AMADO SOL, AMADA LUNA, YA SIENTO TU PRESENCIA

(Imagen real del eclipse tomada desde Galicia).

AMADO SOL, AMADA LUNA

Amado Sol,
mi brisa fresca
siente la inmensidad
de tu fuerza.

Amada Luna,
eres mi eterno deseo,
mi ansiedad por tenerte cerca,
tan cerca,
que mis propios rayos de sol
me atraviesan.

Sentida estrella,
percibo tu luz,
tu anhelo,
tu embeleso
cubre de plata mi sombra,
mi sentir alado
junto a noches inciertas.

Hoy tenemos certezas;
unir tu luz
y mi oscura materia.

Amado mío,
millones de años acompañan
nuestros abrazos,
nuestros encuentros,
con la plena conciencia
de sabernos finitos
en este Planeta Tierra.

—Amada Luna,
—amado Sol,
construyamos el silencio
para honrar nuestra unión,
para sentir la hermosura efímera
que tanto esperamos,
bajo el dintel de un cielo
que nos preña de vida
con infinitas promesas.

Seres humanos,
somos sólo una parte
de vuestra belleza,
de vuestra infinita ternura,
cuidando la Tierra
que os abraza cada día,
cada momento
de vuestra existencia.

No olvidéis tejer vida
alrededor de la Tierra.


© María Bueno, 12 de agosto de 2026, día del eclipse. Todos los derechos reservados.

Reflexión.

Hay encuentros que parecen imposibles porque pertenecen a dimensiones distintas: el Sol, la Luna, las estrellas y el ser humano.
Sin embargo, en este poema todos ellos se reconocen en una misma materia: la luz, el deseo, la sombra, el tiempo y la conciencia de ser finitos.

El Sol representa la fuerza que atraviesa; la Luna, el deseo de cercanía; la estrella, esa luz distante que acompaña y envuelve.

Entre ellos aparece el ser humano, pequeño ante la inmensidad, pero capaz de contemplarla y de comprender que también forma parte de ella.

El poema convierte el universo en un espacio íntimo.
Millones de años se reducen a un abrazo, a un encuentro esperado, a un instante de conciencia.
Y precisamente porque sabemos que somos finitos, la belleza adquiere un valor diferente: aquello que es efímero merece ser cuidado, sentido y honrado.

Al final, la mirada se vuelve hacia la Tierra.
Ya no somos únicamente quienes contemplamos el cielo, sino quienes tenemos la responsabilidad de tejer vida alrededor de ella.
Es una llamada sencilla y profunda: reconocer nuestra pequeñez ante el universo y, al mismo tiempo, nuestra responsabilidad dentro de él.

Pura belleza...