Introducción al poema:
En este poema, la autora nos conduce a través de una experiencia íntima y sensorial al inicio del día. La escena, aparentemente cotidiana, se convierte en un instante sagrado: los primeros pasos al salir de casa, el juego con lo imaginado, la belleza de un amanecer que transforma lo real en poesía. La luz, el color y el silencio se funden en una percepción profunda de lo pequeño y lo inmenso.
El poema celebra la capacidad de asombro y la conexión espiritual con el mundo cuando aún no ha despertado del todo.
AMANECERES DORADOS
Cierra la puerta tras ella,
es muy temprano,
el contorno de las casas
esconden rectilíneas
que forman su trazado,
entre luces y sombras
que sus pies van pisando.
Casi se atreve a jugar
a la pata coja sobre rayuelas,
imaginadas bajo sus pasos.
¡Qué hermosura me acompaña
con este amanecer
recién cincelado!
Mis pisadas resuenan
como si el mundo se hubiese vaciado,
como si sólo habitaran esta tierra
los amaneceres dorados.
Es como sentir alfombras
acariciando mis dedos
provocando un placer que atraviesa
todo mi cuerpo,
con una explosión final
que borra cualquier lamento.
Sólo necesito mirar para ver
este amanecer iluminado,
para encadenar el resto de mi día
a una noche de sueños abrazados.
© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.
Crítica del poema.
AMANECERES DORADOS es un poema de contemplación íntima que convierte lo cotidiano en experiencia casi sagrada.
La voz poética avanza despacio, acompasada al ritmo de los pasos, y logra que el lector camine dentro del poema, sintiendo el silencio, la luz y la soledad fértil del alba.
Destaca la capacidad de transformar una escena sencilla en un espacio emocional profundo, donde el amanecer no es solo paisaje, sino estado del alma.
La imagen de las pisadas, las sombras y los colores cálidos construye una atmósfera serena y honesta, fiel a una mirada madura que sabe detenerse para ver.
Es un poema que no busca deslumbrar, sino permanecer.
AMANECERES DORADOS

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