Introducción al poema:
Este poema es un homenaje a la determinación cotidiana, al impulso invisible que empuja a muchas mujeres a sostenerlo todo cada día, aún cuando la vida solo les conceda un breve respiro para sí mismas.
SÓLO POR UN DÍA es un poema que transita entre la urgencia y la esperanza.
En él, la cotidianidad de una mañana cualquiera se convierte en un acto de valentía silenciosa. María no camina sólo hacia el mundo exterior, sino hacia la responsabilidad íntima de sostener la vida, de proteger aquello que la espera y la define. El poema eleva lo cotidiano a la categoría de gesta humana.
SÓLO POR UN DÍA
A las siete de la mañana,
cargada de ilusiones,
marchaba María.
María camina rápido,
con determinación,
con osadía,
con el descaro necesario
frente a la vida.
Ni uno de sus pensamientos
se atrevería
a interponerse en su camino,
a frenar su marcha,
su lucha,
su propia vida.
Debía conquistar el mundo,
aunque fuera
sólo por un día.
Un día tras otro,
pero sólo un día
que le permitiera llenar
de vida y alegrías
esa casa que guardaba
toda su existencia,
todo lo que la nutría.
¡Volvería,
digo, sí volvería!
Y así fuiste trenzando,
día tras día,
ramas que dieran cobijo
a la vida,
aunque fuera,
sólo por un día.
© María Bueno, 2026 – Todos los derechos reservados.
Crítica literaria:
El poema se construye sobre una voz clara y directa, sostenida por un ritmo firme que acompaña el avance de la protagonista. La repetición del sintagma “sólo por un día” actúa como eje simbólico: no es resignación, sino resistencia. Cada día conquistado es suficiente cuando se vive con plenitud y propósito.
La figura de María funciona como arquetipo: mujer, sostén, impulso vital. No hay épica grandilocuente, sino una épica íntima, doméstica y profundamente humana.
La imagen de la casa como espacio que “guarda toda su existencia” refuerza la idea de refugio y raíz, mientras que el verbo trenzar aporta una metáfora orgánica y maternal: la vida se construye con paciencia, día tras día.
El cierre del poema es especialmente eficaz, porque regresa al inicio sin cerrarse del todo, dejando la sensación de continuidad. No hay final, hay persistencia. Y ahí reside su mayor fuerza: en la dignidad de seguir, aunque sea —y precisamente— sólo por un día.
