Introducción al poema.
Nada nació en una noche en la que el silencio era tan profundo que se volvió materia viva.
En ese espacio íntimo, donde una se siente al borde de romperse y, a la vez, empezando a germinar, surgieron estos versos.
Este poema no habla del vacío como ausencia, sino como posibilidad, como el instante suspendido en el que todo se detiene para volver a empezar desde lo más hondo.
La fotografía que lo acompaña fue tomada por mi nieto, con tan solo diez años. Con la sabiduría limpia de una mirada inocente, captó el momento exacto en el que el sol se despide sin marcharse del todo.
En esa imagen hay luz, agua, fuego… y una intuición pura: la claridad del alma también puede heredarse.
A mí nieto, mi niño grande, gracias por recordarme que incluso en la nada late el principio de todo.
LO QUE TE DEBE MI ALMA
Sintió que vivía en un lugar
donde los sueños se alcanzan,
donde ya no duele nada,
donde las cosas pasan
con sólo sentirlas, soñarlas,
porque nada es imposible
cuando la claridad es el alma.
Claridad, esa que siempre acompaña
cuando la única pretensión
es ser sin ser nada,
cuando algunos sentires
no te acompañan,
cuando la frustración te enerva,
te desmorona y te arrastra.
La nada… esa necesidad de quedarte vacía
y recomponerte de nuevo
desde las propias entrañas.
¡Ay, nada,
cuánto te debe mi alma!
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
(Fotografía realizada por mi nieto, de diez años).
NOTA DE LA AUTORA:
Este poema nació de una noche de silencio profundo, de esas en las que una se siente deshecha y al mismo tiempo germinando.
NADA no es vacío, es posibilidad. Es el instante en el que todo se detiene para volver a empezar, desde las entrañas.
Quise que este poema formara parte de esta sección porque sigue latiendo conmigo. Cada vez que lo releo, me recuerda que puedo recomponerme, incluso cuando lo que me habita es la nada misma.
La fotografía que lo acompaña fue tomada por mi nieto, con solo diez años. Con la inocencia de quien aún mira sin filtros, supo captar el momento justo en que el sol se despide sin irse del todo. En esa imagen hay luz, agua, fuego… y un niño que intuye el alma de las cosas. Como mis versos, su mirada no pretende nada, pero lo dice todo.
A ti, Mario, mi niño grande,
por enseñarme con tus ojos
que la claridad del alma
también se hereda.
Crítica breve del poema.
Este poema se asienta en una delicada frontera entre la fragilidad y el renacimiento.
Su fuerza reside en la sobriedad emocional, en la manera en que convierte la “nada” en un territorio fértil, no temido, sino abrazado.
Destacan especialmente:
La claridad metafórica que sostiene cada verso.
El ritmo pausado, que acompaña la idea de detenerse para recomponerse.
La presencia de una voz íntima, sincera y humilde, que no dramatiza, sino que observa y acepta.
El poema mantiene tu voz —esa voz que mira hacia dentro para hablarle al mundo— y la amplifica con delicadeza.
LO QUE TE DEBE MI ALMA

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