PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Introducción al poema:

Este poema es un homenaje consciente y necesario a quienes sostienen la vida en los márgenes del horror. A las personas que, desde la ayuda humanitaria y el testimonio, caminan entre guerras, hambre y destrucción sin apartar la mirada.
La voz poética no observa desde la distancia: camina con ellas, siente su agotamiento, su miedo y su determinación.
En estos versos, la solidaridad se convierte en resistencia y la conciencia humana se eleva como el mayor patrimonio que puede preservar la humanidad.


PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Camina lento,
a empujones,
abrazando su cuerpo,
portando su realidad,
una verdad maldita
que la lleva a delirar,
a maldecir al mundo,
a tragar el horror
que la deja sin respirar.

No puede dejar de mirar,
¡no puede!
Sólo ve destrucción y maldad,
el terror en los ojos de la gente
que no sabe dónde va.

No tienen horizonte,
no hay dónde mirar,
no pueden llegar
a ningún lugar.

No caminan,
son arrastrados sin piedad,
atrapados por el terror
de no saber dónde pisar,
sobre miles de minas antipersona,
sintiendo la oscuridad
del miedo que penetra hasta asfixiar.

Cierra los ojos,
puede ver sin mirar.
Llora hasta rendirse,
el sueño la vencerá,
ese sueño que le dará vida,
que le dará fuerzas
para seguir y ayudar.

Se enfrentará al miedo,
no lo dejará atacar.
Ese miedo es un cobarde,
aunque sea difícil de encarar.

Sabrá llegar,
porque miles de almas
sufren ese horror
que destroza sin compasión.

¡No mirará!
¡No se rendirá!

Sólo tiene que ver sin mirar:
lo que vea con los ojos del alma
alas le dará.

Y llegará,
¡sí, llegará!

Sin ayuda humanitaria
nada quedará.

Son miles las almas,
que con infinita generosidad
se van dejando la piel
y la vida para asistir,
desde la desesperanza,
a otros seres humanos
que necesitan cuidados,
piedad, generosidad…

Cada espalda carga un cartel:
AYUDA HUMANITARIA, PRENSA…

Una multitud de almas en peligro,
muchas ya caídas
en las fauces de una muerte anunciada,
por prestar auxilio,
por vivir para otras almas
con la urgencia de salvar vidas,
con la desesperación
de no perecer entre las garras
del monstruo que acecha
cada una de sus vidas,
cada paso que dan.

Generosidad de hombres y mujeres
con conciencias solidarias,
con sus vidas arriesgadas
con la valentía de un pequeño David,
frente a un enorme Goliat.

Seres que deberían ser:
PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD.



Crítica literaria:

Patrimonio de la Humanidad es un poema de denuncia ética y de profunda carga moral.
Su fuerza no reside en la ornamentación del lenguaje, sino en la claridad del compromiso.
La voz poética adopta una tercera persona que universaliza el dolor y la valentía, permitiendo que la figura representada sea la de todas y cada una de las personas que arriesgan su vida por otras.
El poema avanza desde el agotamiento físico y emocional hacia una afirmación firme de resistencia.
El recurso reiterado de “ver sin mirar” funciona como eje simbólico: mirar implica sucumbir al horror; ver, en cambio, supone comprender, actuar y sostener. Esta distinción dota al texto de una dimensión espiritual sin abandonar su raíz terrenal.
Destaca especialmente el tramo final, donde el poema abandona lo íntimo para abrazar lo colectivo. La enumeración de cuerpos, espaldas, carteles y conciencias transforma el texto en un memorial poético. El cierre, contundente y deliberadamente en mayúsculas, actúa como declaración universal: la solidaridad humana no es un gesto heroico aislado, sino un valor que debería ser protegido, reconocido y preservado como legado común.
Es un poema incómodo —y debe serlo—, necesario y valiente. No pide compasión: exige memoria, respeto y responsabilidad.