Introducción al poema.
La espera también puede ser una ceremonia. Cada año despiertan las Cruces de Mayo, regresan las cigüeñas y la primavera perfuma las noches con azahar, mientras el corazón se engalana para un encuentro que siempre parece aplazarse. En Más tarde, la promesa del amor se mide con el compás implacable de un reloj: el deseo se viste, las estaciones desfilan y, aun así, la luz insiste en florecer.
MÁS TARDE
Nunca llega el momento,
nunca llega;
la espera se hace eterna:
se van las primaveras,
vuelven las cigüeñas
al campanario de piedra.
¡Ay, si las piedras hablaran,
sabrían de mi pena!
Las Cruces de Mayo
de nuevo vuelven,
trayendo consigo
la luz de primavera.
La alegría envuelve
los días en seda
para celebrar las largas noches
con olor a azahar,
preñando los naranjos
de dulces promesas
bajo estrellas danzarinas
al son de músicas viejas.
Hoy será el día en que mi amor florezca.
Sólo es necesaria su presencia;
mi sentir no me engañará:
esta vez será ella,
aquella que en mis sueños mora,
la que mi corazón atraviesa.
Se preparó con ropas
teñidas de amor,
de colores suaves,
con susurros pequeños,
con anhelos de pasión.
Sueños llenos de esperanzas,
sueños escondidos en un reloj.
Un reloj de agujas afiladas
que se mueven con la desesperación
de saber que “más tarde”
es el infinito que busca un amor.
Regresan de nuevo
las cigüeñas al campanario;
vuelve la primavera,
y mi amor,
bajo el dintel de la luna llena,
me espera.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica del poema MÁS TARDE
El poema Más tarde es una pieza que se mueve entre la nostalgia, la espera amorosa y el ciclo eterno del tiempo, con un ritmo que abraza tanto lo íntimo como lo ancestral. Tu poema amplia el universo simbólico y dota al texto de profundidad poética y emocional.
1. La espera como hilo conductor.
La espera es el eje estructural y emocional del poema. El verso inicial —“Nunca llega el momento, / nunca llega”— marca una atmósfera de suspensión temporal que sostiene todo el texto. Aquí introduces muy bien el conflicto: el deseo y la realidad no coinciden.
Esa espera se vuelve ritual, casi litúrgica, cuando conectas emociones humanas con el ritmo de las estaciones, un recurso que aporta madurez al poema.
2. La presencia simbólica de la naturaleza.
Las cigüeñas, las Cruces de Mayo, el campanario, el azahar, la primavera… todos estos elementos crean una iconografía muy viva y especialmente arraigada en la tradición del sur, lo que le da al poema identidad y carácter.
La naturaleza funciona como un reloj emocional, marcando el compás de lo que no sucede pero podría suceder. Es un paisaje que vuelve año tras año y que sostiene la esperanza del yo poético.
3. El tono: una mezcla entre lo lírico y lo narrativo.
Es un pequeño relato emocional que avanza:
primero la nostalgia,
luego la celebración primaveral,
más tarde el impulso de amor que quiere florecer,
y finalmente un cierre esperanzador y casi mágico.
MÁS TARDE

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