VOLVER

Introducción al poema VOLVER:

El poema “Volver” rinde homenaje a los 55 refugiados españoles que murieron en el exilio en La Tronche (Francia) entre febrero y julio de 1939, tras huir de la Guerra Civil en España.
Desde un tono profundamente humano, la autora recrea el éxodo doloroso conocido como la Retirada, en el que miles de personas cruzaron los Pirineos en busca de refugio, dejando atrás su patria devastada y a menudo encontrando la muerte en tierra extranjera.
El poema rescata, con voz empática y serena, la memoria de quienes soñaron con volver, pero cuyo regreso solo fue posible a través del recuerdo y la palabra.


VOLVER

Y se permitió.
Corren atropellados,
desde el alma más pequeñita
hasta el más anciano.

La oscuridad de la noche
ampara sus pasos;
los más pequeños lloran
sobre los brazos de sus madres,
que los cobijan sin descanso,
intentando amamantar
a los recién paridos,
en su largo camino inhumano
en busca de esa frontera gala
que los alojará para salvarlos.

Parten de su tierra madre,
aquella que los vio nacer;
se ahogan entre llantos
de miles de desaparecidos,
sin importar su dolor
ni el vacío de los muertos
que van quedando tirados
por veredas escondidas,
entre zarzas y llantos.

Están llegando.
Apenas les quedan fuerzas
para seguir los pasos
que marcan los más adelantados
en ese camino hacia la esperanza,
tras la frontera
de una tierra en paz,
que les abrirá los brazos
para ahuyentar la barbarie
de una guerra entre hermanos.

Ya divisan al norte
el silencio sin olor a muerte,
sin lamentos desahuciados.

Sin emitir palabras,
todos vuelven sus miradas
hacia su tierra,
la que guarda la memoria
de tantos hijos perdidos
tras las trincheras,
de cualquier bando,
de cualquier forma de pensar,
de cualquier trato inhumano
que ampare el sufrimiento
de tantos seres muertos,
de tantos desaparecidos
bajo tierra despreciada,
que invoca el olvido
de los desamparados.

Todas las miradas
evocan sus raíces,
lloran las ausencias
de hogares destrozados.

Es momento de seguir caminando.
Están a pocos metros
de sentirse refugiados,
bajo el techo de otra tierra vecina
que los acogerá entre abrazos.

Cargan fardos vacíos
de pretensiones,
con algunas fotos
que guardan sus raíces,
su pasado.

Las madres lloran el consuelo
de llegar a ese lugar:
la tierra prometida
de los buenos galos.

Los pequeños cuerpos de sus hijos,
de los ancianos,
serán alimentados,
abrigados por la protección
de buenas almas de vecinos,
tras pasar la frontera
que reparte el planeta de todos,
menos de los desheredados.

Allí vivirán bajo el amparo
de sentimientos bondadosos,
tendiendo sus manos.

Un grupo de soldados
va separando
a los recién llegados.

Son tantos,
que serán distribuidos
y desplazados por distintos campos,
para poder darles
medicinas, alimentos,
y un techo bajo el que podrán
descansar y ser abrigados.

Han pasado meses.
Muchos de los refugiados
han tenido suerte
de encontrar nobleza
y generosidad,
bajo techos de hogares
y barracones que amparan
a los más necesitados.

Entre murmullos dicen
que otros muchos se están ahogando
entre sufrimientos y quebrantos,
por un trato vejado,
vacío de piedades,
cargado de maltratos.

A muchos de esos seres
ya no les quedan fuerzas
para seguir luchando.
La vida, en sus cuerpos,
los ha abandonado:
pequeños de meses,
pequeños en años,
ancianos, enfermos…

¡Tantos, tantos!
Que hay tumbas agotadas
abriendo sus entrañas
para guardar almas
que un día soñaron
con volver a la tierra
que los vio nacer,
la misma que los deja olvidados.


© María Bueno, 2025 – Todos los derechos reservados.


Crítica literaria:

“Volver” es un poema de memoria, desarraigo y dignidad, escrito con una voz compasiva que rehúye el odio y se centra en el sufrimiento humano compartido.
La autora entreteje imágenes sencillas y desgarradoras —las madres amamantando en la huida, los cuerpos rendidos, los fardos vacíos de pretensiones— que revelan el rostro más humano del exilio.

El ritmo libre y la repetición de estructuras (“los más pequeños…”, “tantos, tantos…”) intensifican la sensación de multitud, de marcha incesante, de dolor colectivo.
El tono narrativo, casi testimonial, acerca el poema a una crónica poética que documenta el horror desde la empatía y no desde la distancia.

El título, Volver, adquiere un valor simbólico: es el sueño imposible del refugiado, el anhelo de retorno a la tierra que les dio origen y que, paradójicamente, los olvidó. La palabra “volver” se convierte así en un eco trágico y esperanzado a la vez: volver a la memoria, al reconocimiento, a la dignidad.

En su conjunto, el poema constituye un acto de reparación poética: nombra a los que ya no pueden hablar, denuncia el dolor sin rencor y devuelve humanidad a quienes la historia relegó al silencio.
Es un texto de profunda sensibilidad histórica y ética, donde la poesía se convierte en un puente entre el pasado y la conciencia del presente.