QUÉ LES QUEDARÁ CUANDO YA NO ESTEMOS

El odio, la maldad y las múltiples formas de violencia ejercidas contra nuestros semejantes están configurando un escenario cada vez más inquietante.

Un escenario donde se crean las condiciones necesarias para que nadie pueda sentirse verdaderamente amparado frente a una maldad que parece haberse construido para destruir vidas, desintegrar familias y quebrar los principios más esenciales de nuestra humanidad.

Cuando la violencia deja de ser un hecho aislado y comienza a formar parte de la normalidad, el miedo ocupa el lugar de la confianza, la indiferencia desplaza a la solidaridad y la dignidad humana se convierte en una de sus principales víctimas.

Defender la humanidad exige algo más que condenar el odio.

Exige recuperar la empatía, la justicia y el compromiso con el otro, porque solo así podremos impedir que la maldad encuentre el terreno fértil que necesita para seguir creciendo.

la inteligencia, por sí sola, nunca hará mejor al mundo. Lo que lo transforma es la conciencia con la que esa inteligencia humana se utiliza.

Esa es una responsabilidad profundamente pegada a nuestro sentir y vivir, y también nuestra mayor esperanza para cuidar un mundo de todos.

Quizá la mayor herencia que una generación puede dejar a la siguiente no sea la riqueza, el conocimiento o el progreso tecnológico.

La verdadera herencia es el modo en que enseñamos a respetar a los demás y  cuidar nuestro mundo.

¿Qué quedará para nuestros niños y niñas cuando ya no estemos?

María Bueno.

(Imagen generada digitalmente).