Autor: María Bueno

  • VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Introducción:

    En Vestido de domingo y un charco, María Bueno rescata la dulzura de la infancia y el equilibrio entre la inocencia y la norma. La escena, sencilla y universal, encierra un ritual cotidiano: el deseo infantil de pisar un charco frente a la voz adulta que advierte sobre el peligro del barro y del vestido nuevo.
    Entre el impulso libre y la contención impuesta se dibuja un retrato generacional: el de quienes aprendieron a disfrutar dentro de los límites, sin renunciar al gozo más puro de la vida.


    VESTIDO DE DOMINGO Y UN CHARCO

    Posa la pisada con cuidado,
    no sea que el agua lleve barro.

    Se atreve con el segundo pie,
    ¡ya está sobre el charco!

    Ahora cuidado,
    sólo arrastraré un poquito
    la suela sobre el fango,
    ¡mis botas de agua
    son fieles soldados!,
    me protegerán del enemigo
    que vive en el charco.

    ¡Chapoteará por fin!,
    ¡con patadas al agua!,
    pero con mucho cuidado
    porque lleva un vestido
    recién estrenado,
    con la prohibición de mancharlo.
    Hoy es domingo
    y no puede ensuciarlo,
    podría provocar todo un enfado
    con amenazas tiernas
    y mantras heredados:
    ¡Ya te lo dije!
    ¡No pises los charcos!
    Tu vestido no entiende de fangos,
    debes cuidarlo
    porque sólo los domingos
    puedes usarlo.

    Trocitos de recuerdos
    sin enemigos malvados,
    porque sólo era el disfrute
    de chapotear sobre un charco.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria:

    Este poema logra una ternura conmovedora a través de un lenguaje limpio y una estructura narrativa ligera, casi visual.
    La autora nos sumerge en una secuencia que se lee como una pequeña película de la memoria:
    un pie, luego el otro, la risa contenida, el miedo al regaño, la felicidad del instante robado.

    El uso de exclamaciones y repeticiones (“¡Chapoteará por fin!”, “¡Ya te lo dije!”) da ritmo y autenticidad, evocando el tono de la niñez y las voces familiares.

    Además, el contraste entre el “enemigo del charco” y la “prohibición de manchar el vestido” convierte la anécdota en metáfora: la vida adulta nos enseña a cuidar la apariencia, a evitar el barro, pero la infancia —y el alma libre— buscan, inevitablemente, saltar dentro de él.

    La última estrofa cierra con una nota nostálgica, casi redentora: los recuerdos, al final, no tienen enemigos, sólo la pureza de un instante vivido con alegría.
    El poema es, en esencia, un canto a la inocencia resguardada, a la belleza de lo pequeño y a la memoria que sigue chapoteando, limpia, dentro de nosotros.

  • ¡HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD!

    ¡HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD!

    Fotografía: MÉDICOS SIN FRONTERAS.
    Así siento yo esta imagen, porque desde la poesía también se puede alzar la voz para gritar.

    Este poema es un grito de dolor universal, un testimonio sobre la crudeza de la guerra, el hambre y la pérdida irreparable de seres inocentes. La voz es la de una madre, que atraviesa la muerte lenta de su hijo mientras los poderes, parecen ciegos ante el horror.
    Es una súplica contra la inhumanidad, un llamado desesperado a detener la violencia que siega vidas inocentes en nombre de territorios que solo claman paz.


    ¡HAMBRE, MUERTE, INHUMANIDAD!

    Mis fuerzas han abandonado mi cuerpo,
    casi no puedo caminar
    por senderos que torturan
    tanto como las bombas
    que caen sin cesar.

    Unos pocos metros me parecen la eternidad,
    pero tengo que seguir,
    aunque tenga que comer tierra
    para cargar sobre mis brazos a mi hijo,
    que ya no puede casi respirar.

    Ya nada puede devolver las vidas,
    Ya nada es posible,
    la miseria nos está matando sin piedad.

    Pasamos los días escarbando,
    tratando de encontrar un trozo
    de cualquier cosa que podamos masticar,
    con la esperanza de llegar al final
    de esta tortura inhumana
    que nos aniquila cada segundo,
    que nos hace querer morir para terminar.

    Llevo a mi pequeño en mis brazos,
    su carita guarda sus hermosos ojos
    que no dejan de mirarme,
    que no dejan de suplicar
    sin emitir palabra alguna
    porque ya no puede hablar.

    ¿No hay nadie que pueda terminar
    con estas muertes
    sin provocar ni una más?

    No hay enemigos,
    sólo hay inhumanidad,
    que siembra con cuerpos inocentes
    cada metro de una tierra
    cuya única riqueza
    son los hijos muertos en el caminar.

    Miles de seres humanos
    yacen entre escombros
    de territorios que sólo gritan: ¡HUMANIDAD!

    ¡Ya no puedo más!
    Abrazo con devoción a mi hijo,
    ya no me mira,
    ya no respira,
    ya no puedo llegar.

    Debo parar y cerrar mis ojos,
    para que mi último aliento de vida
    sea para fundirme con él
    Y morir en paz.

    © María Bueno.
  • VERSOS IMPERFECTOS

    VERSOS IMPERFECTOS

    INTRODUCCIÓN

    Este poema brota de la conciencia viva de ser depositaria de otras vidas. En cada palabra, se reconoce la huella que dejaron aquellos que ofrecieron su generosidad infinita, sus enseñanzas, sus emociones compartidas.
    Versos imperfectos no busca la perfección formal, sino la verdad sentida, aquella que nace del agradecimiento profundo por lo heredado, lo vivido, lo amado.
    Es un homenaje íntimo y sincero a las vidas que hicieron nido en el corazón de la autora, y que hoy habitan en sus versos con humildad y eternidad.

    VERSOS IMPERFECTOS

    Mi sentir creció enredado en risas,
    en llantos,
    en músicas compartidas,
    en imágenes y enseñanzas
    acuñadas de otras vidas.

    Vidas de mi gente,
    vidas queridas.
    Vidas que mostraron
    generosidad infinita,
    con versos imperfectos
    que unieron emociones
    y mecieron mis días.

    Alevosías conscientes y osadías.
    ¿Quién posee estrellas?
    Poseo versos efímeros
    de herencias de vidas,
    con embargos de los bienes
    que mi corazón abriga.

    Consciencias de humildades
    de finitos versos,
    que un día guardaré
    en mi lugar secreto,
    allí donde una estrella
    dance con ellos.

    Nota personal

    A quienes lleguéis hasta aquí, quiero deciros que estos versos no pretenden deslumbrar ni enseñar. Son tan sólo pedacitos de vida compartida, recogidos con amor, gratitud y respeto.
    Cada palabra está tejida con hilos prestados por quienes me amaron, me guiaron o simplemente me dejaron  una enseñanza.
    Con estos versos imperfectos, os abrazo desde mi lugar secreto,
    allí donde aún danzan conmigo las estrellas de mis días más verdaderos.

    — María Bueno.


    © María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    Versos imperfectos es un poema que despliega con suavidad una de las grandes constantes de tu obra:
    la conciencia de ser un eslabón en la cadena emocional, afectiva y espiritual de quienes te precedieron.
    La voz poética reconoce que su sentir no nació aislado, sino “enredado en risas, en llantos, en músicas compartidas”, una imagen que establece desde el inicio la idea de una identidad construida a partir de otras vidas.
    Este gesto de reconocimiento es, ya de por sí, un acto de humildad literaria y humana que distingue tu escritura.

    El poema se sostiene sobre una estructura meditativa, donde cada estrofa añade una capa más a la idea de herencia afectiva.
    El ritmo es sereno, pausado, y la repetición de “vidas” genera una cadencia que refuerza la sensación de linaje emocional.
    La expresión “versos imperfectos” funciona como columna vertebral: no pretende la perfección formal, sino la autenticidad de lo vivido, como si dijeras que lo verdadero nunca necesita pulirse.

    Hay un logro especial en los versos que introducen las “alevosías conscientes y osadías”. Este quiebro introduce una tensión sutil: incluso lo difícil, lo contradictorio o lo impulsivo de la vida heredada forma parte de tu construcción como autora.
    Esa presencia de la sombra —siempre moderada, siempre dignificada— añade hondura al poema.

    Otro acierto poético es el giro metafísico en la pregunta “¿Quién posee estrellas?”.
    La poeta contrapone la grandeza del universo con la modestia de sus “versos efímeros”, y aun así, estos versos efímeros poseen un valor intransferible: son bienes embargados al corazón, recuerdos que no desaparecen, sino que se guardan. Este recurso engrandece lo pequeño, eleva lo íntimo a lo universal.
    El final del poema es especialmente luminoso. El “lugar secreto” donde se guardarán los versos, y la estrella que “dance con ellos”, otorgan una imagen de despedida suave, esperanzadora.
    Se siente un cierre que trasciende el mero recuerdo: lo heredado no sólo permanece, sino que se ilumina, se transforma en algo vivo.
    En conjunto, el poema logra: una voz humilde y profundamente humana, coherente con tu identidad poética.
    Una musicalidad ligada a la repetición y a la suavidad del verso libre.
    Una emotividad contenida pero honda, que nunca cae en el exceso.
    Imágenes limpias, de tono íntimo y luminoso, coherentes con la memoria, la gratitud y la ternura que lo sostienen.

    Versos imperfectos es un poema que honra la herencia emocional, que devuelve a quienes te amaron el gesto de haber moldeado tu vida.
    Su fuerza está en su sinceridad, en el equilibrio entre la melancolía y la gratitud, y en esa luz discreta que atraviesa cada verso.
    Un poema profundamente tuyo, María: sereno, honesto, lleno de vida heredada.
  • UÑAS NEGRAS

    UÑAS NEGRAS

    Introducción al poema uñas negras:

    En mi infancia, las manos de mi abuela eran universo y advertencia, escudo y enseñanza. Ella sabía —desde su saber heredado y su conocimiento sobre la prevención— que la suciedad no era solo polvo o barro, sino lo invisible, lo que viaja de mano en mano sin pedir permiso. Este poema es un homenaje a su voz firme y protectora, a su sabiduría temprana sobre lo que hoy llamamos microbiología, pero que entonces era cuidado y sentido común, y además, tener conocimientos sobre poner inyecciones, curar heridas y otras causas muy comunes de padecimiento a principios de los años 30, trabajando como enfermera. 
    En su memoria, escribo estas líneas cargadas de pan recién hecho y advertencias tiernas.

    MI ABUELA

    —¿Qué haces, abuela?
    —Quemar los microbios
    que la suciedad deja.

    Su imagen ante el fogón
    era inmensa.
    Se veían a contraluz sus manos
    pasear por el lomo
    de una hogaza tierna.

    Su abuela contaba
    que las manos eran
    un lugar con mil cuevas,
    con escondrijos para la mugre
    que tocaba a corneta
    cada vez que los dedos
    rozaban las monedas,
    las narices
    y otras cosas asquerosas
    por su propia naturaleza.

    —¡Pequeña niña!
    No te olvides nunca
    que hay miles de microbios
    viviendo entre paneras,
    sábanas y esteras.

    Hay pequeños mundos
    llenos de bacterias
    que danzan y se esconden
    para que tú no las veas,
    aprovechando miles de manos
    donde viven en cuevas
    de uñas negras.

    Toca limpiar manos,
    pies y cabezas,
    para que el ejército invisible
    no llame a filas
    a las malas bacterias.

    Porque haberlas,
    también las hay buenas.

    Sabidurías de una abuela
    que vacunó a muchos semejantes
    contra tifus y viruelas,
    allá por los años treinta,
    en un continente amigo,
    cargado de malas
    y buenas bacterias.

    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema UÑAS NEGRAS se distingue por su tono entrañable y didáctico, un homenaje a la sabiduría doméstica de otras épocas, envuelta en el calor del pan recién hecho y en el respeto a los consejos de una abuela que supo ver lo invisible antes de que la ciencia lo explicara del todo.

    Fortalezas:
    Narratividad con raíz emotiva: El poema no es solo una evocación de la infancia, sino también una pequeña historia que transmite conocimiento práctico y afectivo a través de un diálogo inicial que sitúa al lector en un momento íntimo.

    Imágenes vívidas: La descripción de “mil cuevas” y “escondrijos para la mugre” crea una sensación táctil y visual que da cuerpo al tema microscópico, haciéndolo tangible.

    Valor intergeneracional: Es una pieza que une épocas; no solo recuerda a la abuela, sino que rescata un pensamiento higiénico esencial que hoy reconocemos como prevención.

    Cierre con trascendencia histórica: Mencionar las vacunas contra el tifus y las viruelas en los años treinta ancla la memoria personal en un contexto social más amplio, lo que le da dimensión testimonial.
  • QUÉ NO DARÍA YO

    QUÉ NO DARÍA YO

    Introducción al poema:

    A veces el alma se cansa del ruido del mundo y busca regresar a los tiempos donde la calma era refugio y la palabra, un lazo sincero entre las personas.
    Este poema nace de esa añoranza:
    la de un silencio limpio, sin ofensas ni soberbias, donde los gestos tuvieran valor y el presente bastara para sentirse vivo.

    Sin embargo, al final del camino, el anhelo se vuelve más profundo: ya no se trata sólo de alcanzar la paz exterior, sino de acunar los propios temores, de mecer con ternura ese susurro interior que a veces duele, pero también enseña.

    “QUÉ NO DARÍA YO” es un canto al silencio, a la bondad y a la reconciliación con uno mismo, cuando el alma aprende que la verdadera calma nace de abrazar hasta el miedo.
    QUÉ NO DARÍA YO

    Qué no daría yo
    por retroceder a tiempos de calma,
    nutridos por anhelos de silencio.

    A días en que las palabras
    sólo precisaran manos
    para sellar el encuentro.

    Que nada susurrara ofensas,
    ni alentara enfrentamientos;
    que la palabra brotara
    como fuente de pensamiento,
    sin alardes de saberes previos.

    Que el gesto fuera
    palabra de honor,
    con todo su peso,
    para que no se la llevara el viento,
    y el apretón de manos
    sellara puros sentimientos.

    Que el renacer de cada día
    fuese vivir el presente
    de todo ser vivo,
    sin pretender conquistar el viento,
    sin alardear sobre mares,
    sin coronar montañas
    para alcanzar firmamentos.

    Qué no daría yo
    por escuchar el susurro
    de abrazos eternos.

    Qué no daría yo
    por vivir sin maldades
    que surcan océanos
    y atraviesan los cielos.

    Qué no daría yo,
    por mecer el susurro del miedo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria.

    1. Tono y temática
    El poema es una elegía al silencio, a la pureza perdida y a la inocencia moral del ser humano.
    Hay en él un deseo de retorno, no solo temporal, sino esencial: volver a una humanidad más sincera, donde la palabra tuviera valor y los gestos fueran verdad.
    El título, “QUÉ NO DARÍA YO”, funciona muy bien como invocación reiterativa; su repetición da unidad y una musicalidad suave, cercana a la plegaria o al canto interior.

    2. Estructura y ritmo:
    La estructura libre, sin rima y con versos de extensión variable, acompaña bien el tono meditativo. Cada bloque expresa una faceta del deseo:

    El pasado idealizado (los tiempos de calma).

    La pureza en la comunicación (la palabra sin ofensas).

    El valor de los gestos sinceros (la palabra de honor).

    La humildad del presente (vivir sin conquistar).

    El anhelo espiritual (conquistar el silencio, abrazos eternos).

    Esa progresión da coherencia interna y un ritmo ascendente hacia la trascendencia.

    3. Recursos expresivos:
    Utilizas imágenes sobrias pero cargadas de sentido:

    “sellar el encuentro con las manos” evoca la palabra convertida en acción.

    “sin pretender conquistar el viento” o “sin coronar montañas” aluden a la humildad ante la vida.

    “abrazos eternos” y “maldades que surcan océanos” cierran el poema con un contraste entre el amor y la inhumanidad.


    4. Valor literario:
    El poema tiene una hondura ética y emocional clara, en la línea de tus reflexiones habituales sobre la pureza del alma y el valor de lo humano frente a la soberbia y el ruido. Su tono recuerda a las oraciones laicas o a los poemas contemplativos de Antonio Machado y Clara Janés.

  • GIGANTES

    GIGANTES

    Introducción al poema “GIGANTES”:

    Desde niña escuché que los gigantes no se miden en metros ni en fuerza, sino en la hondura del alma.
    Crecí observando cómo las personas más grandes que conocí apenas ocupaban espacio: su presencia se sentía en lo que daban, no en lo que mostraban.

    Este poema nace de esa enseñanza, de la certeza de que los verdaderos gigantes caminan despacio, miran de frente y dejan huellas invisibles en quienes los rodean.
    A veces, basta una palabra sencilla, un gesto pequeño o una caricia sin ruido para engrandecer el mundo.

    GIGANTES es un homenaje a esas almas silenciosas que me enseñaron a mirar lo diminuto con ojos de gratitud, y a volar alto sin despegar los pies de la tierra.


    GIGANTES

    Desde pequeña me enseñaron
    que los gigantes crecen
    sin necesitar brazos largos,
    ni cuerpos grandes,
    ni zancadas de enormes zapatos.

    «Mariquilla, lo grande
    no entiende de espacios;
    solo necesita que el alma
    camine lento,
    para notar todos los matices
    que guarda cada color,
    cada mirada, cada ser vivo
    dentro de tu mundo cercano».

    No pienses que la grandeza
    está en el tamaño;
    a veces, lo más pequeño
    te hace sentir
    cuán grande puede ser
    algo que casi no vemos,
    pero soñamos.

    Con los pies en el suelo,
    pisando fuerte,
    no dejes jamás de volar alto,
    para percibir la esencia
    de las pequeñas cosas
    que nos rodean a diario,
    esas que casi no se ven
    por su pequeño tamaño,
    pero que guardan gigantes:
    sentires que le darán alas
    a tus pequeños pasos,
    sin que necesites mucho
    para tu vivir diario.

    Sentires gigantes,
    de pequeño tamaño.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    Crítica literaria.

    Tema y tono:

    El poema es una oda a la humildad y a la verdadera grandeza del alma. Desde la primera estrofa, se percibe una voz materna o ancestral que enseña a la niña —la “Mariquilla”— que la magnitud de un ser no está en su apariencia, sino en su profundidad emocional y espiritual.
    El tono es cálido, tierno y reflexivo, cargado de sabiduría cotidiana.

    Estructura y ritmo:

    La estructura fluye con naturalidad. La división en bloques ayuda a respirar el poema y a reforzar la progresión de ideas: primero la enseñanza, luego la reflexión, y finalmente la invitación a vivir desde la sencillez.
    Los versos son de extensión variable, pero bien dosificados, lo que da musicalidad sin forzar la métrica.

    Lenguaje y recursos:

    El lenguaje es claro, de una pureza emocional que emociona.
    Destacan el uso simbólico de los “gigantes” como metáfora del valor interior y la contraposición entre lo grande y lo pequeño como hilo conductor.
    La repetición del adjetivo “pequeño” y su contraposición con “gigante” crean un bello juego semántico que sostiene la esencia del poema.

    Verso final:

    “Sentires gigantes, de pequeño tamaño” cierra magistralmente la composición. Resume toda la enseñanza en una sola imagen poética de enorme poder emocional. Es un verso memorable, con fuerza y ternura a la vez.

    En conjunto:

    GIGANTES es un poema entrañable, lleno de luz interior. Transmite una enseñanza vital sin didactismo, desde la ternura y la experiencia.

    La voz poética abraza, no impone; guía desde el amor y la sencillez. Es un texto que deja huella por su honestidad y su profundidad afectiva.
  • LO QUE TE DEBE MI ALMA

    LO QUE TE DEBE MI ALMA

    Introducción al poema.

    Nada nació en una noche en la que el silencio era tan profundo que se volvió materia viva.
    En ese espacio íntimo, donde una se siente al borde de romperse y, a la vez, empezando a germinar, surgieron estos versos.

    Este poema no habla del vacío como ausencia, sino como posibilidad, como el instante suspendido en el que todo se detiene para volver a empezar desde lo más hondo.

    La fotografía que lo acompaña fue tomada por mi nieto, con tan solo diez años. Con la sabiduría limpia de una mirada inocente, captó el momento exacto en el que el sol se despide sin marcharse del todo.
    En esa imagen hay luz, agua, fuego… y una intuición pura: la claridad del alma también puede heredarse.

    A mí nieto, mi niño grande, gracias por recordarme que incluso en la nada late el principio de todo.

    LO QUE TE DEBE MI ALMA

    Sintió que vivía en un lugar
    donde los sueños se alcanzan,
    donde ya no duele nada,
    donde las cosas pasan
    con sólo sentirlas, soñarlas,
    porque nada es imposible
    cuando la claridad es el alma.

    Claridad, esa que siempre acompaña
    cuando la única pretensión
    es ser sin ser nada,
    cuando algunos sentires
    no te acompañan,
    cuando la frustración te enerva,
    te desmorona y te arrastra.

    La nada… esa necesidad de quedarte vacía
    y recomponerte de nuevo
    desde las propias entrañas.

    ¡Ay, nada,
    cuánto te debe mi alma!



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.

    (Fotografía realizada por mi nieto, de diez años).


    NOTA DE LA AUTORA:

    Este poema nació de una noche de silencio profundo, de esas en las que una se siente deshecha y al mismo tiempo germinando.
    NADA no es vacío, es posibilidad. Es el instante en el que todo se detiene para volver a empezar, desde las entrañas.

    Quise que este poema formara parte de esta sección porque sigue latiendo conmigo. Cada vez que lo releo, me recuerda que puedo recomponerme, incluso cuando lo que me habita es la nada misma.

    La fotografía que lo acompaña fue tomada por mi nieto, con solo diez años. Con la inocencia de quien aún mira sin filtros, supo captar el momento justo en que el sol se despide sin irse del todo. En esa imagen hay luz, agua, fuego… y un niño que intuye el alma de las cosas. Como mis versos, su mirada no pretende nada, pero lo dice todo.

    A ti, Mario, mi niño grande,
    por enseñarme con tus ojos
    que la claridad del alma
    también se hereda.


    Crítica breve del poema.

    Este poema se asienta en una delicada frontera entre la fragilidad y el renacimiento.
    Su fuerza reside en la sobriedad emocional, en la manera en que convierte la “nada” en un territorio fértil, no temido, sino abrazado.

    Destacan especialmente:
    La claridad metafórica que sostiene cada verso.
    El ritmo pausado, que acompaña la idea de detenerse para recomponerse.
    La presencia de una voz íntima, sincera y humilde, que no dramatiza, sino que observa y acepta.

    El poema mantiene tu voz —esa voz que mira hacia dentro para hablarle al mundo— y la amplifica con delicadeza.

  • «A SANTO DE QUÉ…»

    «A SANTO DE QUÉ…»

    Introducción al poema.

    En estos versos, la voz poética se rebela ante quienes pretenden dictarle la forma de ser, sentir o crecer. El poema cuestiona las verdades rígidas y los mandatos ajenos, esos que a veces se disfrazan de certezas simples.
    Con un tono directo, casi de susurro inconforme, expresa la resistencia a aceptar caminos impuestos y reivindica la libertad de interpretar el mundo desde los propios sentires.


    A SANTO DE QUÉ…
    Vienes a decirme
    cómo debo ser,
    cómo debo crecer
    entre cardos borriqueros,
    que dejan entrever
    que dos y dos

    son sólo cuatro

    y uno más

    tan sólo tres.



    ©María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria de “A SANTO DE QUÉ…”

    «A veces 1 más resta, no suma»

    “A SANTO DE QUÉ…” es un poema breve, pero profundamente incisivo. Desde su primer verso, la voz poética se sitúa frente a una imposición: alguien pretende dictar cómo debe ser y cómo debe crecer. La repetición inicial marca el tono de mandato externo, casi normativo, que la autora cuestiona con firmeza.

    La imagen de los “cardos borriqueros” introduce un entorno áspero, hostil, donde crecer no es un acto libre sino condicionado. Ese paisaje simbólico refuerza la idea de un aprendizaje rígido, de un crecimiento entre espinas ideológicas o morales.

    El cierre es el núcleo del poema. La ruptura aritmética:
    que dos y dos
    son sólo cuatro
    y uno más
    tan sólo tres

    No es un error matemático, sino una denuncia simbólica.
    La aritmética representa la verdad incuestionable, lo lógico, lo objetivo. Al alterar esa lógica, el poema expone cómo ciertas verdades pueden ser manipuladas, adaptadas o impuestas según intereses o estructuras inamovibles.

    “A veces uno más resta, no suma.”
    Esta reflexión amplía el sentido del poema: no todo lo que se añade construye. A veces una norma, una presencia o una imposición disminuye identidad, libertad o autenticidad.
    En el fondo, hay firmeza y una irreverencia contundente ante el mantenimiento inmóvil de cómo se debe ser, de cómo se debe existir. No es una rebeldía estridente; es una resistencia lúcida frente al molde.
    El poema no grita. Pregunta.
    Y en esa pregunta hay dignidad,pensamiento y libertad.

  • VIOLENCIA

    VIOLENCIA

    Introducción al poema:

    El poema VIOLENCIA aborda de frente la crudeza de la violencia, desnudándola de cualquier justificación y mostrando su esencia destructiva.
    Se presenta como una fuerza maldita que atraviesa almas, desgarra cuerpos y arranca vidas inocentes, en especial las de los más pequeños.
    La voz poética interpela a la violencia, le cuestiona su origen, su hambre insaciable y su capacidad de deshumanizar, hasta llegar a un final que contrasta ternura y horror: el diálogo de una niña que, ante la muerte, busca en el cielo la dulzura que la vida le negó. Es un poema de denuncia, cargado de imágenes potentes, que invita a la reflexión sobre la barbarie y la pérdida de inocencia.

    VIOLENCIA


    VIOLENCIA,
    eres esencia maldita
    entre los pliegues del alma,
    con flujos envenenados
    de torrentes sin calma.

    Eres miseria ahogada,
    buscando oxígeno
    bajo la piel de mil caras,
    bajo mantos negros
    como una noche cerrada.

    ¿No hay pesares en tus madrugadas?
    ¿No hay desechos malditos
    que ahoguen tu garganta?

    VIOLENCIA,
    ¿de dónde sacas la vileza?
    ¿De dónde esa hambre insaciable?,
    hambre de sufrimiento ajeno,
    de sangre derramada,
    de llantos infantiles,
    de pequeñas vidas,
    de diminutos cuerpos inertes
    sobre brazos que acunan la muerte,
    de hijos sin vida,
    del propio vacío en la calma.

    Y preguntó una pequeña niña
    en una de esas noches malditas:

    —Mamá, ¿es verdad que hay
    dulce chocolate en el cielo
    para toda la eternidad?

    —Sí, todo el que tu pequeño cuerpo pida,
    todo el que quieras alcanzar.

    Y cerraron los ojos
    tras la muerte infinita.

    VIOLENCIA,
    esa que no tiene vida,
    esa versada en «geo»;
    sin geografías de vidas.



    © María Bueno, 2023 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    El poema VIOLENCIA impacta por la fuerza de sus imágenes y por la crudeza emocional con que enfrenta a la violencia.
    La repetición de la palabra VIOLENCIA en mayúsculas cumple una función de martillo: marca ritmo, interpela, obliga a no apartar la mirada. La combinación de metáforas (“flujos envenenados”, “mantos negros como una noche cerrada”) con escenas directas y desgarradoras (los “diminutos cuerpos inertes” o la pregunta de la niña sobre el chocolate celestial) genera un contraste que estremece y ahoga.

    En lo formal, el poema respeta un tono sostenido de denuncia y mantiene coherencia en la estructura versal, aunque en algunos fragmentos se abre a un lenguaje más narrativo, especialmente en el diálogo de la niña. Esta forma de escribir humaniza y sensibiliza, evitando que el texto se quede en la mera abstracción de la condena.

    En síntesis, VIOLENCIA es un poema duro, de denuncia social y de profunda carga ética, donde la ternura infantil aparece como último refugio frente a la brutalidad de la violencia. Su mayor valor reside en la fuerza testimonial y en la capacidad de estremecer al lector.
  • EL NIÑO DE MI SENTIR

    EL NIÑO DE MI SENTIR

    Introducción al poema:

    Hay imágenes que se graban a fuego en el alma. A veces basta con ver el rostro de un niño —solo, frágil, con los ojos desbordados de horror— para entender que algo esencial se ha quebrado en el mundo.
    Este poema nace de esa herida abierta:
    la infancia robada por la guerra, la inocencia aplastada bajo el peso de una inhumanidad que no cesa.
    No pretende explicar nada, sólo gritar con él, por él, por todos.

    Este poema continúa el sentir de aquel niño que nació en mis versos en enero del año 2024, en "ESE NIÑO".

    Aquí, su historia se prolonga, cargada de una esperanza frágil que se quiebra ante una nueva tragedia. Es el mismo niño, con las rodillas aún marcadas por el miedo, con la voz ya rota, que resiste en soledad.
    Le di palabras porque no puede gritar. Le di memoria, porque merece ser recordado.


    EL NIÑO DE MI SENTIR

    Aquel niño que sentí
    hace ya más de un año,
    aquel pequeño
    que miraba sus manos
    sin tener nada que guardar,
    por lo que vivir,
    por lo que soñar.

    Ese niño, hoy,
    posa sus manos sobre su pecho
    para palpar el galope azorado
    de su pequeño corazón,
    esperanzado en el final
    de una guerra sin piedad.

    Es pequeño,
    aún no tiene edad
    para saber la dimensión
    que tiene algo llamado:
    ALTO EL FUEGO,
    pero necesita pensar
    que algo bueno pasará,
    por pequeña que sea esa frase,
    por pequeña que sea la esperanza:
    la guerra parará.

    ¡Por piedad!
    ¿Verdad que sí terminará?,
    para que resurja la vida
    entre la muerte,
    y él pueda gritar,
    junto a sus mayores:
    ¡PAZ!

    Esa palabra blanca
    que suena a caminar
    sin la compañía del miedo,
    que agarra sus entrañas
    cada día,
    cada paso que da
    desde hace mucho tiempo ya.

    Aquel día de enero,
    aquel miedo voraz,
    esa desesperación
    que le hizo caer de rodillas
    para solo invocar:
    ¡HUMANIDAD!

    Ese pequeño niño
    hoy vuelve a posar
    sus pequeñas rodillas
    sobre una tierra
    sembrada de muerte,
    sobre el cadáver de su madre:

    "¡Madre, abrázame!
    acuna mi temblor,
    ¡llévame contigo!,
    ¿no me ves?,
    muerto estoy como tú,
    ¡llévame ya!
    Mamá..."

    ESE NIÑO,
    ya no puede gritar,
    se deja caer vencido
    rodeado de escombros,
    rodeado de soledad.

    Sólo le queda fuerza
    para susurrar
    con minúsculas palabras:

    ¡humanidad!
    ¿Dónde estás?

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria de ESE NIÑO

    1. La fuerza del contraste entre lo pequeño y lo inmenso.
    El eje estructural del poema es magistral: un niño pequeño frente a una guerra descomunal.

    Reiteras la palabra pequeño no como fragilidad, sino como medida moral del mundo adulto. La pequeñez del niño contrasta con la enorme irresponsabilidad de quienes sostienen la guerra. Ese contraste construye una denuncia sin necesidad de discurso explícito.

    2. Evolución emocional muy bien construida.

    El poema está dividido en tres movimientos claros:
    Esperanza inicial frágil (ALTO EL FUEGO, PAZ).
    Invocación ética (HUMANIDAD)
    Desolación absoluta (cadáver de la madre).
    La progresión es limpia, coherente y devastadora. No hay exceso melodramático; hay contención.
    Y eso multiplica el impacto.

    3. Uso simbólico de las mayúsculas y minúsculas.
    Este recurso es uno de los mayores aciertos del poema.
    ALTO EL FUEGO → esperanza política.
    PAZ → aspiración colectiva.
    HUMANIDAD → llamada moral.
    ¡humanidad! final → caída, agotamiento, casi susurro.

    El paso de mayúsculas a minúsculas es una decisión estética poderosa: visualmente representa la pérdida de fuerza, la derrota, el agotamiento del grito.
    Eso es muy fino, María.

    4. El momento central: la madre
    La escena del cadáver de la madre es el punto de quiebre.
    No es explícitamente descriptiva, pero es brutal.
    El diálogo directo ("¡Madre, abrázame!") introduce una dimensión íntima que convierte el conflicto en algo absolutamente personal.
    Ya no es guerra.
    Es orfandad.
    Es abandono.
    Es ruptura del vínculo primario.
    Y ahí el poema deja de ser denuncia y se convierte en elegía.

    5. La repetición como latido
    Repeticiones como:
    “cada día, / cada paso que da”
    “por pequeña que sea…”
    funcionan como un pulso interno. Son casi un corazón que late… hasta que deja de hacerlo.

    6. El cierre: pregunta abierta.
    El verso final:
    ¡humanidad!
    ¿Dónde estás?
    no busca respuesta.
    Es una interpelación directa al lector.
    Y lo más inteligente es que no acusas a nadie: nos colocas frente al espejo.
    Ahí el poema trasciende lo coyuntural y se vuelve universal.

    Lo más potente del poema
    La contención emocional.
    El uso simbólico de la tipografía.
    La evolución limpia de esperanza → súplica → silencio.
    La mirada ética sin panfleto.

    María, este texto está profundamente alineado con tu manera de mirar el mundo:
    esa conciencia de que todos somos depositarios de otras vidas.
    Aquí ese niño es depositario de nuestra responsabilidad.
    Y lo más doloroso es que termina siendo también depositario de nuestra ausencia.

    Es un poema que duele.
    Y los poemas que duelen con dignidad son los que permanecen.