y mantras
    sobre goce y felicidad.

    Pero los días amargos
    también llegan,
    construyendo soledades,
    tejiendo tristezas,
    escarbando donde duele,
    acercando el confín de la Tierra
    para cerrar tus caminos,
    desnudando de estelas
    cada una de las estrellas.

    Alquimia de la naturaleza humana
    que nos empuja a regresar,
    a la consciencia prendida
    por hilos frágiles,
    que soportan el peso
    de raíces torcidas
    para no tropezar.

    Alquimia, esa que sabe reparar
    esos días amargos que llegan,
    para enseñarnos a reconocer
    el valor de vivir,
    entre realidades
    que tu propia esencia mezclará,
    dejando que la alquimia modere
    el flujo de la naturaleza,
    creando caminos que guiarán
    al origen humano,
    a la evolución de cada ser,
    para enfrentar la dificultad
    de la diversidad del sentir,
    del imaginar,
    desde sendas que tiran de la humanidad
    con pociones mágicas,
    con baños de realidad.

    Mezclar eternamente
    para no dejar jamás de soñar.

    La piedra filosofal de la humanidad
    carga sus miles de años,
    para transformar
    el valor de lo etéreo
    del pensamiento humano,
    uniendo imaginarios soñados
    con la química real,
    esa que puede curar
    el dolor desde su origen;
    lo físico y el alma en el caminar.

    ¡Ay alquimia, con tu piedra filosofal!
    No tienes aristas
    porque piedra no eres,
    contienes la esencia
    del pensar y transformar.

    Sólo lo sentido,
    macerado por la alquimia,
    tiene rango de eternidad,
    la tuya,
    la que tu ensueño unirá
    a tu realidad,
    consiguiendo mezclar
    lo divino y lo humano
    en busca del infinito
    con surcos en la mar.

    *NOTA sobre la chyma, de la revista Siglo Digital.

    La teoría de la «chyma» en alquimia, se refiere a la idea de que la materia está compuesta por cuatro elementos principales: fuego, agua, tierra y aire, y que la combinación y proporción de estos elementos determina las propiedades de cada sustancia. La palabra «chyma» proviene del griego y significa «fundir» o «derretir», lo que alude al proceso de transformación y mezcla de estos elementos. 

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
    
    
    
    
    

    Crítica literaria.

    Tu poema, “Alquimia de la naturaleza humana”, es un texto de profunda meditación sobre el proceso interior del ser humano: la mezcla constante entre el alma y la materia, la lucha entre lo etéreo y lo terrenal, la fragilidad y la transformación. Tiene un tono reflexivo, filosófico y espiritual, en el que la metáfora de la alquimia funciona como hilo conductor y símbolo de esa eterna búsqueda de sentido.

    Tu poema es una reflexión lírica sobre la condición humana y su capacidad de transformación. La idea de la alquimia se vuelve símbolo de crecimiento interior, de ese proceso lento, doloroso y luminoso a la vez, mediante el cual el ser humano transmuta sus vivencias —fracasos, ilusiones, amarguras— en sabiduría y conciencia.

    Fortalezas:

    Coherencia metafórica: La alquimia es el eje que une todas las imágenes y reflexiones. No hay dispersión temática: todo gira en torno a la evolución espiritual.

    Tono meditativo y místico:

    Invita a la introspección, a un tipo de lectura pausada, casi como si fuera un rezo o un mantra.

    Belleza en las imágenes:

    “Desnudando de estelas cada una de las estrellas”, “hilos frágiles que soportan el peso de raíces torcidas” y “con surcos en la mar” son versos de gran potencia visual y simbólica.

    Equilibrio entre lo humano y lo divino:

    Logras transmitir esa unión entre lo terrenal y lo trascendente sin caer en dogmatismos, desde una espiritualidad amplia y sentida.

  • UÑAS NEGRAS

    UÑAS NEGRAS

    Introducción al poema uñas negras:

    En mi infancia, las manos de mi abuela eran universo y advertencia, escudo y enseñanza. Ella sabía —desde su saber heredado y su conocimiento sobre la prevención— que la suciedad no era solo polvo o barro, sino lo invisible, lo que viaja de mano en mano sin pedir permiso. Este poema es un homenaje a su voz firme y protectora, a su sabiduría temprana sobre lo que hoy llamamos microbiología, pero que entonces era cuidado y sentido común, y además, tener conocimientos sobre poner inyecciones, curar heridas y otras causas muy comunes de padecimiento a principios de los años 30, trabajando como enfermera. 
    En su memoria, escribo estas líneas cargadas de pan recién hecho y advertencias tiernas.

    MI ABUELA

    —¿Qué haces, abuela?
    —Quemar los microbios
    que la suciedad deja.

    Su imagen ante el fogón
    era inmensa.
    Se veían a contraluz sus manos
    pasear por el lomo
    de una hogaza tierna.

    Su abuela contaba
    que las manos eran
    un lugar con mil cuevas,
    con escondrijos para la mugre
    que tocaba a corneta
    cada vez que los dedos
    rozaban las monedas,
    las narices
    y otras cosas asquerosas
    por su propia naturaleza.

    —¡Pequeña niña!
    No te olvides nunca
    que hay miles de microbios
    viviendo entre paneras,
    sábanas y esteras.

    Hay pequeños mundos
    llenos de bacterias
    que danzan y se esconden
    para que tú no las veas,
    aprovechando miles de manos
    donde viven en cuevas
    de uñas negras.

    Toca limpiar manos,
    pies y cabezas,
    para que el ejército invisible
    no llame a filas
    a las malas bacterias.

    Porque haberlas,
    también las hay buenas.

    Sabidurías de una abuela
    que vacunó a muchos semejantes
    contra tifus y viruelas,
    allá por los años treinta,
    en un continente amigo,
    cargado de malas
    y buenas bacterias.

    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema UÑAS NEGRAS se distingue por su tono entrañable y didáctico, un homenaje a la sabiduría doméstica de otras épocas, envuelta en el calor del pan recién hecho y en el respeto a los consejos de una abuela que supo ver lo invisible antes de que la ciencia lo explicara del todo.

    Fortalezas:
    Narratividad con raíz emotiva: El poema no es solo una evocación de la infancia, sino también una pequeña historia que transmite conocimiento práctico y afectivo a través de un diálogo inicial que sitúa al lector en un momento íntimo.

    Imágenes vívidas: La descripción de “mil cuevas” y “escondrijos para la mugre” crea una sensación táctil y visual que da cuerpo al tema microscópico, haciéndolo tangible.

    Valor intergeneracional: Es una pieza que une épocas; no solo recuerda a la abuela, sino que rescata un pensamiento higiénico esencial que hoy reconocemos como prevención.

    Cierre con trascendencia histórica: Mencionar las vacunas contra el tifus y las viruelas en los años treinta ancla la memoria personal en un contexto social más amplio, lo que le da dimensión testimonial.
  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.
  • ENCUENTROS

    ENCUENTROS

    Introducción al poema:

    ENCUENTROS es un canto a la conexión entre mares y tierras, entre luces y sombras, entre pueblos que, aunque distantes, comparten la misma raíz vital.

    El poema convierte los elementos naturales —mariposa, hojas, mar— en símbolos de búsqueda, identidad y deseo de unión.
    Todo fluye hacia una idea central:
    la necesidad de encontrarnos, reconocernos y abrazarnos como parte de un mismo origen.


    ENCUENTROS

    Flota como mariposa tímida
    sobre hojas mecidas al viento,
    empujadas por la brisa de mares,
    viajando sobre olas
    que buscan aliento.

    El alto y soberbio faro
    se erige noble
    para alumbrar la noche oscura,
    sobre encajes de espuma blanca
    que cantan bajito,
    acunando deseos.

    Mares que abrazan tierras
    preñadas de vidas,
    cargadas de sentimientos
    que gritan al horizonte:

    —¡Soy nacida de mi tierra madre!,
    unida al resto de pueblos
    desde donde sentimos la vida,
    desde donde compartimos los sueños.

    Océanos del mundo,
    mares que suplican encuentros,
    con la luz de aquel faro
    que observa en silencio.


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica breve:

    Este poema destaca por su gran coherencia simbólica: el mar no es sólo paisaje, es origen, identidad y puente entre pueblos.

    El faro funciona como eje luminoso, una presencia silenciosa que guía sin imponer, lo que refuerza la atmósfera de esperanza serena.

    La voz poética se expande desde lo delicado (la mariposa) hacia lo universal (océanos del mundo), creando un movimiento de apertura muy logrado. Además, el uso de imágenes sensoriales suaves («encajes de espuma», «cantan bajito») aporta musicalidad y ternura, mientras que el verso exclamativo introduce fuerza identitaria sin romper la armonía del conjunto.

    Es un poema de unión, pertenencia y humanidad compartida, dicho con la suavidad de un mar en calma y la firmeza de la tierra.
  • QUÉ NO DARÍA YO

    QUÉ NO DARÍA YO

    Introducción al poema:

    A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
    Este poema nace de esa añoranza:
    la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.

    Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.

    “QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.
    QUÉ NO DARÍA YO

    Qué no daría yo
    por retroceder a tiempos de calma,
    nutridos por anhelos de silencio.

    A días en que las palabras
    sólo precisaran manos
    para sellar el encuentro.

    Que nada susurrara ofensas,
    ni alentara enfrentamientos;
    que la palabra brotara
    como fuente de pensamiento,
    sin alardes de saberes previos.

    Que el gesto fuera
    palabra de honor,
    con todo su peso,
    para que no se la llevara el viento,
    y el apretón de manos
    sellara puros sentimientos.

    Que el renacer de cada día
    fuese vivir el presente
    de todo ser vivo,
    sin pretender conquistar el viento,
    sin alardear sobre mares,
    sin coronar montañas
    para alcanzar firmamentos.

    Qué no daría yo
    por escuchar el susurro
    de abrazos eternos.

    Qué no daría yo
    por vivir sin maldades
    que surcan océanos
    y atraviesan los cielos.

    Qué no daría yo,
    por mecer el susurro del miedo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Tono y temática
    El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
    Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
    El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.

    2. Estructura y ritmo:
    La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:

    El pasado idealizado (los tiempos de calma).

    La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).

    El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).

    La humildad del presente (vivir sin conquistar).

    El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).

    Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.

    3. Recursos expresivos:
    Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:

    “sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.

    “sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.

    “abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.


    4. Valor literario:
    El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés.

  • MARÍA DE MAGDALA

    MARÍA DE MAGDALA

    Introducción.

    Este poema nace desde la mirada íntima y profunda hacia María de Magdala, no como figura lejana, sino como mujer viva dentro del dolor, la fe y la injusticia.

    En tus versos, María no es sólo testigo, sino depositaria de una verdad silenciada: la de quien acompaña, sostiene y comprende más allá de lo visible.
    El poema se construye como un eco entre lo sagrado y lo humano, entre la historia y la herida aún abierta. Es también una denuncia, la de las verdades manipuladas, las memorias robadas y el sufrimiento que atraviesa el tiempo.


    MARÍA DE MAGDALA

    Primera luna llena
    tras la sombra
    de una primavera.

    La humildad mora
    entre cuatro esquinas,
    soportando la fe
    entre panes y silencios,
    anunciando despedidas.

    Ella posa su frente
    sobre el hombro
    de un ser eterno
    de palabras benditas.

    No sabe cómo,
    pero es su fiel escudera
    entre sombras y mentiras,
    de falsedades que sabe tejidas
    por manos que blanden espadas
    por avaricias desmedidas.

    Él levanta el pan
    con manos limpias de mentiras,
    con la bondad de sentir
    las vidas de almas
    que lo habitan.

    María de Magdala
    siente la sombra oscura
    del Viernes Santo,
    cargado de amarguras,
    de llantos, de dolor,
    por aquel bendito ser
    que osó, bajo una cruz,
    caminar de frente,
    llevando en el alma
    a miles de seres,
    con la certeza
    de saberse parte
    de una tierra
    que es morada y refugio
    de todas sus criaturas.

    ¡Tus heridas!
    ¡Tus caídas!
    Esa mesa bendecida,
    esa humanidad
    que guardan las cuatro esquinas
    habitadas por inocentes
    que siguen perdiendo sus vidas,
    que siguen gritando tu nombre,
    que suplican por tu vida,
    por bondades infinitas
    que sucumben
    ante miserias desmedidas.

    María presiente negruras
    tan hondas como la locura,
    cargando la amargura
    de saberse depositaria
    de falsedades que anularán
    su historia, su casta,
    su dignidad frente a la vida.

    Esa noche,
    la cena queda bendecida
    por un hombre bueno,
    ausente de avaricias,
    con la certeza de saberse
    entre buenos hombres
    y una mujer
    que carece de mentiras,
    sabiéndola sabia y noble
    como la mejor
    y única discípula.

    Será la última cena,
    será la despedida
    pagada con treinta monedas
    que hoy siguen
    comprando vidas.

    Ella sufre sus caídas,
    siente el dolor, el peso
    de la madera de esa cruz,
    entre «quejíos»
    que templan el llanto
    del tormento de la madre
    del crucificado,
    de ella misma.

    El quebranto santo
    de una corona de espinas,
    que hoy sigue sangrando
    sobre frentes marchitas
    de seres humanos,
    bajo lanzas clavadas
    cada uno de sus días;
    sobre costados y pies,
    sobre manos que suplican.

    María de Magdala,
    tu llanto, tu grito
    a los pies del crucificado,
    meciendo su rostro,
    su alma, su vida,
    frente al campo santo
    cubierto por una sábana santa
    que empapa cada una de sus heridas.

    ¡Ay, María de Magdala!
    ¿Cuándo te devolverán tu historia?
    ¿Cuándo volverán tus mañanas
    para nutrir las verdades
    de tu bendita morada?


    © María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    Este poema tiene una fuerza emocional muy poderosa, sostenida por tres pilares claros:

    1. Voz poética comprometida.
    No te limitas a narrar, además denuncias. Hay una clara intención de devolver dignidad a María de Magdala, presentándola como discípula, como mujer consciente y como víctima de una historia tergiversada. Esa mirada es profundamente humana y valiente.

    2. Simbolismo bien tejido.
    Elementos como el pan, la mesa, las cuatro esquinas, la cruz o la corona de espinas no son meras referencias bíblicas: los traes al presente. Logras que el sufrimiento no sea pasado, sino continuo. Esto conecta con tu forma de escribir: el dolor de los más indefensos sigue ocurriendo.

    3. Ritmo emocional creciente.
    El poema va en ascenso: comienza contemplativo y termina en un clamor casi desgarrado. Las exclamaciones, las preguntas finales y la repetición de imágenes refuerzan ese desgarro.