Introducción.
Este poema nace como un canto íntimo a Andalucía, no solo como territorio, sino como memoria viva y herencia emocional.
En él, la autora no describe paisajes: los siente.
La tierra aparece como madre generosa, como espacio abierto donde la cultura, el cante, la historia y la hospitalidad se entrelazan formando una identidad que trasciende lo material.
Es una declaración de pertenencia y agradecimiento, una evocación de la raíz que sostiene y del patrimonio invisible que da sentido a quienes nacen y crecen bajo su cielo.
NOBLE ANDALUCÍA
De lo inmaterial,
cuánto conoce esta tierra,
cuánto sentir la sostiene,
cuánta generosidad la atraviesa.
Detrás de aquellos montes
se ha puesto la luna,
meciendo la noche
bajo estrellas que esperan
a que el sol inunde,
con su amanecer,
los campos que la preñan.
Las moradas guardan la nobleza
de manos tendidas,
de puertas abiertas.
Nunca una tierra
guardó tanta riqueza:
la del verde olivar,
la de su cante hondo,
con raíces eternas.
¡Ay, Andalucía de mis quereres!
¡Cuántas culturas albergas!
Tus entrañas se nutrieron
de sabidurías diversas,
meciendo entre susurros
los versos de grandes poetas,
de grandes voces
bajo su tierra.
¡Ay, memoria mía!
No olvides la raíz de mi tierra,
una tierra noble
colmada de saberes,
entre susurros de cantes,
de manos que labran la tierra.
“Quejíos”:
suspiros de vida,
de riqueza inmaterial,
sin saber de fronteras,
de raíces de blancos sentires,
de verdes olivares
que mecen saetas.
©María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria.
Tu poema tiene varias fortalezas claras:
1. Lo inmaterial como eje
Empiezas hablando de “lo inmaterial”, y esa es la clave del texto. No te detienes en lo superficial; vas a la esencia: el sentir, la generosidad, la memoria, la raíz.
Esto encaja mucho con tu forma de escribir, María — siempre vas a la verdad invisible que sostiene lo visible.
“manos que labran la tierra” aporta cuerpo humano al paisaje: no es solo tierra simbólica, es tierra trabajada, vivida.
Y el verso “sin saber de fronteras” amplía Andalucía más allá de lo geográfico.
Eso le da universalidad.
2. Imágenes simbólicas potentes.
La luna meciendo la noche.
El sol inundando los campos.
La tierra “preñada”.
Las puertas abiertas.
Son imágenes maternales, acogedoras. Andalucía aparece como vientre, como casa, como abrazo.
3. Identidad cultural bien integrada.
El “cante hondo”, los “quejíos”, las “saetas” no aparecen como adorno, sino como respiración de la tierra. Están colocados con sobriedad, con respeto.
4. Emoción.
El “¡Ay!” introduce emoción directa y conecta con la tradición oral andaluza, es como eco del cante.
NOBLE ANDALUCÍA

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