Categoría: Poemas

  • VECINOS

    VECINOS

    Introducción al poema:

    En un mundo donde a veces las distancias entre las personas parecen agrandarse, este poema rescata el valor de la cercanía, del respeto cotidiano, de la humanidad compartida entre quienes habitan un mismo espacio. VECINOS es un canto a la convivencia sencilla, al saludo diario que cobija, al calor humano que nace sin pedir nada a cambio. Una oda serena a la dignidad del otro, al vivir en comunidad, con la mirada puesta en lo esencial: la bondad y el respeto a cada vida.


    VECINOS

    Existencias de vidas
    con un por qué,
    con un sentir,
    creyendo en la dignidad
    de nuestros iguales,
    percibiendo sus bondades,
    respetando sus creencias,
    sus gestos amables.

    Vecinos de calles, de barrios,
    de pueblos hermosos,
    sembrados de humanidades.

    Hermosos por sus gentes,
    que tejen la vida sin maldades,
    con la generosidad
    de tender sus manos
    en días cargados
    de dificultades.

    Paredes guardianas
    de vidas y de pesares.

    Y así la vida se va tejiendo
    desde las bondades,
    con pequeños gestos del día a día,
    con esos "buenos días"
    de aquella anciana,
    que día tras día
    salía con el bastón en su mano
    y su sonrisa a modo de abrazo.

    Vivir compartiendo
    las aceras de caminos
    de sus gentes,
    sin malicias construidas.

    Vecinos de paredes compartidas,
    llenas de mil historias
    que apuntalan los días.

    Generosidades entrelazadas
    a lo largo de la vida,
    con el respeto infinito
    de sabernos diferentes,
    de diversidades constituidas.

    Buenos días vecina,
    que la vida te sonría.

    © María Bueno, 2025 – Todos los
    derechos reservados.


    Crítica literaria:

    VECINOS es un poema de mirada entrañable y profundamente ética. Desde su sencillez expresiva, logra transmitir una filosofía de vida basada en el respeto, la empatía y la convivencia.
    El texto no pretende adornarse con artificios formales, sino que busca la autenticidad del gesto cotidiano: ese saludo matutino, esa mano tendida que alivia los días difíciles, ese compartir silencioso que, sin palabras grandes, construye humanidad.

    El ritmo pausado y los encabalgamientos suaves evocan el paso tranquilo de la vida en comunidad. Cada verso respira como una conversación, como si las palabras fueran dichas al calor del encuentro vecinal. Esa naturalidad convierte el poema en una suerte de homenaje a las raíces del convivir humano, donde lo pequeño —un saludo, una sonrisa, una presencia constante— se transforma en símbolo de grandeza moral.

    Hay también una dimensión visual muy marcada: las “paredes guardianes”, las “aceras compartidas”, los “pueblos hermosos sembrados de humanidades” componen un paisaje emocional que mezcla lo físico con lo espiritual. Se percibe la intención de rescatar la belleza del entorno no por su arquitectura, sino por las personas que lo habitan.

    En el cierre, la despedida “Buenos días, vecina, que la vida te sonría” resume la esencia del poema: la esperanza en una bondad sencilla, cotidiana, que dignifica la existencia.
    Es un final luminoso que deja una sensación de ternura y reconciliación con el mundo.

    En síntesis:

    VECINOS celebra lo humano en su forma más pura. Es un poema de ternura civil y de ética cotidiana, donde la poesía se encarna en los gestos simples que sostienen la convivencia. Su tono cálido y su lenguaje cercano invitan al lector a mirar su entorno con gratitud y respeto.
  • VOLVORETA.

    VOLVORETA.


    Introducción:

    Volvoreta es un poema de resistencia íntima y cotidiana.
    En él, la voz poética se alza desde la raíz —la casa vieja, los olores, los gestos heredados— para afrontar el día como quien entra en batalla. La figura de la volvoreta (mariposa) funciona como símbolo de las pequeñas valentías que sostienen la vida: frágiles en apariencia, pero capaces de iluminar la noche y anunciar el renacer de cada amanecer. Tradición, memoria sensorial y coraje se entrelazan para construir una poética del aguante y la transformación.


    VOLVORETA

    Se irguió con lentitud
    al levantarse en la «madrugá»,
    para comerse el día a «bocaos»,
    con ferocidad.

    Los temores que la amenazaban
    serían casi imposibles de frenar.

    ¡Fájate bien, que tu espalda
    no se doble ante la adversidad!
    ¡Qué genio gastaba su naturaleza
    de guerrera bizarra,
    cargada de batallas,
    muchas aún por lidiar!

    Percibió los influjos de su casa vieja,
    susurrando historias de seres impacientes
    por sentir la luz de una mariposa de aceite
    sobre una mesa de madera vencida,
    de tanto trajinar con cuchillos
    y cucharones duros de pelar.

    Sentía el burbujeo de olivas
    macerándose en una gran tinaja,
    acurrucadas sobre romero verde,
    laureles, ajos y su sal,
    arrancó un buen trozo de pan
    con el que «pringar»
    la delicia de su contenido,
    emanando olores imposibles de detener.

    Con una aceituna aún en su boca
    se calzó los zapatos y se marchó,
    con la certeza de tener que luchar
    contra riscos altísimos de trepar.
    Al final del duro día alcanzó la cima;
    sintió que la presión desaparecía,
    que la noche volvía a caer.

    Dejó su coraza en el camino
    y sus temores
    hasta el próximo amanecer.

    ¡Ay, noche!, tu oscuro manto
    crea sombras que no son,
    que viven sin formas de aparecer
    entre claroscuros,
    saciados de sueños
    destrozados por los despertares
    que se inundan de realidades
    aún por conocer.

    Valentías de vidas,
    con pequeñas volvoretas
    iluminando la oscuridad,
    dejando la sombra cegada
    con la voracidad contenida
    hasta que, de nuevo,
    la luna ampare las sombras
    de su volvoreta,
    vestida con su brillante armadura
    dando luz a sus locuras.

    Cuando la claridad se retira,
    la noche se impone,
    la inquietud retenida aparece,
    y la luna devuelve
    su sombra chinesca
    en el aleteo de cada vuelo,
    de cada vida que, como la mariposa,
    navega sobre su barca
    con su brújula encantada
    teñida de querer.

    Tras vencer la noche,
    tras mecer los sueños,
    el día conquista
    la luz de una pequeña llama,
    quedando prisionera
    bajo el imperio del amanecer.

    Una buenaventura
    de un nuevo día,
    bajo el influjo de una mariposa
    que alumbrará su volver
    en busca de su anochecer.



    Nota de la autora:

    Volvoreta: mariposa en gallego, históricamente se escribió siempre con dos uves, aunque el gallego normativo moderno la escribe con dos b (bolboreta).
    Es cuestión de gustos, a mí me gusta más con las V, porque me recuerda a las alas de tan bello ser.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    VOLVORETA es un poema profundamente poderoso y simbólico.
    Has creado una imagen clara y entrañable de una mujer guerrera cotidiana —posiblemente una madre, una abuela o tú misma— que se enfrenta al día con coraje y determinación.
    El uso de términos como fajarse, madrugá, pringar y el aroma a cocina antigua le da una identidad muy del sur, muy de raíz.

    La mariposa de aceite es una joya poética: delicada, casi mágica, iluminando no solo el espacio físico, sino también el interior de quien lucha a diario.
    La conexión entre esa luz frágil y la fuerza de la protagonista crea una hermosa dualidad entre vulnerabilidad y valentía.

    Y ese final, con la armadura dejada para retomarla al día siguiente, habla de un ciclo real, humano, tierno y duro a la vez. Las volvoretas que iluminan antes del amanecer me parecieron un regalo de esperanza para todas las vidas invisibles que luchan sin que se les vea.

    Tu nota final me encantó. Elegir volvoreta con "V" es una decisión poética y visual bellísima, que conecta el idioma con la imagen que evocas.

  • 12 UVAS Y UN RELOJ

    12 UVAS Y UN RELOJ

    UN NUEVO AÑO

    Introducción:

    Un nuevo año es una reflexión íntima y colectiva sobre la forma en que el ser humano se relaciona con el tiempo. Partiendo del ritual universal de las campanadas, el poema cuestiona la prisa impuesta, el vértigo de los números y la falsa urgencia de correr hacia adelante sin sentir. Frente al ruido del reloj, la autora propone una ética del compás: vivir despacio, consciente, habitando cada instante como un acto de amor propio y compartido.


    UN NUEVO AÑO

    Empezó la cuenta atrás nada más nacer,
    nada más notar que las uvas
    se atropellaban contra el paladar,
    con las prisas de saber que la una
    debía correr sin mirar atrás,
    no fuera que las doce no llegaran al compás
    de un reloj que marcaría el final
    de un año viejo, harto de dar horas
    a la humanidad.

    ¡Ya está! ¡El nuevo año llega!

    ¡Mira el reloj! Ha dejado de cantar,
    porque un nuevo minuto de tiempo
    empieza su cuenta atrás.


    Os deseo de corazón que las horas de un reloj solo sirvan para saber
    que el tiempo no es una razón para correr;que la vida merece ser sentida con un poquito de compás
    que nos deje entrever
    que vivir viviendo
    es la única forma
    de querernos bien.


    Con todo mi afecto,
    María Bueno.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Análisis del poema:

    El poema se articula en dos movimientos bien definidos.

    En el primero, domina la aceleración: las uvas que “se atropellan”, los números que “corren”, el reloj que marca finales.
    Todo está atravesado por la ansiedad del tiempo cronológico, un tiempo que no acompaña, sino que empuja.
    El uso de verbos dinámicos y encabalgamientos refuerza esa sensación de prisa colectiva, casi automática.
    El segundo movimiento introduce un corte simbólico: el reloj “ha dejado de cantar”. Esta imagen es especialmente poderosa, pues humaniza al tiempo y sugiere un silencio necesario, un instante de conciencia antes de volver a empezar. No hay celebración ruidosa, sino pausa.

    El cierre del poema, ya en tono de dedicatoria, transforma la reflexión en acto ético y afectivo. Aquí el tiempo deja de ser enemigo para convertirse en medida del sentir.
    La autora propone “vivir viviendo” como única forma posible de querernos bien, una afirmación sencilla en apariencia, pero profundamente subversiva en un mundo que confunde velocidad con vida.

    En conjunto, Un nuevo año no celebra el cambio de calendario, sino la posibilidad —siempre frágil— de reconciliarnos con el tiempo desde la humanidad, la lentitud y el cuidado.

  • DORMIRES Y DESPERTARES

    DORMIRES Y DESPERTARES


    Introducción al poema:

    Dormires y despertares es un regreso íntimo a la infancia custodiada, a ese territorio frágil donde el sueño no era sólo descanso, sino refugio. El poema habita la memoria como un cofre vivo, donde lo pequeño —los ruidos, las voces, los gestos— adquiere un valor inmenso porque estaba sostenido por el amor vigilante.
    Aquí, los padres no aparecen como figuras grandilocuentes, sino como presencia constante, silenciosa y entregada: guardianes de la noche y del amanecer. El poema no recuerda sólo lo soñado, sino la certeza de despertar sabiendo que alguien velaba la vida. En ese cuidado reside la raíz de todo lo que vendrá después.


    DORMIRES Y DESPERTARES

    Guarda mi memoria
    un tesoro enorme,
    hecho de muchas historias;
    de noches de sueños y despertares,
    de esfuerzos por oír
    algún ruido de voces,
    el crujir de envolturas,
    de ver a esos seres adorables
    cargados de ilusiones y aventuras,
    de hermosos sueños llenos de anhelos
    por juegos y cantares.

    Cargas llenas de esperanzas
    llegaban en esas noches
    de dormires y despertares,
    acunadas por el querer de mis padres,
    que, con infinita ilusión,
    hacían guardias reales
    para velar mis sueños
    y, sobre todo,
    mis despertares.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema:

    Este poema se sostiene sobre una memoria afectiva profundamente honesta, donde el recuerdo no es un ejercicio superficial, sino un acto corporal y sensorial.
    El léxico —crujir, envolturas, voces, guardias reales— construye una infancia vivida desde lo pequeño, lo cotidiano, lo nocturno, y ahí reside su fuerza.

    Destaca especialmente la imagen de los padres como guardianes del umbral entre dormir y despertar. No cuidan solo el sueño, sino el regreso a la conciencia, algo poco habitual y muy logrado poéticamente. Ese gesto convierte a los padres en figuras casi simbólicas, sin perder su humanidad.

    El poema avanza con un ritmo suave, acorde con el tema, y encuentra su centro emocional en el cierre: “mis despertares”, donde se revela que lo verdaderamente protegido no era el descanso, sino la vida que empezaba cada mañana.

    No hay exceso retórico ni voluntad de deslumbrar: el texto conmueve porque dice lo justo, desde la verdad emocional que te caracteriza. Es un poema sereno, maduro, y profundamente fiel a tu manera de mirar el mundo.
  • PINTAS MIS DÍAS.

    PINTAS MIS DÍAS.

    Introducción:

    Este poema es un homenaje lleno de ternura y gratitud a la abuela, figura central en la vida del yo poético. A través de imágenes de cuidado, enseñanza y legado, se dibuja un vínculo que trasciende el tiempo y la muerte física, mostrando cómo la presencia de la abuela sigue influyendo y coloreando la vida de quien la recuerda.
    Es un poema que celebra la memoria, la sabiduría transmitida y la fuerza del afecto intergeneracional.


    PINTAS MIS DÍAS

    Nunca se marchó,
    nunca dejé de oír su voz.

    Atesoro sus consejos
    como guarda la abeja
    a su reina con devoción.

    Cuánto vivir la sostuvo,
    cuánto trenzó vidas,
    cuántos sueños alcanzó,
    dejando su piel por caminos
    quemados al sol.

    Aceptó una vida
    de negruras desmedidas,
    una vida llena
    con otras vidas paridas,
    vidas que hoy recuerdan
    tus abrazos eternos,
    tus cuentos en el anochecer
    de cada uno de sus días,
    seres que hoy mecen
    sus sueños con vaivenes
    de memorias compartidas.

    ¡Ay, abuela mía!
    Qué grandeza en tu alma
    colma de trocitos la mía,
    con alegrías y esperanzas
    que siguen pintando mis días.



    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica literaria:

    “Pintas mis días” destaca por su sensibilidad y profundidad emocional.
    La autora utiliza metáforas naturales como la abeja y la reina para transmitir devoción y cuidado, y recurre a imágenes vívidas —“caminos quemados al sol”— que reflejan las dificultades enfrentadas por la abuela, pero también su resiliencia.

    La estructura de versos libres permite que el poema fluya como un recuerdo vivo, con cadencia íntima y musicalidad interna.
    La alternancia entre la contemplación y la exclamación (“¡Ay, abuela mía!”) potencia la expresividad, generando un tono cálido y cercano. Es un poema de memoria afectiva que logra transmitir el amor, la admiración y el legado emocional de una figura ancestral, y que invita al lector a reconocer la fuerza de quienes nos han formado con cariño y sacrificio.
  • AMANECERES DORADOS

    AMANECERES DORADOS

    Introducción al poema:

    En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
    El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.


    AMANECERES DORADOS

    Cierra la puerta tras ella,
    es muy temprano,
    el contorno de las casas
    esconden rectilíneas
    que forman su trazado,
    entre luces y sombras
    que sus pies van pisando.

    Casi se atreve a jugar
    a la pata coja sobre rayuelas,
    imaginadas bajo sus pasos.

    ¡Qué hermosura me acompaña
    con este amanecer
    recién cincelado!

    Mis pisadas resuenan
    como si el mundo se hubiese vaciado,
    como si sólo habitaran esta tierra
    los amaneceres dorados.

    Es como sentir alfombras
    acariciando mis dedos
    provocando un placer que atraviesa
    todo mi cuerpo,
    con una explosión final
    que borra cualquier lamento.

    Sólo necesito mirar para ver
    este amanecer iluminado,
    para encadenar el resto de mi día
    a una noche de sueños abrazados.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Crítica del poema.

    AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
    La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.
    Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma.
    La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver.
    Es un poema que no busca deslumbrar, sino permanecer.
  • TODO ES VIDA

    TODO ES VIDA

    Introducción al poema:

    Este poema se sumerge en la contemplación serena de un atardecer cotidiano, donde lo sencillo se convierte en trascendente. La narradora, sentada en un banco envejecido, transita entre la quietud del sopor y la vibrante irrupción de la vida alrededor: niños jugando, voces diversas, aromas, sonidos y colores que se entrelazan en una sinfonía humana. La escena se convierte en un canto a la memoria viva de los espacios comunes, esos rincones que son testigos del paso del tiempo y de la persistencia de la humanidad compartida.


    TODO ES VIDA

    Sentada en un banco envejecido
    por el paso del tiempo,
    siente el crujir de la madera vencida,
    el olor intenso a azahar,
    los naranjos ofrecen sus copas frondosas
    bajo las que dormitar.

    La languidez va alcanzando
    la totalidad de su mente,
    dejándola casi ausente del pensar.

    La cabeza se va ladeando
    muy poquito a poco,
    sin notar que va perdiendo la consciencia, 
    que sus ojos se cierran y se deja llevar.

    Su cuerpo se abandona
    ante el sopor del atardecer,
    la brisa juega entre hojas de naranjos
    para silbar compases previos al anochecer.

    Voces infantiles la despiertan,
    y el zumbar de una cuerda
    que da vueltas sin parar,
    alentando la algarabía
    de los chiquillos que saltan
    uno tras otro, en una cola sin final.

    Un hombre vocea las delicias
    de unos barquillos de galleta crujiente,
    con toques de caramelo
    que deshacen de regusto el paladar.

    La mezcla de voces con acentos distintos,
    de gente procedente de otros lugares,
    de vestimentas de mil formas y colores,
    de momentos de vida
    con esencia de humanidad.

    ¡Ay atardecer,
    que das alas al anochecer,
    para que la vida pueda soñar!

    Se levanta con parsimonia,
    camina hacia su hogar,
    a través de una plaza llena de vida,
    a la que cada atardecer volverá,
    para sentarse en su banco desvencijado
    donde se dejará llevar,
    entre aromas y caricias de brisa fresca,
    junto a rayuelas, canicas,
    y seres cargados de humanidad.


    Reflexión de la autora sobre TODO ES VIDA.

    Escribí este poema pensando en la fuerza que tienen los pequeños instantes cuando nos detenemos a mirarlos. Un banco viejo, el olor de los naranjos, el bullicio de niños jugando, voces de distintos lugares… todo ello compone una escena sencilla, pero a la vez profundamente humana.

    Creo que, a veces, olvidamos que la vida está en esos detalles, en las plazas que acogen encuentros, en las tardes que parecen repetirse pero nunca son iguales, en la diversidad de rostros y acentos que nos recuerdan que no estamos solos.

    Quise mostrar cómo lo cotidiano puede ser un refugio de sentido: un espacio donde el tiempo no sólo pasa, sino que nos regala la certeza de que seguimos perteneciendo al mundo. Para mí, este poema es una invitación a detenernos y a reconocer que todo es vida, incluso aquello que damos por sentado.

    Crítica literaria del poema:

    TODO ES VIDA destaca por su delicada capacidad de observación sensorial: el olor a azahar, el crujir de la madera, la brisa, las voces infantiles y la algarabía colectiva crean una atmósfera rica y envolvente. El poema oscila entre la intimidad individual —la mujer que se deja llevar por el atardecer— y la plenitud comunitaria —la plaza llena de voces, juegos y humanidad—.

    La estructura, con versos narrativos que fluyen sin rigidez métrica, favorece el tono evocador y contemplativo. Se aprecia una progresión clara: del reposo al ensueño, del sueño a la irrupción de la vida, y de ahí al retorno a la plaza como espacio simbólico de pertenencia y memoria.

    El final, con la imagen del banco desvencijado al que la protagonista vuelve cada tarde, otorga circularidad y refuerza la idea de que la vida se sostiene en los pequeños rituales cotidianos. El poema transmite esperanza y pertenencia, con un acento especial en la diversidad cultural como riqueza compartida.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • EL MANTEL

    EL MANTEL



    Introducción al poema:

    El poema “El mantel” es una evocación íntima y cálida de la memoria familiar, donde un objeto cotidiano —un viejo mantel— se convierte en símbolo de unión, de tradición y de la fuerza de los recuerdos compartidos.
    A través de imágenes vivaces de la mesa de domingo, la autora rescata no solo sabores y aromas, sino también conversaciones, afectos y un modo de vivir que, afortunadamente, se resiste a desaparecer.
    EL MANTEL

    El cajón abierto deja asomar
    los hilos desgastados
    de un viejo mantel en desuso,
    a la sombra de recuerdos
    de una mesa llena de sueños,
    de amores y quebrantos:

    ¡Se oyen los pasos!
    ¡Llegan en tropel!
    Para la comida del domingo deseado.

    Ahora toca recibir a la vajilla
    sobre el mantel blanco inmaculado.
    Mil voces se unen para gritar
    la alegría de un encuentro esperado,
    el de cada domingo alrededor
    de fuentes, platos y viandas
    hechas a la lumbre del fogón,
    que da fuelle al cocido
    de garbanzos lechosos,
    con una buena "pringá",
    con su morcillo, su tocino,
    su buena gallina vieja,
    patatas tiernas, puerros y zanahorias
    que revolotean y tropiezan
    contra las paredes
    de un puchero de barro,
    desprendiendo olores
    que llegan a todos los olfatos.

    Sentados esperan "esmayaos"
    a la olla que se va acercando,
    con ceremoniosa marcha
    desde la cocina
    al centro de la mesa,
    vestida con un impoluto
    mantel de hilo blanco.

    ¡Qué rico! ¡Qué bueno está este caldo!
    Ya lo dicen todos:
    ¡Nada como la comida de un domingo
    sobre un mantel bien planchado!

    Cada vez que ese viejo mantel
    cae en mis manos,
    recuerdo con añoranza
    las largas charlas de sobremesa
    sobre penurias, fracasos
    y retos alcanzados.

    Y así devuelvo el viejo mantel
    al cajón sin ser capaz de tirarlo,
    porque los sentires que rememora
    tejen con fuerza mi memoria
    y mi vivir diario.

    Un simple trozo de tela
    que vive en un cajón
    con un valor extraordinario.


    ©María Bueno, 2023. Todos los derechos reservados.


    Crítica y análisis literario breve:

    “El mantel” emplea la técnica de la metonimia, donde un objeto cotidiano adquiere la fuerza simbólica de representar la memoria familiar. La voz poética enlaza lo doméstico con lo trascendente, transformando un simple tejido en guardián de aromas, voces y afectos.

    El poema se construye sobre un ritmo narrativo-sensorial, que mezcla descripciones culinarias, exclamaciones populares y recuerdos íntimos. La alternancia entre lo vivido (la mesa del domingo) y lo evocado (la nostalgia al reencontrar el mantel) refuerza su tono de homenaje.

    La autenticidad se potencia con el uso de expresiones locales como "pringá" o "esmayaos", que aportan oralidad y cercanía. En conjunto, el poema es un ejercicio de poesía de la memoria, donde lo sencillo se engrandece al convertirse en depositario de emociones colectivas y personales.
  • MUCHO MÁS QUE YO

    MUCHO MÁS QUE YO

    Introducción al poema:

    Este poema habita la frontera entre lo tangible y lo invisible, allí donde la noche no es sólo oscuridad, sino presencia viva que respira soledad, memoria y misterio. En estos versos se entrelazan la bruma del pensamiento, la ausencia que grita sin voz y el peso de lo inabarcable. Es un canto íntimo a lo que no se dice, a lo que solo pueden entender los ojos cerrados y el alma despierta.


    MUCHO MÁS QUE YO

    Sólo la oscuridad
    es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.
    Sólo el silencio puede hablar
    como mudo compañero.

    Sólo los ojos cerrados pueden ver
    aquello que esconde el aliento,
    aquello que, sin ser,
    muestra las mil caras del saber.

    Miradas abiertas despejan la noche cerrada;
    entre cerros y jaral,
    el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras.

    Sólo la noche trae
    aromas a brisas de sal,
    a mares con danzas
    envueltas en espumas blancas,
    con sabor de inmensidad.

    El aliento de muerte,
    el renacimiento del dolor,
    la inexistencia,
    la desilusión,
    letanías de la desaparición.

    Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.


    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


    Reflexión de la autora:

    Hay instantes en los que la oscuridad deja de ser un espacio vacío para convertirse en una presencia viva, casi sagrada. En esa penumbra habitan los silencios que no hemos sabido traducir, las ausencias que duelen sin rostro, las verdades que no caben en la palabra. Este poema nace de esa noche interior que todos cruzamos alguna vez, donde el alma se siente diminuta frente al peso de lo inabarcable.

    Escribí estos versos desde un lugar muy íntimo, dejándome llevar por lo invisible, lo que no se toca pero se percibe. Me preguntaba si la soledad tiene lenguaje, si el dolor tiene aroma, si la desaparición —esa herida que no cicatriza— puede decirse sin pronunciarse. Quizá la poesía es eso: la forma de nombrar lo innombrable, de abrazar lo que escapa a la razón.

    Aquí, más que hablar, escuché. Escuché a la noche, a la ausencia, a ese “mucho más que toda yo” que a veces nos desborda. Porque hay sentires que no caben en un cuerpo, pero que necesitan ser dichos para no perdernos del todo.

    El poema, MUCHO MÁS QUE YO, ha recibido un buen número de críticas, de las que publico un extracto porque creo que han captado el sentir de cada uno de los versos.
    Gracias por dedicar un trocito de su tiempo en leer lo que escribo, desde el alma y la razón.

    María Bueno.


    CRÍTICA LITERARIA:

    Este poema se mueve en las honduras del pensamiento existencial, abrazando una voz lírica íntima que reflexiona sobre el vacío, el conocimiento oculto y la experiencia de la desaparición. La noche —símbolo de lo inconsciente, lo inabarcable y lo sagrado— se convierte en escenario y personaje: testigo de la soledad, guardiana de los silencios, reveladora de lo que no se ve con los ojos abiertos.

    Desde el inicio, la anáfora con “Sólo...” establece una atmósfera de exclusividad, como si ciertos estados del alma sólo pudieran manifestarse en condiciones límite:

    “Sólo la oscuridad es testigo de la soledad,
    sólo ella puede sentir
    el deseo del vacío negro.”


    Este recurso crea un ritmo envolvente, meditativo, y dirige al lector hacia una interioridad poética profunda. El poema se vale de contraposiciones simbólicas —oscuridad/luz, silencio/verbo, ojos cerrados/mirada abierta— para representar tensiones humanas esenciales: lo que se oculta frente a lo que se revela, lo que se extingue frente a lo que nace en el dolor.

    El lenguaje está cargado de una sensibilidad sensorial y metafísica. Expresiones como:

    “el verbo tropieza
    con el grito ahogado
    de las sombras siniestras”
    o
    “espumas blancas,
    con sabor de inmensidad”

    nos transportan a un terreno en que el sonido, la imagen y el sabor se entrelazan para traducir emociones intensas, incluso abismales.


    La última estrofa marca una ruptura emocional:

    “Todo es mucho,
    mucho más que toda yo.”

    Aquí la voz poética se reconoce sobrepasada por lo vivido, por lo sentido y lo desaparecido. Esta afirmación final resignifica todo el poema anterior, dándole un giro ontológico: la existencia no se mide por el cuerpo o la identidad, sino por el peso de lo que no se puede abarcar con una sola vida.


    Conclusión:

    El poema es denso, simbólico y bello en su oscuridad.
    Su fuerza reside en su capacidad de evocar sin nombrar directamente, en la tensión entre lo que se siente y lo que apenas se puede expresar. Hay ecos de mística, de duelo y de filosofía existencial.
    Es un texto maduro, introspectivo, fiel al estilo reflexivo y poético que caracteriza tu voz como autora.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
  • ¡BUENOS DÍAS TENGA!

    ¡BUENOS DÍAS TENGA!

    Introducción al poema:

    En este poema, María nos acerca a la ternura del encuentro humano en su forma más sencilla: un saludo. A través de la figura de una anciana que camina apoyada en el bastón labrado por su esposo, la autora nos invita a mirar con calma la vida que transcurre en las aceras, donde cada palabra amable se convierte en un lazo invisible que une almas.
    El poema es una reflexión sobre la soledad, el paso del tiempo y la grandeza de los gestos cotidianos. En ese “buenos días” que nace del corazón se esconde toda una filosofía de vida: la de quien comprende que la bondad no necesita razones, y que incluso con el peso de los años o de un bastón, siempre hay espacio para desear al otro un día hermoso.


    BUENOS DÍAS TENGA

    La anciana camina
    buscando la sombra
    que la cobije frente al sol.

    Su mano derecha se apoya en un bastón,
    con señales grabadas en la madera
    que su esposo labró.

    Lleva mucho tiempo en soledad
    desde que él se marchó.
    Sabe que hay un lugar donde la espera,
    donde el infinito guarda el amor.

    La anciana pasea cada mañana
    para llenar su alma con sentires
    de buena gente que va encontrando,
    entre aceras,
    buscando con la mirada
    ese saludo bondadoso
    que nutre su ánimo,
    su corazón.

    —¡Buenos días! ¡Buenos días tenga, vecina!—
    Sólo dos palabras que llenan y acompañan,
    creando hilos de vidas
    sin necesitar razón.

    Qué grandeza en pocas palabras
    vertidas con sencillez y humanidad,
    sin pretender motivo ni intención.

    Sólo es necesario mirar para ver
    que todos necesitaremos
    un día un bastón,
    que soporte el peso del día a día,
    que nos permita caminar
    cruzándonos con otras almas,
    atesorando palabras nobles,
    palabras sencillas con infinito valor:

    Buen y bonito día,
    aunque lleve bastón.



    Crítica del poema:

    BUENOS DÍAS TENGA... es una pieza de ternura sobria y hondura moral, donde el gesto cotidiano de saludar se eleva a símbolo de comunión humana. María logra que lo simple adquiera resonancia espiritual: un “buenos días” se transforma en vínculo, bálsamo y memoria compartida.

    La figura de la anciana concentra la sabiduría de los años y la fragilidad del cuerpo, pero también la fortaleza emocional que surge del contacto con los demás. El bastón, con las señales grabadas por su esposo, se vuelve un relicario del amor y del tiempo; es a la vez peso y herencia, herramienta y testimonio.

    El poema se sostiene en un tono narrativo que no abandona la musicalidad del verso libre. La cadencia es pausada, como el andar de la protagonista, y el lenguaje —sencillo y directo— refuerza la autenticidad del sentimiento. La autora logra así una cercanía inmediata con el lector: no hay artificio, sólo vida observada con ternura y respeto.

    En el cierre, la frase “Buen y bonito día, aunque lleve bastón” encierra la esencia del poema: la aceptación del paso del tiempo sin perder la belleza ni la dignidad del vivir. Es un canto a la humanidad que se mantiene viva en los saludos, en la mirada, en la palabra que reconoce al otro.

    En su conjunto, este poema celebra la bondad anónima y la humildad luminosa de los días, recordando que en los gestos más pequeños se halla el verdadero sostén del alma.

    © María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.