Introducción al poema.
En estos versos, la voz poética se rebela ante quienes pretenden dictarle la forma de ser, sentir o crecer. El poema cuestiona las verdades rígidas y los mandatos ajenos, esos que a veces se disfrazan de certezas simples.
Con un tono directo, casi de susurro inconforme, expresa la resistencia a aceptar caminos impuestos y reivindica la libertad de interpretar el mundo desde los propios sentires.
A SANTO DE QUÉ…
Vienes a decirme
cómo debo ser,
cómo debo crecer
entre cardos borriqueros,
que dejan entrever
que dos y dos
son sólo cuatro
y uno más
tan sólo tres.
©María Bueno, 2026. Todos los derechos reservados.
Crítica literaria de “A SANTO DE QUÉ…”
«A veces 1 más resta, no suma»
“A SANTO DE QUÉ…” es un poema breve, pero profundamente incisivo. Desde su primer verso, la voz poética se sitúa frente a una imposición: alguien pretende dictar cómo debe ser y cómo debe crecer. La repetición inicial marca el tono de mandato externo, casi normativo, que la autora cuestiona con firmeza.
La imagen de los “cardos borriqueros” introduce un entorno áspero, hostil, donde crecer no es un acto libre sino condicionado. Ese paisaje simbólico refuerza la idea de un aprendizaje rígido, de un crecimiento entre espinas ideológicas o morales.
El cierre es el núcleo del poema. La ruptura aritmética:
que dos y dos
son sólo cuatro
y uno más
tan sólo tres
No es un error matemático, sino una denuncia simbólica.
La aritmética representa la verdad incuestionable, lo lógico, lo objetivo. Al alterar esa lógica, el poema expone cómo ciertas verdades pueden ser manipuladas, adaptadas o impuestas según intereses o estructuras inamovibles.
“A veces uno más resta, no suma.”
Esta reflexión amplía el sentido del poema: no todo lo que se añade construye. A veces una norma, una presencia o una imposición disminuye identidad, libertad o autenticidad.
En el fondo, hay firmeza y una irreverencia contundente ante el mantenimiento inmóvil de cómo se debe ser, de cómo se debe existir. No es una rebeldía estridente; es una resistencia lúcida frente al molde.
El poema no grita. Pregunta.
Y en esa pregunta hay dignidad,pensamiento y libertad.
«A SANTO DE QUÉ…»

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