MALDADES

Introducción:

MALDADES es un poema de afirmación ética y de esperanza activa.
A través del acto simbólico de caminar, el texto propone una mirada firme hacia el futuro, sostenida por la bondad, la verdad personal y la responsabilidad colectiva. Frente a la crueldad y los intereses innobles, la autora defiende un avance consciente que deje huellas dignas para quienes vienen detrás, reivindicando la insustituible humanidad de cada ser.


MALDADES

Crecer sin ir hacia atrás,
con la certeza plena
de que lo bueno permanecerá,
que el monstruo inhumano se extinguirá,
dando paso a un mundo
en el saber y entender,
y que, aun siendo prescindibles,
todos somos insustituibles.

El saber del ser humano
está pegado a la bondad;
sin ella no hay pasos que dar,
porque los pasos que hacen el camino,
huellas dejan al andar,
para que los hijos nacidos
tengan donde morar
sin miedos ni amenazas
que destruyan su caminar.

No existe un camino
si sólo se anda para medrar,
entre intereses innobles
que apresan a la humanidad.
Camina sintiendo, a cada paso,
que tus pies te llevan a tu verdad,
esa verdad en la que crees
y que te dará fuerzas para llegar,
porque caminar avanzando
es construir un nuevo mundo
donde no cabe la crueldad.

Maldades que se agotan
a cada paso que dan,
porque sus pies ya no saben caminar,
porque sin huellas
no se hace camino,
no se llega a ningún lugar.

Maldades malditas que morirán.


© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.



Crítica literaria:

El poema se articula sobre una metáfora central poderosa: el camino, entendido no sólo como tránsito vital, sino como legado moral.
Caminar implica dejar huella, y esa huella es presentada como un deber hacia los hijos nacidos y hacia el mundo que habitarán. La oposición entre caminar con verdad y andar sólo para medrar establece un eje ético claro, sin ambigüedades.
Destaca la afirmación: “aun siendo prescindibles, / todos somos insustituibles”, que condensa una profunda reflexión sobre la condición humana: la fragilidad individual frente al sistema y, al mismo tiempo, la unicidad irremplazable de cada vida.

Las maldades no son aquí entes abstractos, sino fuerzas agotadas, incapaces de caminar porque no saben dejar huella. Esta inversión simbólica es especialmente eficaz: el mal no avanza, se consume en su propia esterilidad. El cierre, rotundo y breve, refuerza la idea de un final inevitable para la crueldad cuando no hay camino que la sostenga.

En conjunto, MALDADES es un poema sereno pero firme, de tono casi testamentario, que confía en la ética del paso a paso y en la verdad íntima como única manera legítima de construir mundo. Su fuerza reside en la claridad moral y en una esperanza que no es ingenua, sino trabajada, caminada y ganada.